sábado, 28 de febrero de 2015

AVENTURAS CON PIRÚ, 2ª PARTE. PIRÚ Y LOS OJÁNCANOS

Hace un día maravilloso, he salido a dar un paseo para comprobar que el sol no se ha olvidado de nosotros. Los árboles ya no van desnudos y han hecho asomar sus primeras prendas primaverales en forma de hojas brillantes, a sus pies, flores amarillas acarician sus troncos agradecidos de años.

- No puedo estar aquí sin las niñas y sin Narizotas, no, no me siento feliz al cien por cien entre toda esta abundancia y sin ellas. - Pienso a medida que recojo florecillas aquí y allá para llevarme el aroma a casa. Me paro a los pies de una linda mimosa, a mamá le encantará perfumar el salón con estas flores que tanto le gustan-
- Con permiso- Le digo al árbol antes de cortar unas ramitas cuajadas del fragante tesoro, después, le doy las gracias por tan generoso presente.
Ya de vuelta....

- ¡Tita Pituuuusaaaaaaaaaa! Dos bichillos camuflados de sobrinas corren a mis brazos ¡Ay! Que se me hacen mayores...
- Tita, ¿de dónde vienes? - Pregunta Esther tirándome de la manga del jerséis hasta hacer perder dentro de ella mi mano-
- Vengo del Peñón, de dar una vuelta para ver como estaba el campo.
- ¡Y te has ido sin nosotras! ¡Eres una mala tita, te vas a enterar!

Tienen mucha fuerza, siempre acabo patas arriba en el sofá y ellas encima a pellizcos, cosquillas... En cuanto puedo, pongo orden y les propongo visitar a Pirú en la compañía de Narizotas que anda saltando por todos sitios, a veces pienso que ese gato es un híbrido entre rana y felino.

- Tita Pitusa ya tenemos al minino, pero no encontramos el transportin- Dice Marta que siempre intenta por todos los medios, evitar que el gato viaje donde debe-
- Andad, coged al peludito y entradlo en el transportin si no queréis que esos caballeros de verde que encontramos a veces en la carretera, nos multen por no hacer las cosas bien.
-Vaaaale tita, qué pesada eres... ¿Podemos llevarnos también a Tomás? - Pregunta Esther.

Tomás últimamente está un poco golfales, reconozco que es un gato demasiado casero y comprometido con la familia, tanto que a veces se olvida de sus orígenes felinos para perderse en dudas existenciales acerca de quien es. Ayer sin ir más lejos, lo pesqué maullándole a una manga de mi abrigo de piel sintética, uno muy divertido que parece un peluche, se ve que quería ligar con él pero la prenda, no estaba por la labor. Y así se pasa la vida, haciendo uso de ese idioma al que las niñas llaman "balleno", queriendo deslumbrar a lo que a todas luces él debe considerar una gata gigante.
- Niñas, Tomás nunca ha venido de aventuras y no creo que le guste subir al coche, una cosa es que cada día se de un paseito conmigo por la acera y otra es motorizarlo. Mejor que venga Narizotas, alguien tiene que hacer compañía a la abu en nuestra ausencia, ¿no?

Las niñas asienten y gano la batalla, sólo me faltaba ir de aventuras con dos gatos...
Botellines de agua, chocolate, mandarinas, chuches para mininos, botiquín de primeros auxilios y pañuelos. Reviso cuidadosamente nuestra mochila antes de emprender la aventura.
- Marta, por favor, trae la rosa que nos regaló Pirú para consultar si el camino está expedito.
- Expe…, ¿qué? - Me pregunta con sus enormes ojos negros abiertos como balcones-
- Expedito Marta significa libre, en este caso, libre de Rementeadores. - Contesta la sabihondilla de Esther-
- Sabihonda- Le digo en tono de broma-
- Y tú rata barata- Me contesta-

Colocamos la rosa sobre la mesa y abrimos sus pétalos con cuidado, rápidamente unas pequeñas llamas comienzan a arder en su interior.

- Tita ¿puedo espolvorear yo las llamas?- Pregunta Marta-
- Claro que sí bichito, venga hazlo.

Al instante, el fuego se torna azul metalizado y en el centro, la cara risueña de Pirú aparece nítida.


- ¡Mis queridas niñas, os estaba esperando!- Exclama apoyando las manos sobre su pecho-
- ¡Pirú hola! - le saludo con una sonrisa- ¿Hay algún problema en visitarte? Las niñas y yo te echamos de menos.
- ¡Oh no queridas, ninguno! Los Faunos mantienen a raya a los Rementeadores y he pensado que podía daros una pequeña lección de tiro con arco que no olvidaréis ¿Os apuntáis?
- ¡Siiiii! - Contestaron las niñas al unísono contentísimas con la propuesta-
- Muy bien, cerrad la rosa y os espero, hoy almorzaréis aquí y será un día maravilloso- Nos dice Pirú mientras se despide sacudiendo su mano en señal de adiós-

Entre risas y emoción nos dirigimos a nuestra pequeña carroza plateada, que no es otra cosa que un pequeño Seat Ibiza. Me percato de que la puerta del transportin que alberga a Narizotas va entreabierta, lo cual significa que en un femtosegundo el gato estará fuera y trotando libremente por el coche.
- Tita Pitusa, por favor, ponnos música bien bonita, una de esas que nos gusta a nosotras, que suene y huela a aventura- Me dice Esther a quien veo por el retrovisor con el gato al hombro-
- Vale, pero el gato poca vergüenza a su sitio que salimos a carretera.
- De acueeeerdo... Qué aburrida eres, tita - Me dice Esther-

El sol brilla bien alto, acariciando las conciencias adormecidas y vistiendo de luz un invierno agonizante. La música nos envuelve y soñamos con castillos cátaros, unicornios, misterios, leyendas y trovadores que amenizan una fiesta en la vieja Francia.
Cogemos rumbo a la sierra, está preciosa, con el sol como corona nos devuelve a la vista todo su esplendor y belleza. La dehesa se llena de aves que nos regalan el concierto más especial de todos, el de la Primavera. Aprovechando que circulamos por un camino terrizo, las niñas han vuelto a sacar al gato, decido quitar el cd y abrir la ventana para que entre el sonido de la Naturaleza. Narizotas asoma su cabecita y percibe el viento en el rostro peludo, las niñas lo celebran y yo rezo para que no se le ocurra hacer nada raro.
Llegados al punto donde dejamos el coche la otra vez, aparco bajo la generosa sombra de una encina, cargada de años y de frutos decide darnos maternal acogida entre sus brazos de fresca penumbra.

 - Ay tita Pitusa, qué diferencia con la otra vez, ¿eh? ¡Cómo nevaba! Y hoy hace hasta calor - Dice Marta bajando del coche entusiasmada-

Nos ponemos en camino, el gato haciendo piruetas imposibles y saltando sobre las flores amarillas que el viento mece a su antojo. De repente, una silueta enfundada en una preciosa túnica celeste agita un báculo en el aire en señal de saludo.

- ¡Pirú! Las niñas echan a correr y son acogidas en un abrazo envolvente, el mago revuelve sus cabellos y las abraza con cariño una y otra vez. Reconozco que no las imité por aquello de que una no tiene diez años, pero mi corazón deseaba hacer lo mismo que las niñas habían hecho desde el impulso de la infancia más maravillosa. Al llegar a su altura, es Pirú quien me regala un abrazo tan fantástico que casi se me saltan las lágrimas.
- ¡Tita Pitusa, los abrazos de Pirú son los mejores del mundo! - Dice Marta encantada con el descubrimiento-
- Os tengo preparada una sorpresa, ya veréis ya. - Nos dice Pirú con las niñas literalmente incrustadas en sus costados- Tita Pitusa, coge de la mano a Marta, vamos a hacer un viaje maravilloso hacia un lugar que os va a gustar.

Obedezco y al punto, Pirú dibuja un gran círculo en el aire con ayuda de su báculo. Una cascada brillante nos envuelve, millones de partículas esplendentes nos rodean y sentimos que el suelo deja de existir, estamos suspendidas en el aire y seguimos elevándonos. Risas emocionadas en el interior de aquella inmensa luz, en tan sólo unos segundos, volvemos a tocar tierra.
Poco a poco, la cortina reluciente se desvanece, tenemos que hacer un esfuerzo para acostumbrar los ojos a la natural luz diurna. Estamos en un lugar maravilloso, rodeados de árboles frutales, palmeras, flores, un sitio de esos a los que tienes la seguridad de querer volver sólo con verlo unos segundos. Otra sorpresa nos aguarda.

- ¡Iván! - Las niñas descubren con alegría que nuestro joven amiguito aparece entre los árboles en compañía del Trenti, el duende travieso que encontramos en el bosque la última vez.
- ¿Habéis visto qué sorpresa? - Dice Iván - Pirú vino a buscarme hace unas horas y aquí estoy, esperando a que llegarais.

Tras los saludos, Pirú nos enseña un lugar acondicionado como galería de tiro. En el fondo, una diana con la silueta de un Rementeador aguarda a ser agujereada por tan intrépidos arqueros. A un lado, cinco estupendos arcos "longbow" profusamente decorados, envidia de cualquier tirador que se precie.

- Bien chicas, empezáis vosotras- Dijo Pirú- Ahí tenéis dos arcos zurdos y
uno diestro, quiero diez flechas en el centro de la diana en dos minutos.
- ¿Cómooooooooooooo? -Dijimos todas sorprendidas- ¡Pero eso es imposible!
- No, no lo es, esa destreza se le exigía a cualquier arquero digno de llamarse así en la Edad Media. Os contaré un cuento antiguo que me contaba mi padre y a él el suyo, reflexionad y después, comenzaremos.
Pirú hizo que nos sentásemos en el suelo, muy atentas, escuchamos sus palabras.

- "Después de ganar varios concursos de arquería, el joven y jactancioso campeón retó a un maestro Zen que era reconocido por su destreza como arquero. El joven demostró una notable técnica cuando le dió al ojo de un lejano toro en el primer intento, y luego partió esa flecha con el segundo tiro. "Ahí está", le dijo el viejo, "¡a ver si puedes igualar eso!". Inmutable, el maestro no desenfundo su arco, pero invitó al joven arquero a que lo siguiera hacia la montaña. Curioso sobre las intenciones del viejo, el campeón lo siguió hacia lo alto de la montaña hasta que llegaron a un profundo abismo atravesado por un frágil y tembloroso tronco. Parado con calma en el medio del inestable y ciertamente peligroso puente, el viejo eligió como blanco un lejano árbol, desenfundó su arco, y disparó un tiro limpio y directo. "Ahora es tu turno", dijo mientras se paraba graciosamente en tierra firme. Contemplando con terror el abismo aparentemente sin fondo, el joven no pudo obligarse a subir al tronco, y menos a hacer el tiro. "Tienes mucha habilidad con el arco", dijo el maestro, "pero tienes poca habilidad con la mente que te hace errar el tiro".


Demasiado rápida va muestra mente cuando dice que no a algo tan sencillo - Prosiguió Pirú- Quiero que meditéis unos segundos aquí sentadas sobre la hierba y que imaginéis claramente cómo vuestras flechas se clavan en el blanco de la diana, que no es más que un dibujo que la vista utiliza para limitar el tiro. Quiero que os veáis disparando sobre un lienzo blanco que las flechas atraviesan por su centro.
Tras unos minutos, las niñas y yo abrimos los ojos, tomamos los arcos y una tras otra comenzamos a disparar. Marta se hizo un Robin, que es entrar una flecha dentro de la otra y el resto se juntaron en apenas el tamaño de una moneda, justo en la zona vital del Rementeador. Sí señor, sabia lección.


Iván había ido a dar un paseo con el Trenti y con Narizotas, llevaba toda la mañana tirando y al parecer había batido su marca en varias ocasiones, al regresar, nosotras aún andábamos entusiasmadas con nuestros tiros, así que seguíamos lanzando flechas y disfrutando de la excelente puntería.

La voz de nuestro amigo algo agitada nos sobresaltó.

- ¡Pirú, hemos visto unos pájaros horribles que vienen a toda prisa hacia aquí! ¡Son muy feos y vienen en bandadas de miles, ocultando el sol!
- Vaya...- Dijo Pirú tornando su gesto habitualmente tranquilo- Son Térades del norte, mitad reptil, mitad cuervo. Aves espías al servicio del Mago Negro, su labor es buscar víctimas para los Rementeadores y por lo tanto para su amo.

Nos quedamos perplejos... Menuda fauna abundaba en los alrededores sin que nada supiésemos.

- ¿Son chivatos, Pirú? -Preguntó Iván.
- Eso es, pequeño, -Dijo el mago sonriendo- Son aves muy cotillas, aunque no siempre fue así, un extraño sortilegio las convirtió en lo que ahora son, al parecer por su hedonismo.
- ¿Hedo…, qué?- Preguntó Marta
- Pequeña, estas aves fueron en su día las más bonitas del mundo, eran extremadamente presumidas y soberbias, tanto, que llegaron a encerrarse en un palacio construido con las flores más bellas del jardín de la Tierra, para que nadie pudiera igualarlas en hermosura. Se volvieron intolerantes y caprichosas, impidiendo que el resto de criaturas compitiera con ellas en belleza, por lo tanto, comenzaron a secuestrar  doncellas, gatitos, caballos y todo aquello que pudiera hacerles sombra. El Gran Mago se enfadó con las aves y las castigó a vivir atrapadas en un cuerpo que cada mañana al despertar, les recordase que el exterior de las criaturas no era lo que les daba valor como tal. Lo importante, el verdadero tesoro, se encontraba más adentro. El hechizo se rompería si aceptaban su nueva imagen con humildad de corazón, pero lejos de eso, se aliaron con Óminor, que les prometió vengarse de todo aquello que ofendiese su enorme ego. Cada día que pasa su aspecto es más terrorífico porque su interior, se ha convertido en un pozo de rencor y amargura.
Los niños se asustaron, el duende de un salto se coló en uno de los bolsillos de la túnica de Pirú y Narizotas se refugió en los brazos de Marta. Aquella historia era triste y a la vez temible. Un sonido lejano, como un grito ahogado y ronco se enroscó en el viento, el sol pareció encogerse.

- ¡Chicos, corred, resguardaos bajo los árboles! ¡Vamos, rápido! -Gritó el Mago-

Cogimos nuestros arcos y flechas y nos dirigimos a la arboleda, Pirú levantó el báculo y pronunció un hechizo.

- ¡Arbóreus ramificalis totam agooora!


Al instante, los árboles comenzaron a entrelazar sus ramas, se juntaron en estrecho abrazo hasta constituir una bóveda verde y opaca por la que no pasaba ni una gota de luz. Nos cobijamos bajo ella entre sorprendidos y asustados. Pirú nos invitó al  silencio llevándose su dedo índice a los labios. En unos segundos el sol se ocultó, el ruido se hizo ensordecedor y las ramas comenzaron a temblar.

- No temáis amigos -susurró Pirú a los árboles - No permitiré que esas criaturas malignas os hagan daño-

Nos miramos sorprendidos, los ojos de Esther brillaban con la fuerza del carbón encendido, sus manos se cerraban alrededor del arco, tensas y dispuestas a entrar en combate. Pasaron unos minutos eternos hasta que por fin la luz volvió a hacerse presente.

- Queridas niñas, querido Iván, vamos a recoger nuestras cosas y a emprender la vuelta hasta mi cueva. No estoy seguro de que estas aves vinieran a espiarnos, mi intuición me dice que huyen de algo, si vinieran a cotillear, hubieran sido extremadamente sigilosas...
- ¿Rementeadores tal vez? -Preguntó Iván-
- No, esos son de los suyos... Algún otro peligro de los que acechan estos bosques desde que el Mago Óminor recobró poder- Contestó Pirú-

Los árboles deshicieron su abrazo y la bóveda celeste volvió a hacer acto de presencia. El astro rey, acarició nuestro rostro y vi como Esther lo elevaba hacia él en señal de agradecimiento. Pirú nos planteó volver a pie, todo parecía estar tranquilo pero no quería correr riesgos, de modo que tomamos un estrecho sendero que se empinaba serpenteante a través de los matorrales. Llegamos hasta un arroyuelo cantarín que nos cerraba el paso, Narizotas saltó sobre las piedras que puestas hábilmente por alguien, hacían de pasadizo a la otra orilla. Primero pasó el gato, después Pirú con el Trenti para ayudarnos desde el otro lado, luego Iván, las niñas y finalmente la que escribe. Sin embargo... La mala fortuna hizo que pisase una piedra por el borde y ésta se moviese, causando el desplome de mis cientos setenta y ocho centímetros sobre el agua para regocijo, risas y cachondeito variado del personal menudo. Allí estaba yo, en mitad del agua helada con el pompis incrustado en la arena, y por si fuera poco, Narizotas vino saltando hasta colocarse sobre mí para hacerme cucamonas y carantoñas gatunas.

-¡Tita Pitusa! Jajajajajajaja ¡Si es que eres una patilarga! -Gritaba Esther muerta de la risa, risa que en unos segundos se extendió como la pólvora. Todos, pero todos, reían a carcajadas a costa de una servidora que tras observar el panorama, fue contagiada también por el carcajeo del público.
Me ayudaron a salir y al verme de esa guisa, de nuevo nadie pudo contener las carcajadas, así seguimos caminando como pudimos, yo hecha unos zorros y ellos con flato por reírse de servidora. Castiguito del Niño Jesús.
Pirú pensó que no era bueno que continuase con la ropa mojada así que una vez más hizo uso de la magia. Con el báculo "construyó" una especie de nube violeta en la que entré y al instante sentí un agradable calorcito que secó mis prendas. La verdad, no sé para qué quiere la gente las secadoras, donde se ponga un buen mago....
Continuamos camino, Narizotas había atrapado un saltamontes y vino corriendo a ofrecérnoslo, a mí que me dan pánico, me faltó tiempo para echar a correr y alejarme lo más posible del guarrísimo minino. De nuevo, las risas.

-¡La tita Pitusa es una cagona! -Gritaba Marta! –

Vaya, parece ser que los elementos confabulaban contra mí aquella mañana.
Corría alejándome de ellos cuando me topé de bruces con un enorme ser rojizo tan alto como un árbol, con colmillos temibles y afilados y un sólo ojo en la frente. Bajé la vista y observé que tenía diez dedos en cada pie. Su barba era poblada, sucia y muy descuidada. En medio se entreveía un pelo más grueso en color blanco, si mis conocimientos de mitología no me fallaban, o estaba soñando o me encontraba ante el temible Ojáncano. Una criatura malvada que vive en cuevas junto con la Ojáncana. Son maléficos y su presa favorita son los niños que se pierden en el monte, sólo pueden ser neutralizados si se les arranca el pelo cano de la barba, pero antes, hay que cegarlos.


- ¡Atrás tita Pitusa! -Gritó Pirú- ¡Es un Ojáncano!
-Estaba paralizada de miedo, era enorme y sus fauces daban escalofríos. Rápido monté mi arco y le amenacé, despacio retrocedí caminando hacia atrás, intuía que mis acompañantes apuntaban al monstruo con sus armas. Al fin me puse a su altura.
-Estamos en peligro- Dijo Pirú- No es normal que esta criatura salga de su cueva antes de la caída del sol, debe estar hambriento. No dejéis de apuntarle y no mostréis temor.

El Ojáncano levantó las manos y emitió un sonido terrorífico, al instante, varios seres iguales al que teníamos a la vista, aparecieron rodeándonos.

- Esto no me gusta nada- Dijo Esther que no dejaba de apuntar al primero de los seres- Pirú, ¿no puedes hacer algo para sacarnos de aquí? - Susurró- Como antes, cuando nos trajiste en esa nube brillante-
- Pequeña, si lo hago es posible que una de estas criaturas entre en el círculo brillante por error y lo transportemos hasta la cueva. Un fallo en el cálculo y nos jugamos la vida, prefiero no arriesgarme.
- ¿Y qué podemos hacer? - Preguntó Iván-
- Están hambrientos, tenemos que mostrarnos seguros o saltarán sobre nosotros. Hay otro modo de neutralizaros sin tener que matarlos, Esther, ¿sabes tocar la flauta?
- Sí Pirú, me han enseñado en el colegio.
- Estupendo, mira dentro de mi zurrón y coge la que tiene el color azulado, toca la melodía más bella que sepas.

Esther obedeció pero de repente, Narizotas sin saber por qué saltó sobre el Ojáncano que se acercaba por la derecha y se enredó en su barba.

- ¡Narizotas! ¡Narizotas vuelve aquí inmediatamente! -Gritamos todos, pero el gato, no hizo caso-

Los gigantes se abalanzaron sobre nosotros y cogieron a Pirú, viendo con asombro los demás, como el báculo se escurría de entre sus manos y lo hacía suyo una de las criaturas.

- ¡Oh no! ¡Se llevan a Pirú! - Gritaron asustados los niños-
- No os preocupéis- les dije armándome de valor- ¡Chicos, apuntad al ojo, tenemos que recuperar el báculo y el zurrón para que Esther pueda tocar!
- ¡Pirú ha dicho que no matemos a ninguno!- Gritó Marta-
- Si no conseguimos quitar del medio al que se lleva a Pirú, estamos perdidos ¿No os dais cuenta de que no hay otro modo de liberarle? - Les grité mientras disparaba al Ojáncano que se me venía de frente. Erré el tiro y la flecha le rozó la cabeza, lo cual lo enfureció aún más.
- ¡Dita sea! - Exclamé- ¡Vamos, hay que seguir al que se lleva al mago!

Corrimos a través del monte, disparando a todos lados pero los nervios no nos dejaban centrar la flecha, al menos, los manteníamos a raya. Narizotas había vuelto loco al Ojáncano que había atacado, tironeaba de las barbas, le arañaba, le corría por el cuerpo de tal manera que el gigante huía despavorido intentando deshacerse del minino.

- ¡Bien por Narizotas! - Gritó Iván.

Veíamos a Pirú intentado deshacerse del zurrón sin éxito, para dejarlo caer y que Esther pudiese recuperar la flauta, el Ojáncano lo rodeaba fuerte con uno de sus robustos brazos y con la nada despreciable mano le tapaba la cara para evitar que pudiera lanzarle algún hechizo. Amordazado, nuestro amigo poco podía hacer por nosotros. No contó sin embargo el gigante con el Trenti, que sigiloso se deslizó desde el bolsillo hasta la hebilla del zurrón, hábilmente lo desató y la talega cayó al suelo sin que se percatara el captor. Esther corrió hacia ella mientras Iván la cubría, una flecha fue a parar justo a la mitad de la frente del Ojáncano que casi atrapa a la niña, pero el chico estuvo rápido y tras saltar sobre el gigante, arrancó la barba cana y éste se desplomó sin vida.

- ¡Bien Iván, buen trabajo! - Gritó Marta.

Esther, rápida cogió la flauta mientras nosotros la cubríamos en medio de un mar de flechas y unos gigantes hábiles para esquivarlas. De repente el sonido mágico de aquel instrumento invadió el lugar.
Los Ojáncanos detuvieron su feroz acometida, la música penetró en sus sentidos y el carácter agresivo de aquellos seres se desvaneció. Esther seguía tocando mientras los gigantes se sentaban embobados con el sonido que salía de la flauta. Pirú regresó a nuestro lado acompañado de Narizotas y el duende, poco a poco nos fuimos alejando del peligro.
Esther no dejaba de tocar y así continuó hasta que los perdimos de vista. Se quedaron allí, sentados en la verde pradera, mansos como gatitos, hipnotizados por la música que salía del sencillo instrumento. Ya a salvo...

- Pirú, creo que esto es tuyo -Dijo Iván entregándole el báculo al mago-
- Gracias Iván...Chicos, os debo la vida -Dijo Pirú abrazándonos a todos - Hoy hemos aprendido una lección que no olvidaremos y es que hasta el más temible de los caracteres puede ser domado con dulzura, no lo olvidéis.
- No lo haremos Pirú - Dijo Esther- Yo añadiría que: ¡La música amansa a las fieras!

Todos reímos de buena gana. El resto del día lo pasamos en las cercanías de la cueva de Pirú, al llegar, una mesa llena de delicias gastronómicas nos esperaba, dimos buena cuenta de ellas pues las emociones nos abrieron el apetito, ¡y en qué modo! Al caer la tarde nos despedimos de Pirú y del Trenti, al que los niños habían decidido llamar Bartolín, nombre con el que el duende parecía estar encantado.
- Pirú, ¿tendremos algún día una aventura tranquila? - Pregunté al Mago cuando me despedía de él-
- ¡Seguro que sí tita Pitusa! , prometo que la próxima será una excursión hacia el Lago de las Ondinas.

- ¡Ay siiiiiii! ¿Cuándo, cuándo, cuándo, cuándo? - Repitieron los niños excitadísimos con la noticia.

- Estad atentos a la rosa... - Nos dijo a medida que nos envolvía de nuevo en la nube brillante y nos devolvía sanos y salvos al coche-
- Chicos, abrochaos el cinturón, salimos a carretera.
- Vale tita, ponnos música tranquila, por favor.

Y vosotros... Ya sabéis, si os encontráis con un Ojáncano y no tenéis a mano una flauta, silbad una bella melodía.



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