lunes, 17 de diciembre de 2018

NAVIDADES CON SUSTO. PIRÚ Y EL MAGO NEGRO.

Esta mañana en Casa Encantada hay un jaleo tremendo. Pirú ha traído los adornos navideños para que todos disfruten decorando la casa y como novedad, tenemos hilo musical. Matilda y Paquito Plumillas han montado una emisora de radio que pone villancicos y noticias durante todo el día. Para variar, las discusiones entre lagartija y ratón son continuas, pero al menos no idean trastadas mientras están entretenidos. 
En la cocina, Benito Mondanueces está haciendo una tarta deliciosa ayudado por don Leonardo Peinacanas que hoy ha decidido cerrar la biblioteca y dedicarse a lo que él llama "labores navideñas".

En el reloj del salón han dado las once de la mañana y la persistente niebla no se disipa. La seño Yolanda ha llevado a los niños hasta el arroyo para recoger algunas plantas y ponerlas en el portal, este año, tienen figuritas nuevas y los más pequeños están encantados. Aprovechando las fechas, les va contando un cuento navideño sobre la liebre Rufina, una amiga que vive muy cerquita de Casa Encantada.

- A ver niños, no os separéis. Mirad, esto es musgo y no debéis cogerlo porque ya nos queda muy poquito, ¿entendido? En cambio todas estas hojas secas de encina nos quedarán muy bien. 
- Seño..., ¿puedo coger el que hay en los árboles? - Preguntó la ardilla Raquel-
- No, solo hojas secas y ramitas, después las pintaremos.  Atención, a ver quien sabe decirme en qué dirección crece el musgo que estamos viendo. - Pregunta a la vez que señala uno de los árboles-
- ¡Yo, yo, yo lo sé! - Levantó la mano el pato Pedrito- Crece orientado al norte porque es la parte más sombría y húmeda, si nos perdemos en el bosque, es bueno mirar a los árboles para orientarse.
- ¡Muy bien Pedrito! ¡Te has ganado un dulce navideño!

Mientras los niños andaban jugando en los alrededores, en la casa la Navidad iba tomando forma. Menos en la emisora, donde reinaba cualquier cosa menos la paz.

- ¿Quieres un té, Plumillas? - Preguntó Matilda-
- No, gracias, ¿puedes pasarme el disco de una vez?
- A ver, que no me gusta ese villancico - Contestó Matilda enfadada-
- ¿Y por qué no? 
- ¡Porque es rock! ¿Dónde se ha visto un villancico rockero?
- Lo que pasa es que eres una antigua de tomo y lomo, eso es lo que pasa. ¿Quieres darme el disco?
- ¡No me da la gana! ¡Ratón impertinente! - Gritó Matilda sacando la lengua.-
- ¡Lagartija sinvergüenza!


- ¡Pero bueno! ¿Se puede saber qué pasa aquí? - Pregunta don Leonardo que alertado por las voces se ha presentado en la emisora.- ¿Es que no podéis estar sin discutir diez minutos?
- Ha empezada ella - Dice Plumillas-
- ¡Acusica! - Grita Matilda enfadadísima-
- ¡Basta ya!- Yo elegiré los villancicos y no hay más que hablar. Plumillas, pon este disco, ¡el de la Filarmónica de Londres y no quiero oír ni una palabra más!

Obedientes, ratón y lagartija dejan de discutir y ponen la música elegida por el profesor. 

- Y ahora voy a sentarme en la chimenea a leer este libro, si vuelvo a oír una palabra más alta que otra, vengo y cierro la emisora. ¿Entendido?

- Entendido, señor Peinacanas - Contestan los dos -

En el salón, Pirú y don Leonardo conversaban animadamente.

- ¿Y dice que la seño Yolanda está con los niños en los alrededores? - Preguntó Pirú-
- Sí, querían coger algunas plantas para el portal.
- Bien, bien, sabe cuidarse, no me preocupa. Tendríamos que pensar en la fiesta, ¿no cree? 
- Claro, Pirú, claro.

En ese momento, Benito Mondanueces entra en el salón muy preocupado.

- Pirú, tienes que venir, ha pasado algo en la cocina. - Dice el ratón cabizbajo-
- Pero bueno..., ¿es que no hay modo de tener una conversación tranquila en esta bendita casa? ¿Qué ocurre?
- Ven, ven, y lo verás con tus propios ojos.

Al entrar en la cocina, se encuentran con un visitante inesperado.
- ¿Y quien eres tú? - Preguntó Pirú poniendo los brazos en jarra-
- Ñam, ñam, ñam, soy Bizcocho.
- Ya lo has oído, Pirú, se llama Bizcocho y se está poniendo fino con nuestras galletas y dulces. Si sigue comiendo de ese modo, nos deja sin pasteles para la fiesta.
- A ver, Bizcocho... Soy Pirú, no pasa nada porque estés aquí, pero al menos dinos de dónde has salido.
- ¡Soy amigo de Matilda! Ñam, ñam, ñam. 
- Matilda..., cómo no. -Susurró Benito-
- Me dijo que había una fiesta y que podía venir. Ñam.- Dijo Bizcocho devorando otra galleta-
- ¡Pirú dile algo! - Exclama Benito- ¡Se está zampado todos los dulces!
- Vamos a ver, Bizcocho. Eres bienvenido en Casa Encantada, pero no puedes comerte todo lo que prepare Benito o cuando llegue la fiesta no habrá nada.
- Pero... , ¿tú eres mago, no? Matilda me ha contado que haces aparecer cosas de la nada. Eso incluye los dulces, ¿a que sí?.
- Se nota que eres amigo de la lagartija, tan descarado como ella. - Murmuró Benito-
- Calma, calma - Levanta los brazos Pirú- Haremos una cosa. Te vas a venir conmigo y ayudarás a tu amiga y a Plumillas a elegir música navideña. ¿Qué te parece?
- ¡Me parece guay! ¿Puedo llevarme estas galletas?
- ¡Pirúúúúú! - Exclamó Mondanueces desesperado-
-  Tranquilo Benito, ya me encargo.

El mago se alejó con Bizcocho en las manos que iba encantado de estar por fin en aquella casa tan especial, al entrar en la emisora se encontró con Matilda y Plumillas profundamente dormidos. La lagartija estaba en el suelo y el ratón sobre la mesa del micrófono.

- Qué extraño..., estos dos dormidos. - Murmuró Pirú dejando a Bizcocho en el suelo-
- ¿Por qué te parece raro, Pirú? - Preguntó el ratón.
- Porque aprovechan cualquier ocasión para discutir y es raro que así, sin más, se hayan dormido.

En ese momento, Pirú se da cuenta de que el suelo está cubierto por una neblina oscura, algo que desprende malignidad.

- ¡Bizcocho! ¡Rápido, a mi bolsillo! 

El ratón no se lo piensa y de un salto se cuela en uno de  los bolsillos de la túnica del mago.

- ¿Qué ocurre? - Pregunta el ratón asustado-
- Necesito mi báculo, esto es cosa del mago negro y si la niebla sale de aquí..., tendremos problemas.

Pirú salió corriendo cerrando la puerta y a grandes zancadas llegó hasta el salón donde estaban su báculo y don Leonardo.

- ¡Pero no podemos dejar ahí a Matilda y a Paquito! - Exclama Bizcocho preocupado-
- Necesito mi báculo para rescatarlos del desmayo.

Rápidamente, puso al corriente a don Leonardo de lo que sucedía.

- Mandaré a alguien para avisar a la seño Yolanda, no debe acercarse a la casa mientras esa nube maligna esté aquí. - Propuso el ratón-
- Coja la rosa azul, ella lleva la suya y podrá comunicarse más rápido.-

Ratón y mago se dirigieron a la habitación donde tenían la emisora de radio, el humo negro comenzaba a salir por debajo de la puerta.

- Espero que no sea demasiado tarde - Dijo don Leonardo-
- Tranquilo, amigo, los recuperaremos. 

Abrieron y el mago hizo nacer una luz rosada de su báculo; dirigiéndola hacia el suelo, pudieron ver a Matilda,  Pirú se apresuró a entrarla en el bolsillo que le quedaba libre y luego hizo lo mismo con Paquito Plumillas. Luego, murmuró unas palabras que nadie supo traducir y la niebla se fue recogiendo hacia un rincón hasta desaparecer.

- ¡Bien! - Exclamó Bizcocho- Hemos vencido al mago malo.
- No cantes victoria tan pronto, esto solo es un hechizo de contención, Óminor volverá con más fuerza. - Contestó Pirú-

Rápidamente llevaron al ratón y a la lagartija hasta el salón para despertarlos de aquel malvado maleficio.

- ¿Están...., están...,muertos? - Preguntó Bizcocho-
- No, están sumidos en un hechizo: ni dormidos, ni despiertos, ni vivos, ni muertos..., Óminor les está robando sus recuerdos más bellos a través de sus esclavos, si no los traemos de vuelta pronto, se unirán a la niebla negra y se convertirán en parásitos del alma, igual que los que les hicieron esto. - Contestó don Leonardo-

El mago dirigió su báculo hasta el ratón y la lagartija y los elevó en el aire, luego con su mano izquierda generó una espiral de estrellas y los entró en ella. La primera vez no sucedió nada, la segunda tampoco.

- Solo puedo usar esta magia en cuatro ocasiones - Habló Pirú preocupado- Si no consigo hacer que despierten, se perderán para siempre. ¡No sé qué pasa, no sé por qué no funciona mi magia!
- Amigo, no desesperes, lo conseguiremos -Dijo don Leonardo sin mucha convicción-

Utilizó el contrahechizo una vez más y al fin despertaron. Estaban muy asustados y confundidos.

- Contad qué ha pasado - Les apremió Pirú-
- Pués... - Dijo Paquito Plumillas quitándose la gorra y tomando la iniciativa- No recuerdo mucho, solo que estábamos preparando el Casa Encantada Noticias cuando un señor mayor vino a pedirnos una canción para la fiesta de mañana. No vi nada sospechoso en él, después de eso no me acuerdo de nada más, no sé si Matilda....
- Yo tampoco recuerdo gran cosa, salvo que ese hombre no era nadie conocido, pero teniendo en cuenta que en estas fechas mucha gente va y viene por aquí..., no noté nada raro, la verdad.
- ¿Sabéis si salió de la casa? - Preguntó don Leonardo-.
- No, no vimos nada - Contestó la lagartija-
- Bien chicos, ahora descansad y no os mováis de este salón. Voy a generar un hechizo que impida que algo malo os pueda pasar, pero tenéis que prometerme que no saldréis de aquí. ¿De acuerdo? -Preguntó Pirú-
- ¡De acuerdo! - Contestó Bizcocho que hasta el momento había permanecido oculto y muerto de miedo en el bolsillo del mago.-
-¡Bizcocho! - Gritó Matilda. ¿Pero qué haces aquí?
- Bueno.., esto.. Tú me invitaste.
- Claro, claro... Lo había olvidado.
- Bueno, basta de charla. Quedaos aquí mientras don Leonardo y yo buscamos a Óminor.  Y recordad, no abráis esa puerta a nadie pase lo que pase. Tampoco si pensáis que es alguien conocido,  puede ser una trampa y el mago negro no tendría reparos en acabar con vosotros.

Cerraron la puerta dejando a los amigos dentro, después, Pirú dijo unas palabras y un enorme muro dorado se levantó ante ellos.

- Así será suficiente- Vamos don Leonardo, no hay tiempo que perder-
- ¿Qué buscamos exactamente, amigo?
- Ni yo lo sé. No sé si ese maldito ha entrado en Casa Encantada o son sus parásitos de almas. En cualquier caso, hay que sacarlos de aquí cuanto antes.

La casa se estaba cubriendo de un denso humo negro, algunos habitantes aparecían desmayados aquí y allá, hasta el pobre Benito Mondanueces estaba tendido en el suelo de la cocina.

- No podemos parar a despertarlos, hay que encontrar el origen de esto lo antes posible. - Dijo el mago-

Al llegar a la biblioteca, una silueta temblaba tras el cristal de la puerta.

- ¿Será él? - Preguntó don Leonardo-
- No lo sé, puede ser un parásito o cualquier otra forma maligna. Cuidado al entrar.

Pirú agitó el báculo haciendo aparecer de nuevo la nube rosa y al entrar...., se llevó una gran sorpresa. La seño Yolanda y los niños estaban maniatados y en el suelo mientras un ser alto y oscuro paseaba entre ellos.

- Vaya...., ¿ya has llegado, Pirú? Te estaba esperando - Dijo la figura enlutada-
- ¿Qué has hecho con ellos?
- Tranquilo, solo están dormidos..., de momento.
- Dime qué quieres, Óminor.
- ¿Que qué quiero? ¿No recuerdas lo que hiciste el año pasado conmigo? ¡Me condenaste a vagar por el Universo mientras destruías la Torre de los siete picos! - Gritó el ser maligno a la vez que su figura se alargaba tanto que tuvo que encorvarse-
- Habías secuestrado la Navidad. ¿Qué esperabas? ¿Un aguinaldo? -Contestó Pirú burlándose-
- Muy ingenioso..., pero guárdate tus bromas para cuando seas un ente parasitario a mis órdenes-
- Creo que eso..., tendrá que esperar.

Pirú lanzó un rayo brillante que impactó en el pecho del mago negro y lo lanzó contra una de las estanterías derrumbándose al instante. Don Leonardo corrió hasta la seño y los niños para comprobar que estaban bien, pero Óminor le lanzó un hechizo y quedó paralizado.
La lucha entre los magos era encarnizada, el ruido se escuchaba en toda la casa.

- ¿Has oído eso, Matilda? - Preguntó Paquito Plumillas.
- Sí, creo que deberíamos ir a ver qué pasa, puede que Pirú esté en apuros.
- Nos ha prohibido que lo hagamos ¿O es que ya no te acuerdas?
- Ya me he enfrentado a ese mago y el nuestro no podrá con él si está solo. Debemos ir.
- ¿Y qué hacemos con el muro mágico que acaba de levantar frente a la puerta? - Preguntó el ratón-
- ¿Y para qué está esa ventana? - Contestó Matilda señalando arriba-

Tras una breve discusión, los amigos decidieron dejar a Bizcocho en el salón y se pusieron en marcha llegando a la biblioteca. Matilda llevaba su carcaj repleto de flechas y su arco, pero no contaban con un extraño muñeco que les cerraba el paso al llegar a su destino.

- No te acerques más - Dijo Matilda- Es un parásito de Óminor, un parásito del alma.
- Pero..., ¡si es un bicho de lo más simpático!
- Plumillas... Atrás.

Matilda montó la flecha en el arco, pero no eran unas flechas cualquiera, tenían puntas de zafiro, las únicas capaces de acabar con esos seres salidos del mal. Apuntó y disparó al muñeco y a todos los demás que salían por todas partes. Al alcanzarlos se convertían en humo negro, luego celeste y finalmente desaparecían.

- ¿Y ahora qué pasa con ellos? - Preguntó Plumillas-
- El zafiro los libera del mal y encuentran su camino. Ahora son libres.

El ratón no vio venir a uno de los parásitos y antes de que pudiera reaccionar, sintió que algo ardía en su garganta e imágenes espantosas venían a su mente.

-¡ No, no! -Matilda disparó, pero ya era demasiado tarde, el parásito había mordido a su amigo y se hundía en la niebla negra-

- ¡Pirú! -Gritó el ratón-

La lagartija entró en la biblioteca sorteando seres malignos, el mago lejos de enfadarse se alegró de ver a la pequeña que valiente, lanzaba flechas azules a diestro y siniestro.

- Han mordido a Plumillas....
- ¿Cómo? -Preguntó Pirú mientras repelía un nuevo ataque de Óminor- ¿Dónde está?
- ¡En la puerta! ¡Tienes que ayudarle!

De repente el mago se acordó de algo...,¡las hadas! ¡Las hadas con su presencia apartaban el mal!

- Matilda, ¡las hadas! ¡Hay que traer a las hadas!

La lagartija sabía que la única manera de contactar con ellas era entre la vigilia y el sueño y por lo tanto había que acercarse a la seño Yolanda y a los pequeños para que en su estado pudieran contactar. No estaban seguros de que fuera a funcionar, pero no había otra salida. Mientras Pirú luchaba contra Óminor, la lagartija susurraba al oído de los niños y de la seño, la importancia de contactar con las hadas. Sabía que solo con pensamientos benevolentes llegarían a ellas.
Y ocurrió. En seguida el aire se llenó de puntos dorados, eran las alas de las bellas criaturas, en su presencia, los parásitos se desintegraban, todos despertaban y el mago negro se quedaba ciego. Poco a poco la niebla desaparecía y con ella.., el malvado mago.
Casi sin fuerzas, Pirú se dejó caer en el suelo, pero Matilda tenía prisas por salvar a su amigo así que no se lo pensó y se dirigió a Titania, la reina.
- Majestad - dijo haciendo una profunda reverencia- Necesito pediros un último favor: mi amigo ha sido mordido por un ente parasitario, se está perdiendo en la sombra.

Nada más oírlo, la reina de las hadas voló hasta Plumillas cuya figura empezaba a ser transparente. Abrió las alas y las batió justo encima del ratón de modo que una cortina de puntos dorados cubrió por completo al animal. Todos aguantaban la respiración, pero la sonrisa de Titania les dejaba claro que estaba a salvo. Al fin, Paquito abrió los ojos y se encontró con aquél fantástico ser que lo dejó fascinado.

- Bienvenido de nuevo, querido ratón - Dijo la reina-
- ¡Plumillas! -Gritó Matilda agarrándose fuerte del cuello de su amigo-
- ¡Que me vas a ahogar! - Exclamó queriendo hacerse el enfadado, pero en el fondo sabía que su amiga se había arriesgado mucho para salvar su vida-

En fin chicos, ya que todo ha vuelto a la normalidad, creo que lo mejor es ir a descansar y celebrar mañana una estupenda fiesta. ¿Qué os parece? - Preguntó don Leonardo-

- Que ya teníamos una - Contestó Matilda-
- ¡Pues que sean dos! - Exclamó Pirú.

Al día siguiente, Casa Encantada lucía preciosa, la decoración llegaba a cada rincón y también la música. La seño Yolanda se había puesto sus mejores galas y lucía realmente preciosa.

- ¡Buenos días desde Radio Encantada! Hoy tenemos una fiesta muy especial que no habría sido posible sin la valentía de nuestro querido Pirú, el profesor don Leonardo y la lagartija Matilda. Para vosotros, va dedicada esta canción - Dijo Plumillas mientras su voz llegaba a todos los rincones de Casa Encantada y sus alrededores - ¡Gracias por salvarnos!
- ¡Si es que en el fondo no puedes vivir sin mí! - Exclamó feliz Matilda a la vez que abrazaba a su amigo-
- ¡No seas pesada!
- Ya verás, te voy a dar un abrazo lagartijero.

Y Matilda se pegó a la espalda del pobre ratón que no pudo despegarse de ella en todo el día. En la cocina, Bizcocho "ayudaba" a Benito, pero como se comía todo lo que pasaba por delante de sus ratones dientes, acabó con dolor de tripa.
La noche llegó y con ella la diversión. Sonaron los villancicos y bailaron y rieron hasta que no pudieron más.

- Por favor, Matilda..., ¿te quieres bajar? - Rogó Plumillas a su amiga que seguía pegada a su espalda-
- No, que te quiero mucho.
- ¡Pirúúúúúúúúúúúú! ¡Quítame de encima a esta pesada por favoooor!

Y allá se perdieron ratón y lagartija mientras la música sonaba y envolvía nuestra mágica casa.

Os iba a poner "FELIZ NAVIDAD"  con galletas, pero es que se las ha comido Bizcocho, así que os lo pongo con el corazón. Feliz Navidad y felices días en compañía de los que queréis.

- ¡Matildaaa! ¡Plumillas! ¡A ver esa música!

4 comentarios:

  1. Precioso, precioso!!!. Feliz N
    avidad a todos los miembros de la casa Encantada!!!.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajajajaja, muchas gracias!! Vamos, vamos, que no se quede nadie fuera de la fiesta!

      Eliminar
  2. HolaPepaSoy Patricia.Sigue asi contando historias tan encantadoras. Un fuerte abrazo desde Madrid

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias, Patricia, eres un amor. Otro abrazo grande para ti desde Casa Encantada. 😘😘😘😘😘

      Eliminar

Diviértete en Casa Encantada y déjame tu comentario. Aquí hay un sitio para ti, quédate.