sábado, 5 de enero de 2019

Adriana y la puerta mágica. Reyes en Casa Encantada.

En Casa Encantada estaba todo dispuesto para recibir a los Reyes Magos, el mago Pirú supervisaba personalmente cada una de las estancias para asegurarse de que estarían en orden y preparadas a la llegada de Sus Majestades. ¡Oh, he olvidado deciros que nuestro Pirú es amigo de Melchor, Gaspar y Baltasar!,  y por eso, unos días antes de la noche mágica, los de Oriente pernoctan y descansan en Casa Encantada con todo su séquito y por supuesto, sus camellos.
Esa mañana, la seño Yolanda se llevó a los pequeños a la parte alta de la casa, para que no vieran el ajetreo de pajes y regalos que iba a comenzar de un momento a otro. La lagartija Matilda, estaba encargada de dar aviso a Pirú en cuanto avistara a Sus Majestades, así que se había encaramado en lo más alto del tejado para que no se le escapara nada. Estaba muy nerviosa porque aunque había escrito la carta, bien lo que se dice bien..., pues no se había portado. 
Pirú decidió hacer una ronda más antes de bajar a su laboratorio de magia y cuando entró en el salón se llevó una buena sorpresa. 
Agazapada detrás del árbol, distinguió la figura de una niña que lloraba. ¿Cómo era posible que estuviera allí? ¿No la habría echado en falta la seño Yolanda? El mago se acercó a ella.

- Pequeña..., ¿qué haces aquí tan sola? ¿Y por qué lloras?

La niña alzó los ojos y con una mano se secó las lágrimas.

- Me he perdido, he visto luz aquí y he entrado, pero me estaba comiendo mi merienda y ese ratón me la ha quitado. - Dijo señalando a Bizcocho que se estaba zampando una galleta-
- ¡Bizcocho! ¿Le has quitado esa galleta a la niña? - Preguntó el mago muy enfadado-
- ¡No, no, yo solo la he cogido prestada!

A la pequeña le hizo gracia la excusa y empezó a reírse.

- Bueno, bueno, ya hablaremos tú y yo, ratonzuelo pillo - Le dijo Pirú- Y dinos, jovencita, ¿cómo te llamas? ¿Qué hacías sola por los alrededores de Casa Encantada?
- Me llamo Adriana, aunque mi mamá me llama ratona.

Al mago y al ratón les hizo mucha gracia la contestación.

- Bien,bien, pequeña ratona Adriana, yo soy el mago Pirú y este sinvergonzón ya sabes que es Bizcocho- 

El ratoncillo se acercó a la niña e hizo ademán de devolverle la galleta, pero Adriana le dijo que podía quedársela porque conseguiría más.

- ¡Claro que conseguiremos más! ¡Maaarchando a la cocina! - Ordenó el mago-

Camino a los dominios de Benito Mondanueces y Blasito Comebellotas, Pirú dio un rodeo y fue a hablar con la seño Yolanda.

- Esperadme aquí, chicos. -Dijo el mago mientras cruzaba la puerta de la habitación de juegos-
- ¡Hola Pirú! Todo en orden por aquí, ¿qué tal los demás? - Preguntó la seño-
- Verás, eso quería comentarte, he ido a comprobar que todo estaba en orden por el salón y me he encontrado con una niña. Estaba con Bizcocho.
- ¿Una niña? No he visto a ninguna niña esta mañana.
- Pues está en el pasillo con el ratón, no podemos dejarla sola con el frío que hace afuera, ni siquiera sabemos de dónde viene. ¿Podrías encargarte de ella después de que le demos de merendar?
- Claro que sí, será un placer, Pirú. -Asintió la seño sonriente-

En la cocina se estaba muy bien y además olía de maravilla. Blasito y Benito recibieron a Adriana con frutos secos y un buen tazón de chocolate.

- ¡Ohhh, qué guapa es! - Decía Blasito encaramado en el hombro de la niña que comió tanto que se quedó dormida-
- Chssst, dejemos que descanse, después haremos las preguntas- Dijo Pirú-

La dejaron en una mecedora bien arropada con una mantita. Mientras, el ratón Plumillas se disponía a salir, iba a hacer unas fotos para un reportaje que se publicaría en el periódico Casa Encantada noticias. Estaba nervioso porque tenía que entrevistar a los pajes reales que se encargaban - entre otras  cosas- de recoger las cartas que los niños enviaban a los Reyes Magos. Sin duda, aprovecharía para darle la suya.

- Plumillaaaaas ¿Adónde vas? - Preguntó Matilda desde lo alto del tejado.

- ¡Hola Matilda!, voy a hacer unas fotos.
- ¡Qué feo estás con gafas! Jajajajajaja
- ¡Ya empezamos! La culpa es mía por hacerte caso- Dijo el ratón molesto echando a andar de nuevo-
-¡No te enfades, que es brooooma! ¿Puedo ir contigo?
- ¡No, no puedes! Este reportaje es importante y no puedes venir.
- Anda, ¡mira este qué aires! Pues te meterás en líos porque tú no sabes andar solo por el bosque - Dice la lagartija dándose media vuelta para darle la espalda a Plumillas-
- Lagartija maleducada.... -Susurra el ratón-
- ¡Si no me dejas ir te perderás! ¡No sabes orientarte!
- ¡He dicho que no! No necesito a una lagartija sabelotodo para entrevistar a los pajes.

Las voces despertaron a Adriana que se levantó y fue a mirar por la ventana de la cocina. Blasito y Benito seguían a lo suyo como si nada

- ¿Quién es ese ratón? ¿Y quien le contesta? No veo a nadie más... - Preguntó Adriana-
- Ah, son Paquito Plumillas y la lagartija Matilda. Se pasan la vida así, discutiendo, pero luego no pueden estar separados ni una hora. Entre los dos llevan el periódico y la emisora de Casa Encantada, imagínate...,¡un polvorín! - Contesta Benito-
- ¿Qué es un polvorín?
- Un lugar donde se almacenan explosivos. ¡No te digo más!

Adriana rió. Las voces fuera eran cada vez más intensas.

- ¡Plumillas culo de bombilla! - Gritó Matilda-
- ¡Uy, lo que me ha dicho! Pues, ¿sabes? En mi carta a los Reyes Magos había pedido un lazo rosa para tu colita, pero mira lo que hago ahora.

El ratón extrajo de su bolsillo una carta, la abrió y se puso a tachar con un bolígrafo, luego enseñó el papel a la lagartija.

- ¡Mira! ¡Te quedas sin tu regalo! Matilda, burrilda ¡Y ahora me voy!
-¡Quieto ahí, jovencito! - Se escuchó desde otra ventana- Os quiero a Matilda y a ti en la biblioteca ahora mismo.

- ¿Quién es? - Preguntó Adriana.
- La seño Yolanda. Es muy buena y cariñosa, pero estos dos la tienen frita.

En la biblioteca, la seño reñía a Matilda que había sido la causante del alboroto.

- No puedes estar todo el rato chinchando a Plumillas. ¡Ni a nadie! Eres malísima, Matilda, y eso los pajes de los Reyes Magos lo saben. ¿Te quieres quedar sin regalos?

Matilda quería explicar que en realidad no era tan traviesa.



- Me ha dicho culo de bombilla - Dijo el ratón-
- Matilda, ¿eso te parece bonito? Y tú, Plumillas..., eres muy grandecito ya para dejarte manipular por una lagartija, ¿no crees? - Reñía la seño a uno y otro-
- Pero si yo... -Fue a hablar el ratón-
- Tú, nada. Don Leonardo Peinacanas te ha encargado un trabajo, deberías estar ya en el bosque en lugar de pararte a discutir con Matilda. Y en cuanto a usted...., señorita Matilda, te quiero ahora mismo en el tejado sin moverte, si los niños ven algo antes de Reyes, tú serás la responsable.
-¡No es justo! ¡Me dejas aquí mientras él se va de aventuras! ¡Os voy a denunciar al sindigato de Gambita! -Exclamó Matilda disgustada-
- Pero qué poca vergüenza lajartijera tienes... - Dijo la seño- ¡Al tejado! Venga, ¡lagartija vaga! Si os oigo discutir una vez más, me encargaré personalmente de que los Reyes no os traigan ni un regalo. ¿Entendido?
- Entendido - Contestaron ratón y lagartija-

Adriana, Blasito y Benito habían escuchado todo detrás de la puerta, cuando se abrió, se avergonzaron de haber sido pillados cotilleando.

- Vaya, vaya, vaya...¿A quien tenemos aquí? - Pregunta la seño dirigiéndose a la niña-
- Hola..., soy Adriana y estábamos aquí porque ...
- Oh..., no te preocupes, querida. Encantada de conocerte, yo soy la seño Yolanda y estaré encargada de que lo pases muy bien mientras estés con nosotros. ¿Te gustaría conocer las mágicas cosas que suceden aquí?
-¡Siiiiiii! -Blasito y Benito contestaron por la niña.
- Bueno, pues en marcha, pero antes.... ¡Matilda! ¿Puedes venir?

La lagartija asomó su graciosa cara y a Adriana le pareció divertidísima. La seño encargó al travieso reptil, que llevara a la niña al cuarto de juegos y luego volviera al tejado. Camino de la habitación mágica, Adriana se dio cuenta de que en el pasillo  había una puerta distinta a las demás.

- ¿Y esa puerta? ¿Por qué tiene una forma y un color distinto al resto?

- Es una puerta mágica. Pirú no quiere que la atravesemos porque solo un mago tiene poder para controlar las fuerzas que hay tras ella.
- ¿Y si nos asomamos un poquito? Abrirla un poquitito nada más... - Suplica Adriana con cara de ángel-
- Tu mamá te llama ratona, me han dicho..., No me extraña, ¡eres igual de lianta que ellos!

La curiosidad era una de las debilidades de Matilda que miró a un lado y otro del pasillo y finalmente, se colgó del picaporte e hizo que la puerta se abriera dos dedos. Adriana echó un vistazo al exterior y vio una enorme pradera salpicada de animales, no parecía hacer frío allí y tampoco parecía que hubiera nada peligroso. La lagartija se colocó en su hombro de un salto.

- ¿Y si entramos? - Preguntó la niña-
- No sé, Adriana..., Pirú se va a enfadar y están en juego mis regalos de Reyes.
- Eres una cobardica.
- ¿Cobardica yo? Ahora verás.

Matilda se plantó en medio del prado en menos que se dice miau.

- ¿Quién es ahora la cobardica?

Adriana entró y nada más hacerlo, la puerta se cerró.

- Oh...Mal asunto - Dijo la lagartija-
- No digas tonterías, solo tenemos que abrirla y volveremos a la casa.
- Aquí nada es como parece, querida niña...

Matilda estaba en lo cierto, cuando intentaron abrir la puerta, esta no se movió.

- ¿Estamos atrapados?
- Eso parece - Contestó la lagartija- Hay que buscar el modo de salir de aquí antes de que nos echen en falta o se va a liar muy gorda.

Vieron un camino por el que iba un gracioso conejo saltando y recogiendo florecillas, nada allí parecía encerrar peligro así que decidieron seguir al animal a una distancia prudencial. No se dieron cuenta de que a medida que caminaban, el cielo se oscurecía.

En la casa, la seño Yolanda seguía esperando a que lagartija y niña aparecieran en el cuarto de juegos, su instinto le decía que algo no iba bien, así que llamó a Pirú.

- No lo entiendo, hace más de media hora que estuve con las dos, ya deberían estar aquí - Dijo la seño-
- Tratándose de esa lagartija desobediente, cualquier cosa puede pasar. Preguntemos a Benito y Blasito, estaban con Adriana antes de que Matilda se encargara de llevarla a la habitación mágica.

Pero los ratones no sabían nada, habían dejado a la niña con la lagartija y volvieron a la cocina. Estaba claro que les habían perdido la pista. Mientras, detrás de la puerta mágica...

- ¡Mira, Matilda! ¡Son mis hermanas!

Bajo un árbol, dos niñas tocaban una hermosa melodía desconocida para Adriana. Beatriz al violín y Patricia al piano, no parecían percatarse de la presencia de su hermana pequeña.

- Espera.., no te acerques. No creo que sean ellas, parece un hechizo - Dijo la lagartija sujetando a su amiga por el calcetín-
- Pero..., son Beatriz y Patricia...
- No, no lo son, ellas están en tu casa.

Rodearon el árbol y al alejarse, vieron como la imagen se desvanecía.

- ¿Lo ves? No eran tus hermanas.
- Tengo miedo, Matilda... -Balbuceó la niña-
- Tranquila pequeña, conmigo no te pasará nada.

Pero Matilda había olvidado su arco y su carcaj y lo que era mucho peor: la flor de Sandáe, aquella que le permitía comunicarse con Pirú en caso de apuros.
En Casa Encantada la preocupación crecía a medida que pasaban las horas. Plumillas había regresado y Pirú preguntó si sabía algo de las desaparecidas, pero él solo había visto a los pajes reales.

- Podemos pedir ayuda a los pajes -Propuso Plumillas-
- No sé..., no sé si es buena idea - Dijo la seño Yolanda- Si esto es una trastada y tan cerca de la noche de Reyes....
- ¿No habrán cruzado la puerta prohibida? - Preguntó don Leonardo Peinacanas.
- Espero que no - Contestó Pirú- Matilda le tiene miedo a esa puerta, como todos los habitantes de esta casa, no creo que se atreva.
- Yo no estaría tan seguro - Apuntó Plumillas- ¿Qué hay detrás exactamente?
- Es un mundo mental. Todo lo que ves está solo en tu mente.
- Entonces Matilda solo verá cosméticos, le chiflan los pintalabios.. - Dijo el ratón con una media sonrisa-
- También verán sus miedos y estos crecerán si ellas creen que son reales. Esos miedos son peligrosos porque harán que se pierdan para siempre detrás de la puerta. - Aclaró el mago-

Mientras los habitantes de Casa Encantada se preocupaban de Matilda y Adriana, estas atravesaban un bosque cada vez más oscuro, silencioso y vacío. El miedo a la soledad se estaba materializando.

- Este lugar no me gusta nada - Dijo Matilda que se había encaramado en el hombro de la niña- Está demasiado silencioso y es muy oscuro, es mejor que regresemos.

Pero el camino que habían traído, había desaparecido tras la oscuridad. Estaban perdidas y asustadas.

- Es culpa mía, nunca debimos cruzar la puerta - Sollozó Adriana-
- Tranquila, era cuestión de tiempo que yo lo hubiera hecho acompañada del insustancial de Plumillas.

Adriana sonrió y un haz de luz se hizo sobre sus cabezas.

- ¿Has visto eso? Tu sonrisa ha hecho que se desvanezca la oscuridad.
- Es verdad...
- ¡Piensa cosas bonitas! Saldremos de aquí con buenos pensamientos - Aseguró Matilda-

De repente, el camino volvió a estar visible, de fondo se avistó lo que parecía un gran teatro de piedra.

- Pero..., ¿qué es eso? - Preguntó Matilda.
- Es ... ¡el teatro romano de Mérida! - Exclamó Adriana sorprendida- Y el señor que se ve allí es mi papá. ¡Papá! ¡Papá!

La niña corrió hacia el lugar, pero la lagartija la detuvo de nuevo.

- ¿Sabes? Mi papá es el gerente del Festival de Teatro de Mérida, él sabrá cómo sacarnos de  aquí.
- ¡No es real, Adriana!, él no está ahí y no podemos desviarnos del camino porque no sabemos qué significa tu visión - Dijo la lagartija-
- Pero..., es él... Es papá.

De nuevo las lágrimas en el rostro de la niña y de nuevo la oscuridad. Las piedras, los actores..., todo se desvaneció y la tristeza y soledad volvió a sentirse en el bosque, esta vez, con más pesadez.
Al cabo de un rato, Matilda tuvo una idea.

- ¿Qué te parece si pensamos en los Reyes Magos? Tal vez su magia pueda sacarnos de este lugar.

En Casa Encantada, tras mucho deliberar habían aceptado la propuesta de Plumillas y en lugar de abrir la puerta mágica, fueron a buscar a los Reyes Magos para contarles lo que había pasado. La seño Yolanda estaba muy nerviosa porque era la primera vez que vería a Sus Majestades y eso..., era muy emocionante.
Llegaron al bosque ya de noche y unas carpas iluminadas indicaron el lugar exacto donde los Reyes de Oriente descansaban. Pirú apretó el paso e hizo que todos le siguieran.


- ¡Alto! ¡No pueden pasar!

Un paje altísimo les cerró el paso, pero Plumillas reconoció a Nathanael, uno de los servidores reales que había entrevistado.

- ¡Plumillas, eres tú! - Exclamó el paje sonriente-
- Sí, amigo, tenemos un problema y queremos hablar con Sus Majestades.
- Sabéis que eso no es posible.
- Soy el mago Pirú, un viejo amigo de Melchor, Gaspar y Baltasar, por favor, ¿querrías avisar de que estoy aqui?

El paje se quedó pensativo, pero ante la insistencia de Plumillas, cedió. Al cabo de un rato, caminaban entre las tiendas, al fin se detuvieron en la del medio. Cuando el mago descorrió la cortina..., Sus Majestades estaban sentados en sus tronos dorados, esperando a los visitantes con una enorme sonrisa colgada de en sus rostros.

- ¡Querido Pirú! - Melchor se levantó y estrechó al mago en sus brazos, acto seguido, lo hicieron Gaspar y Baltasar.

La seño Yolanda no daba crédito, no paraba de mirar a un lado y a otro sorprendidísima: ¡Iba a conocer a los Reyes Magos!.
Pirú hizo las presentaciones y Don Leonardo, Plumillas y la seño, saludaron a los reales personajes. En un momento, pajes salidos de todas partes colocaron una mesa y cómodos sillones para los visitantes. El chocolate y los dulces inundaron la estancia y también la conversación.

- Y bien.., ¿qué os trae aquí que no pueda esperar a la noche mágica? - Preguntó Baltasar-
- Nuestra amiga Matilda y la niña Adriana han desaparecido, tenemos serias sospechas de que han atravesado la puerta mágica de Casa Encantada. - Habló Pirú-
- Comprendo - Contestó Baltasar muy preocupado- Esa puerta da paso a un mundo que refleja sus deseos y sus miedos... Los humanos estáis muy acostumbrados a temer en lugar de amar, espero que el corazón de Adriana albergue más amor que miedos.
- Necesitamos su ayuda, Majestad - Dijo la seño en tono de súplica-
- Y la tendréis - Contestó Baltasar- No podemos dejar que el miedo venza el corazón de una niña.
- No olviden a Matilda... - Susurró Plumillas-
- Por supuesto que no, aunque luego tendremos unas palabras con vosotros, jovencito.... - Dijo Melchor apuntando al ratón con su enguantado dedo-

Mientras, en el bosque oscuro, Matilda y Adriana intentaban pensar en los Reyes Magos, pero de repente, algo enorme y rojizo apareció en el cielo.

- ¡Un dragón! ¡Corre Adriana!
- ¡Matilda, no puedes tener miedo de un dragón! ¡Es un reptil como tú!
- ¡Síííííiiiííií! Pero este fuma y tiene muy malas ideas...

A la niña le hizo mucha gracia aquello. No podía ser que una lagartija tuviera miedo de un hermano mayor, aunque escupiera fuego. Comenzó a reír a carcajadas.

- ¡No te rías! ¡Te chamuscará el pelo si te pilla! - Exclamó la lagartija-
- ¡Eres una cagona! Jajajajajajajja.

Al final, Matilda se contagió de la risa y el dragón desapareció, el bosque comenzó a abrirse y a lo lejos distinguieron unas figuras conocidas....

- ¡Sigue riendo Adriana! ¡Mira! ¡Los Reyes Magos!

Sus Majestades se acercaron poco a poco, a la niña le temblaba todo, no podía creer que fuera a conocer a aquellos que cada año repartían felicidad a los niños. Tras ellos también venían Pirú, don Leonardo, la seño Yolanda y Plumillas.

- Uy..., esto va a acabar regular - Dijo la lagartija escondiéndose en un bolsillo del vestido de Adriana-
- Sal de ahí, ¡lagartija lianta! - Gritó Pirú-

Adriana no cabía en sí de felicidad, ¡tenía frente a ella a Melchor, Gaspar y Baltasar! Gaspar bajó de su camello y se acercó  a la pequeña.

- Así que tú eres Adriana... ¿Sabes que me han llegado muy buenas noticias sobre ti? - Dijo el rey hincando una rodilla en tierra y poniéndose a la altura de la niña-
- Yo..., bueno, he intentado portarme bien.
- Sabemos que ha habido alguna trastada, pero..., ¿sabes? Por algo somos mágicos, tenemos el poder de borrar esa trastada y que nadie sepa jamás lo que ocurrió.
- ¿En serio? - Preguntó Matilda saliendo del bolsillo-
- ¡Ohhhh! ¡Apareció Matilda! - Exclamó Melchor que junto a Baltasar, había descabalgado y estaba junto a la pareja aventurera- Gaspar ha dicho "alguna trastada", tú eres la trastada hecha lagartija.

Matilda bajó la cabeza un tanto triste.

- ¡Oh, Majestad!, Matilda es buena, en realidad la culpa de que estemos aquí es mía y no de ella, yo la convencí - Aclaró Adriana-
- Tienes un corazón muy noble - Habló Baltasar- Por eso has podido vernos. Hay mucho amor en tu interior, pequeña, eso hace que la magia habite en ti y que todos los que te rodean se beneficien de la presencia de un ser muy especial. Matilda ha tenido mucha suerte de ser tu amiga.


De repente, una cortina de estrellas bajó del cielo y envolvió a todos.

Adriana despertó en una cama desconocida, seguía en  Casa Encantada y a su lado, la pequeña Matilda vigilaba cada uno de sus movimientos.

- Hola..., -Sonrió la niña al ver a su amiga-
- ¡Al fin despertó! - Exclamó Pirú aplaudiendo.
- Después de la aventura has dormido dos días, hoy es 5 de enero, Adriana. - Le habló la lagartija-
- Entonces..., ¿no ha sido un sueño? - Preguntó la niña-
- Claro que no, todo ha sido muy real - Le aclaró Matilda-

Después de una buena merienda, Pirú llevó a la niña hasta el salón, allí le aguardaba una grata sorpresa. Junto al árbol: Beatriz y Patricia tocaban "Ya vienen los Reyes Magos" y sus papás aguardaban sonrientes con el chelo que ella sabía tocar tan bien.

- ¡Oh, Pirú! ¡Esto sí que es una sorpresa! - Exclamó Adriana abrazando al mago-
- ¡Vamos pequeña! ¡Tus hermanas esperan!

Tocaron casi toda la tarde, entre tanto, Matilda se dedicó a perseguir al papá de Adriana para pedirle un papel de actriz en el Festival de Teatro.

- ¡Por favor, qué lagartija más pesada! ¡Que yo no doy ningún papel!- Exclamó Pedro intentando zafarse del reptil-
- ¡Plumillaaaaas! - Exclamó Matilda- Estás ante la próxima ganadora del Óscar a la mejor actriz, pero no te voy a dar la exclusiva, ¡por petardo!

La noche mágica llegó y los habitantes de Casa Encantada fueron a dormir. Adriana se asomó a su ventana y pudo distinguir a Sus Majestades, sabía que todas las personas que queria tendrían buenos regalos porque ella, que era buena y especial, les había enviado mucho amor y eso..., tiene su recompensa.

Al día siguiente, Matilda tuvo no uno, sino dos lazos preciosos para su colita y Plumillas un bonito juego de plumas estilográficas que su amiga había pedido para él. La seño Yolanda tenía una pizarra nueva para los chicos y una caja mágica que solo ella sabe qué contiene. Para don Leonardo, un bonito bastón, para Bizcocho una enorme caja de dulces y así muchos regalos para todos y cada uno de los habitantes de la casa más mágica del Guadiato.  Pocos saben que unos días antes de la noche mágica, alberga a los tres magos más especiales del Universo.

Este cuento va dedicado a la pequeña Adriana, la niña-ratona más valiente y mágica que he conocido jamás.
¡Felices Reyes a todos!

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