viernes, 27 de diciembre de 2019

Pepa Jones y su gato Gambita. Navidad en la Charca de los Patos.

Pepa Jones se había quedado a dormir esa noche en el Tejar, le acababan de dar las vacaciones de Navidad y nada mejor que comenzarlas allí con el abuelo.
Eran las once de la noche cuando sonaron unos suaves toquecitos en la puerta de la habitación.

- Pepa, ¿estás despierta? 
- ¡Sí, abuelito!, aún no me he dormido.
- Pues abrígate bien y sal, tengo una sorpresa para ti.

¡Una sorpresa! Palabras mágicas, -pensó la niña- 

Se vistió a toda prisa y salió envuelta en un plumas color rosa que le había enviado su prima del norte.

- Vamos, vamos a la puerta y verás - Propuso el abuelo José con gran misterio-

Los segundos por el pasillo se hicieron eternos hasta que por fin, la puerta se abrió y... ¡Estaba nevando! ¡Nevaba en la Charca de los Patos!

- ¡Ohhh, abuelitoooo! ¡Es nieve! - Exclamó la niña entusiasmada-

Permanecieron un buen rato afuera a pesar del frío, observando cómo los árboles poco a poco recibían en sus brazos el blanco regalo y cómo los caminos desaparecían bajo el manto inmaculado de la nieve. Para Pepa, era su primera nevada y estaba tan contenta que no paró de hacer fotografías hasta que el sentido común se impuso y volvieron a la casa.

- Y ahora a dormir, mañana saldremos a hacer más fotos, ¿de acuerdo? - Propuso el abuelo José.
- ¡De acuerdo, abuelito!

Pero Pepa no tenía intenciones de dormir, cogió su móvil y entró en el grupo de WhatsApp "Gambigrupo V"

Pepa: Chicoooooooooos, ¿habéis visto cómo nieva?
Estrella: ¡No me digas! En Mérida nada, no ha caído ni un copo.
Patricia: ¡Yupiiiiii! ¿Qué haréis mañana? Pepa, ¿nos vemos en la Charca de los Patos? Estrella haremos bolas gordaaas de nieve
Estrella: Yo llego sobre las doce, chicos. ¡Espero que la nieve aguante!
Julián: Oídme, acabo de entrar en casa, he hecho fotos preciosas.
Pepa: ¡Pues pásalas!
Julián: Y otra cosa: Hoy he visto gente rara en el Peñón. No tienen pinta de ladrones de patrimonio, pero son raros, raros de coj...
Todas las chicas: ¡Juliááááááán!
Julián: ¡Iba a decir cojines!
Patricia: Ya.... Bueno, cuenta, cuenta.
Julián: A ver..., como esta mañana no había cole me he ido con mi perro Ferrari a dar un paseo hasta el Peñón, y en los alrededores del arroyo había unas tiendas de campaña bastante peculiares... Bueno, no eran exactamente tiendas.
Estrella: ¿Y qué eran?
Julián: No sé chicas, tiendas pero antiguas. Además, he visto caballos y dos hombres con unas ropas que no había visto antes. Creo que hay que echar un vistazo y vigilar.
Patricia: De acuerdo.
Pepa: Pues si os parece bien, mañana desayunamos con abuelito en el Tejar y nos organizamos.
Todos: ¡Perfecto!
Pepa: ¡Buenas noches y feliz nevada navideña!

Al día siguiente, la primera en llegar fue Estrella. Ni se paró a deshacer la maleta, directamente fue a casa de Pepa y de allí al Tejar.

- ¿Cuando venís a Mérida otra vez? - Preguntó la niña-
- Pues espero que pronto, hay que visitar de nuevo el Museo de Arte Romano porque es ..., ¡alucinante!
- Ay pues precisamente estuvimos con el cole el otro día, nos estuvieron explicando la fiesta de la Saturnalia, que ya sabes que es algo así como la Navidad Romana y que se celebraba del 17 al 23 de diciembre.
- Sí, en honor al dios Saturno. Y se adornaban las casas, se hacían regalos...- Añadió Pepa-
- Exacto. Y los señores actuaban como si fueran esclavos y estos como si fueran señores. Lo que era prohibido, se permitía y estallaba el lujo y el  derroche... Algo así como un jubiloso caos. Pero te cuento lo más interesante. ¿Sabes? Conocí a un niño..., ¡monísimo! - Dijo Estrella sonrojándose y entornando sus enormes ojos azules-
-¡Estrella! Jajajaja, ¡no me digas! ¿Y cómo se llama?
- ¡Pedro! Ya te contaré, a él le gusta especialmente el Teatro Romano y está muy interesado en el Festival de  Teatro de Mérida, no se lo pierde nunca.
- ¡Me tienes que contar! -Exclamó risueña Pepa-

Pero no pudo ser porque el resto de la pandilla, con Gambita a la cabeza, acababa de aterrizar en el Tejar. Esta vez había una sorpresa más y es que Julián venía acompañado de Ferrari, su perro. Veremos qué tal se portaban los animales porque la última vez que se juntaron hicieron una cantidad de trastadas que no se pueden ni enumerar.
Sentados a la mesa, el chocolate, los mantecados  y los churros desaparecían mientras la conversación se hacía cada vez más interesante, sin embargo, en el patio empezaron a oírse voces, maullidos y un tremendo jaleo de cubos y gritos. En eso, el abuelo José entra en la casa sin poder contener la risa.

- ¡La que han formado Gambita y Ferrari! ¡Menudo enfado tiene Dimas!
- ¿Qué ha pasado? - Preguntó Julián preocupado-
- Se han puesto a beber de una cántara de leche que teníamos apartada para regalar en Navidad y Dimas se ha enfadado muchísimo.
- Pero abuelito..., ¡tú te estás riendo! -Le reprendió Pepa-
- Claro, porque corriendo detrás del par de golfos, el pobre hombre ha trastabillado y ha ido a dar con sus huesos en el suelo, con tan mala fortuna, que se ha apoyado sobre otra cántara y se la ha echado por encima. ¿Qué creéis que han hecho Gambita y Ferrari? Pues subirse sobre él y comenzar a lamer toda la leche. ¡Un cuadro! ¿Queréis verlo?

Los chiquillos salieron en tropel al patio y cuando vieron al pobre Dimas en el suelo intentado quitarse a los animales de encima, no pudieron contener las carcajadas. Al final, todo acabó en reprimenda para Ferrari y Gambita que se pasaron el resto de la mañana hechos un ovillo dormidos al pie de la chimenea, y en un buen chocolate caliente para Dimas, que tras cambiar sus ropas se sentó con los niños a contar anécdotas del campo. En el fondo, todos sabían que el bueno de Dimas, ¡mandaba más que el abuelo!
A eso de las doce del mediodía, los niños decidieron salir a hacer una excursión por los alrededores, querían saber qué estaba pasando con esos personajes extraños de los que hablaba Julián. Aún había mucha nieve, pero no fue obstáculo para abrigarse bien y salir a pedalear, sin embargo, Gambita y Ferrari no pudieron acompañar a sus amigos. El abuelo dijo que se quedaban castigados, por bichejos.


Los caminos estaban embarrados, pero los intrépidos amigos no se rindieron. Unas veces en bici y otras andando, avanzaron en su aventura. El campo estaba precioso, blanco como nunca lo habían visto así que a cada poco se detenían para sacar fotos.

- ¡Qué Navidad tan estupenda, chicos! - Exclamó Estrella mientras sacaba algunas instantáneas con su móvil-
- Y que lo digas, es un sueño poder ver nieve en Navidad - Contestó Patricia-

Retomada la marcha, no tardaron demasiado en llegar a los alrededores del Peñón, allí y a lo lejos pudieron divisar unas carpas que nunca antes estuvieron en el lugar. De colores llamativos, resaltaban extraordinariamente sobre el blanco fondo. Los chicos se miraron extrañados.

- Qué mal me huele esto- Dijo Pepa-
- Y a mí - Contestó Julián- Los vi ayer por primera vez pero a saber los días que llevan sin que nadie haya hecho nada. Fijaos en la cantidad de sacos y paquetes que tienen en la puerta. ¿Y si han robado alimentos o juguetes en las parroquias o en Cruz Roja? 
- Pues no lo vamos a consentir - Dijo Patricia enfadada- Iremos y sabremos qué traen entre manos esas gentes.

Montaron en sus bicis y se aproximaron, sin embargo y tras seguir el plan que habían trazado, pasaron de largo sacando algunas fotos y pararon en la primera peña para cambiar impresiones. 

- Muy raro todo, chicos - Apuntó Pepa- No sé a vosotros pero a mí no me ha salido ni una foto, todas negras.
- Anda..., y a mí - Dijo Julián- 

Uno a uno revisaron sus móviles para darse cuenta de que ninguna foto había quedado registrada . Parecía magia.

- Vale, pues paremos y entremos - Propuso Patricia-
- Estoy con ella - Contestó Estrella-

Bajaron con sus bicicletas en dirección a las carpas, sin embargo, el camino parecía transformarse y se hacía tedioso. Para colmo comenzó a nevar intensamente y un trayecto que debieron cubrir en menos de quince minutos, se convirtió en una hora larga. No sabían qué pasaba exactamente pero mientras más andaban, más parecían alejarse aquellas tiendas de campaña. Pepa empezó a preocuparse, si al menos Ferrari y Gambita estuvieran, su instinto les sacaría de aquel laberinto.



- Chicos, ¿qué está pasando? - Preguntó Estrella preocupada-
- Llevamos casi dos horas dando vueltas y no conseguimos acercarnos a ellas, es como si estuvieran ejerciendo sobre nosotros algún tipo de hechizo. - Contestó Julián-
- ¡Calla, Harry Potter! -  Exclamó Pepa divertida para quitar hierro al asunto, pero en realidad, ella también estaba asustada-

De repente comenzó a oscurecer y no había llegado el mediodía. La nevada intensa y la oscuridad terminó por desorientar a los niños que sin saber cómo, aparecieron de nuevo en el camino de vuelta al Tejar. Justo cuando desistieron de volver a las carpas, la nevada se detuvo y la luz volvió a brillar.

- Con que Harry Potter, ¡eh listilla! - Exclamó Julián- Pues ahora vas y me explicas qué ha sucedido porque no creo que ninguno de nosotros tenga una respuesta lógica.

Llegaron al Tejar y contaron al abuelo José lo que habían experimentado. No tenía ni pies ni cabeza pero el hombre decidió seguirles la corriente.

- Y decís que a medida que caminabais hacia las carpas, estas parecían alejarse - Dijo el abuelo mientras preparaba unas migas calentitas-
- Sí, abuelo. Entonces comenzaron a surgir de la nada otros caminos que parecían ser los correctos, pero que nos alejaban aún más. - Aclaró Pepa-
- ¡Y las bicicletas pesaban muchísimo! - Añadió Patricia-
- Bien, iremos a echar un vistazo mañana, he hablado con vuestros padres y pasaréis la noche aquí. Si queréis, claro. - Propuso el abuelo José-
- ¡Siiiiiiiiiiiiiii! ¡Qué bien! - Exclamaron los niños-

Caía la tarde en el Tejar, el abuelo José había ido con Dimas al otro cortijo para guardar los animales porque había comenzado a nevar de nuevo.  A la vuelta, la propuesta fue hacer un muñeco de nieve en la Charca de los Patos, propuesta que desató la locura entre los amigos, como era de esperar.


Entre risas y juegos se agotó el día. Gambita lo pasó de miedo con su amigo Ferrari porque si algo les gustaba es jugar con las bolas que los niños les tiraban. Una tarde perfecta en el lugar perfecto.
Ya de vuelta en el Tejar, cenaron en torno a la chimenea y convencieron al abuelo José para que pusiera unas mantas en el suelo y les contara cosas de cuando era pequeño. Poco a poco, fueron rindiéndose al sueño y solo Pepa y Gambita permanecieron atentos a aquellas historias que tanto les gustaban. Un final maravilloso para un día raro.
A la mañana siguiente, los chicos desayunaban entre risas a la espera de poder salir de nuevo a inspeccionar el entorno del Peñón. Había vuelto a nevar durante la noche y de nuevo los caminos se perdían. 
Gambita y Ferrari jugaban a perseguir los pocos copos que caían con lentitud desesperante y Dimas tenía buen cuidado de que no se acercaran a las cántaras de leche. A eso de las diez, el abuelo José les comunicó que había que ponerse en marcha si querían descubrir qué ocurría en el Peñón.
Al salir de la casa se toparon con una buena sorpresa y es que en la puerta les esperaba un carro tirado por dos hermosas mulas.

- ¡Nada mejor que un buen carro para andar por la nieve! - Exclamó el abuelo José radiante de felicidad -

Los chicos casi se atropellan por subir, todos querían ser los primeros en probar semejante medio de transporte.

- Abuelito, esto es como de la Edad Media ¡Qué divertido!
- ¿De la Edad Media? Lo que pasa es que los jóvenes de hoy en día no entendéis nada de medios de transporte eficaces. - Contestó el abuelo y todos rieron-
- ¿Os sabéis algún villancico bonito? - Preguntó Patricia-
- ¡Pues claro! - ¿Qué os parece "Más allá? - Propuso Estrella.
Y las voces de los niños se elevaron por encima de los hombres y de los pueblos, porque son esas voces las que llegan al cielo mucho antes que las de ningún otro mortal.

- Muy bonito el villancico, un poco moderno para mi gusto - Dijo el abuelo riendo-

Entre risas y cantes llegaron de nuevo al Peñón, las carpas permanecían en su lugar y no se advertía ningún movimiento en los alrededores. Los niños convencieron al abuelo José para que les esperase en un bar cercano, hacía frío y una aventura como aquella podía no ser buena para su salud.
Los primeros en enfilar el camino fueron Gambita y Ferrari que no tuvieron problemas en llegar. Los niños procuraban seguir a los animales a buen ritmo, pero hubo un momento en que les fue imposible. Vieron a perro y gato internarse en las carpas y de nuevo ellos volvieron a perderse sin poder ni siquiera aproximarse. De la nada, un bosque les cerró el paso y gentes con vestidos brillantes comenzaron a invadir los caminos que nunca habían estado allí.

- Chicos, esto es una alucinación - Dijo Julián-
- Este camino no estaba aquí ayer - Advirtió Patricia- Ni tampoco esos árboles. No sé qué nos está pasando, pero normal no es.
- Está claro, esas carpas, tiendas o lo que sean, guardan algo que produce este efecto. Solo espero que no sea como el de los corros de hadas y nos perdamos aquí por años. - Aclaró Pepa-
- Hija mía, desde luego cuando quieres eres única dando ánimos. - Contestó Estrella un tanto fastidiada-

Un joven vestido con pantalón bombacho y capa larga les salió al paso. Era alto, moreno y con cara de pocos amigos.

- ¿Estáis perdidos? - Preguntó sin más rodeos-
- Pues.., un poco - Contestó Patricia- Queremos llegar a aquellas carpas, pero hay algo que nos lo impide y que seguro tú nos vas a explicar.

Los chicos se miraron sorprendidos ante el desparpajo de Patricia. El joven sonrió y dio media vuelta.

- ¡Ey, no te vayas! - Le gritó Pepa-

El chico se giró de nuevo, en cada brazo llevaba a un animal dormido. Ferrari y Gambita.

- ¡Suelta a Gamba y a Ferrari! - Gritó Julián - ¡Si les has hecho algo a alguno de los dos, te enteras!. Y sacó un tirachinas que siempre le acompañaba.
- ¡Tranquilos, tranquilos! - Habló por fin el extraño joven - Sólo están dormidos y no precisamente bajo el efecto de un hechizo, sino a causa de un buen atracón de leche calentita con pan.

Los niños se miraron sorprendidos. ¿Quién era aquél tipo tan raro?

- No debéis estar aquí - Aclaró el joven con voz seria - Ni tan siquiera sabemos porqué podéis ver las carpas, pero desde luego es algo que vamos a aclarar ahora mismo. Venid conmigo. - Hizo un ademán y los chicos le siguieron sin pensarlo -

Llegaron a las carpas en un santiamén y allí, un intenso ajetreo les sorprendió. Idas y venidas de personas ataviadas con vestimentas de otras épocas, unos de tez negra, otros blancos, pero todos trabajando y sonriendo, como si lo que fuera que hacían les divirtiese. Portaban sacos de los que asomaban paquetes relucientes y de repente..., como un rayo a los niños se les abrió en la mente una explicación maravillosa para todo aquello.

- ¿Sois.., pajes? - Preguntó Pepa- ¿Pajes de Sus Majestades?
- Así es - Habló Metkén, que así se llamaba el joven que les había acompañado- Yo lo soy de S.M. Gaspar y llevamos aquí varias semanas ultimando detalles para la noche de Reyes. No obstante, nuestras carpas están bajo un potente hechizo que las hace invisibles a ojos humanos, por eso no sabemos cómo habéis dado con ellas.
- Las vemos perfectamente - Aclaró Julián - Otra cosa es llegar a vosotros.
- Son los animales -Aclaró otro chico alto y muy rubio que les estaba vigilando desde hacía un buen rato- Son vuestros animales los que rompen el hechizo.
- Pero ayer vinimos sin ellos - Terció Estrella-
- Sí, pero vuestros espíritus están tan relacionados, que sois puros como ellos. Ese es el motivo por el cual podéis vernos. 

Se miraron sorprendidos, no sabían si aquello era un sueño pero desde luego, fuese lo que fuese, pensaban vivirlo a tope.

- Y ahora - Dijo Metkén- Como comprenderéis, no podemos dejar que os marchéis hasta la noche de Reyes-
- ¿Cómooooo? - Gritaron a la vez.
- Si salís de aquí y contáis lo que habéis visto, la magia se romperá y ningún niño recibirá sus regalos. Por lo tanto, no hay alternativa.
- ¡No puedes retenernos! Exclamó Pepa - Mi abuelo nos espera y se llevará un susto tremendo si ve que no regresamos. ¿Es eso lo que queréis?

Los pajes se miraron.

- Y yo sigo teniendo mi tirachinas en el bolsillo - Añadió Julián-
- ¡Dilo otra vez y te quedas sin tu Scalextric! - Le amenazó Metkén apuntándole con el dedo-

Las niñas empezaron a llorar y entonces Ferrari y Gambita despertaron y se enfadaron. Los pajes no contaban con el cariño que los animales tenían a sus amigos y se armó una buena zarabanda.

- ¡Bastaaa! -Gritó el paje rubio- ¡Decid que paren y que este gato deje de morderme las orejaaas!

Al final y tras unos arañazos y algún que otro mordisco, los animales se tranquilizaron. Menudos pajes de pacotilla que no habían sido capaces de controlar a Gambichi y a su amigo.

- Esto solo pueden arreglarlo ellos - Se dirigió Metkén a los pajes que al escuchar el revuelo se habían congregado en el lugar-

Siguieron al joven hasta una tienda donde presidía un gran árbol de Navidad rematado con una estrella.

- Poneos aquí, pronto sabremos qué hacer con vosotros - Dijo Metkén cogiendo de la oreja a Julián-

Una potente luz iluminó la estrella y esta emitió algo parecido a un globo de gas brillante, en su interior se empezaron a formar tres figuras ...., muy conocidas.

- Son..., son..., ¡son los Reyes! - Susurró Estrella temblando de emoción- 

- ¡Así que vosotros sois los famosos cinco! Bueno..., seis - Dijo Melchor hablando a los chicos- Veamos, veamos, veamos... No habéis sido muy buenos hoy a juzgar por cómo están algunos de nuestros pajes. Sois conscientes, ¿verdad?
- Majestad, le juramos que ha sido sin querer, que Gambita y Ferrari pensaban que nos estaban haciendo daño y nos han defendido- Se apresuró a aclarar Pepa-
- Julián - Habló Baltasar- ¿Qué llevas en el bolsillo?

El chico palideció, intentó hablar pero no le salían las palabras.

- Pu pu pues.., un...
- ¡Tirachinas! - Exclamó Su Majestad- 
- ¡Pero es de juguete! - Aclaró-
- No, no lo es. Sólo esperamos que no sea para cazar pájaros - Le miró esperando su confirmación-
- ¡Por supuesto, Majestades! Lo llevo porque en nuestras aventuras siempre hay peligros, pero nunca he hecho daño a los animales. Eso sí...., he dado algún coscorrón a los hombres malos, pero nada grave.

Sus Majestades lo sabían y no podían aguantar la risa. Algunos pajes estaban hechos unos zorros de la lucha con Gambita y Ferrari y la cara de susto de los niños no podía mantenerse durante más tiempo, no era justo. Tenían que solucionar todo en seguida.

- Bien, bien - Habló S.M.Gaspar- Sabemos que sois muy buenos chicos y que ayudáis en la defensa del patrimonio arqueológico, que os gusta la Historia, que amáis la Naturaleza y que fomentáis valores como la amistad, el compromiso, la familia, la cultura... ¿De verdad pensabais que os dejaríamos sin regalos por alguna que otra trastada?

La cara de los pequeños se iluminó, nunca habían creído eso de que los Reyes traen carbón a los niños malos, porque no hay niños malos, solo mayores irresponsables.

- Todo lo que habéis vivido estaba ya programado - Aclaró S.M. Melchor- Aunque hemos de confesar que no contábamos con el rifirrafe de los animales con los pajes - Y se tapó la boca para reír a carcajadas-

- Entonces... -Tomó la palabra Estrella- ¿Ya sabíais que íbamos a venir?
- Por supuesto, querida. - Contestó S.M. Melchor- No podíamos dejar pasar la oportunidad de conocer a estos cinco, bueno seis, aventureros y  aprovechar vuestra generosidad para algún que otro trabajillo que deseamos encargaros.

El ambiente se hizo distendido y la felicidad se colgó del corazón de los pequeños y de sus peludos amiguitos. Por supuesto, podrían volver con el abuelo siempre y cuando guardaran el secreto de todo cuanto habían visto y escuchado. Antes de marchar, S.S.M.M. les dieron un importante mensaje para niños y mayores.

- Nosotros, los Reyes Magos, no castigamos a nadie, no juzgamos ni llevamos cuentas de nada,  
solo somos magos y los magos hacemos magia, es decir, FABRICAMOS FELICIDAD. 
Id y decid a los niños que si algún día os traemos carbón será para que nunca olvidéis vuestras minas..., aquellas que os trajeron riqueza. Mientras, os dejaremos esperanza,  ilusión y amor, que son nuestros regalos más especiales. 

De lo demás que hablaron no se sabe, pues S.S.M.M. encargaron unos trabajos a los niños pero no creo que podamos (de momento), saber de qué se trata. Antes de marchar, Julián pidió disculpas a Metkén y este simplemente le abrazó y colgó de su hombro una maletita con pinceles y óleos. 

- Un pequeño adelanto - Dijo guiñándole un ojo-

Ya de vuelta con el abuelo José, le contaron la versión que los pajes les habían sugerido y regresaron felices en el carro. Tampoco el abuelito había perdido el tiempo pues había cambiado las mulas por unos terneros. 
De regreso al Tejar, cada niño se dio cuenta de que en sus bolsillos había algunos regalos anticipados y lloraron de emoción. Pero no contaron con que en los bolsillos del abuelo también había presentes que el hombre nunca supo cómo explicar y que atribuyó  a la generosidad de los pequeños.

- ¡Y ahora a comer! - Exclamó Dimas que les esperaba con una sopa bien calentita.
- Chicos.., ¿sabéis una cosa? - Preguntó Pepa- ¡Estrella tiene novio!

Se armó tremendo revuelo y Estrella sonrojada negó las palabras de su amiga.

- ¡Cuéntanoooooos! - Le animó Patricia-
- ¡Pepa eres tonta, eh! - Exclamó Estrella- No es mi novio, es un amigo que va a mi cole, pero si queréis saber quien es, tendréis que venir a Mérida.
- ¡Trato hecho!- Dijeron

Y así fue como los cinco más Ferrari, se toparon con los pajes de S.S.M.M. los Reyes Magos de Oriente y sus carpas mágicas llenitas de regalos. Lo que no sabéis es que esas carpas no solo se montan a la sombra del Peñón y que como Casa Encantada es especial, hemos podido obtener fotos de todo. ¡Mirad, mirad!

No olvidéis mirar a la cruz de nuestro querido Peñón en estos días porque la magia nace en lo más alto de sus rocas. Feliz 2020 y feliz Noche de Reyes.


Un recuerdo entrañable en este cuento para el perrito Ferrari, que vivirá por siempre en Casa Encantada porque todo lo que se nombra, se hace eterno. Una mención especial para Julián, para que abra su corazón a otro perrín que pronto le hará tan feliz como el que ya marchó. 

Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento ya sea electrónico o mecánico, el tratamiento informático, el alquiler o cualquier otra forma de cesión de la obra sin la autorización previa y por escrito del titutar del copyright. Código de registro:1803146136393      
Todos los derechos reservados.
Esta obra está protegida por las leyes de copyright y tratados internacionales.

domingo, 15 de diciembre de 2019

NAVIDADES CON SUSTO. PIRÚ Y EL MAGO NEGRO.

Esta mañana en Casa Encantada hay un jaleo tremendo. Pirú ha traído los adornos navideños para que todos disfruten decorando la casa y como novedad, tenemos hilo musical. Matilda y Plumillas han montado una emisora de radio que pone villancicos y noticias encantadas durante todo el día. Para variar, las discusiones entre lagartija y ratón son continuas, pero al menos no idean trastadas mientras están entretenidos. 
En la cocina, Benito Mondanueces está haciendo una tarta deliciosa ayudado por don Leonardo Peinacanas que hoy ha decidido cerrar la biblioteca y dedicarse a lo que él llama "labores navideñas".

En el reloj del salón han dado las once de la mañana y la persistente niebla no se disipa. La seño Yolanda ha llevado a los niños hasta el arroyo para recoger algunas plantas y ponerlas en el portal. Este año, tienen figuritas nuevas y los más pequeños están encantados. Aprovechando las fechas, les va contando un cuento navideño sobre la liebre Rufina, una amiga que vive muy cerquita de Casa Encantada.

- A ver niños, no os separéis. Mirad, esto es musgo y no debéis cogerlo porque ya nos queda muy poquito, ¿entendido? En cambio todas estas hojas secas de encina nos quedarán muy bien. 
- Seño..., ¿puedo coger el que hay en los árboles? - Pregunta la ardilla Raquel-
- No, solo hojas secas y ramitas, después las pintaremos.  Atención, a ver quien sabe decirme en qué dirección crece el musgo que estamos viendo. - Pregunta a la vez que señala uno de los árboles-
- ¡Yo, yo, yo lo sé! - Levanta la mano el pato Pedrito- Crece orientado al norte porque es la parte más sombría y húmeda, si nos perdemos en el bosque, es bueno mirar a los árboles para orientarse.
- ¡Muy bien Pedrito! ¡Te has ganado un dulce navideño!

Mientras los niños andan jugando en los alrededores, en la casa la Navidad va tomando forma. Menos en la emisora, donde reina cualquier cosa menos la paz.

- ¿Quieres un té, Plumillas? - Pregunta Matilda-
- No, gracias ¿Puedes pasarme el disco de una vez?
- A ver, que no me gusta ese villancico - Contesta Matilda enfadada-
- ¿Y por qué no? 
- ¡Porque es rock! ¿Dónde se ha visto un villancico rockero? Eres un tío muy petardo.
- Lo que pasa es que eres una antigua de tomo y lomo, eso es lo que pasa. ¿Quieres darme el disco?
- ¡No me da la gana! ¡Ratón impertinente! - Grita Matilda sacando la lengua.-
- ¡Lagartija sinvergüenza!


- ¡Pero bueno! ¿Se puede saber qué pasa aquí? - Pregunta don Leonardo que alertado por las voces se ha presentado en la emisora.- ¿Es que no podéis estar sin discutir diez minutos?
- Ha empezada ella - Dice Plumillas-
- ¡Acusica! - Grita Matilda enfadadísima-
- ¡Basta ya!- Yo elegiré los villancicos y no hay más que hablar. Plumillas, pon este disco. ¡El de la Filarmónica de Londres y no quiero oír ni una palabra más!

Obedientes, ratón y lagartija dejan de discutir y ponen la música elegida por el profesor. 

- Y ahora voy a sentarme en la chimenea a leer este libro, si vuelvo a oír una palabra más alta que otra, vengo y cierro la emisora. ¿Entendido?

- Entendido, señor Peinacanas - Contestan los dos -

En el salón, Pirú y don Leonardo conversan animadamente.

- ¿Y dice que la seño Yolanda está con los niños en los alrededores? - Pregunta Pirú-
- Sí, querían coger algunas plantas para el portal.
- Bien, bien, sabe cuidarse, no me preocupa. Tendríamos que pensar en la fiesta, ¿no cree? 
- Claro, Pirú, claro.

En ese momento, Benito Mondanueces entra en el salón muy preocupado.

- Pirú, tienes que venir, ha pasado algo en la cocina. - Dice el ratón cabizbajo-
- Pero bueno..., ¿es que no hay modo de tener una conversación tranquila en esta bendita casa? ¿Qué ocurre?
- Ven, ven, y lo verás con tus propios ojos.

Al entrar en la cocina, se encuentran con un visitante inesperado.
- ¿Y quien eres tú? - Pregunta Pirú poniendo los brazos en jarra-
- Ñam, ñam, ñam, soy Bizcocho.
- Ya lo has oído, Pirú, se llama Bizcocho y se está poniendo fino con nuestras galletas y dulces. Si sigue comiendo de ese modo, nos deja sin pasteles para la fiesta.
- A ver, Bizcocho... Soy Pirú, no pasa nada porque estés aquí, pero al menos dinos de dónde has salido.
- ¡Soy amigo de Matilda! Ñam, ñam, ñam. 
- Matilda..., cómo no. -Susurra Benito-
- Me dijo que había una fiesta y que podía venir. Ñam.- Dice Bizcocho devorando otra galleta-
- ¡Pirú dile algo! - Exclama Benito- ¡Se está zampado todos los dulces!
- Vamos a ver, Bizcocho. Eres bienvenido en Casa Encantada, pero no puedes comerte todo lo que prepare Benito o cuando llegue la fiesta no habrá nada.
- Pero... , ¿tú eres mago, no? Matilda me ha contado que haces aparecer cosas de la nada. Eso incluye los dulces ¿A que sí?.
- Se nota que eres amigo de la lagartija, tan descarado como ella. - Murmura Benito-
- ¡Calma, calma!- Levanta los brazos Pirú- Haremos una cosa. Te vas a venir conmigo y ayudarás a tu amiga y a Plumillas a elegir música navideña. ¿Qué te parece?
- ¡Me parece guay! ¿Puedo llevarme estas galletas?
- ¡Pirúúúúú! - Exclama Mondanueces desesperado-
-  Tranquilo Benito, ya me encargo.

El mago se aleja con Bizcocho en las manos que va encantado de estar por fin en aquella casa tan especial, al entrar en la emisora se encuentra con Matilda y Plumillas profundamente dormidos. La lagartija está en el suelo y el ratón sobre la mesa del micrófono.

- Qué extraño..., estos dos dormidos. - Murmura Pirú dejando a Bizcocho en el suelo-
- ¿Por qué te parece raro, Pirú? - Pregunta el ratón.
- Porque aprovechan cualquier ocasión para discutir y es raro que así, sin más, se hayan dormido.

En ese momento, Pirú se da cuenta de que el suelo está cubierto por una neblina oscura, algo que desprende malignidad.

- ¡Bizcocho! ¡Rápido, a mi bolsillo! 

El ratón no se lo piensa y de un salto se cuela en uno de  los bolsillos de la túnica del mago.

- ¿Qué ocurre? - Pregunta el ratón asustado-
- Necesito mi báculo, esto es cosa del mago negro y si la niebla sale de aquí..., tendremos problemas.

Pirú sale corriendo cerrando la puerta y a grandes zancadas llega hasta el salón donde están su báculo y don Leonardo.

- ¡Pero no podemos dejar ahí a Matilda y a Plumillas! - Exclama Bizcocho preocupado-
- Necesito mi báculo para rescatarlos del desmayo.

Rápidamente, pone al corriente a don Leonardo de lo que sucede.

- Mandaré a alguien para avisar a la seño Yolanda, no debe acercarse a la casa mientras esa nube maligna esté aquí. - Propone el ratón-
- Coja la rosa azul, ella lleva la suya y podrá comunicarse más rápido.-

Ratón y mago se dirigen a la habitación donde tienen la emisora de radio, el humo negro ha comenzado a salir por debajo de la puerta.

- Espero que no sea demasiado tarde - Dice don Leonardo-
- Tranquilo, amigo, los recuperaremos. 

Abren y el mago hace nacer una luz rosada de su báculo; dirigiéndola hacia el suelo pueden ver a Matilda,  Pirú se apresura a guardarla en el bolsillo que le queda libre y luego hace lo mismo con Plumillas. Después, murmura unas palabras que nadie sabe traducir y la niebla comienza a recogerse  hacia un rincón hasta desaparecer.

- ¡Bien! - Exclama Bizcocho- Hemos vencido al mago malo.
- No cantes victoria tan pronto, esto solo es un hechizo de contención, Óminor volverá con más fuerza. - Contesta Pirú-

Rápidamente llevan al ratón y a la lagartija hasta el salón para despertarlos de aquel malvado maleficio.

- ¿Están...., están...,muertos? - Pregunta Bizcocho-
- No, están sumidos en un hechizo: Ni dormidos, ni despiertos, ni vivos, ni muertos... Óminor les está robando sus recuerdos más bellos a través de sus esclavos, si no los traemos de vuelta pronto, se unirán a la niebla negra y se convertirán en parásitos del alma, igual que los que les hicieron esto. - Contesta don Leonardo-

El mago dirige su báculo hasta el ratón y la lagartija y los eleva en el aire, luego con su mano izquierda genera una espiral de estrellas y los introduce en ella. La primera vez no sucede nada, la segunda tampoco.

- Solo puedo usar esta magia en tres ocasiones - Habla Pirú preocupado- Si no consigo hacer que despierten, se perderán para siempre. ¡No sé qué pasa, no sé por qué no funciona mi magia!
- Amigo, no desesperes, lo conseguiremos -Dice don Leonardo poco convencido-

Utiliza el contrahechizo una vez más y al fin nuestros amigos despiertan. Están muy asustados y confundidos.

- Contad qué ha pasado - Les apremia Pirú-
- Pués... - Dice Plumillas quitándose la gorra y tomando la iniciativa- No recuerdo mucho, solo que estábamos preparando el Casa Encantada Noticias cuando un señor mayor vino a pedirnos una canción para la fiesta de mañana. No vi nada sospechoso en él, después de eso no me acuerdo de nada más. No sé si Matilda....
- Yo tampoco recuerdo gran cosa, salvo que ese hombre no era nadie conocido, pero teniendo en cuenta que en estas fechas mucha gente va y viene por aquí..., no noté nada raro, la verdad.
- ¿Sabéis si salió de la casa? - Pregunta don Leonardo-.
- No, no vimos nada - Contesta la lagartija-
- Bien chicos, ahora descansad y no os mováis de este salón. Voy a generar un hechizo que impida que algo malo os pueda pasar, pero tenéis que prometerme que no saldréis de aquí. ¿De acuerdo? -Les ordena Pirú-
- ¡De acuerdo! - Contesta Bizcocho que hasta el momento había permanecido oculto y muerto de miedo en el bolsillo del mago.-
-¡Bizcocho! - Grita Matilda. ¿Pero qué haces aquí?
- Bueno.., esto.. Tú me invitaste.
- Claro, claro... Lo había olvidado.
- Bueno, basta de charla. Quedaos aquí mientras don Leonardo y yo buscamos a Óminor.  Y recordad, no abráis esa puerta a nadie pase lo que pase. Tampoco si pensáis que es alguien conocido,  puede ser una trampa y el mago negro no tendría reparos en acabar con vosotros.

Cierran la puerta dejando a los amigos dentro, después, Pirú dice unas palabras y un enorme muro dorado se levanta ante ellos.

- Así será suficiente- Vamos don Leonardo, no hay tiempo que perder-
- ¿Qué buscamos exactamente, amigo?
- Ni yo lo sé. No sé si ese maldito ha entrado en Casa Encantada o son sus parásitos de almas. En cualquier caso, hay que sacarlos de aquí cuanto antes.

Súbitamente la casa se cubre de un denso humo negro, algunos habitantes aparecen desmayados aquí y allá, hasta el pobre Benito Mondanueces está tendido en el suelo de la cocina.

- No podemos parar a despertarlos, hay que encontrar el origen de esto lo antes posible. - Dice el mago-

Al llegar a la biblioteca, una silueta tiembla tras el cristal de la puerta.

- ¿Será él? - Pregunta don Leonardo-
- No lo sé, puede ser un parásito o cualquier otra forma maligna. Cuidado al entrar.

Pirú agita el báculo haciendo aparecer de nuevo la nube rosa y al entrar se lleva una gran sorpresa. La seño Yolanda y los niños están maniatados y en el suelo mientras un ser alto y oscuro pasea entre ellos.

- Vaya...., ¿ya has llegado, Pirú? Te estaba esperando - Dice la figura enlutada-
- ¿Qué has hecho con ellos?
- Tranquilo, solo están dormidos..., de momento.
- Dime qué quieres, Óminor.
- ¿Que qué quiero? ¿No recuerdas lo que hiciste el año pasado conmigo? ¡Me condenaste a vagar por el Universo mientras destruías la Torre de los Siete Picos! - Grita el ser maligno a la vez que su figura se alarga tanto que tiene que encorvarse-
- Habías secuestrado la Navidad. ¿Qué esperabas? ¿Un aguinaldo? -Contesta Pirú burlándose-
- Muy ingenioso..., pero guárdate tus bromas para cuando seas un ente parasitario a mis órdenes-
- Creo que eso..., tendrá que esperar.

Pirú lanza un rayo brillante que impacta en el pecho del mago negro y lo lanza contra una de las estanterías derrumbándose al instante. Don Leonardo corre hasta la seño y los niños para comprobar que están bien, pero Óminor le lanza un hechizo y queda paralizado.
La lucha entre los magos es encarnizada, el ruido se escucha en toda la casa.

- ¿Has oído eso, Matilda? - Pregunta Plumillas.
- Sí, creo que deberíamos ir a ver qué pasa, puede que Pirú esté en apuros.
- Nos ha prohibido que lo hagamos ¿O es que ya no te acuerdas?
- Ya me he enfrentado a ese mago y el nuestro no podrá con él si está solo. Debemos ir.
- ¿Y qué hacemos con el muro mágico que acaba de levantar frente a la puerta? - Pregunta el ratón-
- ¿Y para qué está esa ventana? - Contesta Matilda señalando arriba-

Tras una breve discusión, los amigos deciden dejar a Bizcocho en el salón y se ponen en marcha llegando a la biblioteca. Matilda lleva su arco y sy carcaj repleto de flechas, pero no cuentan con un extraño muñeco que les cierra el paso al llegar a su destino.

- ¡No te acerques más! - Dice Matilda- Es un parásito de Óminor, un parásito del alma.
- Pero..., ¡si es un bicho de lo más simpático!
- Plumillas... ¡Atrás!

Matilda monta la flecha en el arco, pero no son unas flechas cualquiera, tienen puntas de zafiro, las únicas capaces de acabar con esos seres salidos del mal. Apunta y dispara al muñeco y a todos los demás que salen por todas partes. Al alcanzarlos se convierten en humo negro, luego celeste y finalmente desaparecen.

- ¿Y ahora qué pasa con ellos? - Pregunta Plumillas-
- El zafiro los libera del mal y encuentran su camino. Ahora son libres.

El ratón no ve venir a uno de los parásitos y antes de que pueda reaccionar, siente que algo arde en su garganta e imágenes espantosas vienen a su mente.

-¡No, no! - Matilda dispara, pero ya es demasiado tarde, el parásito ha mordido a su amigo y se hunde en la niebla negra-

- ¡Pirú! -Grita el ratón-

La lagartija entra en la biblioteca sorteando seres malignos, el mago lejos de enfadarse se alegra de ver a la pequeña, que valiente, lanza flechas azules a diestro y siniestro.

- Han mordido a Plumillas....
- ¿Cómo? -Pregunta Pirú mientras repele un nuevo ataque de Óminor- ¿Dónde está?
- ¡En la puerta! ¡Tienes que ayudarle!

De repente el mago se acuerda de algo...,¡las hadas! ¡Las hadas con su presencia apartan el mal!

- Matilda, ¡las hadas! ¡Hay que traer a las hadas!

La lagartija sabe que la única manera de contactar con ellas es entre la vigilia y el sueño y por lo tanto hay que acercarse a la seño Yolanda y a los pequeños para que en su estado puedan contactar. No están seguros de que vaya a funcionar, pero no hay otra salida. Mientras Pirú lucha contra Óminor, la lagartija susurra al oído de los niños y de la seño, la importancia de contactar con las hadas. Sabe que solo con pensamientos benevolentes se podrá llegar hasta ellas.
¡Y ocurre! En seguida el aire se llena de puntos dorados, son las alas de las bellas criaturas. En su presencia, los parásitos se desintegran, todos despiertan y el mago negro se queda ciego. Poco a poco la niebla desaparece y con ella.., el malvado mago.
Casi sin fuerzas, Pirú se deja caer en el suelo, pero Matilda tiene prisas por salvar a su amigo así que no se lo piensa y se dirige a Titania, la reina.
- Majestad - dice haciendo una profunda reverencia- Necesito pediros un último favor: mi amigo ha sido mordido por un ente parasitario, se está perdiendo en la sombra.

Nada más oírlo, la reina de las hadas vuela hasta Plumillas cuya figura comienza a ser transparente. Abre las alas y las bate justo encima del ratón de modo que una cortina de puntos dorados cubre por completo al animal. Todos aguantan la respiración, pero la sonrisa de Titania les deja claro que está a salvo. Al fin, Plumillas abre los ojos y se encuentra con aquél fantástico ser que lo deja fascinado.

- Bienvenido de nuevo, querido ratón - Le dice la reina-
- ¡Plumillas! -Grita Matilda agarrándose fuerte del cuello de su amigo-
- ¡Que me vas a ahogar! - Exclama queriendo hacerse el enfadado, pero en el fondo sabe que su amiga se ha arriesgado mucho para salvar su vida-

En fin chicos, ya que todo ha vuelto a la normalidad, creo que lo mejor es ir a descansar y celebrar mañana una estupenda fiesta. ¿Qué os parece? - Pregunta don Leonardo-

- Que ya teníamos una - Contesta Matilda-
- ¡Pues que sean dos! - Exclama Pirú.

Al día siguiente, Casa Encantada luce preciosa, la decoración llega a cada rincón y también la música. La seño Yolanda se ha puesto sus mejores galas y luce realmente preciosa.

- ¡Buenos días desde Radio Encantada! Hoy tenemos una fiesta muy especial que no habría sido posible sin la valentía de nuestro querido Pirú, el profesor don Leonardo y la lagartija Matilda. Para vosotros, va dedicada esta canción - Dice Plumillas mientras su voz llega a todos los rincones de Casa Encantada y sus alrededores - ¡Gracias por salvarnos!
- ¡Si es que en el fondo no puedes vivir sin mí! - Exclama feliz Matilda a la vez que abraza a su amigo -
- ¡No seas pesada!
- Ya verás, te voy a dar un abrazo lagartijero que te vas a caer muerto matao.

Y Matilda se pega a la espalda del pobre ratón que no puede despegarse de ella en todo el día. En la cocina, Bizcocho "ayuda" a Benito, pero como se come todo lo que pasa por delante de sus ratones dientes, acaba con dolor de tripa.
La noche llega y con ella la diversión. Suenan los villancicos y bailan y ríen hasta que no pueden más.

- Por favor, Matilda..., ¿te quieres bajar? - Le dice Plumillas a su amiga que sigue pegada a su espalda-
- No, que te quiero mucho.
- ¡Pirúúúúúúúúúúúú! ¡Quítame de encima a esta pesada por favoooor!

Y allá se pierden ratón y lagartija mientras la música suena y envuelve nuestra mágica casa.

Os iba a poner "FELIZ NAVIDAD"  con galletas, pero es que se las ha comido Bizcocho, así que os lo pongo con el corazón. Feliz Navidad y felices días en compañía de los que queréis.

- ¡Matildaaa! ¡Plumillas! ¡A ver esa música!

lunes, 21 de octubre de 2019

CAMINO BAJO LA LLUVIA.

Camino portentoso de olores y colores, de lluvia absoluta sobre un destino desconocido. Huele a tiempo, puedo notarlo en las hojas del camino, vestidas con ropa antigua, coloreadas de miel sus carnes rendidas a la muerte. También huele a nuevo, corazones a pie que buscan el crujiente de la hierba fresca. Avanzan de puntillas entre el ayer y el hoy, soñando la eternidad, aunque esta es inmutable y corresponde al alma.
Vuelvo al camino, es un hilo negro que conecta con lo humano, uniendo pensamientos y fermentando los minutos. Minutos, horas..., fin de trayecto.
Aguacero, blanco sobre negro, corro hacia a la vida.

Fotografía gentileza de mi amigo Manolo Rubio que tiene muy buen ojo para captar la belleza del paisaje español.

Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento ya sea electrónico o mecánico, el tratamiento informático, el alquiler o cualquier otra forma de cesión de la obra sin la autorización previa y por escrito del titular del copyright. Código de registro: 1908281789692


SONMARILLADO.


Llueve, la noche se alza vestida de gala, desplegando su efímera elegancia, perfumada de luna en su densa oscuridad.
Hay un farol sonrojado de amarillo, es decir, sonmarillado. Mira con su ojo el milagro de la vida, brillando entre lágrimas de cielo, bajo las estrellas escondidas, calladas ante la ingrávida lluvia. Fulgor que desgarra el velo acuoso pintando de ámbar el paisaje. ¿Quién te mira en esta noche de llanto?
Eres el rostro de un ángel rendido a la hermosura, mimado por el liquido que besa tus esquinas.
Eres soledad y solo, en tu gloria, trasciendes los crepúsculos con el fuego de tu vientre, coronando a los amantes que buscan besos bajo tu luz. Otoño, noche, brisa, lluvia.... , beatitud del firmamento que devora las horas.

Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento ya sea electrónico o mecánico, el tratamiento informático, el alquiler o cualquier otra forma de cesión de la obra sin la autorización previa y por escrito del titular del copyright. Código de registro: 1908281789692

miércoles, 28 de agosto de 2019

TORMENTA

El cielo se rinde, batalla contra el trueno en el último reposo del día. La luz quiere vivir, quiere que escriban su nombre en la tierra, pero la oscuridad estalla en el aire. Culebras de luz danzan sobre las cabezas, el destino…, se ha dormido. En esta tierra, antes corría el verano, ahora el aire trae humedad que trepida los cuerpos.
Rompe el agua y los Hombres reniegan del cielo, este cielo que envuelve y borra el dorado. Sin paz, el concierto de nubes ensordece a un sol que antes ardía en colores. Sin fe, la lluvia cae sobre la pequeñez humana que cree en firmamentos donde la luz es reina. Se desordena la tarde a cada trueno y los duelos por el día comienzan. La sombra no cesa y las estrellas no asomarán a un firmamento embarrado. Si mañana despierto aquí, que el alba caiga en mis manos como si fuera el milagro que negáis, justo ese que puede salvarnos. Tal vez.

NOTA. Fotografía de mi amigo Manuel Rubio López, siempre captando la belleza del cielo español.

Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento ya sea electrónico o mecánico, el tratamiento informático, el alquiler o cualquier otra forma de cesión de la obra sin la autorización previa y por escrito del titular del copyright. Código de registro: 1908281789692

LA CASA

Abolido el tiempo, la soledad absoluta vive aquí. El recuerdo de los que habitaron se confunde con la muerte, pero no es muerte, es memoria. Antes de que huyera el sol, había rostros bellos, historias, días ardiendo en corazones nuevos. Ya nadie reconoce eso porque la noche ha caído y congela toda vida. De repente, una gota de agua, hierba sobre tejados desnudos y los locos dicen que hay esperanzas, pero las cicatrices de la casa son rencorosas y anhelan descanso. Ya no, ahora no. 
La sospecha de la ruina se cierne sobre ella, los intereses hambrientos se la disputan y el abrazo del abandono es todo cuanto queda. Muere cien veces al día y al alba resucita ante ojos mortales. De hora en hora, de nube en nube y hasta el infinito pueden más los deseos de tierra que la esperanza. Porque ella es tierra, la tierra es suya y volverán a fundirse como se funde la sangre de los amantes.
Pepa Gómez.
NOTA:  Encontré esta fotografía en Pinterest y me inspiró las letras que acabas de leer. Es una casa hermosa, por eso es fácil escribir mirándola. 
Desconozco al propietario de la imagen, si eres tú y no deseas que esté aquí, la retiraré.


Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento ya sea electrónico o mecánico, el tratamiento informático, el alquiler o cualquier otra forma de cesión de la obra sin la autorización previa y por escrito del titular del copyright. Código de registro: 1908281789692


viernes, 23 de agosto de 2019

EL SEÑOR DE LOS BOSQUES. Aventuras en el norte.

El verano en Casa Encantada estaba siendo de lo más animado. Por la noche, a la luz de la luna se disponían hamacas, mesas, globos de papel de arroz iluminados, refrescos, chucherías y por supuesto, música, mucha música para animar la época estival. 
Esa noche, mientras Smaugui y Plumillas se ocupaban de la parrilla y sus ricos manjares, don Leonardo, Pirú y la seño Yolanda charlaban bajo una de las palmeras. La lagartija Matilda no estaba, había ido a visitar a sus parientes del norte y no la esperaban hasta dentro de unos días. No está bien que se diga, pero cierta paz había en la casa desde que el bicho zascandilero había partido. Al menos, no había discusiones a la hora de poner música en la emisora.

- Pirú - Dijo la seño- la semana que viene es el Día de la lagartija, coincide con la vuelta de Matilda. ¿Qué os parece si le preparamos una fiesta sorpresa?
- A mí me parece muy bien. ¿Qué dice usted? - Se dirigió a don Leonardo-
- Una idea excelente. Yolanda, querida, ¿te encargas tú de hablar con Plumillas para que organice un poco?
- Claro. También le pediré que toque con los Ratons Stones para amenizar la fistuqui.
- Estupendo - Contestó Pirú- Pues en marcha.

Mientras, Smaugui y el ratón, ajenos a la conversación se centraban en la parrillada.

- Smaugui, ¿puedes poner más llama aquí? Esto no acaba de hacerse.
- Por supuesto, espera que coja aire.

Y el culebre, como siempre, calculó mal y acabó alcanzando a Plumillas.

- ¡Aaaaaaaaayyyyy! ¡Que me quemas!
- ¡Pues no pongas la mano!

- Ya están esos dos con los accidentes en la cocina. -Murmuró Pirú- Iré a hacer un poco de magia sanadora con la mano de ese ratón.

Se encaminó hacia donde los amigos discutían y en un abrir y cerrar de ojos, la quemadura desapareció. Quien necesita sanidad pública teniendo un mago.
Enseguida se unieron don Leonardo y la seño Yolada  para trazar un plan y dar una buena sorpresa a su amiga en el Día de la lagartija. Estaban charlando animadamente cuando apareció Bizcocho, el ratón glotón de Casa Encantada.

- ¡Hola chicos! ¿Qué tramáis?
- ¡Hola Bizcocho! Vamos a dar una fiesta sorpresa a Matilda - Dijo Smaugui-
- ¡Me apunto! Estoy aquí por ella, así que quiero participar.
- Menos en la cocina, podéis ponerlo en cualquier sitio - Dijo Plumillas riéndose-
- Qué graciosito... Pues que sepas que soy el mejor probador de cremas y dulces del mundo.
- ¡No lo dudo!

Rieron la ocurrencia del ratón goloso y le hicieron el importantísimo encargo de confeccionar la lista de invitados y enviar las invitaciones.
Lejos de allí, Matilda se despedía de sus tíos Peruchina y Cristóbal y comenzaba su viaje de regreso. Aunque Smaugui había insistido en ir a recogerla, ella prefería volver atravesando bosques, ríos y roquedales  para empaparse del amplio y hermoso paisaje español.

- Muchas gracias por estos días tan maravillosos, queridos tíos.
- ¿Seguro que no quieres que avisemos a nuestro amigo el búho para que te lleve? - Preguntó su tío-
- Seguro, tío Cristóbal. Quiero anotar todo cuanto vea para poder contarlo luego en nuestro periódico.
- Hija, no olvides los regalos -  Dijo su tía entregándole una voluminosa mochila-

La tía Peruchina le había ayudado a elegir regalos para todos los amigos: Un bonito gorro de lana a juego con guantes para la seño Yolanda; la había oído decir que necesitaba un conjunto nuevo para el invierno. Un bonita taza de té para don Leonardo. Un cuaderno de viaje de pastas elaboradas con hojas de un árbol típico de la zona, para Plumillas. A Pirú le llevaba hojas de haya, de las que crecen entre las rocas con musgo, donde están los dólmenes y se guarda la sabiduría de los pueblos antiguos. Para los golosos de la casa: tortas de san Blas y bombones. A su hermano mayor, su querido Smaugui, le había conseguido unas olivinas. Unas piedras que le iban a encantar y que podía ponerse entre las escamas en los días de fiesta.
Con todo preparado, nuestra amiga se adentró en el bosque.

- Caray..., si Plumillas viera esto sacaría unas fotos estupendas - Pensaba mientras caminaba bajo el sol tenue de la mañana-

Llevaba andado medio día cuando decidió parar a comer. Los árboles eran tan altos que no podía ver donde terminaban y el suelo tan verde y mullido que se hacía difícil no rendirse a la siesta. Echaba de menos a sus amigos, aquel verdor en mitad del verano era totalmente desconocido para Matilda.
Se hallaba en estado de somnolencia cuando un chasquido de ramas la puso en alerta. Rápidamente cogió el carcaj y el arco y se dispuso a echar un vistazo. Lo que vio le heló la sangre, si es que eso le puede pasar a un reptil en pleno verano. Descubrió unas huellas enormes, una correspondiente a un pie humano descomunal y otra circular. Aquello era muy extraño, pero mucho. Todo apuntaba a que las huellas pertenecían a un solo ser, pero, ¿cómo? ¿Estaría siendo víctima de algún hechizo? ¿Qué clase de ser puede tener un pie y algo parecido a una pezuña redonda? No pudo evitar asustarse, así que decidió seguir camino y alejarse de allí.

- Ojalá hubiera aceptado la proposición de Smaugui o la del tío Cristóbal. Ahora mismo estaría muy cerca de Casa Encantada y no en este bosque donde una no sabe quién  o qué puede salirte al paso.

El resto del camino fue tranquilo. A eso de las cinco de la tarde comenzó a levantarse neblina y la lagartija decidió buscar un sitio donde pasar la noche. Los bosques del norte eran muy distintos a los que estaba acostumbrada, así que no quería tentar su suerte. En la lejanía divisó un viejo molino que le pareció perfecto.
- Ese lugar me irá bien, no parece que esté habitado.

Matilda entró en la casa, a pesar del aspecto exterior algo desvencijado, todo aparecía en orden y limpio. Si no quería llevarse sorpresas, sería mejor que buscara algún hueco donde esconderse. Dejó su mochila, el arco y el carcaj detrás de un paragüero para poder inspeccionar la zona; si no le parecía segura, buscaría el hueco de un árbol. Finalmente, descubrió el vacío dejado por un ladrillo cerca de la chimenea, era perfecto para pasar la noche y además no estaba a ras del suelo. 
Volvió a por sus cosas, pero para su disgusto, faltaba la mochila. De repente, cayó en la cuenta de que podían haberse llevado el arco y las flechas dejándola sin defensa. En su cabeza rebotaban las palabras de Pirú: "Nunca abandones tu arco, bajo ningún concepto. Debes tenerlo siempre cerca y a la vista". ¡Había cometido un error de principiante!
Decidida a encontrar sus pertenencias, recorrió toda la casa. Había oscurecido, la luz de la luna se colaba por entre la desgastada madera tiñéndolo todo de plateado, otorgando vigor a los escasos muebles que salpicaban el comedor. Se oyó un ruido, Matilda montó una flecha en su arco y justo cuando se disponía a soltar, una vocecita la detuvo.

- ¡No dispares! No queremos hacerte daño.

La lagartija giró su cabeza a un lado y a otro, pero no veía nada.

- ¡Estamos aquí! Avanza en línea recta hasta los cestos de mimbre del fondo.

Matilda no se movió y fue entonces cuando vio salir a dos pequeños seres. Uno iba vestido con algo rojizo, de lejos le parecieron cortezas de árboles, cuando se acercó comprobó que así era. Tenía la cara muy negra y unos incipientes cuernecitos. Sin lugar a dudas era un Trastolillo, un duende del hogar, travieso y bromista a más no poder. El otro duende apareció también, su vestimenta estaba hecha de musgo, hojas y raíces. Cada vez que se movía, el sonido de sus pisadas era como cuando se escucha la lluvia caer. Matilda sabía que era un Trenti, un duende del bosque, también divertido y bromista, pero que siempre ayudaba a los humanos a pesar de tomarles el pelo. Lo verdaderamente raro era que estuviera en una casa, los Trentis nunca entran.

- Por favor, no dispares. -Dijo el Trenti- Solo queríamos jugar un poco.


Matilda bajó el arco y sonrió al ver a los dos personajes. Había oído mucho hablar de ellos, pero nunca había tenido la oportunidad de conocerlos en persona. Bueno..., en duende.

- Hola chicos, soy Matilda  y no quería asustaros, solo busco un lugar donde pasar la noche. No soy de aquí y no conozco bien estos bosques.
- Yo soy Álex - Habló el Trenti- Me dedico básicamente a hacer trastadas en el bosque.
- Y yo Maxim, hago lo mismo que él, pero en las casas. ¿Qué te trae por aquí?
- He venido a ver a unos parientes, vivo en un pueblecito al norte de Córdoba y ya regreso. En mi mochila está todo cuanto necesito para el camino.
- ¡Oh, no te preocupes! Te la devolveremos, solo queríamos divertirnos un poco - Dijo Maxim- 

Los duendes encendieron unas velas e invitaron a la lagartija a un saloncito donde había dispuesta una mesa con frutos secos, leche  y otras viandas. Mientras cenaban, Matilda no pudo evitar la curiosidad y preguntó a Álex.

- ¿Cómo es que no estás en el bosque? Tenía entendido que los Trentis jamás entran en las casas.

Los duendes se miraron sorprendidos.

- ¿Pero es que no sabes lo que pasa? - Preguntó Álex-
- No..., no sé nada.
- Hay un grave peligro en el bosque -Dijo Maxim en voz baja- El Basajaun nos ha aconsejado que nos pongamos a salvo hasta que todo pase.
- ¿El Basajaun? - Preguntó Matilda-
- El Señor de los Bosques. -Dijeron a la vez los duendes-
- Vaya...¿Y qué aspecto tiene?
- Pues es altísimo y tiene el pelo tan largo que le llega hasta el suelo. En vez de uñas, tiene unas garras afiladísimas que aterra a sus enemigos y los pies, bueno..., son un tanto peculiares. Uno de ellos es como una pezuña redonda y el otro es humano, pero muy grande.
- ¡Un momento! -Exclamó Matilda- ¡Yo he visto esas huellas esta tarde y me he asustado muchísimo! ¡Pensaba que eran de un monstruo!
- ¡Nooo! Es el Basajaun, jamás te hará daño. Si viste sus pisadas es porque pensó que estabas en peligro. Dinos. ¿Escuchaste cencerros?- Preguntó Álex-
- Pues..,no recuerdo, la verdad.
- Es porque todos los animales están guardados -Aclaró Maxim- Cuando el Señor de los Bosques anda cerca, las ovejas hacen sonar sus cencerros de alegría y agradecimiento. Saben que están protegidas.
- ¿Qué peligro es ese del que habláis? ¿Ojáncanos? Porque si es así, los conozco bien. -Dijo Matilda-
- A estos, le temen hasta los Ojáncanos -Contó Álex- No son de aquí y eso nos deja un poco desconcertados. Son Trolls invasores.

Matilda se quedó pasmada. ¿Trolls en España? ¿Cómo era eso posible?

- Pero...., esta no es tierra de Trolls. ¿Sabéis que se convierten en piedra cuando llega el día? - Preguntó Matilda -
- Sí, -Contestó Maxim- El problema es que en estos bosques oscurece pronto, eso les da más horas para hacer sus fechorías. Los rebaños han bajado tanto desde que llegaron, que los pastores no saben cómo afrontarán las pérdidas y el invierno. Lo más peligroso de todo es la presencia de humanos de ciudad constantemente en la montaña. ¡No son conscientes de los peligros a los que se enfrentan! La semana pasada, uno de los Trolls raptó a un bebé, gracias a que el Basajaun andaba vigilante pudo rescatarlo, pero el susto que se llevaron los padres no lo olvidarán fácilmente. Nunca habían visto seres mitológicos, ni españoles, ni extranjeros y eso..., también supone un peligro para nosotros. ¿Comprendes?
- Ya lo creo...Los humanos de capital son bastante curiosos, no nos conviene que sepan que existís realmente u os convertirán en un parque temático.
- Exacto - Dijo Álex tomando un trozo de bizcocho y llevándoselo a la boca- Los montañeses son otra cosa, pero ellos...
- Bueno, ¿hay algún plan para acabar con ellos? ¿Cuántos son? -Preguntó Matilda-
- Son dos. Había tres, pero el Basajaun pudo llevar a uno de ellos hasta el sol y ahora es una enorme roca. De momento, no hay nada planeado, pero mañana al alba tendremos una reunión al lado de los dólmenes para ver cómo afrontar esto.-Explicó Maxim-
- Si me permitís, iré con vosotros. Creo que puedo ayudar.

Y la noche, inundó con sus sonidos la casa del viejo molino. Los duendes dormían tranquilos, pero Matilda no pegaba ojo. Esto tenían que saberlo Pirú y los chicos, estaba segura de que podrían ayudar. Además, era un problema que afectaba a todos así que habría que hablar con los Ojáncanos para que arrimaran el hombro, el ojo, los colmillos o lo que fuera. Eso solo podía hacerlo un mago y ella conocía al adecuado.
Buscó su mochila y extrajo la rosa azul a través de la cual se comunicaba con sus amigos. Los pétalos se abrieron y la cara de Pirú se dibujó en el corazón de la flor.

- ¡Matilda! ¿Ocurre algo? ¿Estás bien? - Preguntó el mago preocupado, pues la flor solo se utilizaba para casos de urgencia-
- Sí, sí, estoy bien, Pirú.

La lagartija explicó el motivo de su llamada, para cuando terminó su exposición, podía ver la cara de todos sus amigos y estos, la de los duendecillos que atraídos por la luz que salía de la habitación que ocupaba Matilda, acudieron a saber qué era.

- Y bueno, estos son Maxim y Álex, de los que os he hablado hace un rato - Concluyó la lagartija señalando a los duendes-
- ¿De verdad podéis ayudar al Señor de los Bosques a expulsar a los Trolls? - Preguntó Álex.
- Sí, si él lo permite, -Contestó el mago- Sin su permiso nada podemos hacer. En cualquier caso, mañana estaremos allí al alba para ofrecer nuestra ayuda.

Y amaneció en el bosque, se anunciaba una mañana hermosa y dorada de sol que olía a esperanza. Los animales y seres mágicos se dieron cita en el claro de los megalitos, a la espera de la llegada del Basajaun.

No muy lejos de allí, Smaugui batía sus alas con todas sus fuerzas para llegar lo antes posible. Con él: Pirú y Plumillas al rescate de los amigos del norte. Había costado Dios y ayuda que don Leonardo se quedara en Casa Encantada, solo la seño Yolanda pudo convencerlo con la excusa de preparar la vuelta al cole y la fiesta sorpresa para Matilda.

- Vamos amigo, ya casi estamos - Animaba Plumillas- 

El culebre sobrevoló los megalitos y después descendió y se quedó oculto entre los árboles hasta estar seguro de que su presencia no asustaría a nadie. Sin embargo, no era el único de su especie que acudía a aquel cónclave. Todos unidos por una causa común: Los Trolls.

- ¡Smaugui! -Exclamó Matilda al ver a su amigo- Ven, acércate porque eres bienvenido.

Trastolillos, Trentis, Caballucos del Diablo, Tentirujos, Anjanas, Ventolines, Enanucos bigaristas, Nuberos, Oricuernos... Y muchos más. Todos, junto a un buen puñado de animales, se dieron cita en aquel claro a la espera del Señor de los Bosques.
De repente, se oyeron cencerros. El Basajaun estaba cerca.

- ¡Ya viene! - Dijo Álex a sus nuevos amigos- 

Un ser enorme hizo acto de presencia y un murmullo de admiración recorrió el lugar. Era el Señor de los Bosques.

- ¡Madre mía que pedazo de bicho! -Exclamó Matilda-
- ¡Matilda! ¡No seas irrespetuosa! -Plumillas reprendió a la lagartija-

El Basajaun se dirigió al centro de los megalitos y con voz como trueno de tormenta informó a todos de la necesidad de unirse para acabar con los Trolls. En el camino había encontrado reses muertas y a un montañés desesperado buscando a uno de sus hijos. También sabía del robo de tesoros en cuevas de culebres y del desmantelamiento de algunos dólmenes construidos por Ojáncanos. Eran una amenaza para todos y había que sacarlos de allí.
Pirú escuchó atento todo cuanto dijo el Basajaun y decidió intervenir antes de que lo hicieran los demás.

- Señor de los Bosques, soy el mago Pirú y vengo desde muy lejos a prestar mi ayuda. Estos son mis amigos: Matilda, Plumillas y Smaugui. Decidnos qué podemos a hacer y lo haremos.
- Sé quienes sois, no hay nada que escape a mis sentidos en este lugar. Os doy la bienvenida y os agradezco vuestra ayuda.

Pirú hizo una reverencia en señal de respeto.

- Señor, ¿Por qué no están aquí los Ojáncanos? - Preguntó Smaugui-
- Hijo, ya sabes que son unos seres terribles. He intentando hablar con ellos, pero mi presencia los enfurece.
- Tal vez yo pueda -Propuso Pirú-
- Pues os encomiendo a ti y a tus amigos la tarea de reclutarles para esta noche. Solo otros seres tan temibles como ellos pueden parar a los Trolls.

Plumillas no paraba de mirar a unas pequeñas hadas que estaban cerca de ellos. Eran bellísimas.

- Son Anjanas - Le explicó Maxim- Hadas buenas, protegen los bosques y siempre están para quien necesita ayuda. Si las miras a los ojos, la esperanza te llena el alma. Sanan a los seres que habitan la montaña gracias a un brebaje que preparan ellas mismas y si las ves, es porque ellas quieren ser vistas. Solo se muestran ante quienes ellas quieren. Si tienes buen corazón, te premiarán. Son el azote de los Ojáncanos, por eso no estarán aquí. Les temen.

Plumillas se quedó prendando de aquellos seres. Tenían la piel muy pálida y cuando hablaban era como si cantase un ruiseñor. Su pelo era largo y lo adornaban con cintas de colores y flores. Vestían hermosas capas azules y en la mano portaban una vara de mimbre con una estrella en la punta que iluminaba los días. 

- ¿Crees que podría conocerlas? - Preguntó el ratón.
- Pues..., si están aquí imagino que sí - Contestó el Trastolillo-
- Chicos, dejaos de presentaciones, el Basajaun ha dispuesto que las hadas sean protegidas en sus cuevas porque pueden ser víctima de los Trolls. -Informó Pirú-
- Pero...Si neutralizan a los Ojáncanos, ¿no pueden hacer lo mismo con esos ogros? - Preguntó Plumillas-
- El Señor de los Bosques no quiere exponerlas, así que les ayudaré con un hechizo por si la magia de las Anjanas no fuera suficiente. Pensamos que esta noche, los Trolls se dirigirán hacia donde viven y atacarán.
- ¿Y se puede saber dónde viven? -Preguntó Matilda-
- En grutas con suelos de oro y paredes de plata, están ocultas en fuentes y manantiales. -Contestó Maxim-
- Vaya..., ahora entiendo porqué quiere protegerlas el Basajaun - Dijo Plumillas- ¿Y por qué no las sacamos de allí y las ponemos a salvo?
- Claro.., para poder ligarte tú a una .- Dijo la lagartija provocando las risas de los seres mágicos que escuchaban-
- ¡Eres muy tonta! -Exclamó el ratón sonrojado-
- Ellas son el objetivo de los Trolls desde hace mucho - Habló el Señor de los Bosques a sus espaldas sobresaltando a todos- Cada vez se acercan más y pensamos que esta noche pueden llegar hasta sus cuevas para, no solo robar el oro y la plata, también acabar con nuestras hadas.
- ¿Y ese quien es? -Preguntó Matilda apuntando a un pequeño duende que la miraba desde hacía un buen rato- 
- Un Tentirujo. Son unos duendecillos....Verdes. En el amplio sentido de la palabra. - Explicó Álex sonriendo-
- Yo también soy verde - Contestó Matilda-
- No se refiere a ese verde, tontita -Aclaró Plumillas- 

Álex y Maxim se rieron mucho y contaron a sus amigos que esos seres, se volvían invisibles gracias a la ingesta de raíces de mandrágora y aprovechaban para acariciar a las mozas que subían al bosque.

- ¡Vaya!¡Sí que son verdes, sí! -Exclamó divertida Matilda-

Cayó la tarde y Smaugui, Plumillas, Matilda, los duendes y Pirú se dirigieron al punto que había señalado el Basajaum. Hablarían con los Ojáncanos. Durante el camino, conversaban animadamente, ajenos a los peligros que acechaban a cada paso.

- Contadnos más cosas sobre las Anjanas -Propuso Plumillas a los duendes-
- Muy interesadito te veo yo a ti... - Dijo Matilda para chinchar al ratón-
- Pues en primavera, a media noche y cuando hay luna llena, las hadas salen a bailar hasta que amanece y en su camino esparcen rosas verdes, azules y púrpuras. Quien las encuentra recibe la bendición de las Anjanas y la felicidad eterna. - Contó Maxim-
- Vaya... Eso es precioso. -Dijo Matilda-
- Siempre he querido ver las grutas -Comentó Smaugui- Pero para los culebres no es fácil.
- Pensarán que vais a robar - Aseguró la lagartija-
- Claro.

Y hablando, hablando, llegaron a una cueva que solo mirar la oscuridad que desprendía, daba miedo.

- Esperad aquí -Ordenó Pirú- Es más seguro, especialmente para los duendes. 

- Matilda, vamos a escondernos entre esas hojas -Propuso Álex- 

Pirú avanzó hacia la cueva y se detuvo en la puerta. De repente, el suelo comenzó a temblar.

- Ya vienen... - Murmuró Smaugui-

Frente al mago, un ser extraordinario, temible y conocido por nuestros amigos. Plumillas se estremeció de miedo recordando su primer encuentro con ellos. Ahora se daba cuenta de lo insensato que había sido.

- Esto no va a funcionar - Dijo Smaugui- ¿Sabes que pueden convertirse en serpientes? Son malvados, arruinan los huertos, las fuentes...Odian a las Anjanas ¿Por qué las iban a ayudar?  No, no lo harán, son sus enemigos más feroces.
- Bueno, si desaparecen las Anjanas, ¿podría desaparecer el bosque? Eso sí les afecta. -Contestó Plumillas-
- No sé, Plumis, son tan malos que igual prefieren extinguirse a ayudar a las hadas.

Pirú permanecía frente al monstruo, de pie, sin aparentar miedo. Aquel ser elevó sus brazos e intentó aplastar al mago, por suerte se hizo a un lado y rápidamente le lanzó un hechizo que lo paralizó.

- Te lo dije -Dijo Smaugui apesadumbrado-

Los duendes y Matilda salieron de su escondite muertos de miedo y corrieron a esconderse en los bolsillos del mago.

- Chicos, aquí no hay nada que hacer. La noche ha caído, vamos a unirnos al Basajaun para salvar a las hadas. Ya ajustaremos cuentas con estos malvados egoístas. -Dijo Pirú decepcionado con aquellos seres-

Subieron a lomos de Smaugui y se dirigieron al lugar en el que habían sido citados por el Señor de los Bosques. Llegaron a un sitio apartado, hermoso, con un bosque exuberante y cascadas por doquier.  Quedaron sin habla ante tanta belleza.

- Bienvenidos al hogar de las Anjanas - Dijo el Basajaun extendiendo las manos en señal de bienvenida- 
- Vaaaaya, así que es aquí donde viven. - Dijo para sí Maxim que estaba entusiasmado con tanta belleza- 
- Ellas permanecen dentro de las grutas. ¿Qué ha pensando el mago para protegerlas? - Preguntó el Señor del Bosque-
- Un hechizo como el que tengo en mi casa. Es una campana invisible que no puede ser traspasada por ningún ser.
- ¿Estás seguro? - Preguntó el Basajaun-
- Así es, señor. Hasta hoy, nunca hemos tenido que lamentar ningún accidente.
- Bueno, aquí las cosas muchas veces no resultan como queremos. Esperemos sea suficiente tu magia y la de las hadas. Vayamos al camino, allí esperan los demás para hacer frente a esos dos Trolls. Hay que evitar que lleguen aquí y si es posible, entretenerlos hasta que rompa el día.
- ¿Para que se conviertan en piedra? .Preguntó Matilda-
- Así es -Respondió el Basajaum-
- ¡Coooomo me gusssta!
- Eres incorregible -Murmuró Plumillas pellizcando a la lagartija en el brazo-

Había un silencio inusual en el bosque que no anunciaba nada bueno. Plumillas estaba nervioso y hasta el mismo Smaugui sentía escalofríos. 

- El bosque está mudo, los monstruos están cerca -Afirmó el Basajaun- Los duendes deben permanecer a salvo, será mejor que no salgáis de los bolsillos del mago.

Al rodear unos roquedos se toparon con lo increíble. Allí estaban aquellos dos seres malvamos. Uno llevaba dos ovejas aún vivas que al sentir la presencia del Señor del Bosque comenzaron a sonar sus cencerros.

- ¡Maldito! ¡Lleva a Blanca y a Lima! ¡Son amigas mías! -Exclamó el Trenti muy enfadado- 
- Tranquilo Álex, vamos a salvarlas - Aseguró el mago-

Pirú lanzó un haz de fuego con su vara que impactó en el brazo del Troll que llevaba las ovejas. El monstruo, sorprendido, dejó caer a los animales que salieron huyendo. El Basajaun salió a su encuentro y las llevó a lugar seguro.

- Eso los va a cabrear mucho - Dijo Matilda-
- ¡Ya lo creo! - Gritó Pirú mientras corría para ponerse a salvo y poder contraatacar- 

En ese mismo instante, el bosque se llenó de luz. Eran los seres mágicos que venían acompañados de antorchas y habían rodeado por completo a los Trolls.
- Sabía que no fallarían - Dijo el Basajaun orgulloso de sus amigos-

No acabó de hablar y los Trolls se abalanzaron sobre ellos. Un Enanito bigarista salió despedido y los culebres, enfurecidos, comenzaron a lanzar llamas. Todo les rebotaba, era como si nada ni nadie pudiera parar a aquellos seres. El Basajaun se acercó a uno de ellos, pero le lanzó un fuerte golpe con el palo que portaba- Por suerte, lo evitó y pudo empujar al Troll con todas sus fuerzas haciendo que se desplomara. Rápidamente, Pirú le lanzó un hechizo paralizante, pero solo duró unos minutos.

- ¿Qué es lo que pasa? ¡Debería estar inmovilizado por horas!
- Te lo dije, mago. Estos monstruos son más fuertes de lo que imaginábamos. Va a ser una lucha larga.

Muchos amigos estaban heridos. Plumillas ayudaba a algunos duendes a ponerse en pie y les animaba a resguardarse siguiendo las órdenes de Pirú, pero ellos, querían estar con el Señor de los Bosques, defendiendo su casa y la de todos.

Los Trolls llevaban ventaja. Muchos de sus enemigos estaban heridos o habían salido huyendo y sin que pudieran evitarlo, corrieron hacia la casa de las Anjanas.

- ¡Vamos, no podemos permitir que lleguen a las grutas! - Gritó Maxim- 

Pirú volvió a desarmarlos y el Basajaun los lanzó por los aires en un intento de alejarlos de las cascadas. Uno de ellos se levantó e intentó acercarse, pero la campana protectora surtió efecto y fue repelido con tal fuerza que se desplomó sobre el otro Troll. Atontados, permanecieron un rato sentados.

- Debemos atarlos ahora, es el único modo. - Propuso Álex-
- Demasiado peligroso. -Contestó el Basajaun-
- Pues algo hay que hacer ahora que están confundidos - Propuso Matilda-

El Señor de los Bosques levantó una inmensa roca y la lanzó contra los monstruos, pero la esquivaron hábilmente. Enfurecidos comenzaron a golpear la invisible protección. Una y otra vez, una y otra vez.

- ¡Si siguen así, la van a romper! - Gritó Plumillas.
. Necesitarán algo más que puños para romperla - Dijo Pirú-

Pero algo crujió. En el aire, unos caminos de cristal se abrieron dejando al descubierto a las Anjanas y boquiabiertos a los que intentaban evitar que sucediera.

- ¿Puedes recomponerla? -Preguntó el Basajaun-
- Sí, pero necesitaré que los distraigáis. 
- Eso es cosa nuestra -Dijo Maxim- Si algo sabemos hacer los duendes Trastolillos, son travesuras.

Alex y él corrieron hacia los Trolls  y se subieron a sus pies. Comenzaron a hacerles cosquillas entre los dedos hasta que acabaron rodando por los suelos. Durante ese tiempo, Pirú pudo recomponer la campana.

- ¡Hay que alejarlos de aquí! - Gritó Matilda-

De repente, un grupo de Ventolines comenzó a soplar en los oídos de los ogros y estos casi se vuelven locos. El viento era cada vez más fuerte y aunque manoteaban para espantarlos, ellos eran más en número y persistencia.
Maxim y Matilda corrieron entonces entre los pies de los gigantes. Con una cuerda consiguieron enredarlos y caerlos de nuevo, momento que aprovecharon los Nuberos para descargar una fuerte lluvia sobre ellos. Mojados y agotados, daban tregua a Pirú para trazar un nuevo plan.

- Las criaturas del bosque no resistirán mucho, están agotadas. - Advirtió el Basajaum- Llevamos horas intentando sacarlos de aquí y lo único que conseguimos es tirarlos al suelo.
- Un momento -Interrumpió el mago mirando al Señor de los Bosques con los ojos muy abiertos por la idea que le rondaba- ¿Cuánto falta para que amanezca? 
- Un par de horas.
- Los entretendremos y el sol hará el resto.
- No son tan tontos- Aclaró Álex- Pronto saldrán corriendo hacia su cueva y nada ni nadie podrá detenerlos.

El Basajaun asintió apesadumbrado. 

- Pues taparemos su cueva -Propuso Matilda-

Un nuevo golpe los sacó de sus cavilaciones. De nuevo intentaban entrar en las cascadas. Al fondo, se veía a las Anjanas con sus báculos encendidos. ¿Sólo ellos percibían todo ese amor que había tras la protección de Pirú? - Se preguntaba Plumillas-
De nuevo,  Maxim, Álex y Matilda ayudados por otros duendes capitaneados por Plumillas, hicieron rodar por los suelos a los Trolls. Y otra vez, Pirú recompuso la campana, aunque en esta ocasión, apenas la habían rasgado.

- Parece que esta vez ha resistido -Dijo feliz el Basajaun-

En ese instante, los Trolls se levantaron y emprendieron la huida. Pronto amanecería.

- ¡Corramos! .Gritó Smaugui- ¡Hay que evitar que entren en su cueva!-

Los culebres volaron para entre todos, lanzar llamas contra los monstruos e impedirles el paso, pero  no hizo falta, al llegar a la cueva, una sorpresa les esperaba.
Seis Ojáncanos aguardaban de pie, fieros, terribles, a la puerta de la gruta que había servido de guarida a los Trolls. Estos, al verlos, se lanzaron contra ellos, pero de nada les sirvió. Los Ojáncanos eran más en número y fuerza. Amarraron a los dos intrusos y esperaron la salida del sol que hizo el resto. El Basajaun no daba crédito a lo que veían sus ojos. ¡Habían venido! ¡Los malvados Ojáncanos habían salvado el bosque!
Pirú abrazó al Señor del los Bosques y luego todos los seres mágicos se abrazaron entre sí. 

- ¡Lo hemos conseguido! . Gritó Matilda subida a la cabeza petrificada de uno de los Trolls-

En ese momento, un sentimiento de amor se extendió por entre la hierba, los árboles, los corazones... Venían las Anjanas. El Basajaun sabía que los Ojáncanos no soportarían su presencia.

- Id en paz y que esto que habéis hecho hoy, lo conozcan los Hombres y las criaturas del bosque, por siempre.

Las temibles criaturas se retiraron y el sol brilló aún con más fuerza.

- ¡Esto hay que celebrarlo! - Exclamó Pirú-

Dos días duraron las fiestas en el bosque. Dos días de felicidad intensa y camaradería. El momento de la despedida llegó y Smaugui tuvo que decidir si se quedaba con su familia del norte o volvía a Casa Encantada.

- A ti corresponde esa decisión - Le habló el Basajaun- Has sido valiente, has luchado con honor y te mereces elegir tu hogar. Si decides quedarte, serás aceptado y reincorporado a tu antigua comunidad. Si por el contrario decides marchar, lo harás con mi bendición y la promesa de visitarte.
- Señor, con ellos he descubierto un tesoro que nunca antes había tenido: LA AMISTAD. Ahora mi casa está allí, con este ratón sabelotodo y esta lagartija que nos saca de quicio a todas horas. Con ese mago y con  otros amigos que esperan mi regreso. Me voy, pero la mitad de mi corazón se queda.
- Bueno, pero puedes venir a vernos - Dijo Maxim- 
- Claro que sí, volveré. Además, le he prometido a Álex volver a volar por su cumpleaños. Quiere ver de nuevo las cascadas desde arriba. Y también podéis venir a visitarnos a Casa Encantada. Por favor.

Apenados, nuestros amigos se despidieron y emprendieron el camino de regreso. En el cielo: Ventolines, Nuberos y Culebres hicieron un pasillo de honor para sus nuevos amigos, en agradecimiento por su valentía y ayuda.
De vuelta en Casa Encantada, el tiempo parecía haberse detenido. Todo seguía igual, inalterable y eterno. Sin embargo, había un silencio inusual. ¿Dónde estaban todos? 
Alegando cansancio, los viajeros se despidieron de Matilda que se quedó sola en el recibidor. ¿Eso era todo después de un viaje agotador? ¿Nadie salía a recibirles? 
Se abrió la puerta de la cocina. Era Bizcocho que se dirigía al salón. 

- Hola Bizcocho. Me alegra mucho verte después de tanto tiempo. Oye, ¿dónde están los demás?
- Ah, hola. Pues están todos de vacaciones, aquí solo quedo yo. Si quieres acompañarme, voy a desayunar. En este plato hay galletas para los dos.
- Bueno.., te acompaño. Tengo hambre y no me apetece comer sola.

Se dirigieron al salón y cuando se abrió la puerta.... ¡Sorpresa! Todos sus amigos estaban allí detrás de una enorme pancarta que decía: 

¡FELIZ DÍA DE LA LAGARTIJA, QUERIDA MATILDA!

No podía creer la fiesta que le habían preparado. Habían pasado varios días de la fecha, pero no le importaba, allí había cariño para llenar varios continentes. ¡Estaban todos! También Pirú y Plumillas. Dirigiéndose a su amigo, le espetó:

- ¿Tú sabías esto? ¡Eres un malandrín, Plumis!
- ¡Claro! Te lo mereces, amiga. Aunque a veces eres un poco petarda, se te echa de menos si no estás.

Y la fiesta dio comienzo y duró hasta la noche, cuando los corazones rendidos de tanta emoción decidieron descansar. Todos, menos Smaugui, que lo tenía dividido.

. ¿Estás bien, hermano? - Preguntó Matilda subiéndose a la mano del culebre.
- Si, estoy donde quiero estar, pero también hecho de menos mis bosques del norte.
- Pues te propongo una cosa. Cuando sientas nostalgia, me buscas y volamos juntos hasta tu casa. ¿Te parece bien?
- Me parece perfecto.
- Por cierto, ¿qué es eso que brilla tanto entre tus escamas? - Preguntó Matilda divertida-
- ¡Oh! Tus olivinas. Son preciosas, gracias.

Y las ventanas de Casa Encantada se fueron apagando una a una. Nut extendió su manto oscuro sobre el cielo y los amigos dejaron volar su imaginación hacia aquel sitio donde hacía tan solo unas horas, habían conocido a gente maravillosa. Criaturas que habían dado una lección al mundo cuando lo que más les importaba estaba en peligro: Su HOGAR, nuestro hogar. 
Por cierto, os dejo con una instantánea de la actuación  de los Ratons Stones. Plumillas es el de la flauta. 



AGRADECIMIENTOS: Gracias a José Manuel Castaño por la foto tan maravillosa de Casa Encantada. 
Gracias a la familia del norte, esa que un día..., se encontró con el Basajaun.

Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento ya sea electrónico o mecánico, el tratamiento informático, el alquiler o cualquier otra forma de cesión de la obra sin la autorización previa y por escrito del titutar del copyright. N. Registro obra: 1905240986376