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domingo, 22 de agosto de 2021

Un catering para Pirú. Cumpleaños encantado.

 

La primavera había llegado a Casa Encantada con sus cielos de sábanas blancas y azules, los pájaros en clase de vuelo y una alegría desbordada en el corazón de sus habitantes. A todos les gustaba esta estación, pero especialmente al mago Pirú que celebraba su cumpleaños. ¿Cuántos? Ni se sabe, además, es de mala educación preguntar la edad a  un mago.

Y es justo lo que don Leonardo Peinacanas le explicaba a Bizcocho, nuestro ratón goloso, que aprovechando la ausencia del mago esa semana, se podría organizar una bonita fiesta de cumpleaños, pero recordando que jamás, jamás se debía preguntar la edad. 

Poco a poco la biblioteca de don Leonardo se fue llenando de amigos, la noticia de la fiesta había corrido como la pólvora por toda la casa y cada uno tenía su propia propuesta.

- ¿Y si hacemos una enorme piñata con su cara? - Propuso la lagartija Matilda-
- Desde luego... ¡Pero qué cosas tienes! - Le replicó Benito Mondanueces-  Pirú merece algo mejor, propongo un enorme pastel que haremos Blasito y yo. Para eso somos los cocineros de Casa Encantada.

Casi una hora después, muchas propuestas pero ninguna acababa de convencer a todos, en eso, la puerta principal se abrió y apareció Plumillas. Era el único que no había asistido a la reunión porque estaba trabajando en un interesante artículo para Casa Encantada Noticias.


- ¡Al fin llegas, alma de cántaro! -Le espetó Matilda nada más verlo-

Don Leonardo puso al corriente a nuestro amigo sobre lo que traían entre manos y este de repente tuvo la solución.

- A Pirú le encanta la buena mesa en todos los sentidos ¿Y si le organizamos una fiesta que reúna menú excelente con mesa preciosa y sorpresa? - Dijo mirando a todos sus amigos que habían enmudecido con la propuesta-
- ¿Y cómo vamos a hacer eso? - Preguntó Blasito-
- No lo haréis vosotros, pero ayudaréis. Llamaré a mi amigo Borja Artiñano, coincidimos en Estados Unidos cuando estudiábamos y trabajábamos como camareros. ¡Ahora tiene una empresa de catering magnífica!
 
Matilda se levantó y comenzó a andar alrededor de su amigo.

- ¿Tú has estudiado en Estados Unidos? ¿Y qué hace un ratón cordobés allí?
- Enseñar a los americanos a hacer salmorejo. ¿Te parece poco? 

A todos les pareció buena idea, especialmente a los cocineros Blasito y Benito que sí conocían Pocheville Catering y se pusieron nerviosísimos con la noticia. ¿Estarían a la altura? ¡No podían creerse la suerte que tenían!
Plumillas llamó a su amigo que aceptó de inmediato, ¿una fiesta sorpresa para un mago? ¡Por supuesto! Al día siguiente llegaba a Casa Encantada cargado de ideas y deseando conocer a todos los habitantes. Se paró ante la puerta y llamó, Matilda salió de inmediato.

Este ratoncito es propiedad de OLGA KOLVALCHUK y puedes adquirirlo en su web: www.olgakovalchuk.tedsby.com Está hecho a mano. 

- Buenas tardes, usted debe ser Matilda,  soy ... - Borja intentó presentarse sin éxito porque inmediatamente la lagartija lo interrumpió-
- ¡Ah, no se moleste! No queremos cambiar de línea telefónica ni de compañía eléctrica, aquí no necesitamos nada de eso porque esta casa es mágica así que si viene usted de Ratadrola Electricidad, no se canse, no nos interesa. Gracias por su visita, adiós.

Y cerró la puerta dejando al pobre Artiñano sorprendido y plantado como una lechuga. Ya había sido advertido del carácter de Matilda, pero no se esperaba experimentarlo nada más llegar. En fin, habría que volver a llamar. De nuevo, habría la lagartija.

- ¿Otra vez usted? Ya le he dicho que....

Esta vez fue Borja quien no dejó hablar a la maleducada Matilda-

- Soy Borja Artiñano, de Pocheville Catering y he quedado aquí con Plumillas. ¿Podría hacer el favor de avisar a mi amigo? - Dijo un poco molesto con la actitud de la lagartija-
- ¡Aaaaaaaaanda que la he liao! - Exclamó llevándose ambas manos a la cabeza- Perdona coleguita, es que te había confundido con otra persona. Pero, ¡pasa, pasa!, no te quedes en la puerta. 

¿Coleguita? ¿De dónde salían los amigos de su amigo? - Pensó nuestro invitado cuando atravesó la puerta- Enseguida acudió Plumillas para aclarar todo.

- ¡Querido amigo! Espero que hayas tenido buen viaje. Veo que ya conoces a Matilda.

Borja cogió del brazo a Plumillas y lo llevó a un lado. 

- Oye, ¿esta lagartija es la misma de la que me hablaste?
- Sí, claro. ¿Por qué?
-  Bueno, creo que ya he pagado novatada con ella.

Plumillas se disculpó por lo ocurrido y luego fueron derechos al salón donde Borja pudo conocer a todos los habitantes de la casa. Acto seguido expuso la idea que tenía para la fiesta de Pirú y pidió colaboración para hacerlo entre todos. Los cocineros estaban tan nerviosos que casi dejan caer la bandeja con dulces variados que traían para agasajar al invitado. 
La mañana trascurrió entre idas y venidas a la cocina e ideas para montar las mesas. Estaban absolutamente maravillados con las hermosas vajillas que Artiñano puso ante sus ojos, todos menos Bizcocho que solo atendía a los dulces que pasaban por delante. 
Terminado el día, se despidieron hasta la mañana siguiente en la que Matilda y Plumillas lo acompañarían al bosque para recoger algunas flores, ramas o cualquier otro elemento natural que le sirviera para hacer un bonito arreglo floral para adornar las mesas.

- Oye, Matilda - Llamó Plumillas a su amiga con un gesto para que lo siguiese a la cocina- 
- Dime, Plumis.
-¡No me llames Plumis! ¡Qué manía tienes! - Exclamó molesto el ratón- Haz el favor de portarte bien y ser educada, mi amigo lo es y espero lo mismo de ti.
- Yo soy educadísima. ¿Tu amigo es como tú o es normal?

Plumillas elevó las cejas en un gesto de asombro ¿Qué significaba esa pregunta?

- ¿Es que yo no soy normal? - ¡Mira que eres bruja!
- Bueno..., eres un poco pesao y un sabidillo.
- ¡Mira qué graciosa! Borja es un señor muy educado, así que trátalo bien y no seas bruta.
- ¿Puedo gastarle bromas?
- Si, pero sin pasarte. 
- Si, piri sin pisisrte... ñe, ñe, ñe. ¡Eres un cursi! Le haré la morición, ea.

Amanecía sobre las ocho cuando Borja escuchó ruido tras su puerta. Era Plumillas, venía a disculparse por no poder acompañarlo al bosque, se le había presentado un imprevisto y tenía que partir hacia Los Altos. Lo dejaba con Matilda a la espera de que todo fuera bien.
Nuestro invitado bajó y fue a desayunar, luego dio un largo paseo por los alrededores, pero la lagartija no aparecía. A las nueve y media, su paciencia estaba al límite y decidió buscarla.

- ¿Matilda? ¡Está en la emisora! - Le dijo la seño Yolanda que salía con sus alumnos de excursión-
- Bueno, ¡esto es el colmo! En esta casa nadie se toma nada en serio. - Pensó nuestro amigo cuando decidió ir a hablar con la lagartija y darle las quejas por su plantón-

Al verlo entrar, Matilda se dio cuenta de su despiste: ¡Lo había vuelto a dejar plantado! Porbre Borja - Pensó-

- Matilda, por favor, ¿tienes un momento? 

La lagartija le hizo una señal para que esperase un minuto. Puso una canción y luego atendió a Borja, que no parecía enfadado con su despiste. Antes de dejarlo hablar, se disculpó.

- ¡Ostras, nene, perdona! Es que el Plumis se ha tenido que ir pitando y tenía que atender la emisora. No te enfadas, ¿no? Yo te doy unas explicaciones molonas,  te pinto un mapa y te vas tú solito a buscar tus adornos. ¿Hace?

No daba crédito a lo que escuchaba, pero, ¿quedaba otra alternativa? La lagartija cogió lápiz y papel y empezó a dibujar.

- Mira, cuando llegues aquí, giras a la derecha, tienes que ver un grupo de rocas y detrás el arroyo y la arboleda. No  tienes pérdida. Ahí encontrarás musgo y también flores en cuanto andes unos metros. Si te despistas, en la casa de madera vive doña Carmelita Despistillos, puedes preguntar. Y ahora que lo pienso, ¿por qué no vas con Smaugui?
- ¿Smaugui?
- ¡Sí! El Culebre. ¿No te han hablado de él? Es como un dragón, pero en español.
- ¿Dice palabrotas en lugar de escupir fuego?

Matilda comenzó a reír, ¡era lo mejor que había escuchado en años! Le explicó quien era y que con una sola llamarada, ponía en marcha la calefacción de Casa Encantada. Le aconsejó ficharlo para mantener caliente las viandas.
Tras un rato de charla pudo convencer a la lagartija para que lo acompañase y esta accedió. Aunque solo un rato. 

Ya en el bosque, Borja disfrutaba de lo que la Naturaleza le ofrecía para sus arreglos.

- Mira, Matilda, esas flores son maravillosas

- Pero si son de lo más normalitas... - Objetó la lagartija-
- A ver... Esto es un evento en mitad del campo, ¿no querrás que monte las mesas como si estuviéramos en la embajada de Portugal, no?
- Pues mira, sería todo un detalle por tu parte. 
- Eres terrible, de verdad. Anda, ve por allí y mira a ver si hay musgo, yo iré por este lado.

Se separaron unos instantes y Borja descubrió unas setas preciosas.


- ¿Pero qué maravilla es esta? Me las llevo para mis arreglos. 

Tan ensimismado estaba buscando flores y piedrecitas aquí y allá que no se dio cuenta de que Matilda llevaba un buen rato llamándolo.

- ¡Jolines, Borja que estás sordo! Llevo llamándote una hora.
- ¡Ya será menos, exagerada!. Y no digas jolines.
- ¿ Y eso por qué?
- ¡Porque lo digo yo! Es una cosa muy fea y tú eres una lagartija muy bonita. No lo digas.
- ¡Jolines! - Dijo Matilda con los brazos en jarra y arrugando la nariz-
- ¡Matilda! 
- Ahora te hago la morición.

Y sin pensárselo dos veces se tiró al suelo y se hizo la muerta. Nuestro amigo no sabía ya donde meter tal cantidad de sensaciones. ¿Era así de verdad aquella criatura o lo hacía para probar la paciencia del prójimo? Estaba asimilando la visión que tenía frente a sí cuando Matilda abrió un ojo.

- ¿Puedo decir jopé?
- ¿Quieres probar los platos que vamos a preparar y participar en la fiesta? - Preguntó agachándose y mirando a la lagartija muy fijo-
- ¡Ya no lo digo más! - Y se incorporó de un salto-

La vuelta a casa fue divertida. Borja le contó mil anécdotas y Matilda reía tanto que no podía caminar. Otras veces era él el que moría de risa con las cosas de aquella criatura verde y revoltosa. 
El día se cerró mucho mejor de lo que había empezado. En dos días sería la gran sorpresa así que muy temprano comenzó el trajín de mesas, recetas, vajillas....
Borja estaba en la cocina dando instrucciones a Benito y Blasito.

- Chicos, esa crema más suave, por favor. ¿Alguien ha visto la cesta que traje ayer del bosque?
- Pues como la hayas dejado en la despensa, olvídate. Bizcocho se lo come todo. - Le dijo Blasito-
- ¡Qué horror! ¡En esta casa sois todos unos zampones!

La cesta estaba en el exterior donde ya se montaban las mesas. Borja extrajo sus tesoros y se dispuso a adornar. Plumillas llegaba en ese momento.

- Hola Borja ¿Qué tal ayer con Matilda? Es buena chica, aunque un poco sinvergüenza.
- ¡Lo pasamos de lujo! Es bruta como ella sola, pero muy divertida. Además, ¡me ha enseñado a hacer la morición!
- No me lo puedo creer... - Murmuró Plumillas-
- Pues créetelo, fue divertidísimo.
- ¿Qué es eso que tienes ahí? - Preguntó muy serio -
- Pues unas setas, las cogí ayer para .....
- ¿Pero qué has hecho, insensato?

Plumillas puso una mano en el hombro de su amigo y le contó que no eran setas, sino casas. Sí, las casas de los gnomos que vivían en esa zona y que tenían una mala pipa... 

- ¿No te aseguraste de que estuvieran vacías? - Preguntó Plumillas preocupado-

Borja no daba crédito a lo que oía. ¿Casas? ¡Si eran setas! Llevaba utilizándolas años y jamás había tenido problemas de ningún tipo. Era de locos. ¿Cómo iba a haber gnomos dentro? ¿Dónde se había metido aceptando ese trabajo?

- Pero, Plumillas, por Dios, que estamos hablando de setas.... - Se explicó intentando disimular su hartazgo-
- Exacto, pero mira, mira por esta ventana y verás.

Acercó la seta a los ojos de su amigo. ¡Por todos los dioses! ¡Si dentro había una casa perfectamente decorada y amueblada! En ese instante se escuchó hablar a lo lejos. Pumillas pidió a su amigo que aguardara un instante y caminó hasta la verja de entrada. Allí se encontró con varios gnomos con cara de pocos amigos. La seño Yolanda intentaba calmarlos, pero no había forma, ¡estaban enfadadísimos!



- A ver, ¿qué ocurre aquí? 
- ¡Queremos hablar con Pirú! - Exigió el más joven.

En ese instante salía don Leonardo acompañado de Borja. Cuando los gnomos vieron al ratón bibliotecario, se calmaron.

- Don Leonardo - Tomó la palabra el más veterano- Ese señor que le acompaña se ha llevado la casa de mi sobrino, la de la señora Gumersinda y toda la calle de Martín el zapatero. ¡No tenemos bastante con las orugas okupas que ahora nos vienen los ratones!
- Cálmese, don Laureano. Aquí nuestro amigo no ha tenido ninguna intención de robar nada, todo ha sido un terrible malentendido. El señor Artiñano está preparando la fiesta sorpresa de Pirú y no sabía que esas setas estaban ocupadas. ¿Cómo podemos arreglar este entuerto?
- Tienen que devolvernos las casas - Ordenó el gnomo-
. Pues si solo es eso, lo haremos ahora, antes de que puedan deteriorarse.

Borja se adelantó y se puso a la altura de los gnomos. Traía unos dulces de lo más apetecibles  y eso hizo que la visita se relamiera solo con verlos.

- Ruego me disculpen, nunca había estado en un lugar mágico y claro... ¿Cómo iba yo a saber que esas setas tenían gnomos dentro? De haberlo sabido, jamás las habría recolectado. Acepten estos dulces a modo de disculpa. Son unos eclair  de chocolate hechos por mis mejores reposteros: Blasito y Benito.


Imagen extraída de la cuenta de Instagram de Pocheville Catering. Os animo a seguirla. 

Cuando los gnomos vieron aquello se les pasó el enfado rápidamente. Probaron y les encantó así que los invitaron a pasar al salón de Casa donde sirvieron otros platos igual de interesantes. Además, estuvieron admirando las vajillas que servirían para la fiesta sorpresa de Pirú. El gnomo don Laureano llamó aparte a Borja para hablar con él.

-- Querido amigo, me pregunto si podrías venir a la boda de mi hija. Me gustaría que organizaras tú el catering porque  estoy sorprendido de lo bonito y bueno que es y está todo.
- Sí, claro, faltaría más. ¿Me perdonan entonces?
- ¡Por supuesto! Además, cuando las setas estén en su sitio, te regalaré algo que te va a encantar.

Le guíñó un ojo cómplice y siguió degustando de todo aquello que estaba a su vista.
Esa misma tarde, Borja y Matilda dejaron las setas en el lugar donde fueron recogidas y los gnomos pudieron volver a sus casas que además.... estaban repletas de dulces. Antes de marchar, don Laureano le regaló unas preciosas setas de cristal de Murano para que con ellas hiciera  arreglos para sus mesas. Agradecieron el presente y se dispusieron a regresar, sin embargo, no se dieron cuenta de que la noche estaba ya cercando el bosque.

- Mira que son interesados estos gnomos -Dijo Matilda- Perdonan todo a cambio de dulces.
- ¡Lo que son es unos golosos! De todos modos, me encantan las setas de Murano, ya verás la de cosas bonitas que pienso hacer.

Charlaban animadamente cuando la noche cayó y todo lo conocido se volvió extraño.

-  Matilda, sabes bien por donde vamos, ¿verdad? - Preguntó Borja mirando atrás un poco asustado.
- Claro que sí, coleguita, estás hablando con la exploradora number one del mundo mundial. Además, mira, llevo mi arco y mi carcaj lleno de flechas.

Eso no tranquilizó a nuestro amigo que se sintió un poco indefenso en aquella inmensidad. Los bosques siempre le parecieron catedrales naturales, unas enormes catedrales que admiraba pero en las que era fácil perderse sin apagaban las luces. Y  esa noche la bombilla principal se había apagado, era una noche sin luna. Los sonidos típicos de las horas comenzaron a escucharse; el ulular de las lechuzas, los grillos desperezando sus alas y algún canto más que Borja no supo identificar. 
Mientras caminaban, Matilda le contaba historias del programa que hacía con Plumillas "Cuarto Ratenio". A Borja no le pareció nada apropiado escuchar relatos de miedo en esas circunstancias, pero esa lagartija debía estar cruzada en loro. ¡No paraba de hablar!

- Total, que cuando fuimos a casa de don Avelino Churrete, ni fantasma ni flautas, era Bizcocho que se metía en la despensa y se zampaba todo.... - Hablaba Matilda sin parar-

De repente, el suelo comenzó a temblar. Un ruido fuerte, como de pisadas de gigante hacía que todo se tambaleara alrededor. Borja cayó al suelo al tercer golpe y sobre él, Matilda. 

- ¿Qué es eso?- Preguntó el ratón asustado-
- Pues.., esas pisadas solo pueden ser de un Ojáncano o un Roblón. - Contestó Matilda poniéndose en pie y recomponiéndose-
- ¿De qué? - Volvió a preguntar abriendo los ojos de manera desmesurada-
- Son criaturas mitológicas, antes solo estaban por Cantabria, Asturias.... Pero han bajado al sur y aquí los tenemos dando por saco. Y hablando de tener, lo que de verdad tenemos es un problema si no llegamos pronto a la caseta de la vía. Allí estaremos a salvo hasta que lo que sea se tranquilice.

Borja se asustó muchísimo. ¿Roblones? Matilda le explicó que era un viejo roble que se había tragado a una muchacha y los ojos que se veían en el árbol eran de ella. Ojos abrasados de dolor. Que eran enormes y muy peligrosos. Y luego esos otros seres.... ¡Los ojáncanos! Esos sí que daban miedo... Eran como ogros pero españoles. Un detalle, si te comen, al menos que sea en tu idioma. -Pensó-
Aceleraron el paso para llegar hasta la caseta, pero esta no aparecía y las pisadas se oían próximas. Cayeron al suelo un par de veces más. Matilda se dio cuenta de que los sonidos del bosque habían cesado y eso solo podía significar una cosa: Lo que fuera..., estaba cerca, muy cerca.

- ¿Qué pasa? -Preguntó Borja deteniéndose a la vez que la lagartija-
- Aquí debería haber un camino que desciende hasta la caseta. -Dijo rascándose la cabeza-
- ¡Nos hemos perdido! 
- Pues me da que sí...
- ¡Estupendo! No sé en qué estaba pensando cuando acepté venir aquí. ¡Todo es culpa de Plumillas!
- En eso te doy la razón. Tú cuando no sepas a quien echarle la culpa, se la echas al Plumis. Yo lo hago siempre y me va bien.

La lagartija no parecía tomarse nada en serio, hasta que delante de sus narices apareció el viejo Roblón. Enfadado, con los espinos alrededor de los ojos que ardían en la noche alumbrando todo como si hubiera luna, con aquella melena de hierba seca que le daba un aspecto aterrador. Su respiración agitaba las ramas de los árboles próximos y paralizaba de miedo a todo el que osara mirarlo.


- ¡Ahora sí que tenemos un problema! ¡Corre, Borja!

Y los dos echaron a correr como alma que lleva el diablo siendo perseguidos por el Roblón muy de cerca. Cada que vez que aquella criatura ponía un pie en el suelo, todo el bosque temblaba y nuestros amigos salían rodando por los suelos. En una de esas, El árbol cogió a Borja que no pudo zafarse de aquellas ramas secas que aprisionaban su tobillo.

- Matildaaaaaa!

Luchaba por soltarse, pero era imposible. La fuerza de aquel ser no era normal y por más que lo intentaba no podía escapar. Matilda vio asustada cómo el Roblón se acercaba la presa a sus ojos. Rápidamente sacó sus flechas y se dispuso a soltarlas hacia la cabeza, pero necesitaba fuego, algo que prendiera las hierbas secas. Nada de lo que hacía daba resultado,  a fin de cuentas, sus flechas no eran más que pequeños alfileres para el Roblón. Si al menos le acertara en los ojos...
Borja comenzó a sentir un calor inmenso que salía de las brasas que el árbol tenía por ojos. No podía soportar aquella temperatura y se desmayó abandonando toda esperanza por salvarse.

- Menudo final tan tonto. Chamuscado por un árbol que no sabía ni que existiera y que tiene unas malas pulgas que cualquiera le tose. ¡Por no hablar de lo que le huele el aliento a cenicero! Qué muerte tan ordinaria, de verdad..... -Pensaba a medida que se sumía en el mundo de las sombras-
- ¡Borja, no! ¡Despierta, amigo! - Le gritó Matilda desesperada.

La lagartija volvió a disparar sus flechas y esta vez acertó en un pie a su amigo que rápidamente despertó con un grito de dolor. El árbol no lo esperaba y se asustó dejando caer al ratón, momento que aprovechó para esconderse tras unos matorrales a todo correr. Matilda lo siguió y se resguardó con él.

- Estupendo, ¡ahora estoy vivo pero con una flecha en el pie! ¡Aaaaaaay!
- ¡Haz el favor de no quejarte! -Gritó Matilda- ¿Prefieres ser ratón a la parrilla? Desde luego, ¡eres igual de quejica que tu amigo Plumis!

El Roblón volvió a la carga, pero la lagartija vio sobrevolar algo en el cielo. ¡Smaugui!.

- ¡Mira, Borja! ¡Es Smaugui!. ¡Estamos salvados!

El Culebre había escuchado las pisadas desde Casa Encantada y reconoció rápidamente al ser que las provocaba. Decidió volar para espantarlo cuando se encontró con el panorama de Matilda y Borja acorralados por el Roblón. Enseguida lanzó una llamarada que sorprendió al árbol.

- ¡Bien! -Exclamó Matilda!. ¡Estamos aquí, Smaugui! -Agitaba las manos en el aire-

El Culebre lanzó fuego de nuevo y esta vez impactó en la cabellera del Roblón que salió corriendo en dirección al arroyo más cercano. Entonces, cuando el peligro pasó, descendió.

- Ese pie no tiene muy buena pinta . -Dijo echando humo por la nariz-
- ¡Me duele mucho! 
- ¡Pero te he salvado la vida, so quejica!- Exclamó Matilda.

Bueno, dejad la discusión, lo importante es que estáis vivos. Matilda, ayuda a Borja a subir a mi cuello y cobijaos en mis escamas, voy a elevarme mucho para ver dónde ha terminado esa criatura y podéis tener  frío. Luego volaremos a Casa Encantada.
A pesar de las circunstancias, Borja disfrutó muchísimo de aquel paseo. Pudieron ver al árbol metiendo la cabeza en la cola del pantano, por un tiempo, no tendría ganas de molestar a nadie. Después sobrevoló todo el bosque para terminar en casa y a salvo.
Don Leonardo inspeccionó el pie, era algo que solo podía curar Pirú y no regresaría hasta el día siguiente así que con la atención de Teresa Recetillas y algún calmante, pasó la noche. 
Al fin llegó el día del cumpleaños  y ayudado por un bastón que le prestó don Leonardo, se levantó temprano y dispuso todo en los jardines de la casa.

- ¡Venga, chicos, que Pirú está al caer! - Iba cojeando de un lado para otro y dando órdenes a diestro y siniestro-
- ¡Tú mandas mucho! - Le dijo Matilda. ¡Vas a ir al sindigato!
-Pero... ¡Serás sinvergüenza! ¡Si tú no estás haciendo nada!
- Te estoy vigilando, que me ha mandado Plumillas y también don Leonardo.

No hizo caso a la insolente lagartija y siguió preparando para que las cosas estuvieran  dispuestas a la llegada del cumpleañero. Todo estaba quedando como le gustaba a nuestro amigo; mientras daba los últimos toques a un bodegón, se acercó Smaugui.

Extraído de la cuenta de Instagram de Pocheville Catering. Una genialidad de Borja Artiñano.


- Borja, ¿voy calentando ya la comida?
- Sí, yo creo que sí, pero espera que te acompaño no la vayas a liar.

Fue hasta donde estaban las viandas preparadas y dio instrucciones precisas de cómo tenía que lanzar las llamas, pero claro... un Culebre es un Culebre y no calculó muy bien.

- ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaay! ¡Que me chamuscas! ¡Voy a tener que pedir un plus de peligrosidad!
- Los siento, lo siento! Si te sirve de consuelo, a Plumillas lo quemo siempre en las barbacoas.
- Sí, un consuelo. Mal de muchos...


Cuando consiguieron regular  la potencia de Smaugui, Borja sacó los arreglos que había hecho con las setas de cristal de Murano y los colocó por las mesas. Habían quedado realmente bonitos.
Extraído de la cuenta de Instagram de Pocheville Catering. Me he atrevido a hacer un montaje para que se vea lo mejor posible. Las fotografías son del invierno, pero los habitantes de Casa Encantada no lo saben. ¡Chssssssh, no les digáis nada!


Al fin pudo terminar y se sentó con su patita en alto para descansar un poco. Plumillas se acercó para darle la enhorabuena, todo había quedado precioso. 

- A Pirú le va a encantar. ¿Te duele mucho el pie? - Le preguntó señalando con el dedo-
- Un poco. Matilda tiene buena puntería, si no llega a ser por eso, no las cuento.
- Sí, es muy bruta, pero es buena lagartija.
- Y hablando de lagartijas, por ahí viene.

Matilda venía corriendo para anunciar que el mago llegaba.

- ¡Chicooooooos!¡Escondeos que viene!

En menos que se dice miau, no quedó ni un alma en el jardín, todos corrieron a esconderse en la casa. Cuando Pirú abrió la verja se encontró con una veintena de mesas maravillosamente dispuestas y con un olor exquisito que envolvía todo. Pero... ¿Dónde estaban sus amigos? ¿Habría pasado algo en su ausencia? Era raro, todo preparado y ni rastro de Matilda, ni don Leonardo...  También le parecía extraño que todo fuera tan perfecto, las comidas en Casa Encantada nunca tenían ese nivel. Qué raro...¿Qué estaba sucediendo?- Llamó una vez más a Matilda, Plumillas..., pero nada, no obtuvo respuesta. 
Siguió avanzando y entonces se topó con un rollo de papel atado y suspendido en la rama de un árbol. Era una carta.

Querido Pirú, en el día de tu taitantos cumpleaños hemos querido darte una sorpresa de esas que no se olvidan. Es nuestro modo de darte las gracias por todo lo que haces por nosotros. Por tus pantallas mágicas que nos aislan de los malos, por tu medicina exprés a golpe de conjuros y por tu sabiduría que nos regalas siempre que Matilda no interrumpe. Por todo ello, GRACIAS.
Que disfrutes de este día y esta comida tan especial que te prepara Pocheville Catering, sabemos que eres fans absoluto de Artiñano que hoy está aquí para ti.
Feliz y encantado cumpleaños. Con cariño de,

Los habitantes de Casa Encantada.

¡Pirú no podía creer lo que estaba leyendo! ¿En serio los de Pocheville habían preparado todo aquello para él? ¿Tanto le querían sus amigos? Y en medio de su emoción  vio venir a Plumillas, don Leonardo, Blasito, doña Sinforosa, Bizcocho, la seño Yolanda.... Todos sus queridos compañeros que salían cantando el "Feliz en tu día" con una pancarta donde se leía: "Felicidades Pirú" y lanzando papelillos y serpentinas que luego tendría que recoger con magia. 
Arriba de la escalera había alguien con un bastón, alguien que nuestro mago reconoció al instante.

- Pero... ¿Qué le habrá pasado? - Se preguntó en silencio mientras saludaba a todos-

El mago subió la escalera para reunirse con Borja que aguardaba paciente su turno para conocer a tan entrañable personaje. Alguien de quien había oído mucho hablar gracias a su amigo Plumillas. 

- ¡A mis brazos, pequeño! - Le dijo el mago cuando estuvo a su altura-

Era la primera vez que un mago de verdad le daba un abrazo. Uno de esos que si tienes penas, se van. Uno de los que recomponen el alma.

- ¿Me vas a decir qué te ha ocurrido? - Le preguntó-
- Es una larga historia, pero lo dejaremos en que me atacó un Roblón y Matilda pudo salvarme con sus flechas.
- Matilda tiene una puntería endiablada, supongo que el disparo está justificado. Ahora ven, ponte allí.

Le señaló con la mano para que bajara las escaleras y se pusiera en un claro del jardín- Pirú lo siguió y cuando estuvo a su lado, giró el báculo del que salió una luz brillante y azulada. Le ordenó que entrara y al momento se vio envuelto por millones de partículas brillantes de una luz cegadora. Notó algo caliente en el pie y de repente desapareció toda molestia. ¡Podía andar! 

- ¡Ya no me duele! ¡Puedo andar! - Dijo saltando de alegría-
- Esta es la medicina de Casa Encantada, querido amigo - Le dijo Plumillas que se acercaba para interesarse por su reacción.

Y sin más, dio comienzo una fiesta que duró todo el día y buena parte de la noche, cuando agotados de bailar y divertirse, cada uno regresó a su habitación de la casa mágica. Había sido maravilloso estar allí y así lo sintió Borja que agotado se durmió enseguida.
A la mañana siguiente llegaron las despedidas, no era fácil dejar un lugar como aquel, pero prometió que volvería.

- Smaugui, me encantaría que me echaras una mano en una boda que tengo en un par de semanas. ¿Vendrás? - Le preguntó Borja-
- ¡Por supuesto!  Cuenta conmigo.
- ¡Yo también voy! -Gritó Matilda-

Y en ese momento, Borja se tiró al suelo e hizo "la morición", cosa que hizo reír a todos, incluso a la lagartija. 

- ¡Moriré con tus trastadas! - Exclamó nuestro amigo mientras se levantaba ayudado por Plumillas- Pero bueno, aceptaré tu compañía y si aparece algún pesado, siempre podrás hacer de las tuyas.

Con todo dispuesto para la marcha, Smaugui se prestó a llevarlo a casa. ¡Menuda envidia iban a pasar sus vecinos! No todos los días vuelve uno del trabajo en Culebre privado. 
Y así, Smaugui subió y subió mientras nuestro nuevo amigo sacudía la mano en el aire con un  "hasta pronto".

NOTA. A Borja Artiñano, por su genialidad y su generosidad. Gracias por servirme de inspiración y gracias por ser un señor estupendo. Bienvenido a Casa Encantada.



¡Espero que no hayáis pensado que Borja era un ratón de verdad! 😅😅😅
Aquí os dejo la fotografía del auténtico.

domingo, 14 de febrero de 2021

¡MUCHAS GRACIAS!

 

Nochebuena de 2020, había salido por la mañana unas horas y al regresar a casa me encuentro con un paquete de regalo envuelto en un bonito lazo rojo. No podía ni imaginar la sorpresa que aguardaba en su interior. ¡Regalos con la imagen de Casa  Encantada! Pero... ¿Cómo era posible? ¿Tanto cariño despertaban mis personajes? 

Sinceramente,  me quedé sin habla: Una bolsa para la compra,  una mochila y una botellita para agua aparecieron frente a mis ojos como salidas de uno de mis cuentos. Ahí estaban, como si de un momento a otro la lagartija Matilda fuera a salir de la mochila, como si el mago Pirú hubiera hecho magia. La magia de los cuentos. 

Gracias, Yasmina Pino por este regalo tan maravilloso,  sin duda la sorpresa más bonita que me han dado desde que escribo.  Haz extensible mi agradecimiento a todas las personas que lo han hecho posible, por favor. Siento haber tardado tanto en publicar mi agradecimiento,  pero quería hacer unas fotos que hicieran justicia a este hermoso regalo. Un millón de gracias,  fue un día muy feliz.







jueves, 31 de diciembre de 2020

FELIZ AÑO 2021

Queridos amigos de Casa Encantada, dejamos un año que no ha sido como esperábamos, pero que nos ha enseñado a valorar más que nunca la vida. Que el 2021 venga cargado de esperanza, de cariño, de cercanía y que por fin, sea el año de los abrazos. Feliz año nuevo a todos los que habitais la casa mágica, os espero para seguir compartiendo aventuras con nuestros personajes favoritos. 

De parte de don Leonardo, el mago Pirú, Plumillas, Matilda, Bizcocho, la seño Yolanda, la boti Teresa, Smaugui, Blasito, Benito, doña Sinforosa y sus amigos, los chicos del Gambigrupo y por supuesto Gambita y Pepa, muy FELIZ 2021.



domingo, 20 de diciembre de 2020

FENÓMENOS EXTRAÑOS EN CASA ENCANTADA. Bienvenidos a Cuarto Ratenio.

Cayó la noche en Casa Encantada, el día había transcurrido entre ir y venir de amigos acarreando leña, viandas, mantas nuevas... Todo para enfilar un invierno que este año parecía adelantarse.

Mientras algunos subían a sus habitaciones a descansar, otros preferían pasar un rato en la emisora de radio. Era el caso de Plumillas y Matilda que no podían esperar para contar a sus oyentes en qué iba a consistir su nuevo programa.  Ya habían adelantado en verano que se llamaría: << Cuarto Ratenio>>
De repente, una música se escuchó en toda la casa y en todas las radios de los habitantes del Guadiato que en ese momento escuchaban la emisora de Casa Encantada.

- Buenas noches queridos amigos de Casa Encantada Radio, soy Plumillas, vuestro reportero favorito que vuelve con muchas y nuevas aventuras. En mi equipo, y como no podía ser de otra manera, Matilda, la lagartija más intrépida del Guadiato. Queremos presentaros nuestro nuevo programa: Cuarto Ratenio, que comenzará tan pronto nos hagáis llegar vuestras historias sobre sucesos inexplicables. Podéis contactar con nosotros a través de nuestra pagina web: www.casaencantada.info, correo electrónico: plumitilda@casaencantada.info o bien a través de nuestras redes sociales en Facebook, Twitter e Instagram. 
Nos trasladaremos hasta el lugar para en vivo, comprobar todo aquello que nos contéis. Arrancamos el sábado noche, no os lo perdáis.

A una señal del ratón, Matilda subió la música y en pocos minutos, comenzaron a llegar historias de todas partes contado sucesos dignos de su atención.

- Mira Plumillas, he recibido un correo electrónico de don Avelino Churrete.
- ¿Algo interesante?
- Sí, al parecer en su casa desaparecen cosas y hay ruidos que no puede explicar. Nos pide que vayamos a investigar a ver si podemos ayudarle.
- Estupendo, dile que mañana sin falta estaremos allí a inspeccionar la casa.

El día siguiente amaneció con lluvia, como podéis imaginar a Matilda no le gustaba nada el tiempo porque su verde brillante empezaba a desvanecerse por momentos. No, no era el clima adecuado para una lagartija, pero eso no la detendría en su trabajo así que a las nueve de la mañana estaba en el comedor esperando a Plumillas para desayunar. Mientras el ratón llegaba, Matilda conversaba con la seño Yolanda que le explicaba la vuelta al cole de los más pequeños.

- Así que este año tenemos a la hija de Lucinda, la oveja del cruce Los Molinos y a Rosita Montesinos, la abubilla que ya conoces. - Explicó llevándose la taza de té a los labios-
- ¡Sí! Rosita es muy lista, ya veras que buena alumna.

En ese momento, a Matilda y Yolanda se unieron Pirú, don Leonardo y Teresa, la boti, que antes de abrir la farmacia pasaba siempre a desayunar con sus amigos. No tardó en llegar Plumillas cargando con una aparatosa mochila.

- Pero... ¿Qué llevas ahí? - Preguntó Pirú-
- Todo lo necesario para nuestra investigación en casa de don Avelino Churrete. Fenómenos extraños, querido Pirú.
- Ya... - Murmuró Pirú mesándose la barba-
- También llevamos un tentempié para el camino.
- ¿Y en qué consiste? Si puede saberse... -Preguntó Teresa-
- Té con pastas, mira.

Teresa cogió el paquete de pastas y puso cara de asombro.

- ¿Pero tú sabes lo que lleva esto? ¡Insensato! Aceite de palma, potenciadores del sabor, conservantes a tutiplén, azúcar... ¡Bueno, bueno, no quiero seguir leyendo! 
- Pero..., si las he comprado en el Ratadona.
- ¡Como si las compras en el Ratefour! Lo tiro ahora mismo y traigo unas galletas que hice ayer para mis niños.  ¡Os vais a chupar a los dedos!

Sin dar opción a Plumillas, Teresa se deshizo del paquete de pastas y volvió con una cajita que ya olía bien sin abrirla.

- Toma, anda. Os he puesto también dos piezas de fruta, unos frutos secos y leche Con eso aguantaréis bien hasta el mediodía. ¡Ah! Y como vais sin Pirú, y por lo tanto sin magia, os he preparado este botiquín de primeros auxilios.
- Vaaaaaaaaaaale. - Contestó Matilda que estaba fastidiada por perder las pastas-

Se despidieron y salieron a buscar su aventura.

- ¡Adiós, Iker Plumillas y Matilda Porter! - Gritó Pirú desde dentro provocando la risa de los amigos que desayunaban en ese momento.

- Muy graciositos están todos hoy, ¿no? - Protestó Matilda-

Atravesaron el bosque y al fin llegaron a casa de don Avelino. Se trataba de una construcción a base de cántaros que a nuestros amigos llamó muchísimo la atención.
Enseguida vino don Avelino.

- ¡No me habías dicho que es un conejo! - Comentó Matilda por lo bajo-
- ¿Racista a estas alturas?
- ¡No, idiota!, pero me gusta saber con quien voy a verme. Por cierto, que tiene chocolate en la nariz.
- ¿Por qué crees que se apellida Churrete?
- ¿Algún problema? - Preguntó don Avelino.-
- No, no, ninguno. - Se apresuró Plumillas-
- Pasad por favor, os contaré lo que ocurre.



Se adentraron por un verdadero laberinto de túneles y cántaros. Don Avelino les enseñaba su casa mientras les contaba el estrés al que estaba sometido desde hacía semanas. Cada noche, sin explicación alguna se encendían las luces, desaparecía comida y escuchaba ruidos. Grifos que se abrían solos y otras cosas que tenían al conejo muy nervioso.

- Discúlpeme  ¿No pudiera ser un ladrón el que viene a su casa cada noche? - Preguntó Matilda-
- No creas, lo he pensado. Pero ya he cambiado la cerradura un par de veces, además, lo de los grifos.... No le encuentro explicación. ¡Y el frío!

- Bien tranquilícese, echaremos un vistazo y veremos si hay algo raro. - Dijo Plumillas-
- ¿Cómo un vistazo? ¡Tendréis que quedaros a dormir! Todo sucede de noche.

Matilda y Plumillas se miraron, no estaba en sus planes dormir fuera de Casa Encantada, pero desde luego que aceptarían. El resto del día lo pasaron escuchando a don Avelino que resultó un hablador imparable. Matilda a veces bostezaba y se llevaba un codazo de Plumillas, pero es que ese conejo era más bien un loro.
A media tarde tomaron un té en el jardín y el anfitrión aprovechó para presentarles a los vecinos. Don Avelino era especialmente querido por los niños, tenía tantas historias que contar que nunca se aburrían con él. Cuando llegó la noche habían comido tanto que no sabían si podrían mantenerse en pie para cazar al supuesto fantasma.
Plumillas observaba desde su ventana el agua caer. Había comenzado a llover y desde el acogedor cuarto calentado con una chimenea, podía ver el exterior y las casas colindantes. Se caía de sueño, pero de repente... 

Una sombra cruzó el pasillo, no parecía tener pies y llevaba algo parecido a una túnica negra. Fue un instante, aunque lo suficientemente largo como para que el miedo se apoderara de nuestro amigo. En ese momento, Matilda entró rápidamente y sin llamar.

- ¿Has visto eso? ¡Qué miedooo! ¡Un ensotanao! 
- ¡Que ensotanado ni qué porras! Tiene que haber una explicación. Vayamos a echar un vistazo.

Lo dijo sin mucho convencimiento porque la lagartija se percató de que a cada paso que daba su amigo, la cola le temblaba como si estuviera conectada a la corriente.

-  Estás un poco....Acongojado, ¿no?
- ¿Yo? Pues no.

Un portazo inoportuno hizo saltar al ratón de tal manera que Matilda no pudo contener la risa. Ella también se había asustado, pero lo de Plumillas...¡Ay, el Plumis! 

- ¿Qué ha sido eso?- Preguntó Plumillas asustado-
- ¡El fantasma! Ja,ja,ja,ja,ja,ja.
- ¿Estás tonta o es que estás tonta? 
- La puerta de la calle estaba abierta, don Avelino la ha cerrado y se ha generado corriente. ¡Tenías que ver tu cara! Ja.ja,ja. Bueno, pues cuando el señor se recupere del susto, seguimos investigando.


- ¡Eres muy graciosa!- Exclamó Plumillas enfadado.

Siguieron avanzando, la luz de la cocina estaba encendida así que decidieron entrar sin hacer mucho ruido. 

- ¿Esta luz? - Preguntó Matilda señalando con su dedo la lámpara del techo-
- La apagué yo personalmente hará media hora. Vine a beber agua.

Matilda se estremeció.

- Igual fue don Avelino - Dijo Matilda-
- No, señorita - Se escuchó la voz del conejo que alertado por los golpes se había dirigido a la cocina- Yo estaba en mi habitación y me levanté a cerrar la puerta de la calle. La dejamos entreabierta y la lluvia y el viento se colaban.
- Entonces.... - Plumillas dejó la palabra flotando en el aire-
- Para eso os llamé. Y ahora si me disculpáis me vuelvo a mi cuarto. Mañana nos vemos en el desayuno.

Don Avelino dio media vuelta y se marchó por donde había venido.

La noche fue larga y aunque nuestros amigos pusieron todo su empeño, no lograron descifrar qué estaba pasando en aquella casa. A las cuatro de la mañana se fueron a dormir y al día siguiente, las luces volvieron a aparecer encendidas. La despensa había sido prácticamente saqueada.

- ¡Pero bueno! - Don Avelino estaba enfadado- ¡Os he traído para impedir esto! ¿Y qué hacéis? Dormir...
- Pero señor Churrete, verá.... - Habló Plumillas-
- ¡Ni señor Churrete ni señor Churreta! ¡Se han llevado mis provisiones! Ahora tendré que salir al comercio de Rafalito Cortés para que podáis desayunar. ¡Negligentes!

Matilda estaba detrás de don Avelino haciendo burla al conejo y Plumillas no podía aguantar la risa.

- ¿Te hace gracia? - Preguntó el conejo cada vez más enfadado- 
- No, no, disculpe es que me he acordado del susto de ayer y...
- ¡Ahora vuelvo!

Y le vieron perderse en el bosque en busca de nuevas viandas. Matilda no podía aguantar la risa.

- ¡Eres malísima! Qué mal rato me has hecho pasar...
- Ja,ja,ja,ja. ¿Has visto que tenía todo el hocico manchado de chocolate? Para mí que tiene otra despensa en su cuarto y se pone fino. A ver si va a ser sonámbulo y se come sus propia comida sin saberlo.
- Pues no hay que descartarlo. Lo investigaremos esta noche. 

A don Avelino se le pasó el enfado en cuanto Matilda le contó sus aventuras con los ojáncanos. Si era capaz de enfrentarse a esos seres, estaba claro que podría con un fantasmilla de tres al cuarto. El día lo pasaron preparando "trampas" para el fantasma y volviendo a llenar la despensa de dulces, frutos secos, leche... Y al fin llegó la noche, esta vez no pensaban acostarse así que darían de una vez con el fenómeno que alteraba la tranquilidad de aquella casa. Plumillas sacó su cámara de fotos infrarroja, no se le escaparía nada de nada.


En el cuarto de Matilda aguardaban alguna señal que indicara que el fantasma había hecho acto de presencia, pero la noche trascurría tranquila.

- Tú verás como no aparezca - Se impacientó Matilda-
- Salgamos al pasillo, pero sin encender la luz.

Los intrépidos investigadores recorrieron el pasillo a oscuras, habían memorizado las trampas y las evitaron sin problemas. De repente..., frío.

- ¿Lo notas? 
- Sí, Matilda. Es la bajada de temperatura que se advierte antes de que ocurran determinados fenómenos.

Un ruido tremendo vino de la cocina, los amigos encendieron luces y corrieron hacia el lugar donde los ruidos se hacían cada vez más intensos. Antes de abrir la puerta, el silencio de nuevo.

- ¿Abres tú o abro yo? - Preguntó Matilda- ¿Quieres soltar el picaporte? ¡Plumis!

Nuestro amigo se había quedado paralizado por el miedo. Solo al encenderse la luz de la cocina reaccionó y en ese instante, una sorpresa les saltó ante sus narices.


- ¡Bizcocho! ¿Tú? ¿Tú eres el fantasma?
- ¡Sssshhhhh! ¡No hagáis ruido que el conejo se despierta!
- Pero...¡Tendrás poca vergüenza! - Exclamó Plumillas- ¿Es que no tienes bastante con la despensa de Cada Encantada?
- ¡Es que Blasito le ha echado la llave! dice la boti que como muchos dulces y los otros... ¡Pues con tal de fastidiarme no me dejan entrar!
- A ver, Bizcocho - Habló Matilda- No puedes ir por ahí comiéndote las viandas ajenas, además, ¿tú sabes el susto que le das cada noche a don Avelino? ¡Cree que tiene un fantasma en la casa porque te dejas las luces encendidas y abres grifos!
- Claro, es que me tengo que lavar las manos antes y después de comer. ¡Mira estos marranos! ¿Es que vosotros no lo hacéis? Luego si se me olvida apagar alguna lucecilla.....
- ¿Y el ensotanado? ¿Y el frío repentino? - Preguntó Plumillas-
- Es que entro por una de las claraboyas del techo y como se queda abierta hace corriente. Pero del ensotanado ese del que habláis yo no sé nada.

Matilda vio algo parecido a un chaquetón azul marino con capucha sobre una silla. Levantándolo preguntó.

- ¿Esto es tuyo?
- Sí..., es que hace mucho frío. Es una capa que me regaló Pirú igual a la suya, pero en azul.
- Está bien, Bizcocho. Hablaré con Blasito y Benito para que te dejen comer algunos dulces, pero tendrás que pedir perdón a don Avelino por todos los trastornos que le has acarreado. -Propuso Plumillas-
- Se va a enfadar.... - Dijo Bizcocho llevándose una galleta a la boca-

Al ratón goloso no le quedó otra que disculparse, al principio don Avelino se enfadó muchísimo pero luego, escuchando al gracioso Bizcocho, decidió perdonarlo. Eso sí..., todos los días tendría que acompañar al conejo a la compra y luego colocar todo en la estantería. Así durante un mes, que era el tiempo que Pirú había decidido sería necesario para resarcir de todos los trastornos a don Avelino.
Y fue así, con esta historia, como se inauguró uno de los programas más famosos de la radio de Casa Encantada, <<Cuarto Ratenio>> Si habéis tenido alguna experiencia fuera de lo normal, contádselo a Plumillas y Matilda y os solucionarán todo en un pis pas.

NOTA: Los ratoncitos y lagartija han sido extraídos de Pinterest, si tú eres su propietario, por favor, contacta conmigo para poder publicitarte y facilitar que vendas tus creaciones. Si deseas que los retire, respetaré tu decisión. GRACIAS.

viernes, 11 de diciembre de 2020

PREPARANDO LA NAVIDAD con intrusos en el jardín.

Como cada año por estas fechas, los habitantes de Casa Encantada se reunían para decidir los adornos navideños. No había días más esperados en el calendario porque significaba, no solo participar en la decoración, sino ratos divertidísimos y meriendas aún mejores tras finalizar las tareas.
Blasito y don Leonardo decidieron ir a avisar al mago Pirú que estaba enfrascado en un hechizo que no acababa de salirle, al llegar a la puerta de su lugar de trabajo, una luz brillante emanaba de ella. Solía ocurrir siempre que el mago trabajaba en sus cosas. 
Últimamente le había dado por crear luces muy brillantes que se sostuvieran en el aire, quería darles una sorpresa a sus amigos por Navidad, pero algo fallaba. Tras tender la red mágica y brillante, aguantaba unos segundos y se desvanecía. Algo fallaba, pero no sabía qué. En eso estaba cuando tocaron a la puerta.

- ¡Pirú! Vamos, deja lo que sea que traigas entre manos. ¡Ha llegado la hora de adornar Casa Encantada! - Dijo Blasito, el ratón cocinero que había preparado junto a Benito, la mejor merienda que se recordara en años- 
- ¡Un segundo, por favor! -Pirú hizo desaparecer las luces que había creado y salió para encontrarse con sus amigos- Bueno, pues vamos  junto a los demás y veremos qué se les ocurre para esta Navidad.

Se dirigieron al salón donde se reunían los habitantes de la casa. Habían empezado una discusión de si era conveniente o no poner luces en el exterior. Smaugui era partidario de adornar tanto exterior como interior, de ese modo podría ver Casa Encantada iluminada desde su cueva. En cambio, Teresa Recetillas pensaba que era mejor limitarse a los adornos interiores. Envueltos en su particular discusión, no vieron entrar al mago.

- Bueno, bueno, veo que habéis empezado sin mí.
- ¡Pirú! -Exclamó Bizcocho que lejos de opinar, estaba dando buena cuenta de un bocadillo de chocolate- Yo opino que hay que traer más chocolate.

El comentario del ratón goloso hizo reír a todos. ¡Solo pensaba en dulces! Pero había un trabajo que hacer y rápido se reunieron en torno al agradable fuego que desprendía la chimenea.

De repente, una música entrañable recorrió el salón de esquina a esquina. La Navidad había llegado a Casa Encantada, no sin la habitual discusión entre Plumillas y Matilda, que no se ponían de acuerdo en los villancicos. 

- ¡Bien! -Exclamó la seño Yolanda- Ahora sí podemos ponernos manos a la obra. ¿Quién me acompaña a la buhardilla a por las cajas?
- ¡Oh, permíteme! ¿Para qué queréis un mago en esta casa? - Dijo Pirú divertido-

El mago giró su báculo, dijo unas palabras mágicas y las cajas comenzaron a llegar una a una. Los habitantes de Casa Encantada aplaudieron mientras ordenadamente se iban colocando unas junto a otras en la alfombra.

- Bien, veamos qué tenemos - Dijo el mago-
- ¡Un momentoooo! - Matilda acababa de llegar a toda prisa seguida de Plumillas- Ahora ya estamos todos.

Las cajas se fueron abriendo una a una y la revoltosa lagartija, cada vez que se descubría alguna con espumillón, se metía dentro porque las cintas le hacían cosquillas y además le dejaban una pátina de brillo muy divertida sobre su bonita piel verde. Hasta que...

- ¡Socorro! ¡Plumillas! ¡Pirú! 

Se había liado en un espumillón y no podía salir, todos sus esfuerzos solo servían para enredarse más y hundirse en el fondo de la caja.

- ¡Matilda! ¿Dónde estás? - Preguntó Plumillas elevando la voz-

Había muchas cajas, una a una fueron vaciando su contenido hasta que en una apareció la lagartija totalmente cubierta de brillantina roja, blanca, azul.... Y enredada en un espumillón gordísimo que hacía que apenas se le viera.

- ¡Pero!... ¿Se puede saber porqué te metes ahí? - Preguntó Pirú - ¡Todos los años la misma historia! ¡Pero qué animal más tonto!

La lagartija fue liberada por sus amigos y continuaron con su misión que no era otra que descubrir todos los adornos y decidir qué poner.

- Chicos ¿Qué os parece si pongo esto en la chimenea? - Propuso Teresa- 
- ¡Oh! Precioso - Apuntó Yolanda-


- Qué maravilla, Teresa, te ha quedado muy bonito - Le dijo don Leonardo-

La tarde transcurría tranquila, fuera hacía frío pero Smaugui se encargaba de mantener la casa calentita con sus llamaradas. Él se encargaba también de colgar los adornos del exterior de la casa y de los árboles. La verdad es que le estaba quedando de maravilla.

Bizcocho estaba colgando unos adornos en el árbol cuando advirtió algo o alguien correteando por el jardín. Se frotó los ojos, pensaba que veía alucinaciones, pero no... ¿Cómo era posible que el culebre no lo hubiera visto? ¿Y la campana de protección de la casa? ¿Había fallado? Estaba absorto en sus pensamientos cuando una mano se posó sobre su hombro y dio un respingo.

- Lo siento, no quería asustarte - Le dijo Plumillas-
- ¿Has visto eso? - Le espetó el ratón señalando con su dedo a la ventana-
- No... ¿Qué has visto?
. No lo sé, algo se estaba moviendo en el jardín y no era Smaugui.
- ¿Estás seguro? Nadie puede traspasar la campana de seguridad de Pirú. Si has visto algo es que la campana ha fallado. No digas nada y vamos al exterior. ¡Pero suelta la galleta por el amor de Dios!

Los ratones se dirigieron afuera con la excusa de recoger algunas hierbas y ramas de eucalipto, de paso echaron un vistazo para ver qué ocurría.

- ¿Dónde lo has visto exactamente? - Preguntó Plumillas-
- En el camino.

Estaba oscureciendo, las sombras de los árboles se proyectaban sobre la hierba y formaban figuras fantasmagóricas. A eso se unía el silencio que sumía al bosque en las noches próximas al invierno.

- Se ve un resplandor al fondo y si no me equivoco viene de la cueva de Smaugui, es raro que no esté aquí, ha dejado la decoración de los árboles a medias. - Advirtió Plumillas- Vamos a ver qué pasa.

En ese momento, alguien se unía a los exploradores.

- ¡De aquí no se va nadie sin mí!

Matilda aparecía con su arco dispuesta a lo que fuera para descubrir lo que sea que estuvieran buscando.

- ¿Me contáis qué pasa? - Preguntó la lagartija-
- No lo sabemos -Contestó Bizcocho- He visto algo o alguien corriendo por el jardín y queremos saber. A eso hay que añadir que Smaugui está lanzando llamaradas como un loco en lugar de estar adornando la casa por fuera.

Matilda palideció al escuchar aquello, si un intruso había podido entrar en la Casa desconociendo las palabras mágicas, es que la seguridad creada por el mago estaba fallando. ¿Estarían en peligro?  Los tres amigos se encaminaron hasta la cueva del culebre que se empleaba a fondo lanzando fuego en todas direcciones.


- ¡Smaugui! ¡Para, para! ¡Somos nosotros! - Gritó Plumillas-

El culebre paró de escupir fuego y se irguió sobre sus patas traseras. De su nariz salía un humo denso que olía a azufre.

- ¡Hermano! Tienes que lavarte bien los dientes. ¡Puf qué peste! - Exclamó Matilda sacudiendo su mano de derecha a izquierda-
- ¡Hola chicos! ¡Hay un intruso en la casa! Lo he visto y he empezado a lanzarle fuego, pero no sé dónde se ha metido. Corrió en esta dirección - Dijo señalando al este de la cueva que le servía de casa-
- Yo he visto algo también, por eso hemos venido -Contestó Bizcocho-
- Es un hombre - Se apresuró a hablar de nuevo Smaugui- Viste con ropas de colores llamativas y con ese atuendo de verdad que no puede haber ido muy lejos.
- Un momento... - Levantó las manos Plumillas para tomar la palabra - ¿Le has lanzado fuego sin preguntar si quiera quien es o qué hacía aquí? Smaugui.... ¿Y si es un mago amigo de Pirú?

El culebre enmudeció, de repente cayó en la cuenta de que se había dejado llevar por su celo de proteger a sus amigos y ni siquiera se había tomado la molestia de averiguar qué hacía allí ese hombre.

- Oh...,vaya. -Balbuceó retrocediendo unos pasos- Tienes razón, no he preguntado.
- Volvamos a casa, es tarde ya. Mañana seguiremos con la búsqueda. Esperemos que no le haya pasado nada. - Propuso Plumillas-

Preocupados, volvieron a la Casa, no sin antes recoger unas ramas de eucalipto para adornar las mesas y así disimular su ausencia.
Al día siguiente, nada más desayunar se pusieron a adornar puertas y pasillos. Pirú se dio cuenta de que Bizcocho, Pirú y Matilda traían algo entre manos porque hablaban bajito y gesticulaban constantemente, pero por una vez quería estar tranquilo. Si había problemas, tarde o temprano se enteraría. Es lo que tenía aquella casa que las alegrías y los problemas eran cosa de todos.

- Creo que deberíamos echar un vistazo fuera mientras los demás están entretenidos con los adornos - Propuso Bizcocho-
- Yo traigo mi arco, no se sabe qué podemos encontrar - Dijo Matilda-
- Muy bien, he avisado a Smaugui para que nos espere en su casa. En marcha. Dijo Plumillas- ¡Pero deja las galletas, Bizcocho!


Smaugui los recibió nervioso, había visto de nuevo al hombre merodeando por los alrededores. Esta vez intentó acercarse amistosamente pero este nada más verlo salió como alma que lleva el Diablo. Lógico después del recibimiento del día anterior.

- ¿Crees que puede ser peligroso? - Preguntó Matilda-
- No lo sé. Yo lo vi asomándose por una de las ventanas del salón ayer por la tarde. Salió corriendo y todo lo demás ya lo sabéis - Dijo Smaugui-

Los cuatro amigos recorrieron los alrededores, pero ni rastro del extraño que los había  llevado hasta allí. Regresaron a la casa donde Pirú los esperaba. 

- ¿Me vais a contar qué está pasando? 

Pirú sabía que tenia que ser grave si los tres amigos iban con arco y además Smaugui olía a azufre. Implicaba que había utilizado su fuego recientemente y quería saber porqué. Le explicaron lo que vieron el día anterior y el mago puso el grito en el cielo.

- ¿Me estáis diciendo que un intruso se ha saltado la seguridad de Casa Encantada y anda merodeando por los alrededores? -¡Insensatos! ¡Debíais haberme avisado! 
- Tranquilo Pirú, estamos vigilando por si aparece de nuevo - Habló Matilda-

El mago los llamó aparte y les exigió que le contaran todo desde el principio. Luego revisó la campana de seguridad. Nada, todo estaba en orden. Se tomaban junto a la chimenea un menta poleo para relajarse cuando de repente algo se vio por la ventana.



Se miraron asombrados. ¡Elfos! ¡Eran elfos! En ese momento vieron a Smaugui cruzar como una exhalación. ¡Se mascaba la tragedia! 

- ¡Smauguiiiii, noooo! - Gritó Pirú saliendo al jardín apresuradamente-

El culebre al oír la voz del mago se paró en seco. Estaba confundido así que esperó a que sus amigos se acercasen.

- ¡Son elfos, Smaugui! ¡No puedes chamuscar elfos! - Gritó Plumillas!-
- No sé qué son esos enanos extravagantes - Dijo el culebre con cara de enfado y señalando por donde los personajes se habían perdido corriendo-

Matilda abrió los ojos tanto que se le saldrían si no parpadeaba en dos segundos.

- Hermano.... Tienes un lío morrocotudo con la historia de la Navidad. A ver: ¿Sabes quién es Santa Claus? Papá Noel para los coleguitas. El tío de la Coca-Cola, vamos.

El culebre asintió con la cabeza.

- ¡Pues son sus ayudantes! ¡Gaznápiro! - Exclamó Matilda enfadadísima-


- Bueno, vamos a calmarnos - El mago levantó las manos en señal de paz- Ahora tenemos que saber dónde están y pedirles disculpas. Luego saber qué necesitan, no es casual que estén aquí.
- ¡Estos no son los que vi el otro día! ¡Hay otro! ¡Un hombre! Ya os lo dije. Pero hoy..., pues hoy han aparecido esos.... - Dijo Smaugui enfadado y confundido-
- Tiene razón el culebre. No es lo que vimos ayer. - Salió Bizcocho en su ayuda-
- Pues entonces estamos como al principio - Se lamentó el mago- Plumillas, tú y Matilda id a buscar a los elfos e invitadlos a casa. Deben estar asustados. Bizcocho y Smaugui, seguidme, voy a consultar la bola de cristal para saber qué está pasando.

Se quedaron mudos. Pirú no solía consultar la bola, era peligroso, pero esta vez lo consideraba necesario. No sabían quién podía estar ahí fuera ni qué intenciones tenía. El extraño artefacto estaba en su laboratorio, pero el mago no lo quiso utilizar en la casa así que lo envolvió en un paño y lo llevó lejos. 
Smaugui y Bizcocho estaban atentos a todos los movimientos de su amigo. Se sentaron en la hierba y el mago dejó la bola en el medio, acto seguido pidió a sus acompañantes que se dieran la mano para cerrar un círculo en torno a ella. Enseguida una llamarada blanca y brillante salió de aquel artefacto, Bizcocho se sobresaltó y estuvo a punto de soltar la mano de Pirú, pero este lo sostuvo. El mago, cerró los ojos y dijo unas palabras que ninguno pudo entender, al instante, la nube entró de nuevo en la bola y comenzó a dar vueltas en su interior hasta que se fue difuminando y apareció una imagen nítida dentro. Era un paje real, un paje de SSMM los Reyes de Oriente.

- Ahora sí que la he liado buena...- Susurró Smaugui- No me van a traer nada de regalos, Pirú...
- ¡Tranquilo! Hablaremos con él y le diremos lo que ha pasado. - Intentó tranquilizar Bizcocho a su amigo-

En ese momento, Plumillas y Matilda volvían con los elfos y, ¡sorpresa! Con un paje real vestido con ropas verdes y ocres muy brillantes. Smaugui salió corriendo y se escondió en su cueva, no hizo caso de las llamadas reiteradas de Pirú y sus amigos, prefirió esconderse muerto de la vergüenza.

- Queridos amigos, primero quiero disculparme por lo que ha pasado. Y disculpar a Smaugui, que en su celo de protegernos no supo ver que sois seres mágicos. - Dijo Pirú dirigiéndose a los elfos- Ni tampoco supo distinguir  a un paje de SSMM de Oriente. Lo lamento profundamente.

El paje tomó la palabra.

- Acepto las disculpas, pero he tenido que cambiarme de traje dos veces porque ese culebre tiene una puntería...

Todos se rieron. Matilda fue corriendo a ver a su amigo que estaba desconsolado pensando que no le traerían nada de nada. Se había portado fatal. La lagartija trataba de animarlo, pero no había manera. Tampoco lo pudo convencer para que se acercara a la casa y colocara las últimas guirnaldas en los balcones exteriores.
Esa tarde, hubo una fiesta en honor de tan ilustres invitados, pero antes Pirú quiso saber qué les había traído hasta Casa Encantada.

- Pues verás - Dijo uno de los elfos- Simplemente, descansar. Venimos de muy lejos y vamos a Madrid, a solicitar a Su Majestad el Rey el permiso especial para que Santa pueda atravesar el cielo español sin problemas. Y para que SSMM los Reyes de Oriente, puedan entrar en España sin ser detenidos. Con esto del COVID, los humanos tienen restricciones, ya sabéis. 
- No hay muchas casas mágicas de aquí a Madrid que digamos -interrumpió el paje- Así que decidimos pedir que nos dierais habitación aquí.  Lo demás..., lo conocéis. Salio Smaugui y me chamuscó, así que pensamos en volver hoy a ver si teníamos más suerte.
- Pero... ¿Habéis dormido al raso? - Preguntó Bizcocho-
- No, tenemos nuestras propias tiendas, pero no son tan cómodas como una habitación. - Dijo un elfo-
- ¡Ni tan calentitas! - Aclaró el otro-

Tenéis que hablar con Smaugui, está muy triste porque cree que no tendrá regalos - Les informó Matilda- No quiere venir a la fiesta, ni quiere comer, ni salir de su cueva.

Los mágicos visitantes no dudaron en visitar al culebre, al que encontraron llorando como una magdalena. El paje de los Reyes Magos le contó que no pensaban castigarle, solo pedirle que la próxima vez, antes de lanzar llamaradas se asegurara de que no había peligro para nadie. A Smaugui le encantó oír aquello y como buen zalamero que era, se brindó para llevarlos hasta Madrid, de ese modo, haría méritos para tener buenos regalos.
Con tanto mago por allí, la decoración de la casa acabó rápido y quedó muy bonita, por no hablar de la red luminosa de Pirú, que con ayuda de sus nuevos amigos, pudo conseguir que se mantuviera en el aire.

- ¡Bravo! - Gritaron los amigos de Casa Encantada que estaban muy contentos con la visita de los elfos y el paje-

Entonces, el paje de S.M Melchor, se dirigió al centro del salón y pidió un poco de atención a todos.

- Queridos amigos, los elfos de Santa y yo estamos muy agradecidos por vuestro recibimiento.

- ¡Recibimiento caluroso! -Gritó Smaugui provocando la risa de todos-

- Sí, ¡muy caluroso! - Rio el paje - Y por eso queremos que llevéis un mensaje a todos los niños del mundo: Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente y su amigo Santa Claus podrán llegar a todos los hogares sin ningún problema. Que no tengan miedo, que no pierdan la ilusión y que duerman tranquilos porque este año ellos han sido, con diferencia, los que mejor se han portado. 
Los niños han respetado las normas mientras los mayores hacen caso omiso, lo que significa que el carbón va a llegar por toneladas a los hogares españoles. ¡Pero no para los niños! Sino para aquellos jóvenes y adultos que se han portado fatal. Esperamos que tengan estufa, porque van a tener carbón para un año entero. ¡No pongáis esas caras! Si de aquí al 24 o al 6 de enero reconducen su conducta, tendrán algún regalito. Solo los niños con su corazón limpio pueden obrar el milagro, así que estaremos muy atentos a ver qué nos cuentan en sus cartas. Y ahora... ¡Todos a cantar! ¡Feliz Navidad! 

- Plumiiiiiiiis, ¡baila conmigo que esta me gusssta mucho!. Matilda se puso a girar como una loca en torno a Plumillas y a mover la colita hasta que el ratón se animó a bailar. Lo que no consiguiera esa lagartija...



- ¡Chicooooos, algo en español, que estamos en la tierra de Cervantes! - Gritó el mago que bailaba con la seño Yolanda y Bizcocho-


Y mientras sonaba el Burrito Sabanero, la esperanza se extendió por la casa más mágica del Guadiato. Y salió a borbotones por las puertas recorriendo los pueblos y ciudades de España, diciendo a todos los que tuvieron el corazón abierto, que este año los Reyes y Santa traerían el tesoro más preciado: LA SALUD. 
Feliz Navidad a todos, no perdáis la esperanza jamás y si alguna vez no la encontráis, solo tenéis que mirar la cara de un niño. Allí vive.