jueves, 31 de diciembre de 2020

FELIZ AÑO 2021

Queridos amigos de Casa Encantada, dejamos un año que no ha sido como esperábamos, pero que nos ha enseñado a valorar más que nunca la vida. Que el 2021 venga cargado de esperanza, de cariño, de cercanía y que por fin, sea el año de los abrazos. Feliz año nuevo a todos los que habitais la casa mágica, os espero para seguir compartiendo aventuras con nuestros personajes favoritos. 

De parte de don Leonardo, el mago Pirú, Plumillas, Matilda, Bizcocho, la seño Yolanda, la boti Teresa, Smaugui, Blasito, Benito, doña Sinforosa y sus amigos, los chicos del Gambigrupo y por supuesto Gambita y Pepa, muy FELIZ 2021.



domingo, 20 de diciembre de 2020

FENÓMENOS EXTRAÑOS EN CASA ENCANTADA. Bienvenidos a Cuarto Ratenio.

Cayó la noche en Casa Encantada, el día había transcurrido entre ir y venir de amigos acarreando leña, viandas, mantas nuevas... Todo para enfilar un invierno que este año parecía adelantarse.

Mientras algunos subían a sus habitaciones a descansar, otros preferían pasar un rato en la emisora de radio. Era el caso de Plumillas y Matilda que no podían esperar para contar a sus oyentes en qué iba a consistir su nuevo programa.  Ya habían adelantado en verano que se llamaría: << Cuarto Ratenio>>
De repente, una música se escuchó en toda la casa y en todas las radios de los habitantes del Guadiato que en ese momento escuchaban la emisora de Casa Encantada.

- Buenas noches queridos amigos de Casa Encantada Radio, soy Plumillas, vuestro reportero favorito que vuelve con muchas y nuevas aventuras. En mi equipo, y como no podía ser de otra manera, Matilda, la lagartija más intrépida del Guadiato. Queremos presentaros nuestro nuevo programa: Cuarto Ratenio, que comenzará tan pronto nos hagáis llegar vuestras historias sobre sucesos inexplicables. Podéis contactar con nosotros a través de nuestra pagina web: www.casaencantada.info, correo electrónico: plumitilda@casaencantada.info o bien a través de nuestras redes sociales en Facebook, Twitter e Instagram. 
Nos trasladaremos hasta el lugar para en vivo, comprobar todo aquello que nos contéis. Arrancamos el sábado noche, no os lo perdáis.

A una señal del ratón, Matilda subió la música y en pocos minutos, comenzaron a llegar historias de todas partes contado sucesos dignos de su atención.

- Mira Plumillas, he recibido un correo electrónico de don Avelino Churrete.
- ¿Algo interesante?
- Sí, al parecer en su casa desaparecen cosas y hay ruidos que no puede explicar. Nos pide que vayamos a investigar a ver si podemos ayudarle.
- Estupendo, dile que mañana sin falta estaremos allí a inspeccionar la casa.

El día siguiente amaneció con lluvia, como podéis imaginar a Matilda no le gustaba nada el tiempo porque su verde brillante empezaba a desvanecerse por momentos. No, no era el clima adecuado para una lagartija, pero eso no la detendría en su trabajo así que a las nueve de la mañana estaba en el comedor esperando a Plumillas para desayunar. Mientras el ratón llegaba, Matilda conversaba con la seño Yolanda que le explicaba la vuelta al cole de los más pequeños.

- Así que este año tenemos a la hija de Lucinda, la oveja del cruce Los Molinos y a Rosita Montesinos, la abubilla que ya conoces. - Explicó llevándose la taza de té a los labios-
- ¡Sí! Rosita es muy lista, ya veras que buena alumna.

En ese momento, a Matilda y Yolanda se unieron Pirú, don Leonardo y Teresa, la boti, que antes de abrir la farmacia pasaba siempre a desayunar con sus amigos. No tardó en llegar Plumillas cargando con una aparatosa mochila.

- Pero... ¿Qué llevas ahí? - Preguntó Pirú-
- Todo lo necesario para nuestra investigación en casa de don Avelino Churrete. Fenómenos extraños, querido Pirú.
- Ya... - Murmuró Pirú mesándose la barba-
- También llevamos un tentempié para el camino.
- ¿Y en qué consiste? Si puede saberse... -Preguntó Teresa-
- Té con pastas, mira.

Teresa cogió el paquete de pastas y puso cara de asombro.

- ¿Pero tú sabes lo que lleva esto? ¡Insensato! Aceite de palma, potenciadores del sabor, conservantes a tutiplén, azúcar... ¡Bueno, bueno, no quiero seguir leyendo! 
- Pero..., si las he comprado en el Ratadona.
- ¡Como si las compras en el Ratefour! Lo tiro ahora mismo y traigo unas galletas que hice ayer para mis niños.  ¡Os vais a chupar a los dedos!

Sin dar opción a Plumillas, Teresa se deshizo del paquete de pastas y volvió con una cajita que ya olía bien sin abrirla.

- Toma, anda. Os he puesto también dos piezas de fruta, unos frutos secos y leche Con eso aguantaréis bien hasta el mediodía. ¡Ah! Y como vais sin Pirú, y por lo tanto sin magia, os he preparado este botiquín de primeros auxilios.
- Vaaaaaaaaaaale. - Contestó Matilda que estaba fastidiada por perder las pastas-

Se despidieron y salieron a buscar su aventura.

- ¡Adiós, Iker Plumillas y Matilda Porter! - Gritó Pirú desde dentro provocando la risa de los amigos que desayunaban en ese momento.

- Muy graciositos están todos hoy, ¿no? - Protestó Matilda-

Atravesaron el bosque y al fin llegaron a casa de don Avelino. Se trataba de una construcción a base de cántaros que a nuestros amigos llamó muchísimo la atención.
Enseguida vino don Avelino.

- ¡No me habías dicho que es un conejo! - Comentó Matilda por lo bajo-
- ¿Racista a estas alturas?
- ¡No, idiota!, pero me gusta saber con quien voy a verme. Por cierto, que tiene chocolate en la nariz.
- ¿Por qué crees que se apellida Churrete?
- ¿Algún problema? - Preguntó don Avelino.-
- No, no, ninguno. - Se apresuró Plumillas-
- Pasad por favor, os contaré lo que ocurre.



Se adentraron por un verdadero laberinto de túneles y cántaros. Don Avelino les enseñaba su casa mientras les contaba el estrés al que estaba sometido desde hacía semanas. Cada noche, sin explicación alguna se encendían las luces, desaparecía comida y escuchaba ruidos. Grifos que se abrían solos y otras cosas que tenían al conejo muy nervioso.

- Discúlpeme  ¿No pudiera ser un ladrón el que viene a su casa cada noche? - Preguntó Matilda-
- No creas, lo he pensado. Pero ya he cambiado la cerradura un par de veces, además, lo de los grifos.... No le encuentro explicación. ¡Y el frío!

- Bien tranquilícese, echaremos un vistazo y veremos si hay algo raro. - Dijo Plumillas-
- ¿Cómo un vistazo? ¡Tendréis que quedaros a dormir! Todo sucede de noche.

Matilda y Plumillas se miraron, no estaba en sus planes dormir fuera de Casa Encantada, pero desde luego que aceptarían. El resto del día lo pasaron escuchando a don Avelino que resultó un hablador imparable. Matilda a veces bostezaba y se llevaba un codazo de Plumillas, pero es que ese conejo era más bien un loro.
A media tarde tomaron un té en el jardín y el anfitrión aprovechó para presentarles a los vecinos. Don Avelino era especialmente querido por los niños, tenía tantas historias que contar que nunca se aburrían con él. Cuando llegó la noche habían comido tanto que no sabían si podrían mantenerse en pie para cazar al supuesto fantasma.
Plumillas observaba desde su ventana el agua caer. Había comenzado a llover y desde el acogedor cuarto calentado con una chimenea, podía ver el exterior y las casas colindantes. Se caía de sueño, pero de repente... 

Una sombra cruzó el pasillo, no parecía tener pies y llevaba algo parecido a una túnica negra. Fue un instante, aunque lo suficientemente largo como para que el miedo se apoderara de nuestro amigo. En ese momento, Matilda entró rápidamente y sin llamar.

- ¿Has visto eso? ¡Qué miedooo! ¡Un ensotanao! 
- ¡Que ensotanado ni qué porras! Tiene que haber una explicación. Vayamos a echar un vistazo.

Lo dijo sin mucho convencimiento porque la lagartija se percató de que a cada paso que daba su amigo, la cola le temblaba como si estuviera conectada a la corriente.

-  Estás un poco....Acongojado, ¿no?
- ¿Yo? Pues no.

Un portazo inoportuno hizo saltar al ratón de tal manera que Matilda no pudo contener la risa. Ella también se había asustado, pero lo de Plumillas...¡Ay, el Plumis! 

- ¿Qué ha sido eso?- Preguntó Plumillas asustado-
- ¡El fantasma! Ja,ja,ja,ja,ja,ja.
- ¿Estás tonta o es que estás tonta? 
- La puerta de la calle estaba abierta, don Avelino la ha cerrado y se ha generado corriente. ¡Tenías que ver tu cara! Ja.ja,ja. Bueno, pues cuando el señor se recupere del susto, seguimos investigando.


- ¡Eres muy graciosa!- Exclamó Plumillas enfadado.

Siguieron avanzando, la luz de la cocina estaba encendida así que decidieron entrar sin hacer mucho ruido. 

- ¿Esta luz? - Preguntó Matilda señalando con su dedo la lámpara del techo-
- La apagué yo personalmente hará media hora. Vine a beber agua.

Matilda se estremeció.

- Igual fue don Avelino - Dijo Matilda-
- No, señorita - Se escuchó la voz del conejo que alertado por los golpes se había dirigido a la cocina- Yo estaba en mi habitación y me levanté a cerrar la puerta de la calle. La dejamos entreabierta y la lluvia y el viento se colaban.
- Entonces.... - Plumillas dejó la palabra flotando en el aire-
- Para eso os llamé. Y ahora si me disculpáis me vuelvo a mi cuarto. Mañana nos vemos en el desayuno.

Don Avelino dio media vuelta y se marchó por donde había venido.

La noche fue larga y aunque nuestros amigos pusieron todo su empeño, no lograron descifrar qué estaba pasando en aquella casa. A las cuatro de la mañana se fueron a dormir y al día siguiente, las luces volvieron a aparecer encendidas. La despensa había sido prácticamente saqueada.

- ¡Pero bueno! - Don Avelino estaba enfadado- ¡Os he traído para impedir esto! ¿Y qué hacéis? Dormir...
- Pero señor Churrete, verá.... - Habló Plumillas-
- ¡Ni señor Churrete ni señor Churreta! ¡Se han llevado mis provisiones! Ahora tendré que salir al comercio de Rafalito Cortés para que podáis desayunar. ¡Negligentes!

Matilda estaba detrás de don Avelino haciendo burla al conejo y Plumillas no podía aguantar la risa.

- ¿Te hace gracia? - Preguntó el conejo cada vez más enfadado- 
- No, no, disculpe es que me he acordado del susto de ayer y...
- ¡Ahora vuelvo!

Y le vieron perderse en el bosque en busca de nuevas viandas. Matilda no podía aguantar la risa.

- ¡Eres malísima! Qué mal rato me has hecho pasar...
- Ja,ja,ja,ja. ¿Has visto que tenía todo el hocico manchado de chocolate? Para mí que tiene otra despensa en su cuarto y se pone fino. A ver si va a ser sonámbulo y se come sus propia comida sin saberlo.
- Pues no hay que descartarlo. Lo investigaremos esta noche. 

A don Avelino se le pasó el enfado en cuanto Matilda le contó sus aventuras con los ojáncanos. Si era capaz de enfrentarse a esos seres, estaba claro que podría con un fantasmilla de tres al cuarto. El día lo pasaron preparando "trampas" para el fantasma y volviendo a llenar la despensa de dulces, frutos secos, leche... Y al fin llegó la noche, esta vez no pensaban acostarse así que darían de una vez con el fenómeno que alteraba la tranquilidad de aquella casa. Plumillas sacó su cámara de fotos infrarroja, no se le escaparía nada de nada.


En el cuarto de Matilda aguardaban alguna señal que indicara que el fantasma había hecho acto de presencia, pero la noche trascurría tranquila.

- Tú verás como no aparezca - Se impacientó Matilda-
- Salgamos al pasillo, pero sin encender la luz.

Los intrépidos investigadores recorrieron el pasillo a oscuras, habían memorizado las trampas y las evitaron sin problemas. De repente..., frío.

- ¿Lo notas? 
- Sí, Matilda. Es la bajada de temperatura que se advierte antes de que ocurran determinados fenómenos.

Un ruido tremendo vino de la cocina, los amigos encendieron luces y corrieron hacia el lugar donde los ruidos se hacían cada vez más intensos. Antes de abrir la puerta, el silencio de nuevo.

- ¿Abres tú o abro yo? - Preguntó Matilda- ¿Quieres soltar el picaporte? ¡Plumis!

Nuestro amigo se había quedado paralizado por el miedo. Solo al encenderse la luz de la cocina reaccionó y en ese instante, una sorpresa les saltó ante sus narices.


- ¡Bizcocho! ¿Tú? ¿Tú eres el fantasma?
- ¡Sssshhhhh! ¡No hagáis ruido que el conejo se despierta!
- Pero...¡Tendrás poca vergüenza! - Exclamó Plumillas- ¿Es que no tienes bastante con la despensa de Cada Encantada?
- ¡Es que Blasito le ha echado la llave! dice la boti que como muchos dulces y los otros... ¡Pues con tal de fastidiarme no me dejan entrar!
- A ver, Bizcocho - Habló Matilda- No puedes ir por ahí comiéndote las viandas ajenas, además, ¿tú sabes el susto que le das cada noche a don Avelino? ¡Cree que tiene un fantasma en la casa porque te dejas las luces encendidas y abres grifos!
- Claro, es que me tengo que lavar las manos antes y después de comer. ¡Mira estos marranos! ¿Es que vosotros no lo hacéis? Luego si se me olvida apagar alguna lucecilla.....
- ¿Y el ensotanado? ¿Y el frío repentino? - Preguntó Plumillas-
- Es que entro por una de las claraboyas del techo y como se queda abierta hace corriente. Pero del ensotanado ese del que habláis yo no sé nada.

Matilda vio algo parecido a un chaquetón azul marino con capucha sobre una silla. Levantándolo preguntó.

- ¿Esto es tuyo?
- Sí..., es que hace mucho frío. Es una capa que me regaló Pirú igual a la suya, pero en azul.
- Está bien, Bizcocho. Hablaré con Blasito y Benito para que te dejen comer algunos dulces, pero tendrás que pedir perdón a don Avelino por todos los trastornos que le has acarreado. -Propuso Plumillas-
- Se va a enfadar.... - Dijo Bizcocho llevándose una galleta a la boca-

Al ratón goloso no le quedó otra que disculparse, al principio don Avelino se enfadó muchísimo pero luego, escuchando al gracioso Bizcocho, decidió perdonarlo. Eso sí..., todos los días tendría que acompañar al conejo a la compra y luego colocar todo en la estantería. Así durante un mes, que era el tiempo que Pirú había decidido sería necesario para resarcir de todos los trastornos a don Avelino.
Y fue así, con esta historia, como se inauguró uno de los programas más famosos de la radio de Casa Encantada, <<Cuarto Ratenio>> Si habéis tenido alguna experiencia fuera de lo normal, contádselo a Plumillas y Matilda y os solucionarán todo en un pis pas.

NOTA: Los ratoncitos y lagartija han sido extraídos de Pinterest, si tú eres su propietario, por favor, contacta conmigo para poder publicitarte y facilitar que vendas tus creaciones. Si deseas que los retire, respetaré tu decisión. GRACIAS.

lunes, 16 de noviembre de 2020

La desaparición de Plumillas y la visita a la señora Tintas.

La lluvia en Casa Encantada siempre era bienvenida, a don Leonardo Peinacanas le gustaba que todos se sentaran alrededor de la chimenea y contaran cuentos. A veces..., contaban historias de miedo, pero solo cuando los peques no estaban.
La tarde del sábado se intuía gris y pasada por agua así que lo mejor era improvisar algo en el salón y acompañarlo de dulces y rico chocolate. Benito y Blasito, nuestros ratones cocineros, ya se habían puesto manos a la obra y de la cocina salía un delicioso olor a pasteles que tenía a todos con hambre de lobo. 
Smaugui había caldeado toda la casa en dos llamaradas y ahora estaba asomado a su ventana, desde donde podía estar con sus amigos. ¡Aaah, qué alegría tener un dragón español!

En la emisora, Plumillas y Matilda ponían música ambiental mientras buscaban los villancicos para ir preparando la Navidad.

- Mira este: "Villancicos salseros" -Dijo Matilda-

- Si se te ocurre poner eso en Navidad me marcho de la casa y no vuelvo jamás.

- ¡Qué simpático es mi Plumillas! -Exclamó Matilda molesta- Si te parece voy a poner un villancico de los ACDC, no te fastidia.

- Pues no estaría mal.

-Piis ni istiría mil... Ñeñeñe. ¡No! -Matilda sacó la lengua a su amigo-

- Hablando de marcharme. Me voy a Alicante unos días.

Matilda dejó un cd que tenía en la mano y miró asombrada a su amigo. 

- ¿Cómo que te vas? ¿Qué se te ha perdido a ti en Alicante? ¡Ni hablar, de aquí tú no te mueves! 

- Voy a ver a mis primos y me volveré después de Navidad.

La lagartija se mostró horrorizada con la respuesta de su amigo. ¡Pasar la Navidad fuera de Casa Encantada! ¡Es de locos!

- ¿Pero tú sabes lo que dices? No puedes pasar la Navidad lejos de tus amigos...

- Matilda, voy a ver a la familia, además tú te fuiste el verano pasado al norte a ver a los tuyos y nadie montó dramas.

- `¡Pero yo no me fui en Navidad! -Dijo la lagartija haciendo pucheros y volviéndose hacia la estantería de los discos-

- Vaaamos, Matilda -Dijo Plumillas acercándose a su amiga- Te enviaré mensajes todos los días y te traeré unos regalos muy bonitos.
De repente, Matilda se tiró al suelo y se hizo la muerta.

- ¿Pero se puede saber qué haces?
- Estoy haciendo "la morisión" - Dijo la lagartija abriendo un ojo-
- ¿La morisión? De verdad..., ¡tienes que dejar de escuchar reguetón, Matilda!

Y el ratón salió de la emisora un poco enfadado. Matilda cuando quería podía ser muy persuasiva, pero también muy pesada. Llegó al salón y se unió a los amigos que estaban allí contando leyendas del Guadiato, momento que aprovechó para informar a todos de que a mediados de la semana se marcharía a Alicante. Se quedaron un poco tristes al saber que la Navidad la pasaría fuera, pero no podían hacer nada, a fin de cuentas se marchaba con su familia. Smaugui se brindó a llevarlo, así no tendría que tomar trenes. 
Poco a poco llegó el miércoles, el día escogido por Plumillas para marcharse, justo salía de su habitación se encontró con Matilda que llevaba esquivándolo desde que le dio la noticia de su viaje.

- ¡Matilda! Oye, me marcho pero no me quiero ir enfadado contigo. Venga, ¿te vienes a desayunar con Bizcocho?
- Es que voy a buscar un destornillador, se me ha roto la puerta del armario y no puedo cerrarlo. - Dijo sin mirar a su amigo-
- Bueno, si quieres puedo ayudarte...
- ¡Vale! ¡Venga vamos! 

La lagartija tomó de la mano a su amigo y se perdieron en el pasillo. 
La mañana avanzaba y Smaugui aguardaba sobrevolando la casa a que su amigo bajara. Era raro, porque Plumillas solía ser muy puntual. 
Habían quedado a las diez y eran las once y media y ni rastro del ratón. El culebre habló con Pirú y este con la seño Yolanda y con Blasito, pero nadie sabía nada de Plumillas. Decidieron hablar con Matilda, ella tenía que saber algo así que se dirigieron a la emisora.

- Hola Matilda -Saludó Pirú- No sé si has visto a Plumillas, había quedado con Smaugui hace casi dos horas y no sabemos dónde está.
- ¿No? Es raro... Yo lo vi a las nueve, me ayudó a arreglar el armario que se había descolgado la puerta, pero nos despedimos y no sé más.
- Muchas gracias, Matilda, si lo ves dile que Smaugui está esperándolo -Dijo la seño Yolanda-

Cerraron la puerta y cada uno se dirigió a sus quehaceres. A las dos de la tarde, aunque nadie decía nada, todos estaban preocupados. Benito y Blasito fueron a hablar con el mago y a mostrarle su inquietud, habían consultado con algunos amigos y nadie había visto salir o entrar a Plumillas desde la noche anterior. 


Podéis adquirir estos ratoncitos en el siguiente enlace: https://www.livemaster.ru/item/10809519-kukly-igrushki-myshonok-kris 

- Hemos hablado con los Ratons Stone, pero ninguno de sus compañeros sabe nada. Esto es muy raro -Dijo Blasito-
- Pues sí..., sí que lo es - Murmuró el mago mesándose la barba- 
- Tú eres un mago, ¡algo podrás hacer! -Exclamó Benito-
- He consultado la rosa azul con la que nos comunicamos los habitantes de esta casa, pero debe estar dentro de su mochila porque solo veo objetos personales en el fondo de una tela.
- ¿Y la bola de cristal? -Preguntó de nuevo Benito-
- Es un poco peligrosa, lo sabéis, pero si mañana no ha aparecido, la usaré.

En ese momento aparecía Matilda que venia de la cocina cargada de fiambreras. 

- ¡Matilda! ¿Pero qué haces con tanta comida, criatura? - Preguntó Blasito-
- Es que tengo mucho trabajo y no quiero pararme demasiado.
- Pero... ¿No vas a comer con nosotros? - Volvió a preguntar Blasito-
- No, no, llevo aquí para almorzar y cenar y así no tener que bajar. Estaré en la emisora preparando los programas de Navidad y sin Plumillas, pues tengo poco tiempo.
- Si quieres puedo decir a Bizcocho que te eche una mano. - Propuso Pirú-
- ¡Oh, no! No es necesario, gracias Pirú.
- Esta noche cocina don Leonardo esas alcachofas que tanto te gustan . ¿Te las vas a perder? - Preguntó Benito-
- Pues.., chicos es que que no tengo tiempo, con esto ya me las arreglo - Dijo la lagartija elevando las fiambreras.
- Muy bien, como quieras, querida. - Le contestó el mago-

Y la lagartija se perdió en el pasillo bajo la mirada atenta de Pirú.

- No parece muy afectada - Opinó Benito-
- Pues no. Pero como Plumillas y ella siempre andan a la gresca.... - Contestó Blasito-

Al llegar la tarde, los amigos de Casa Encantada se habían organizado en grupos para salir a buscar a su amigo. Habían peinado toda la casa y ahora iban a mirar en los alrededores. La seño Yolanda y sus alumnos habían hecho un  cartel con su fotografía y lo estaban colocando en los pueblos de la zona.


- Gracias, doña Lucinda - Dijo la seño Yolanda a la oveja del cruce después de dejar la foto en un poste que había en la puerta de su casa-
- No te preocupes, si lo veo ya os aviso.

Don Leonardo había llamado a la Guardia Ratil y se disponían a hablar con todos los habitantes con el fin de saber la hora exacta de sus desaparición. Todos estaban muy nerviosos.
Con la llegada de la noche, hubo que dejar la búsqueda. Todos, menos Smaugui que seguía sobrevolando los cielos guadiateños y decidió ir más allá. 

En el salón, Pirú y don Leonardo intercambiaban opiniones.

- Es raro, muy raro, Pirú. -Decía don Leonardo- Plumillas es un chico de lo más responsable y desaparecer así..., pues no me parece lógico en él. 
- Ni a mí. Los chicos han terminado por hoy su búsqueda, pero mire, por ahí viene Matilda que seguro no puede dormir de lo preocupada que debe estar.

Pero Matilda pasó de largo, abrió la puerta principal y se perdió en la negrura de la noche.

- Si mis ojos no me fallan - Dijo don Leonardo ajustándose las lentes- creo que Matilda llevaba una mochila. Mi instinto me dice que aquí hay gato encerrado.
- ¿Gato? Yo diría más bien, ratón. Vayamos tras ella.
Con mucho sigilo la siguieron, la noche era cerrada y empezaba a hacer frío. La vieron encaminarse hacia las escorias de minas, donde Smaugui se había fabricado su cueva, pero antes de llegar se desvió a la derecha y cogió un camino que se perdía entre los eucaliptos.

- Va a la vieja caseta del jardinero -Dijo Pirú-
- ¿Estás seguro? No se utiliza desde hace muchos años.
- Precisamente por eso. 

La lagartija entró en la vieja caseta y cerró la puerta tras de sí, sin embargo, en ese momento entraron también el mago y don Leonardo.

- ¡Plumillas! ¿Pero se puede saber qué es esto? - Preguntó Pirú enfadadísimo-

Matilda se volvió sorprendida.

- ¡Puedo explicarlo! - Dijo la lagartija con las manos levantadas-
- ¡Pirú! ¡Me ha encerrado! - Exclamó Plumillas muy enfadado- Me convenció para que viniera aquí a buscar algunas herramientas que necesitaba para arreglarle el armario y cuando entré...¡Zas! ¡Me encerró! Y claro, a este sitio tan alejado no viene nadie. ¡Un día entero llevo en este lugar!

Don Leonardo y el mago no daban crédito. Esta vez las trastadas de Matilda habían ido demasiado lejos y eso..., merecía un escarmiento.

- ¿Te das cuenta de lo que has hecho? -Preguntó don Leonardo muy serio- Has retenido contra su voluntad a tu amigo y eso... ¡Es gravísimo!
- Quería pasar la Navidad fuera de Casa Encantada - Dijo haciendo pucheros-  Yo solo quería dejarlo hoy aquí para que se lo pensara mejor, en realidad... Venía a decirle que podía marcharse si quería - 
- ¡No tienes excusa! - Habló Pirú- ¿Qué llevas en esa mochila?
- Bueno, he preparado unas fiambreras para su viaje, por si le da hambre. También hay algo para Smaugui, que he hablado con él para que lo lleve si finalmente decide marcharse.

Don Leonardo, Pirú y el ratón se miraron sorprendidos. Matilda era incorregible e impredecible, nunca sabías por donde podía salirte. Plumillas se acercó a su amiga.

- ¿Me ibas a dejar ir? - Le preguntó cogiéndola de la mano-
- Si es lo que quieres.... - Las lágrimas de la lagartija corrían por su verde carita- No quiero que te vayas y mucho menos que pases la Navidad fuera de casa, pero si te empeñas, a ver qué puedo hacer yo.
- Bueno, haremos una cosa. Me marcho esta noche y prometo volver justo a tiempo para Navidad. ¿Qué te parece?

La lagartija se secó las lágrimas y se abrazó a su amigo.

- Bueno, bueno, dejaros de abrazos - Dijo Pirú- De todos modos, Matilda, esto no va a quedar así. Estás castigada. La emisora permanecerá cerrada hasta que vuelva Plumillas y tú irás a ayudar a Blasito y Benito en la cocina.
-¡Noooo! - Protestó la lagartija- No podemos cerrar la emisora...
- ¡Ya lo creo que podemos! -Exclamó Pirú- Y desde esta noche.

Y dicho esto, todos salieron al exterior. Matilda se había subido a la espalda de Plumillas y este protestaba porque no se la podía quitar de encima. Smaugui estaba ya en la puerta de Casa Encantada, esperando a  que el ratón se despidiera de todos y explicara lo que había sucedido.

- Por favor, Matilda. ¡Bájate de una vez! - Se quejaba Plumillas-
- ¡Ni hablar!, hasta que no te subas a Smaugui no me bajo.
- Estoy esperando a que lo sueltes para poder irnos - Dijo el culebre un tanto fastidiado-

La seño Yolanda le dio una manta para el viaje, era largo y estaba refrescando.

- Matilda, ¡ya basta por favor!. -Plumillas empezaba a perder la paciencia-
- No quiero.

Al final, Pirú tuvo que tirar de la lagartija para que su amigo pudiera partir. La entró en el bolsillo de su túnica y desde ahí, vio como Smaugui se elevaba y se perdía en la noche de noviembre. No pudo evitar que las lágrimas se le escaparan de nuevo.

- ¡Mira que eres dramática! - Le espetó Pirú-
- Es que se va... 
- ¡Pero va a volver! Venga, entremos en casa y durmamos un poco, ha sido un día muy complicado. ¡Y tú estás castigada! Mañana nos vemos en la cocina. 

El trayecto fue largo, el ratón acabó dormido entre las escamas del culebre, que además resultaron ser calentitas y acogedoras. De madrugada, llegaba a casa de su tía Tintas, en Alicante. 

- Muchas gracias por traerme, Smaugui amigo. - Dijo Plumillas acariciando el hocico del culebre-
- Es un placer, además, me ha encantado volver a ver el mar. - Vendré a por ti en dos semanas-

En casa de la tía Tintas ya había empezado la mañana, pero todo se paró para dar la bienvenida al pariente de Casa Encantada. Tras ponerse al día, el olor a tortitas y chocolate despertó el hambre en  Plumillas así que encantado dio cuenta del espléndido desayuno.
El resto del día se fue en descansar y contar historias de Cuarto Ratenio, pero al día siguiente, los adornos navideños aguardaban para decorar la casa.
Plumillas y su prima  Vanessa no dejaron ni un rincón sin decorar.

- Vane, ¿me haces una foto para enviarla a Casa Encantada?
- Claro, ahí va.


Imagen extraída de la web, desconozco al autor. Si eres tú, contacta conmigo, por favor.

Matilda se puso muy contenta cuando recibió la foto, pero Pirú seguía sin dejarla entrar en la emisora. ¡Menudo era!. Cuando terminaron de adornar el salón, Vanessa le propuso algo a Plumillas.

- ¿Quieres ver la flota de autobuses? ¡Tenemos uno rojo que te va a encantar!
-  ¿Y podré conducirlo? - Preguntó Plumillas entusiasmado-
- Bueno... tanto como eso. Ya veremos. Pero vamos a ir a muchos sitios así que he preparado unos bocadillos y frutas para pasar el día.

Salieron al exterior, hacía frío pero nada les pararía en una mañana aventurera y ...autobusera.
Creación de Mariyana Ninova, (MollyDollyNatural) que es de Bulgaria y tiene su tienda en Etsy. 
Puedes contactar con ella en su tienda.

Plumillas no conocía nada de Alicante, así que estuvo con los ojos bien abiertos a todo cuanto veía. Vane de la Ratilla era una chica muy divertida, la mediana de sus primos y como hacía tanto que no se veían pues cualquier rato juntos era más que bienvenido. Si además era de visita turística, mucho mejor.

- Mira, Plumillas ese es el castillo de Santa Bárbara - Dijo Vanessa que conducía de maravilla-
- Anda, pues visto desde aquí parece un cara, ¿no?
- Claro, por eso le llaman "la cara del moro". Es una fortaleza del siglo IX y la construyeron los árabes, pero ha sufrido muchos desperfectos a lo largo de la historia. ¿Y a que no sabes una cosa?
- Cuéntame.
- Que aquí también tenemos un barrio de Santa Cruz, como vosotros en Sevilla. 
- Pues eso sí que no lo sabía. ¡Eres una guía turística estupenda, primi!
- Y ahora vamos a la Explanada de España.

El día pasó de sorpresa en sorpresa y casi sin pensarlo, llegó la noche, momento que aprovechó Vanessa para enseñar la bonita decoración navideña.

- Mira, Plumillas, esa es la Plaza de los Luceros. Bonita, ¿verdad? 
- ¡Ooooh, me gustan esas palmeras! En Casa Encantada también tenemos, pero no tantas. En realidad solo tenemos dos.

Su prima rió el comentario. Sin pensarlo, las horas pasaron como un suspiro y cansados finalizaron la visita turística.  Guardaron el bonito autocar con la promesa de que al día siguiente, Plumillas aprendería a llevarlo. 

De regreso a casa de tía Tintas, Vanessa guardó una última sorpresa.

- Toma, una gorra de autobusero. ¡Ahora sí eres uno de los nuestros!

Feliz con un día cargado de emociones, nuestro ratón se durmió en unos segundos. Soñó con Casa Encantada, con darles una sorpresa en el autobús rojo y llevarlos a pasear- Eso sería..., maravilloso.
Casi sin pensarlo, llegó el gran día. Su debut como conductor de autobuses.

- ¡Vamos dormilón, arriba! -La tía Tintas despertó al ratón, pero lo que realmente lo despertó del todo fue el olorcito a dulces que venía de la cocina. Eso hizo que se acordara de sus amigos Blasito y Benito-

Salieron muy temprano rumbo a las cocheras donde aguardaba su autobús favorito, pero al llegar, había revuelo. Algo había pasado. Un conductor se acercó a Vanessa.

- ...y no sabemos qué ha podido pasar, pero ese autobús hoy no puede salir - Dijo el conductor preocupado-

Plumillas se mantuvo a una distancia prudencial mientras los corrillos murmuraban. Su prima se acercó a darle la noticia.

- Uno de los autobuses ha aparecido con todo un brazo comido por algo o alguien-
- ¿En serio? ¿Es el nuestro? 
- No, no es el rojo, es otro. No sé qué vamos a hacer...
- ¿Puedo ayudar?

Plumillas se acercó al autobús, efectivamente el brazo de uno de los asientos estaba destrozado. Mal asunto.

- ¿Sabéis quien ha podido hacer esto? - Preguntó sorprendido-
- Bueno, tenemos una ligera idea - Dijo uno de los conductores- Hay un ratón de la competencia que siempre está chinchando porque no quisimos que viniera de chófer. No es que sea mal roedor, pero conduciendo....Desde entonces nos la tiene jurada. Ahora no podemos recoger a los niños para llevarlos al colegio porque el bus no está disponible.

Plumillas se quedó pensativo, mientras los demás discutían sobre qué hacer y si llamar a "Autobuses Ratatour" para preguntar por el conductor del que sospechaban, decidió apartarse a un lado y abrir la rosa azul para contactar con Pirú. Enseguida apareció la cara del mago entre las llamas azules.

- ¡Plumillas, qué sorpresa! ¿Ocurre algo?

- ¡Hola Pirú! Necesito tu ayuda-

El ratón contó lo que había pasado y que muchos niños no podrían llegar a sus clases. El arreglo del autobús llevaría al menos un día y mientras tanto no sabían qué hacer.

- ¿Podrías hacer algo desde ahí? - Preguntó Plumillas-
- Claro, puedo hacer que mi magia arregle los desperfectos, pero debes decir a todos que se retiren, voy a generar una nube blanca muy poderosa.

Plumillas así lo hizo, informó a sus amigos de que iba a arreglar todo, pero que tenían que alejarse del autobús estropeado unos metros. Algunos no creyeron al ratón y eso lo fastidió, pero Vanessa que conocía a Pirú por las cosas que su primo le había contado, convenció a todos para que le dieran una oportunidad. 
El ratón se acercó con la rosa azul en la que se veía la cara del mago, todos soltaron un sonoro "ooooooh", cuando vieron a Pirú que tras murmurar un hechizo, giró su báculo y de la rosa salió una nube blanca y espesa que envolvió el autobús. No podían dar crédito a lo que veían sus ojos. ¡Es magia! Repetían una y otra vez. 
Finalmente, la nube se deshizo y apareció el autobús sin un rasguño. No solo había reparado el brazo, no, todo aparecía impecable desde las tapicerías a la última chapa. Las gorras de los conductores salieron volando de la alegría.

- ¡Es maravilloso! ¡Un milagro! -Exclamó un chófer barrigudo que achuchó a Plumillas tan fuerte que casi lo asfixia-

Con los niños rumbo al colegio y todo en orden, Vanessa cumplió la promesa de enseñar a Plumillas a llevar un autobús, pero... No iba a llevar un bus cualquiera, iba a llevar... ¡El gran bus!


- Pero... ¡Es demasiado grande! -Exclamó Plumillas asombrado al verlo- ¡Si yo lo máximo que he llevado ha sido el dos caballos del señor Raimundo!
- Pues ahora vas a llevar un montón de pura sangres. ¿Quién dijo miedo? ¡Arriba, Plumillas!

Sin pensarlo se vio allí arriba, haciendo todo lo que su prima le indicaba y casi sin darse cuenta, aquello empezó a circular mientras disfrutaba de su maravillosa experiencia.
Y el día terminó lleno de emociones, como todos los que pasó nuestro ratón en Alicante hasta que se acercó el momento de regresar a Casa Encantada.

- Tengo que volver, en una semana será Navidad y le prometí a Matilda que estaría de vuelta para ayudarla con el árbol. - Dijo Plumillas apenado-  Tendré que llamar a Smaugui.
- Pero.. no puedes marcharte ahora. - La tía Tintas estaba triste por la partida de su sobrino-

El ratón no quería contrariar a su tía, pero tampoco a Matilda y a sus amigos. Durante un rato permaneció cabizbajo, pensando en qué hacer para que nadie se disgustara. Hasta que de repente....

- ¿Y por qué no os venís? - Propuso Plumillas con la cara iluminada- ¡Podéis pasar la Navidad en Casa Encantada! ¡Sería fantástico!

Vanessa miró a su madre, le parecía una maravillosa idea y no tardaron en aceptar, pero había una condición, nada de viajar en culebre ¡Irían en el autobús rojo!

- ¿Nos llevaremos el pequeño? - Preguntó Plumillas-
- De eso nada - Contestó Vanessa- Iremos en el pura sangre rojo y haremos una excursión navideña por Casa Encantada. ¿Qué te parece?

Cuando llegaron a Casa Encantada fue una enorme sorpresa, pues todos esperaban que fuera Smaugui quien trajera de vuelta a Plumillas, pero... ¡Ahí estaba! ¡Conduciendo un precioso autobús! 
Al día siguiente todos se subieron a él y visitaron el Guadiato conducidos a ratos por Vanessa y a ratos por Plumillas y Matilda, que como podéis imaginar, no podía perderse ese evento. Vanessa le había regalado una gorrita de choferesa y la lagartija estaba feliz.

- ¡Piiii, piiiii! ¡Quítate que te pillo! - Le gritó Matilda a un coche que adelantaba en ese momento-
- ¿Es siempre así? - Preguntó Vanessa a su primo-
- ¡Oh, no! ¡Es mucho peor!

Y así fue como empezaron los tours navideños por Casa Encantada, si estáis interesados en el de este año, no dejéis de contactar con nuestros conductores favoritos o con Selecta bus y su representante: Vane de la Ratilla.

NOTA: Muchas gracias a mi amiga Vanessa de la Rasilla, gracias por sus preciosas fotos de Alicante iluminado en Navidad y que no he podido subir por completo. Gracias por ser como eres de buena, simpática y graciosa. Gracias a la empresa Selecta Bus por dejarme sus "pura sangres", que me parecen preciosos y a los que deseo muchos años de carretera y viajeros.
Este cuento va para ti, Vane, y para todos los que hacen posible SELECTA BUS.

sábado, 14 de noviembre de 2020

LO ETERNO.

Nadie sabe quién es quién en este lugar ajeno al color donde no cabe más que abismo e invierno. Los árboles advierten la presencia de las nubes cenizosas, traerán la lluvia que cae siempre sobre las mismas piedras y sobre los troncos arrugados que aguardan al frío.
Aquí el tiempo es siempre el mismo, salvo para el Hombre, que como reloj de arena, deja escapar sus años imperfectos ante Dios. Y tal vez un día despierte de su abandono y se tienda al sol, a doblarse frente a la Naturaleza con un aleluya.
Mientras tanto, el avance del invierno es imparable y la armonía quieta de las sombras rezumará silencio. Paz. Los caminos se llenarán de lluvia y el sol será solo una alucinación en las grietas de la memoria. 
El tiempo aquí tiene raíces, son los días del suelo que conocen los pastores, los que bendicen las mañanas al compás de su rebaño. Ellos saben que las horas giran en sus manos y que todo llega cuando tiene que llegar.
Los bordes de las nubes se visten de luto, el agua cae y las ramas que andan desnudas buscan refugio en el aire, se coronan de relente para que el tiempo llene de cicatrices su carne. Invierno, tiempo, bóvedas grises sobre estas tierras abandonadas por el sol una estación más, un año más, una eternidad más inmóvil bajo el cielo.

Fotografía gentileza de mi amigo Manolo Rubio.

jueves, 5 de noviembre de 2020

Un nuevo amigo en la Charca de los Patos. Tejo y el Gambigrupo.

El invierno ha llegado a la Charca de los Patos, la lluvia regaba la tierra que más tarde daría cosecha y eso era algo que a Pepa Jones le encantaba. El olor a tierra mojada, el laboreo del campo desde bien entrada la mañana, el abuelo entrando y saliendo... Cerca de la chimenea todo se percibía de forma apacible, El Tejar despertaba y los sonidos típicos inundaban todo.
.- Abuelito, ¿puedo salir a la charca?
- ¿Lloviendo? No, que te constipas.
- Abue, eres un aburrido...

En ese momento sonó un mensaje en el móvil de la niña. Era Julián, le había tocado llevar a Gambita al veterinario. El gato era de todos, así que  tenían que responsabilizarse de él: revisiones, comida, mimos... Era todo compartido.

Grupo de WhatsApp <<Gambigrupo>>
JULIÁN: ¡Hola chicas! 🙋🙋 Aquí estoy en el vete con Gambita. No parece muy contento porque dos veces me ha hecho "pfffffffff"
PATRICIA: Ja,ja,ja,ja. Pobre, es que no hace gracia ir tan temprano a que te pinchen.
ESTRELLA: ¡Hola a todos! A ti también, Gambita.😻 ¿Pero le van  a pinchar?
PEPA: ¡Hola! Que va, según su cartilla solo le toca desparasitarse, lo que pasa es que -como sabéis- escupe las pastillas, así que mejor que lo haga el veterinario. Una cosita, estoy en nuestro centro de operaciones, ¿por qué nos os venís? Podemos organizar una excursión por los alrededores.
JULIÁN: En cuanto salgamos nos vamos para allá. Preparando  en 3, 2, 1...😉
PATRICIA. ¡Como las balas!
ESTRELLA: Vaaaamos para allá! 💓😘😘😘
PEPA: Os espero, voy a convencer al abuelo de que nos deje salir con lluvia. ¡Es lo más!😘😘😘😘😻

Mientras, Julián intentaba convencer a Gambi de que no le pasaría nada, pero el gato sabía que habiendo batas blancas, mínimo se llevaba un termómetro por el culete. No estaba dispuesto.

- Julián y Gambita, podéis pasar - Dice Manuel, el vete-
- Vamos allá, amiguito.

Sacó al gato y este nada más verse fuera del trasportín intentó escapar, después les hizo "pfffffff" a los dos. No tenía ni pizca de ganas de estar allí. 

- ¡Gambita! ¡Pórtate bien!

Pero el gato no estaba por la labor. Mientras Manuel preparaba la pasta para desparasitar, el michi dedicaba sus bufidos a todo el que pasaba por allí.

- Veamos, abre la boca, Gambita. - El vete se acercaba con la pasta y el gato apretaba la dentadura de tal modo que no había manera-
- Déjame a mí, a ver si yo puedo - Dice Julián-

Pero Gambita, nada más sentirse la pasta en la boca la escupió. Lanzamiento de guarrada desparasitatoria a un metro de distancia. Ambos se quedaron asombrados.

- Con que esas tenemos. Bien, pues no te vas a escapar. Pipeta al canto.

Manuel le puso en la parte trasera del cuello una pipeta con un líquido transparente. Cuando sintió el frío, Gambi se quiso escapar, pero no pudo, Julián lo tenía bien sujeto. Después le tocó una buena revisión, así estarían seguros de que estaba sanito y encararía el invierno en buena forma. Se enfadó mucho cuando le tomaron la temperatura, pero Julián se puso serio y no le quedó más remedio que aguantar. 
Terminada la visita, gato y niño salieron pitando con la bici para El Tejar, allí esperaban sus amigas que nada más verlos corrieron hacia ellos.

- ¡Holaaaa! Madre mía la que ha liado Gambi, ¡no quiere ni ver a Manuel!
- ¡Buen gato! Así se hace - Dice Patricia cogiendo en brazos al michi que se pone mimoso- Pobre Gambi, es que nadie te quiere nada más que yo.

El animal fue pasando de mano en mano, mimado en extremo hasta que al final se durmió.


- Bien chicos ¿Qué habéis pensado? Pregunta Estrella-
- Pues quería que fuésemos a un lugar cerca del arroyo, hay un zorrito y es precioso, pero el abuelo dice que verdes las han segado, que es peligroso salir con este tiempo y que no. -Responde Pepa-
- Pues vaya faena... -Se lamenta Julián- ¿Y si hablamos con Dimas?

En ese momento, el bueno de Dimas entra en el salón y los niños se le quedan mirando.

- Uy, uy, uy... ¡Vosotros estáis tramando algo y me queréis liar!
- Dimas, por fi ... ¿Nos dejas ir al arroyo? -Pregunta Pepa-
- ¿Lloviendo? ¡Ni hablar!
- Jo, Dimas, eres un aguafiestas - Le dice Julián-
- Venga..., si tú mandas más que abuelito y no se va a enterar - Le insiste Pepa-
- ¡Claro, es que tu abuelo es tonto! Cuando vuelva y no os vea a ver qué le digo yo.
- ¿Y si nos llevas a dar agua al toro Caprichoso? ¡Ahí no puede decir nada, eh! -Propone Patricia-
- Bueno, bueno... Está bien. ¡Pero tenéis que hacer caso a lo que diga, eh!

Los niños cogieron sus chubasqueros y salieron pitando para los establos. Dar agua al toro Caprichoso era lo mejor. En el camino, Dimas les contaba cómo había llegado Caprichoso hasta allí. Lo habían comprado en una feria y siempre había sido muy noble, pero  estuba muy mimado y acumulaba manías, como la de mojarle el lomo antes de beber. 

- Oye, Dimas. ¿Y no bebe si no le mojáis la espalda? - Pregunta Estrella .
- No. Es así de...
- ¡Caprichoso! -Gritaron los niños a la vez mientras reían a carcajadas-

Cumplieron el ritual y a los chicos aquello les pareció más bonito que nunca. Bajo la lluvia, la piel del animal relucía brillante y el chapoteo en el agua se mezclaba con las risas en una mañana inolvidable en la Charca de los Patos.

- Dimas, ¿podemos ir un momento al arroyo? Tú nos esperas, ¿vale? -Propone Pepa-

Al final, como no, convencieron al hombre que esperó allí a que los pillastres volvieran.

- ¡Tened cuidado! 

Bajaron y siguieron arroyo arriba hasta que llegaron cerca de los olivos, de repente.... Un zorrito les salió al paso. 


- ¡Mirad, chicos! ¡Os lo dije! Estaba segura de que en el hueco que vi el otro día había zorros. ¡Es precioso! - Exclama Pepa-

El animal no parecía muy asustado, debía estar acostumbrado al paso diario de gentes y eso lo hacía confiado.

- Habrá que buscarle un nombre- Propone Julián.
- ¡Foxi! -Dice Patricia-
- Ay no... ¡Qué cursi! Tiene que ser algo más original -Opina Estrella-
- Benito -Vuelve a proponer Julián-
- ¡Noooo! Que así se llama un amigo del abuelo José. Ja,ja,ja,ja. - Pepa ríe la ocurrencia de su amigo-

Comenzó a llover con fuerza y escucharon la voz de Dimas llamándolos. El zorrito corrió a cobijarse en su zorrera y los chicos emprendieron camino de vuelta.

- ¡Dimas tenías que verlo! ¡Es precioso! Pero no tiene nombre... - Dijo Pepa-
- Bueno, pues ahora os sentáis alrededor de la chimenea y le buscáis uno mientras os preparo algo de comer hasta que llegue el mediodía. ¿Qué os parece?

A los niños les pareció una buenísima idea y así, entre risas y apuestas para ver quien tenía el nombre más adecuado para el zorrito, llegó el mediodía. El abuelo José entró en el salón, acarició a Gambita que seguía durmiendo y se sentó con ellos.

- ¿Ya tenéis nombre para el nuevo miembro del Gambigrupo?
- Julián quería ponerle Benito, abue. - Dice Pepa-
- ¡Hala que acusica! - Se enfada Julián-

Pero el abuelo José ríe a carcajadas la ocurrencia del chico. Estaba seguro de que sería muy divertido ver la cara de su amigo Benito cuando lo supiera. Finalmente le pusieron "Tejo", por El Tejar, y así quedó bautizado su nuevo amigo. Eso sí..., aún no sabían cómo se lo iba a tomar Gambita.
Decidieron que esa misma tarde intentarían acercarse para ponerle un bonito collar que le había hecho el abuelo José con un trocito de cuero. Con un punzón había grabado su nombre y había quedado muy coqueto. Casi no tuvieron paciencia, a eso de las tres y acompañados de Dimas bajaron de nuevo al arroyo.



- Dimas ¿Tú crees que Tejo está solo? No se ve a ninguno más por aquí - Pregunta Estrella-
- Bueno, es grandecito ya y sus hermanos y su madre se han debido marchar. Es raro que él permanezca aquí así que hay que ganarse su confianza por si necesita ayuda.

Esperaron pacientemente para que saliera el animal, pero no lo hizo. Se asomaron a la zorrera y no vieron nada. Aguardaron una, dos horas..., hasta que la lluvia volvió con fuerza y tuvieron que regresar al Tejar.

- Qué fastidio, no hemos podido verlo -Se quejaba Patricia-
- Mañana volveremos, no habrá ido muy lejos. -Propuso Dimas-

Al día siguiente, el Gambigrupo estaba en El Tejar a las diez de la mañana, el tiempo seguía revuelto pero eso no iba a parar a los niños en su búsqueda de Tejo. Bien equipados de botas de agua, chubasqueros y linternas se fueron a intentar ver a su nuevo amigo, sin embargo, el resultado fue el mismo que el del día anterior. Ni sombra del zorro. ¿Dónde estaría? 
Cansados de esperar decidieron dar una vuelta por los alrededores, por si estaba cerca o lo que era peor, en peligro. Caminaron arroyo arriba escudriñando todo hueco susceptible de albergar al animal, pero nada. Bien entrada la mañana y hambrientos, decidieron regresar y seguir con la búsqueda más tarde.
Salieron al camino y al pasar por una cerca escucharon algo parecido a lamentos.

- ¿Habéis oído eso? - Pregunta Julián-
- Es como un perro aullando o algo así - Contesta Estrella guiñando un ojo y alargando su cuello hacia el lugar del que venían los chillidos-

Gambita, que a hasta ese momento había permanecido quieto, salió corriendo, saltó la pared de piedra y empezó a maullar como un loco, estaba enfadado. 

- ¡Gambita! ¡Vuelve! - Gritaba Pepa-
- Vamos a ver qué pasa ahí detrás. -Dice Julián-

En un pis pas saltaron la cerca y vieron a Gambi con todos los pelos de punta y amenazando a algo que le chillaba desde una caja de madera. Cuando los niños se acercaron vieron que era una jaula minúscula donde tenían encerrado a Tejo.

- ¡No me lo puedo creer! -Gritó Patricia enfadada- ¡Han encerrado a nuestro zorro!
- Tranquilidad, tenemos que ver cómo lo sacamos de aquí - Dice Pepa-

Gambita seguía bufando a Tejo y este acobardado solo se lamentaba.

- ¡Estate quieto, Gambi! - Le riñó Julián- 

Los niños intentaron abrir la jaula sin éxito. Con el jaleo que se había montado, el dueño de la casa salió alertado y se encontró con los niños.

- ¿Qué hacéis vosotros aquí? ¡Pillastres! Ah., tú eres la nieta de José, ya te conozco yo a ti. ¡Menuda gamberra!
- ¡Oiga señor! ¡Que mi amiga no es ninguna gamberra! -Gritó enfadado Julián-
- ¡Y tú también! ¡Y esas! ¡Todos sois unos gamberros! ¿Qué hacéis en mi propiedad?
- Usted tiene a nuestro zorro, venimos a por él - Dice Estrella-
- ¿Ese bicho? Ese bicho me ha robado dos gallinas y ya no me roba más. ¡Largo de aquí ahora mismo si no queréis que llame a la Policía!

Aquel hombre enfadado llevaba una garrota que aireó varias veces en el aire. Gambita fue el primero en saltar la cerca y detrás sus amigos que llegaron muy asustados al Tejar. El abuelo José al verlos se alertó.

- ¿Qué ha pasado? ¿Por qué estáis tan asustados?
- Abuelito, el hombre ese nuevo que ha venido a La Viñilla tiene a Tejo encerrado y ha dicho que somos unos gamberros porque nos hemos saltado la cerca.
- ¿Eso ha dicho? No sé a qué ha venido ese señor a estas tierras. Le molesta todo: animales, niños, mayores... He intentado acercarme a él, pero es un erizo. 
- José, si te parece bien vamos a hacerle una visita - Propone Dimas- No voy a consentir que se quede con el zorro de los niños y mucho menos que los amedrente.
- Dice que le ha robado gallinas -Apunta Patricia-
- Pues claro ¡Es un zorro! Pero nosotros tenemos que ser más listos que ellos. Por aquí no es habitual verlos, de hecho nunca los hemos visto así que ese animal ha debido llegar a estas tierras por algo. -Dice Dimas-
- Sí, es muy raro, nunca ha habido zorros por aquí. Ese animal venía huyendo o está enfermo porque no es normal que sea tan confiado -Dice el abuelo José-
- Nos lo podemos quedar, ¿verdad? - Pregunta Estrella-
- Sí, claro - Responde el abuelo José - Pero en las mismas condiciones que Gambita, es decir, tenéis que haceros cargo de su alimentación, higiene, vacunas... Puede quedarse aquí, pero la responsabilidad es vuestra.
- ¡Bien! -Exclama Julián- Uno más en el Tejogambigrupo.

Todos rieron la ocurrencia de Julián, pero siendo conscientes de que un animal es una responsabilidad y que ahora tendrían doble trabajo. A eso se sumaba que había que educar a Tejo e intentar que él y Gambita se llevaran lo mejor posible. Eso... Si conseguían rescatarlo, claro.
Estaba anocheciendo y los niños convencieron a Dimas para ir a por Tejo, temían que aquel hombre pudiera hacerle algo. El abuelo José dejó en manos de su hombre de confianza a los niños y el asunto del zorro mientras él organizaba el ordeño de las vacas.
Cargados con linternas llegaron hasta donde habían visto al zorro, pero ni rastro del animal.

- ¡No está, no está! ¡Ay que lo ha matado! -Patricia rompió a llorar desconsoladamente contagiando al resto del Gambigrupo-
- ¡Tranquilos, tranquilos! Estoy seguro de que Tejo está bien, lo tendrá en algún sitio, hablaremos con él y nos lo llevaremos.

Pero no había consuelo para los niños, se temían lo peor. De repente escucharon un lamento conocido, lejano, pero perfectamente identificable.

- ¡Tejo! - Exclamó Julián sorbiéndose los mocos- ¡Vamos a por él!
- ¡Quieto ahí jovencito! - Dimas agarró a Julián por el gorro del chubasquero- Vamos a entrar por la puerta, como personas civilizadas.

Se dirigieron a la cancela de entrada y Dimas tocó una campana varias veces hasta que salió aquel hombre malhumorado.

- Ah, eres tú, Dimas. -Dijo mirando de reojo a los niños-
- Damián, buenas tardes. Tengo entendido que tienes un zorro aquí retenido y es de los niños, vengo a llevármelo.
- ¡De eso nada! Se ha comido dos gallinas y se va a quedar ahí hasta que se muera.

Al oír semejante disparate todos se quedaren horrorizados.

- Venga hombre, no digas eso. Déjame entrar, cojo al zorro y no volverás a verlo más.

Dimas hizo ademán de entrar, pero Damián le cortó el paso y además le empujó delante de los niños que se asustaron.

- ¿Qué haces? ¿Delante de los niños? Está bien, he intentado arreglar esto por las buenas, pero tú lo has querido. Chicos, llamad a vuestros amigos del Seprona  y a ver si se pone tan empujón con ellos.

A Julián le faltó tiempo para sacar su móvil. Damián pensaba que era un farol, les cerró la puerta y se metió en su casa.

- Luis, ¡soy Julián! -Puso el manos libres para que todos pudieran oír y hablar-
- ¡Hombre, pillastre! ¿En que lío os habéis metido ahora?
- Un vecino del Tejar tiene un zorro encerrado y pretende dejar que se muera de hambre. Hemos venido a por él para rescatarlo, pero ha empujado a Dimas.
- ¿Cómo? ¿Dónde estáis?
- Agente, estamos en la puerta de "El farol", en la Viñilla. - Dice Dimas-
- Dimas, ¿está usted bien? - Pregunta el agente-
- Si, estamos bien, los niños un poco asustados.
- Bien, yo no estoy de servicio, pero están Alberto y Mónica. Os los mando, esperadlos allí. Esto no va a quedar así.

Los niños sonrieron satisfechos. En menos que se dice miau, llegaron los agentes.

- ¡Hola chiquitos! - ¿Qué está pasando aquí? - Preguntó Mónica-

Los niños contaron con pelos y señales todo lo que había pasado, incluido el empujón a Dimas que tanto les había dolido. Los agentes abrieron la cancela y entraron seguidos de los niños y del bueno de Dimas.

- ¿Es usted Damián Florito? - Preguntó Alberto-

Los niños al oír el apellido se echaron a reír ¡Florito! Bonito nombre para un gato. 

- Yo soy ¿Qué es lo que quieren?
- Tiene usted retenido a un animal salvaje y es un delito, por lo tanto le ruego lo pongo en libertad ahora mismo o tendrá que atenerse a las consecuencias. Tenemos también constancia de que ha empujado al señor Prats delante de estos niños, por lo cuál exigimos una disculpa ahora mismo

Damián se asustó. No pensaba que fuera a llegar a tanto la cosa y balbuceó una disculpa que a los niños hizo gracia.

- Cagao está, miradle - Dijo Patricia por lo bajo al resto del Gambigrupo -

Los niños rescataron al zorro que asustado como estaba agradeció los brazos que lo llevaban hasta el Tejar. Ni el Seprona pudo convencerlos de que el animal debía volver al campo.

- ¡Que no, Mónica! - Dijo Julián enfadado- Nosotros lo vamos a cuidar porque está enfermo, mírale. Y le pondremos vacunas y estará a salvo. Por fa...
- Alberto ¿Qué hacemos? -Preguntó la agente a su compañero-
- Con ellos tienes la guerra perdida, ya te lo digo.
- Pero es que no se debe hacer esto... ¡Es un animal salvaje!

Los niños comenzaron a hacer pucheros y la agente se puso nerviosa.

- ¡Está bien, está bien! Cuidadle, pero que no sirva de precedente porque estos animales tienen que estar en el bosque y no como si fueran perros y si os dejamos a vosotros pues...
- Mónica, ¿nos das una vuelta en la moto? Luis siempre lo hace. - Pregunta Julián sin dejar que la agente acabe su exposición-
- Te dije que con ellos, no se puede- Sonrió Alberto que conocía bien al Gambigrupo-

En El Tejar, los agentes hablaron con el abuelo José, no les hacía gracia que los niños se quedaran con el zorro, pero estaba claro que el animal necesitaba cuidados y que después sería peligroso dejarlo en libertad. También estaba claro como el agua, que los niños no permitirían que se lo llevaran a un centro de recuperación.
Después de montar a los chicos en las motos, los agentes volvieron a su ruta y los niños corrieron a acomodar a su nuevo amigo y a buscarle algo de comida y agua. Al día siguiente le tocaba visita al veterinario.

- Aquí estarás bien, amiguito. -Dijo Dimas que traía un pequeño colchón relleno de paja que había fabricado en cinco minutos-
- ¡Qué chulo, Dimas! -Exclamó Pepa-

Nada más poner el colchón en el suelo, Gambita se adueñó de él y el pobre Tejo miró a todos con ojos tristes. En cuanto lo vio, el gato le había dedicado un hermoso bufido, no estaba dispuesto a compartir a sus amigos con un zorro. Faltaría más. 
Los niños se rieron, lo retiraron y lo pusieron en su cama para poder poner a Tejo en el colchón. Y la noche transcurrió tranquila, el zorrito durmió feliz y con la tripa bien llena. Al día siguiente acabó en el veterinario con todas las vacunas y una medicación especial porque estaba muy débil, pero día a día, nuestro amigo Tejo ganó peso y ahora corretea feliz por la Charca de los Patos. ¿Con Gambita? No, Gambita no lo quiere ni ver, pero tiempo al tiempo.
El abuelo José visitó a Damián y le llevó unas gallinas para compensar la pérdida de las suyas. El hombre se sintió avergonzado y prometió no volver a hacer nada malo contra los animales salvajes.
¿Quieres saber qué aventuras le esperan a Tejo? Pues no dejes de seguir al Gambigrupo.

NOTA: Muchas gracias a Julián por las fotos. ¡Y por llevar a Gambi al vete! Ja,ja,ja,ja.

jueves, 29 de octubre de 2020

LA VÍA

La vía se ha quedado ciega y los adioses flotan en un espacio donde no resucitarán jamás. Soria abandonada, tierra de poetas que escribieron todo cerca y lejos de ella, sueños hermosos aborrecidos por la ausencia. 

Final de trayecto, distancia inmensa entre el fue y el ahora vestido de luto, como las golondrinas que hoy no vendrán. No hay viajeros ni trenes en esta vía hermosa comida de soledad, pintada por los pinceles del olvido, siempre fieles al recuerdo inexorable. Ya no hay vaho de madrugada ni vuelvo en tres días, pero así, con sus miserias y desilusiones esta vía late entre la hierba como guardiana de la vida. Vieja y sin suerte, rompe cada día la monotonía del paisaje para traer de vuelta las emociones que llevaba sobre su columna ahora oxidada. Ni siquiera la lluvia la alejará de la tierra, en ella se acunan historias que viajan hacia nunca y allí, dormidas serán lo que tengan que ser por toda la eternidad.




Fotos de mi amigo Manolo Rubio en tierras de Soria.




martes, 27 de octubre de 2020

PAISAJES.

 El cielo vestido de purísima y las ramas ya doradas anuncian que ha llegado el otoño. Luz que dejará de ser verdad para ser duelo, para disfrazarse de tiempo aletargado y lluvia en las almenas.
Sin embargo, hoy el día se derrama en cantos de pájaros que incendian el aire. La tregua hasta la oscuridad es apacible y permite vestir las cercas de cabelleras de yedras, latiendo en las piedras mientras el sol no sea devorado por la jauría de nubes que se vislumbra en el horizonte.
Paisajes de España vividos por siglos, despiadados con el hombre que se rompe la espalda tras el arado, gentiles con los ojos que buscan libertad. Esta tierra de reyes y colores extremos huele a pueblos deshabitados y amaneceres perdidos en la memoria, huidos de una muerte que la Historia llora.
Vamos a sentarnos, admiremos la tarde serena y la hierba tierna que tiembla sobre el suelo. Sentémonos, inocentes a esperar los versos que traerá el invierno.

Fotografía de mi querido amigo Manolo Rubio.

sábado, 24 de octubre de 2020

CELAJES.

La niebla confunde al día en la tierra vallisoletana, lo efímero del verano lo convierte en poesía abandonada en el tiempo. 
A la orilla del camino, los ángeles hacen confidencias al rocío que cae fácil, como redescubriendo una tierra que un día fue buena para el trigo. 
La soledad vive aquí, instalada entre la bruma y las horas, enredada a las ramas del árbol sin nombre. Los ángeles ríen, pasan inadvertidos al transeúnte que jamás se detiene. Él también está solo, en medio de este paraje desabrigado donde gota a gota, la niebla teje su red de cenizas. El corazón aletargado, el paso acelerado y la oscuridad del invierno, todo dibuja una tarde llena de soledad, donde los sueños se desvanecen desteñidos por la neblina. 

Los ángeles abren sus alas y ascienden a los altares de nubes. Se posan sobre el árbol solo, habitado de humedades y arrastrado inevitablemente al letargo.  Huele a invierno y las navajas de hielo volverán a hundirse en los campos, donde la soledad hierve en las lomas y la sombra apaga la memoria de agosto. 

Desmemoriado el sol, los cuerpos se preparan para las viejas heridas, esas que oxidan el alma en el eterno silencio. Solo queda ya la esperanza que los ángeles dejan a los pobres entre los glaciares del cielo. Rezad, ha llegado el invierno.

Fotografía de mi amigo Manolo  Rubio en tierras vallisoletanas.