lunes, 8 de abril de 2019

Un culebre en Casa Encantada.

Esa mañana la lluvia había dejado a los habitantes de Casa Encantada sin su desayuno primaveral en el jardín, pero no les importaba, porque si algo tienen los días lluviosos es tiempo para contar historias en torno a la chimenea.
Pirú había encendido la lumbre y el crepitar de las llamas ponía música y paz a un día tranquilo, aparentemente...., claro, en Casa Encantada nunca se sabe.
Matilda y Plumillas estrenaban un nuevo programa de radio al que habían llamado: "Historias encantadas" y en esos instantes entrevistaban a doña Sinforosa, que estaba contando cómo ella y su amiga doña Piedita salvaron el bosque, consiguiendo que ningún animal tuviera que emigrar a lugares lejanos.
Todo parecía estar tranquilo y Pirú aprovechaba para ultimar algunos hechizos de protección, pero antes quería consultar con don Leonardo algunas cosillas.

- Dígame, amigo mío, ¿de verdad cree necesaria la pantalla lumínica para Casa Encantada? - Preguntó el mago-
- Sí, últimamente están apareciendo seres extraños en los alrededores y eso es porque los niños tienen pesadillas. Acuérdate la Navidad pasada lo que ocurrió. He hablado con la seño Yolanda que ya está haciendo lo propio con los críos para intentar que desaparezcan los sueños malos y evitar que los monstruos pasen a nuestra realidad.
- Bien hecho. Verá, he probado la luz azul con excelentes resultados, es la más poderosa y además yo soy su guardián. Puede ser atravesada por el personal de la Casa, pero no por intrusos.
- Bien, bien, eso está muy bien, querido mago.

En ese momento entraron en el salon Matilda y Plumillas, venían con mochilas y ropa de lluvia.

- ¿Vais a salir? - Preguntó Pirú-
- Sí, nos han informado de que ha sido visto un culebre por los alrededores y queremos fotografiarlo y hacer un reportaje sobre este ser mitológico que pensábamos extinguido -Contestó Plumillas-

Don Leonardo y Pirú se miraron sorprendidos.

- ¿Hay un culebre por aquí y no nos habéis dicho nada? - Preguntó don Leonardo.

Los culebres son seres entre dragón y serpiente, con alas de murciélago en la espalda y que escupen azufre y fuego. Tienen todo el cuerpo recubierto de escamas durísimas, los ojos son dos brasas encendidas y aunque parecen invulnerables, su punto débil es la garganta. Viven en cuevas donde guardan sus tesoros y aunque su hábitat natural es Cantabria, parece ser que uno ha sido visto en los alrededores de Casa Encantada. Raro asunto.

- Esto..., sí, nos ha informado don Alberto, el zorro que vive más allá de las vías, se las vio el otro día con él y anda un poco chumascado. Suerte que trabaja para don Martín Roedor, el médico.- Contestó Plumillas-
- ¿Cuánto hace que lo vieron? - Preguntó el mago.-
- Dos o tres días, eso nos ha dicho. 
- ¡Sois unos insensatos! ¡Teníais que habernos comunicado que un culebre nos anda rondando! -Pirú habló realmente enfadado, un animal así es muy peligroso-

Matilda meneó su verde colita y miró de reojo a sus amigos, no entraba en sus planes quedarse en  casa solo porque Pirú y don Leonardo estuvieran asustados. Nunca había visto un dragón, serpiente o lo que ese bicho fuera  y no pensaba perder la oportunidad.

- Iré con vosotros - Decidió el mago- Don Leonardo, le dejo a cargo de la seguridad de Casa Encantada, activaremos la luz azul y todos estarán protegidos. Plumillas, ¿doña Sinforosa se ha ido ya?
- No, no, la hemos invitado a comer. Ahora mismo está con la seño Yolanda, iba a contarle a los niños un cuento.
- Muy bien, no debe salir mientras ese animal este ahí afuera.

En ese momento la dama entró en el salón, venía acompañada de su gato Carmelo y del jilguero Pepe que se sentían encantados con su estancia en la casa mágica.

- ¡Mi querida amiga! - Exclamó el mago al abrazar a doña Sinforosa. Ya tenía ganas de verte y creo que has venido en buen momento.
- Estoy pasando un día maravilloso ¡Todo el mundo aquí lo es!
- Tenemos que pedirte un favor, querida. 
- Pues tú dirás.
- No podrás regresar hoy al Alto de los Reyes, un culebre ronda los alrededores y es peligroso. Nos gustaría que por tu seguridad y la de tus amigos, permanecierais con nosotros hasta que todo sea resuelto .

Doña Sinforosa abrió los ojos de par en par ¡Un culebre!, vaya..., eso sí que era una noticia. Doña Piedita le había hablado de estos animales, pero no sabía que hubieran viajado desde el norte. No se explicaba un hecho tan.extraordinario.

- En ese caso me quedaré, claro, pero necesitaré hacer algo durante ese tiempo. ¿Qué os parece si para la merienda de la tarde os preparo unos ricos tocinillos de cielo?

La propuesta fue más que bien acogida, si algo gustaba a los habitantes de la casa era un dulce casero.

- ¡Buenísima idea! Le diremos a Bizcocho que te eche una mano. - Propuso don Leonardo-
- Uyyy, no sé yo si eso es bueno.- añadió Matilda- Ese ratón se come todo lo que huele a pastel.
- Tranquila, lo vigilaremos de cerca. - La dama se acercó a la lagartija y le guiñó un ojo-

Los amigos se prepararon para salir a buscar al culebre, no había nada mejor que una aventura bajo la lluvia y Matilda había aprovechado para estrenar su chubasquero de lunares. La comitiva estaba compuesta por el mago, el ratón Plumillas y Matilda y todos portaban sus arcos para defenderse de los posibles peligros que acechaban en el bosque. 
El agua caía mansa sobre los árboles, dándoles un aspecto brillante, como si el cielo quisiera cubrirlos de diamantes, Así de generosa era la Naturaleza por estos lares. 

- Oye Pirú, ¿Qué crees que ha venido a hacer el culebre a estas tierras? Me tiene intrigado. -Preguntó Plumillas.
- Están obsesionados con el oro y todo aquello de valor que incremente sus tesoros. 
- Pero aquí no hay nada de eso.
- No sabemos, Plumillas..., no sabemos.

Siguieron caminando, pero ni rastro del astuto animal, hasta que se adentraron en término de Fuente Obejuna y entonces....

- ¡Mirad! ¡Allí! -Exclamó Matilda-
- Está sobrevolando la mina de la Pava, claro... - Susurró el mago-
- No entiendo, ¿qué hay ahí que pueda interesar a ese animal? - Preguntó intrigado el ratón-
- Plata, querido amigo, plata. Es una vieja mina que ya explotaron los romanos.
- Vaya, vaya, vaya... Así que nuestro bichejo ha venido a por la plata del Guadiato. Chico listo. 

La lluvia había cesado y se encontraban a campo abierto. El animal sobrevolaba las ruinas de lo que antaño habían sido construcciones ideadas para extraer el codiciado mineral.

- ¿Cuál es el plan? - Preguntó Matilda-
- Tenderle una trampa para poderlo capturar y transportarlo a los bosques del norte, de donde nunca debió salir. Voy a crear un espejismo y aparecerá una montaña de monedas de plata y oro, cuando la vea se acercará y entonces nosotros dispararemos estas flechas que están atadas a una red.
- No va a servir, la quemará - Negó Plumillas con la cabeza mientras defendía su postura-
- La red es ignífuga. 
- ¿Igniqué?- Preguntó la lagartija-
- ¡Que no arde, Matilda! - Exclamó el ratón desesperado-
- La va a chumascar, al tiempo... -Susurró el reptil-

Mientras hablaban, el culebre se había percatado de la presencia de los intrusos y se disponía a lanzar una llamarada para ahuyentarlos.

-¡Cuidado! - Exclamó el mago corriendo a refugiarse en una pared-

Una bola de fuego pasó por las cabezas de los amigos que la esquivaron a duras penas. 

- ¡Ay qué sussstoooo!- Gritó Matilda- De verdad, qué malas pulgas se gasta, ¡eh!

En ese instante, Plumillas salió con su cámara para grabar el momento, pero Matilda se interpuso.
- ¿Pero qué haces? ¡Insensato! 
- ¡Es para mi reportaje!
- ¡Ni reportaje, ni reportaja! ¡Que nos va a convertir en carne de barbacoa!
- ¡Basta los dos! - Exclamó Pirú desesperado- Vamos a seguir con el plan ¿Entendido?
- ¿Y si me dejáis hablar con él? A fin de cuentas somos de la familia - Preguntó Matilda-
- ¡Estas loca! -Gritó el ratón!
- ¡Que vooooooooooooooooooy!

Y echó a correr como alma que lleva el Diablo hasta ponerse delante del culebre, este al verla se quedó muy sorprendido y paró de lanzar llamas.

- Oye tío, vengo en son de paz, relájate. Somos coleguitas, tú con tus alas y tu rollo chimenea y yo con mis listas y esos de ahí que me tienen quemadísima. -Apuntó con su dedo al lugar donde el mago y el ratón permanecían escondidos-

El culebre abrió mucho los ojos y ladeó la cabeza hacia la derecha.

- Vamos a ver, ¿cómo has llegado hasta aquí? ¿Qué necesitas que podamos darte? Considérame tu hermana pequeña.

Desde su escondite Pirú y Plumillas asistían atónitos a la conversación de Matilda con el culebre. 

- Tienes cara de buen chico, venga, deja de chumascar el campo porque esta gente - señaló en dirección al pueblo- tiene que vivir aquí y tú te estás cargando su entorno y asustando a todo el que pasa ¿Me entiendes?

El dragón retrocedió un par de pasos y dócil como un perrito se echó sobre el suelo.

- Me llamo Smaugui. - Dijo al fin-
- ¡Anda mira, como el de la peli!
- Sí, me lo pusieron por Smaug, pero yo no soy como él.
- Claaaro, claro - dijo Matilda- ¿Y bien? ¿Qué necesitas?
- Un buen culebre ha de tener su tesoro antes de cumplir los cien y yo tengo noventa y nueve y no tengo nada- Dijo mirando a Matilda con sus ojos encendidos-

La lagartija se rascó la barbilla.

- Pero no puedes robar la plata de este lugar, ¿lo entiendes, verdad? Además, esta mina es milenaria, aquí ya estuvieron los romanos.
- A esos los echaron mis abuelos y les quemaron el culo a todos.
- Menos lobos, menos lobos que al final Roma os conquistó. 

El dragón sonrió.

- Tíiiiio, ¡te has reído! Ufff, ¡qué peste a azufre! ¡Tienes que cepillarte más los dientes!
-  El dragón rió de nuevo- ¿Podrías ayudarme a reunir un tesoro? No puedo regresar a mi tierra con las manos vacías.
- Pues depende de lo que tú entiendas por tesoro.

Pirú y Plumillas avanzaron para ponerse a la altura de Matilda, pero Smaugui se asustó y lanzó una llamarada que rozó al ratón.

- ¡Uuuuuuaaaaaayyyyyyy! ¡Me ha quemado la colaaaaa! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! - Gritó el ratón soplando para apagar las llamas-
- ¡Smaugui! ¡Eso ha estado mal! - Gritó Matilda- ¡Sit, siiiiit!

Increíblemente, el culebre se sentó sobre sus patas traseras. El mago no daba crédito.

- Si no lo veo no lo creo...
- ¡Mi colaaaaaa! ¡Ayyyy! ¡Ay! - Seguía quejándose Plumillas-
- ¿Te quieres callar? -Matilda perdía la paciencia- Smaugui, estos son Pirú, el mago de Casa Encantada,  y al que acabas de dejar como la colilla de un puro,  es mi compi Plumillas. Tenemos una radio y un periódico; tío tienes que verlo.
- No me fío de ellos, he visto que tienen una red - Contestó el culebre-
- A ver, hablemos, - Propuso Pirú- Te hemos oído y creo que te podemos ayudar.

Smaugui miró a Matilda, no se fiaba.

- Tranquilo, no queremos hacerte daño. - Continuó Pirú dejando el báculo y el arco en el suelo y animando a Plumillas a hacer lo mismo, aunque este llevaba un rato más ocupado en su cola que en otra cosa-
- Los humanos siempre quieren hacerme daño - Contestó Smaugui-
- Hombre..., reconoce que muy amable así de entrada, no eres - Le dijo Matilda-
- Quiero llevarme la plata que queda en el Guadiato -Propuso el culebre-
- Nooo. No es negociable, Smaugui -Le contestó el mago-

El animal se levantó y todos retrocedieron asustados.

- Es que se me ha dormido una pata - Dijo el culebre lamiéndose su pata trasera derecha-
- Mi propuesta es esta -Habló Matilda- El tesoro que podemos ofrecerte es nuestra amistad y una habitación en Casa Encantada.

Cuando Plumillas oyó aquello se puso histérico.

- ¡No puedes ofrecer eso! ¿Estás loca?
- Me cae mal tu amigo -Contestó el culebre-
-  ¿Podrías ser más amable? - La lagartija dirigió una mirada enfadada al ratón-
- Es peligroso, Matilda - Susurró Plumillas - No podemos llevarlo a casa y esperar que no se coma a nuestros amigos.
- Yo no como ratones, pero podría hacer una excepción.
- Tranquilos los dos, nadie se va a comer a nadie - Medió Pirú- Matilda no tendría que haber hecho ese ofrecimiento sin consultarnos, pero me fío de su instinto. Si ella piensa que puedes ser un nuevo habitante en Casa Encantada, yo estoy de acuerdo. 
- ¿Y que gano yo con todo eso? - Preguntó Smaugui-
- ¡Pero tiiiiiiiiiiiiiiiiio! ¡Amigos y una familia! ¿Tú sabes lo importante que es eso? ¿Te quieres pasar solo el resto de tu vida? 

El culebre volvió a echarse.

- No... Yo quiero tener amigos, pero todos me tienen miedo.
- Bueno, pues empieza por no prender fuego a todo aquel que se te acerque- Dijo Pirú-

El mago le contó a Smaugui cómo era un día en Casa Encantada y a medida que el culebre escuchaba, le gustaba más la idea de quedarse.

- ...Y luego está Bizcocho, que es un ratón muy goloso, y sus amigos Benito Mondanueces y Blasito Comebellotas que no tienen precio como cocineros. La seño Yolanda te va a encantar porque es dulce y divertida, te enseñará muchas cosas y te llevará de excursión. Y bueno..., don Leonardo, que es el bibliotecario y el ratón más sabio del lugar. - Explicó Pirú-
- Y tienes que ver nuestra emisora -Le dijo Matilda- Allí ponemos música y también hacemos programas muy interesantes. Tenemos además un periódico para el que salimos a hacer reportajes.
- Una vez vimos Ojáncanos - Dijo Plumillas-
- ¿En serio? ¡A mí me dan mucho miedo! -Contestó el culebre-

La noche cayó sobre la mina y los amigos seguían contando las maravillas de Casa Encantada. Pirú había traído en la mochila unas cosas riquísimas que Smaugui calentó para poder comerlas. Mientras compartían cena y charla, las estrellas alumbraban como antorchas.

- He pensado que podría encargarme del fuego de la chimenea y cuando haga mucho frío, calentaré la casa de un solo soplido. - Propuso el culebre entusiasmado- También puedo hacer las barbacoas.
- ¡Buena idea! - Exclamaron-
- Chicos, empieza a hacer frío y nos queda un camino largo hasta Casa Encantada -Dijo el mago- Es hora de volver, además, doña Sinforosa ha venido a visitarnos y ha hecho tocinillos de cielo, ¡no os digo más!
- Nada de volver andando, yo os llevaré. ¡Vamos, subid a mi espalda! - Propuso Smaugui-
De vuelta en Casa Encantada, el culebre se quedó sorprendido por la campana de luz azul transparente que cubría la casa.

- Es un hechizo - Informó Plumillas-
- ¿Podré aprender?
- ¡Claro! Pirú te enseñará - Contestó el ratón-
- ¿Me perdonas por haberte quemado la cola?
- Claro, está olvidado. En Casa Encantada existe el perdón sin memoria, si no..., no es perdón. Perdonar y olvidar. Además, mira: Pirú me ha puesto un vendaje estupendo y estaré curado muy pronto.

Smaugui sonrió y acarició la cabeza de Plumillas con una de sus garras. Al final se habían hecho amigos y había prometido llevarlo al norte para que pudiera ver seres mitológicos en su entorno.

En el interior, doña Sinforosa recibió al nuevo inquilino con besos y un abrazo tan grande que hizo que se le saltaran las lágrimas. Todos se quedaron asombrados cuando vieron que eran rojas como el fuego. Smaugui nunca había recibido tanto cariño y aquello lo tenía abrumado. Hizo muy buenas migas con Bizcocho, que se había comido cinco tocinillos y le contaba cómo hacer para burlar a Benito y Blasito y colarse en la despensa. El culebre rió tanto que le dolió la tripa.

- Smaugui.... -Lo llamó Matilda-
- Dime, hermana.

Al oírlo, Matilda se emocionó, siempre quiso tener un hermano mayor y ahora..., lo había encontrado. 

- Voy a poner música. ¿Vienes?
- ¡Claro! 

Los reptiles se perdieron por el pasillo y al rato comenzó a sonar música divertida para que todo el mundo pudiera bailar.

- Y ahora, vamos a daros las buenas noches con un tema que ha elegido Smaugui. Que descanséis, amigos, y no olvidéis que mañana tendremos noticias y más música en nuestra radio encantada.

Smaugui estaba feliz, había comprendido que la plata, el oro y todas las piedras preciosas del mundo no eran nada comparado al recibimiento que le habían brindado los habitantes de aquella casa mágica. Que la fortuna se contaba más por Amor que por dinero y que había encontrado la fuente inagotable entre los muros de Casa Encantada. Ahora sí, tenía su tesoro antes de los cien.



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