viernes, 23 de agosto de 2019

EL SEÑOR DE LOS BOSQUES. Aventuras en el norte.

El verano en Casa Encantada estaba siendo de lo más animado. Por la noche, a la luz de la luna se disponían hamacas, mesas, globos de papel de arroz iluminados, refrescos, chucherías y por supuesto, música, mucha música para animar la época estival. 
Esa noche, mientras Smaugui y Plumillas se ocupaban de la parrilla y sus ricos manjares, don Leonardo, Pirú y la seño Yolanda charlaban bajo una de las palmeras. La lagartija Matilda no estaba, había ido a visitar a sus parientes del norte y no la esperaban hasta dentro de unos días. No está bien que se diga, pero cierta paz había en la casa desde que el bicho zascandilero había partido. Al menos, no había discusiones a la hora de poner música en la emisora.

- Pirú - Dijo la seño- la semana que viene es el Día de la lagartija, coincide con la vuelta de Matilda. ¿Qué os parece si le preparamos una fiesta sorpresa?
- A mí me parece muy bien. ¿Qué dice usted? - Se dirigió a don Leonardo-
- Una idea excelente. Yolanda, querida, ¿te encargas tú de hablar con Plumillas para que organice un poco?
- Claro. También le pediré que toque con los Ratons Stones para amenizar la fistuqui.
- Estupendo - Contestó Pirú- Pues en marcha.

Mientras, Smaugui y el ratón, ajenos a la conversación se centraban en la parrillada.

- Smaugui, ¿puedes poner más llama aquí? Esto no acaba de hacerse.
- Por supuesto, espera que coja aire.

Y el culebre, como siempre, calculó mal y acabó alcanzando a Plumillas.

- ¡Aaaaaaaaayyyyy! ¡Que me quemas!
- ¡Pues no pongas la mano!

- Ya están esos dos con los accidentes en la cocina. -Murmuró Pirú- Iré a hacer un poco de magia sanadora con la mano de ese ratón.

Se encaminó hacia donde los amigos discutían y en un abrir y cerrar de ojos, la quemadura desapareció. Quien necesita sanidad pública teniendo un mago.
Enseguida se unieron don Leonardo y la seño Yolada  para trazar un plan y dar una buena sorpresa a su amiga en el Día de la lagartija. Estaban charlando animadamente cuando apareció Bizcocho, el ratón glotón de Casa Encantada.

- ¡Hola chicos! ¿Qué tramáis?
- ¡Hola Bizcocho! Vamos a dar una fiesta sorpresa a Matilda - Dijo Smaugui-
- ¡Me apunto! Estoy aquí por ella, así que quiero participar.
- Menos en la cocina, podéis ponerlo en cualquier sitio - Dijo Plumillas riéndose-
- Qué graciosito... Pues que sepas que soy el mejor probador de cremas y dulces del mundo.
- ¡No lo dudo!

Rieron la ocurrencia del ratón goloso y le hicieron el importantísimo encargo de confeccionar la lista de invitados y enviar las invitaciones.
Lejos de allí, Matilda se despedía de sus tíos Peruchina y Cristóbal y comenzaba su viaje de regreso. Aunque Smaugui había insistido en ir a recogerla, ella prefería volver atravesando bosques, ríos y roquedales  para empaparse del amplio y hermoso paisaje español.

- Muchas gracias por estos días tan maravillosos, queridos tíos.
- ¿Seguro que no quieres que avisemos a nuestro amigo el búho para que te lleve? - Preguntó su tío-
- Seguro, tío Cristóbal. Quiero anotar todo cuanto vea para poder contarlo luego en nuestro periódico.
- Hija, no olvides los regalos -  Dijo su tía entregándole una voluminosa mochila-

La tía Peruchina le había ayudado a elegir regalos para todos los amigos: Un bonito gorro de lana a juego con guantes para la seño Yolanda; la había oído decir que necesitaba un conjunto nuevo para el invierno. Un bonita taza de té para don Leonardo. Un cuaderno de viaje de pastas elaboradas con hojas de un árbol típico de la zona, para Plumillas. A Pirú le llevaba hojas de haya, de las que crecen entre las rocas con musgo, donde están los dólmenes y se guarda la sabiduría de los pueblos antiguos. Para los golosos de la casa: tortas de san Blas y bombones. A su hermano mayor, su querido Smaugui, le había conseguido unas olivinas. Unas piedras que le iban a encantar y que podía ponerse entre las escamas en los días de fiesta.
Con todo preparado, nuestra amiga se adentró en el bosque.

- Caray..., si Plumillas viera esto sacaría unas fotos estupendas - Pensaba mientras caminaba bajo el sol tenue de la mañana-

Llevaba andado medio día cuando decidió parar a comer. Los árboles eran tan altos que no podía ver donde terminaban y el suelo tan verde y mullido que se hacía difícil no rendirse a la siesta. Echaba de menos a sus amigos, aquel verdor en mitad del verano era totalmente desconocido para Matilda.
Se hallaba en estado de somnolencia cuando un chasquido de ramas la puso en alerta. Rápidamente cogió el carcaj y el arco y se dispuso a echar un vistazo. Lo que vio le heló la sangre, si es que eso le puede pasar a un reptil en pleno verano. Descubrió unas huellas enormes, una correspondiente a un pie humano descomunal y otra circular. Aquello era muy extraño, pero mucho. Todo apuntaba a que las huellas pertenecían a un solo ser, pero, ¿cómo? ¿Estaría siendo víctima de algún hechizo? ¿Qué clase de ser puede tener un pie y algo parecido a una pezuña redonda? No pudo evitar asustarse, así que decidió seguir camino y alejarse de allí.

- Ojalá hubiera aceptado la proposición de Smaugui o la del tío Cristóbal. Ahora mismo estaría muy cerca de Casa Encantada y no en este bosque donde una no sabe quién  o qué puede salirte al paso.

El resto del camino fue tranquilo. A eso de las cinco de la tarde comenzó a levantarse neblina y la lagartija decidió buscar un sitio donde pasar la noche. Los bosques del norte eran muy distintos a los que estaba acostumbrada, así que no quería tentar su suerte. En la lejanía divisó un viejo molino que le pareció perfecto.
- Ese lugar me irá bien, no parece que esté habitado.

Matilda entró en la casa, a pesar del aspecto exterior algo desvencijado, todo aparecía en orden y limpio. Si no quería llevarse sorpresas, sería mejor que buscara algún hueco donde esconderse. Dejó su mochila, el arco y el carcaj detrás de un paragüero para poder inspeccionar la zona; si no le parecía segura, buscaría el hueco de un árbol. Finalmente, descubrió el vacío dejado por un ladrillo cerca de la chimenea, era perfecto para pasar la noche y además no estaba a ras del suelo. 
Volvió a por sus cosas, pero para su disgusto, faltaba la mochila. De repente, cayó en la cuenta de que podían haberse llevado el arco y las flechas dejándola sin defensa. En su cabeza rebotaban las palabras de Pirú: "Nunca abandones tu arco, bajo ningún concepto. Debes tenerlo siempre cerca y a la vista". ¡Había cometido un error de principiante!
Decidida a encontrar sus pertenencias, recorrió toda la casa. Había oscurecido, la luz de la luna se colaba por entre la desgastada madera tiñéndolo todo de plateado, otorgando vigor a los escasos muebles que salpicaban el comedor. Se oyó un ruido, Matilda montó una flecha en su arco y justo cuando se disponía a soltar, una vocecita la detuvo.

- ¡No dispares! No queremos hacerte daño.

La lagartija giró su cabeza a un lado y a otro, pero no veía nada.

- ¡Estamos aquí! Avanza en línea recta hasta los cestos de mimbre del fondo.

Matilda no se movió y fue entonces cuando vio salir a dos pequeños seres. Uno iba vestido con algo rojizo, de lejos le parecieron cortezas de árboles, cuando se acercó comprobó que así era. Tenía la cara muy negra y unos incipientes cuernecitos. Sin lugar a dudas era un Trastolillo, un duende del hogar, travieso y bromista a más no poder. El otro duende apareció también, su vestimenta estaba hecha de musgo, hojas y raíces. Cada vez que se movía, el sonido de sus pisadas era como cuando se escucha la lluvia caer. Matilda sabía que era un Trenti, un duende del bosque, también divertido y bromista, pero que siempre ayudaba a los humanos a pesar de tomarles el pelo. Lo verdaderamente raro era que estuviera en una casa, los Trentis nunca entran.

- Por favor, no dispares. -Dijo el Trenti- Solo queríamos jugar un poco.


Matilda bajó el arco y sonrió al ver a los dos personajes. Había oído mucho hablar de ellos, pero nunca había tenido la oportunidad de conocerlos en persona. Bueno..., en duende.

- Hola chicos, soy Matilda  y no quería asustaros, solo busco un lugar donde pasar la noche. No soy de aquí y no conozco bien estos bosques.
- Yo soy Álex - Habló el Trenti- Me dedico básicamente a hacer trastadas en el bosque.
- Y yo Maxim, hago lo mismo que él, pero en las casas. ¿Qué te trae por aquí?
- He venido a ver a unos parientes, vivo en un pueblecito al norte de Córdoba y ya regreso. En mi mochila está todo cuanto necesito para el camino.
- ¡Oh, no te preocupes! Te la devolveremos, solo queríamos divertirnos un poco - Dijo Maxim- 

Los duendes encendieron unas velas e invitaron a la lagartija a un saloncito donde había dispuesta una mesa con frutos secos, leche  y otras viandas. Mientras cenaban, Matilda no pudo evitar la curiosidad y preguntó a Álex.

- ¿Cómo es que no estás en el bosque? Tenía entendido que los Trentis jamás entran en las casas.

Los duendes se miraron sorprendidos.

- ¿Pero es que no sabes lo que pasa? - Preguntó Álex-
- No..., no sé nada.
- Hay un grave peligro en el bosque -Dijo Maxim en voz baja- El Basajaun nos ha aconsejado que nos pongamos a salvo hasta que todo pase.
- ¿El Basajaun? - Preguntó Matilda-
- El Señor de los Bosques. -Dijeron a la vez los duendes-
- Vaya...¿Y qué aspecto tiene?
- Pues es altísimo y tiene el pelo tan largo que le llega hasta el suelo. En vez de uñas, tiene unas garras afiladísimas que aterra a sus enemigos y los pies, bueno..., son un tanto peculiares. Uno de ellos es como una pezuña redonda y el otro es humano, pero muy grande.
- ¡Un momento! -Exclamó Matilda- ¡Yo he visto esas huellas esta tarde y me he asustado muchísimo! ¡Pensaba que eran de un monstruo!
- ¡Nooo! Es el Basajaun, jamás te hará daño. Si viste sus pisadas es porque pensó que estabas en peligro. Dinos. ¿Escuchaste cencerros?- Preguntó Álex-
- Pues..,no recuerdo, la verdad.
- Es porque todos los animales están guardados -Aclaró Maxim- Cuando el Señor de los Bosques anda cerca, las ovejas hacen sonar sus cencerros de alegría y agradecimiento. Saben que están protegidas.
- ¿Qué peligro es ese del que habláis? ¿Ojáncanos? Porque si es así, los conozco bien. -Dijo Matilda-
- A estos, le temen hasta los Ojáncanos -Contó Álex- No son de aquí y eso nos deja un poco desconcertados. Son Trolls invasores.

Matilda se quedó pasmada. ¿Trolls en España? ¿Cómo era eso posible?

- Pero...., esta no es tierra de Trolls. ¿Sabéis que se convierten en piedra cuando llega el día? - Preguntó Matilda -
- Sí, -Contestó Maxim- El problema es que en estos bosques oscurece pronto, eso les da más horas para hacer sus fechorías. Los rebaños han bajado tanto desde que llegaron, que los pastores no saben cómo afrontarán las pérdidas y el invierno. Lo más peligroso de todo es la presencia de humanos de ciudad constantemente en la montaña. ¡No son conscientes de los peligros a los que se enfrentan! La semana pasada, uno de los Trolls raptó a un bebé, gracias a que el Basajaun andaba vigilante pudo rescatarlo, pero el susto que se llevaron los padres no lo olvidarán fácilmente. Nunca habían visto seres mitológicos, ni españoles, ni extranjeros y eso..., también supone un peligro para nosotros. ¿Comprendes?
- Ya lo creo...Los humanos de capital son bastante curiosos, no nos conviene que sepan que existís realmente u os convertirán en un parque temático.
- Exacto - Dijo Álex tomando un trozo de bizcocho y llevándoselo a la boca- Los montañeses son otra cosa, pero ellos...
- Bueno, ¿hay algún plan para acabar con ellos? ¿Cuántos son? -Preguntó Matilda-
- Son dos. Había tres, pero el Basajaun pudo llevar a uno de ellos hasta el sol y ahora es una enorme roca. De momento, no hay nada planeado, pero mañana al alba tendremos una reunión al lado de los dólmenes para ver cómo afrontar esto.-Explicó Maxim-
- Si me permitís, iré con vosotros. Creo que puedo ayudar.

Y la noche, inundó con sus sonidos la casa del viejo molino. Los duendes dormían tranquilos, pero Matilda no pegaba ojo. Esto tenían que saberlo Pirú y los chicos, estaba segura de que podrían ayudar. Además, era un problema que afectaba a todos así que habría que hablar con los Ojáncanos para que arrimaran el hombro, el ojo, los colmillos o lo que fuera. Eso solo podía hacerlo un mago y ella conocía al adecuado.
Buscó su mochila y extrajo la rosa azul a través de la cual se comunicaba con sus amigos. Los pétalos se abrieron y la cara de Pirú se dibujó en el corazón de la flor.

- ¡Matilda! ¿Ocurre algo? ¿Estás bien? - Preguntó el mago preocupado, pues la flor solo se utilizaba para casos de urgencia-
- Sí, sí, estoy bien, Pirú.

La lagartija explicó el motivo de su llamada, para cuando terminó su exposición, podía ver la cara de todos sus amigos y estos, la de los duendecillos que atraídos por la luz que salía de la habitación que ocupaba Matilda, acudieron a saber qué era.

- Y bueno, estos son Maxim y Álex, de los que os he hablado hace un rato - Concluyó la lagartija señalando a los duendes-
- ¿De verdad podéis ayudar al Señor de los Bosques a expulsar a los Trolls? - Preguntó Álex.
- Sí, si él lo permite, -Contestó el mago- Sin su permiso nada podemos hacer. En cualquier caso, mañana estaremos allí al alba para ofrecer nuestra ayuda.

Y amaneció en el bosque, se anunciaba una mañana hermosa y dorada de sol que olía a esperanza. Los animales y seres mágicos se dieron cita en el claro de los megalitos, a la espera de la llegada del Basajaun.

No muy lejos de allí, Smaugui batía sus alas con todas sus fuerzas para llegar lo antes posible. Con él: Pirú y Plumillas al rescate de los amigos del norte. Había costado Dios y ayuda que don Leonardo se quedara en Casa Encantada, solo la seño Yolanda pudo convencerlo con la excusa de preparar la vuelta al cole y la fiesta sorpresa para Matilda.

- Vamos amigo, ya casi estamos - Animaba Plumillas- 

El culebre sobrevoló los megalitos y después descendió y se quedó oculto entre los árboles hasta estar seguro de que su presencia no asustaría a nadie. Sin embargo, no era el único de su especie que acudía a aquel cónclave. Todos unidos por una causa común: Los Trolls.

- ¡Smaugui! -Exclamó Matilda al ver a su amigo- Ven, acércate porque eres bienvenido.

Trastolillos, Trentis, Caballucos del Diablo, Tentirujos, Anjanas, Ventolines, Enanucos bigaristas, Nuberos, Oricuernos... Y muchos más. Todos, junto a un buen puñado de animales, se dieron cita en aquel claro a la espera del Señor de los Bosques.
De repente, se oyeron cencerros. El Basajaun estaba cerca.

- ¡Ya viene! - Dijo Álex a sus nuevos amigos- 

Un ser enorme hizo acto de presencia y un murmullo de admiración recorrió el lugar. Era el Señor de los Bosques.

- ¡Madre mía que pedazo de bicho! -Exclamó Matilda-
- ¡Matilda! ¡No seas irrespetuosa! -Plumillas reprendió a la lagartija-

El Basajaun se dirigió al centro de los megalitos y con voz como trueno de tormenta informó a todos de la necesidad de unirse para acabar con los Trolls. En el camino había encontrado reses muertas y a un montañés desesperado buscando a uno de sus hijos. También sabía del robo de tesoros en cuevas de culebres y del desmantelamiento de algunos dólmenes construidos por Ojáncanos. Eran una amenaza para todos y había que sacarlos de allí.
Pirú escuchó atento todo cuanto dijo el Basajaun y decidió intervenir antes de que lo hicieran los demás.

- Señor de los Bosques, soy el mago Pirú y vengo desde muy lejos a prestar mi ayuda. Estos son mis amigos: Matilda, Plumillas y Smaugui. Decidnos qué podemos a hacer y lo haremos.
- Sé quienes sois, no hay nada que escape a mis sentidos en este lugar. Os doy la bienvenida y os agradezco vuestra ayuda.

Pirú hizo una reverencia en señal de respeto.

- Señor, ¿Por qué no están aquí los Ojáncanos? - Preguntó Smaugui-
- Hijo, ya sabes que son unos seres terribles. He intentando hablar con ellos, pero mi presencia los enfurece.
- Tal vez yo pueda -Propuso Pirú-
- Pues os encomiendo a ti y a tus amigos la tarea de reclutarles para esta noche. Solo otros seres tan temibles como ellos pueden parar a los Trolls.

Plumillas no paraba de mirar a unas pequeñas hadas que estaban cerca de ellos. Eran bellísimas.

- Son Anjanas - Le explicó Maxim- Hadas buenas, protegen los bosques y siempre están para quien necesita ayuda. Si las miras a los ojos, la esperanza te llena el alma. Sanan a los seres que habitan la montaña gracias a un brebaje que preparan ellas mismas y si las ves, es porque ellas quieren ser vistas. Solo se muestran ante quienes ellas quieren. Si tienes buen corazón, te premiarán. Son el azote de los Ojáncanos, por eso no estarán aquí. Les temen.

Plumillas se quedó prendando de aquellos seres. Tenían la piel muy pálida y cuando hablaban era como si cantase un ruiseñor. Su pelo era largo y lo adornaban con cintas de colores y flores. Vestían hermosas capas azules y en la mano portaban una vara de mimbre con una estrella en la punta que iluminaba los días. 

- ¿Crees que podría conocerlas? - Preguntó el ratón.
- Pues..., si están aquí imagino que sí - Contestó el Trastolillo-
- Chicos, dejaos de presentaciones, el Basajaun ha dispuesto que las hadas sean protegidas en sus cuevas porque pueden ser víctima de los Trolls. -Informó Pirú-
- Pero...Si neutralizan a los Ojáncanos, ¿no pueden hacer lo mismo con esos ogros? - Preguntó Plumillas-
- El Señor de los Bosques no quiere exponerlas, así que les ayudaré con un hechizo por si la magia de las Anjanas no fuera suficiente. Pensamos que esta noche, los Trolls se dirigirán hacia donde viven y atacarán.
- ¿Y se puede saber dónde viven? -Preguntó Matilda-
- En grutas con suelos de oro y paredes de plata, están ocultas en fuentes y manantiales. -Contestó Maxim-
- Vaya..., ahora entiendo porqué quiere protegerlas el Basajaun - Dijo Plumillas- ¿Y por qué no las sacamos de allí y las ponemos a salvo?
- Claro.., para poder ligarte tú a una .- Dijo la lagartija provocando las risas de los seres mágicos que escuchaban-
- ¡Eres muy tonta! -Exclamó el ratón sonrojado-
- Ellas son el objetivo de los Trolls desde hace mucho - Habló el Señor de los Bosques a sus espaldas sobresaltando a todos- Cada vez se acercan más y pensamos que esta noche pueden llegar hasta sus cuevas para, no solo robar el oro y la plata, también acabar con nuestras hadas.
- ¿Y ese quien es? -Preguntó Matilda apuntando a un pequeño duende que la miraba desde hacía un buen rato- 
- Un Tentirujo. Son unos duendecillos....Verdes. En el amplio sentido de la palabra. - Explicó Álex sonriendo-
- Yo también soy verde - Contestó Matilda-
- No se refiere a ese verde, tontita -Aclaró Plumillas- 

Álex y Maxim se rieron mucho y contaron a sus amigos que esos seres, se volvían invisibles gracias a la ingesta de raíces de mandrágora y aprovechaban para acariciar a las mozas que subían al bosque.

- ¡Vaya!¡Sí que son verdes, sí! -Exclamó divertida Matilda-

Cayó la tarde y Smaugui, Plumillas, Matilda, los duendes y Pirú se dirigieron al punto que había señalado el Basajaum. Hablarían con los Ojáncanos. Durante el camino, conversaban animadamente, ajenos a los peligros que acechaban a cada paso.

- Contadnos más cosas sobre las Anjanas -Propuso Plumillas a los duendes-
- Muy interesadito te veo yo a ti... - Dijo Matilda para chinchar al ratón-
- Pues en primavera, a media noche y cuando hay luna llena, las hadas salen a bailar hasta que amanece y en su camino esparcen rosas verdes, azules y púrpuras. Quien las encuentra recibe la bendición de las Anjanas y la felicidad eterna. - Contó Maxim-
- Vaya... Eso es precioso. -Dijo Matilda-
- Siempre he querido ver las grutas -Comentó Smaugui- Pero para los culebres no es fácil.
- Pensarán que vais a robar - Aseguró la lagartija-
- Claro.

Y hablando, hablando, llegaron a una cueva que solo mirar la oscuridad que desprendía, daba miedo.

- Esperad aquí -Ordenó Pirú- Es más seguro, especialmente para los duendes. 

- Matilda, vamos a escondernos entre esas hojas -Propuso Álex- 

Pirú avanzó hacia la cueva y se detuvo en la puerta. De repente, el suelo comenzó a temblar.

- Ya vienen... - Murmuró Smaugui-

Frente al mago, un ser extraordinario, temible y conocido por nuestros amigos. Plumillas se estremeció de miedo recordando su primer encuentro con ellos. Ahora se daba cuenta de lo insensato que había sido.

- Esto no va a funcionar - Dijo Smaugui- ¿Sabes que pueden convertirse en serpientes? Son malvados, arruinan los huertos, las fuentes...Odian a las Anjanas ¿Por qué las iban a ayudar?  No, no lo harán, son sus enemigos más feroces.
- Bueno, si desaparecen las Anjanas, ¿podría desaparecer el bosque? Eso sí les afecta. -Contestó Plumillas-
- No sé, Plumis, son tan malos que igual prefieren extinguirse a ayudar a las hadas.

Pirú permanecía frente al monstruo, de pie, sin aparentar miedo. Aquel ser elevó sus brazos e intentó aplastar al mago, por suerte se hizo a un lado y rápidamente le lanzó un hechizo que lo paralizó.

- Te lo dije -Dijo Smaugui apesadumbrado-

Los duendes y Matilda salieron de su escondite muertos de miedo y corrieron a esconderse en los bolsillos del mago.

- Chicos, aquí no hay nada que hacer. La noche ha caído, vamos a unirnos al Basajaun para salvar a las hadas. Ya ajustaremos cuentas con estos malvados egoístas. -Dijo Pirú decepcionado con aquellos seres-

Subieron a lomos de Smaugui y se dirigieron al lugar en el que habían sido citados por el Señor de los Bosques. Llegaron a un sitio apartado, hermoso, con un bosque exuberante y cascadas por doquier.  Quedaron sin habla ante tanta belleza.

- Bienvenidos al hogar de las Anjanas - Dijo el Basajaun extendiendo las manos en señal de bienvenida- 
- Vaaaaya, así que es aquí donde viven. - Dijo para sí Maxim que estaba entusiasmado con tanta belleza- 
- Ellas permanecen dentro de las grutas. ¿Qué ha pensando el mago para protegerlas? - Preguntó el Señor del Bosque-
- Un hechizo como el que tengo en mi casa. Es una campana invisible que no puede ser traspasada por ningún ser.
- ¿Estás seguro? - Preguntó el Basajaun-
- Así es, señor. Hasta hoy, nunca hemos tenido que lamentar ningún accidente.
- Bueno, aquí las cosas muchas veces no resultan como queremos. Esperemos sea suficiente tu magia y la de las hadas. Vayamos al camino, allí esperan los demás para hacer frente a esos dos Trolls. Hay que evitar que lleguen aquí y si es posible, entretenerlos hasta que rompa el día.
- ¿Para que se conviertan en piedra? .Preguntó Matilda-
- Así es -Respondió el Basajaum-
- ¡Coooomo me gusssta!
- Eres incorregible -Murmuró Plumillas pellizcando a la lagartija en el brazo-

Había un silencio inusual en el bosque que no anunciaba nada bueno. Plumillas estaba nervioso y hasta el mismo Smaugui sentía escalofríos. 

- El bosque está mudo, los monstruos están cerca -Afirmó el Basajaun- Los duendes deben permanecer a salvo, será mejor que no salgáis de los bolsillos del mago.

Al rodear unos roquedos se toparon con lo increíble. Allí estaban aquellos dos seres malvamos. Uno llevaba dos ovejas aún vivas que al sentir la presencia del Señor del Bosque comenzaron a sonar sus cencerros.

- ¡Maldito! ¡Lleva a Blanca y a Lima! ¡Son amigas mías! -Exclamó el Trenti muy enfadado- 
- Tranquilo Álex, vamos a salvarlas - Aseguró el mago-

Pirú lanzó un haz de fuego con su vara que impactó en el brazo del Troll que llevaba las ovejas. El monstruo, sorprendido, dejó caer a los animales que salieron huyendo. El Basajaun salió a su encuentro y las llevó a lugar seguro.

- Eso los va a cabrear mucho - Dijo Matilda-
- ¡Ya lo creo! - Gritó Pirú mientras corría para ponerse a salvo y poder contraatacar- 

En ese mismo instante, el bosque se llenó de luz. Eran los seres mágicos que venían acompañados de antorchas y habían rodeado por completo a los Trolls.
- Sabía que no fallarían - Dijo el Basajaun orgulloso de sus amigos-

No acabó de hablar y los Trolls se abalanzaron sobre ellos. Un Enanito bigarista salió despedido y los culebres, enfurecidos, comenzaron a lanzar llamas. Todo les rebotaba, era como si nada ni nadie pudiera parar a aquellos seres. El Basajaun se acercó a uno de ellos, pero le lanzó un fuerte golpe con el palo que portaba- Por suerte, lo evitó y pudo empujar al Troll con todas sus fuerzas haciendo que se desplomara. Rápidamente, Pirú le lanzó un hechizo paralizante, pero solo duró unos minutos.

- ¿Qué es lo que pasa? ¡Debería estar inmovilizado por horas!
- Te lo dije, mago. Estos monstruos son más fuertes de lo que imaginábamos. Va a ser una lucha larga.

Muchos amigos estaban heridos. Plumillas ayudaba a algunos duendes a ponerse en pie y les animaba a resguardarse siguiendo las órdenes de Pirú, pero ellos, querían estar con el Señor de los Bosques, defendiendo su casa y la de todos.

Los Trolls llevaban ventaja. Muchos de sus enemigos estaban heridos o habían salido huyendo y sin que pudieran evitarlo, corrieron hacia la casa de las Anjanas.

- ¡Vamos, no podemos permitir que lleguen a las grutas! - Gritó Maxim- 

Pirú volvió a desarmarlos y el Basajaun los lanzó por los aires en un intento de alejarlos de las cascadas. Uno de ellos se levantó e intentó acercarse, pero la campana protectora surtió efecto y fue repelido con tal fuerza que se desplomó sobre el otro Troll. Atontados, permanecieron un rato sentados.

- Debemos atarlos ahora, es el único modo. - Propuso Álex-
- Demasiado peligroso. -Contestó el Basajaun-
- Pues algo hay que hacer ahora que están confundidos - Propuso Matilda-

El Señor de los Bosques levantó una inmensa roca y la lanzó contra los monstruos, pero la esquivaron hábilmente. Enfurecidos comenzaron a golpear la invisible protección. Una y otra vez, una y otra vez.

- ¡Si siguen así, la van a romper! - Gritó Plumillas.
. Necesitarán algo más que puños para romperla - Dijo Pirú-

Pero algo crujió. En el aire, unos caminos de cristal se abrieron dejando al descubierto a las Anjanas y boquiabiertos a los que intentaban evitar que sucediera.

- ¿Puedes recomponerla? -Preguntó el Basajaun-
- Sí, pero necesitaré que los distraigáis. 
- Eso es cosa nuestra -Dijo Maxim- Si algo sabemos hacer los duendes Trastolillos, son travesuras.

Alex y él corrieron hacia los Trolls  y se subieron a sus pies. Comenzaron a hacerles cosquillas entre los dedos hasta que acabaron rodando por los suelos. Durante ese tiempo, Pirú pudo recomponer la campana.

- ¡Hay que alejarlos de aquí! - Gritó Matilda-

De repente, un grupo de Ventolines comenzó a soplar en los oídos de los ogros y estos casi se vuelven locos. El viento era cada vez más fuerte y aunque manoteaban para espantarlos, ellos eran más en número y persistencia.
Maxim y Matilda corrieron entonces entre los pies de los gigantes. Con una cuerda consiguieron enredarlos y caerlos de nuevo, momento que aprovecharon los Nuberos para descargar una fuerte lluvia sobre ellos. Mojados y agotados, daban tregua a Pirú para trazar un nuevo plan.

- Las criaturas del bosque no resistirán mucho, están agotadas. - Advirtió el Basajaum- Llevamos horas intentando sacarlos de aquí y lo único que conseguimos es tirarlos al suelo.
- Un momento -Interrumpió el mago mirando al Señor de los Bosques con los ojos muy abiertos por la idea que le rondaba- ¿Cuánto falta para que amanezca? 
- Un par de horas.
- Los entretendremos y el sol hará el resto.
- No son tan tontos- Aclaró Álex- Pronto saldrán corriendo hacia su cueva y nada ni nadie podrá detenerlos.

El Basajaun asintió apesadumbrado. 

- Pues taparemos su cueva -Propuso Matilda-

Un nuevo golpe los sacó de sus cavilaciones. De nuevo intentaban entrar en las cascadas. Al fondo, se veía a las Anjanas con sus báculos encendidos. ¿Sólo ellos percibían todo ese amor que había tras la protección de Pirú? - Se preguntaba Plumillas-
De nuevo,  Maxim, Álex y Matilda ayudados por otros duendes capitaneados por Plumillas, hicieron rodar por los suelos a los Trolls. Y otra vez, Pirú recompuso la campana, aunque en esta ocasión, apenas la habían rasgado.

- Parece que esta vez ha resistido -Dijo feliz el Basajaun-

En ese instante, los Trolls se levantaron y emprendieron la huida. Pronto amanecería.

- ¡Corramos! .Gritó Smaugui- ¡Hay que evitar que entren en su cueva!-

Los culebres volaron para entre todos, lanzar llamas contra los monstruos e impedirles el paso, pero  no hizo falta, al llegar a la cueva, una sorpresa les esperaba.
Seis Ojáncanos aguardaban de pie, fieros, terribles, a la puerta de la gruta que había servido de guarida a los Trolls. Estos, al verlos, se lanzaron contra ellos, pero de nada les sirvió. Los Ojáncanos eran más en número y fuerza. Amarraron a los dos intrusos y esperaron la salida del sol que hizo el resto. El Basajaun no daba crédito a lo que veían sus ojos. ¡Habían venido! ¡Los malvados Ojáncanos habían salvado el bosque!
Pirú abrazó al Señor del los Bosques y luego todos los seres mágicos se abrazaron entre sí. 

- ¡Lo hemos conseguido! . Gritó Matilda subida a la cabeza petrificada de uno de los Trolls-

En ese momento, un sentimiento de amor se extendió por entre la hierba, los árboles, los corazones... Venían las Anjanas. El Basajaun sabía que los Ojáncanos no soportarían su presencia.

- Id en paz y que esto que habéis hecho hoy, lo conozcan los Hombres y las criaturas del bosque, por siempre.

Las temibles criaturas se retiraron y el sol brilló aún con más fuerza.

- ¡Esto hay que celebrarlo! - Exclamó Pirú-

Dos días duraron las fiestas en el bosque. Dos días de felicidad intensa y camaradería. El momento de la despedida llegó y Smaugui tuvo que decidir si se quedaba con su familia del norte o volvía a Casa Encantada.

- A ti corresponde esa decisión - Le habló el Basajaun- Has sido valiente, has luchado con honor y te mereces elegir tu hogar. Si decides quedarte, serás aceptado y reincorporado a tu antigua comunidad. Si por el contrario decides marchar, lo harás con mi bendición y la promesa de visitarte.
- Señor, con ellos he descubierto un tesoro que nunca antes había tenido: LA AMISTAD. Ahora mi casa está allí, con este ratón sabelotodo y esta lagartija que nos saca de quicio a todas horas. Con ese mago y con  otros amigos que esperan mi regreso. Me voy, pero la mitad de mi corazón se queda.
- Bueno, pero puedes venir a vernos - Dijo Maxim- 
- Claro que sí, volveré. Además, le he prometido a Álex volver a volar por su cumpleaños. Quiere ver de nuevo las cascadas desde arriba. Y también podéis venir a visitarnos a Casa Encantada. Por favor.

Apenados, nuestros amigos se despidieron y emprendieron el camino de regreso. En el cielo: Ventolines, Nuberos y Culebres hicieron un pasillo de honor para sus nuevos amigos, en agradecimiento por su valentía y ayuda.
De vuelta en Casa Encantada, el tiempo parecía haberse detenido. Todo seguía igual, inalterable y eterno. Sin embargo, había un silencio inusual. ¿Dónde estaban todos? 
Alegando cansancio, los viajeros se despidieron de Matilda que se quedó sola en el recibidor. ¿Eso era todo después de un viaje agotador? ¿Nadie salía a recibirles? 
Se abrió la puerta de la cocina. Era Bizcocho que se dirigía al salón. 

- Hola Bizcocho. Me alegra mucho verte después de tanto tiempo. Oye, ¿dónde están los demás?
- Ah, hola. Pues están todos de vacaciones, aquí solo quedo yo. Si quieres acompañarme, voy a desayunar. En este plato hay galletas para los dos.
- Bueno.., te acompaño. Tengo hambre y no me apetece comer sola.

Se dirigieron al salón y cuando se abrió la puerta.... ¡Sorpresa! Todos sus amigos estaban allí detrás de una enorme pancarta que decía: 

¡FELIZ DÍA DE LA LAGARTIJA, QUERIDA MATILDA!

No podía creer la fiesta que le habían preparado. Habían pasado varios días de la fecha, pero no le importaba, allí había cariño para llenar varios continentes. ¡Estaban todos! También Pirú y Plumillas. Dirigiéndose a su amigo, le espetó:

- ¿Tú sabías esto? ¡Eres un malandrín, Plumis!
- ¡Claro! Te lo mereces, amiga. Aunque a veces eres un poco petarda, se te echa de menos si no estás.

Y la fiesta dio comienzo y duró hasta la noche, cuando los corazones rendidos de tanta emoción decidieron descansar. Todos, menos Smaugui, que lo tenía dividido.

. ¿Estás bien, hermano? - Preguntó Matilda subiéndose a la mano del culebre.
- Si, estoy donde quiero estar, pero también hecho de menos mis bosques del norte.
- Pues te propongo una cosa. Cuando sientas nostalgia, me buscas y volamos juntos hasta tu casa. ¿Te parece bien?
- Me parece perfecto.
- Por cierto, ¿qué es eso que brilla tanto entre tus escamas? - Preguntó Matilda divertida-
- ¡Oh! Tus olivinas. Son preciosas, gracias.

Y las ventanas de Casa Encantada se fueron apagando una a una. Nut extendió su manto oscuro sobre el cielo y los amigos dejaron volar su imaginación hacia aquel sitio donde hacía tan solo unas horas, habían conocido a gente maravillosa. Criaturas que habían dado una lección al mundo cuando lo que más les importaba estaba en peligro: Su HOGAR, nuestro hogar. 
Por cierto, os dejo con una instantánea de la actuación  de los Ratons Stones. Plumillas es el de la flauta. 

Este cuento va dedicado a mis sobrinos Álex y Maxim, los duendes traviesos más guapos de la familia. ¡Ser tan lindos y cariñosos, tiene recompensa!

AGRADECIMIENTOS: Gracias a José Manuel Castaño por la foto tan maravillosa de Casa Encantada. 
Gracias a la familia del norte, esa que un día..., se encontró con el Basajaun.

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