sábado, 20 de junio de 2020

CHARLA SOBRE Casa Encantada con el concejal de cultura.

En el día de ayer tuve una charla con el concejal de cultura del Excmo Ayuntamiento de Peñarroya- Pueblonuevo, don Luciano Carrasco, con quien pasé un rato muy agradable recorriendo Casa Encantada y hablando de sus personajes. Si te lo perdiste, puedes vernos y escucharnos en el siguiente vídeo.
Gracias por la oportunidad.

Recomendando lecturas desde Casa Encantada.

Con motivo de la I Feria Virtual del Libro, aprovecho para recomendaros esta novela. Feliz lectura.

viernes, 19 de junio de 2020

REBELIÓN EN CASA ENCANTADA.


Por una vez y sin que sirva de precedente, tengo que contar lo que me ha pasado con los personajes de Casa Encantada. Sí, sí, mis personajes, esos que he soñado con todo cariño y a los que he dado vida dentro de esta casa que tanto queremos. Bien, todo empezó cuando quise crear personajes nuevos. Estaba a punto de soñar al doctor don Pepito Tiritas y la farmacéutica doña Teresita Recetillas cuando recibí un correo electrónico de Pirú. Sí, sí, del mago. En el  correo decía lo siguiente:
De: Pirumago@casaencantada.info
Para: pepagomez@casaencantada.info

Estimada Pepa:
                    Hemos sabido que estás a punto de soñar varios personajes nuevos para Casa Encantada entre los que se encuentran dos que pertenecen a la rama sanitaria. Como mago y en representación de todos mis compañeros, tengo que elevar una queja y mi máxima repulsa ante lo que me parece una intromisión en mis funciones. Un mago no necesita de médicos ni farmacéuticos, si bien, pueden estar perfectamente en cualquier otro lugar como puede ser "La Charca de los Patos", donde Pepa Jones y el gambigrupo igual necesiten de sus servicios.
                Del mismo modo, ha llegado a oídos de Plumillas que también deseas soñar a una nutria escritora llamada Martuca Peluca, función que choca con los trabajos que él desempeña en esta casa. 
Smaugui me trae la queja de que igualmente, sueñas con un nuevo ser mitológico y él está hasta las escamas de ojáncanos, nuberos, roblones y otros bichos maléficos, que necesita descansar y que le sueñes haciendo barbacoas, no peleando para defender a sus amigos o a los paisanos del Guadiato.
                Y por lo expuesto anteriormente, te emplazamos a una reunión el día 17 del corriente a las siete de la tarde para entre todos tomar decisiones por el bien de Casa Encantada y los que aquí habitamos.

Fdo: Pirú Mago
Representante de PDPCE (Plataforma en Defensa de los Personajes de Casa Encantada)

Con este panorama -y bastante preocupada- me fui ayer a Casa Encantada para arreglar este asunto, pero desde luego que fácil, lo que se dice fácil no me lo iban a poner.
Nada más llegar, en la puerta me encuentro a Smaugui con cara de pocos amigos y no es por nada, pero un culebre enfadado no es precisamente la mejor compañía. A su lado, la lagartija Matilda.

- Hola chicos, ¿qué tal estáis? ¿Me invitáis a pasar? - Les digo-
- Si no hay más remedio.... - Dice Matilda dándose media vuelta y haciéndome una señal con el dedo para que la siga-

Al pasar al lado de Smaugui este no se aparta y tengo que sortear uno de sus enormes pies. Las escamas le brillan muchísimo; traerlo de Cantabria a Andalucía ha sido todo un acierto. 
Ya en el salón, todos me miran muy serios, están sentados en sofás y butacones, Matilda corre a uno de ellos y se sienta con Plumillas. Pirú, al que mis sobrinas adoraban de pequeñas, hoy parece otro mago. Está serio y eso lo hace oscuro y peligroso, nunca lo soñé así y ahora me resulta inquietante porque comprendo que todos ellos ya viven por su cuenta, fuera de mi mente y de mi control.

- Pasa Pepa, siéntate por favor. -  Me dice don Leonardo- Te hemos llamado, como ya sabes, para tratar sobre los nuevos personajes que sabemos estás soñando.
.- ¿Y cómo sabéis que estoy soñando eso?
- Somos mágicos - Habla Pirú por fin- ¿Pensabas que podías controlar todo?

Guardo silencio, lo último que quiero es discutir con mis personajes. Miro alrededor, están todos y con cara de pocos amigos, no entiendo tanto revuelo por querer ampliar la plantilla encantada, creo que cualquier aportación enriquecería su vida y la de la casa, pero bueno, hay que escuchar lo que quieren contarme. Pirú toma la palabra.

- Como representante de la Plataforma en Defensa de los Personajes de Casa Encantada, quiero trasladarte nuestro desacuerdo con la llegada de los nuevos personajes. Ahora mismo vivimos bien, tenemos espacio para todos y todos tenemos nuestras funciones, si estamos más, no podremos hacer nuestro trabajo y además, habrá que compartir habitación. Y eso..., jamás.

Me quedo pasmada, ¡resulta que se me han vuelto cómodos y no quieren compartir!

-  Además, nosotros vamos sobrados en la cocina - Dice Blasito señalándose a él mismo y a Benito-
Ratoncitos extraídos de Pinterest, propiedad de: OKSANA CIACCIOPPOLI. Para más información: www.livemaster.ru/topolino

- Pero..., ¿os estáis escuchando? - Me pongo de pie para que me vean y oigan mejor- ¿Me estáis diciendo que no queréis más amigos aquí porque estaréis incómodos? ¿Porque tendréis que compartir? ¿Cuándo he soñado yo un corazón egoísta para vosotros? ¿Cuándo? - Señalo a todos, uno a uno y muy enfadada. Vais a tener un problema muy gordo si seguís por ese camino, os lo advierto.

En ese momento, Plumillas toma la palabra.

- No es eso, Pepa. Aquí todo está muy organizado, la emisora que a la vez hace de redacción para el Casa Encantada Noticias,  es pequeña... No puedo compartir ese espacio con una nutria que además, con lo revoltosas que son, no dejaría nada quieto y yo tengo que concentrarme para mis cosas.
- ¡Puedo soñarte una redacción más grande! Siempre te quejas de que Matilda y tú no tenéis tiempo, que hay mucho trabajo... ¡Martuca podría ayudaros!
- No es no.
- ¿Perdona? - Le contesto asombrada-
- Que no es no. No queremos a esa nutria.

Y se levanta y se va dejándome con la palabra en la boca. Antes de salir le oigo murmurar.

. Será zurupeta...
- ¡Te he oído! ¡Me has llamado zurupeta!
- De eso nada, monina, he dicho "coqueta". Que me pareces una humana muy co-que-ta.
- Sí, yo lo he oído perfectamente - Le apoya la lagartija Matilda que sale tras él-

Me siento decepcionada. Estos personajes siempre han sido generosos, buenos, acogedores... ¿Qué les habrá pasado? ¿Estarán bajo alguna influencia maligna? Me pongo a pensar rápidamente en soluciones, pero antes de que pueda intentarlo, la puerta se abre y entran Plumillas y Matilda con pancartas.


- Pero bueno, ¿esto que es? - Pregunto enfadada- ¡Estoy empezando a perder la paciencia!
- Se han pasao, macho. -Le murmura por lo bajo Benito a Blasito- Tampoco es eso, que la mujer ha venido en son de paz y veremos si no se enfada y nos manda a la zona oscura.

Detrás de ellos, Bizcocho hace acto de presencia con una cacerola y una cuchara, formando un ruido ensordecedor y gritando como un poseso: ¡No más personajes, Pepa dimisión! Me quedo con la boca abierta y el insoportable escándalo hace que instintivamente me lleve las manos a los oídos.

- ¡Por favor, que alguien le quite la cacerola! - Grito desesperada-
- Bizcocho Smith le llaman, no te digo más... - Me contesta Matilda-

Pirú se levanta, pensaba que iba a reñir a Matilda, Bizcocho y Plumillas, pero no, se dirige hacia mí.

- Nos has tenido abandonados durante meses y ahora vienes diciendo que traes personajes nuevos. Meses sin soñar nada para nosotros, cuando sabes que nuestra existencia depende de ti.

Empiezo a entender. Durante los meses que ha durado el confinamiento a causa del coronavirus no he estado muy activa con los cuentos, a todos nos ha afectado de un modo u otro y yo llevo demasiado sin escribir.

- Igual es que ya te has cansado de nosotros y no nos quieres... - Habla la seño Yolanda con una tristeza que me contagia-

Ahora lo veo claro, mis personajes se han sentido abandonados en este tiempo y al ver que creaba otros nuevos, han debido pensar que ya no les quiero ¿Pero cómo voy  a dejar de quererlos? Apesadumbrada me pongo a andar por el salón como una sonámbula, no sé muy bien qué hacer y decido sentarme en el primero sitio que veo libre. De repente, siento un dolor inmenso en el culete y grito.

- ¿Qué sucede? - Pregunta Pirú desconcertado.
- ¡Algo me ha mordido! - Al girarme para ver qué hay en el asiento, me encuentro con Plumillas- 
- Ibas a sentarte sobre mí. ¡A posta!
- ¡Me has mordido! ¡Ratón impertinente! - Le grito enfadada-
- Poco para lo que mereces. Además.., todo hueso.. ¡Puaaaj!  ¡Qué asco!
- ¿Sabes qué? - Le digo apuntándole con el dedo- Se acabó, no estoy dispuesta a aguantar ni un minuto más tus idioteces. Voy a hacer desaparecer tu cola y a convertirte en un hamster redondo, blancuchino y culón. ¡Tu único cometido será comer lechuga!
- Habrás querido decir.., ganster. Plumillas Clemenza. - Dice mientras se mira las uñas con aire de superioridad- Te voy a hacer una oferta que no podrás rechazar.

El resto de personajes le ríe la gracia, especialmente Matilda que está descontrolada y salta de un lado para otro. Me tiene nerviosa y no puedo disimularlo, la situación se me escapa y debería poder controlar lo que está sucediendo, ¡a fin de cuentas soy yo quien sueña esto! Siento ganas de llorar.

- Pepa...¿Estás llorando? -Me pregunta la seño Yolanda que se acerca y se sube a mis rodillas-
- Pensáis que os he abandonado y eso no es cierto. Os sigo queriendo como siempre, solo que tengo una de esas crisis por las que pasamos las personas que escribimos. Me falta inspiración y pensé que con nuevos personajes podría retomar los cuentos. En ningún momento he querido eliminaros, al revés. No es justo que me hagáis esto.

Alguien ha trepado hasta mi oreja derecha y una mano suave y peludita desciende por mi mejilla a modo de caricia. 

- Siento haberte mordido. ¿De verdad que no has dejado de querernos?
- ¿Cómo podéis pensar eso? ¿Sabéis lo que me costó soñaros? 

Muchas manitas acarician mi cara, mis manos..., mi alma. Alguien está enredando con un collar de madera que llevo.

- Pepa, ¿me prestas este collar? 

Es Matilda. La cojo en mi mano y me quito el collar con la otra, decido regalárselo para que se haga muchos collares, pulseras y pendientes con él. Pirú, don Leonardo y Bizcocho se acercan, los ratones suben a mis rodillas.

- Pensábamos que... 
- Lo sé - Interrumpo a Pirú- Pero no es así y estáis siendo muy injustos. ¿Te has parado a pensar cuánto pueden aprender un médico y una farmacéutica de un mago? ¿Sabes cuántas cosas buenas podrían hacer en sus mundos?
- Ah.., ¿entonces venían a aprender? ¿A que yo les enseñara? - Pregunta avergonzado-
- Claro, Pirú. Nuestro mundo necesita magia, mucha magia. Y en cuanto a la nutria - Digo mirando a Plumillas- Venía porque te admira, le gusta como escribes y le encantan tus programas de radio, especialmente "Cuarto Ratenio". Solo quería aprender de ti, pero si tú no quieres.., le buscaré a otro profesor.

Se hace un silencio espeso, me seco las lágrimas y anuncio que me voy, que a partir de ahora tendrán que buscar a otra escritora para que sueñe sus aventuras, puesto que yo no  he estado a la altura. Intento levantarme, pero no puedo y no creo que sea por el peso de los rantoncitos.

- Piru ¿Qué has hecho?
- Oh..., nada, un pequeño hechizo para que te quedes hasta que escuches nuestras disculpas.

Arrepentidos, me piden perdón y yo -que no pensaba para nada dejar de soñarlos- acepto volver a ser su creadora. Todo lo han hecho porque pensaban que ya no les quería. En ese momento, unos enormes ojos ardientes asoman por el salón. Es Smaugui.

- Pepa, si quieres te llevo a tu casa volando, es muy divertido y podemos dar una vueltecita para que veas las montañas.
- Y espera, ¡que te preparamos unos dulces! - Dicen Blasito y Benito que salen corriendo camino de la cocina-
- No puedes irte sin contarnos algo de mis aprendices - Me dice Pirú-
- Pues veréis, don Pepito es un médico de campo y anda curando a todos los animalillos que trabajan en las labores de la tierra y doña Teresita tiene unos niños... ¡Tenéis que verlos! ¡Son unos ratoncitos preciosos! Carmen, Ignacio, Paula y Teresa. Ya  veréis, ¡harán las delicias de todos!
- ¿Y podré enseñarles la broma del guante? - Pregunta Matilda entusiasmada-
- ¡Por supuesto! Aunque igual son ellos quienes te enseñan trastadas a ti.
- ¡Cómo me gusssssssssssssssta! 
- ¿Y cómo es Martuca Peluca? - Pregunta Plumillas- Espero no haberte hecho mucho daño. Estoy vacunado, ¿sabes?
- Pues Martuca es muy lista, quiere aprender a hacer fotos y a redactar noticias encantadas y piensa que nadie mejor que tú. Y por cierto, chicos, tengo una sorpresa para vosotros.

Sus caras expectantes me hacen gracia.

- Vamos a salir en Youtube, me van a hacer una entrevista con motivo de la I Feria virtual del libro en Peñarroya-Pueblonuevo y quieren que estéis vosotros ¡Sois los protagonistas!

Risas y más risas, frases atropelladas y locura colectiva. La seño Yolanda me dice que necesita un vestido nuevo porque tiene que salir guapísima, así que toca soñarle uno. Matilda quiere contarles a todos cómo se suelta una flecha ¡Me vuelven loca!
Don Leonardo hace una señal a todos y se marchan, nos quedamos solos y hablamos sobre la entrevista, que solo es una excusa, un rodeo para dejarme claro que aquella casa es la casa de todos los que quieran ser felices y que en ningún momento han pretendido ser egoístas. Yo sé que es verdad, sus corazones son tan grandes que caben varios mundos con sus gentes en ellos, solo que se han sentido solos, y a veces, la soledad es un puente a los malos pensamientos. He aprendido la lección, pero creo que ellos también.

- Nunca os abandonaré, nunca he dejado de quereros ni de soñaros, sois mi creación y mi mundo. No lo olvidéis. - Les digo antes de subir a lomos de Smaugui-
- Pepa, ¿te duele el culete? - Me grita Plumillas desde lejos mientras los demás rompen en sonoras carcajadas que llenan la casa de alegría-
- Al final... ¡Hamster!

Y me elevo sobre las casas y bajo el cielo, feliz de recuperar a mis amigos y de traer otros nuevos. Nos vemos próximamente en nuevas aventuras, ¡no os vayáis muy lejos!

LA PLENITUD.

Ya pasó, el invierno duerme entre los lastimosos meses, dolientes de fríos, mustios de ánimos. Ahora, los árboles lucen sus valiosas prendas hasta donde la vista alcanza y la luz deslumbrante reviste de lujo el cielo. Días largos, calma en el pensamiento y esplendor donde antes solo había herrumbre.
Esta tierra fecunda ha triunfado y ahora, el viento enajena el alma que ensanchada corre a buscar sonrisas. ¡Oh.., cuánta plenitud, cuánta grandeza! Y es que el sol nunca miente, sus rayos hacen vibrar los días bajo el vuelo de los abanicos y la infancia rebosante de afán, se muestra orgullosa a quienes deseen recordar quienes eran.
Verano apacible, historias de abuelas cariñosas que traen virtud en sus frentes. Besos de nietos lejanos que al arrullo del corazón sencillo se echan a dormir. El cielo se entreabre, las horas pasan...  Huracán de esperanza sobre los Hombres.
Y todo vuelve a la vida: el río, los ojos, la tierra y los poetas que exhiben sin pudor sus letras una vez emigraron las horas oscuras. En medio de un cuaderno lustran sus ocurrencias con manchas de horchata a medida que el ritmo se impone en sus historias. A veces, bajo la luna dejan que se agote su sed de escritura e intiman con la fatiga hasta que rendidos caen en manos de Morfeo.
Camisetas, paseos, verano.., y una constelación de ojos enamorados que in extremis se salvan de la tragedia.

Fotografía de mi amigo Manolo Rubio. Saldaña, Palencia.
Bajo licencia SafeCreative.

jueves, 18 de junio de 2020

OTOÑO EN LAS RAMAS.

El mundo ha cambiado de color, desnudas las ramas miran los rojos vestidos a sus pies. Todos tienen un destino común, uno compartido que es vivir en primavera. Hasta entonces, el invierno pondrá funda de escarcha a los brazos flacos que tiritan bajo el cielo. 
El tiempo, el egoísmo del Hombre que aborrece el cambio. El cuerpo cambia, el árbol cambia...Nunca serás como siempre. Sin embargo, ellos rezuman algo cotidiano, triste en ocasiones, pero vivido todos los días. Unas veces luciendo velas que el viento agita, otras, ramas de madera oxidada llenas de esperanzas. Y siempre, cubiertos de pájaros que son como campanas improvisadas en espadañas de corteza y savia.
Fatigados por el sol, hoy entregan sus vestiduras en el altar del otoño. Pero aquí no hay muerte, solo memoria que despertará cuando las sombras harapientas se desvanezcan hasta ser invisibles.

Fotografía gentileza de mi amigo Manolo Rubio.
Bajo licencia SafeCreative.