lunes, 18 de abril de 2022

PEPA JONES Y SU GATO GAMBITA. De visita al San José de Calasanz

Con la llegada de las vacaciones de Semana Santa, Pepa Jones tenía claro que el mejor sitio para estar era la Charca de los Patos. Si a eso sumamos que sus amigos del Gambigrupo estaban a punto de llegar, el plan para la semana estaba asegurado.

Nuestra amiga se había levantado muy temprano para acompañar al bueno de Dimas a dar agua al toro Caprichoso. Como siempre, disfrutó derramando agua sobre la espalda de aquel consentido animal que sin ese ritual, no bebía.

De regreso al Tejar, allí estaban ya sus amigos que al igual que ella, habían madrugado para llegar a su centro de operaciones. Tras los saludos y un buen desayuno, les esperaba una charla con el abuelo José y con Dimas alrededor de la chimenea.

- Abuelito, ¿hace muchos años que se fabrican ladrillos en el Tejar?

- Claro que sí, Pepita. Desde hace muchíííííísimos años. ¿Sabías que el abuelito Miguel ya servía ladrillos a la Sociedad Minero y Metalúrgica de Peñarroya Pueblonuevo? Antes de que hicieran su propia fábrica, claro.

- Esa es la sociedad francesa que vino a explotar las minas, ¿verdad? - Preguntó Julián-

- Así es. - Afirmó el abuelo José-

- ¿Y sabéis francés alguno de los dos? - Preguntó Patricia muy intrigada.

- ¡Oh, yes! - Contestó Dimas levantándose y haciendo una rara reverencia que provocó la risa incontenida de los niños-

- ¡Pero Dimas, que eso es inglés! - Le espetó Estrella muerta de la risa-

- Es que yo tengo un francés muy de Inglaterra, chicos. - Les dijo Dimas poniéndose muy interesante-

Los niños volvieron a reírse con ganas, hasta que el abuelo les hizo una propuesta que los dejó con la boca abierta.

- Chicos, aquí en el pueblo hay colegios bilingües de francés y yo conozco a la directora de uno de ellos: el San José de Calasanz. ¿Os gustaría visitarlo? 

- Si podemos ir con Gambita, aceptamos. - Contestó Julián-

- ¡Y con Dimas! - Añadió Pepa levantándose y corriendo a los brazos de su amigo-

- ¡Eso está hecho! Al regreso de las vacaciones, os llevaremos - Les prometió el abuelo José con una gran sonrisa-

Al fin llegó el gran día. A los niños les parecía estupendo que en aquel pueblo, tan importante en su día, aún se conservara el idioma que trajo riqueza a aquel lugar. Además, les parecía de una elegancia extrema que los peques peñarriblenses hablaran francés.

A eso de las diez y media, María José, la directora del cole, los recibía a todos en su despacho.

- ¡Bienvenidos al San José de Calasanz! Bueno..., y tú también eres bienvenido -Dijo a la vez que se agachaba para acariciar la cabeza de Gambita- Tengo entendido que también conocéis a Gema, ¿verdad?

- ¡Oh, sí! - Habló Dimas. - Visita mucho la Charca de los Patos con sus chicos A ambos les encantan los cuentos y los animales así que se lo pasan pipa cada vez que van.

- Pues es una lástima que no podáis saludarla, ha salido con su curso a una visita al Cerco Industrial - Les informó la directora-

En ese mismo instante, Gema les enseñaba a sus alumnos la mina Santa Rosa.

- Fijaos, chicos y chicas, de aquí salía el carbón. Era un lugar peligroso donde muchos de nuestros antepasados trabajaron. Bajaban en una especie de jaula y se introducían por unas galerías donde comenzaban a picar y extraer el oro negro de nuestra comarca.


- ¿Qué son galerías, seño? - Preguntó un niño con cara de pillastre-

- Son como túneles. Había muchos de ellos bajo tierra y estaban oscuros, por eso se ayudaban de lámparas para poder trabajar.

- ¿En esta mina trabajaban todos los abuelitos del pueblo? -Preguntó una de las alumnas-

- En esta y en otras muchas como esta. Los que eran mineros, claro. Y luego otros trabajaban de electricistas, reparadores de vías, maquinistas, mecánicos... Y había administrativos que trabajaban en las oficinas de ese edificio tan bonito que vimos la semana pasada.

Por encima de la voz de la seño se escuchó un ruido. Parecían golpes de martillo, pero... ¿Quién podía estar dando golpes tan temprano en el Cerco Industrial? Gema pensó que serían operarios del Ayuntamiento, probablemente reparando alguna de las bonitas chimeneas.

- Seño ¿Qué es ese ruido? - Preguntó extrañado uno de los niños que giraba la cabeza hacia el lugar del que venían los insistentes golpes-

- Deben ser trabajadores del Ayuntamiento, no os preocupéis. Sigamos con nuestra charla.

Pero no puedo proseguir. En ese instante, una furgoneta grande y negra pasó por su lado levantando una enorme polvareda y haciendo que todos tuvieran que llevarse las manos a la cara.

- Pero bueno.... - Murmuró Gema enfadada- ¿Habrá visto por dónde va?

La seño siguió con la vista al vehículo y vio que se detenía delante de una de las chimeneas. Puso una mano a modo de visera para tapar el sol que le impedía la visión y observó que estaban cargando la furgoneta con algo. ¿Qué sería?.

- A ver chicos, nos vamos  a acercar a aquella chimenea para averiguar qué trabajos están realizando allí. Y si no es así, pues para saber qué está ocurriendo porque esto.... Me huele raro - Dijo dándose varios toques con su dedo índice en la nariz. ¿Qué os parece el plan?

Las niñas y niños saltaron de emoción. ¡Una aventura a lo Pepa Jones y su gato Gambita! Eso sonaba  de maravilla. Caminaron valientes detrás de su seño, pero cuando anduvieron unos metros, Gema se detuvo porque lo que vio no le gustó nada de nada.

- Un momento, escondámonos aquí. - Señaló una vieja pared donde se puso a buen recaudo con sus alumnos-


Desde allí observaron a tres hombres picando sobre la base de la chimenea, extrayendo ladrillos y depositándolos dentro de la furgoneta que hacía un rato los había pasado a toda velocidad.

- ¡Ladrones de patrimonio! -Exclamó Gema-

En ese instante, los ladrones se percataron de la presencia de la seño y de los niños y sin pensarlo dos veces, se dirigieron hacia donde permanecían escondidos.

La mañana para el Gambigrupo, el abuelo José y Dimas transcurrió rápida. Los niños disfrutaron mucho con las explicaciones que les dio María José sobre las actividades que se realizaban en el cole. También visitando las clases y jugando en el amplio patio. Gambita, como buen gato aventurero, siguió todo muy atento y anduvo olisqueando todo aquello que le parecía raro o divertido. Lo pasó muy bien con tanta caricia y alguna que otra chuche.

De repente, María José se dio cuenta de que eran las doce y media de la mañana y Gema no había vuelto con su clase. Extrajo un móvil del bolsillo trasero de su tejano y marcó un número. Nada, no daba señal. Volvió a intentarlo en dos ocasiones más, pero el resultado fue el mismo: "El móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura". Una especie de alerta interior se encendió y su cara habitualmente risueña, se volvió preocupada.

- ¿Ocurre algo? - El abuelo José se había dado cuenta de que algo no iba bien. 

María José tomó del brazo al abuelo y a Dimas y los llevó a un lado para explicarles que hacía tiempo que Gema debía estar de vuelta con los niños, que la estaba llamando y su teléfono estaba apagado.

- Bien, no te inquietes, -dijo el abuelo José- puede que esté ahora mismo pasando por alguna zona donde no haya cobertura. Prueba de nuevo. -La animó a que marcara otra vez, pero el móvil seguía sin dar señales de estar operativo-

Julián, que había estado pendiente de toda la conversación, se acercó y les propuso ir a echar un vistazo para saber qué estaba sucediendo. A la directora en un principio no le gustó mucho la idea, pero Dimas le aseguró que si había algo raro en todo aquello, nadie mejor que el Gambigrupo para averiguarlo.

María José, el abuelo José y Dimas volvieron al colegio para esperar noticias y Pepa jones, Gambita y el Gambigrupo se dirigieron al Cerco Industrial. Al llegar a la mina Santa Rosa, ni rastro de la seño y los chicos. 

- Qué raro... - Observó Patricia mirando a su alrededor- No debían estar muy lejos de aquí.

- A menos que se hayan dirigido a otra zona -Apuntó Estrella-

- No lo creo, chicos - Habló Pepa- Este lugar tiene sus peligros y no creo que la seño se atreviese a adentrarse mucho más ella sola con los peques-

- Pues tienes razón - Asintió Julián mientras miraba hacia todas direcciones- Pero mira que es raro que no se les vea... Peinemos toda la zona en círculo, lo iremos agrandando y parándonos en todos los lugares que pudieran haber quedado atrapados. No descartemos nada.

- ¿Y si llamamos a nuestros amigos de la Guardia Civil? - Propuso Pepa-

- Espera un poco - Levantó la mano Patricia pidiendo calma- Si en media hora no hemos dado con ellos, llamamos a Mónika y a Alberto.

El Gambigrupo estuvo de acuerdo en todo, también en poner a Gambita una cámara en el collar para que les fuera enseñando todo aquello que encontrara a su paso. La cámara estaba conectada al móvil de Pepa.


Nada más soltar al gato, este salió disparado en dirección opuesta a la que se encontraban y los chicos, si perder un segundo, le siguieron tan rápido como pudieron.

Estaban agotados de correr y Gambita no paraba así que decidieron hacer un descanso, total con la cámara no podían perderlo, alguna imagen llegaría que pudieran identificar el lugar en el que estaba. No habían hecho nada más que sentarse cuando Pepa abrió su móvil y vio que Gambita enfocaba hierbas altas y una pared. Luego giró su cabecita hacia un lado y distinguieron algo que les resultó familiar.

- ¿Esa no es la nave Nordon? - Preguntó Julián-

- Creo que sí - Asintió Patricia-

- Pues sí que nos lleva lejos el michi aventurero - Se quejó Pepa dejando escapar un suspiro al final de su frase-

De repente, unas imágenes captaron la atención del Gambigrupo. En un rincón de la nave, se distinguía a una mujer rodeada de niños y niñas. Estaban sentados en el suelo y parecía como si estuvieran maniatados. Delante de ellos se paseaba un tipo vestido con un mono azul y cara de muy pocos amigos. 

Gambita volvió a girar la cabeza. No había nadie más. ¿Qué haría ahí la seño Gema con los chicos? Estaba claro como el agua que se habían metido en algún lío.

- Chicas, aquí hay algo gordo. La seño y los niños están secuestrados.

Gema intentaba tranquilizar a sus alumnos como podía. Algunos habían comenzado a llorar porque tenían hambre, otros porque sencillamente.... Estaban asustados. El hombre con cara de perro enfadado se volvió hacia ella.

- ¿Quieres decirle que dejen de hacer ruido de una vez? 

- Verá, estos niños tienen que volver a su casa. Hágase cargo... ¿Por qué no nos deja ir? No diremos nada de lo que hemos visto.

- ¡De aquí no se mueve nadie hasta que no desmontemos ladrillo a ladrillo esa chimenea!  Y luego.... Ya veremos qué hacemos con vosotros. - Elevó tanto la voz, que hasta la seño se asustó-

De repente, Gema se dio cuenta de que una de las niñas estaba intentando cortar su brida con un trozo de cristal que había encontrado en el suelo. Cada vez que el hombre malo pasaba cerca, la niña dejaba lo que estaba haciendo y bajaba la mirada para volver a la faena tan pronto salían de su campo de visión.

Los ladrones habían sido tan torpes que los habían maniatados a unos con las manos por delante y otros por  detrás, lo cual facilitó que se pudieran ir soltando poco a poco. Para disimular, seguían dejando las manos en la misma posición. La seño miró uno por uno a niños y niñas. Luego asintió levemente con la cabeza y enarcó las cejas dando entender que estuvieran atentos y preparados.

Los minutos pasaban y el paseo de aquel tipo delante de ellos no paraba. Gema se dio cuenta de que al pasar por su lado, iba distraído y mirando hacia un lado de la nave, momento que aprovechó para estirar su pierna derecha haciéndolo tropezar y caer de bruces en el suelo.

- ¡Chicos, ahora! - Gritó abalanzándose sobre él-

Los peques, todos a la vez, saltaron sobre aquel hombre mientras la seño buscaba algo con que poder inmovilizarlo, pero no hizo falta. En ese momento Pepa Jones y el Gambigrupo entraban como una exhalación y Estrella corrió a atar las manos de aquel ladrón con un pañuelo que llevaba al cuello. 

No habían pasado ni cinco minutos cuando la Guardia Civil acudió. Pepa había enviado los vídeos que Gambita había grabado y su amigos se personaron allí antes de lo que se dice miau. Alberto, Mónika y cuatro Guardias más detuvieron a varios ladrones mientras otro se encargaba de atender a la seño y a los arriesgados chicos que después de aquella aventura ya no tenían miedo a nada.

- Bueno chicos y chicas ¡Habéis sido muy valientes! - Les dijo el Guardia Civil- Estos ladrones eran muy peligrosos, se dedicaban a desmontar chimeneas como las nuestras para luego venderlas a otros países. ¿Qué os parece? Y vosotros habéis ayudado a terminar con esa práctica que expoliaba el pasado  de lugares como el nuestro.

- ¡Pero eso está muy mal! - Exclamó uno de los niños- ¡Nadie tiene derecho a quitarnos lo que es de todos y menos atacando a los niños!

- Pues sí, pequeño. - Se dirigió a él el Guardia- Pero hay personas que no respetan el patrimonio, que lo deterioran, lo ensucian y en el peor de los casos... Lo roban. No podemos permitir que eso suceda porque si lo hacemos, se borrarán nuestras raíces y con ellas lo que somos y el lugar de donde venimos. En cuanto a atacar a los niños, no hay peor acto que ese porque si de algo estoy seguro es de que niños y niñas estáis en el mundo para equilibrarlo. Vosotros representáis todo lo bueno que muchos olvidan al crecer: el amor, la benevolencia y la paz. Quien ataca a un niño, ataca al mundo.

La seño agradeció aquellas palabras y aceptó de buen grado que los llevaran al colegio en coche. Había sido una aventura peligrosa y todos estaban muy cansados. Antes de emprender el viaje de vuelta, se dirigió a los alumnos y uno a uno fue felicitándolos por su valentía. Se sentía feliz de ser la tutora de aquel maravilloso grupo. 

A las dos de la tarde todos estaban ya de vuelta en sus casas, también el abuelo José, Dimas, Pepa, el Gambigrupo y por supuesto Gambita, que una vez más había demostrado ser el gato más aventurero y temerario de todo el Valle del Guadiato.

Y ahora que sabéis lo valientes que son las chicas y chicos del San José de Calasanz, contad a todo el mundo que en nuestro pueblo jamás permitiremos ladrones de patrimonio y que si alguno se atreve, se las verá con nosotros y el Gambigrupo.

miércoles, 2 de febrero de 2022

LOS MARES VERDES.

 

Brotan indómitas las siembras, escapando de la tierra delicada del sur, la que se riega con oraciones antes y después de la cosecha.

Hay un manantial de luz chorreando desde el cielo, buscando desabrochar las panzas de las nubes para que este año, como cada año, el agua se entregue. No sé si lo conseguirá, no sé si este mar abierto y verde acogerá las lluvias de abril.

Miro lejos, allá donde el pardo de las encinas se funde con el celeste llenando mi alma del delicado aroma de los recuerdos. Es frágil ese olor que emana del pasado, que conmueve el pensamiento y desborda la sonrisa. Efímera a veces, casi siempre cuando se evoca un pasado grande lleno de seres amados. 

Unas tórtolas turcas espantan el silencio, el sol estalla en sus plumas del color del humo de los cigarrillos.  Mis ojos siguen las curvas que arrancan al viento, siempre perfectas, siempre armónicas. Como si supieran adónde van. 

Cierro los ojos y sueño con los tallos esbeltos del heno, con la voz de mi padre que anuncia la siega... Y lo veo como si fuera cierto, como si la sombra del tiempo pisara mi corazón lleno de memorias. No es una mañana especial, solo es una prolongación torpe de aquella cuya existencia ahora está ligada a la eternidad de quienes me antecedieron. Abro la mirada, que no los ojos, y la sangre cálida se agita en mis venas. Es la llamada de Ceres. Un año más, una vida más....

domingo, 28 de noviembre de 2021

Una Navidad en la Charca. Ayudando a la magia

Había llegado Navidad, no había fecha en el calendario que gustara más a Pepa Jones y a su gato Gambita y si además, podía pasar esos días en la Charca de los Patos, mucho mejor.
Se había levantado muy temprano porque quería acompañar al abuelo José a poner unos adornos navideños en el indicador que llevaba hasta El Tejar. La niebla era tan espesa que no dejaba ver a más de un metro, las perlitas de agua que flotaban en el ambiente, se quedaban trabadas en el pelo y en la ropa y Gambita parecía una guirnalda, brillante por la cantidad de bolitas transparentes que descansaban en su brillante pelaje. 
Hacía mucho frío así que se dieron prisa en colocar todo y volver, pero en ese momento, se oyeron unos graznidos que llegaban desde la charca.

- Abuelito, ¿oyes? ¡Son los patos! - Dijo Pepa Jones cogiendo del brazo a su abuelo-
- Sí, el tío Clemente debe haber abierto para que vayan al agua. Con esta niebla no vemos nada.
- ¡Qué rollo, me encanta verlos cuando salen! 

Caminaban hasta El Tejar cuando Pepa se agachó para coger a Gambita en brazos.

- Abuelito, por favor: ¿Te puedes llevar a Gambi a casa? Es que le prometí al tío Diego y a la tía Angelines que iría a ver su nuevo gatito, uno de angora que parece una bola de nieve. Me han invitado a desayunar.
- Bueno pues si es así, yo me llevo a este pillastre y te veo en un rato. ¿Y tus amigos? ¿Van a venir?
- Sí, sí. Sobre las diez me dijeron. Se quedan aquí, como ya hablamos.
- Estupendo, hay que bañar a Tejo y ni Dimas ni yo nos damos maña.

Se despidieron y a eso de las diez y media, El tejar se llenaba de risas infantiles: Patricia, Julián y Estrella aterrizaban puntuales para decorar la casa y pasar el día enredando con el gato y con el zorro.
Tejo se había adaptado bien a su nueva casa, pero claro..., un zorro donde había gallinas siempre era complicado. Dimas se negaba a bañarlo así que decidieron que los niños tendrían que turnarse y ser ellos quienes acicalaran y cuidaran de que el animal no se metiera en líos.
El abuelo José les había traído un árbol gigante para decorar y había bajado del altillo todos los adornos y el Belén. A eso de media mañana, los niños tenían ya todo terminado y decidieron bañar a Tejo. Julián le había comprado un suavizante especial para el pelo, así que prepararon una tina con agua calentita y fueron a despertar al zorro que dormía en su cama junto a Gambita.

Tejo estuvo encantado de despertar, pero no tanto de que lo bañaran, así que aprovechando un descuido, de un salto se salió del agua y fue directo al árbol que acabó rodando por el suelo. A la fiesta se unió Gambita que viendo las bolas de colores rodar se puso como loco, tirando por los aires los adornos y corriendo tras ellos. Al principio los niños se asustaron, pero viendo la que habían armado les dio por reír y decidieron unirse al despiporre. Cogieron los espumillones y se los pusieron por el cuello mientras cantaban "ya llegó la Navidad con olor a mazapán".
De repente, la puerta se abrió y apareció el abuelo con Dimas que viendo el desaguisado se llevaron las manos a la cabeza.

- ¡Pero bueno! ¿Se puede saber qué ha pasado aquí? - Preguntó el abuelo José sorprendido-
- Ya te lo digo yo, José. ¡Ha estallado la guerra! ¿Os parece bonito? ¡Mirad cómo habéis puesto el salón! José, los Reyes Magos tienen que saber esto.

Los niños se quedaron paralizados. ¡No podían enterarse! Ahora sí que la habían liado buena, nunca habían visto tan enfadados a Dimas y al abuelo José.

- ¡Perdón! Ha sido culpa mía - Dijo Pepa quitándose el espumillón que tenía en la cabeza-
- ¡No, no, ha sido mía! - Protestó Julián-
- ¡No les haga caso, José! - Fui yo que intenté meter a Gambita en el agua y.... - Patricia no pudo terminar la frase porque fue interrumpida por Estrella-
- ¡Ni caso! ¡He sido yo! ¡Yo la he liado parda, parda!

Los hombres se miraron divertidos, no querían reírse delante de ellos porque se habían portado fatal, pero esa manera de protegerse unos a otros les hizo mucha gracia.

- Ahí los tienes José, como los de Fuente Obejuna. Todos a una.
- Pues entonces habrá que buscar algo para que arreglen este desaguisado..., todos juntos también. ¿Qué piensas tú, Dimas?
- Que Julián se viene ahora mismo conmigo a dar de comer a las vacas y luego a ordeñar. Hoy no hay charca. Patricia y Estrella a ayudar con las cuentas del tejar y de tu nieta ya te encargas tú, que esa es la peor de todos.
- Pepa, tú conmigo a por leña. Eso sí, ahora mismo estáis recogiendo todo esto y bañando al zorro en condiciones, que huela a limpio y no a los de su especie. Cuando vuelva no quiero ver nada fuera de su lugar. ¿Entendido? 

Los niños asintieron. Esta vez se la habían ganado por goleada y lo peor de todo era la amenaza de chivarse a los Reyes Magos. ¡Serán acusicas!
En una hora todo volvía a la normalidad y Tejo y Gambita dormían de nuevo al lado de la chimenea. El zorro había quedado con el pelo tan esponjoso que parecía una pelusa, estaba realmente bonito.
Tal y como había planteado Dimas, los niños fueron cada uno a las tareas encomendadas como castigo por el revuelo que habían armado. 
Julián le daba heno a Mariposa, su vaca favorita a la que siempre subían a los niños, pero esta vez no se atrevió a decirle nada al bueno de Dimas porque andaba enfadado. El niño tiró de zalamería.

- Dimas... Perdón. -Dijo el niño tirando de la camisa de su amigo- Porfa.., perdóname solo queríamos jugar y se nos fue de las manos.
- Anda, anda..., no seas enredador. ¿Has dado de comer a Blanquita? Es la más delicada de todas, ya sabes que no le gusta nada que caigan pajotes muy grandes.

El niño estaba triste pensando que su amigo seguía enfadado. Así que decidió cepillar a los animales mientras Dimas se encargaba de otros asuntos. Las dejó muy brillantes y tranquilas, pues a las vacas les encantaba ser mimadas. Cuando el hombre volvió y se dio cuenta del esfuerzo que había hecho, lo llamó y:con una amplia sonrisa de satisfacción le dijo:

- ¿Sabes que has hecho un buen trabajo? 
- Bueno, yo solo quiero que no os chivéis a los Reyes Magos, les he pedido un collar para Tejo y una cazadora vaquera para mí,  y quiero que me traigan todo - Dijo el niño agachando la cabeza-
- No hay nada que perdonar, además, esto que has hecho anula cualquier trastada y los Reyes lo tienen en cuenta. ¡Por cierto, a ver qué te parece esto que te traigo!. - Dimas le alargó una bolsita con algo dentro-
- ¡Bombones! ¡Muchas gracias, Dimas! - Exclamó Julián abrazándose a su amigo-

Llegó la hora de comer y los niños intercambiaron opiniones sobre su experiencia. Estrella y Patricia habían aprendido a hacer albaranes y facturas y a anotar en un libro todo lo que se vendía . También las habían dejado ir a los hornos donde se cocían los ladrillos y tejas, la verdad es que había sido muy divertido. Pepa había acompañado al abuelo a recoger leña y luego se pusieron a hacer pan y dulces; eso fue desde luego lo mejor del castigo porque se comió unos cuantos nada más salir. Eso sí, los niños se enredaron en protestas porque ahora todos querían ir con las vacas y hacer pan y la contabilidad... Dimas les prometió que en la semana podrían, si querían, pasar por los distintos trabajos. Así no habría favoritismos.

- Bueno chicos, ¿qué haréis esta tarde? -Preguntó el abuelo José mientras almorzaban- Ya habéis cumplido con vuestra tarea así que podéis jugar todo lo que queráis.
- Hemos pensado montar unas tiendas de campaña en la charca. ¿Nos dejas, abuelito? - Preguntó Pepa-
- Bueno, hoy habíamos dicho que no habría charca, pero como habéis hecho todo tan bien, por supuesto que os dejo. Dimas os dará todo lo que necesitéis.
- ¡Ay José, no me líes! Que a estos pillos les das la mano....

Todos se rieron, pero sabían que el bueno de Dimas no se negaría a nada. A eso de las tres y media estaban en su centro de operaciones, la Charca de los Patos,  montando unas tiendas de lo más festivas. Eran dos, de listas y bastante brillantes, así que se veían a legua. En una decidieron montar un Belén que ellos mismos habían fabricado con cartón y la otra era para ellos, para tomar allí la merienda. Los dulces que habían hecho antes iban a ser zampados antes de que Gambi dijera miau.

- Chicos, ¡esto nos ha quedado de lujo! - Exclamó Estrella feliz al ver el resultado de la decoración charcopatera-navideña-
- Vaya que sí, pero hemos trabajado lo suyo. ¡Ahora, a por los dulces! - Dijo Julián-

Niños y animales corrieron a refugiarse del frío en su tienda y allí dieron buena cuenta de los pasteles. Pasado un rato, Gambita y Tejo decidieron salir a corretear por ahí mientras sus dueños cantaban villancicos felices de disfrutar juntos la Navidad. En nada, la tarde comenzó a caer y sin darse cuenta se quedaron dormidos.. Al despertar, la oscuridad amenazaba con cerrarse en torno a ellos.

- ¡Chicos, chicos!¡Despertad! ¡Nos hemos quedado dormidos y mi abuelo estará preocupado!- Dijo Pepa levantándose a toda prisa-

De repente se escuchó un ruido, como de pisadas sobre la hierba. Los niños se asustaron, de ser Dimas ya les habría dicho algo y no, no era una sola persona, sino varias las que parecían merodear en el exterior. 

- ¿Habéis oído? - Preguntó Patricia a la vez que hacía señas con las manos para que no hablaran- 

Pepa abrió un poco la puerta de la tienda y vio a varias personas dejando paquetes de regalos en la otra tienda. Antes de que pudieran verla entró de nuevo.

- Qué raro, chicos. He visto a cuatro o cinco hombres vestidos con ropas llamativas guardando paquetes. Son pajes, os lo digo. Pajes de los Reyes Magos.

- ¡Hombre claro y yo Napoleón! - Contestó Julián-

- A ver, no es la primera vez que nos encontramos con ellos. ¿O es que ya no os acordáis? - Preguntó Estrella- ¡Parecéis bobos, de verdad!

La niña se refería a aquella Navidad en la que gracias a Gambita y Ferrari, el perrete de Julián, llegaron hasta donde SSMM los Reyes Magos de Oriente tenían su campamento mágico. Gracias a los animales, pudieron verlo y vivir una aventura alucinante. Algo les decía que volvían a vivir un momento único.

- Esperad, esperad..., ¡Es Metkén!¡El paje de Gaspar! - Gritó Patricia- Chicos, vamos a ver qué pasa.

Los niños salieron al exterior y se llevaron una sorpresa aún mayor. La noche estaba cayendo y el trajín de los pajes era incesante. El abuelo José y Dimas estaban con ellos.

- ¡Ya era hora, dormilones! - Les espetó Dimas al verlos- Vamos, hay que echar una mano a esta gente o no llegan.

Los chicos se quedaron paralizados hasta que Metkén y el abuelo José se acercaron a ellos.

- ¡Abuelo!  ¿Qué está pasando?

- ¡Ey! ¡Mirad! ¡En la charca! - Advirtió Estrella-

- Pero.., pero...¡Si son renos! - Exclamó Julián sorprendido! -



- Efectivamente -Dijo Metkén sonriente- ¡Cuánto tiempo, chicos! Habéis crecido muchísimo, espero que os alegre verme tanto como yo me alegro de veros a vosotros.
Los niños se abrazaron al paje, al que sin duda se alegraban muchísimo de ver. Se atropellaron queriendo preguntar hasta que Metkén pidió calma.

- Metkén, ¿Ese reno no es Rudolph? El reno guía de Papa Noel - Preguntó Pepa-
- Así es. Los demás están descansando ya, los ha llevado Dimas al establo. Y os preguntaréis qué hacen aquí y qué hacemos nosotros. ¿No es así?

Los niños asintieron con la cabeza, mirando a Metken y al abuelo José.

- Pues veréis, resulta que San Nicolás se ha dormido en los laureles y va tarde. Fijaos la hora que es y aún no ha emprendido camino hacia su lado de la Tierra, así que tenemos que echarle una mano o los niños que lo esperan no tendrán regalos.

- Metkén se puso en contacto conmigo y me contó lo que pasaba, necesitaban un sitio donde almacenar regalos y que le viniera bien a Santa. Aquí es perfecto. -Aclaró el abuelo José-
- Pero... ¿Y las personas que vienen diariamente? -Preguntó Julián- ¡Van a ver las carpas, los regalos, los renos!
- Tranquilo, somos magos - El paje le guiñó un ojo y el niño entendió- El caso es que le vamos a ceder los regalos que teníamos nosotros preparados, como tenemos tiempo, podemos llegar sin problemas al día 6. Eso sí, necesitamos ayuda.

Los niños se pusieron a trabajar rápidamente. Un paje de Melchor les dio un montón de cartas para leer y adjudicar los regalos. Tejo y Gambita ayudaban a desatar los paquetes así que estaban muy bien organizados.  Llevaban ya un rato en ello cuando vieron que a Estrella le corría una lágrima por la mejilla.

- ¿Qué te ocurre? - Preguntó Pepa-
- Esta niña estadounidense tiene a su padre en el hospital y no quiere juguetes, solo quiere que se recupere y poder abrazarle en Navidad. Le cuenta a San Nicolás que sufrió un accidente y desde hace meses no despierta. No sé cómo podemos hacer. Tal vez nuestros Reyes, como son tres puedan ayudarla. ¿No creéis?
- Bueno, igual ni los conoce, pero por intentarlo -Sugirió Julián-

Todos se quedaron muy tristes, ningún niño merecía pasar la Navidad sin sus padres viviera donde viviera.  Metkén se había dado cuenta de que algo pasaba así que se acercó hasta los niños. Estos, le contaron.

- Todo el mundo tiene derecho a un milagro en Navidad ¿Lo sabéis? Esta niña tendrá el suyo. - Les sonrió el paje mientras les hablaba-
- ¿Se lo pedirás a Sus Majestades? - Preguntó Pepa-
- No es necesario. Sentaos conmigo un momento y cerrad los ojos.

Los niños obedecieron, después Metken les pidió que pensaran en la niña abrazando a su padre y que se imaginaran una casa con un árbol enorme y una familia sentada a la mesa. Así lo hicieron, notaron como si se elevaran y no pudieron evitar emocionarse pensando que el milagro se haría realidad. Cuando abrieron los ojos, todo brillaba alrededor, pequeñas gotas doradas flotaban e iluminaban el rostro de los niños.

- ¿Qué ha pasado? - Preguntó Pepa-
- Habéis hecho realidad el deseo de esa niña. San Nicolás le llevará a su padre el día de Navidad.
- Pero... ¿Cómo? - Patricia no podía salir de su asombro-
- Con vuestro amor. Solo el que sale de un corazón limpio obra milagros. Y ahora, a seguir eligiendo regalos, Santa debe estar al llegar.
- ¡Pero si tiene aquí los renos! ¿Cómo va a venir?- Exclamó Julián-
- Ya, pero es que de eso se han encargado SSMM, los Reyes Magos de Oriente. Viendo que no le daba tiempo, se quedaron de los animales para que no tuviera que estar pendiente de ellos y de ese modo,  centrarse en  los pedidos. Por eso están aquí.

Terminaron de todo y Dimas fue a buscar el trineo mágico que guardaban en El Tejar. Los niños alucinaron cuando vieron a los renos enganchados y a Rudolph con su nariz roja.

- ¡Ey Dimas! ¡Eres el Santa más chulo del globo terráqueo! - Gritó Julián muerto dela risa-
- ¡Ay pillastre! Verás como te quedas sin subirte.

De no se sabe donde, los pajes sacaron chocolate con churros para hacer la espera más amena. Santa tenía que llegar a las doce y media. Mientras esperaban, Dimas y los niños subían al trineo.

- No me digáis que no es raro que estemos aquí sentados. Lo normal es que nos hubieran dado un paseo en camello los pajes. - Dijo Patricia-
- Bueno, ¡no está mal este trineo, eh! -Contestó Julián-
- Ya, pero a fin de cuentas, los nuestros son los Reyes y aquí estamos echando una mano a Papá Noel. -Reflexionó Estrella-
- Visto así, tienes razón Patri. -Dijo Pepa-

La una de la madrugada y Santa no aparecía. El abuelo José fue a por mantas para los niños, estaba empezando a helar.

- ¿Dónde se habrá metido este hombre? - Preguntó Metkén a otro paje-
- No lo sé, pero como no espabile, nos vemos nosotros disfrazándonos y tirando millas para América. Mira, no me apetece nada, pero todo sea por los niños.
- ¿Habéis hablado con Sus Majestades?  - Preguntó el abuelo José-
- Hace un rato, pero vamos a volver a preguntar - Contestó Metkén-
- Bueno, tranquilos, allí son por lo menos siete horas menos. Eso dice mi profe de inglés - Dijo Estrella intentando tranquilizar a todos-

El paje se alejó hasta que todos lo perdieron de vista, a la vuelta venía con cara de sorpresa.

- Me ha dicho S.M. el rey Baltasar que lo dejaron cerca de aquí hace más de dos horas.
- Ahora sí que la hemos liado buena -Dijo Dimas apesadumbrado-
- ¿¡Pero dónde se habrá metido!? -Exclamó uno de los pajes- ¡Es que no llega, Metkén, no llega!
- ¡Está bien, está bien! No hay tiempo que perder. Necesito alejarme porque voy a utilizar una magia muy poderosa y no podéis estar cerca.
- ¿Vas a convertirte en Santa? - Preguntó Julián-
- Así es. Los niños que dependen de él no pueden quedarse sin regalos.

Se estaba alejando Metken justo cuando vieron venir una figura baja y redondita. A medida que se acercaba, no dejaba lugar a dudas de quien era.



- ¡Por el amor de Dios! ¡Nicolás, que vas tardísimo! - Le espetó Metkén nada más verlo- ¿Y esto? ¿Qué llevas en los bolsillos?

El paje vio que asomaba una cuerda de uno de ellos y otras más del otro. Al tirar...¡Sorpresa! Un salchichón y varios lomos en caña. Los niños, el abuelo José y Dimas rompieron a reír a carcajadas, no podían parar. A Santa Claus le gustaba la buena mesa, sin dudas.

- Veréis, me he retrasado un poquito porque resulta que he descubierto que en España se come de maravilla y como la noche va a ser larga... - Dijo Santa ajustándose las gafas- ¡Hola chicos! ¡Qué guapos sois, me han dicho mis amigos los Reyes que os van a traer muchas cosas y a ti, Dimas...
- ¡Nicolás! -Gritó Metken- ¡No puedes contarle lo que les van a traer!
- ¡Jou, jou jou! Es una broma, Metkén, tienes que relajarte, querido. Bueno, cuando acabe todo esto quiero una reunión al más alto nivel. Quiero proponer a vuestros jefes que intercambiemos territorio, yo llevo mucho en aquel lado y vosotros aquí. Justo es que cambiemos, ya es hora.
- Claro... Y porque aquí se come de maravilla - Dijo el abuelo José por lo bajito para que solo lo escucharan los niños que no pudieron aguantar la risa de nuevo-
- Bueno, bueno, ya hablaremos, pero te digo que no van a querer - Le contestó el paje-
- Claro, no me extraña. Donde voy no hay jamón de pata negra ni cocido madrileño ... Todo lo que hay engorda y no está tan bueno, es que...
- ¡Que no llegas! - Le cortó de nuevo Metkén-

San Nicolás subió al trineo y los niños aguantaron la respiración, sabían lo que venía ahora y estaban expectantes:

- ¡Donner, Blitzen, Vixen, Cupid, Comet, Dasher, Dancer, Prancer y Rudolph.. ¡Arriba!

Y el trineo mágico se elevó sobre la Charca de los Patos ante la mirada alucinada de los niños, Dimas  y el abuelo José. Antes de marchar, Santa dio una vuelta en el cielo y volvió colocándose sobre ellos.

- Sé lo que habéis hecho por la niña americana que ni siquiera conocéis. Su padre estará mañana con ella. Antes de dormir, mirad al suroeste, en la estrella de Belén os dejaré un regalo. ¡Adiós amigos!

Y se marchó dejando a todos con el corazón acelerado. ¡Habían ayudado a Santa! Nerviosos se despidieron de los pajes a los que seguirían viendo hasta la noche de Reyes y se fueron raudos a dormir.
Nada más llegar a sus habitaciones miraron al punto exacto que les había dicho San Nicolás y vieron la estrella de Belén que brillaba con fuerza.

- Mira que si nos ha dejado una caja de Coca-Cola... - Dijo Julián haciendo reír a las niñas-
- Después de lo del salchichón y el lomo en caña... ¡Me espero cualquier cosa! - Contestó Patricia-
- De repente, la estrella empezó a brillar todavía más y comenzaron a salir letras hasta formar una frase.


Los niños se quedaron boquiabiertos.

- No puede ser. ¡Mirad! - Exclamó Pepa señalando al cielo-

Salieron raudos al pasillo y allí estaban, 4 brillantes bicicletas con cesta y carrito para poder llevar a Gambi y a Tejo. ¡Regalo de San Nicolás!

- ¡Cómo molan! - Exclamo Julián! - ¡También hay regalos para Gambi y Tejo! ¡Y para Dimas y el abuelo Jose! ¡Este Santa es la caña!
- Chicos, mirad esto - Dijo Estrella-
- Ja, ja, ja, ja ¡Coca-Cola! - Exclamaron los niños a la vez-

Y así llegó la Navidad a la Charca de los Patos, de la mano de los pajes de los Reyes Magos y de un despistado y glotón Santa Claus que quiere que le cambien su lugar de trabajo. ¿Creéis que lo conseguirá? Estad atentos al año que viene.

Feliz Navidad para todos los seguidores de Casa Encantada, que el 2021 nos traiga salud, paz y muchos encuentros en nuestra casa mágica. Felicidades, queridos amigos.



PREPARANDO LA NAVIDAD con intrusos en el jardín.

Como cada año por estas fechas, los habitantes de Casa Encantada se reunían para decidir los adornos navideños. No había días más esperados en el calendario porque significaba, no solo participar en la decoración, sino ratos divertidísimos y meriendas aún mejores tras finalizar las tareas.
Blasito y don Leonardo decidieron ir a avisar al mago Pirú que estaba enfrascado en un hechizo que no acababa de salirle, al llegar a la puerta de su lugar de trabajo, una luz brillante emanaba de ella. Solía ocurrir siempre que el mago trabajaba en sus cosas. 
Últimamente le había dado por crear luces muy brillantes que se sostuvieran en el aire, quería darles una sorpresa a sus amigos por Navidad, pero algo fallaba. Tras tender la red mágica y brillante, aguantaba unos segundos y se desvanecía. Algo fallaba, pero no sabía qué. En eso estaba cuando tocaron a la puerta.

- ¡Pirú! Vamos, deja lo que sea que traigas entre manos. ¡Ha llegado la hora de adornar Casa Encantada! - Dijo Blasito, el ratón cocinero que había preparado junto a Benito, la mejor merienda que se recordara en años- 
- ¡Un segundo, por favor! -Pirú hizo desaparecer las luces que había creado y salió para encontrarse con sus amigos- Bueno, pues vamos  junto a los demás y veremos qué se les ocurre para esta Navidad.

Se dirigieron al salón donde se reunían los habitantes de la casa. Habían empezado una discusión de si era conveniente o no poner luces en el exterior. Smaugui era partidario de adornar tanto exterior como interior, de ese modo podría ver Casa Encantada iluminada desde su cueva. En cambio, Teresa Recetillas pensaba que era mejor limitarse a los adornos interiores. Envueltos en su particular discusión, no vieron entrar al mago.

- Bueno, bueno, veo que habéis empezado sin mí.
- ¡Pirú! -Exclamó Bizcocho que lejos de opinar, estaba dando buena cuenta de un bocadillo de chocolate- Yo opino que hay que traer más chocolate.

El comentario del ratón goloso hizo reír a todos. ¡Solo pensaba en dulces! Pero había un trabajo que hacer y rápido se reunieron en torno al agradable fuego que desprendía la chimenea.

De repente, una música entrañable recorrió el salón de esquina a esquina. La Navidad había llegado a Casa Encantada, no sin la habitual discusión entre Plumillas y Matilda, que no se ponían de acuerdo en los villancicos. 

- ¡Bien! -Exclamó la seño Yolanda- Ahora sí podemos ponernos manos a la obra. ¿Quién me acompaña a la buhardilla a por las cajas?
- ¡Oh, permíteme! ¿Para qué queréis un mago en esta casa? - Dijo Pirú divertido-

El mago giró su báculo, dijo unas palabras mágicas y las cajas comenzaron a llegar una a una. Los habitantes de Casa Encantada aplaudieron mientras ordenadamente se iban colocando unas junto a otras en la alfombra.

- Bien, veamos qué tenemos - Dijo el mago-
- ¡Un momentoooo! - Matilda acababa de llegar a toda prisa seguida de Plumillas- Ahora ya estamos todos.

Las cajas se fueron abriendo una a una y la revoltosa lagartija, cada vez que se descubría alguna con espumillón, se metía dentro porque las cintas le hacían cosquillas y además le dejaban una pátina de brillo muy divertida sobre su bonita piel verde. Hasta que...

- ¡Socorro! ¡Plumillas! ¡Pirú! 

Se había liado en un espumillón y no podía salir, todos sus esfuerzos solo servían para enredarse más y hundirse en el fondo de la caja.

- ¡Matilda! ¿Dónde estás? - Preguntó Plumillas elevando la voz-

Había muchas cajas, una a una fueron vaciando su contenido hasta que en una apareció la lagartija totalmente cubierta de brillantina roja, blanca, azul.... Y enredada en un espumillón gordísimo que hacía que apenas se le viera.

- ¡Pero!... ¿Se puede saber porqué te metes ahí? - Preguntó Pirú - ¡Todos los años la misma historia! ¡Pero qué animal más tonto!

La lagartija fue liberada por sus amigos y continuaron con su misión que no era otra que descubrir todos los adornos y decidir qué poner.

- Chicos ¿Qué os parece si pongo esto en la chimenea? - Propuso Teresa- 
- ¡Oh! Precioso - Apuntó Yolanda-


- Qué maravilla, Teresa, te ha quedado muy bonito - Le dijo don Leonardo-

La tarde transcurría tranquila, fuera hacía frío pero Smaugui se encargaba de mantener la casa calentita con sus llamaradas. Él se encargaba también de colgar los adornos del exterior de la casa y de los árboles. La verdad es que le estaba quedando de maravilla.

Bizcocho estaba colgando unos adornos en el árbol cuando advirtió algo o alguien correteando por el jardín. Se frotó los ojos, pensaba que veía alucinaciones, pero no... ¿Cómo era posible que el culebre no lo hubiera visto? ¿Y la campana de protección de la casa? ¿Había fallado? Estaba absorto en sus pensamientos cuando una mano se posó sobre su hombro y dio un respingo.

- Lo siento, no quería asustarte - Le dijo Plumillas-
- ¿Has visto eso? - Le espetó el ratón señalando con su dedo a la ventana-
- No... ¿Qué has visto?
. No lo sé, algo se estaba moviendo en el jardín y no era Smaugui.
- ¿Estás seguro? Nadie puede traspasar la campana de seguridad de Pirú. Si has visto algo es que la campana ha fallado. No digas nada y vamos al exterior. ¡Pero suelta la galleta por el amor de Dios!

Los ratones se dirigieron afuera con la excusa de recoger algunas hierbas y ramas de eucalipto, de paso echaron un vistazo para ver qué ocurría.

- ¿Dónde lo has visto exactamente? - Preguntó Plumillas-
- En el camino.

Estaba oscureciendo, las sombras de los árboles se proyectaban sobre la hierba y formaban figuras fantasmagóricas. A eso se unía el silencio que sumía al bosque en las noches próximas al invierno.

- Se ve un resplandor al fondo y si no me equivoco viene de la cueva de Smaugui, es raro que no esté aquí, ha dejado la decoración de los árboles a medias. - Advirtió Plumillas- Vamos a ver qué pasa.

En ese momento, alguien se unía a los exploradores.

- ¡De aquí no se va nadie sin mí!

Matilda aparecía con su arco dispuesta a lo que fuera para descubrir lo que sea que estuvieran buscando.

- ¿Me contáis qué pasa? - Preguntó la lagartija-
- No lo sabemos -Contestó Bizcocho- He visto algo o alguien corriendo por el jardín y queremos saber. A eso hay que añadir que Smaugui está lanzando llamaradas como un loco en lugar de estar adornando la casa por fuera.

Matilda palideció al escuchar aquello, si un intruso había podido entrar en la Casa desconociendo las palabras mágicas, es que la seguridad creada por el mago estaba fallando. ¿Estarían en peligro?  Los tres amigos se encaminaron hasta la cueva del culebre que se empleaba a fondo lanzando fuego en todas direcciones.


- ¡Smaugui! ¡Para, para! ¡Somos nosotros! - Gritó Plumillas-

El culebre paró de escupir fuego y se irguió sobre sus patas traseras. De su nariz salía un humo denso que olía a azufre.

- ¡Hermano! Tienes que lavarte bien los dientes. ¡Puf qué peste! - Exclamó Matilda sacudiendo su mano de derecha a izquierda-
- ¡Hola chicos! ¡Hay un intruso en la casa! Lo he visto y he empezado a lanzarle fuego, pero no sé dónde se ha metido. Corrió en esta dirección - Dijo señalando al este de la cueva que le servía de casa-
- Yo he visto algo también, por eso hemos venido -Contestó Bizcocho-
- Es un hombre - Se apresuró a hablar de nuevo Smaugui- Viste con ropas de colores llamativas y con ese atuendo de verdad que no puede haber ido muy lejos.
- Un momento... - Levantó las manos Plumillas para tomar la palabra - ¿Le has lanzado fuego sin preguntar si quiera quien es o qué hacía aquí? Smaugui.... ¿Y si es un mago amigo de Pirú?

El culebre enmudeció, de repente cayó en la cuenta de que se había dejado llevar por su celo de proteger a sus amigos y ni siquiera se había tomado la molestia de averiguar qué hacía allí ese hombre.

- Oh...,vaya. -Balbuceó retrocediendo unos pasos- Tienes razón, no he preguntado.
- Volvamos a casa, es tarde ya. Mañana seguiremos con la búsqueda. Esperemos que no le haya pasado nada. - Propuso Plumillas-

Preocupados, volvieron a la Casa, no sin antes recoger unas ramas de eucalipto para adornar las mesas y así disimular su ausencia.
Al día siguiente, nada más desayunar se pusieron a adornar puertas y pasillos. Pirú se dio cuenta de que Bizcocho, Pirú y Matilda traían algo entre manos porque hablaban bajito y gesticulaban constantemente, pero por una vez quería estar tranquilo. Si había problemas, tarde o temprano se enteraría. Es lo que tenía aquella casa que las alegrías y los problemas eran cosa de todos.

- Creo que deberíamos echar un vistazo fuera mientras los demás están entretenidos con los adornos - Propuso Bizcocho-
- Yo traigo mi arco, no se sabe qué podemos encontrar - Dijo Matilda-
- Muy bien, he avisado a Smaugui para que nos espere en su casa. En marcha. Dijo Plumillas- ¡Pero deja las galletas, Bizcocho!


Smaugui los recibió nervioso, había visto de nuevo al hombre merodeando por los alrededores. Esta vez intentó acercarse amistosamente pero este nada más verlo salió como alma que lleva el Diablo. Lógico después del recibimiento del día anterior.

- ¿Crees que puede ser peligroso? - Preguntó Matilda-
- No lo sé. Yo lo vi asomándose por una de las ventanas del salón ayer por la tarde. Salió corriendo y todo lo demás ya lo sabéis - Dijo Smaugui-

Los cuatro amigos recorrieron los alrededores, pero ni rastro del extraño que los había  llevado hasta allí. Regresaron a la casa donde Pirú los esperaba. 

- ¿Me vais a contar qué está pasando? 

Pirú sabía que tenia que ser grave si los tres amigos iban con arco y además Smaugui olía a azufre. Implicaba que había utilizado su fuego recientemente y quería saber porqué. Le explicaron lo que vieron el día anterior y el mago puso el grito en el cielo.

- ¿Me estáis diciendo que un intruso se ha saltado la seguridad de Casa Encantada y anda merodeando por los alrededores? -¡Insensatos! ¡Debíais haberme avisado! 
- Tranquilo Pirú, estamos vigilando por si aparece de nuevo - Habló Matilda-

El mago los llamó aparte y les exigió que le contaran todo desde el principio. Luego revisó la campana de seguridad. Nada, todo estaba en orden. Se tomaban junto a la chimenea un menta poleo para relajarse cuando de repente algo se vio por la ventana.



Se miraron asombrados. ¡Elfos! ¡Eran elfos! En ese momento vieron a Smaugui cruzar como una exhalación. ¡Se mascaba la tragedia! 

- ¡Smauguiiiii, noooo! - Gritó Pirú saliendo al jardín apresuradamente-

El culebre al oír la voz del mago se paró en seco. Estaba confundido así que esperó a que sus amigos se acercasen.

- ¡Son elfos, Smaugui! ¡No puedes chamuscar elfos! - Gritó Plumillas!-
- No sé qué son esos enanos extravagantes - Dijo el culebre con cara de enfado y señalando por donde los personajes se habían perdido corriendo-

Matilda abrió los ojos tanto que se le saldrían si no parpadeaba en dos segundos.

- Hermano.... Tienes un lío morrocotudo con la historia de la Navidad. A ver: ¿Sabes quién es Santa Claus? Papá Noel para los coleguitas. El tío de la Coca-Cola, vamos.

El culebre asintió con la cabeza.

- ¡Pues son sus ayudantes! ¡Gaznápiro! - Exclamó Matilda enfadadísima-


- Bueno, vamos a calmarnos - El mago levantó las manos en señal de paz- Ahora tenemos que saber dónde están y pedirles disculpas. Luego saber qué necesitan, no es casual que estén aquí.
- ¡Estos no son los que vi el otro día! ¡Hay otro! ¡Un hombre! Ya os lo dije. Pero hoy..., pues hoy han aparecido esos.... - Dijo Smaugui enfadado y confundido-
- Tiene razón el culebre. No es lo que vimos ayer. - Salió Bizcocho en su ayuda-
- Pues entonces estamos como al principio - Se lamentó el mago- Plumillas, tú y Matilda id a buscar a los elfos e invitadlos a casa. Deben estar asustados. Bizcocho y Smaugui, seguidme, voy a consultar la bola de cristal para saber qué está pasando.

Se quedaron mudos. Pirú no solía consultar la bola, era peligroso, pero esta vez lo consideraba necesario. No sabían quién podía estar ahí fuera ni qué intenciones tenía. El extraño artefacto estaba en su laboratorio, pero el mago no lo quiso utilizar en la casa así que lo envolvió en un paño y lo llevó lejos. 
Smaugui y Bizcocho estaban atentos a todos los movimientos de su amigo. Se sentaron en la hierba y el mago dejó la bola en el medio, acto seguido pidió a sus acompañantes que se dieran la mano para cerrar un círculo en torno a ella. Enseguida una llamarada blanca y brillante salió de aquel artefacto, Bizcocho se sobresaltó y estuvo a punto de soltar la mano de Pirú, pero este lo sostuvo. El mago, cerró los ojos y dijo unas palabras que ninguno pudo entender, al instante, la nube entró de nuevo en la bola y comenzó a dar vueltas en su interior hasta que se fue difuminando y apareció una imagen nítida dentro. Era un paje real, un paje de SSMM los Reyes de Oriente.

- Ahora sí que la he liado buena...- Susurró Smaugui- No me van a traer nada de regalos, Pirú...
- ¡Tranquilo! Hablaremos con él y le diremos lo que ha pasado. - Intentó tranquilizar Bizcocho a su amigo-

En ese momento, Plumillas y Matilda volvían con los elfos y, ¡sorpresa! Con un paje real vestido con ropas verdes y ocres muy brillantes. Smaugui salió corriendo y se escondió en su cueva, no hizo caso de las llamadas reiteradas de Pirú y sus amigos, prefirió esconderse muerto de la vergüenza.

- Queridos amigos, primero quiero disculparme por lo que ha pasado. Y disculpar a Smaugui, que en su celo de protegernos no supo ver que sois seres mágicos. - Dijo Pirú dirigiéndose a los elfos- Ni tampoco supo distinguir  a un paje de SSMM de Oriente. Lo lamento profundamente.

El paje tomó la palabra.

- Acepto las disculpas, pero he tenido que cambiarme de traje dos veces porque ese culebre tiene una puntería...

Todos se rieron. Matilda fue corriendo a ver a su amigo que estaba desconsolado pensando que no le traerían nada de nada. Se había portado fatal. La lagartija trataba de animarlo, pero no había manera. Tampoco lo pudo convencer para que se acercara a la casa y colocara las últimas guirnaldas en los balcones exteriores.
Esa tarde, hubo una fiesta en honor de tan ilustres invitados, pero antes Pirú quiso saber qué les había traído hasta Casa Encantada.

- Pues verás - Dijo uno de los elfos- Simplemente, descansar. Venimos de muy lejos y vamos a Madrid, a solicitar a Su Majestad el Rey el permiso especial para que Santa pueda atravesar el cielo español sin problemas. Y para que SSMM los Reyes de Oriente, puedan entrar en España sin ser detenidos. Con esto del COVID, los humanos tienen restricciones, ya sabéis. 
- No hay muchas casas mágicas de aquí a Madrid que digamos -interrumpió el paje- Así que decidimos pedir que nos dierais habitación aquí.  Lo demás..., lo conocéis. Salio Smaugui y me chamuscó, así que pensamos en volver hoy a ver si teníamos más suerte.
- Pero... ¿Habéis dormido al raso? - Preguntó Bizcocho-
- No, tenemos nuestras propias tiendas, pero no son tan cómodas como una habitación. - Dijo un elfo-
- ¡Ni tan calentitas! - Aclaró el otro-

Tenéis que hablar con Smaugui, está muy triste porque cree que no tendrá regalos - Les informó Matilda- No quiere venir a la fiesta, ni quiere comer, ni salir de su cueva.

Los mágicos visitantes no dudaron en visitar al culebre, al que encontraron llorando como una magdalena. El paje de los Reyes Magos le contó que no pensaban castigarle, solo pedirle que la próxima vez, antes de lanzar llamaradas se asegurara de que no había peligro para nadie. A Smaugui le encantó oír aquello y como buen zalamero que era, se brindó para llevarlos hasta Madrid, de ese modo, haría méritos para tener buenos regalos.
Con tanto mago por allí, la decoración de la casa acabó rápido y quedó muy bonita, por no hablar de la red luminosa de Pirú, que con ayuda de sus nuevos amigos, pudo conseguir que se mantuviera en el aire.

- ¡Bravo! - Gritaron los amigos de Casa Encantada que estaban muy contentos con la visita de los elfos y el paje-

Entonces, el paje de S.M Melchor, se dirigió al centro del salón y pidió un poco de atención a todos.

- Queridos amigos, los elfos de Santa y yo estamos muy agradecidos por vuestro recibimiento.

- ¡Recibimiento caluroso! -Gritó Smaugui provocando la risa de todos-

- Sí, ¡muy caluroso! - Rio el paje - Y por eso queremos que llevéis un mensaje a todos los niños del mundo: Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente y su amigo Santa Claus podrán llegar a todos los hogares sin ningún problema. Que no tengan miedo, que no pierdan la ilusión y que duerman tranquilos porque este año ellos han sido, con diferencia, los que mejor se han portado. 
Los niños han respetado las normas mientras los mayores hacen caso omiso, lo que significa que el carbón va a llegar por toneladas a los hogares españoles. ¡Pero no para los niños! Sino para aquellos jóvenes y adultos que se han portado fatal. Esperamos que tengan estufa, porque van a tener carbón para un año entero. ¡No pongáis esas caras! Si de aquí al 24 o al 6 de enero reconducen su conducta, tendrán algún regalito. Solo los niños con su corazón limpio pueden obrar el milagro, así que estaremos muy atentos a ver qué nos cuentan en sus cartas. Y ahora... ¡Todos a cantar! ¡Feliz Navidad! 

- Plumiiiiiiiis, ¡baila conmigo que esta me gusssta mucho!. Matilda se puso a girar como una loca en torno a Plumillas y a mover la colita hasta que el ratón se animó a bailar. Lo que no consiguiera esa lagartija...



- ¡Chicooooos, algo en español, que estamos en la tierra de Cervantes! - Gritó el mago que bailaba con la seño Yolanda y Bizcocho-


Y mientras sonaba el Burrito Sabanero, la esperanza se extendió por la casa más mágica del Guadiato. Y salió a borbotones por las puertas recorriendo los pueblos y ciudades de España, diciendo a todos los que tuvieron el corazón abierto, que este año los Reyes y Santa traerían el tesoro más preciado: LA SALUD. 
Feliz Navidad a todos, no perdáis la esperanza jamás y si alguna vez no la encontráis, solo tenéis que mirar la cara de un niño. Allí vive.



sábado, 27 de noviembre de 2021

NAVIDADES CON SUSTO. PIRÚ Y EL MAGO NEGRO.

Esta mañana en Casa Encantada hay un jaleo tremendo. Pirú ha traído los adornos navideños para que todos disfruten decorando la casa y como novedad, tenemos hilo musical. Matilda y Plumillas han montado una emisora de radio que pone villancicos y noticias encantadas durante todo el día. Para variar, las discusiones entre lagartija y ratón son continuas, pero al menos no idean trastadas mientras están entretenidos. 
En la cocina, Benito Mondanueces está haciendo una tarta deliciosa ayudado por don Leonardo Peinacanas que hoy ha decidido cerrar la biblioteca y dedicarse a lo que él llama "labores navideñas".

En el reloj del salón han dado las once de la mañana y la persistente niebla no se disipa. La seño Yolanda ha llevado a los niños hasta el arroyo para recoger algunas plantas y ponerlas en el portal. Este año, tienen figuritas nuevas y los más pequeños están encantados. Aprovechando las fechas, les va contando un cuento navideño sobre la liebre Rufina, una amiga que vive muy cerquita de Casa Encantada.

- A ver niños, no os separéis. Mirad, esto es musgo y no debéis cogerlo porque ya nos queda muy poquito, ¿entendido? En cambio todas estas hojas secas de encina nos quedarán muy bien. 
- Seño..., ¿puedo coger el que hay en los árboles? - Pregunta la ardilla Raquel-
- No, solo hojas secas y ramitas, después las pintaremos.  Atención, a ver quien sabe decirme en qué dirección crece el musgo que estamos viendo. - Pregunta a la vez que señala uno de los árboles-
- ¡Yo, yo, yo lo sé! - Levanta la mano el pato Pedrito- Crece orientado al norte porque es la parte más sombría y húmeda, si nos perdemos en el bosque, es bueno mirar a los árboles para orientarse.
- ¡Muy bien Pedrito! ¡Te has ganado un dulce navideño!

Mientras los niños andan jugando en los alrededores, en la casa la Navidad va tomando forma. Menos en la emisora, donde reina cualquier cosa menos la paz.

- ¿Quieres un té, Plumillas? - Pregunta Matilda-
- No, gracias ¿Puedes pasarme el disco de una vez?
- A ver, que no me gusta ese villancico - Contesta Matilda enfadada-
- ¿Y por qué no? 
- ¡Porque es rock! ¿Dónde se ha visto un villancico rockero? Eres un tío muy petardo.
- Lo que pasa es que eres una antigua de tomo y lomo, eso es lo que pasa. ¿Quieres darme el disco?
- ¡No me da la gana! ¡Ratón impertinente! - Grita Matilda sacando la lengua.-
- ¡Lagartija sinvergüenza!


- ¡Pero bueno! ¿Se puede saber qué pasa aquí? - Pregunta don Leonardo que alertado por las voces se ha presentado en la emisora.- ¿Es que no podéis estar sin discutir diez minutos?
- Ha empezada ella - Dice Plumillas-
- ¡Acusica! - Grita Matilda enfadadísima-
- ¡Basta ya!- Yo elegiré los villancicos y no hay más que hablar. Plumillas, pon este disco. ¡El de la Filarmónica de Londres y no quiero oír ni una palabra más!

Obedientes, ratón y lagartija dejan de discutir y ponen la música elegida por el profesor. 

- Y ahora voy a sentarme en la chimenea a leer este libro, si vuelvo a oír una palabra más alta que otra, vengo y cierro la emisora. ¿Entendido?

- Entendido, señor Peinacanas - Contestan los dos -

En el salón, Pirú y don Leonardo conversan animadamente.

- ¿Y dice que la seño Yolanda está con los niños en los alrededores? - Pregunta Pirú-
- Sí, querían coger algunas plantas para el portal.
- Bien, bien, sabe cuidarse, no me preocupa. Tendríamos que pensar en la fiesta, ¿no cree? 
- Claro, Pirú, claro.

En ese momento, Benito Mondanueces entra en el salón muy preocupado.

- Pirú, tienes que venir, ha pasado algo en la cocina. - Dice el ratón cabizbajo-
- Pero bueno..., ¿es que no hay modo de tener una conversación tranquila en esta bendita casa? ¿Qué ocurre?
- Ven, ven, y lo verás con tus propios ojos.

Al entrar en la cocina, se encuentran con un visitante inesperado.
- ¿Y quien eres tú? - Pregunta Pirú poniendo los brazos en jarra-
- Ñam, ñam, ñam, soy Bizcocho.
- Ya lo has oído, Pirú, se llama Bizcocho y se está poniendo fino con nuestras galletas y dulces. Si sigue comiendo de ese modo, nos deja sin pasteles para la fiesta.
- A ver, Bizcocho... Soy Pirú, no pasa nada porque estés aquí, pero al menos dinos de dónde has salido.
- ¡Soy amigo de Matilda! Ñam, ñam, ñam. 
- Matilda..., cómo no. -Susurra Benito-
- Me dijo que había una fiesta y que podía venir. Ñam.- Dice Bizcocho devorando otra galleta-
- ¡Pirú dile algo! - Exclama Benito- ¡Se está zampado todos los dulces!
- Vamos a ver, Bizcocho. Eres bienvenido en Casa Encantada, pero no puedes comerte todo lo que prepare Benito o cuando llegue la fiesta no habrá nada.
- Pero... , ¿tú eres mago, no? Matilda me ha contado que haces aparecer cosas de la nada. Eso incluye los dulces ¿A que sí?.
- Se nota que eres amigo de la lagartija, tan descarado como ella. - Murmura Benito-
- ¡Calma, calma!- Levanta los brazos Pirú- Haremos una cosa. Te vas a venir conmigo y ayudarás a tu amiga y a Plumillas a elegir música navideña. ¿Qué te parece?
- ¡Me parece guay! ¿Puedo llevarme estas galletas?
- ¡Pirúúúúú! - Exclama Mondanueces desesperado-
-  Tranquilo Benito, ya me encargo.

El mago se aleja con Bizcocho en las manos que va encantado de estar por fin en aquella casa tan especial, al entrar en la emisora se encuentra con Matilda y Plumillas profundamente dormidos. La lagartija está en el suelo y el ratón sobre la mesa del micrófono.

- Qué extraño..., estos dos dormidos. - Murmura Pirú dejando a Bizcocho en el suelo-
- ¿Por qué te parece raro, Pirú? - Pregunta el ratón.
- Porque aprovechan cualquier ocasión para discutir y es raro que así, sin más, se hayan dormido.

En ese momento, Pirú se da cuenta de que el suelo está cubierto por una neblina oscura, algo que desprende malignidad.

- ¡Bizcocho! ¡Rápido, a mi bolsillo! 

El ratón no se lo piensa y de un salto se cuela en uno de  los bolsillos de la túnica del mago.

- ¿Qué ocurre? - Pregunta el ratón asustado-
- Necesito mi báculo, esto es cosa del mago negro y si la niebla sale de aquí..., tendremos problemas.

Pirú sale corriendo cerrando la puerta y a grandes zancadas llega hasta el salón donde están su báculo y don Leonardo.

- ¡Pero no podemos dejar ahí a Matilda y a Plumillas! - Exclama Bizcocho preocupado-
- Necesito mi báculo para rescatarlos del desmayo.

Rápidamente, pone al corriente a don Leonardo de lo que sucede.

- Mandaré a alguien para avisar a la seño Yolanda, no debe acercarse a la casa mientras esa nube maligna esté aquí. - Propone el ratón-
- Coja la rosa azul, ella lleva la suya y podrá comunicarse más rápido.-

Ratón y mago se dirigen a la habitación donde tienen la emisora de radio, el humo negro ha comenzado a salir por debajo de la puerta.

- Espero que no sea demasiado tarde - Dice don Leonardo-
- Tranquilo, amigo, los recuperaremos. 

Abren y el mago hace nacer una luz rosada de su báculo; dirigiéndola hacia el suelo pueden ver a Matilda,  Pirú se apresura a guardarla en el bolsillo que le queda libre y luego hace lo mismo con Plumillas. Después, murmura unas palabras que nadie sabe traducir y la niebla comienza a recogerse  hacia un rincón hasta desaparecer.

- ¡Bien! - Exclama Bizcocho- Hemos vencido al mago malo.
- No cantes victoria tan pronto, esto solo es un hechizo de contención, Óminor volverá con más fuerza. - Contesta Pirú-

Rápidamente llevan al ratón y a la lagartija hasta el salón para despertarlos de aquel malvado maleficio.

- ¿Están...., están...,muertos? - Pregunta Bizcocho-
- No, están sumidos en un hechizo: Ni dormidos, ni despiertos, ni vivos, ni muertos... Óminor les está robando sus recuerdos más bellos a través de sus esclavos, si no los traemos de vuelta pronto, se unirán a la niebla negra y se convertirán en parásitos del alma, igual que los que les hicieron esto. - Contesta don Leonardo-

El mago dirige su báculo hasta el ratón y la lagartija y los eleva en el aire, luego con su mano izquierda genera una espiral de estrellas y los introduce en ella. La primera vez no sucede nada, la segunda tampoco.

- Solo puedo usar esta magia en tres ocasiones - Habla Pirú preocupado- Si no consigo hacer que despierten, se perderán para siempre. ¡No sé qué pasa, no sé por qué no funciona mi magia!
- Amigo, no desesperes, lo conseguiremos -Dice don Leonardo poco convencido-

Utiliza el contrahechizo una vez más y al fin nuestros amigos despiertan. Están muy asustados y confundidos.

- Contad qué ha pasado - Les apremia Pirú-
- Pués... - Dice Plumillas quitándose la gorra y tomando la iniciativa- No recuerdo mucho, solo que estábamos preparando el Casa Encantada Noticias cuando un señor mayor vino a pedirnos una canción para la fiesta de mañana. No vi nada sospechoso en él, después de eso no me acuerdo de nada más. No sé si Matilda....
- Yo tampoco recuerdo gran cosa, salvo que ese hombre no era nadie conocido, pero teniendo en cuenta que en estas fechas mucha gente va y viene por aquí..., no noté nada raro, la verdad.
- ¿Sabéis si salió de la casa? - Pregunta don Leonardo-.
- No, no vimos nada - Contesta la lagartija-
- Bien chicos, ahora descansad y no os mováis de este salón. Voy a generar un hechizo que impida que algo malo os pueda pasar, pero tenéis que prometerme que no saldréis de aquí. ¿De acuerdo? -Les ordena Pirú-
- ¡De acuerdo! - Contesta Bizcocho que hasta el momento había permanecido oculto y muerto de miedo en el bolsillo del mago.-
-¡Bizcocho! - Grita Matilda. ¿Pero qué haces aquí?
- Bueno.., esto.. Tú me invitaste.
- Claro, claro... Lo había olvidado.
- Bueno, basta de charla. Quedaos aquí mientras don Leonardo y yo buscamos a Óminor.  Y recordad, no abráis esa puerta a nadie pase lo que pase. Tampoco si pensáis que es alguien conocido,  puede ser una trampa y el mago negro no tendría reparos en acabar con vosotros.

Cierran la puerta dejando a los amigos dentro, después, Pirú dice unas palabras y un enorme muro dorado se levanta ante ellos.

- Así será suficiente- Vamos don Leonardo, no hay tiempo que perder-
- ¿Qué buscamos exactamente, amigo?
- Ni yo lo sé. No sé si ese maldito ha entrado en Casa Encantada o son sus parásitos de almas. En cualquier caso, hay que sacarlos de aquí cuanto antes.

Súbitamente la casa se cubre de un denso humo negro, algunos habitantes aparecen desmayados aquí y allá, hasta el pobre Benito Mondanueces está tendido en el suelo de la cocina.

- No podemos parar a despertarlos, hay que encontrar el origen de esto lo antes posible. - Dice el mago-

Al llegar a la biblioteca, una silueta tiembla tras el cristal de la puerta.

- ¿Será él? - Pregunta don Leonardo-
- No lo sé, puede ser un parásito o cualquier otra forma maligna. Cuidado al entrar.

Pirú agita el báculo haciendo aparecer de nuevo la nube rosa y al entrar se lleva una gran sorpresa. La seño Yolanda y los niños están maniatados y en el suelo mientras un ser alto y oscuro pasea entre ellos.

- Vaya...., ¿ya has llegado, Pirú? Te estaba esperando - Dice la figura enlutada-
- ¿Qué has hecho con ellos?
- Tranquilo, solo están dormidos..., de momento.
- Dime qué quieres, Óminor.
- ¿Que qué quiero? ¿No recuerdas lo que hiciste el año pasado conmigo? ¡Me condenaste a vagar por el Universo mientras destruías la Torre de los Siete Picos! - Grita el ser maligno a la vez que su figura se alarga tanto que tiene que encorvarse-
- Habías secuestrado la Navidad. ¿Qué esperabas? ¿Un aguinaldo? -Contesta Pirú burlándose-
- Muy ingenioso..., pero guárdate tus bromas para cuando seas un ente parasitario a mis órdenes-
- Creo que eso..., tendrá que esperar.

Pirú lanza un rayo brillante que impacta en el pecho del mago negro y lo lanza contra una de las estanterías derrumbándose al instante. Don Leonardo corre hasta la seño y los niños para comprobar que están bien, pero Óminor le lanza un hechizo y queda paralizado.
La lucha entre los magos es encarnizada, el ruido se escucha en toda la casa.

- ¿Has oído eso, Matilda? - Pregunta Plumillas.
- Sí, creo que deberíamos ir a ver qué pasa, puede que Pirú esté en apuros.
- Nos ha prohibido que lo hagamos ¿O es que ya no te acuerdas?
- Ya me he enfrentado a ese mago y el nuestro no podrá con él si está solo. Debemos ir.
- ¿Y qué hacemos con el muro mágico que acaba de levantar frente a la puerta? - Pregunta el ratón-
- ¿Y para qué está esa ventana? - Contesta Matilda señalando arriba-

Tras una breve discusión, los amigos deciden dejar a Bizcocho en el salón y se ponen en marcha llegando a la biblioteca. Matilda lleva su arco y sy carcaj repleto de flechas, pero no cuentan con un extraño muñeco que les cierra el paso al llegar a su destino.

- ¡No te acerques más! - Dice Matilda- Es un parásito de Óminor, un parásito del alma.
- Pero..., ¡si es un bicho de lo más simpático!
- Plumillas... ¡Atrás!

Matilda monta la flecha en el arco, pero no son unas flechas cualquiera, tienen puntas de zafiro, las únicas capaces de acabar con esos seres salidos del mal. Apunta y dispara al muñeco y a todos los demás que salen por todas partes. Al alcanzarlos se convierten en humo negro, luego celeste y finalmente desaparecen.

- ¿Y ahora qué pasa con ellos? - Pregunta Plumillas-
- El zafiro los libera del mal y encuentran su camino. Ahora son libres.

El ratón no ve venir a uno de los parásitos y antes de que pueda reaccionar, siente que algo arde en su garganta e imágenes espantosas vienen a su mente.

-¡No, no! - Matilda dispara, pero ya es demasiado tarde, el parásito ha mordido a su amigo y se hunde en la niebla negra-

- ¡Pirú! -Grita el ratón-

La lagartija entra en la biblioteca sorteando seres malignos, el mago lejos de enfadarse se alegra de ver a la pequeña, que valiente, lanza flechas azules a diestro y siniestro.

- Han mordido a Plumillas....
- ¿Cómo? -Pregunta Pirú mientras repele un nuevo ataque de Óminor- ¿Dónde está?
- ¡En la puerta! ¡Tienes que ayudarle!

De repente el mago se acuerda de algo...,¡las hadas! ¡Las hadas con su presencia apartan el mal!

- Matilda, ¡las hadas! ¡Hay que traer a las hadas!

La lagartija sabe que la única manera de contactar con ellas es entre la vigilia y el sueño y por lo tanto hay que acercarse a la seño Yolanda y a los pequeños para que en su estado puedan contactar. No están seguros de que vaya a funcionar, pero no hay otra salida. Mientras Pirú lucha contra Óminor, la lagartija susurra al oído de los niños y de la seño, la importancia de contactar con las hadas. Sabe que solo con pensamientos benevolentes se podrá llegar hasta ellas.
¡Y ocurre! En seguida el aire se llena de puntos dorados, son las alas de las bellas criaturas. En su presencia, los parásitos se desintegran, todos despiertan y el mago negro se queda ciego. Poco a poco la niebla desaparece y con ella.., el malvado mago.
Casi sin fuerzas, Pirú se deja caer en el suelo, pero Matilda tiene prisas por salvar a su amigo así que no se lo piensa y se dirige a Titania, la reina.
- Majestad - dice haciendo una profunda reverencia- Necesito pediros un último favor: mi amigo ha sido mordido por un ente parasitario, se está perdiendo en la sombra.

Nada más oírlo, la reina de las hadas vuela hasta Plumillas cuya figura comienza a ser transparente. Abre las alas y las bate justo encima del ratón de modo que una cortina de puntos dorados cubre por completo al animal. Todos aguantan la respiración, pero la sonrisa de Titania les deja claro que está a salvo. Al fin, Plumillas abre los ojos y se encuentra con aquél fantástico ser que lo deja fascinado.

- Bienvenido de nuevo, querido ratón - Le dice la reina-
- ¡Plumillas! -Grita Matilda agarrándose fuerte del cuello de su amigo-
- ¡Que me vas a ahogar! - Exclama queriendo hacerse el enfadado, pero en el fondo sabe que su amiga se ha arriesgado mucho para salvar su vida-

En fin chicos, ya que todo ha vuelto a la normalidad, creo que lo mejor es ir a descansar y celebrar mañana una estupenda fiesta. ¿Qué os parece? - Pregunta don Leonardo-

- Que ya teníamos una - Contesta Matilda-
- ¡Pues que sean dos! - Exclama Pirú.

Al día siguiente, Casa Encantada luce preciosa, la decoración llega a cada rincón y también la música. La seño Yolanda se ha puesto sus mejores galas y luce realmente preciosa.

- ¡Buenos días desde Radio Encantada! Hoy tenemos una fiesta muy especial que no habría sido posible sin la valentía de nuestro querido Pirú, el profesor don Leonardo y la lagartija Matilda. Para vosotros, va dedicada esta canción - Dice Plumillas mientras su voz llega a todos los rincones de Casa Encantada y sus alrededores - ¡Gracias por salvarnos!
- ¡Si es que en el fondo no puedes vivir sin mí! - Exclama feliz Matilda a la vez que abraza a su amigo -
- ¡No seas pesada!
- Ya verás, te voy a dar un abrazo lagartijero que te vas a caer muerto matao.

Y Matilda se pega a la espalda del pobre ratón que no puede despegarse de ella en todo el día. En la cocina, Bizcocho "ayuda" a Benito, pero como se come todo lo que pasa por delante de sus ratones dientes, acaba con dolor de tripa.
La noche llega y con ella la diversión. Suenan los villancicos y bailan y ríen hasta que no pueden más.

- Por favor, Matilda..., ¿te quieres bajar? - Le dice Plumillas a su amiga que sigue pegada a su espalda-
- No, que te quiero mucho.
- ¡Pirúúúúúúúúúúúú! ¡Quítame de encima a esta pesada por favoooor!

Y allá se pierden ratón y lagartija mientras la música suena y envuelve nuestra mágica casa.

Os iba a poner "FELIZ NAVIDAD"  con galletas, pero es que se las ha comido Bizcocho, así que os lo pongo con el corazón. Feliz Navidad y felices días en compañía de los que queréis.

- ¡Matildaaa! ¡Plumillas! ¡A ver esa música!