miércoles, 5 de febrero de 2020

GRACIAS, QUERIDOS VISITANTES.

Hoy no hay entrada de cuentos, ni de prosa poética, hoy hay agradecimiento. Todo, todo el agradecimiento del mundo por vuestras visitas a esta web. 3730 durante el mes de diciembre, 1327 en enero y en lo que llevamos de mes de febrero,que solo son cinco días: 233. 
Vosotros, todos, hacéis Casa Encantada y aunque observo que vuestros preferidos son los cuentos, me encanta ver que todas las entradas tienen visitas. Muchas.
Seguiré contando historias para reír, reflexionar, explorar, descubrir y viajar a un mundo que sirve de refugio cuando el que tenemos deja de ser amable. 
Contad a todos que aquí hay habitaciones de sobra, que no se queden sin saber cómo es un día junto a Matilda, Bizcocho, Plumillas, Pirú y la gran familia encantada. 
GRACIAS, de corazón.
Pepa.



domingo, 26 de enero de 2020

Tormentas y lluvias en el Guadiato. Los Nuberos.

Otro día más de vientos fuertes y tormentas, don Leonardo Peinacanas y el mago Pirú estaban muy preocupados porque no les parecía normal que tras una semana, los fenómenos no parasen. 
Gracias a que Smaugui, el Culebre, había decidido quedarse a vivir con ellos, el problema de las bajas temperaturas había sido resuelto, y es que un dragón español es mil veces mejor inversión que esa calefacción artificial que hay en las casas de los no encantados. 
A media mañana, la seño Yolanda bajó para tomar un té caliente y unas galletas. Al mirar por la ventana observó las nubes grises jugar a inflar sus carrillos, y eso solo significaba que el agua comenzaría a caer en breve. De repente, dejó su taza sobre la encimera y abrió mucho los ojos.
- Benito, ¿ves eso entre las nubes? 
- No, seño, no sé a qué te refieres. 
- Mira, donde se junta aquella con cara de oso y la otra estirada. –Dijo señalando a un lugar indeterminado del cielo- 
- ¡Dios mío! ¿Pero qué es eso? 

La cara de un duende burlón asomaba entre las nubes, tenía los mofletes hinchados y parecía como si soplara y los cirros le obedecieran. 

- ¿Tienes idea de qué o quién puede ser? – Preguntó Benito que había dejado momentáneamente su labor en la cocina para observar aquel prodigio-
- ¡Mira, allí hay otro! ¡Y otro más! 

En ese instante, unos enormes ojos encendidos aparecieron en la ventana y los amigos se dieron tal susto que la taza de té salió rodando por los suelos. 

-¡Smaugui! ¡Por el amor de Dios, no me voy a acostumbrar nunca a este animal!- Exclamó Yolanda agachándose a recoger los trozos de loza en los que se había convertido la preciosa tacita- 

- Lo siento, seño, no era mi intención asustarte. 
- Está bien, no te preocupes. 

– Venía a avisaros de que acabo de ver duendes Nuberos merodeando por los cielos y ese, o mejor dicho, ellos son los causantes de este tiempo que tenemos. Son malos, se divierten provocando tempestades y poniendo en peligro a los pescadores, y si se enfadan mucho, lanzan rayos y granizo para destrozar cosechas. 
- ¡Pero bueno! -Exclamó la seño- ¿Y por qué se están cebando con Casa Encantada si puede saberse?
- Pues ni idea, pero la realidad es que están y si no queremos que todo el Guadiato quede anegado y sin cosechas, hay que pararles los pies.
- Bien, reunámonos con Pirú y don Leonardo y veamos qué podemos hacer. - Propuso la seño, retomando una sabrosa taza de té que Benito le había preparado mientras charlaba con Smaugui-

Caminaba por el pasillo central en dirección a la biblioteca cuando don Leonardo salió a su encuentro.

- ¿Ocurre algo, querida?
- Tenemos que hablar, don Leoanardo. ¿Ha visto a Pirú?
- Sí, hace un momento estaba con Matilda y con Plumillas que venían de recoger unas hierbas para sus pócimas.
- ¿Con este tiempo?
- Van con un mago, hijita...

La seño sonrió, sabía que con el mago Pirú, cualquier contratiempo solo era excusa para una buena aventura y que el peligro siempre era menor en su compañía.

- Están en la emisora, te acompaño. - Propuso el bibliotecario-

Ya en el estudio de Casa Encantada Radio, se sentaron en torno a unos cafés y la seño Yolanda explicó el motivo de su visita. Al parecer, la única manera de hacer retroceder a los Nuberos (según Smaugui), era encontrando Ventolines. Los Ventolines son geniecillos buenos que ayudan a la gente de la mar y los arropan con sus alas verdes cuando hace frío, o les procuran una brisa agradable para su navegación.

- Bueno, creo que yo también podría emplear algo de magia para hacer que se marchen -dijo Pirú-
- No lo dudo - Contestó don Leonardo- Pero las cosas de duendes han de resolverse entre duendes y yo también voto por buscar Ventolines.
- ¿Sabéis que esos duendes viven en el norte? - Preguntó Plumillas.
- Sí, listillo. -Contestó Matilda- ¿Y?
- Pues que no sé cómo haremos para encontrar uno aquí.

Smaugui había escuchado todo sentado en el exterior y en ese momento, asomaba su enorme cabeza por la ventana.

- Si estáis pensando en ir al norte, no contéis conmigo. Yo estoy muy calentito aquí en Casa Encantada y en cuanto me vean aparecer por allí van a querer que me quede ¡Ni hablar! ¡No pienso ir!

Los amigos se miraron entre sí.

- Smaugui, nadie te obliga a volver, pero podrías decirnos dónde encontrar a tus amigos Ventolines para pedirles ayuda. Eso sí lo harás, ¿verdad? - Preguntó Pirú-

El Culebre guardaba silencio y volvía la cabeza haciéndose el desentendido.

- ¡Smaugui! - Exclamó la seño Yolanda- ¡No seas tonto! Tienes que ayudarnos o este lugar que tanto te gusta acabará inundado o lo que es peor..., puede desaparecer si cae un rayo ¿Es que no te importa?

El Culebre miró a todos y cada uno de los que expectantes aguardaban su respuesta.

- Los Ventolines viven también en las nubes rojas. Esperadme aquí, volveré en unas horas.

Y sin más, salió volando hasta desaparecer de la vista de sus amigos.

- Si es que los de mi familia somos así..., nos hacemos de rogar pero al final somos más valientes que ninguno. - Dijo Matilda llena de orgullo lagartijero-

El tiempo pasaba, pero Smaugui no volvía y empezaban a preocuparse. ¿Le habría pasado algo? De nuevo la seño estaba en la cocina, esta vez en la compañía de Matilda y Plumillas.

- Chicos, no sé... ¿No creéis que ya debería haber vuelto?
- No te preocupes, seño, los de mi especie nos sabemos cuidar.
- Sí, Matilda, pero aún así estoy preocupada.
- Chicas, ¿Y si salimos a buscar a nuestro amigo? - Propuso Plumillas-
- Pirú ha dado órdenes expresas de no salir de la casa. Soplan vientos de casi 50 kilómetros por hora y para nosotros es peligroso .- Contestó la seño-

Matilda no se resignó y guiñó un ojo a su amigo que rápidamente captó el mensaje.

- Bueno querida, nosotros nos retiramos a nuestros quehaceres. Estamos preparando un reportaje sobre la escuela de don Pedrito, el ánade del Bosque de los Retamales, y vamos a seguir trabajando para tenerlo antes del fin de semana -Dijo Plumillas despidiéndose de la seño-

Nada más salir de la cocina los amigos se precipitaron al exterior, pero una fuerte ráfaga de viento los empujó contra un eucalipto.

- No, si al final Pirú va a tener razón.... - Murmuró Matilda sacudiéndose-

Un Nubero enfurecido se dio cuenta de la presencia del ratón y la lagartija y comenzó a soplar tan fuerte que los elevó por el aire a una altura de auténtico vértigo.

- ¡Osssstras qué guay Plumillas que estamos volandoooo!
- ¡Serás insensata! ¡Si caemos no la contamos!

Pero en ese instante, unas grandes manos arroparon a los dos aventureros; era Smaugui que regresaba con varios Ventolines a su espalda.

- ¿Pero se puede saber qué hacéis en la calle con este tiempo?
- ¡Habíamos salido a buscarte! ¡Nos tenías preocupados!- Contestó Plumillas-
- Pues ya estoy aquí, vayamos a darle a esos Nuberos su merecido.

Pero las cosas no iban a ser tan fáciles, una fuerte lluvia comenzó a azotar la cara de Smaugui y los rayos rozaban peligrosamente su enorme cuerpo. Temiendo por sus amigos, los llevó de vuelta a Casa Encantada depositándolos en el tejado.  Sin perder tiempo, se elevó hasta las nubes para plantar batalla.

- ¿Queréis fuego? ¡Pues tomad fuego! - Gritó el Culebre a medida que lanzaba una enorme llamarada contra los Nuberos-
A su vez, los Ventolines comenzaron a mover las alas y generar una brisa cálida con el fuego del Culebre que hizo retroceder a los Nuberos, pero la batalla no estaba ganada. Aprovechando que el viento había cesado, el mago salió de Casa Encantada.

- Chicos, ¡entrad en casa ahora! - Aconsejó Pirú a Matilda y Plumillas- Voy a echarle una mano a nuestro amigo.

El mago agitó el báculo y creó una nube rosa que impactó contra los Nuberos, haciendo que se tragaran el aire que tenían retenido en sus mofletes y que su cuerpo se inflara haciéndolos flotar. Momento que aprovecharon los Ventolines para agitar sus alas y hacer que se alejaran por el cielo.


- ¡Más fuerte chicos! - Animaba Matilda mientras descendía junto a su amigo por la pared-

En medio del caos, un Nubero vio al ratón y la lagartija, bajó y se los llevó a la vista de sus amigos que se quedaban atónitos y sin saber qué hacer. Smaugui se disponía a lanzar una llamarada cuando fue detenido por Pirú.

-¡Nooo! ¡Puedes quemarlos! ¡No sabemos en qué nube están!

Una masa gris desaparecía en el cielo y dentro de ella estaban Plumillas y Matilda. La lagartija tiritaba sin control pues el interior de la nube era húmedo y extremadamente frío. Ni todo el calor del pelo de su amigo podía hacer que reaccionara.

- ¡Vamos Matilda! ¡Abre los ojos!

Pero la lagartija permanecía acurrucada tiritando y sin moverse. Cada minuto que pasaba su piel se volvía más pálida y fría. Plumillas no sabía cómo sacar a su amiga de aquella peligrosa situación.

En Casa Encantada, Pirú y Smaugui hablaban con los Ventolines.

- Chicos, muchas gracias por vuestra ayuda - Dijo el Culebre-
- No nos las des, aún no hemos terminado aquí. Nos quedaremos unos días para calentar la tierra y hacer desaparecer los charcos o no tendréis cosecha, ni flores, ni despertarán los árboles. Estaremos en esas nubes rojas que hay sobre el pantano, si nos necesitáis antes, venid a buscarnos. Y en cuanto a vuestros amigos... Debéis abandonar toda esperanza, nadie ha regresado de las nubes de los Nuberos. Siento ser tan claro. - Dijo el que parecía ser el jefe de todos ellos-

La desolación cayó sobre la casa como una losa. Era imposible que sus amigos desaparecieran así como así, algo habría que se pudiera hacer.

- ¡Tenemos que pensar algo! -Dijo la seño Yolanda llevándose las manos a la cabeza - ¡No podemos dejar abandonados a nuestros amigos!
- Solo se me ocurre una idea -Habló Pirú-

Don Leonardo, que sabia de las intenciones del mago, palideció.

- Amigo eso es una locura.
- Es la única manera de que regresen y lo voy a intentar.
- ¿Se puede saber qué estáis tramando? - Preguntó la seño-
- Hay que convocar a Óminor, el mago negro. - Contestó Pirú-

Un miedo antiguo se instaló en el salón de Casa Encantada. Nadie hablaba, las caras de sus habitantes reflejaban el temor a aquel mago que tanto odio albergaba hacia Pirú. Óminor encarnaba lo contrario a la belleza, la vida y la bondad.

- Siempre ha querido ser el guardián de la llama azul, se la cederé si libera a Matilda y a Plumillas. Ellos valen más que todo el fuego mágico del mundo.
- Pero amigo mío -Se dirigió don Leonardo al mago - Esa llama protege la casa y nos comunica en entre nosotros cuando estamos lejos, no creo que sea buena idea entregar al malvado Óminor ese privilegio. Lo hará muy poderoso.
- No veo otra solución.
- Pirú, si pierdes la llama te debilitarás y tus poderes y sabiduría se verán reducidos. Volverás a ser un mago sin luz y tendrás que recorrer un camino largo hasta ganarte de nuevo todo aquello a lo que renuncias. Has atravesado muchas edades, no sería justo que ahora perdieras tu esencia. -Seguía hablando don Leonardo-

La seño Yolanda lloraba desconsolada, no podía entender cómo de la noche a la mañana las cosas se habían puesto tan mal para los habitantes de la casa mágica. Benito Mondanueces y Blasito Comebellotas se afanaban sacando pasteles del horno, pero ni sus más ricas magdalenas conseguían levantar el ánimo de los amigos. Ni siquiera Bizcocho había probado bocado en toda la tarde.
La noche extendió su manto sobre la casa, nadie quería irse a dormir mientras Pirú permaneciera encerrado en sus aposentos haciendo no sabían muy bien qué. Por debajo de la puerta se colaba una luz parpadeante que tenía nerviosos a todos.

- Tiene que detenerlo, don Leonardo - Suplicó la seño Yolanda muy preocupada-
- No puedo hacer nada, querida niña, si él ha decidido despojarse de sus poderes, no podemos interferir.

Smaugui se culpaba por todo aquello. Pensaba que su presencia en el Guadiato había atraído a aquellos seres propios del norte, que si regresaba todo volvería a la normalidad y así se lo comunicó a sus amigos.

- Me marcho. Hablaré con los Ventolines y nos iremos en cuanto acaben su labor aquí. Estoy seguro de que los Nuberos me seguirán y entonces... Me las veré con ellos, entraré en sus nubes y las destrozaré una a una, para que aprendan a no meterse donde no son llamados.
-¡Ni hablar! ¡Esta es tu casa y de aquí no te vas! - Exclamó muy enfadada la seño Yolanda-
- Así tendremos alguna posibilidad de recuperar a Matilda y a Plumillas, de lo contrario morirán.
- Calmaos todos -intervino don Leonardo- Esperaremos a Pirú y luego pensaremos un plan juntos. No puedes marcharte, Smaugui, estoy seguro de que te vamos a necesitar.

Mientras hablaban en el salón, Pirú negociaba con Óminor la entrega de parte de sus poderes. A cambio, el mago negro le entregaría dominio sobre la oscuridad, y por lo tanto, sobre las nubes negras donde habitaban los Nuberos.

- ¡No hay tiempo que perder, Óminor! Mis amigos deben estar muriendo de frío.

Una espesa bruma negra flotaba en medio de la habitación, Pirú mantenía encendida la luz azul, pero también la blanca de su báculo para protegerse contra cualquier estratagema del mago negro. Bien sabía que en cuanto se intercambiaran los poderes, aquel ser malvado podría intentar cualquier cosa sobre él o sobre los habitantes del Guadiato. Se disponía a entregar su más preciado tesoro cuando varios golpes detuvieron la ceremonia.

- ¿Qué ocurre ahora? -Bramó Óminor-
- ¡Pirú no lo hagas! ¡Tenemos un plan! - Gritó don Leonardo aporreando la puerta con todas sus fuerzas-

El mago dudó y retrocedió unos pasos sin perder de vista al mago negro.

- ¡Pirú por favor, tienes que escucharnos! - Esta vez era la seño Yolanda la que imploraba al otro lado de la puerta-
- Por qué no...-Pensó el mago- Aplazaré mi entrega.
- ¡Ni lo sueñes! - Gritó Óminor- ¡Si estás pensando en echarte atrás ya es demasiado tarde! Esa llama me pertenece y a menos que quieras que tus amigos mueran, debes entregármela.

Pirú volvió a dudar, confiaba mucho en don Leonardo, era un ratón extremadamente sabio. Se arriesgó a sabiendas de que si el plan de sus amigos fallaba, el trato con el mago negro le saldría muchísimo más caro.

- Dame un día, Óminor, te entregaré mi báculo si no consigo nada.
- Ni lo sueñes.

Pirú retrocedió y su enemigo avanzó hacia él dispuesto a saltar sobre su presa, pero en ese momento, la puerta se abrió y entraron en tropel todos los habitantes de Casa Encantada haciendo que Óminor se distrajera, instante que Pirú aprovechó para lanzar un hechizo paralizador.
- Uffff, ¡por los pelos! -Dijo Benito que estaba alucinado con lo que veía-
- El hechizo dura veinticuatro horas, es el tiempo que tenemos para poner en marcha el plan del que habláis.
- ¿Qué pasará después? - Preguntó Yolanda-
- Si conseguimos nuestro propósito, utilizaré un hechizo transportador que lo lleve a la Torre de los Siete Picos, el lugar de dónde nunca debe salir. Utilizaré también el desmemorizador.
- ¡Eres un genio! - Exclamó la seño Yolanda escalando por su túnica para darle un sonado beso en la mejilla-

Expusieron su plan, que no era otro que convencer a los Nuberos de que Smaugui y los Ventolines regresaban al norte y lo harían esa misma noche. Sabían que los duendes malvados los seguirían, pero en el camino no pararían de hacer fechorías, momento que aprovecharían ellos para poder rescatar a sus amigos.

- Pero..., ¿cómo os esconderéis? - Preguntó el mago-
- Bueno.., esa parte te la hemos dejado a ti - Dijo Smaugui desde la ventana-

Sin tiempo que perder, se dirigieron al pantano para hablar con los Ventolines que no acababan de ver  claro el plan.

- Vamos chicos, no aguantarán mucho en la masa gris y lo sabéis - Les dijo el Culebre- Matilda es una lagartija, necesita calor y si no hacemos nada morirá a no mucho tardar.
- Está bien, os ayudaremos - Dijo por fin uno de los Ventolines-

La noche estaba despejada, el plan dio comienzo. Una comitiva presidida por Smaugui abandonaba los cielos del Guadiato. Los Ventolines agitaban sus alas para generar una corriente tibia lo suficientemente fuerte como para que llegara a los Nuberos, que no andarían muy lejos.

- ¿Qué es eso? - Preguntó un Nubero que se divertía viendo a los inesperados huéspedes tiritar de frío.
- ¿El qué? - Preguntó otro con cara malhumorada-
- Ese calor de espanto que estoy notando.
- ¡Son los Ventolines! - Gritó otro que acudía al lugar donde se producía la conversación- ¡Se marchan! Acabo de ver cómo han salido de Andalucía precedidos por el Culebre.
- Pues entonces, misión cumplida -Volvió a hablar el primero de los duendes- Volvamos a casa, el trabajo que nos encargó el gran Ojáncano ha terminado.
- ¿Y qué hacemos con esos?
- Dejad que se mueran de frío, así escarmentarán los demás.

Smaugui y los Ventolines se escondieron tras unas nubes artificiales que fabricó Pirú. Luego, el mago proyectó una imagen de ellos donde seguían alejándose por el cielo y así, ocultos en el hechizo, regresaron a toda prisa a Casa Encantada.

-  Bien chicos, preparaos porque no tardarán en aparecer - Dijo el Ventolín jefe-

Dicho y hecho, como a la media hora, una nube aún más oscura que la noche se agarraba al cielo. La lluvia y el viento hicieron acto de presencia.

- ¡Ahí están! - Señaló Pirú-
- Quietos, no os mováis aún - Ordenó el Ventolín- Dejad que se posen sobre la casa, querrán hacer todo el daño posible aquí.

Tal y como había vaticinado, una gran tormenta se desató sobre Casa Encantada. Los Nuberos se expandieron para tapar todo el pueblo, un error que les saldría carísimo pues al distanciarse tanto unos de otros, era muy fácil ver el interior de las nubes.

- ¡Chicos ahora! - Gritó Smaugui-

Los Ventolines se introdujeron en el interior de la masa gris y comenzaron a batir sus alas, a su vez, Smaugui emitía pequeñas llamas guiadas por la luz del báculo de Pirú, de ese modo, iban haciendo agujeros que deshacían las nubes y dejaban sin refugio a los Nuberos.

- ¡Abrid bien los ojos, nuestros amigos deben estar por aquí! - Exclamó Pirú-

Una voz familiar resonaba en la cabeza de Plumillas. El sueño y el frío no le permitían distinguir si era real o producto de su mente adormilada.

- ¡Matildaaaa! ¡Plumillas!

Matilda permanecía rígida, el color había desaparecido de su piel y Plumillas casi no podía moverse. ¿Serían sus amigos? ¿Era posible?

Una llamarada pasó cerca de la nube donde permanecían atrapados, pero un Nubero se puso a soplar y la temperatura descendió aún más. Plumillas se rindió a un sueño helador.

- No puedo verlos, Smaugui - Dijo Pirú-
- Espera, daré la vuelta, los Ventolines se están acercando al centro y probablemente estén ahí.

Se dirigieron al centro, el único lugar que aún seguía compacto. Los Ventolines habían alejado a sus enemigos y ahora se disponían a deshacer lo que quedaba de su morada. Poco a poco, los Nuberos fueron saliendo enfurecidos, los rayos caían y prendían algunos árboles. No iba a ser nada fácil sacar de allí a la lagartija y al ratón.
Smaugui lanzó otra pequeña llamarada y dividió en tres una masa nubosa. De repente, todos vieron como una nube con dos Nuberos se alejaba a toda velocidad.

- ¡Deben estar allí! - Gritó Pirú-

Los Ventolines rodearon la masa nubosa y batieron las alas más fuerte que nunca. De repente, las figuras de Plumillas y Matilda aparecieron. Al deshacerse la nube comenzaron a caer, pero Smaugui pudo recogerlos antes de que chocaran contra el suelo.
Los Nuberos, sin sitio donde esconderse, se perdieron en el cielo rumbo a su lugar de origen.
Smaugui depositó suavemente a sus amigos en la tierra y los Nuberos los arroparon con sus alas hasta que al fin, despertaron.

- ¡Matilda! - Exclamó la seño Yolanda al ver cómo la lagartija hacía esfuerzos por abrir los ojos-

Plumillas pudo levantarse al fin y corrió a ver a su amiga.

- ¡Lagartija petarda, ni se te ocurra volver a cerrar los ojos!

Matilda sonrió al oír a su amigo mientras los Ventolines seguían rodeándola con sus alas. Poco a poco entró en calor y el verde brillante de su piel volvió. Todos suspiraron aliviados al ver que estaba fuera de peligro.
De vuelta a la seguridad de Casa Encantada, Pirú devolvió a Óminor a la Torre de los Siete Picos y después, se organizó una gran fiesta para agradecer a los Ventolines su inestimable ayuda. Aún quedaban días de trabajo para ellos, pero sin duda, su actuación aquella noche había sido fundamental para salvar la vida del ratón y la lagartija.
En la cocina, Plumillas se empeñaba en agradecer a todos su esfuerzo cocinando un rissoto de queso, pero Benito y Blasito se resistían.

- Venga chicos, dejad que os demuestre mis dotes culinarias. - Decía Plumillas-
- No es necesario, de verdad, si ya nos organizamos nosotros de maravilla... - Insistía Blasito para que cediera en sus pretensiones-

Al final, la tozudez de Plumillas se impuso y se plantó el delantal. Mientras cocinaba, iba contando todo lo que había pasado en aquella nube helada.

- Es mejor que se dedique a los reportajes - Susurró Blasito a Benito sin que el cocinero se enterara-
- ¡Pero bueno esto no me lo pierdo! - Exclamó Smaugui al ver al ratón cocinando- ¡Yo también quiero!-
- ¡El que faltaba! ¡El chimeneas!- Exclamó Benito desesperado-

Smaugui ocupaba tanto que cada vez que se movía tiraba algo.

- ¡Ay perdón! - Plumis, ¿cómo ves este arroz?
- ¿Y si le das un poco más de fuego? ¡Uuuuuayyyy! ¡Pero espera a que quite la mano!
- Perdón, perdón. ¿Así está bien o soplo más?
Y allí, en aquella Casa Encantada llena de amigos, celebraron una vez más que juntos se puede todo, desde deshacer nubes, hasta...., un risotto a lo Culebre.
¡Que suene la música, Matilda!


Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento ya sea electrónico o mecánico, el tratamiento informático, el alquiler o cualquier otra forma de cesión de la obra sin la autorización previa y por escrito del titutar del copyright. N. Registro obra: 1905240986376

viernes, 27 de diciembre de 2019

Pepa Jones y su gato Gambita. Navidad en la Charca de los Patos.

Pepa Jones se había quedado a dormir esa noche en el Tejar, le acababan de dar las vacaciones de Navidad y nada mejor que comenzarlas allí con el abuelo.
Eran las once de la noche cuando sonaron unos suaves toquecitos en la puerta de la habitación.

- Pepa, ¿estás despierta? 
- ¡Sí, abuelito!, aún no me he dormido.
- Pues abrígate bien y sal, tengo una sorpresa para ti.

¡Una sorpresa! Palabras mágicas, -pensó la niña- 

Se vistió a toda prisa y salió envuelta en un plumas color rosa que le había enviado su prima del norte.

- Vamos, vamos a la puerta y verás - Propuso el abuelo José con gran misterio-

Los segundos por el pasillo se hicieron eternos hasta que por fin, la puerta se abrió y... ¡Estaba nevando! ¡Nevaba en la Charca de los Patos!

- ¡Ohhh, abuelitoooo! ¡Es nieve! - Exclamó la niña entusiasmada-

Permanecieron un buen rato afuera a pesar del frío, observando cómo los árboles poco a poco recibían en sus brazos el blanco regalo y cómo los caminos desaparecían bajo el manto inmaculado de la nieve. Para Pepa, era su primera nevada y estaba tan contenta que no paró de hacer fotografías hasta que el sentido común se impuso y volvieron a la casa.

- Y ahora a dormir, mañana saldremos a hacer más fotos, ¿de acuerdo? - Propuso el abuelo José.
- ¡De acuerdo, abuelito!

Pero Pepa no tenía intenciones de dormir, cogió su móvil y entró en el grupo de WhatsApp "Gambigrupo V"

Pepa: Chicoooooooooos, ¿habéis visto cómo nieva?
Estrella: ¡No me digas! En Mérida nada, no ha caído ni un copo.
Patricia: ¡Yupiiiiii! ¿Qué haréis mañana? Pepa, ¿nos vemos en la Charca de los Patos? Estrella haremos bolas gordaaas de nieve
Estrella: Yo llego sobre las doce, chicos. ¡Espero que la nieve aguante!
Julián: Oídme, acabo de entrar en casa, he hecho fotos preciosas.
Pepa: ¡Pues pásalas!
Julián: Y otra cosa: Hoy he visto gente rara en el Peñón. No tienen pinta de ladrones de patrimonio, pero son raros, raros de coj...
Todas las chicas: ¡Juliááááááán!
Julián: ¡Iba a decir cojines!
Patricia: Ya.... Bueno, cuenta, cuenta.
Julián: A ver..., como esta mañana no había cole me he ido con mi perro Ferrari a dar un paseo hasta el Peñón, y en los alrededores del arroyo había unas tiendas de campaña bastante peculiares... Bueno, no eran exactamente tiendas.
Estrella: ¿Y qué eran?
Julián: No sé chicas, tiendas pero antiguas. Además, he visto caballos y dos hombres con unas ropas que no había visto antes. Creo que hay que echar un vistazo y vigilar.
Patricia: De acuerdo.
Pepa: Pues si os parece bien, mañana desayunamos con abuelito en el Tejar y nos organizamos.
Todos: ¡Perfecto!
Pepa: ¡Buenas noches y feliz nevada navideña!

Al día siguiente, la primera en llegar fue Estrella. Ni se paró a deshacer la maleta, directamente fue a casa de Pepa y de allí al Tejar.

- ¿Cuando venís a Mérida otra vez? - Preguntó la niña-
- Pues espero que pronto, hay que visitar de nuevo el Museo de Arte Romano porque es ..., ¡alucinante!
- Ay pues precisamente estuvimos con el cole el otro día, nos estuvieron explicando la fiesta de la Saturnalia, que ya sabes que es algo así como la Navidad Romana y que se celebraba del 17 al 23 de diciembre.
- Sí, en honor al dios Saturno. Y se adornaban las casas, se hacían regalos...- Añadió Pepa-
- Exacto. Y los señores actuaban como si fueran esclavos y estos como si fueran señores. Lo que era prohibido, se permitía y estallaba el lujo y el  derroche... Algo así como un jubiloso caos. Pero te cuento lo más interesante. ¿Sabes? Conocí a un niño..., ¡monísimo! - Dijo Estrella sonrojándose y entornando sus enormes ojos azules-
-¡Estrella! Jajajaja, ¡no me digas! ¿Y cómo se llama?
- ¡Pedro! Ya te contaré, a él le gusta especialmente el Teatro Romano y está muy interesado en el Festival de  Teatro de Mérida, no se lo pierde nunca.
- ¡Me tienes que contar! -Exclamó risueña Pepa-

Pero no pudo ser porque el resto de la pandilla, con Gambita a la cabeza, acababa de aterrizar en el Tejar. Esta vez había una sorpresa más y es que Julián venía acompañado de Ferrari, su perro. Veremos qué tal se portaban los animales porque la última vez que se juntaron hicieron una cantidad de trastadas que no se pueden ni enumerar.
Sentados a la mesa, el chocolate, los mantecados  y los churros desaparecían mientras la conversación se hacía cada vez más interesante, sin embargo, en el patio empezaron a oírse voces, maullidos y un tremendo jaleo de cubos y gritos. En eso, el abuelo José entra en la casa sin poder contener la risa.

- ¡La que han formado Gambita y Ferrari! ¡Menudo enfado tiene Dimas!
- ¿Qué ha pasado? - Preguntó Julián preocupado-
- Se han puesto a beber de una cántara de leche que teníamos apartada para regalar en Navidad y Dimas se ha enfadado muchísimo.
- Pero abuelito..., ¡tú te estás riendo! -Le reprendió Pepa-
- Claro, porque corriendo detrás del par de golfos, el pobre hombre ha trastabillado y ha ido a dar con sus huesos en el suelo, con tan mala fortuna, que se ha apoyado sobre otra cántara y se la ha echado por encima. ¿Qué creéis que han hecho Gambita y Ferrari? Pues subirse sobre él y comenzar a lamer toda la leche. ¡Un cuadro! ¿Queréis verlo?

Los chiquillos salieron en tropel al patio y cuando vieron al pobre Dimas en el suelo intentado quitarse a los animales de encima, no pudieron contener las carcajadas. Al final, todo acabó en reprimenda para Ferrari y Gambita que se pasaron el resto de la mañana hechos un ovillo dormidos al pie de la chimenea, y en un buen chocolate caliente para Dimas, que tras cambiar sus ropas se sentó con los niños a contar anécdotas del campo. En el fondo, todos sabían que el bueno de Dimas, ¡mandaba más que el abuelo!
A eso de las doce del mediodía, los niños decidieron salir a hacer una excursión por los alrededores, querían saber qué estaba pasando con esos personajes extraños de los que hablaba Julián. Aún había mucha nieve, pero no fue obstáculo para abrigarse bien y salir a pedalear, sin embargo, Gambita y Ferrari no pudieron acompañar a sus amigos. El abuelo dijo que se quedaban castigados, por bichejos.


Los caminos estaban embarrados, pero los intrépidos amigos no se rindieron. Unas veces en bici y otras andando, avanzaron en su aventura. El campo estaba precioso, blanco como nunca lo habían visto así que a cada poco se detenían para sacar fotos.

- ¡Qué Navidad tan estupenda, chicos! - Exclamó Estrella mientras sacaba algunas instantáneas con su móvil-
- Y que lo digas, es un sueño poder ver nieve en Navidad - Contestó Patricia-

Retomada la marcha, no tardaron demasiado en llegar a los alrededores del Peñón, allí y a lo lejos pudieron divisar unas carpas que nunca antes estuvieron en el lugar. De colores llamativos, resaltaban extraordinariamente sobre el blanco fondo. Los chicos se miraron extrañados.

- Qué mal me huele esto- Dijo Pepa-
- Y a mí - Contestó Julián- Los vi ayer por primera vez pero a saber los días que llevan sin que nadie haya hecho nada. Fijaos en la cantidad de sacos y paquetes que tienen en la puerta. ¿Y si han robado alimentos o juguetes en las parroquias o en Cruz Roja? 
- Pues no lo vamos a consentir - Dijo Patricia enfadada- Iremos y sabremos qué traen entre manos esas gentes.

Montaron en sus bicis y se aproximaron, sin embargo y tras seguir el plan que habían trazado, pasaron de largo sacando algunas fotos y pararon en la primera peña para cambiar impresiones. 

- Muy raro todo, chicos - Apuntó Pepa- No sé a vosotros pero a mí no me ha salido ni una foto, todas negras.
- Anda..., y a mí - Dijo Julián- 

Uno a uno revisaron sus móviles para darse cuenta de que ninguna foto había quedado registrada . Parecía magia.

- Vale, pues paremos y entremos - Propuso Patricia-
- Estoy con ella - Contestó Estrella-

Bajaron con sus bicicletas en dirección a las carpas, sin embargo, el camino parecía transformarse y se hacía tedioso. Para colmo comenzó a nevar intensamente y un trayecto que debieron cubrir en menos de quince minutos, se convirtió en una hora larga. No sabían qué pasaba exactamente pero mientras más andaban, más parecían alejarse aquellas tiendas de campaña. Pepa empezó a preocuparse, si al menos Ferrari y Gambita estuvieran, su instinto les sacaría de aquel laberinto.



- Chicos, ¿qué está pasando? - Preguntó Estrella preocupada-
- Llevamos casi dos horas dando vueltas y no conseguimos acercarnos a ellas, es como si estuvieran ejerciendo sobre nosotros algún tipo de hechizo. - Contestó Julián-
- ¡Calla, Harry Potter! -  Exclamó Pepa divertida para quitar hierro al asunto, pero en realidad, ella también estaba asustada-

De repente comenzó a oscurecer y no había llegado el mediodía. La nevada intensa y la oscuridad terminó por desorientar a los niños que sin saber cómo, aparecieron de nuevo en el camino de vuelta al Tejar. Justo cuando desistieron de volver a las carpas, la nevada se detuvo y la luz volvió a brillar.

- Con que Harry Potter, ¡eh listilla! - Exclamó Julián- Pues ahora vas y me explicas qué ha sucedido porque no creo que ninguno de nosotros tenga una respuesta lógica.

Llegaron al Tejar y contaron al abuelo José lo que habían experimentado. No tenía ni pies ni cabeza pero el hombre decidió seguirles la corriente.

- Y decís que a medida que caminabais hacia las carpas, estas parecían alejarse - Dijo el abuelo mientras preparaba unas migas calentitas-
- Sí, abuelo. Entonces comenzaron a surgir de la nada otros caminos que parecían ser los correctos, pero que nos alejaban aún más. - Aclaró Pepa-
- ¡Y las bicicletas pesaban muchísimo! - Añadió Patricia-
- Bien, iremos a echar un vistazo mañana, he hablado con vuestros padres y pasaréis la noche aquí. Si queréis, claro. - Propuso el abuelo José-
- ¡Siiiiiiiiiiiiiii! ¡Qué bien! - Exclamaron los niños-

Caía la tarde en el Tejar, el abuelo José había ido con Dimas al otro cortijo para guardar los animales porque había comenzado a nevar de nuevo.  A la vuelta, la propuesta fue hacer un muñeco de nieve en la Charca de los Patos, propuesta que desató la locura entre los amigos, como era de esperar.


Entre risas y juegos se agotó el día. Gambita lo pasó de miedo con su amigo Ferrari porque si algo les gustaba es jugar con las bolas que los niños les tiraban. Una tarde perfecta en el lugar perfecto.
Ya de vuelta en el Tejar, cenaron en torno a la chimenea y convencieron al abuelo José para que pusiera unas mantas en el suelo y les contara cosas de cuando era pequeño. Poco a poco, fueron rindiéndose al sueño y solo Pepa y Gambita permanecieron atentos a aquellas historias que tanto les gustaban. Un final maravilloso para un día raro.
A la mañana siguiente, los chicos desayunaban entre risas a la espera de poder salir de nuevo a inspeccionar el entorno del Peñón. Había vuelto a nevar durante la noche y de nuevo los caminos se perdían. 
Gambita y Ferrari jugaban a perseguir los pocos copos que caían con lentitud desesperante y Dimas tenía buen cuidado de que no se acercaran a las cántaras de leche. A eso de las diez, el abuelo José les comunicó que había que ponerse en marcha si querían descubrir qué ocurría en el Peñón.
Al salir de la casa se toparon con una buena sorpresa y es que en la puerta les esperaba un carro tirado por dos hermosas mulas.

- ¡Nada mejor que un buen carro para andar por la nieve! - Exclamó el abuelo José radiante de felicidad -

Los chicos casi se atropellan por subir, todos querían ser los primeros en probar semejante medio de transporte.

- Abuelito, esto es como de la Edad Media ¡Qué divertido!
- ¿De la Edad Media? Lo que pasa es que los jóvenes de hoy en día no entendéis nada de medios de transporte eficaces. - Contestó el abuelo y todos rieron-
- ¿Os sabéis algún villancico bonito? - Preguntó Patricia-
- ¡Pues claro! - ¿Qué os parece "Más allá? - Propuso Estrella.
Y las voces de los niños se elevaron por encima de los hombres y de los pueblos, porque son esas voces las que llegan al cielo mucho antes que las de ningún otro mortal.

- Muy bonito el villancico, un poco moderno para mi gusto - Dijo el abuelo riendo-

Entre risas y cantes llegaron de nuevo al Peñón, las carpas permanecían en su lugar y no se advertía ningún movimiento en los alrededores. Los niños convencieron al abuelo José para que les esperase en un bar cercano, hacía frío y una aventura como aquella podía no ser buena para su salud.
Los primeros en enfilar el camino fueron Gambita y Ferrari que no tuvieron problemas en llegar. Los niños procuraban seguir a los animales a buen ritmo, pero hubo un momento en que les fue imposible. Vieron a perro y gato internarse en las carpas y de nuevo ellos volvieron a perderse sin poder ni siquiera aproximarse. De la nada, un bosque les cerró el paso y gentes con vestidos brillantes comenzaron a invadir los caminos que nunca habían estado allí.

- Chicos, esto es una alucinación - Dijo Julián-
- Este camino no estaba aquí ayer - Advirtió Patricia- Ni tampoco esos árboles. No sé qué nos está pasando, pero normal no es.
- Está claro, esas carpas, tiendas o lo que sean, guardan algo que produce este efecto. Solo espero que no sea como el de los corros de hadas y nos perdamos aquí por años. - Aclaró Pepa-
- Hija mía, desde luego cuando quieres eres única dando ánimos. - Contestó Estrella un tanto fastidiada-

Un joven vestido con pantalón bombacho y capa larga les salió al paso. Era alto, moreno y con cara de pocos amigos.

- ¿Estáis perdidos? - Preguntó sin más rodeos-
- Pues.., un poco - Contestó Patricia- Queremos llegar a aquellas carpas, pero hay algo que nos lo impide y que seguro tú nos vas a explicar.

Los chicos se miraron sorprendidos ante el desparpajo de Patricia. El joven sonrió y dio media vuelta.

- ¡Ey, no te vayas! - Le gritó Pepa-

El chico se giró de nuevo, en cada brazo llevaba a un animal dormido. Ferrari y Gambita.

- ¡Suelta a Gamba y a Ferrari! - Gritó Julián - ¡Si les has hecho algo a alguno de los dos, te enteras!. Y sacó un tirachinas que siempre le acompañaba.
- ¡Tranquilos, tranquilos! - Habló por fin el extraño joven - Sólo están dormidos y no precisamente bajo el efecto de un hechizo, sino a causa de un buen atracón de leche calentita con pan.

Los niños se miraron sorprendidos. ¿Quién era aquél tipo tan raro?

- No debéis estar aquí - Aclaró el joven con voz seria - Ni tan siquiera sabemos porqué podéis ver las carpas, pero desde luego es algo que vamos a aclarar ahora mismo. Venid conmigo. - Hizo un ademán y los chicos le siguieron sin pensarlo -

Llegaron a las carpas en un santiamén y allí, un intenso ajetreo les sorprendió. Idas y venidas de personas ataviadas con vestimentas de otras épocas, unos de tez negra, otros blancos, pero todos trabajando y sonriendo, como si lo que fuera que hacían les divirtiese. Portaban sacos de los que asomaban paquetes relucientes y de repente..., como un rayo a los niños se les abrió en la mente una explicación maravillosa para todo aquello.

- ¿Sois.., pajes? - Preguntó Pepa- ¿Pajes de Sus Majestades?
- Así es - Habló Metkén, que así se llamaba el joven que les había acompañado- Yo lo soy de S.M. Gaspar y llevamos aquí varias semanas ultimando detalles para la noche de Reyes. No obstante, nuestras carpas están bajo un potente hechizo que las hace invisibles a ojos humanos, por eso no sabemos cómo habéis dado con ellas.
- Las vemos perfectamente - Aclaró Julián - Otra cosa es llegar a vosotros.
- Son los animales -Aclaró otro chico alto y muy rubio que les estaba vigilando desde hacía un buen rato- Son vuestros animales los que rompen el hechizo.
- Pero ayer vinimos sin ellos - Terció Estrella-
- Sí, pero vuestros espíritus están tan relacionados, que sois puros como ellos. Ese es el motivo por el cual podéis vernos. 

Se miraron sorprendidos, no sabían si aquello era un sueño pero desde luego, fuese lo que fuese, pensaban vivirlo a tope.

- Y ahora - Dijo Metkén- Como comprenderéis, no podemos dejar que os marchéis hasta la noche de Reyes-
- ¿Cómooooo? - Gritaron a la vez.
- Si salís de aquí y contáis lo que habéis visto, la magia se romperá y ningún niño recibirá sus regalos. Por lo tanto, no hay alternativa.
- ¡No puedes retenernos! Exclamó Pepa - Mi abuelo nos espera y se llevará un susto tremendo si ve que no regresamos. ¿Es eso lo que queréis?

Los pajes se miraron.

- Y yo sigo teniendo mi tirachinas en el bolsillo - Añadió Julián-
- ¡Dilo otra vez y te quedas sin tu Scalextric! - Le amenazó Metkén apuntándole con el dedo-

Las niñas empezaron a llorar y entonces Ferrari y Gambita despertaron y se enfadaron. Los pajes no contaban con el cariño que los animales tenían a sus amigos y se armó una buena zarabanda.

- ¡Bastaaa! -Gritó el paje rubio- ¡Decid que paren y que este gato deje de morderme las orejaaas!

Al final y tras unos arañazos y algún que otro mordisco, los animales se tranquilizaron. Menudos pajes de pacotilla que no habían sido capaces de controlar a Gambichi y a su amigo.

- Esto solo pueden arreglarlo ellos - Se dirigió Metkén a los pajes que al escuchar el revuelo se habían congregado en el lugar-

Siguieron al joven hasta una tienda donde presidía un gran árbol de Navidad rematado con una estrella.

- Poneos aquí, pronto sabremos qué hacer con vosotros - Dijo Metkén cogiendo de la oreja a Julián-

Una potente luz iluminó la estrella y esta emitió algo parecido a un globo de gas brillante, en su interior se empezaron a formar tres figuras ...., muy conocidas.

- Son..., son..., ¡son los Reyes! - Susurró Estrella temblando de emoción- 

- ¡Así que vosotros sois los famosos cinco! Bueno..., seis - Dijo Melchor hablando a los chicos- Veamos, veamos, veamos... No habéis sido muy buenos hoy a juzgar por cómo están algunos de nuestros pajes. Sois conscientes, ¿verdad?
- Majestad, le juramos que ha sido sin querer, que Gambita y Ferrari pensaban que nos estaban haciendo daño y nos han defendido- Se apresuró a aclarar Pepa-
- Julián - Habló Baltasar- ¿Qué llevas en el bolsillo?

El chico palideció, intentó hablar pero no le salían las palabras.

- Pu pu pues.., un...
- ¡Tirachinas! - Exclamó Su Majestad- 
- ¡Pero es de juguete! - Aclaró-
- No, no lo es. Sólo esperamos que no sea para cazar pájaros - Le miró esperando su confirmación-
- ¡Por supuesto, Majestades! Lo llevo porque en nuestras aventuras siempre hay peligros, pero nunca he hecho daño a los animales. Eso sí...., he dado algún coscorrón a los hombres malos, pero nada grave.

Sus Majestades lo sabían y no podían aguantar la risa. Algunos pajes estaban hechos unos zorros de la lucha con Gambita y Ferrari y la cara de susto de los niños no podía mantenerse durante más tiempo, no era justo. Tenían que solucionar todo en seguida.

- Bien, bien - Habló S.M.Gaspar- Sabemos que sois muy buenos chicos y que ayudáis en la defensa del patrimonio arqueológico, que os gusta la Historia, que amáis la Naturaleza y que fomentáis valores como la amistad, el compromiso, la familia, la cultura... ¿De verdad pensabais que os dejaríamos sin regalos por alguna que otra trastada?

La cara de los pequeños se iluminó, nunca habían creído eso de que los Reyes traen carbón a los niños malos, porque no hay niños malos, solo mayores irresponsables.

- Todo lo que habéis vivido estaba ya programado - Aclaró S.M. Melchor- Aunque hemos de confesar que no contábamos con el rifirrafe de los animales con los pajes - Y se tapó la boca para reír a carcajadas-

- Entonces... -Tomó la palabra Estrella- ¿Ya sabíais que íbamos a venir?
- Por supuesto, querida. - Contestó S.M. Melchor- No podíamos dejar pasar la oportunidad de conocer a estos cinco, bueno seis, aventureros y  aprovechar vuestra generosidad para algún que otro trabajillo que deseamos encargaros.

El ambiente se hizo distendido y la felicidad se colgó del corazón de los pequeños y de sus peludos amiguitos. Por supuesto, podrían volver con el abuelo siempre y cuando guardaran el secreto de todo cuanto habían visto y escuchado. Antes de marchar, S.S.M.M. les dieron un importante mensaje para niños y mayores.

- Nosotros, los Reyes Magos, no castigamos a nadie, no juzgamos ni llevamos cuentas de nada,  
solo somos magos y los magos hacemos magia, es decir, FABRICAMOS FELICIDAD. 
Id y decid a los niños que si algún día os traemos carbón será para que nunca olvidéis vuestras minas..., aquellas que os trajeron riqueza. Mientras, os dejaremos esperanza,  ilusión y amor, que son nuestros regalos más especiales. 

De lo demás que hablaron no se sabe, pues S.S.M.M. encargaron unos trabajos a los niños pero no creo que podamos (de momento), saber de qué se trata. Antes de marchar, Julián pidió disculpas a Metkén y este simplemente le abrazó y colgó de su hombro una maletita con pinceles y óleos. 

- Un pequeño adelanto - Dijo guiñándole un ojo-

Ya de vuelta con el abuelo José, le contaron la versión que los pajes les habían sugerido y regresaron felices en el carro. Tampoco el abuelito había perdido el tiempo pues había cambiado las mulas por unos terneros. 
De regreso al Tejar, cada niño se dio cuenta de que en sus bolsillos había algunos regalos anticipados y lloraron de emoción. Pero no contaron con que en los bolsillos del abuelo también había presentes que el hombre nunca supo cómo explicar y que atribuyó  a la generosidad de los pequeños.

- ¡Y ahora a comer! - Exclamó Dimas que les esperaba con una sopa bien calentita.
- Chicos.., ¿sabéis una cosa? - Preguntó Pepa- ¡Estrella tiene novio!

Se armó tremendo revuelo y Estrella sonrojada negó las palabras de su amiga.

- ¡Cuéntanoooooos! - Le animó Patricia-
- ¡Pepa eres tonta, eh! - Exclamó Estrella- No es mi novio, es un amigo que va a mi cole, pero si queréis saber quien es, tendréis que venir a Mérida.
- ¡Trato hecho!- Dijeron

Y así fue como los cinco más Ferrari, se toparon con los pajes de S.S.M.M. los Reyes Magos de Oriente y sus carpas mágicas llenitas de regalos. Lo que no sabéis es que esas carpas no solo se montan a la sombra del Peñón y que como Casa Encantada es especial, hemos podido obtener fotos de todo. ¡Mirad, mirad!

No olvidéis mirar a la cruz de nuestro querido Peñón en estos días porque la magia nace en lo más alto de sus rocas. Feliz 2020 y feliz Noche de Reyes.


Un recuerdo entrañable en este cuento para el perrito Ferrari, que vivirá por siempre en Casa Encantada porque todo lo que se nombra, se hace eterno. Una mención especial para Julián, para que abra su corazón a otro perrín que pronto le hará tan feliz como el que ya marchó. 

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domingo, 15 de diciembre de 2019

NAVIDADES CON SUSTO. PIRÚ Y EL MAGO NEGRO.

Esta mañana en Casa Encantada hay un jaleo tremendo. Pirú ha traído los adornos navideños para que todos disfruten decorando la casa y como novedad, tenemos hilo musical. Matilda y Plumillas han montado una emisora de radio que pone villancicos y noticias encantadas durante todo el día. Para variar, las discusiones entre lagartija y ratón son continuas, pero al menos no idean trastadas mientras están entretenidos. 
En la cocina, Benito Mondanueces está haciendo una tarta deliciosa ayudado por don Leonardo Peinacanas que hoy ha decidido cerrar la biblioteca y dedicarse a lo que él llama "labores navideñas".

En el reloj del salón han dado las once de la mañana y la persistente niebla no se disipa. La seño Yolanda ha llevado a los niños hasta el arroyo para recoger algunas plantas y ponerlas en el portal. Este año, tienen figuritas nuevas y los más pequeños están encantados. Aprovechando las fechas, les va contando un cuento navideño sobre la liebre Rufina, una amiga que vive muy cerquita de Casa Encantada.

- A ver niños, no os separéis. Mirad, esto es musgo y no debéis cogerlo porque ya nos queda muy poquito, ¿entendido? En cambio todas estas hojas secas de encina nos quedarán muy bien. 
- Seño..., ¿puedo coger el que hay en los árboles? - Pregunta la ardilla Raquel-
- No, solo hojas secas y ramitas, después las pintaremos.  Atención, a ver quien sabe decirme en qué dirección crece el musgo que estamos viendo. - Pregunta a la vez que señala uno de los árboles-
- ¡Yo, yo, yo lo sé! - Levanta la mano el pato Pedrito- Crece orientado al norte porque es la parte más sombría y húmeda, si nos perdemos en el bosque, es bueno mirar a los árboles para orientarse.
- ¡Muy bien Pedrito! ¡Te has ganado un dulce navideño!

Mientras los niños andan jugando en los alrededores, en la casa la Navidad va tomando forma. Menos en la emisora, donde reina cualquier cosa menos la paz.

- ¿Quieres un té, Plumillas? - Pregunta Matilda-
- No, gracias ¿Puedes pasarme el disco de una vez?
- A ver, que no me gusta ese villancico - Contesta Matilda enfadada-
- ¿Y por qué no? 
- ¡Porque es rock! ¿Dónde se ha visto un villancico rockero? Eres un tío muy petardo.
- Lo que pasa es que eres una antigua de tomo y lomo, eso es lo que pasa. ¿Quieres darme el disco?
- ¡No me da la gana! ¡Ratón impertinente! - Grita Matilda sacando la lengua.-
- ¡Lagartija sinvergüenza!


- ¡Pero bueno! ¿Se puede saber qué pasa aquí? - Pregunta don Leonardo que alertado por las voces se ha presentado en la emisora.- ¿Es que no podéis estar sin discutir diez minutos?
- Ha empezada ella - Dice Plumillas-
- ¡Acusica! - Grita Matilda enfadadísima-
- ¡Basta ya!- Yo elegiré los villancicos y no hay más que hablar. Plumillas, pon este disco. ¡El de la Filarmónica de Londres y no quiero oír ni una palabra más!

Obedientes, ratón y lagartija dejan de discutir y ponen la música elegida por el profesor. 

- Y ahora voy a sentarme en la chimenea a leer este libro, si vuelvo a oír una palabra más alta que otra, vengo y cierro la emisora. ¿Entendido?

- Entendido, señor Peinacanas - Contestan los dos -

En el salón, Pirú y don Leonardo conversan animadamente.

- ¿Y dice que la seño Yolanda está con los niños en los alrededores? - Pregunta Pirú-
- Sí, querían coger algunas plantas para el portal.
- Bien, bien, sabe cuidarse, no me preocupa. Tendríamos que pensar en la fiesta, ¿no cree? 
- Claro, Pirú, claro.

En ese momento, Benito Mondanueces entra en el salón muy preocupado.

- Pirú, tienes que venir, ha pasado algo en la cocina. - Dice el ratón cabizbajo-
- Pero bueno..., ¿es que no hay modo de tener una conversación tranquila en esta bendita casa? ¿Qué ocurre?
- Ven, ven, y lo verás con tus propios ojos.

Al entrar en la cocina, se encuentran con un visitante inesperado.
- ¿Y quien eres tú? - Pregunta Pirú poniendo los brazos en jarra-
- Ñam, ñam, ñam, soy Bizcocho.
- Ya lo has oído, Pirú, se llama Bizcocho y se está poniendo fino con nuestras galletas y dulces. Si sigue comiendo de ese modo, nos deja sin pasteles para la fiesta.
- A ver, Bizcocho... Soy Pirú, no pasa nada porque estés aquí, pero al menos dinos de dónde has salido.
- ¡Soy amigo de Matilda! Ñam, ñam, ñam. 
- Matilda..., cómo no. -Susurra Benito-
- Me dijo que había una fiesta y que podía venir. Ñam.- Dice Bizcocho devorando otra galleta-
- ¡Pirú dile algo! - Exclama Benito- ¡Se está zampado todos los dulces!
- Vamos a ver, Bizcocho. Eres bienvenido en Casa Encantada, pero no puedes comerte todo lo que prepare Benito o cuando llegue la fiesta no habrá nada.
- Pero... , ¿tú eres mago, no? Matilda me ha contado que haces aparecer cosas de la nada. Eso incluye los dulces ¿A que sí?.
- Se nota que eres amigo de la lagartija, tan descarado como ella. - Murmura Benito-
- ¡Calma, calma!- Levanta los brazos Pirú- Haremos una cosa. Te vas a venir conmigo y ayudarás a tu amiga y a Plumillas a elegir música navideña. ¿Qué te parece?
- ¡Me parece guay! ¿Puedo llevarme estas galletas?
- ¡Pirúúúúú! - Exclama Mondanueces desesperado-
-  Tranquilo Benito, ya me encargo.

El mago se aleja con Bizcocho en las manos que va encantado de estar por fin en aquella casa tan especial, al entrar en la emisora se encuentra con Matilda y Plumillas profundamente dormidos. La lagartija está en el suelo y el ratón sobre la mesa del micrófono.

- Qué extraño..., estos dos dormidos. - Murmura Pirú dejando a Bizcocho en el suelo-
- ¿Por qué te parece raro, Pirú? - Pregunta el ratón.
- Porque aprovechan cualquier ocasión para discutir y es raro que así, sin más, se hayan dormido.

En ese momento, Pirú se da cuenta de que el suelo está cubierto por una neblina oscura, algo que desprende malignidad.

- ¡Bizcocho! ¡Rápido, a mi bolsillo! 

El ratón no se lo piensa y de un salto se cuela en uno de  los bolsillos de la túnica del mago.

- ¿Qué ocurre? - Pregunta el ratón asustado-
- Necesito mi báculo, esto es cosa del mago negro y si la niebla sale de aquí..., tendremos problemas.

Pirú sale corriendo cerrando la puerta y a grandes zancadas llega hasta el salón donde están su báculo y don Leonardo.

- ¡Pero no podemos dejar ahí a Matilda y a Plumillas! - Exclama Bizcocho preocupado-
- Necesito mi báculo para rescatarlos del desmayo.

Rápidamente, pone al corriente a don Leonardo de lo que sucede.

- Mandaré a alguien para avisar a la seño Yolanda, no debe acercarse a la casa mientras esa nube maligna esté aquí. - Propone el ratón-
- Coja la rosa azul, ella lleva la suya y podrá comunicarse más rápido.-

Ratón y mago se dirigen a la habitación donde tienen la emisora de radio, el humo negro ha comenzado a salir por debajo de la puerta.

- Espero que no sea demasiado tarde - Dice don Leonardo-
- Tranquilo, amigo, los recuperaremos. 

Abren y el mago hace nacer una luz rosada de su báculo; dirigiéndola hacia el suelo pueden ver a Matilda,  Pirú se apresura a guardarla en el bolsillo que le queda libre y luego hace lo mismo con Plumillas. Después, murmura unas palabras que nadie sabe traducir y la niebla comienza a recogerse  hacia un rincón hasta desaparecer.

- ¡Bien! - Exclama Bizcocho- Hemos vencido al mago malo.
- No cantes victoria tan pronto, esto solo es un hechizo de contención, Óminor volverá con más fuerza. - Contesta Pirú-

Rápidamente llevan al ratón y a la lagartija hasta el salón para despertarlos de aquel malvado maleficio.

- ¿Están...., están...,muertos? - Pregunta Bizcocho-
- No, están sumidos en un hechizo: Ni dormidos, ni despiertos, ni vivos, ni muertos... Óminor les está robando sus recuerdos más bellos a través de sus esclavos, si no los traemos de vuelta pronto, se unirán a la niebla negra y se convertirán en parásitos del alma, igual que los que les hicieron esto. - Contesta don Leonardo-

El mago dirige su báculo hasta el ratón y la lagartija y los eleva en el aire, luego con su mano izquierda genera una espiral de estrellas y los introduce en ella. La primera vez no sucede nada, la segunda tampoco.

- Solo puedo usar esta magia en tres ocasiones - Habla Pirú preocupado- Si no consigo hacer que despierten, se perderán para siempre. ¡No sé qué pasa, no sé por qué no funciona mi magia!
- Amigo, no desesperes, lo conseguiremos -Dice don Leonardo poco convencido-

Utiliza el contrahechizo una vez más y al fin nuestros amigos despiertan. Están muy asustados y confundidos.

- Contad qué ha pasado - Les apremia Pirú-
- Pués... - Dice Plumillas quitándose la gorra y tomando la iniciativa- No recuerdo mucho, solo que estábamos preparando el Casa Encantada Noticias cuando un señor mayor vino a pedirnos una canción para la fiesta de mañana. No vi nada sospechoso en él, después de eso no me acuerdo de nada más. No sé si Matilda....
- Yo tampoco recuerdo gran cosa, salvo que ese hombre no era nadie conocido, pero teniendo en cuenta que en estas fechas mucha gente va y viene por aquí..., no noté nada raro, la verdad.
- ¿Sabéis si salió de la casa? - Pregunta don Leonardo-.
- No, no vimos nada - Contesta la lagartija-
- Bien chicos, ahora descansad y no os mováis de este salón. Voy a generar un hechizo que impida que algo malo os pueda pasar, pero tenéis que prometerme que no saldréis de aquí. ¿De acuerdo? -Les ordena Pirú-
- ¡De acuerdo! - Contesta Bizcocho que hasta el momento había permanecido oculto y muerto de miedo en el bolsillo del mago.-
-¡Bizcocho! - Grita Matilda. ¿Pero qué haces aquí?
- Bueno.., esto.. Tú me invitaste.
- Claro, claro... Lo había olvidado.
- Bueno, basta de charla. Quedaos aquí mientras don Leonardo y yo buscamos a Óminor.  Y recordad, no abráis esa puerta a nadie pase lo que pase. Tampoco si pensáis que es alguien conocido,  puede ser una trampa y el mago negro no tendría reparos en acabar con vosotros.

Cierran la puerta dejando a los amigos dentro, después, Pirú dice unas palabras y un enorme muro dorado se levanta ante ellos.

- Así será suficiente- Vamos don Leonardo, no hay tiempo que perder-
- ¿Qué buscamos exactamente, amigo?
- Ni yo lo sé. No sé si ese maldito ha entrado en Casa Encantada o son sus parásitos de almas. En cualquier caso, hay que sacarlos de aquí cuanto antes.

Súbitamente la casa se cubre de un denso humo negro, algunos habitantes aparecen desmayados aquí y allá, hasta el pobre Benito Mondanueces está tendido en el suelo de la cocina.

- No podemos parar a despertarlos, hay que encontrar el origen de esto lo antes posible. - Dice el mago-

Al llegar a la biblioteca, una silueta tiembla tras el cristal de la puerta.

- ¿Será él? - Pregunta don Leonardo-
- No lo sé, puede ser un parásito o cualquier otra forma maligna. Cuidado al entrar.

Pirú agita el báculo haciendo aparecer de nuevo la nube rosa y al entrar se lleva una gran sorpresa. La seño Yolanda y los niños están maniatados y en el suelo mientras un ser alto y oscuro pasea entre ellos.

- Vaya...., ¿ya has llegado, Pirú? Te estaba esperando - Dice la figura enlutada-
- ¿Qué has hecho con ellos?
- Tranquilo, solo están dormidos..., de momento.
- Dime qué quieres, Óminor.
- ¿Que qué quiero? ¿No recuerdas lo que hiciste el año pasado conmigo? ¡Me condenaste a vagar por el Universo mientras destruías la Torre de los Siete Picos! - Grita el ser maligno a la vez que su figura se alarga tanto que tiene que encorvarse-
- Habías secuestrado la Navidad. ¿Qué esperabas? ¿Un aguinaldo? -Contesta Pirú burlándose-
- Muy ingenioso..., pero guárdate tus bromas para cuando seas un ente parasitario a mis órdenes-
- Creo que eso..., tendrá que esperar.

Pirú lanza un rayo brillante que impacta en el pecho del mago negro y lo lanza contra una de las estanterías derrumbándose al instante. Don Leonardo corre hasta la seño y los niños para comprobar que están bien, pero Óminor le lanza un hechizo y queda paralizado.
La lucha entre los magos es encarnizada, el ruido se escucha en toda la casa.

- ¿Has oído eso, Matilda? - Pregunta Plumillas.
- Sí, creo que deberíamos ir a ver qué pasa, puede que Pirú esté en apuros.
- Nos ha prohibido que lo hagamos ¿O es que ya no te acuerdas?
- Ya me he enfrentado a ese mago y el nuestro no podrá con él si está solo. Debemos ir.
- ¿Y qué hacemos con el muro mágico que acaba de levantar frente a la puerta? - Pregunta el ratón-
- ¿Y para qué está esa ventana? - Contesta Matilda señalando arriba-

Tras una breve discusión, los amigos deciden dejar a Bizcocho en el salón y se ponen en marcha llegando a la biblioteca. Matilda lleva su arco y sy carcaj repleto de flechas, pero no cuentan con un extraño muñeco que les cierra el paso al llegar a su destino.

- ¡No te acerques más! - Dice Matilda- Es un parásito de Óminor, un parásito del alma.
- Pero..., ¡si es un bicho de lo más simpático!
- Plumillas... ¡Atrás!

Matilda monta la flecha en el arco, pero no son unas flechas cualquiera, tienen puntas de zafiro, las únicas capaces de acabar con esos seres salidos del mal. Apunta y dispara al muñeco y a todos los demás que salen por todas partes. Al alcanzarlos se convierten en humo negro, luego celeste y finalmente desaparecen.

- ¿Y ahora qué pasa con ellos? - Pregunta Plumillas-
- El zafiro los libera del mal y encuentran su camino. Ahora son libres.

El ratón no ve venir a uno de los parásitos y antes de que pueda reaccionar, siente que algo arde en su garganta e imágenes espantosas vienen a su mente.

-¡No, no! - Matilda dispara, pero ya es demasiado tarde, el parásito ha mordido a su amigo y se hunde en la niebla negra-

- ¡Pirú! -Grita el ratón-

La lagartija entra en la biblioteca sorteando seres malignos, el mago lejos de enfadarse se alegra de ver a la pequeña, que valiente, lanza flechas azules a diestro y siniestro.

- Han mordido a Plumillas....
- ¿Cómo? -Pregunta Pirú mientras repele un nuevo ataque de Óminor- ¿Dónde está?
- ¡En la puerta! ¡Tienes que ayudarle!

De repente el mago se acuerda de algo...,¡las hadas! ¡Las hadas con su presencia apartan el mal!

- Matilda, ¡las hadas! ¡Hay que traer a las hadas!

La lagartija sabe que la única manera de contactar con ellas es entre la vigilia y el sueño y por lo tanto hay que acercarse a la seño Yolanda y a los pequeños para que en su estado puedan contactar. No están seguros de que vaya a funcionar, pero no hay otra salida. Mientras Pirú lucha contra Óminor, la lagartija susurra al oído de los niños y de la seño, la importancia de contactar con las hadas. Sabe que solo con pensamientos benevolentes se podrá llegar hasta ellas.
¡Y ocurre! En seguida el aire se llena de puntos dorados, son las alas de las bellas criaturas. En su presencia, los parásitos se desintegran, todos despiertan y el mago negro se queda ciego. Poco a poco la niebla desaparece y con ella.., el malvado mago.
Casi sin fuerzas, Pirú se deja caer en el suelo, pero Matilda tiene prisas por salvar a su amigo así que no se lo piensa y se dirige a Titania, la reina.
- Majestad - dice haciendo una profunda reverencia- Necesito pediros un último favor: mi amigo ha sido mordido por un ente parasitario, se está perdiendo en la sombra.

Nada más oírlo, la reina de las hadas vuela hasta Plumillas cuya figura comienza a ser transparente. Abre las alas y las bate justo encima del ratón de modo que una cortina de puntos dorados cubre por completo al animal. Todos aguantan la respiración, pero la sonrisa de Titania les deja claro que está a salvo. Al fin, Plumillas abre los ojos y se encuentra con aquél fantástico ser que lo deja fascinado.

- Bienvenido de nuevo, querido ratón - Le dice la reina-
- ¡Plumillas! -Grita Matilda agarrándose fuerte del cuello de su amigo-
- ¡Que me vas a ahogar! - Exclama queriendo hacerse el enfadado, pero en el fondo sabe que su amiga se ha arriesgado mucho para salvar su vida-

En fin chicos, ya que todo ha vuelto a la normalidad, creo que lo mejor es ir a descansar y celebrar mañana una estupenda fiesta. ¿Qué os parece? - Pregunta don Leonardo-

- Que ya teníamos una - Contesta Matilda-
- ¡Pues que sean dos! - Exclama Pirú.

Al día siguiente, Casa Encantada luce preciosa, la decoración llega a cada rincón y también la música. La seño Yolanda se ha puesto sus mejores galas y luce realmente preciosa.

- ¡Buenos días desde Radio Encantada! Hoy tenemos una fiesta muy especial que no habría sido posible sin la valentía de nuestro querido Pirú, el profesor don Leonardo y la lagartija Matilda. Para vosotros, va dedicada esta canción - Dice Plumillas mientras su voz llega a todos los rincones de Casa Encantada y sus alrededores - ¡Gracias por salvarnos!
- ¡Si es que en el fondo no puedes vivir sin mí! - Exclama feliz Matilda a la vez que abraza a su amigo -
- ¡No seas pesada!
- Ya verás, te voy a dar un abrazo lagartijero que te vas a caer muerto matao.

Y Matilda se pega a la espalda del pobre ratón que no puede despegarse de ella en todo el día. En la cocina, Bizcocho "ayuda" a Benito, pero como se come todo lo que pasa por delante de sus ratones dientes, acaba con dolor de tripa.
La noche llega y con ella la diversión. Suenan los villancicos y bailan y ríen hasta que no pueden más.

- Por favor, Matilda..., ¿te quieres bajar? - Le dice Plumillas a su amiga que sigue pegada a su espalda-
- No, que te quiero mucho.
- ¡Pirúúúúúúúúúúúú! ¡Quítame de encima a esta pesada por favoooor!

Y allá se pierden ratón y lagartija mientras la música suena y envuelve nuestra mágica casa.

Os iba a poner "FELIZ NAVIDAD"  con galletas, pero es que se las ha comido Bizcocho, así que os lo pongo con el corazón. Feliz Navidad y felices días en compañía de los que queréis.

- ¡Matildaaa! ¡Plumillas! ¡A ver esa música!