miércoles, 24 de abril de 2019

Tormentas y lluvias en el Guadiato. Los Nuberos.

Otro día más de vientos fuertes y tormentas, don Leonardo Peinacanas y el mago Pirú estaban muy preocupados porque no les parecía normal que tras una semana, los fenómenos no parasen. 
Gracias a que Smaugui, el Culebre, había decidido quedarse a vivir con ellos, el problema de las bajas temperaturas había sido resuelto, y es que un dragón español es mil veces mejor inversión que esa calefacción artificial que hay en las casas de los no encantados. 
A media mañana, la seño Yolanda bajó para tomar un té caliente y unas galletas. Al mirar por la ventana observó las nubes grises jugar a inflar sus carrillos, y eso solo significaba que el agua comenzaría a caer en breve. De repente, dejó su taza sobre la encimera y abrió mucho los ojos.
- Benito, ¿ves eso entre las nubes? 
- No, seño, no sé a qué te refieres. 
- Mira, donde se junta aquella con cara de oso y la otra estirada. –Dijo señalando a un lugar indeterminado del cielo- 
- ¡Dios mío! ¿Pero qué es eso? 

La cara de un duende burlón asomaba entre las nubes, tenía los mofletes hinchados y parecía como si soplara y los cirros le obedecieran. 

- ¿Tienes idea de qué o quién puede ser? – Preguntó Benito que había dejado momentáneamente su labor en la cocina para observar aquel prodigio-
- ¡Mira, allí hay otro! ¡Y otro más! 

En ese instante, unos enormes ojos encendidos aparecieron en la ventana y los amigos se dieron tal susto que la taza de té salió rodando por los suelos. 

-¡Smaugui! ¡Por el amor de Dios, no me voy a acostumbrar nunca a este animal!- Exclamó Yolanda agachándose a recoger los trozos de loza en los que se había convertido la preciosa tacita- 

- Lo siento, seño, no era mi intención asustarte. 
- Está bien, no te preocupes. 

– Venía a avisaros de que acabo de ver duendes Nuberos merodeando por los cielos y ese, o mejor dicho, ellos son los causantes de este tiempo que tenemos. Son malos, se divierten provocando tempestades y poniendo en peligro a los pescadores, y si se enfadan mucho, lanzan rayos y granizo para destrozar cosechas. 
- ¡Pero bueno! -Exclamó la seño- ¿Y por qué se están cebando con Casa Encantada si puede saberse?
- Pues ni idea, pero la realidad es que están y si no queremos que todo el Guadiato quede anegado y sin cosechas, hay que pararles los pies.
- Bien, reunámonos con Pirú y don Leonardo y veamos qué podemos hacer. - Propuso la seño, retomando una sabrosa taza de té que Benito le había preparado mientras charlaba con Smaugui-

Caminaba por el pasillo central en dirección a la biblioteca cuando don Leonardo salió a su encuentro.

- ¿Ocurre algo, querida?
- Tenemos que hablar, don Leoanardo. ¿Ha visto a Pirú?
- Sí, hace un momento estaba con Matilda y con Plumillas que venían de recoger unas hierbas para sus pócimas.
- ¿Con este tiempo?
- Van con un mago, hijita...

La seño sonrió, sabía que con el mago Pirú, cualquier contratiempo solo era excusa para una buena aventura y que el peligro siempre era menor en su compañía.

- Están en la emisora, te acompaño. - Propuso el bibliotecario-

Ya en el estudio de Casa Encantada Radio, se sentaron en torno a unos cafés y la seño Yolanda explicó el motivo de su visita. Al parecer, la única manera de hacer retroceder a los Nuberos (según Smaugui), era encontrando Ventolines. Los Ventolines son geniecillos buenos que ayudan a la gente de la mar y los arropan con sus alas verdes cuando hace frío, o les procuran una brisa agradable para su navegación.

- Bueno, creo que yo también podría emplear algo de magia para hacer que se marchen -dijo Pirú-
- No lo dudo - Contestó don Leonardo- Pero las cosas de duendes han de resolverse entre duendes y yo también voto por buscar Ventolines.
- ¿Sabéis que esos duendes viven en el norte? - Preguntó Plumillas.
- Sí, listillo. -Contestó Matilda- ¿Y?
- Pues que no sé cómo haremos para encontrar uno aquí.

Smaugui había escuchado todo sentado en el exterior y en ese momento, asomaba su enorme cabeza por la ventana.

- Si estáis pensando en ir al norte, no contéis conmigo. Yo estoy muy calentito aquí en Casa Encantada y en cuanto me vean aparecer por allí van a querer que me quede ¡Ni hablar! ¡No pienso ir!

Los amigos se miraron entre sí.

- Smaugui, nadie te obliga a volver, pero podrías decirnos dónde encontrar a tus amigos Ventolines para pedirles ayuda. Eso sí lo harás, ¿verdad? - Preguntó Pirú-

El Culebre guardaba silencio y volvía la cabeza haciéndose el desentendido.

- ¡Smaugui! - Exclamó la seño Yolanda- ¡No seas tonto! Tienes que ayudarnos o este lugar que tanto te gusta acabará inundado o lo que es peor..., puede desaparecer si cae un rayo ¿Es que no te importa?

El Culebre miró a todos y cada uno de los que expectantes aguardaban su respuesta.

- Los Ventolines viven también en las nubes rojas. Esperadme aquí, volveré en unas horas.

Y sin más, salió volando hasta desaparecer de la vista de sus amigos.

- Si es que los de mi familia somos así..., nos hacemos de rogar pero al final somos más valientes que ninguno. - Dijo Matilda llena de orgullo lagartijero-

El tiempo pasaba, pero Smaugui no volvía y empezaban a preocuparse. ¿Le habría pasado algo? De nuevo la seño estaba en la cocina, esta vez en la compañía de Matilda y Plumillas.

- Chicos, no sé... ¿No creéis que ya debería haber vuelto?
- No te preocupes, seño, los de mi especie nos sabemos cuidar.
- Sí, Matilda, pero aún así estoy preocupada.
- Chicas, ¿Y si salimos a buscar a nuestro amigo? - Propuso Plumillas-
- Pirú ha dado órdenes expresas de no salir de la casa. Soplan vientos de casi 50 kilómetros por hora y para nosotros es peligroso .- Contestó la seño-

Matilda no se resignó y guiñó un ojo a su amigo que rápidamente captó el mensaje.

- Bueno querida, nosotros nos retiramos a nuestros quehaceres. Estamos preparando un reportaje sobre la escuela de don Pedrito, el ánade del Bosque de los Retamales, y vamos a seguir trabajando para tenerlo antes del fin de semana -Dijo Plumillas despidiéndose de la seño-

Nada más salir de la cocina los amigos se precipitaron al exterior, pero una fuerte ráfaga de viento los empujó contra un eucalipto.

- No, si al final Pirú va a tener razón.... - Murmuró Matilda sacudiéndose-

Un Nubero enfurecido se dio cuenta de la presencia del ratón y la lagartija y comenzó a soplar tan fuerte que los elevó por el aire a una altura de auténtico vértigo.

- ¡Osssstras qué guay Plumillas que estamos volandoooo!
- ¡Serás insensata! ¡Si caemos no la contamos!

Pero en ese instante, unas grandes manos arroparon a los dos aventureros; era Smaugui que regresaba con varios Ventolines a su espalda.

- ¿Pero se puede saber qué hacéis en la calle con este tiempo?
- ¡Habíamos salido a buscarte! ¡Nos tenías preocupados!- Contestó Plumillas-
- Pues ya estoy aquí, vayamos a darle a esos Nuberos su merecido.

Pero las cosas no iban a ser tan fáciles, una fuerte lluvia comenzó a azotar la cara de Smaugui y los rayos rozaban peligrosamente su enorme cuerpo. Temiendo por sus amigos, los llevó de vuelta a Casa Encantada depositándolos en el tejado.  Sin perder tiempo, se elevó hasta las nubes para plantar batalla.

- ¿Queréis fuego? ¡Pues tomad fuego! - Gritó el Culebre a medida que lanzaba una enorme llamarada contra los Nuberos-
A su vez, los Ventolines comenzaron a mover las alas y generar una brisa cálida con el fuego del Culebre que hizo retroceder a los Nuberos, pero la batalla no estaba ganada. Aprovechando que el viento había cesado, el mago salió de Casa Encantada.

- Chicos, ¡entrad en casa ahora! - Aconsejó Pirú a Matilda y Plumillas- Voy a echarle una mano a nuestro amigo.

El mago agitó el báculo y creó una nube rosa que impactó contra los Nuberos, haciendo que se tragaran el aire que tenían retenido en sus mofletes y que su cuerpo se inflara haciéndolos flotar. Momento que aprovecharon los Ventolines para agitar sus alas y hacer que se alejaran por el cielo.


- ¡Más fuerte chicos! - Animaba Matilda mientras descendía junto a su amigo por la pared-

En medio del caos, un Nubero vio al ratón y la lagartija, bajó y se los llevó a la vista de sus amigos que se quedaban atónitos y sin saber qué hacer. Smaugui se disponía a lanzar una llamarada cuando fue detenido por Pirú.

-¡Nooo! ¡Puedes quemarlos! ¡No sabemos en qué nube están!

Una masa gris desaparecía en el cielo y dentro de ella estaban Plumillas y Matilda. La lagartija tiritaba sin control pues el interior de la nube era húmedo y extremadamente frío. Ni todo el calor del pelo de su amigo podía hacer que reaccionara.

- ¡Vamos Matilda! ¡Abre los ojos!

Pero la lagartija permanecía acurrucada tiritando y sin moverse. Cada minuto que pasaba su piel se volvía más pálida y fría. Plumillas no sabía cómo sacar a su amiga de aquella peligrosa situación.

En Casa Encantada, Pirú y Smaugui hablaban con los Ventolines.

- Chicos, muchas gracias por vuestra ayuda - Dijo el Culebre-
- No nos las des, aún no hemos terminado aquí. Nos quedaremos unos días para calentar la tierra y hacer desaparecer los charcos o no tendréis cosecha, ni flores, ni despertarán los árboles. Estaremos en esas nubes rojas que hay sobre el pantano, si nos necesitáis antes, venid a buscarnos. Y en cuanto a vuestros amigos... Debéis abandonar toda esperanza, nadie ha regresado de las nubes de los Nuberos. Siento ser tan claro. - Dijo el que parecía ser el jefe de todos ellos-

La desolación cayó sobre la casa como una losa. Era imposible que sus amigos desaparecieran así como así, algo habría que se pudiera hacer.

- ¡Tenemos que pensar algo! -Dijo la seño Yolanda llevándose las manos a la cabeza - ¡No podemos dejar abandonados a nuestros amigos!
- Solo se me ocurre una idea -Habló Pirú-

Don Leonardo, que sabia de las intenciones del mago, palideció.

- Amigo eso es una locura.
- Es la única manera de que regresen y lo voy a intentar.
- ¿Se puede saber qué estáis tramando? - Preguntó la seño-
- Hay que convocar a Óminor, el mago negro. - Contestó Pirú-

Un miedo antiguo se instaló en el salón de Casa Encantada. Nadie hablaba, las caras de sus habitantes reflejaban el temor a aquel mago que tanto odio albergaba hacia Pirú. Óminor encarnaba lo contrario a la belleza, la vida y la bondad.

- Siempre ha querido ser el guardián de la llama azul, se la cederé si libera a Matilda y a Plumillas. Ellos valen más que todo el fuego mágico del mundo.
- Pero amigo mío -Se dirigió don Leonardo al mago - Esa llama protege la casa y nos comunica en entre nosotros cuando estamos lejos, no creo que sea buena idea entregar al malvado Óminor ese privilegio. Lo hará muy poderoso.
- No veo otra solución.
- Pirú, si pierdes la llama te debilitarás y tus poderes y sabiduría se verán reducidos. Volverás a ser un mago sin luz y tendrás que recorrer un camino largo hasta ganarte de nuevo todo aquello a lo que renuncias. Has atravesado muchas edades, no sería justo que ahora perdieras tu esencia. -Seguía hablando don Leonardo-

La seño Yolanda lloraba desconsolada, no podía entender cómo de la noche a la mañana las cosas se habían puesto tan mal para los habitantes de la casa mágica. Benito Mondanueces y Blasito Comebellotas se afanaban sacando pasteles del horno, pero ni sus más ricas magdalenas conseguían levantar el ánimo de los amigos. Ni siquiera Bizcocho había probado bocado en toda la tarde.
La noche extendió su manto sobre la casa, nadie quería irse a dormir mientras Pirú permaneciera encerrado en sus aposentos haciendo no sabían muy bien qué. Por debajo de la puerta se colaba una luz parpadeante que tenía nerviosos a todos.

- Tiene que detenerlo, don Leonardo - Suplicó la seño Yolanda muy preocupada-
- No puedo hacer nada, querida niña, si él ha decidido despojarse de sus poderes, no podemos interferir.

Smaugui se culpaba por todo aquello. Pensaba que su presencia en el Guadiato había atraído a aquellos seres propios del norte, que si regresaba todo volvería a la normalidad y así se lo comunicó a sus amigos.

- Me marcho. Hablaré con los Ventolines y nos iremos en cuanto acaben su labor aquí. Estoy seguro de que los Nuberos me seguirán y entonces... Me las veré con ellos, entraré en sus nubes y las destrozaré una a una, para que aprendan a no meterse donde no son llamados.
-¡Ni hablar! ¡Esta es tu casa y de aquí no te vas! - Exclamó muy enfadada la seño Yolanda-
- Así tendremos alguna posibilidad de recuperar a Matilda y a Plumillas, de lo contrario morirán.
- Calmaos todos -intervino don Leonardo- Esperaremos a Pirú y luego pensaremos un plan juntos. No puedes marcharte, Smaugui, estoy seguro de que te vamos a necesitar.

Mientras hablaban en el salón, Pirú negociaba con Óminor la entrega de parte de sus poderes. A cambio, el mago negro le entregaría dominio sobre la oscuridad, y por lo tanto, sobre las nubes negras donde habitaban los Nuberos.

- ¡No hay tiempo que perder, Óminor! Mis amigos deben estar muriendo de frío.

Una espesa bruma negra flotaba en medio de la habitación, Pirú mantenía encendida la luz azul, pero también la blanca de su báculo para protegerse contra cualquier estratagema del mago negro. Bien sabía que en cuanto se intercambiaran los poderes, aquel ser malvado podría intentar cualquier cosa sobre él o sobre los habitantes del Guadiato. Se disponía a entregar su más preciado tesoro cuando varios golpes detuvieron la ceremonia.

- ¿Qué ocurre ahora? -Bramó Óminor-
- ¡Pirú no lo hagas! ¡Tenemos un plan! - Gritó don Leonardo aporreando la puerta con todas sus fuerzas-

El mago dudó y retrocedió unos pasos sin perder de vista al mago negro.

- ¡Pirú por favor, tienes que escucharnos! - Esta vez era la seño Yolanda la que imploraba al otro lado de la puerta-
- Por qué no...-Pensó el mago- Aplazaré mi entrega.
- ¡Ni lo sueñes! - Gritó Óminor- ¡Si estás pensando en echarte atrás ya es demasiado tarde! Esa llama me pertenece y a menos que quieras que tus amigos mueran, debes entregármela.

Pirú volvió a dudar, confiaba mucho en don Leonardo, era un ratón extremadamente sabio. Se arriesgó a sabiendas de que si el plan de sus amigos fallaba, el trato con el mago negro le saldría muchísimo más caro.

- Dame un día, Óminor, te entregaré mi báculo si no consigo nada.
- Ni lo sueñes.

Pirú retrocedió y su enemigo avanzó hacia él dispuesto a saltar sobre su presa, pero en ese momento, la puerta se abrió y entraron en tropel todos los habitantes de Casa Encantada haciendo que Óminor se distrajera, instante que Pirú aprovechó para lanzar un hechizo paralizador.
- Uffff, ¡por los pelos! -Dijo Benito que estaba alucinado con lo que veía-
- El hechizo dura veinticuatro horas, es el tiempo que tenemos para poner en marcha el plan del que habláis.
- ¿Qué pasará después? - Preguntó Yolanda-
- Si conseguimos nuestro propósito, utilizaré un hechizo transportador que lo lleve a la Torre de los Siete Picos, el lugar de dónde nunca debe salir. Utilizaré también el desmemorizador.
- ¡Eres un genio! - Exclamó la seño Yolanda escalando por su túnica para darle un sonado beso en la mejilla-

Expusieron su plan, que no era otro que convencer a los Nuberos de que Smaugui y los Ventolines regresaban al norte y lo harían esa misma noche. Sabían que los duendes malvados los seguirían, pero en el camino no pararían de hacer fechorías, momento que aprovecharían ellos para poder rescatar a sus amigos.

- Pero..., ¿cómo os esconderéis? - Preguntó el mago-
- Bueno.., esa parte te la hemos dejado a ti - Dijo Smaugui desde la ventana-

Sin tiempo que perder, se dirigieron al pantano para hablar con los Ventolines que no acababan de ver  claro el plan.

- Vamos chicos, no aguantarán mucho en la masa gris y lo sabéis - Les dijo el Culebre- Matilda es una lagartija, necesita calor y si no hacemos nada morirá a no mucho tardar.
- Está bien, os ayudaremos - Dijo por fin uno de los Ventolines-

La noche estaba despejada, el plan dio comienzo. Una comitiva presidida por Smaugui abandonaba los cielos del Guadiato. Los Ventolines agitaban sus alas para generar una corriente tibia lo suficientemente fuerte como para que llegara a los Nuberos, que no andarían muy lejos.

- ¿Qué es eso? - Preguntó un Nubero que se divertía viendo a los inesperados huéspedes tiritar de frío.
- ¿El qué? - Preguntó otro con cara malhumorada-
- Ese calor de espanto que estoy notando.
- ¡Son los Ventolines! - Gritó otro que acudía al lugar donde se producía la conversación- ¡Se marchan! Acabo de ver cómo han salido de Andalucía precedidos por el Culebre.
- Pues entonces, misión cumplida -Volvió a hablar el primero de los duendes- Volvamos a casa, el trabajo que nos encargó el gran Ojáncano ha terminado.
- ¿Y qué hacemos con esos?
- Dejad que se mueran de frío, así escarmentarán los demás.

Smaugui y los Ventolines se escondieron tras unas nubes artificiales que fabricó Pirú. Luego, el mago proyectó una imagen de ellos donde seguían alejándose por el cielo y así, ocultos en el hechizo, regresaron a toda prisa a Casa Encantada.

-  Bien chicos, preparaos porque no tardarán en aparecer - Dijo el Ventolín jefe-

Dicho y hecho, como a la media hora, una nube aún más oscura que la noche se agarraba al cielo. La lluvia y el viento hicieron acto de presencia.

- ¡Ahí están! - Señaló Pirú-
- Quietos, no os mováis aún - Ordenó el Ventolín- Dejad que se posen sobre la casa, querrán hacer todo el daño posible aquí.

Tal y como había vaticinado, una gran tormenta se desató sobre Casa Encantada. Los Nuberos se expandieron para tapar todo el pueblo, un error que les saldría carísimo pues al distanciarse tanto unos de otros, era muy fácil ver el interior de las nubes.

- ¡Chicos ahora! - Gritó Smaugui-

Los Ventolines se introdujeron en el interior de la masa gris y comenzaron a batir sus alas, a su vez, Smaugui emitía pequeñas llamas guiadas por la luz del báculo de Pirú, de ese modo, iban haciendo agujeros que deshacían las nubes y dejaban sin refugio a los Nuberos.

- ¡Abrid bien los ojos, nuestros amigos deben estar por aquí! - Exclamó Pirú-

Una voz familiar resonaba en la cabeza de Plumillas. El sueño y el frío no le permitían distinguir si era real o producto de su mente adormilada.

- ¡Matildaaaa! ¡Plumillas!

Matilda permanecía rígida, el color había desaparecido de su piel y Plumillas casi no podía moverse. ¿Serían sus amigos? ¿Era posible?

Una llamarada pasó cerca de la nube donde permanecían atrapados, pero un Nubero se puso a soplar y la temperatura descendió aún más. Plumillas se rindió a un sueño helador.

- No puedo verlos, Smaugui - Dijo Pirú-
- Espera, daré la vuelta, los Ventolines se están acercando al centro y probablemente estén ahí.

Se dirigieron al centro, el único lugar que aún seguía compacto. Los Ventolines habían alejado a sus enemigos y ahora se disponían a deshacer lo que quedaba de su morada. Poco a poco, los Nuberos fueron saliendo enfurecidos, los rayos caían y prendían algunos árboles. No iba a ser nada fácil sacar de allí a la lagartija y al ratón.
Smaugui lanzó otra pequeña llamarada y dividió en tres una masa nubosa. De repente, todos vieron como una nube con dos Nuberos se alejaba a toda velocidad.

- ¡Deben estar allí! - Gritó Pirú-

Los Ventolines rodearon la masa nubosa y batieron las alas más fuerte que nunca. De repente, las figuras de Plumillas y Matilda aparecieron. Al deshacerse la nube comenzaron a caer, pero Smaugui pudo recogerlos antes de que chocaran contra el suelo.
Los Nuberos, sin sitio donde esconderse, se perdieron en el cielo rumbo a su lugar de origen.
Smaugui depositó suavemente a sus amigos en el suelo y los Nuberos los arroparon con sus alas hasta que al fin, despertaron.

- ¡Matilda! - Exclamó la seño Yolanda al ver cómo la lagartija hacía esfuerzos por abrir los ojos-

Plumillas pudo levantarse al fin y corrió a ver a su amiga.

- ¡Lagartija petarda, ni se te ocurra volver a cerrar los ojos!

Matilda sonrió al oír a su amigo mientras los Ventolines seguían rodeándola con sus alas. Poco a poco entró en calor y el verde brillante de su piel volvió. Todos suspiraron aliviados al ver que estaba fuera de peligro.
De vuelta a la seguridad de Casa Encantada, Pirú devolvió a Óminor a la Torre de los Siete Picos y después, se organizó una gran fiesta para agradecer a los Ventolines su inestimable ayuda. Aún quedaban días de trabajo para ellos, pero sin duda, su actuación aquella noche había sido fundamental para salvar la vida del ratón y la lagartija.
En la cocina, Plumillas se empeñaba en agradecer a todos su esfuerzo cocinando un rissoto de queso, pero Benito y Blasito se resistían.

- Venga chicos, dejad que os demuestre mis dotes culinarias. - Decía Plumillas-
- No es necesario, de verdad, si ya nos organizamos nosotros de maravilla... - Insistía Blasito para que cediera en sus pretensiones-

Al final, la tozudez de Plumillas se impuso y se plantó el delantal. Mientras cocinaba, iba contando todo lo que había pasado en aquella nube helada.

- Es mejor que se dedique a los reportajes - Susurró Blasito a Benito sin que el cocinero se enterara-
- ¡Pero bueno esto no me lo pierdo! - Exclamó Smaugui al ver al ratón cocinando- ¡Yo también quiero!-
- ¡El que faltaba! ¡El chimeneas!- Exclamó Benito desesperado-

Smaugui ocupaba tanto que cada vez que se movía tiraba algo.

- ¡Ay perdón! - Plumis, ¿cómo ves este arroz?
- ¿Y si le das un poco más de fuego? ¡Uuuuuayyyy! ¡Pero espera a que quite la mano!
- Perdón, perdón. ¿Así está bien o soplo más?
Y allí, en aquella Casa Encantada llena de amigos, celebraron una vez más que juntos se puede todo, desde deshacer nubes, hasta...., un risotto a lo Culebre.
¡Que suene la música, Matilda!


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lunes, 8 de abril de 2019

Un culebre en Casa Encantada.

Esa mañana la lluvia había dejado a los habitantes de Casa Encantada sin su desayuno primaveral en el jardín, pero no importa, porque si algo tienen los días lluviosos es tiempo para contar historias en torno a la chimenea.
Pirú había encendido la lumbre y el crepitar de las llamas ponía música y paz a un día tranquilo, aparentemente...., claro, en Casa Encantada nunca se sabe.
Matilda y Plumillas estrenaban un nuevo programa de radio al que habían llamado: "Historias encantadas" y en esos instantes entrevistaban a doña Sinforosa, que estaba contando cómo ella y su amiga doña Piedita salvaron el bosque, consiguiendo que ningún animal tuviera que emigrar a lugares lejanos.
Todo parecía estar tranquilo y Pirú aprovechaba para ultimar algunos hechizos de protección, pero antes quería consultar con don Leonardo algunas cosillas.

- Dígame, amigo mío, ¿de verdad cree necesaria la pantalla lumínica para Casa Encantada? - Preguntó el mago-
- Sí, últimamente están apareciendo seres extraños en los alrededores y eso es porque los niños tienen pesadillas. Acuérdate la Navidad pasada lo que ocurrió. He hablado con la seño Yolanda que ya está haciendo lo propio con los críos para intentar que desaparezcan los sueños malos y evitar que los monstruos pasen a nuestra realidad.
- Bien hecho. Verá, he probado la luz azul con excelentes resultados, es la más poderosa y además yo soy su guardián. Puede ser atravesada por el personal de la Casa, pero no por intrusos.
- Bien, bien, eso está muy bien, querido mago.

En ese momento entraron en el salon Matilda y Plumillas, venían con mochilas y ropa de lluvia.

- ¿Vais a salir? - Preguntó Pirú-
- Sí, nos han informado de que ha sido visto un culebre por los alrededores y queremos fotografiarlo y hacer un reportaje sobre este ser mitológico que pensábamos extinguido -Contestó Plumillas-

Don Leonardo y Pirú se miraron sorprendidos.

- ¿Hay un culebre por aquí y no nos habéis dicho nada? - Preguntó don Leonardo.

Los culebres son seres entre dragón y serpiente, con alas de murciélago en la espalda y que escupen azufre y fuego. Tienen todo el cuerpo recubierto de escamas durísimas, los ojos son dos brasas encendidas y aunque parecen invulnerables, su punto débil es la garganta. Viven en cuevas donde guardan sus tesoros y aunque su hábitat natural es Cantabria, parece ser que uno ha sido visto en los alrededores de Casa Encantada. Raro asunto.

- Esto..., sí, nos ha informado don Alberto, el zorro que vive más allá de las vías, se las vio el otro día con él y anda un poco chumascado. Suerte que trabaja para don Martín Roedor, el médico.- Contestó Plumillas-
- ¿Cuánto hace que lo vieron? - Preguntó el mago.-
- Dos o tres días, eso nos ha dicho. 
- ¡Sois unos insensatos! ¡Teníais que habernos comunicado que un culebre nos anda rondando! -Pirú habló realmente enfadado, un animal así es muy peligroso-

Matilda meneó su verde colita y miró de reojo a sus amigos, no entraba en sus planes quedarse en  casa solo porque Pirú y don Leonardo estuvieran asustados. Nunca había visto un dragón, serpiente o lo que ese bicho fuera  y no pensaba perder la oportunidad.

- Iré con vosotros - Decidió el mago- Don Leonardo, le dejo a cargo de la seguridad de Casa Encantada, activaremos la luz azul y todos estarán protegidos. Plumillas, ¿doña Sinforosa se ha ido ya?
- No, no, la hemos invitado a comer. Ahora mismo está con la seño Yolanda, iba a contarle a los niños un cuento.
- Muy bien, no debe salir mientras ese animal este ahí afuera.

En ese momento la dama entró en el salón, venía acompañada de su gato Carmelo y del jilguero Pepe que se sentían encantados con su estancia en la casa mágica.

- ¡Mi querida amiga! - Exclamó el mago al abrazar a doña Sinforosa. Ya tenía ganas de verte y creo que has venido en buen momento.
- Estoy pasando un día maravilloso ¡Todo el mundo aquí lo es!
- Tenemos que pedirte un favor, querida. 
- Pues tú dirás.
- No podrás regresar hoy al Alto de los Reyes, un culebre ronda los alrededores y es peligroso. Nos gustaría que por tu seguridad y la de tus amigos, permanecierais con nosotros hasta que todo sea resuelto .

Doña Sinforosa abrió los ojos de par en par ¡Un culebre!, vaya..., eso sí que era una noticia. Doña Piedita le había hablado de estos animales, pero no sabía que hubieran viajado desde el norte. No se explicaba un hecho tan.extraordinario.

- En ese caso me quedaré, claro, pero necesitaré hacer algo durante ese tiempo. ¿Qué os parece si para la merienda de la tarde os preparo unos ricos tocinillos de cielo?

La propuesta fue más que bien acogida, si algo gustaba a los habitantes de la casa era un dulce casero.

- ¡Buenísima idea! Le diremos a Bizcocho que te eche una mano. - Propuso don Leonardo-
- Uyyy, no sé yo si eso es bueno.- añadió Matilda- Ese ratón se come todo lo que huele a pastel.
- Tranquila, lo vigilaremos de cerca. - La dama se acercó a la lagartija y le guiñó un ojo-

Los amigos se prepararon para salir a buscar al culebre, no había nada mejor que una aventura bajo la lluvia y Matilda había aprovechado para estrenar su chubasquero de lunares. La comitiva estaba compuesta por el mago, el ratón Plumillas y Matilda y todos portaban sus arcos para defenderse de los posibles peligros que acechaban en el bosque. 
El agua caía mansa sobre los árboles, dándoles un aspecto brillante, como si el cielo quisiera cubrirlos de diamantes, Así de generosa era la Naturaleza por estos lares. 

- Oye Pirú, ¿Qué crees que ha venido a hacer el culebre a estas tierras? Me tiene intrigado. -Preguntó Plumillas.
- Están obsesionados con el oro y todo aquello de valor que incremente sus tesoros. 
- Pero aquí no hay nada de eso.
- No sabemos, Plumillas..., no sabemos.

Siguieron caminando, pero ni rastro del astuto animal, hasta que se adentraron en término de Fuente Obejuna y entonces....

- ¡Mirad! ¡Allí! -Exclamó Matilda-
- Está sobrevolando la mina de la Pava, claro... - Susurró el mago-
- No entiendo, ¿qué hay ahí que pueda interesar a ese animal? - Preguntó intrigado el ratón-
- Plata, querido amigo, plata. Es una vieja mina que ya explotaron los romanos.
- Vaya, vaya, vaya... Así que nuestro bichejo ha venido a por la plata del Guadiato. Chico listo. 

La lluvia había cesado y se encontraban a campo abierto. El animal sobrevolaba las ruinas de lo que antaño habían sido construcciones ideadas para extraer el codiciado mineral.

- ¿Cuál es el plan? - Preguntó Matilda-
- Tenderle una trampa para poderlo capturar y transportarlo a los bosques del norte, de donde nunca debió salir. Voy a crear un espejismo y aparecerá una montaña de monedas de plata y oro, cuando la vea se acercará y entonces nosotros dispararemos estas flechas que están atadas a una red.
- No va a servir, la quemará - Negó Plumillas con la cabeza mientras defendía su postura-
- La red es ignífuga. 
- ¿Igniqué?- Preguntó la lagartija-
- ¡Que no arde, Matilda! - Exclamó el ratón desesperado-
- La va a chumascar, al tiempo... -Susurró el reptil-

Mientras hablaban, el culebre se había percatado de la presencia de los intrusos y se disponía a lanzar una llamarada para ahuyentarlos.

-¡Cuidado! - Exclamó el mago corriendo a refugiarse en una pared-

Una bola de fuego pasó por las cabezas de los amigos que la esquivaron a duras penas. 

- ¡Ay qué sussstoooo!- Gritó Matilda- De verdad, qué malas pulgas se gasta, ¡eh!

En ese instante, Plumillas salió con su cámara para grabar el momento, pero Matilda se interpuso.
- ¿Pero qué haces? ¡Insensato! 
- ¡Es para mi reportaje!
- ¡Ni reportaje, ni reportaja! ¡Que nos va a convertir en carne de barbacoa!
- ¡Basta los dos! - Exclamó Pirú desesperado- Vamos a seguir con el plan ¿Entendido?
- ¿Y si me dejáis hablar con él? A fin de cuentas somos de la familia - Preguntó Matilda-
- ¡Estas loca! -Gritó el ratón!
- ¡Que vooooooooooooooooooy!

Y echó a correr como alma que lleva el Diablo hasta ponerse delante del culebre, este al verla se quedó muy sorprendido y paró de lanzar llamas.

- Oye tío, vengo en son de paz, relájate. Somos coleguitas, tú con tus alas y tu rollo chimenea y yo con mis listas y esos de ahí que me tienen quemadísima. -Apuntó con su dedo al lugar donde el mago y el ratón permanecían escondidos-

El culebre abrió mucho los ojos y ladeó la cabeza hacia un lado.

- Vamos a ver, ¿cómo has llegado hasta aquí? ¿Qué necesitas que podamos darte? Considérame tu hermana pequeña.

Desde su escondite Pirú y Plumillas asistían atónitos a la conversación de Matilda con el culebre. 

- Tienes cara de buen chico, venga, deja de chumascar el campo porque esta gente - señaló en dirección al pueblo- tiene que vivir aquí y tú te estás cargando su entorno y asustando a todo el que pasa ¿Me entiendes?

El dragón retrocedió un par de pasos y dócil como un perrito se echó sobre el suelo.

- Me llamo Smaugui. - Dijo al fin-
- ¡Anda mira, como el de la peli!
- Sí, me lo pusieron por Smaug, pero yo no soy como él.
- Claaaro, claro - dijo Matilda- ¿Y bien? ¿Qué necesitas?
- Un buen culebre ha de tener su tesoro antes de cumplir los cien y yo tengo noventa y nueve y no tengo nada- Dijo mirando a Matilda con sus ojos encendidos-

La lagartija se rascó la barbilla.

- Pero no puedes robar la plata de este lugar, ¿lo entiendes, verdad? Además, esta mina es milenaria, aquí ya estuvieron los romanos.
- A esos los echaron mis abuelos y les quemaron el culo a todos.
- Menos lobos, menos lobos que al final Roma os conquistó. 

El dragón sonrió.

- Tíiiiio, ¡te has reído! Ufff, ¡qué peste a azufre! ¡Tienes que cepillarte más los dientes!
-  El dragón rió de nuevo- ¿Podrías ayudarme a reunir un tesoro? No puedo regresar a mi tierra con las manos vacías.
- Pues depende de lo que tú entiendas por tesoro.

Pirú y Plumillas avanzaron para ponerse a la altura de Matilda, pero Smaugui se asustó y lanzó una llamarada que rozó al ratón.

- ¡Uuuuuuaaaaaayyyyyyy! ¡Me ha quemado la colaaaaa! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! - Gritó el ratón soplando para apagar las llamas-
- ¡Smaugui! ¡Eso ha estado mal! - Gritó Matilda- ¡Sit, siiiiit!

Increíblemente, el culebre se sentó sobre sus patas traseras. El mago no daba crédito.

- Si no lo veo no lo creo...
- ¡Mi colaaaaaa! ¡Ayyyy! ¡Ay! - Seguía quejándose Plumillas-
- ¿Te quieres callar? -Matilda perdía la paciencia- Smaugui, estos son Pirú, el mago de Casa Encantada,  y al que acabas de dejar como la colilla de un puro,  es mi compi Plumillas. Tenemos una radio y un periódico; tío tienes que verlo.
- No me fío de ellos, he visto que tienen una red - Contestó el culebre-
- A ver, hablemos, - Propuso Pirú- Te hemos oído y creo que te podemos ayudar.

Smaugui miró a Matilda, no se fiaba.

- Tranquilo, no queremos hacerte daño. - Continuó Pirú dejando el báculo y el arco en el suelo y animando a Plumillas a hacer lo mismo, aunque este llevaba un rato más ocupado en su cola que en otra cosa-
- Los humanos siempre quieren hacerme daño - Contestó Smaugui-
- Hombre..., reconoce que muy amable así de entrada, no eres - Le dijo Matilda-
- Quiero llevarme la plata que queda en el Guadiato -Propuso el culebre-
- Nooo. No es negociable, Smaugui -Le contestó el mago-

El animal se levantó y todos retrocedieron asustados.

- Es que se me ha dormido una pata - Dijo el culebre lamiéndose su pata trasera derecha-
- Mi propuesta es esta -Habló Matilda- El tesoro que podemos ofrecerte es nuestra amistad y una habitación en Casa Encantada.

Cuando Plumillas oyó aquello se puso histérico.

- ¡No puedes ofrecer eso! ¿Estás loca?
- Me cae mal tu amigo -Contestó el culebre-
-  ¿Podrías ser más amable? - La lagartija dirigió una mirada enfadada al ratón-
- Es peligroso, Matilda - Susurró Plumillas - No podemos llevarlo a casa y esperar que no se coma a nuestros amigos.
- Yo no como ratones, pero podría hacer una excepción.
- Tranquilos los dos, nadie se va a comer a nadie - Medió Pirú- Matilda no tendría que haber hecho ese ofrecimiento sin consultarnos, pero me fío de su instinto. Si ella piensa que puedes ser un nuevo habitante en Casa Encantada, yo estoy de acuerdo. 
- ¿Y que gano yo con todo eso? - Preguntó Smaugui-
- ¡Pero tiiiiiiiiiiiiiiiiio! ¡Amigos y una familia! ¿Tú sabes lo importante que es eso? ¿Te quieres pasar solo el resto de tu vida? 

El culebre volvió a echarse.

- No... Yo quiero tener amigos, pero todos me tienen miedo.
- Bueno, pues empieza por no prender fuego a todo aquel que se te acerque- Dijo Pirú-

El mago le contó a Smaugui cómo era un día en Casa Encantada y a medida que el culebre escuchaba, le gustaba más la idea de quedarse.

- ...Y luego está Bizcocho, que es un ratón muy goloso, y sus amigos Benito Mondanueces y Blasito Comebellotas que no tienen precio como cocineros. La seño Yolanda te va a encantar porque es dulce y divertida, te enseñará muchas cosas y te llevará de excursión. Y bueno..., don Leonardo, que es el bibliotecario y el ratón más sabio del lugar. - Explicó Pirú-
- Y tienes que ver nuestra emisora -Le dijo Matilda- Allí ponemos música y también hacemos programas muy interesantes. Tenemos además un periódico para el que salimos a hacer reportajes.
- Una vez vimos Ojáncanos - Dijo Plumillas-
- ¿En serio? ¡A mí me dan mucho miedo! -Contestó el culebre-

La noche cayó sobre la mina y los amigos seguían contando las maravillas de Casa Encantada. Pirú había traído en la mochila unas cosas riquísimas que Smaugui calentó para poder comerlas. Mientras compartían cena y charla, las estrellas alumbraban como antorchas.

- He pensado que podría encargarme del fuego de la chimenea y cuando haga mucho frío, calentaré la casa de un solo soplido. - Propuso el culebre entusiasmado- También puedo hacer las barbacoas.
- ¡Buena idea! - Exclamaron-
- Chicos, empieza a hacer frío y nos queda un camino largo hasta Casa Encantada -Dijo el mago- Es hora de volver, además, doña Sinforosa ha venido a visitarnos y ha hecho tocinillos de cielo, ¡no os digo más!
- Nada de volver andando, yo os llevaré. ¡Vamos, subid a mi espalda! - Propuso Smaugui-
De vuelta en Casa Encantada, el culebre se quedó sorprendido por la campana de luz azul transparente que cubría la casa.

- Es un hechizo - Informó Plumillas-
- ¿Podré aprender?
- ¡Claro! Pirú te enseñará - Contestó el ratón-
- ¿Me perdonas por haberte quemado la cola?
- Claro, está olvidado. En Casa Encantada existe el perdón sin memoria, si no..., no es perdón. Perdonar y olvidar. Además, mira: Pirú me ha puesto un vendaje estupendo y estaré curado muy pronto.

Smaugui sonrió y acarició la cabeza de Plumillas con una de sus garras. Al final se habían hecho amigos y había prometido llevarlo al norte para que pudiera ver seres mitológicos en su entorno.

En el interior, doña Sinforosa recibió al nuevo inquilino con besos y un abrazo tan grande que hizo que se le saltaran las lágrimas. Todos se quedaron asombrados cuando vieron que eran rojas como el fuego. Smaugui nunca había recibido tanto cariño y aquello lo tenía abrumado. Hizo muy buenas migas con Bizcocho, que se había comido cinco tocinillos y le contaba cómo hacer para burlar a Benito y Blasito y colarse en la despensa. El culebre rió tanto que le dolió la tripa.

- Smaugui.... -Lo llamó Matilda-
- Dime, hermana.

Al oírlo, Matilda se emocionó, siempre quiso tener un hermano mayor y ahora..., lo había encontrado. 

- Voy a poner música. ¿Vienes?
- ¡Claro! 

Los reptiles se perdieron por el pasillo y al rato comenzó a sonar música divertida para que todo el mundo pudiera bailar.

- Y ahora, vamos a daros las buenas noches con un tema que ha elegido Smaugui. Que descanséis, amigos, y no olvidéis que mañana tendremos noticias y más música en nuestra radio encantada.

Smaugui estaba feliz, había comprendido que la plata, el oro y todas las piedras preciosas del mundo no eran nada comparado al recibimiento que le habían brindado los habitantes de aquella casa mágica. Que la fortuna se contaba más por Amor que por dinero y que había encontrado la fuente inagotable entre los muros de Casa Encantada. Ahora sí, tenía su tesoro antes de los cien.



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sábado, 12 de enero de 2019

Las puertas de Gelidalán. Frío en el Guadiato.

En Casa Encantada hacía un frío helador, nuestros amigos no se apartaban de la chimenea porque cualquier intento de salir a divertirse en los alrededores era temerario. En la emisora, Plumillas y Matilda ponían música para entibiar el día, pero ni la mejor canción calentaba los corazones de nuestros amigos.
Bizcocho estaba en la cocina con Blasito y Benito,  preparando magdalenas con chocolate que se iban a servir en un momento, justo cuando don Leonardo Peinacanas volviese de la biblioteca. A las cuatro, leería una historia de suspense en torno a las llamas y nada mejor que dulces y chocolate para acompañar la lectura.
El mago Pirú y la seño Yolanda estaban en el laboratorio, no les parecía normal que las temperaturas hubieran descendido de tal manera.



- ¿Has hablado con don Leonardo del tema? - Preguntó la seño recolocándose la bufanda-
- Sí, ambos estamos de acuerdo en una cosa: Las puertas del Peñón.
- ¿Cómo? ¿Es que el Peñón tiene puertas?
- Ya lo creo...Fueron cerradas hace doscientos años, pero algo o alguien ha debido abrirlas. Créeme, mi querida amiga, cosas muy raras están sucediendo en estos tiempos.

La seño se quedó pensativa. ¿Qué guardaban esas puertas? Nunca había oído a nadie hablar de ellas, pero si el mago decía que existían, no lo ponía en duda.
De repente, la música dejó de sonar, pero a través de los micrófonos se coló una discusión. Plumillas y la lagartija Matilda volvían a las andadas.

- No pienso ponerte esa canción - Dijo Plumillas-
- ¿Y por qué no? Tú has puesto todos esos ruidos espantosos que te gustan y yo no he dicho nada.
- ¿Ruidos? Ni idea tienes.
- ¡Que la pongas!
- He dicho que no.

Matilda se acercó al ratón con un cd en la mano.


- Voy a poner a Sinatra, Matilda. 
- Claro.., porque como sois de la misma edad... - Dijo la lagartija con sorna-
- ¡Qué graciosa!

Desde el laboratorio, la seño Yolanda y el mago Pirú escuchaban la discusión.

- Esa lagartija es el demonio, ¡mira que decirle al pobre ratón que es de la edad de Sinatra! - Comentó la seño-

Mago y seño se miraron y comenzaron a reír sin poder parar.

- Iré a hablar con ellos -Dijo Pirú-

En el salón, Blasito intentaba convencer a Bizcocho de que no se metiera en las tazas del té porque era de mala educación, pero al ratón no parecía importarle y daba buena cuenta de su galleta delante de la chimenea.


A eso de las cuatro, todos se reunían en la estancia principal de Casa Encantada para tratar el tema del frío. Don Leonardo y Pirú tenían algo que contar. El bibliotecario sirvió chocolate para todos y contó una historia que dejó con la boca abierta hasta a Matilda.

- Bien, queridos amigos, como estáis notando, este año el frío en nuestra casa está siendo más intenso que en años anteriores. Pirú y yo hemos estudiado este fenómeno llegando a la conclusión de que no es natural. Ayer, estuvimos en el Peñón y tal y como sospechábamos desde el principio, las puertas de Gelidalán han sido abiertas de nuevo. No sabemos por qué o por quién, pero nuestro deber es cerrarlas o la primavera no llegará al Guadiato.

Los amigos que escuchaban atentos lo que el ratón contaba, soltaron un grito de asombro.

- Gelidalán....- Dijo la seño- Jamás he oído nada semejante.

- Era un gigante de nieve que vivió aquí hace muchos años, disfrutaba soplando y soplando convirtiendo todo lo que veis en hielo, hasta que los habitantes, hartos de las fechorías de la criatura, decidieron tenderle una trampa y capturarlo. - Explicó Pirú-
- ¿Vivía en el Peñón? - Preguntó Plumillas-
- Exacto, era su casa. - Aclaró el mago- pero no tenía el aspecto que hoy conocemos. Él vivía bajo la roca, en las cuevas, lo que hoy vemos y llamamos "Peñon" solo es su barba.
- ¿Su barba? - Preguntó la seño emocionadísima con el relato-
- Sí, cuando los habitantes lo capturaron, construyeron grandes molinos de viento que hicieron girar y girar hasta que la nieve de la que estaba hecho se congeló convirtiéndose en un enorme trozo de hielo. Luego lo introdujeron en la cueva, pero estaba tan rígido y era tan grande que la barba acabó sobresaliendo. Con el tiempo, se fue cubriendo de polvo y volviéndose negrúzca, tomando el aspecto de una roca, pero nada más lejos de la realidad.  -Continuó contando el mago- Desde hace unos años, las piedras se andan dispersando, si os fijáis, ya no es una roca  compacta, sino muchas que desde lejos parecen ser un gran Peñón.
-¿Y la puerta? - Preguntó la seño de nuevo-
- La puerta impide que el gigante salga en caso de que vuelva a la vida. Alguien la ha abierto, de eso estamos seguros -Aclaró don Leonardo-
- Y si el gigante, tal y como creemos don Leonardo y yo, está volviendo a la vida...La comarca corre un grave peligro, pues todo lo que ahora vemos verde y fértil se convertirá en una manta de hielo. No tendremos primavera, ni verano, solo un gélido y permanente invierno.

Los habitantes quedaron desolados al oír aquello, estaba claro que había que hacer algo y todos se prestaron voluntarios.

- Pirú, ¿el gigante ha estado vivo todo este tiempo? - Preguntó Matilda-
- Congelado, aletargado...,pero vivo. Si alguien abre las puertas para que el sol derrita el hielo que lo cubre..., puede volver a la vida. Curiosamente, el sol ahora puede ser su amigo, pero cuando resucite..., irá a por él y no brillará más en estas tierras - Sentenció el mago-
- Pues vamos a cerrar esas puertas - Dijo la lagartija levantándose como un resorte-
- ¡Quieta ahí, jovencita! -La detuvo don Leonardo- Esta empresa es muy peligrosa, iremos Pirú, la seño Yolanda y yo, vosotros permaneceréis en la casa bien cerca del fuego.
- ¡Ni hablar! Si hay aventuras, yo voy. - Exclamó Matilda-
- ¡Y yo! Alguien tiene que recoger la noticia... - Dijo Plumillas.
- Eso. Y si va éste, tengo yo que ir porque él se pierde. Es muy torpe - Contestó Matilda señalando al ratón-
- Déjelos, don Leonardo, irá bien. - Medió la seño con tal de no volver a oírlos-

A la mañana siguiente y a primerísima hora, la comitiva ponía rumbo al Peñón que a lo lejos se recortaba gris y brumoso.
. Plumillas, ¿traes tu cuaderno? Es que tengo que estar en todo. - Comentó Matilda mientras ascendían por el camino congelado-
- Matilda... - El mago la llamó al orden-

Pararon a descansar en la primera peña, el frío era insoportable y temían que el reptil pudiera sufrir las consecuencias, pero la lagartija saltaba de rama en rama y de piedra en piedra.

- Es incombustible - Rió la seño Yolanda-

El mago se encaramó en lo alto del pedrusco y se dio cuenta de que las rocas se habían movido de nuevo, el camino serpenteaba entre jaras y nuevas piedras, se cortaba y un arroyo que antes no estaba les cerraba el paso. Imposible acceder por allí a las puertas de Gelidalán.

- ¿No puedes hacer algo? - Preguntó don Leonardo-
- Por supuesto, pero si utilizo mi magia podemos alertar al gigante. Algo me dice que ya ha despertado. Fijaos..., ha comenzado a nevar.

No acabó la frase y un gran temblor hizo que rodase hasta el suelo. Una enorme grieta se abrió  tragándose todo a su paso: piedras, animales, vegetales.... Plumillas sintió que la tierra se movía bajo sus pies y perdió el equilibrio, solo la rapidez de Matilda hizo que no fuera engullido por el abismo que se había abierto.

- ¡Sujétate a mi cola! - Gritó la lagartija-

Rápidamente, Pirú corrió hacia donde estaban sus amigos, pero otra grieta separó al mago de su objetivo.

- ¡Aguantad, chicos!

Giró el báculo y un brillante haz de luz rodeó a lagartija y ratón, luego, tirando de él, el mago pudo ponerlos a salvo.
Alrededor todo era nieve y barro, el Peñón tal y como lo conocían había desaparecido. Rocas dispersas, grandes surcos en la tierra y algunas jaras parduscas daban al lugar un aspecto tenebroso. La tierra tembló de nuevo y todos cayeron al suelo.

- ¿Dónde está la seño Yolanda? - Preguntó Pirú-
- Estaba a mi lado hace un momento - Contestó don Leonardo-

No había ni rastro de la simpática maestra y empezaron a temer lo peor.

- Fijaos en eso... - Dijo Plumillas con la cara pálida, apuntando con uno de sus dedos hacia el norte-


Gelidalán había despertado, por si no tuvieran pocos problemas, un grupo de curiosos se había concentrado alrededor del gigante atraídos por un espectáculo que ni el más viejo del lugar recordaba.

- ¡Insustanciales! ¡No saben el peligro que corren cerca de esa criatura!. - Exclamó el mago-

En ese instante, Gelidalán cogió un enorme trozo de hielo y lo lanzó contra los humanos que se congregaban en torno a él. Pirú estuvo atento  y con un hechizo paralizó a la criatura. Las personas, asombradas, huyeron como alma que lleva el diablo.

- Estos humanos..., ¡no pueden ser más cotillas! - Exclamó con disgusto don Leonardo-
- Tenemos que darnos prisa, el hechizo no durará mucho - Dijo Pirú-

Decidieron registrar las grietas para dar con la seño Yolanda, pero Plumillas se dio cuenta de que Matilda caminaba con dificultad.

- ¿Qué te ocurre?
- Nada, Plumillas..., es solo un poco de frío. Tranquilo, no dejaré que te pierdas.

Pero ni las bromas conseguían apartar del ratón la preocupación por su traviesa amiga. Su color verde brillante se había vuelto grisáceo y los ojos ya no le brillaban. Plumillas se quitó su gorra y su bufanda y se la puso a la lagartija.

- Tengo mucho sueño - Dijo Matilda-
- No puedes dormirte, tienes que seguir caminando.

Pirú se percató de que algo no iba bien y al ver a Matilda pálida y sin fuerzas, no dudó en arrancar un trozo de su túnica de lana, envolver al reptil y guardarlo en un bolsillo para que entrara en calor.

- Tranquilo, amigo. Bicho malo.... - Dijo el mago devolviendo la gorra y la bufanda al ratón- Te harán falta.

Llegaron a la enésima grieta y ni rastro de la seño. Comenzaban a estar muy preocupados y la noche, implacable, se extendía sobre sus cabezas. El frío era insoportable.

- No podemos continuar - Dijo Pirú apesadumbrado- Moriréis si la noche nos cerca en este lugar.

No terminó la frase y un nuevo temblor hizo que todos rodaran por el suelo. Esta vez era el gigante que a grandes zancadas avanzaba hacia el pueblo.

- ¡Hay que detenerlo! -Gritó el mago-

Mientras, a muchos metros de profundidad, la seño Yolanda avanzaba por una galería iluminada. En su caída, había sido vista por una familia de topos que rápido acudió en su ayuda, ahora, la acompañaban a la salida.

- ¿Estás segura de que quieres salir?
- Sí, doña Melita, mis amigos deben estar muy preocupados - Contestó la seño Yolanda-
- Está bien, pero debes saber que corres mucho peligro. Si te quedas con nosotros podrás salvarte, avanzando por los túneles dejaremos atrás estas tierras y al malvado gigante.
- Y se lo agradezco, pero no puedo abandonar ahora. Muchas gracias por su ayuda, no se retrasen y busquen un lugar más agradable en el que vivir.
- Muchas gracias, pequeña - Contestó don Braulio, el marido de doña Melita- Espero que volvamos a vernos. Mucha suerte. - Se despidió mientras se perdía junto a su familia por los intrincados túneles-

Yolanda salió a la superficie justo a tiempo, pero un viento helador congeló su sonrisa.

- ¡Pirú, estoy aquí! - Alzó la mochila y la agitó en el aire para que el mago pudiera verla.

Una vez reunidos trazaron un plan, el gigante debía volver al interior del Peñón antes de que toda la comarca se convirtiera en un lugar inhabitable y para eso tenían que conseguir grandes molinos que generaran viento suficiente como para congelar a la criatura.

- Eso no nos va a funcionar en esta época - Se lamentó don Leonardo- Ya no quedan molinos y el viento que pueda producir la magia de Pirú, no será suficiente.
- Pero sí efectivo - Sonrió la seño-
- ¿Qué has pensado? -Preguntó el mago-
- ¿Qué tal si traemos helicópteros?
- Bueno..., no es nada raro que una ratona vaya a hablar con los humanos y pida que le manden unos cuantitos de helicópteros para cargarse a un gigante de nieve. Muy creíble todo, sí señor. - Se escuchó alto y claro a Matilda desde el interior del bolsillo de Piru-
- Tiene razón, aunque me cueste reconocerlo - Añadió Plumillas-

El grupo se dejaba vencer por el desánimo, la noche avanzaba y el gigante había comenzado a soplar. Matilda volvía a sentirse mal y los ratones se congelaban. El mago decidió entrarlos a todos en su zurrón y esperar a que amaneciera. Había que volver a casa, no quedaba otra solución.

Al calor de la chimenea, las cosas se veían más claras. Plumillas sacó su cuaderno donde había dibujado un mapa de la zona.

- La puerta debe quedar por aquí - señaló Pirú-
- ¿Esa no es la zona de la cruz? - Preguntó el ratón-
- No, es esta otra - Señaló el mago en el mapa-
- No sé cómo haremos para volver a meter ahí debajo a ese gigante de nieve - Habló don Leonardo muy apesadumbrado-
- Escuchad -Apuntó la seño- Creo que la única solución es hacer que caiga en el pantano, de ese modo la nieve se derretirá-
- El pantano está congelado - Contestó Matilda-
- Sí pero no puede estarlo todo, si hacemos que el gigante vaya hasta allí y pise el agua congelada, esta cederá por el peso y acabará dentro.
- No sé..., no lo veo claro. -Dijo don Leonardo-
- Por intentarlo no perdemos nada -Contestó el mago-
- ¡Yo me apunto! - Exclamó Matilda-
- ¡De eso nada! ¡Tú te quedas aquí como Pirú que me llamo! ¡Un reptil no soporta las temperaturas a las que estaremos expuestos y no quiero una carga que suponga poner en peligro la operación!

Matilda bajó la cabeza triste. Quería ayudar..., pero si la apartaban, tendría que tomar una decisión y desde luego no era quedarse sentada en la chimenea comiendo galletas con Bizcocho.

El sábado amaneció nevando, si es que se puede llamar "amanecer" a aquella luz grisácea sin sol ni claridad alguna. El mago, seguido de sus amigos, se disponía a poner en marcha el plan de la seño Yolanda. Al salir de la casa, vieron algo que saltaba sobre la nieve.
- ¡Matilda! - Exclamaron.

La lagartija se había metido dentro de una manopla, por nada del mundo se perdería aquella aventura.
- ¡Mira que eres cabezota! -Dijo el mago- Te llevaré en mi bolsillo, pero no saldrás de él a menos que yo te lo pida. ¿Entendido?
- ¡Entendido! Venga, Plumillas, no te despistes que luego te pierdes.

El ratón meneó la cabeza en señal de hartazgo.

Llegaron a los alrededores del Peñón, ni rastro del gigante. Pirú preguntó a un grupo de hombres que se afanaban para evitar que La Poza se helase, y es que las tuberías habían dejado de conducir agua hasta las casas.

- Hemos visto a esa criatura en dirección al río, mucho tememos que es el culpable de que no tengamos agua - Dijo un anciano de barba rala y ojos afilados-
- Entiendo. No se preocupen, pronto volveremos a la normalidad.
- Dios le oiga.- Contestó el mayor-

Antes de poner rumbo al río, el mago hizo saltar una chispa de la tierra y el agua comenzó a brotar en La Poza. Los hombres nunca supieron que aquel extraño de túnica larga era un verdadero mago.

- ¡Allí! -Apuntó la seño Yolanda- ¡Está cerca del agua!
- Vaya..., nos lo va a poner más fácil de lo que pensábamos. - Aseguró don Leonardo-

El gigante estaba soplando y soplando. Las encinas, los pájaros, el agua..., todo caía congelado a su paso, levantando la indignación de los que presenciaban tal maldad.

- ¡Será desgraciao el Gelidalán! - Gritó Matilda.
- Deja que siga bajando la temperatura, él es de nieve, si comienza a soplar viento lo tendrá dificil - Dijo la seño-
- No creas, es inteligente y sabe manejar las temperaturas para que no le perjudiquen -Aclaró el mago-
- Vamos, que es un perfecto hijo de pu...
- ¡Matildaaaaaaaaaaa! -Gritó la seño- ¡Si dices una picardía más no pisarás la emisora de radio en un año!
- Uy qué penita me da... -Murmuró Plumillas-
- ¿Queréis centraros? - Don Leonardo, molesto por la deriva que tomaban las cosas decidió hacerse con el mando- ¡Vamos a por ese gigante!

Gelidalán se había puesto en cuclillas, estaba soplando sobre las aguas y congelando todo hasta la otra orilla. En ese momento, Pirú generó una nube de burbujas cargadas de agua, su idea era dejarlas caer sobre el gigante y después generar un viento fuerte que lo helara. Sin embargo, las burbujas quedaron congeladas antes de que llegaran a la criatura y rodaron  por la tierra cristalizada.
- ¡Se acabó! - Gritó Matilda saltando del bolsillo del mago y corriendo como loca hasta el pantano. Llevaba sus flechas y su carcaj.-
- ¡Pero criatura! - La llamó don Leonardo-

Dejadla, es lista y sabe lo que hace. Coged vuestros arcos y seguidla, ¡vamos a por él! Exclamó Pirú corriendo hacia la lagartija.

Matilda se deslizó por el río helado hasta caer bajo el gigante y comenzó a disparar sus flechas. La criatura se revolvía al sentir los pinchazos y manoteaba arrancando a cada sacudida los árboles congelados que quedaban a cada lado. La seño Yolanda y don Leonardo imitaron a su amiga, hasta que Gelidalán perdió el equilibrio y se derrumbó sobre el pantano congelado. En ese momento, Pirú generó una lengua de fuego que abrió el hielo e hizo que el gigante cayera por la grieta.

- ¡Salid de ahí! - Gritó el mago a sus amigos-

Una vez que todos estuvieron fuera de peligro, Pirú cerró el hielo dejando atrapado a Gelidalán en el interior del pantano.

- ¿Y ahora cómo haremos para llevarlo de nuevo a su gruta? - Preguntó la seño-
- Bueno, no hay nada que se le resista a un mago. Entrad en mi bolsillo, rápido.

El mago sacó una pequeña bola de luz de su zurrón que nada más sentirse libre se quedó suspendida en el aire. Con unas extrañas palabras la llevó hasta donde el gigante permanecía atrapado y una vez encima, su color y su forma cambió. Se convirtió en una luz rojiza que descendió y extrajo un bloque perfecto donde el ser de hielo permanecía atrapado. Después, el bloque desapareció a la vista de todos y un temblor de tierra les hizo girar la vista hacia el lugar donde el Peñón se había elevado siempre. Las rocas comenzaron a moverse mientras la tierra temblaba bajo sus pies y el ruido ensordecedor hacía que se cubrieran los oídos con las manos. Vieron como aquella luz naranja y potente entraba en la tierra y de ella emergía...,la barba del gigante.
Salió el sol, Plumillas sacudía la cabeza aturdido, no oía nada. Poco a poco la luz asomaba y la temperatura subía. Una vez más..., lo habían conseguido.

- Pirú, ¿el gigante está muerto? - Preguntó la seño-
- No. solo está congelado y ahora..., tenemos que darnos prisa para volver a cerrar las puertas antes de que pueda despertar.
- Vamos allá. ¡Operación Walt Disney! -Gritó Matilda-

Llegados al Peñón, sellaron de nuevo las puertas de Gelidalán no solo con llave, también con un hechizo. La próxima vez, aquel malvado no lo tendría tan fácil.

- ¿Quién abriría la puerta? - Preguntó Plumillas-
- Ni idea, pero lo averiguaremos - Contestó el mago invitando a sus amigos a volver a su bolsillo para regresar a Casa.

La nieve no se había derretido, pero la temperatura era maravillosa. El Peñón volvía a ser como lo recordaban y el frío poco a poco, remitía. Eso sí..., era invierno y como tal, la chimenea y los abrigos no podían faltar.


Ya en Casa Encantada, la música volvía a inundar sus rincones, el fuego a crepitar en la chimenea, el chocolate a bañar las tazas y Matilda a bailar meneando su colita de un lado a otro como una posesa al ritmo de "Despacito". La seño Yolanda, había vuelto a cultivar sus preciosas flores en el invernadero y no se resistía a poner algunas en el salón, mientras don Leonardo contaba a los más pequeños, cómo habían vencido al gigante de nieve que quiso destruir el Guadiato.
Y esta es la verdadera historia de las rocas del Peñón, ahora que lo sabéis, tened cuidado al pisar su barba y si sentís frío, id y contadle a todos lo peligroso que puede llegar a ser despertar a Gelidalán.





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lunes, 17 de diciembre de 2018

NAVIDADES CON SUSTO. PIRÚ Y EL MAGO NEGRO.

Esta mañana en Casa Encantada hay un jaleo tremendo. Pirú ha traído los adornos navideños para que todos disfruten decorando la casa y como novedad, tenemos hilo musical. Matilda y Paquito Plumillas han montado una emisora de radio que pone villancicos y noticias durante todo el día. Para variar, las discusiones entre lagartija y ratón son continuas, pero al menos no idean trastadas mientras están entretenidos. 
En la cocina, Benito Mondanueces está haciendo una tarta deliciosa ayudado por don Leonardo Peinacanas que hoy ha decidido cerrar la biblioteca y dedicarse a lo que él llama "labores navideñas".

En el reloj del salón han dado las once de la mañana y la persistente niebla no se disipa. La seño Yolanda ha llevado a los niños hasta el arroyo para recoger algunas plantas y ponerlas en el portal, este año, tienen figuritas nuevas y los más pequeños están encantados. Aprovechando las fechas, les va contando un cuento navideño sobre la liebre Rufina, una amiga que vive muy cerquita de Casa Encantada.

- A ver niños, no os separéis. Mirad, esto es musgo y no debéis cogerlo porque ya nos queda muy poquito, ¿entendido? En cambio todas estas hojas secas de encina nos quedarán muy bien. 
- Seño..., ¿puedo coger el que hay en los árboles? - Preguntó la ardilla Raquel-
- No, solo hojas secas y ramitas, después las pintaremos.  Atención, a ver quien sabe decirme en qué dirección crece el musgo que estamos viendo. - Pregunta a la vez que señala uno de los árboles-
- ¡Yo, yo, yo lo sé! - Levantó la mano el pato Pedrito- Crece orientado al norte porque es la parte más sombría y húmeda, si nos perdemos en el bosque, es bueno mirar a los árboles para orientarse.
- ¡Muy bien Pedrito! ¡Te has ganado un dulce navideño!

Mientras los niños andaban jugando en los alrededores, en la casa la Navidad iba tomando forma. Menos en la emisora, donde reinaba cualquier cosa menos la paz.

- ¿Quieres un té, Plumillas? - Preguntó Matilda-
- No, gracias, ¿puedes pasarme el disco de una vez?
- A ver, que no me gusta ese villancico - Contestó Matilda enfadada-
- ¿Y por qué no? 
- ¡Porque es rock! ¿Dónde se ha visto un villancico rockero?
- Lo que pasa es que eres una antigua de tomo y lomo, eso es lo que pasa. ¿Quieres darme el disco?
- ¡No me da la gana! ¡Ratón impertinente! - Gritó Matilda sacando la lengua.-
- ¡Lagartija sinvergüenza!


- ¡Pero bueno! ¿Se puede saber qué pasa aquí? - Pregunta don Leonardo que alertado por las voces se ha presentado en la emisora.- ¿Es que no podéis estar sin discutir diez minutos?
- Ha empezada ella - Dice Plumillas-
- ¡Acusica! - Grita Matilda enfadadísima-
- ¡Basta ya!- Yo elegiré los villancicos y no hay más que hablar. Plumillas, pon este disco, ¡el de la Filarmónica de Londres y no quiero oír ni una palabra más!

Obedientes, ratón y lagartija dejan de discutir y ponen la música elegida por el profesor. 

- Y ahora voy a sentarme en la chimenea a leer este libro, si vuelvo a oír una palabra más alta que otra, vengo y cierro la emisora. ¿Entendido?

- Entendido, señor Peinacanas - Contestan los dos -

En el salón, Pirú y don Leonardo conversaban animadamente.

- ¿Y dice que la seño Yolanda está con los niños en los alrededores? - Preguntó Pirú-
- Sí, querían coger algunas plantas para el portal.
- Bien, bien, sabe cuidarse, no me preocupa. Tendríamos que pensar en la fiesta, ¿no cree? 
- Claro, Pirú, claro.

En ese momento, Benito Mondanueces entra en el salón muy preocupado.

- Pirú, tienes que venir, ha pasado algo en la cocina. - Dice el ratón cabizbajo-
- Pero bueno..., ¿es que no hay modo de tener una conversación tranquila en esta bendita casa? ¿Qué ocurre?
- Ven, ven, y lo verás con tus propios ojos.

Al entrar en la cocina, se encuentran con un visitante inesperado.
- ¿Y quien eres tú? - Preguntó Pirú poniendo los brazos en jarra-
- Ñam, ñam, ñam, soy Bizcocho.
- Ya lo has oído, Pirú, se llama Bizcocho y se está poniendo fino con nuestras galletas y dulces. Si sigue comiendo de ese modo, nos deja sin pasteles para la fiesta.
- A ver, Bizcocho... Soy Pirú, no pasa nada porque estés aquí, pero al menos dinos de dónde has salido.
- ¡Soy amigo de Matilda! Ñam, ñam, ñam. 
- Matilda..., cómo no. -Susurró Benito-
- Me dijo que había una fiesta y que podía venir. Ñam.- Dijo Bizcocho devorando otra galleta-
- ¡Pirú dile algo! - Exclama Benito- ¡Se está zampado todos los dulces!
- Vamos a ver, Bizcocho. Eres bienvenido en Casa Encantada, pero no puedes comerte todo lo que prepare Benito o cuando llegue la fiesta no habrá nada.
- Pero... , ¿tú eres mago, no? Matilda me ha contado que haces aparecer cosas de la nada. Eso incluye los dulces, ¿a que sí?.
- Se nota que eres amigo de la lagartija, tan descarado como ella. - Murmuró Benito-
- Calma, calma - Levanta los brazos Pirú- Haremos una cosa. Te vas a venir conmigo y ayudarás a tu amiga y a Plumillas a elegir música navideña. ¿Qué te parece?
- ¡Me parece guay! ¿Puedo llevarme estas galletas?
- ¡Pirúúúúú! - Exclamó Mondanueces desesperado-
-  Tranquilo Benito, ya me encargo.

El mago se alejó con Bizcocho en las manos que iba encantado de estar por fin en aquella casa tan especial, al entrar en la emisora se encontró con Matilda y Plumillas profundamente dormidos. La lagartija estaba en el suelo y el ratón sobre la mesa del micrófono.

- Qué extraño..., estos dos dormidos. - Murmuró Pirú dejando a Bizcocho en el suelo-
- ¿Por qué te parece raro, Pirú? - Preguntó el ratón.
- Porque aprovechan cualquier ocasión para discutir y es raro que así, sin más, se hayan dormido.

En ese momento, Pirú se da cuenta de que el suelo está cubierto por una neblina oscura, algo que desprende malignidad.

- ¡Bizcocho! ¡Rápido, a mi bolsillo! 

El ratón no se lo piensa y de un salto se cuela en uno de  los bolsillos de la túnica del mago.

- ¿Qué ocurre? - Pregunta el ratón asustado-
- Necesito mi báculo, esto es cosa del mago negro y si la niebla sale de aquí..., tendremos problemas.

Pirú salió corriendo cerrando la puerta y a grandes zancadas llegó hasta el salón donde estaban su báculo y don Leonardo.

- ¡Pero no podemos dejar ahí a Matilda y a Paquito! - Exclama Bizcocho preocupado-
- Necesito mi báculo para rescatarlos del desmayo.

Rápidamente, puso al corriente a don Leonardo de lo que sucedía.

- Mandaré a alguien para avisar a la seño Yolanda, no debe acercarse a la casa mientras esa nube maligna esté aquí. - Propuso el ratón-
- Coja la rosa azul, ella lleva la suya y podrá comunicarse más rápido.-

Ratón y mago se dirigieron a la habitación donde tenían la emisora de radio, el humo negro comenzaba a salir por debajo de la puerta.

- Espero que no sea demasiado tarde - Dijo don Leonardo-
- Tranquilo, amigo, los recuperaremos. 

Abrieron y el mago hizo nacer una luz rosada de su báculo; dirigiéndola hacia el suelo, pudieron ver a Matilda,  Pirú se apresuró a entrarla en el bolsillo que le quedaba libre y luego hizo lo mismo con Paquito Plumillas. Luego, murmuró unas palabras que nadie supo traducir y la niebla se fue recogiendo hacia un rincón hasta desaparecer.

- ¡Bien! - Exclamó Bizcocho- Hemos vencido al mago malo.
- No cantes victoria tan pronto, esto solo es un hechizo de contención, Óminor volverá con más fuerza. - Contestó Pirú-

Rápidamente llevaron al ratón y a la lagartija hasta el salón para despertarlos de aquel malvado maleficio.

- ¿Están...., están...,muertos? - Preguntó Bizcocho-
- No, están sumidos en un hechizo: ni dormidos, ni despiertos, ni vivos, ni muertos..., Óminor les está robando sus recuerdos más bellos a través de sus esclavos, si no los traemos de vuelta pronto, se unirán a la niebla negra y se convertirán en parásitos del alma, igual que los que les hicieron esto. - Contestó don Leonardo-

El mago dirigió su báculo hasta el ratón y la lagartija y los elevó en el aire, luego con su mano izquierda generó una espiral de estrellas y los entró en ella. La primera vez no sucedió nada, la segunda tampoco.

- Solo puedo usar esta magia en cuatro ocasiones - Habló Pirú preocupado- Si no consigo hacer que despierten, se perderán para siempre. ¡No sé qué pasa, no sé por qué no funciona mi magia!
- Amigo, no desesperes, lo conseguiremos -Dijo don Leonardo sin mucha convicción-

Utilizó el contrahechizo una vez más y al fin despertaron. Estaban muy asustados y confundidos.

- Contad qué ha pasado - Les apremió Pirú-
- Pués... - Dijo Paquito Plumillas quitándose la gorra y tomando la iniciativa- No recuerdo mucho, solo que estábamos preparando el Casa Encantada Noticias cuando un señor mayor vino a pedirnos una canción para la fiesta de mañana. No vi nada sospechoso en él, después de eso no me acuerdo de nada más, no sé si Matilda....
- Yo tampoco recuerdo gran cosa, salvo que ese hombre no era nadie conocido, pero teniendo en cuenta que en estas fechas mucha gente va y viene por aquí..., no noté nada raro, la verdad.
- ¿Sabéis si salió de la casa? - Preguntó don Leonardo-.
- No, no vimos nada - Contestó la lagartija-
- Bien chicos, ahora descansad y no os mováis de este salón. Voy a generar un hechizo que impida que algo malo os pueda pasar, pero tenéis que prometerme que no saldréis de aquí. ¿De acuerdo? -Preguntó Pirú-
- ¡De acuerdo! - Contestó Bizcocho que hasta el momento había permanecido oculto y muerto de miedo en el bolsillo del mago.-
-¡Bizcocho! - Gritó Matilda. ¿Pero qué haces aquí?
- Bueno.., esto.. Tú me invitaste.
- Claro, claro... Lo había olvidado.
- Bueno, basta de charla. Quedaos aquí mientras don Leonardo y yo buscamos a Óminor.  Y recordad, no abráis esa puerta a nadie pase lo que pase. Tampoco si pensáis que es alguien conocido,  puede ser una trampa y el mago negro no tendría reparos en acabar con vosotros.

Cerraron la puerta dejando a los amigos dentro, después, Pirú dijo unas palabras y un enorme muro dorado se levantó ante ellos.

- Así será suficiente- Vamos don Leonardo, no hay tiempo que perder-
- ¿Qué buscamos exactamente, amigo?
- Ni yo lo sé. No sé si ese maldito ha entrado en Casa Encantada o son sus parásitos de almas. En cualquier caso, hay que sacarlos de aquí cuanto antes.

La casa se estaba cubriendo de un denso humo negro, algunos habitantes aparecían desmayados aquí y allá, hasta el pobre Benito Mondanueces estaba tendido en el suelo de la cocina.

- No podemos parar a despertarlos, hay que encontrar el origen de esto lo antes posible. - Dijo el mago-

Al llegar a la biblioteca, una silueta temblaba tras el cristal de la puerta.

- ¿Será él? - Preguntó don Leonardo-
- No lo sé, puede ser un parásito o cualquier otra forma maligna. Cuidado al entrar.

Pirú agitó el báculo haciendo aparecer de nuevo la nube rosa y al entrar...., se llevó una gran sorpresa. La seño Yolanda y los niños estaban maniatados y en el suelo mientras un ser alto y oscuro paseaba entre ellos.

- Vaya...., ¿ya has llegado, Pirú? Te estaba esperando - Dijo la figura enlutada-
- ¿Qué has hecho con ellos?
- Tranquilo, solo están dormidos..., de momento.
- Dime qué quieres, Óminor.
- ¿Que qué quiero? ¿No recuerdas lo que hiciste el año pasado conmigo? ¡Me condenaste a vagar por el Universo mientras destruías la Torre de los siete picos! - Gritó el ser maligno a la vez que su figura se alargaba tanto que tuvo que encorvarse-
- Habías secuestrado la Navidad. ¿Qué esperabas? ¿Un aguinaldo? -Contestó Pirú burlándose-
- Muy ingenioso..., pero guárdate tus bromas para cuando seas un ente parasitario a mis órdenes-
- Creo que eso..., tendrá que esperar.

Pirú lanzó un rayo brillante que impactó en el pecho del mago negro y lo lanzó contra una de las estanterías derrumbándose al instante. Don Leonardo corrió hasta la seño y los niños para comprobar que estaban bien, pero Óminor le lanzó un hechizo y quedó paralizado.
La lucha entre los magos era encarnizada, el ruido se escuchaba en toda la casa.

- ¿Has oído eso, Matilda? - Preguntó Paquito Plumillas.
- Sí, creo que deberíamos ir a ver qué pasa, puede que Pirú esté en apuros.
- Nos ha prohibido que lo hagamos ¿O es que ya no te acuerdas?
- Ya me he enfrentado a ese mago y el nuestro no podrá con él si está solo. Debemos ir.
- ¿Y qué hacemos con el muro mágico que acaba de levantar frente a la puerta? - Preguntó el ratón-
- ¿Y para qué está esa ventana? - Contestó Matilda señalando arriba-

Tras una breve discusión, los amigos decidieron dejar a Bizcocho en el salón y se pusieron en marcha llegando a la biblioteca. Matilda llevaba su carcaj repleto de flechas y su arco, pero no contaban con un extraño muñeco que les cerraba el paso al llegar a su destino.

- No te acerques más - Dijo Matilda- Es un parásito de Óminor, un parásito del alma.
- Pero..., ¡si es un bicho de lo más simpático!
- Plumillas... Atrás.

Matilda montó la flecha en el arco, pero no eran unas flechas cualquiera, tenían puntas de zafiro, las únicas capaces de acabar con esos seres salidos del mal. Apuntó y disparó al muñeco y a todos los demás que salían por todas partes. Al alcanzarlos se convertían en humo negro, luego celeste y finalmente desaparecían.

- ¿Y ahora qué pasa con ellos? - Preguntó Plumillas-
- El zafiro los libera del mal y encuentran su camino. Ahora son libres.

El ratón no vio venir a uno de los parásitos y antes de que pudiera reaccionar, sintió que algo ardía en su garganta e imágenes espantosas venían a su mente.

-¡ No, no! -Matilda disparó, pero ya era demasiado tarde, el parásito había mordido a su amigo y se hundía en la niebla negra-

- ¡Pirú! -Gritó el ratón-

La lagartija entró en la biblioteca sorteando seres malignos, el mago lejos de enfadarse se alegró de ver a la pequeña que valiente, lanzaba flechas azules a diestro y siniestro.

- Han mordido a Plumillas....
- ¿Cómo? -Preguntó Pirú mientras repelía un nuevo ataque de Óminor- ¿Dónde está?
- ¡En la puerta! ¡Tienes que ayudarle!

De repente el mago se acordó de algo...,¡las hadas! ¡Las hadas con su presencia apartaban el mal!

- Matilda, ¡las hadas! ¡Hay que traer a las hadas!

La lagartija sabía que la única manera de contactar con ellas era entre la vigilia y el sueño y por lo tanto había que acercarse a la seño Yolanda y a los pequeños para que en su estado pudieran contactar. No estaban seguros de que fuera a funcionar, pero no había otra salida. Mientras Pirú luchaba contra Óminor, la lagartija susurraba al oído de los niños y de la seño, la importancia de contactar con las hadas. Sabía que solo con pensamientos benevolentes llegarían a ellas.
Y ocurrió. En seguida el aire se llenó de puntos dorados, eran las alas de las bellas criaturas, en su presencia, los parásitos se desintegraban, todos despertaban y el mago negro se quedaba ciego. Poco a poco la niebla desaparecía y con ella.., el malvado mago.
Casi sin fuerzas, Pirú se dejó caer en el suelo, pero Matilda tenía prisas por salvar a su amigo así que no se lo pensó y se dirigió a Titania, la reina.
- Majestad - dijo haciendo una profunda reverencia- Necesito pediros un último favor: mi amigo ha sido mordido por un ente parasitario, se está perdiendo en la sombra.

Nada más oírlo, la reina de las hadas voló hasta Plumillas cuya figura empezaba a ser transparente. Abrió las alas y las batió justo encima del ratón de modo que una cortina de puntos dorados cubrió por completo al animal. Todos aguantaban la respiración, pero la sonrisa de Titania les dejaba claro que estaba a salvo. Al fin, Paquito abrió los ojos y se encontró con aquél fantástico ser que lo dejó fascinado.

- Bienvenido de nuevo, querido ratón - Dijo la reina-
- ¡Plumillas! -Gritó Matilda agarrándose fuerte del cuello de su amigo-
- ¡Que me vas a ahogar! - Exclamó queriendo hacerse el enfadado, pero en el fondo sabía que su amiga se había arriesgado mucho para salvar su vida-

En fin chicos, ya que todo ha vuelto a la normalidad, creo que lo mejor es ir a descansar y celebrar mañana una estupenda fiesta. ¿Qué os parece? - Preguntó don Leonardo-

- Que ya teníamos una - Contestó Matilda-
- ¡Pues que sean dos! - Exclamó Pirú.

Al día siguiente, Casa Encantada lucía preciosa, la decoración llegaba a cada rincón y también la música. La seño Yolanda se había puesto sus mejores galas y lucía realmente preciosa.

- ¡Buenos días desde Radio Encantada! Hoy tenemos una fiesta muy especial que no habría sido posible sin la valentía de nuestro querido Pirú, el profesor don Leonardo y la lagartija Matilda. Para vosotros, va dedicada esta canción - Dijo Plumillas mientras su voz llegaba a todos los rincones de Casa Encantada y sus alrededores - ¡Gracias por salvarnos!
- ¡Si es que en el fondo no puedes vivir sin mí! - Exclamó feliz Matilda a la vez que abrazaba a su amigo-
- ¡No seas pesada!
- Ya verás, te voy a dar un abrazo lagartijero.

Y Matilda se pegó a la espalda del pobre ratón que no pudo despegarse de ella en todo el día. En la cocina, Bizcocho "ayudaba" a Benito, pero como se comía todo lo que pasaba por delante de sus ratones dientes, acabó con dolor de tripa.
La noche llegó y con ella la diversión. Sonaron los villancicos y bailaron y rieron hasta que no pudieron más.

- Por favor, Matilda..., ¿te quieres bajar? - Rogó Plumillas a su amiga que seguía pegada a su espalda-
- No, que te quiero mucho.
- ¡Pirúúúúúúúúúúúú! ¡Quítame de encima a esta pesada por favoooor!

Y allá se perdieron ratón y lagartija mientras la música sonaba y envolvía nuestra mágica casa.

Os iba a poner "FELIZ NAVIDAD"  con galletas, pero es que se las ha comido Bizcocho, así que os lo pongo con el corazón. Feliz Navidad y felices días en compañía de los que queréis.

- ¡Matildaaa! ¡Plumillas! ¡A ver esa música!