lunes, 17 de diciembre de 2018

NAVIDADES CON SUSTO. PIRÚ Y EL MAGO NEGRO.

Esta mañana en Casa Encantada hay un jaleo tremendo. Pirú ha traído los adornos navideños para que todos disfruten decorando la casa y como novedad, tenemos hilo musical. Matilda y Paquito Plumillas han montado una emisora de radio que pone villancicos y noticias durante todo el día. Para variar, las discusiones entre lagartija y ratón son continuas, pero al menos no idean trastadas mientras están entretenidos. 
En la cocina, Benito Mondanueces está haciendo una tarta deliciosa ayudado por don Leonardo Peinacanas que hoy ha decidido cerrar la biblioteca y dedicarse a lo que él llama "labores navideñas".

En el reloj del salón han dado las once de la mañana y la persistente niebla no se disipa. La seño Yolanda ha llevado a los niños hasta el arroyo para recoger algunas plantas y ponerlas en el portal, este año, tienen figuritas nuevas y los más pequeños están encantados. Aprovechando las fechas, les va contando un cuento navideño sobre la liebre Rufina, una amiga que vive muy cerquita de Casa Encantada.

- A ver niños, no os separéis. Mirad, esto es musgo y no debéis cogerlo porque ya nos queda muy poquito, ¿entendido? En cambio todas estas hojas secas de encina nos quedarán muy bien. 
- Seño..., ¿puedo coger el que hay en los árboles? - Preguntó la ardilla Raquel-
- No, solo hojas secas y ramitas, después las pintaremos.  Atención, a ver quien sabe decirme en qué dirección crece el musgo que estamos viendo. - Pregunta a la vez que señala uno de los árboles-
- ¡Yo, yo, yo lo sé! - Levantó la mano el pato Pedrito- Crece orientado al norte porque es la parte más sombría y húmeda, si nos perdemos en el bosque, es bueno mirar a los árboles para orientarse.
- ¡Muy bien Pedrito! ¡Te has ganado un dulce navideño!

Mientras los niños andaban jugando en los alrededores, en la casa la Navidad iba tomando forma. Menos en la emisora, donde reinaba cualquier cosa menos la paz.

- ¿Quieres un té, Plumillas? - Preguntó Matilda-
- No, gracias, ¿puedes pasarme el disco de una vez?
- A ver, que no me gusta ese villancico - Contestó Matilda enfadada-
- ¿Y por qué no? 
- ¡Porque es rock! ¿Dónde se ha visto un villancico rockero?
- Lo que pasa es que eres una antigua de tomo y lomo, eso es lo que pasa. ¿Quieres darme el disco?
- ¡No me da la gana! ¡Ratón impertinente! - Gritó Matilda sacando la lengua.-
- ¡Lagartija sinvergüenza!


- ¡Pero bueno! ¿Se puede saber qué pasa aquí? - Pregunta don Leonardo que alertado por las voces se ha presentado en la emisora.- ¿Es que no podéis estar sin discutir diez minutos?
- Ha empezada ella - Dice Plumillas-
- ¡Acusica! - Grita Matilda enfadadísima-
- ¡Basta ya!- Yo elegiré los villancicos y no hay más que hablar. Plumillas, pon este disco, ¡el de la Filarmónica de Londres y no quiero oír ni una palabra más!

Obedientes, ratón y lagartija dejan de discutir y ponen la música elegida por el profesor. 

- Y ahora voy a sentarme en la chimenea a leer este libro, si vuelvo a oír una palabra más alta que otra, vengo y cierro la emisora. ¿Entendido?

- Entendido, señor Peinacanas - Contestan los dos -

En el salón, Pirú y don Leonardo conversaban animadamente.

- ¿Y dice que la seño Yolanda está con los niños en los alrededores? - Preguntó Pirú-
- Sí, querían coger algunas plantas para el portal.
- Bien, bien, sabe cuidarse, no me preocupa. Tendríamos que pensar en la fiesta, ¿no cree? 
- Claro, Pirú, claro.

En ese momento, Benito Mondanueces entra en el salón muy preocupado.

- Pirú, tienes que venir, ha pasado algo en la cocina. - Dice el ratón cabizbajo-
- Pero bueno..., ¿es que no hay modo de tener una conversación tranquila en esta bendita casa? ¿Qué ocurre?
- Ven, ven, y lo verás con tus propios ojos.

Al entrar en la cocina, se encuentran con un visitante inesperado.
- ¿Y quien eres tú? - Preguntó Pirú poniendo los brazos en jarra-
- Ñam, ñam, ñam, soy Bizcocho.
- Ya lo has oído, Pirú, se llama Bizcocho y se está poniendo fino con nuestras galletas y dulces. Si sigue comiendo de ese modo, nos deja sin pasteles para la fiesta.
- A ver, Bizcocho... Soy Pirú, no pasa nada porque estés aquí, pero al menos dinos de dónde has salido.
- ¡Soy amigo de Matilda! Ñam, ñam, ñam. 
- Matilda..., cómo no. -Susurró Benito-
- Me dijo que había una fiesta y que podía venir. Ñam.- Dijo Bizcocho devorando otra galleta-
- ¡Pirú dile algo! - Exclama Benito- ¡Se está zampado todos los dulces!
- Vamos a ver, Bizcocho. Eres bienvenido en Casa Encantada, pero no puedes comerte todo lo que prepare Benito o cuando llegue la fiesta no habrá nada.
- Pero... , ¿tú eres mago, no? Matilda me ha contado que haces aparecer cosas de la nada. Eso incluye los dulces, ¿a que sí?.
- Se nota que eres amigo de la lagartija, tan descarado como ella. - Murmuró Benito-
- Calma, calma - Levanta los brazos Pirú- Haremos una cosa. Te vas a venir conmigo y ayudarás a tu amiga y a Plumillas a elegir música navideña. ¿Qué te parece?
- ¡Me parece guay! ¿Puedo llevarme estas galletas?
- ¡Pirúúúúú! - Exclamó Mondanueces desesperado-
-  Tranquilo Benito, ya me encargo.

El mago se alejó con Bizcocho en las manos que iba encantado de estar por fin en aquella casa tan especial, al entrar en la emisora se encontró con Matilda y Plumillas profundamente dormidos. La lagartija estaba en el suelo y el ratón sobre la mesa del micrófono.

- Qué extraño..., estos dos dormidos. - Murmuró Pirú dejando a Bizcocho en el suelo-
- ¿Por qué te parece raro, Pirú? - Preguntó el ratón.
- Porque aprovechan cualquier ocasión para discutir y es raro que así, sin más, se hayan dormido.

En ese momento, Pirú se da cuenta de que el suelo está cubierto por una neblina oscura, algo que desprende malignidad.

- ¡Bizcocho! ¡Rápido, a mi bolsillo! 

El ratón no se lo piensa y de un salto se cuela en uno de  los bolsillos de la túnica del mago.

- ¿Qué ocurre? - Pregunta el ratón asustado-
- Necesito mi báculo, esto es cosa del mago negro y si la niebla sale de aquí..., tendremos problemas.

Pirú salió corriendo cerrando la puerta y a grandes zancadas llegó hasta el salón donde estaban su báculo y don Leonardo.

- ¡Pero no podemos dejar ahí a Matilda y a Paquito! - Exclama Bizcocho preocupado-
- Necesito mi báculo para rescatarlos del desmayo.

Rápidamente, puso al corriente a don Leonardo de lo que sucedía.

- Mandaré a alguien para avisar a la seño Yolanda, no debe acercarse a la casa mientras esa nube maligna esté aquí. - Propuso el ratón-
- Coja la rosa azul, ella lleva la suya y podrá comunicarse más rápido.-

Ratón y mago se dirigieron a la habitación donde tenían la emisora de radio, el humo negro comenzaba a salir por debajo de la puerta.

- Espero que no sea demasiado tarde - Dijo don Leonardo-
- Tranquilo, amigo, los recuperaremos. 

Abrieron y el mago hizo nacer una luz rosada de su báculo; dirigiéndola hacia el suelo, pudieron ver a Matilda,  Pirú se apresuró a entrarla en el bolsillo que le quedaba libre y luego hizo lo mismo con Paquito Plumillas. Luego, murmuró unas palabras que nadie supo traducir y la niebla se fue recogiendo hacia un rincón hasta desaparecer.

- ¡Bien! - Exclamó Bizcocho- Hemos vencido al mago malo.
- No cantes victoria tan pronto, esto solo es un hechizo de contención, Óminor volverá con más fuerza. - Contestó Pirú-

Rápidamente llevaron al ratón y a la lagartija hasta el salón para despertarlos de aquel malvado maleficio.

- ¿Están...., están...,muertos? - Preguntó Bizcocho-
- No, están sumidos en un hechizo: ni dormidos, ni despiertos, ni vivos, ni muertos..., Óminor les está robando sus recuerdos más bellos a través de sus esclavos, si no los traemos de vuelta pronto, se unirán a la niebla negra y se convertirán en parásitos del alma, igual que los que les hicieron esto. - Contestó don Leonardo-

El mago dirigió su báculo hasta el ratón y la lagartija y los elevó en el aire, luego con su mano izquierda generó una espiral de estrellas y los entró en ella. La primera vez no sucedió nada, la segunda tampoco.

- Solo puedo usar esta magia en cuatro ocasiones - Habló Pirú preocupado- Si no consigo hacer que despierten, se perderán para siempre. ¡No sé qué pasa, no sé por qué no funciona mi magia!
- Amigo, no desesperes, lo conseguiremos -Dijo don Leonardo sin mucha convicción-

Utilizó el contrahechizo una vez más y al fin despertaron. Estaban muy asustados y confundidos.

- Contad qué ha pasado - Les apremió Pirú-
- Pués... - Dijo Paquito Plumillas quitándose la gorra y tomando la iniciativa- No recuerdo mucho, solo que estábamos preparando el Casa Encantada Noticias cuando un señor mayor vino a pedirnos una canción para la fiesta de mañana. No vi nada sospechoso en él, después de eso no me acuerdo de nada más, no sé si Matilda....
- Yo tampoco recuerdo gran cosa, salvo que ese hombre no era nadie conocido, pero teniendo en cuenta que en estas fechas mucha gente va y viene por aquí..., no noté nada raro, la verdad.
- ¿Sabéis si salió de la casa? - Preguntó don Leonardo-.
- No, no vimos nada - Contestó la lagartija-
- Bien chicos, ahora descansad y no os mováis de este salón. Voy a generar un hechizo que impida que algo malo os pueda pasar, pero tenéis que prometerme que no saldréis de aquí. ¿De acuerdo? -Preguntó Pirú-
- ¡De acuerdo! - Contestó Bizcocho que hasta el momento había permanecido oculto y muerto de miedo en el bolsillo del mago.-
-¡Bizcocho! - Gritó Matilda. ¿Pero qué haces aquí?
- Bueno.., esto.. Tú me invitaste.
- Claro, claro... Lo había olvidado.
- Bueno, basta de charla. Quedaos aquí mientras don Leonardo y yo buscamos a Óminor.  Y recordad, no abráis esa puerta a nadie pase lo que pase. Tampoco si pensáis que es alguien conocido,  puede ser una trampa y el mago negro no tendría reparos en acabar con vosotros.

Cerraron la puerta dejando a los amigos dentro, después, Pirú dijo unas palabras y un enorme muro dorado se levantó ante ellos.

- Así será suficiente- Vamos don Leonardo, no hay tiempo que perder-
- ¿Qué buscamos exactamente, amigo?
- Ni yo lo sé. No sé si ese maldito ha entrado en Casa Encantada o son sus parásitos de almas. En cualquier caso, hay que sacarlos de aquí cuanto antes.

La casa se estaba cubriendo de un denso humo negro, algunos habitantes aparecían desmayados aquí y allá, hasta el pobre Benito Mondanueces estaba tendido en el suelo de la cocina.

- No podemos parar a despertarlos, hay que encontrar el origen de esto lo antes posible. - Dijo el mago-

Al llegar a la biblioteca, una silueta temblaba tras el cristal de la puerta.

- ¿Será él? - Preguntó don Leonardo-
- No lo sé, puede ser un parásito o cualquier otra forma maligna. Cuidado al entrar.

Pirú agitó el báculo haciendo aparecer de nuevo la nube rosa y al entrar...., se llevó una gran sorpresa. La seño Yolanda y los niños estaban maniatados y en el suelo mientras un ser alto y oscuro paseaba entre ellos.

- Vaya...., ¿ya has llegado, Pirú? Te estaba esperando - Dijo la figura enlutada-
- ¿Qué has hecho con ellos?
- Tranquilo, solo están dormidos..., de momento.
- Dime qué quieres, Óminor.
- ¿Que qué quiero? ¿No recuerdas lo que hiciste el año pasado conmigo? ¡Me condenaste a vagar por el Universo mientras destruías la Torre de los siete picos! - Gritó el ser maligno a la vez que su figura se alargaba tanto que tuvo que encorvarse-
- Habías secuestrado la Navidad. ¿Qué esperabas? ¿Un aguinaldo? -Contestó Pirú burlándose-
- Muy ingenioso..., pero guárdate tus bromas para cuando seas un ente parasitario a mis órdenes-
- Creo que eso..., tendrá que esperar.

Pirú lanzó un rayo brillante que impactó en el pecho del mago negro y lo lanzó contra una de las estanterías derrumbándose al instante. Don Leonardo corrió hasta la seño y los niños para comprobar que estaban bien, pero Óminor le lanzó un hechizo y quedó paralizado.
La lucha entre los magos era encarnizada, el ruido se escuchaba en toda la casa.

- ¿Has oído eso, Matilda? - Preguntó Paquito Plumillas.
- Sí, creo que deberíamos ir a ver qué pasa, puede que Pirú esté en apuros.
- Nos ha prohibido que lo hagamos ¿O es que ya no te acuerdas?
- Ya me he enfrentado a ese mago y el nuestro no podrá con él si está solo. Debemos ir.
- ¿Y qué hacemos con el muro mágico que acaba de levantar frente a la puerta? - Preguntó el ratón-
- ¿Y para qué está esa ventana? - Contestó Matilda señalando arriba-

Tras una breve discusión, los amigos decidieron dejar a Bizcocho en el salón y se pusieron en marcha llegando a la biblioteca. Matilda llevaba su carcaj repleto de flechas y su arco, pero no contaban con un extraño muñeco que les cerraba el paso al llegar a su destino.

- No te acerques más - Dijo Matilda- Es un parásito de Óminor, un parásito del alma.
- Pero..., ¡si es un bicho de lo más simpático!
- Plumillas... Atrás.

Matilda montó la flecha en el arco, pero no eran unas flechas cualquiera, tenían puntas de zafiro, las únicas capaces de acabar con esos seres salidos del mal. Apuntó y disparó al muñeco y a todos los demás que salían por todas partes. Al alcanzarlos se convertían en humo negro, luego celeste y finalmente desaparecían.

- ¿Y ahora qué pasa con ellos? - Preguntó Plumillas-
- El zafiro los libera del mal y encuentran su camino. Ahora son libres.

El ratón no vio venir a uno de los parásitos y antes de que pudiera reaccionar, sintió que algo ardía en su garganta e imágenes espantosas venían a su mente.

-¡ No, no! -Matilda disparó, pero ya era demasiado tarde, el parásito había mordido a su amigo y se hundía en la niebla negra-

- ¡Pirú! -Gritó el ratón-

La lagartija entró en la biblioteca sorteando seres malignos, el mago lejos de enfadarse se alegró de ver a la pequeña que valiente, lanzaba flechas azules a diestro y siniestro.

- Han mordido a Plumillas....
- ¿Cómo? -Preguntó Pirú mientras repelía un nuevo ataque de Óminor- ¿Dónde está?
- ¡En la puerta! ¡Tienes que ayudarle!

De repente el mago se acordó de algo...,¡las hadas! ¡Las hadas con su presencia apartaban el mal!

- Matilda, ¡las hadas! ¡Hay que traer a las hadas!

La lagartija sabía que la única manera de contactar con ellas era entre la vigilia y el sueño y por lo tanto había que acercarse a la seño Yolanda y a los pequeños para que en su estado pudieran contactar. No estaban seguros de que fuera a funcionar, pero no había otra salida. Mientras Pirú luchaba contra Óminor, la lagartija susurraba al oído de los niños y de la seño, la importancia de contactar con las hadas. Sabía que solo con pensamientos benevolentes llegarían a ellas.
Y ocurrió. En seguida el aire se llenó de puntos dorados, eran las alas de las bellas criaturas, en su presencia, los parásitos se desintegraban, todos despertaban y el mago negro se quedaba ciego. Poco a poco la niebla desaparecía y con ella.., el malvado mago.
Casi sin fuerzas, Pirú se dejó caer en el suelo, pero Matilda tenía prisas por salvar a su amigo así que no se lo pensó y se dirigió a Titania, la reina.
- Majestad - dijo haciendo una profunda reverencia- Necesito pediros un último favor: mi amigo ha sido mordido por un ente parasitario, se está perdiendo en la sombra.

Nada más oírlo, la reina de las hadas voló hasta Plumillas cuya figura empezaba a ser transparente. Abrió las alas y las batió justo encima del ratón de modo que una cortina de puntos dorados cubrió por completo al animal. Todos aguantaban la respiración, pero la sonrisa de Titania les dejaba claro que estaba a salvo. Al fin, Paquito abrió los ojos y se encontró con aquél fantástico ser que lo dejó fascinado.

- Bienvenido de nuevo, querido ratón - Dijo la reina-
- ¡Plumillas! -Gritó Matilda agarrándose fuerte del cuello de su amigo-
- ¡Que me vas a ahogar! - Exclamó queriendo hacerse el enfadado, pero en el fondo sabía que su amiga se había arriesgado mucho para salvar su vida-

En fin chicos, ya que todo ha vuelto a la normalidad, creo que lo mejor es ir a descansar y celebrar mañana una estupenda fiesta. ¿Qué os parece? - Preguntó don Leonardo-

- Que ya teníamos una - Contestó Matilda-
- ¡Pues que sean dos! - Exclamó Pirú.

Al día siguiente, Casa Encantada lucía preciosa, la decoración llegaba a cada rincón y también la música. La seño Yolanda se había puesto sus mejores galas y lucía realmente preciosa.

- ¡Buenos días desde Radio Encantada! Hoy tenemos una fiesta muy especial que no habría sido posible sin la valentía de nuestro querido Pirú, el profesor don Leonardo y la lagartija Matilda. Para vosotros, va dedicada esta canción - Dijo Plumillas mientras su voz llegaba a todos los rincones de Casa Encantada y sus alrededores - ¡Gracias por salvarnos!
- ¡Si es que en el fondo no puedes vivir sin mí! - Exclamó feliz Matilda a la vez que abrazaba a su amigo-
- ¡No seas pesada!
- Ya verás, te voy a dar un abrazo lagartijero.

Y Matilda se pegó a la espalda del pobre ratón que no pudo despegarse de ella en todo el día. En la cocina, Bizcocho "ayudaba" a Benito, pero como se comía todo lo que pasaba por delante de sus ratones dientes, acabó con dolor de tripa.
La noche llegó y con ella la diversión. Sonaron los villancicos y bailaron y rieron hasta que no pudieron más.

- Por favor, Matilda..., ¿te quieres bajar? - Rogó Plumillas a su amiga que seguía pegada a su espalda-
- No, que te quiero mucho.
- ¡Pirúúúúúúúúúúúú! ¡Quítame de encima a esta pesada por favoooor!

Y allá se perdieron ratón y lagartija mientras la música sonaba y envolvía nuestra mágica casa.

Os iba a poner "FELIZ NAVIDAD"  con galletas, pero es que se las ha comido Bizcocho, así que os lo pongo con el corazón. Feliz Navidad y felices días en compañía de los que queréis.

- ¡Matildaaa! ¡Plumillas! ¡A ver esa música!

martes, 20 de noviembre de 2018

BELLEZA

Dicen que la belleza es perezosa, pero quien no la ve en la palabra no puede valorar el prodigio. Y el susurro que vive en la mañana, exacto al canto secreto de los dioses, es maravilla que resucita la existencia. Es belleza, mas no perezosa. 

El abrazo que salva del abandono pone calma a la vida y entre los huesos del silencio recompone figura nueva. El viento que resiste a los gritos, el cielo al que se aferran los vivos, el fruto que se arranca a la tierra. No es tan solo hermosura, es perfección. 

El corazón que sale de los escombros busca bondad, caminos lo llevan a ningún sitio y cuando al fin aterriza en el suelo, solo le queda tiempo y tierra. Hay quien dirá que no es bello, como si el tiempo no fuera éxito contra el desaliento, como si todos los fracasos no quedaran muertos. Qué sabrán ellos de lo que salva la lindeza. 

Yo comprendo estas cosas aunque a veces las olvide por minutos y los días distintos a este se llenen de fatiga densa y derrota. Es como besar llorando, la boca escucha palabra por palabra y luego calla. Y cuando el estrépito de la carcajada pinta un aro iris sobre el vacío, entonces, belleza gana. 

Definitivamente, el mal que arde a tiempo da lugar al sueño, a la exquisitez, al amor sin gusanos, al fin de todo lo que duele…. Pero es sabido que si descubres todo esto, ya no podrás vivir como si nada. A mí, desde luego me basta.



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domingo, 18 de noviembre de 2018

EXIT 17

Casi no queda espacio entre sus piernas y la puerta, a eso hay que añadir maletas, bolso, libro y un abrigo que dificulta extraordinariamente sus movimientos. Marina no odia, a Marina le fastidian los cuartos de baño de las estaciones de tren porque todos son estrechos, todos están llenos de señoras anónimas malhumoradas y todos funcionan a medias.
Cuando al fin consigue recomponer sus ropas, mira a la parte superior de la puerta y  hacia el centro lee: "EXIT 17" . Se queda pensativa, con la mano apoyada en el picaporte y la mente en escapada. EXIT 17, ¿qué querrá decir? Alguien protesta en el exterior y sale de su ensoñación, camina distraída buscando algún asiento cerca de los paneles informativos de salida y llegada de trenes mientras gentes desconocidas la sobrepasan.
EXIT 17, todavía retumba en su cabeza y no puede dejar de darle vueltas al grabado de la puerta. Marina regresa de su hogar, un hogar hecho de brazos alrededor de su cuerpo, de noches bajo la protección cálida de una sonrisa. Ahora, de pie frente al panel de luces amarillas se pregunta si va o viene de casa.
El megáfono anuncia la salida del tren para Madrid, Marina no odia, a Marina no le gusta Madrid. Odiar es para siempre, pero lo que no te gusta hoy lo puedes amar mañana. Es como el fastidio, siempre es pasajero, el odio sin embargo..., es eterno.  No, Marina nunca dice: "odio esto o aquello", no, Marina no odia. Allí está, de pie, con sus pantalones de Charlot y su abrigo ligero que dificulta las cosas simples, pensando en la salida 17, como si la vida solo tuviera un número exacto de salidas.
Se lleva una mano al cuello, aún quedan besos colgando de la piel e instintivamente se roza los labios. Besos de su hogar particular que la hacen sentir menos sola. 
La salida del tren destino a su ciudad es inminente, no es la vía 17, pero Marina suma sus números y el resultado es 8, la vía en la que aguarda su tren. ¿Cómo se puede salir cuando se viene de llegar?
El día avanza,  el tren avanza, la vida avanza y solo sus pensamientos emprenden viaje al pasado.  ¿Qué ocurre con los amores que pasan? Ocurre que no fueron, y ahora, ese espectáculo de piruetas imposibles que laceraban el alma, ya no existe. Nunca existió.
Marina fija la vista en un paisaje que cambia con el parpadeo, es vertiginoso, como los ágiles labios  que explotan en la piel y despiertan la sangre.  Cierra los ojos y el corazón reclama los abrazos que libran del desamparo, los que saturan de caricias los resquicios del alma, los que le hacen recinto sagrado donde nada malo pasa. Marina duerme, duerme sin miedo, sin ira, con el hallazgo aún caliente del sentimiento que salva la vida.
EXIT 17, con destino a la ilusión.

martes, 25 de septiembre de 2018

FRENTE A MÍ

Hay sonidos, palabras, música que dispara a los goznes del corazón impidiendo que te des la espalda a ti misma, que rompe en pedazos los pocos retazos de cielo oscuro que te quedan. 

Mi corazón era flor atrapada en un libro, ahora tiene la cara amarilla de las margaritas asomadas a un tiempo acumulado, a sentimientos fermentados que cierran heridas y abren miedos. El miedo…, el miedo es la falta de belleza que petrifica el alma, es algo remoto que palpita en lo profundo del ser transformándose en silencio. Aún cuando la sangre grita henchida de gloria, las palabras se coagulan y parapetan tras el miedo. 

Imposible escapar del bullicio del amor, lo recuerdo perfectamente y también la sombra y la fiebre que roba la vida cuando pierdes la memoria. Pero qué hacer cuando el amor arde en la boca, cuando el alma es más alma y la luz orbita en la cresta de tus días. Qué hacer… ¿Volver a ser piedra? 

Solo estoy viva, puede que todo sea irreal y me esté viendo reflejada en un sueño que no es mío, o puede que me queme de locura y rompa las bridas del corazón. 

Suena la música como un huracán y cuando termina, siento ganas de llorar.

lunes, 17 de septiembre de 2018

OTOÑO EN EL GUADIATO.

Cosas maravillosas, cosas de eternidad que rompen el pacto con el verano para renacer en otoño. Rosados los días salpicados de gente contenta que gasta los ojos mirando a las nubes. No se cansan de mirar el raudal de luz viva que apagará la sed de la tierra y las pardas encinas. La brisa madrugadora pone la piel de pie y bendice las praderas y las magnas besanas preparadas para la fecundación. Hay hombres en el campo, fatigados rostros sobre la tierra consagrada que espera un año más el milagro del pan y los animales. 

Y sonarán los arroyos que pondrán el verde loco y el rojo reventón mientras el sol abre la cola de pavo real. Otoño en el Guadiato, delirio de colores en los cielos de santa Bárbara donde el minero olvidó su lámpara y ahora es fantasma desamparado que se mece entre las ruinas. Este cielo se vacía sobre tejas agrietadas y chimeneas ásperas que sueñan con volver a ser niñas, pero alrededor, todo es pasto envejecido. 

Este valle sigue siendo nuestro y también el agua que cae de los sollozos del cielo, aquí la sierra no se llena de polvo, sus frutos bendicen gargantas que duermen hijitos y llenan de dulzura la esperanza a golpe de verdades piadosas. 

Estos cielos, ladrones de miradas, tienen pupilas color del universo y cada noche, rondan castillos en vigilia desde siglos. Cada aurora pura y santa lleva prodigio sobre estas tierras de amor inmenso y plenitud. Otoño en tierras cordobesas llenas de deseos invencibles y corazones echados a los caminos, esos que el rocío trémulo despierta del divino sueño de la tarde. 

Mirad arriba y poneos los collares de nubes, son de terciopelo y vuelven arco iris los relámpagos. Sentaos aquí, en este lugar que podría ser otro y lo es para quien abandona, sentaos bajo la fiesta del crepúsculo que derrama el otoño entre los árboles y los nonatos del Guadiato.

Esta obra está protegida por las leyes de copyright y tratados internacionales. Código de registro:  1809178393339

viernes, 14 de septiembre de 2018

Un encuentro con los Ojáncanos.

En Casa Encantada todo es un ir y venir de habitantes que tras las vacaciones retoman su rutina. El mago Pirú ensaya nuevos hechizos, don Leonardo Peinacanas ordena la biblioteca y la seño Yolanda ha comenzado sus clases. Todo estaría bien si no fuera porque dos de sus alumnos aún no han aparecido. Al principio y tratándose de la lagartija Matilda, la seño pensó que sería una más de sus trastadas, pero le sorprendió que tampoco hubiera aparecido Paquito Plumillas,  el chico encargado de las noticias de Casa Encantada, un ratón que quiere ser periodista y se pasa la vida entre periódicos, reportajes y salidas al campo para sacar las mejores fotografías.
Al ver que habían pasado tres días y los chicos no aparecían, Yolanda pensó que lo mejor era hablar con Pirú, así que se dirigió al sótano dónde el mago tenía su laboratorio de genialidades.
- ¡Buenos días, Pirú!
- ¡Buenos días, pequeña! ¿Qué te trae por aquí?
- Verás, como bien sabes, las clases comenzaron el lunes y todo iba bien hasta que me di cuenta de que me faltaban dos alumnos.
- ¿Y bien?- Dijo el mago dejando sobre la encimera un tubo lleno de nubes azules-
- Paquito Plumillas y Matilda vinieron a principios de semana, pero no han vuelto. Hoy, es viernes y estoy preocupada.

Pirú se mesó la barba, todo lo que tuviera que ver con la lagartija era un problema porque era extremadamente aventurera y desobediente.

- ¿Has hablado con don Leonardo Peinacanas? Paquito le deja los periódicos a diario en la biblioteca. -Preguntó Pirú-
- Sí, pero no sabe de él desde el lunes a mediodía que estuvieron comiendo juntos. Al parecer tenía en mente un reportaje especial para publicar en Navidad, pero no sabe nada más.
- No te preocupes, Yolanda, saldremos y encontraremos a ese par de golfillos.

La seño sonrió, sabía que al mago no se le escapaba nada y que daría con los alumnos. Yolanda pasó toda la mañana enredada con las clases y preparando cartas para los padres donde informaba de las actividades previstas para el curso.
Lejos de allí, Matilda y Paquito, ajenos a la preocupación de sus amigos, estaban inmersos en su propia aventura.

- Tengo que comprar el periódico, Matilda, un segundo por favor. - Dijo el ratón a su amiga-
- ¡Venga ya! ¿Ahora te vas a parar  a eso?
- Tenemos que estar informados de lo que pasa en nuestro mundo ¿O quieres ser una lagartija ignorante?
- Vale, pero no tardes, si quieres fotografiar Ojáncanos no podemos quedarnos mucho tiempo aquí.

Paquito se dirigió a una caseta de madera que había en el bosque y al poco regresó con varios periódicos.

- Les echaré un vistazo rápido, quiero saber cómo va la bolsa. -Dijo-
- ¡La bolsa!Mejor preocúpate de la de cacahuetes que le robamos a Benito y Blasito de la despensa, si nos quedamos sin provisiones tendremos que volver y enfrentarnos a su genio. - Exclamó la lagartija fastidiada-

Imagen extraída de https://needlefeltedart.blogspot.com/2012/02/frankie-newspaper-boy.html, si deseas adquirir este ratón, puedes hacerlo accediendo al enlace. 

- ¿Pero qué te pasa? Llevamos varios días andando y ni rastro de los Ojáncanos, ¡menuda guía! ¿Y ahora te enfadas porque quiera leer un poco? - Contestó el ratón-
- Está anocheciendo, no podemos quedarnos cerca del camino, listillo.
- ¡Pues vigila! Y si viene uno me avisas... - Le espetó el ratón molesto-
- Vale, pero te advierto que aquí hay muchos peligros y tenemos que estar en la cabaña de don Martín Roedor antes de las nueve o nos meteremos en un lío.

Enzarzados en la discusión no escucharon el crujir de ramas a su espalda.

- ¡Que sí, pesada! 
- Ni te muevas - Susurró la lagartija- No te muevas si no quieres acabar en el estómago de un Roblón.

Un peligroso árbol Roblón desplegaba sus ramas amenazadoras, dispuesto a dar caza a los despistados visitantes. Suerte que la lagartija lo vio a tiempo de salir huyendo. 

- Pero..., ¿qué es eso? -Preguntaba el ratón mientras corría como alma que lleva el diablo-
- ¿No querías ver Ojáncanos? ¡Pues este es su primo!, y esos ojos terribles que ves son los de una doncella que se tragó hace mucho tiempo y que está atrapada en su interior. ¡Corre si no quieres ser el próximo!

Lejos de allí, la seño Yolanda decidió visitar a Benito Mondanueces y Blasito Comebellotas, eran amigos de Paquito Plumillas y tenían un grupo musical llamado Ratons Stone con el que deleitaban a los habitantes de Casa Encantada y sus alrededores. Tal vez ellos podrían darle información valiosa sobre el paradero del ratón y la lagartija.

Imagen extraída de https://www.livemaster.ru/topolino. Los ratoncitos son propiedad de Оksana Caccioppoli.  https://www.livemaster.ru/topolino

- ¡Hola chicos! Quería haceros una pregunta, ¿podéis atenderme?

Benito estaba enamoradísimo de la seño Yolanda así que nada más verla se puso coloradito.

- ¡Oh!, pasa, pasa, estábamos organizando unas cosas.... -Habló Benito mientras se quitaba velozmente un delantal-
- Somos todo orejas - Añadió Blasito ofreciendo asiento a la seño-
- Veréis..., hace días que no vemos a Matilda por aquí, tampoco a vuestro amigo. ¿Sabéis algo que yo no sepa?

Los ratones se miraron y eso puso en guardia a Yolanda.

- Chicos, no sabemos nada de ellos desde el lunes, por favor, estamos muy preocupados. 
- Verás... -Farfulló uno de los ratones- Plumillas quería hacer un reportaje sobre Ojáncanos y convenció a Matilda para que fuera con él.

Al oír aquello, Yolanda se puso en pie alarmada.

- Blas, ¿estás seguro? Eso es muy peligroso y Pirú no tiene constancia de ese viaje.
- Completamente, nos hizo prometer que no diríamos nada, pero también estamos preocupados después de tantos días. Teníamos pensado hablar con Pirú.
- ¿Tenías pensado hablar con el mago? ¿Cuándo? Hoy, mañana... ¡Tendríais que haber hablado el mismo día que os comunicó tamaña locura! - Gritó la seño muy enfadada.
- Lo sentimos mucho...-Susurró Blasito-
- ¡No tenéis ni idea del peligro que conlleva visitar esas tierras!

En ese instante, algo rojo y redondo cayó de una mesa que estaba detrás de los ratones y rodó hasta los pies de Yolanda que sorprendida lo recogió.

- Esto..., ¿esto es un tomate? - Preguntó confusa-
- Sí..., son los que nos tiraron en nuestra última actuación, en la Cuesta los Gatos. -Habló Blasito totalmente avergonzado-

A Yolanda le hizo tanta gracia el comentario que comenzó a reír sin parar, olvidando el enfado que hacía unos minutos la había consumido.

- ¡Pues tienen una pinta estupenda! Creo que me llevaré varios para la ensalada de esta noche.

Esa propuesta hizo que todos rieran y olvidaran la tensa conversación de hacía unos minutos. 
La ratoncita salió y fue rápidamente a hablar con Pirú para contarle lo sucedido, pero a medio camino se encontró con el mago.

- ¡Yolanda, tengo algo importante que contarte! - Dijo nervioso mientras enarbolaba una bola de cristal en la mano derecha-
- ¡Y yo!
- Bien querida, tú primero.
- He hablado con Blasito y Benito y me han dicho que Plumillas y Matilda han ido a ver Ojáncanos para hacer un reportaje.
- Eso quería comentarte, he consultado mi bola de cristal y he podido ver a ese par de insensatos en las tierras bajas. Mis sospechas sobre cómo habían llegado hasta allí se confirmaron cuando doña Pepita, la ardilla de la caseta de la vía, me dijo que los vio el lunes por la noche tomar un tren. 
- Pues nos llevan mucha ventaja... -Comentó la seño apesadumbrada-
- No te preocupes, no hay nada que un mago no pueda solucionar. Nos vemos mañana a  las siete y media en la puerta de Casa Encantada, llevaré todo lo necesario así que no cargues con nada que después pueda ser un estorbo.

A muchos kilómetros de Casa Encantada, Paquito Plumillas y Matilda entraban en casa de don Martín Roedor, un amigo de la lagartija y de Pirú.

- Así que vais a ver Ojáncanos. ¿Y se puede saber para qué? - Preguntó don Martín ajustándose las lentes-
- Quiero hacer un reportaje sobre esos monstruos, no creo que sean tan fieros. ¿Sabe? - Contestó el ratón por lo bajo- Pienso que todo eso que cuentan es un poco exagerado y quiero desmentirlo.

Matilda, que había luchado contra ellos, se puso las manos en la cabeza.

- ¡Por todos los dinosaurios! ¿Que no son fieros? ¿Está usted escuchando don Martín?
- Si, sí, amiga... Mira chico, esos animales son más que fieros, si te atrapan no te dejarán hueso sano. Eso si no te comen...., así que no te conviene acercarte demasiado a ellos.

Al oír aquello, el ratón se estremeció. 

- Bueno, bueno, me bastará con un par de buenas fotos. - Aclaró - y los testimonios de quienes se han enfrentado a ellos.
- Una cosa más -Habló don Martín señalando con un dedo a sus invitados- ¿Esto lo sabe Pirú y os deja venir solos?

Matilda iba a contestar, pero Plumillas se adelantó.

- ¡Oh, sí! ¡Ya lo creo! Como Matilda está acostumbrada a tratar con estos seres, no puso ninguna pega.
- Ya... -Contestó el viejo ratón sin demasiado convencimiento-

Antes de ir a la cama, lagartija y ratón reponían viandas en la cocina y ultimaban detalles de su plan.

- Le has mentido a don Martín - Susurró Matilda- Cuando Pirú se entere de todo esto nos va caer la bronca del siglo. ¿Sabes? ¡Serías un político estupendo!
- Tú tampoco le has dicho la verdad, así que estamos en paz.
- ¡Ah no! ¡No me líes! ¿Sabes que los políticos están los segundos en los escalones del infierno?
- Pues no, graciosita  ¿Y quienes son los primeros?
- ¡Los periodistas! - Exclamó Matilda fastidiada.
- ¡Y las lagartijas son sus guías! 
- ¡Serás ...zurupeto!
- ¡Uy lo que me ha dicho! ¡No pienso volver a llevarte al cine!
- ¡No me importa! ¡Me cuelo por las ventanas!- Matilda terminó la frase sacándole la lengua--

En ese momento la luz de la cocina se encendió.

- ¿Pero se puede saber qué son esos gritos? - Preguntó don Martín- 
- Mil perdones, don Martín, Matilda y yo discutíamos sobre el plan de mañana - Se adelantó Plumillas-
- ¡Pues discutidlo en voz baja porque son las doce de la noche!
- Descuide, no haremos más ruido - Le aseguró el ratón-

Y por fin, en la cabaña se hizo la paz y el silencio...., de momento.

A la mañana siguiente, en Casa Encantada, Yolanda y Pirú se encontraban en la escalinata de acceso. El mago entregó a la seño un arco y un carcaj cargado de flechas.

- Pero..., Pirú, ¡solo he tirado dos veces!
- Bien, pues tendrás oportunidad de tirar una tercera. ¡Y hasta una cuarta! Tu arco tiene 36 libras, será suficiente. ¡En marcha!

Salieron de la casa y cuando estaban en mitad del bosque, el mago giró el báculo y una nube espesa y brillante los envolvió haciéndolos girar a una velocidad vertiginosa. Cuando todo paró, se hallaban a las puertas de una cabaña.
- Esta es la cabaña de Martín Roedor, pude ver en mi bola de cristal cómo entraban aquí.
La puerta se abrió y un sorprendido ratón les dio la bienvenida.

- ¡Pirú! ¡No te esperaba! - Exclamó mientras abrazaba a su amigo-
-  Martín, venimos buscando a Matilda y un joven ratón que la acompaña, se llama...
- Sí, sí - Interrumpió Roedor- Acaban de marcharse, pero..., me dijeron que tú sabías que estaban aquí.

Pirú y la seño Yolanda se miraron asombrados.

- Ese par de pillastres te han engañado, Martín, ninguno sabíamos las intenciones que tenían - Contestó Pirú-

Tras hacer las presentaciones e intercambiar algunas palabras, Pirú y Yolanda siguieron el camino que su amigo les había señalado. Iban derechos a la cueva de Tierrascura, donde vivía uno de los Ojáncanos más temidos de las tierras bajas.

- Están locos si piensan que pueden ver a ese ser y salir de allí por las buenas. ¡Matilda me va a oír! - Dijo el mago enfadado-

A tan solo tres kilómetros de esta conversación, Plumillas y Matilda llegaban a un claro, al fondo, una cueva poco iluminada de la que salía un olor nauseabundo. El ratón se adelantó cámara en mano dispuesto a sacar la mejor instantánea cuando la lagartija le detuvo.

- ¡Para! No entres, puede estar dentro la Ojáncana y es casi más peligrosa que su compañero. Daremos un grito y nos esconderemos detrás de aquellos arbustos para que puedas sacar tus fotos.

Cuando se disponían a poner en marcha el plan, un enorme ser rojizo tan alto como un árbol, con colmillos temibles y afilados y un solo ojo en la frente apareció ante la vista de los amigos. Sujetaba una enorme piedra  y estaba encaramado sobre el montículo de la cueva. Tenía diez dedos en cada pie y su barba era poblada, sucia y muy descuidada. En medio se entreveía un pelo más grueso en color blanco.
El Ojáncanao es una criatura malvada que vive en cuevas junto a la Ojáncana. Son maléficos y su presa favorita son los niños que se pierden en el monte, solo pueden ser neutralizados si se les arranca el pelo cano de la barba, pero antes, hay que cegarlos.


- ¡Ay por todos los dinosaurios, Plumillas no te muevas! - Susurró por lo bajo Matilda-
- ¡Qué ser más espectacular, Matilda! ¡Voy a hacerle una foto!

Cuando saltó el flash, el Ojáncano se puso como loco y arrojó la piedra sobre los intrusos, solo la rapidez de reflejos evitó que alguno saliera herido.

- ¡Estás loco! ¡Has enfadado a este bicho y ahora no parará hasta darnos caza! - Exclamó Matilda histérica-

La lagartija montó su arco y comenzó a disparar sus pequeñas agujas contra el monstruo sin que ninguna hiciera mella en su espesa piel. Aquello enfureció mucho más al Ojáncano que de un salto se colocó delante de los asustados aventureros. En un movimiento rápido y certero, atrapó al ratón por la cola.

- ¡Matilda, ayúdame! ¡Ayudaaaa! - Gritaba mientras observaba en primer plano las temibles fauces de la criatura-
- ¡Ay madre que se lo come!

La lagartija, desesperada, sacó de su mochila la flor azul con la que se podía comunicar con Pirú, su salvación dependía de la rapidez con la que pudiera llegar el mensaje, aunque el panorama no pintaba nada bien.
Yolanda y el mago caminaban rápido cuando escucharon gritos.

- ¡Es Plumillas! - Dijo la seño llevándose las manos a la boca-
- ¡Por aquí! - Señaló Pirú-

Al llegar al claro se encontraron con la dantesca imagen.

- ¡Pirú! Gracias a Dios que has venido - Dijo la lagartija aliviada al ver a su amigo-
- Ya hablaremos tú y yo tranquilamente, jovencita. Ahora hay que salvar a Plumillas de ese monstruo.

El Ojáncano había abierto la boca y el ratón estaba desapareciendo dentro, la situación se había torcido bien.

- ¡Yolanda, disparemos a las manos! ¡Rápido! - Ordenó Pirú-

Una lluvia de flechas cayó sobre el animal, una de ellas se clavó en la mano que sujetaba a Paquito y en una sacudida fortísima lo soltó y fue a parar al suelo desde una altura considerable. El monstruo, enfadadísimo, se quitó las flechas y se giró dispuesto a destrozar a sus atacantes, pero el mago alzó el báculo y lo inmovilizó.

- ¡Corred! El hechizo solo durará tres minutos, este animal es demasiado fuerte. -Gritó Pirú-
Pero Paquito seguía en el suelo.

- ¡Vamos, levanta tenemos que irnos! - Le gritó Matilda-
- ¡Me duele mucho el brazo! - Contestó con un gesto de dolor-

El mago se agachó, recogió a ambos y los entró en uno de sus bolsillos mientras salían corriendo para alejarse todo lo posible. Cuando pensaron que ya estaban a salvo,  se detuvo y depositó en el suelo a los aventureros.

- Os reñiré luego, ahora veamos ese brazo, pequeño.

Inspeccionó al ratón detenidamente para finalmente comprobar que en la caída se lo había roto.

- No te muevas, te lo arreglaré.
- ¿Me va a doler? ¡Ay, ay, ay!
- ¡Pero si no te he tocado todavía, diantres! - Exclamó el mago sorprendido-

Cogió el báculo y lo acercó hasta el brazo del ratón, una luz rosada brilló en su extremo y con ella envolvió la extremidad. El mago había cerrado los ojos y murmuraba unas palabras inaudibles.
Yolanda y Matilda observaban en silencio y a cierta distancia el trabajo de magia. En unos minutos, Plumillas pudo volver a moverse con normalidad.

- ¡Es fantástico! ¡Gracias Pirú! - Exclamó feliz-
- Bien..., ahora sigamos camino, ya tendremos tiempo de hablar. - Contestó muy serio el mago-

La vuelta a Casa Encantada no fue muy divertida, Pirú no quiso emplear su magia e hizo que todos caminaran. El tenso silencio solo se rompió cuando al fin llegaron a su hogar.

- Bien, os quiero a todos en mi despacho en media hora - Ordenó el mago-
- Pero Pirú, tenemos hambre y no hemos descansado apenas, por favor.... - Suplicó Matilda-
- En media hora, he dicho.

Era la primera vez que veían a su amigo tan enfadado, la gamberrada había ido más allá de lo que estaba permitido en Casa Encantada. Ya en el despacho:

- Habéis puesto en peligro vuestra vida, la de mi amigo Martín y la de la seño Yolanda, como comprenderéis no podemos dejar pasar por alto una gamberrada de este calibre.

La seño Yolanda permanecía de pie en la mano del mago, asintiendo a cada palabra.

- Los Ojáncanos, Roblones, Culebres, etc.., son seres muy peligrosos y solo un experto puede provocarlos y salir con vida de ese encuentro. Habéis tenido suerte de que vuestra profesora se preocupe tanto de vosotros porque de lo contrario, ahora mismo no estarías aquí para contarlo.

El ratón y la lagartija escuchaban avergonzados.

- Y dadle las gracias también a vuestros amigos Blas y Benito, si no nos hubieran contado vuestras intenciones, no habríamos dado con vosotros. - Añadió Yolanda-
- ¿No vais a decir nada? - Preguntó Pirú.

Matilda dio un codazo al ratón que la miró sorprendido.

- ¿Se te ha comido la lengua el gato? Para querer ser periodista te quedaste sin palabras, listillo. - Susurró maliciosamente la lagartija-
- Pues tú dejas mucho que desear como arquera, ¡so petarda!
- ¡Me ha dicho, petarda! ¡Pirú!

Tanto el mago como la seño asistieron atónitos a la discusión de los traviesos amigos. No querían reírse, pero la situación era cada vez más cómica.

- De no haber sido por mí, no habrías visto los Ojáncanos y no habrías hecho las fotos. - Dijo Matilda-
- ¡Y tú no te habrías apuntado otra aventura! Además, el monstruo me cogió a mí y no a ti.
- Ohhh, ¡qué pena que no te haya comido! ¡Orejotas!
- ¡Vale ya! - Gritó el mago haciendo que callaran al instante- Como castigo, Plumillas tendrá que escribir el mejor artículo de su vida sobre Ojáncanos y otros seres peligrosos del bosque y tú, Matilda, tendrás que ayudarle a maquetar y sacar un buen periódico para esta semana. Quiero las mejores noticias. Después, contaréis a vuestros compañeros lo que no debéis hacer jamás con estos monstruos. ¿Entendido?

- ¡No quiero trabajar con él! - Gritó Matilda.

La seño, cansada de tanta protesta, bajó de la mano de su amigo  y se dirigió a los desobedientes alumnos, cogió de la oreja a Plumillas y de la cola a la lagartija.

- ¡Y ahora os vais a dar un abrazo de verdad o los dos estaréis fuera de esta casa en menos que se dice miau!

Aquella amenaza fue lo peor de todo, ¿qué harían ellos sin sus amigos? Así que finalmente se miraron, se abrazaron y rieron recordando todas las trastadas que habían hecho desde que salieron un lunes de su hogar y hasta que regresaron para... ¿no volver a hacer ninguna más? Eso... Ya lo veremos.

A la semana siguiente, Plumillas repartió los periódicos y como habían prometido a Pirú, él y Matilda explicaron a sus compañeros los peligros que había en el bosque. La seño hizo muchas preguntas que casi todas fueron contestadas por la simpática lagartija mientras el ratón presumía de lo lindo de sus fotos y sus "heridas de guerra". Al fin..., la normalidad volvía a Casa Encantada.

La ratoncita de fieltro es propiedad de Johana Molina, puedes visitar y adquirir sus diseños aquí: 
https://www.etsy.com/people/feltingdreams


miércoles, 29 de agosto de 2018

MIEDOS

“Aquí paz y después gloria”, dice la razón a los miedos, pero los miedos nacen en la sombra, cuando el alma aletargada deja pasar el milagro de la luz. El miedo vela lo que no pasa, es inútil en su esencia, pero venenoso para los sentidos porque vive en un futuro que no llega, oprimiendo la esperanza y la vida. Sensaciones indefinibles y rumores del corazón son envueltos por un miedo sofocado que se cuela por los resquicios del alma en ebullición. Es un saqueo de felicidad, torpe y doloroso para el que no hay alivio posible. 

Permíteme, miedo, que no haga costumbre de ti, que el silencio seguro sea arrancado de mi boca, resucitando la palabra y la vida. No hagas daño, no eres figura de cuerpo y beso aferrándote a otro cuerpo que no te pertenece, solo eres un naufrago enganchado al aliento de los muertos. Eres el fruto del fracaso que se defiende con adioses. 

Áspero miedo de memoria sucia, lo que perdí ya no volverá a mi mano, pero tranquilo…, solo es pasado y el pasado es olvido. Ahora, hay que poner la vida al fuego y avanzar con tu aliento en la nuca, como si a Dios le bastara el esfuerzo para deshacerse de ti. 

Desnudos e inocentes, corazones caen en las garras del miedo, lívidos guardan besos tras los labios a la espera de ser devorados por la esperanza, esa revolución que llena de olas las calles, frágil pero caliente, capaz de provocar las repentinas ganas de llorar. 

Vete, miedo, busca tu inmortalidad en las palabras ya muertas, aquellas que no harán mensaje ni huella en la carne. Vete y no vuelvas.

Esta obra está protegida por las leyes de copyright y tratados internacionales. Código de registro:  1808208084537

lunes, 20 de agosto de 2018

TIEMPO

Como una flor de sal, el tiempo se va deshaciendo entre las manos y lo que importa: la compañía, lo humano, la ternura, la certeza…, se valora cuando el cansancio llega a nuestras noches dulces, amarillas de cosecha recogida, fruto de un mundo sembrado en primavera.
El amor puro es lo único que resiste al tiempo, era tras era inmortal e invulnerable. A veces, diminuto en los labios e infinito en la sangre, se vende a las caricias de Eros allá donde el dios se eterniza. La nueva cosecha trae besos en rama bajo el cielo rutilante, risas de cuerpos temblorosos idealizados por la inocencia, vida sobre mortaja.
No hay freno al tiempo excepto el amor que hierve entre corazones, adorados de “te quieros” y alejados de los mármoles que ponen fin a los años. Dejad que vivan y rían cuando el amor cubre las bocas y la vida ruborosa quema en la punta de los dedos. ¿Es un sueño la vida? ¿O es un sueño el tiempo? 
El tiempo…, está temblando de alegría cuando se ama sin duelos y se fecunda el Universo. Parirá más tiempo, más amor perdurable frente al temor y lo mundano, que no es más que guerra perdida en pañuelos llenos de lágrimas. 
Querer, pero no de amor corriente, sino de amor eterno como mar interminable que se cuela en las venas incontenido, inexplicable y gritón. Y entonces, el tiempo vaporoso quedará suspendido en el instante, indeciso y sometido a todo lo que es y será perdurable.

Esta obra está protegida por las leyes de copyright y tratados internacionales. Código de registro:  1808208084537

sábado, 18 de agosto de 2018

SONRISAS

La sonrisa es como luz que escapa de la boca, flores nacidas de la esperanza cuando los ángeles miran para otro lado. ¿Se puede ser esclavo de la sonrisa? Es viento al borde de la piel cuando el verano dulcemente disuelve las noches, es fortuna en el umbral de la rendición. 
Sí, hay sonrisas que esclavizan porque su aliento pone color al crepúsculo, estremeciendo la carne, traspasando fronteras boca adentro. Se pueden beber y morir dependiendo de si son paz o losa sombría, pero en cualquier caso, siempre son gloria. Hay sonrisas que provocan hambre y se pagan a precio de derrota, me pregunto si merece la pena la indigencia, si no es mejor elegir mirada que es más bella. Eso dicen…
Sonrisas desgarran silencio y lanzan dardos al oponente, jauría de besos disfrazados que chocan contra los ojos. Muere la palabra porque ya se conoce el mensaje que se alza en el aire y golpea el corazón. Tembloroso, se desprende de su latido para acoger la luz…, y la condena por vida entera.
Pepa Gómez.



Todos los derechos reservados
Esta obra está protegida por las leyes de copyright y tratados internacionales. Código de registro: 1808188068299

sábado, 11 de agosto de 2018

ESPERA. ESPERANZA


La esperanza es como agua en las manos, dulcísima se escurre al pasar del tiempo. Puede ser pura, grácil como una acrobacia que te lleva a la gloria, un lugar del que es difícil regresar.
Igual si pongo beso sobre beso no muera, pero no unos besos cualquiera, no besos de obra barata, sin gloria y sin muerte. Hablo de los que van con bala y cuando explotan todo es borroso, difuso, imprevisible. Milagro que hace llorar en el alargado silencio de los labios. Cierro los ojos, mi cuerpo está en alma viva, un hambre indefinible asalta mi interior y saquea el corazón aún caliente. Inconsciente, acaricio su sombra mientras aguardo obstinada la inmortalidad de la esperanza.
Me faltan palabras, no sale el juego y pronto los grillos no harán ruido. Mientras existas estaré viva, no perdida en melancolías en vena, sino bajo la luz luminosa y precisa de tu sonrisa. 
Esperanza equivale a primavera, sangre irrefrenable, dulce sentido de la carne que descubre con nostalgia el mensaje del amor. Sí, estaré viva, sentada sobre los sueños que nacen del sol y se eternizan al filo de los besos que se disparan. Van con balas.
Pepa Gómez.


Todos los derechos reservados
Esta obra está protegida por las leyes de copyright y tratados internacionales. Código de registro: 1808118025422

martes, 7 de agosto de 2018

LETRAS DERRETIDAS

La gente es la misma todos los veranos, cuando impone el insomnio y las espaldas se licuan bajo las parras, solas o con amor. Conversaciones que distraen el obstinado calor alumbradas por estrellas que iluminan el prodigio de la vida, una vida que transcurre lenta al compás del grillo. Siesta, silencio, noche….No pasa nada, pasa el verano y lo que importa no siempre está cerca, pero tras el aire que quema viven los corazones que ascienden a la memoria en forma de lechuza imposible. Entonces, los pensamientos se lanzan al placer desconocido del recuerdo y aparecen las palabras para unos y las letras para quienes ponen sonido al silencio.

El silencio que se quema con la distancia da razón a las letras. Tinta que chorrea al implacable sol de la mañana y al soborno del alma por la noche; cuando sus frutos germinan, tu nombre aparece imposible en la boca, fugaz en las páginas, desmedido en los ojos.

La noche cierra los párpados y abre la pasión oculta en la sangre, tu voz acude sedienta a mis labios agrietados. Besos se rompen en pedazos, mano a mano, al calor del verano recién abierto que arde entre los dedos y abre la puerta al canto salvaje de la tierra. Un racimo de risas cuelga en mi pecho y la vida…, apenas ha empezado.


Esta obra está protegida por las leyes de copyright y tratados internacionales. Número Registro Propiedad Intelectual:  1808077995651

martes, 19 de junio de 2018

BAJO LAS ADELFAS


Trae el viento el sonido del cencerro,  las hojas de los árboles que se mecen con ternura en esta mañana de junio incendiada de sol. Es el viento una mano dulce que en las noches de verano, trae el canto del grillo al oído del que sabe estar en el campo y sonreír al calor al filo de la besana.
Infinita la tierra que me rodea, como el deseo de los arroyos que sueñan ya con futuros caudales mientras miman el agua que duerme en sus lechos. Campos de Ceres pintados de oro, flores impuestas en un lugar donde antes sólo hubo un paisaje desolado.  Huertos, tierra removida, luna, cielos azules en esta región de amor.
Silba el viento, trae la voz de las madres, flores en la arena que besan la frente del que sale a faenar la tierra. Mulas recias, redondas sus nalgas pisan la era, tiran del trillo que unas manos jóvenes  guían. Estampas de otros tiempos que decoran los siglos de este lugar, un lugar que ama su pasado y espera a ciegas su futuro.



Esta obra está protegida por las leyes de copyright y tratados internacionales.Código de registro: 1806197444851

A MIS AMIGOS.

Vosotros que hacéis caudal en cauce seco, brisa sobre los olivos,, sol y sombra en días de olvido. Vosotros, pasad y sentaos conmigo.
Quiero decir que sois la vida por encima de los años y los ojos que aman cuando muere el trigo.
Venid, compartid mi mesa  ahora que la tierra parió y hay yantar y vino. Venid, venid amigos. Pasad escritores, artistas, profesores, empresarios, ganaderos , hacedores de libros. No olvido al arqueólogo, ni a los soñadores, ni a los que apenas tienen para hacer su nido.
Sentaos a mi lado y escuchad bien esto que os digo: ¿Qué es la vida sin la risa, las luces, los perdones, los encuentros y el amor de los amigos?
Por eso os quiero a mi vera para celebrar, para llorar, para compartir esta vida  que  Dios nos puso en el camino. Pasad hermosos, quedaos conmigo.


Esta obra está protegida por las leyes de copyright y tratados internacionales.Código de registro: 1806197444882

jueves, 14 de junio de 2018

SENSACIONES DE JUNIO


El silencio, apenas interrumpido por el canto del gallo y las carreras juveniles del potrillo en la cerca. La tranquilidad se instala aquí como triunfo noble sobre una vida de prisas, esas que vuelven impuro al tiempo, ni siquiera la memoria acelera en este lugar los días porque no hay fatiga capaz de destruir la paz. 
No hay desorden en la luz ni reproches a los cielos, porque aunque llueva, siempre son bellos. Todo es hermosura, hasta la vejez de las ventanas honran una luz que se escapa entre sus maderas de años. Por las noches, entran las estrellas y detrás, la luna que se sienta en la mesa del campesino. Podéis venir a visitarla.
Tarde dormida en el campo solitario donde brotan los recuerdos y se enredan en las palabras. Se estremece el alma, háblame misteriosa, tú que eres la dueña de los siglos dime quien pone ritmo a la memoria. ¿Acaso eres tú? Cuelgas en mi mente imágenes, sonidos y palabras en estas horas leves de pluma y brisa. Aquí no hay tiempo que pueda romperse, alma tú lo sabes.
Me duermo, el sueño me arrebata el pensamiento y me aleja del florido campo, ahora la paz me arropa en esta tarde de junio, plena como la copa en manos del anfitrión.


Esta obra está protegida por las leyes de copyright y tratados internacionales. Número Registro Propiedad Intelectual:  1806147397756

lunes, 4 de junio de 2018

Adiós al pasado

Sentada en la orilla, mirando las aguas que pasan llevándose el pasado, fija en el espejo rizado atisbo un pensamiento que no se curó. El presente le lanza un salvavidas y me devuelve una historia de viajes a ningún sitio y promesas incumplidas; muchas de muchas en un tiempo donde la vida no corría tan aprisa. ¿Acaso importa el tiempo? ¿Existe realmente?
Sentada en un arroyo que conozco y me conoce, los minutos se hacen líquidos y se escurren transparentes entre mis manos. Pasado es cárcel que echa cerrojos a poco que metas un pie en él, pero aquí estoy, removiendo la marmita del sentimiento entre piedras que tiemblan bajo el agua fría de un mes que debería ser látigo en los campos.
Me marcho, a mi espalda el agua sigue su camino mientras el tiempo sin tiempo, el que nos hace transitar,  dibuja pasados en mi corazón. No miraré…, atrás.

Gracias Pepi Muñoz Garcia por  la foto, a cambio, estas letras van para ti como regalo de cumpleaños. ¡Felicidades!


Esta obra está protegida por las leyes de copyright y tratados internacionales. Número Registro Propiedad Intelectual:  1803146136805