miércoles, 25 de febrero de 2015

EL JARDINERO DE CASA ENCANTADA

En Casa Encantada existió un jardinero, supongamos que el nuestro atiende al nombre de Ramón y soñemos.
La silueta de un hombre no muy joven se dibuja entre las brumas de la mañana, es Ramón, el jardinero de la Casa Encantada que, como cada despertar, comienza muy temprano su frenética actividad propia de las oficinas.
Ramón no es muy alto, en sus manos se pueden leer años de trabajo en el campo y en sus ojos cargados de historia, toda una vida llena de sueños que no siempre se cumplieron.
Feliz se dirige al cobertizo donde guarda sus herramientas de trabajo: un rastrillo, unas tijeras de podar, una pala, una azada y una espuerta es todo cuanto posee para crear los más bellos pensamientos que jamás se vieron en Peñarroya-Pueblonuevo. Y digo crear, porque estas flores sólo pueden cultivarse si antes se sueñan; él las crea en su pensamiento cada noche, las riega con su cariño y en primavera florecen hermosas, grandes, bellísimas y coloridas.

- ¡Buenos días Ramón!
- ¡Buenos días don Leonardo!

Don Leonardo entra en las oficinas, el papeleo de las minas es a menudo interminable, pero Ramón no entiende de eso ni falta que le hace.

- Bueno preciosas, hoy os toca a vosotras, voy a podaros para que luzcáis bien bonitas en primavera. Parece que ya no va a helar así que venga, voy a quitaros ese traje viejo que lleváis para que podáis sacar vuestras nuevas hojas. Además, seguro que alguien os quiere para adornar a la Virgen, con que ya estamos tardando.

Ramón coge las tijeras y comienza la poda de las rosas con sumo cuidado, como la madre que por primera vez corta las uñitas de su bebé. Ramón canturrea "mi niña Lola" mientras hace su trabajo.



- Ay que ver lo que me gusta a mí "el Pepe Pinto", en cuanto pueda ahorrar unos duros me voy a verlo cantar.

El sol de febrero despunta arriba, bien alto, Ramón entorna los ojos y frunce el ceño mientras caracolea un bonito quejido en su garganta. Los oficinistas dejan el lápiz y el secante y se dirigen a las ventanas sigilosamente.

-¡Ramón está cantado! Susurra Julio a los compañeros que con sumo cuidado se desplazan para oírle, saben que si los ve, el jilguero cerrará su pico.

Martín le jalea en silencio imitando cada palabra que sale de la garganta de Ramón, que entusiasmado no se ha percatado del improvisado público que lo admira.
El jardinero termina la canción y deja la tijera por unos momentos,  ay..., qué día tan hermoso con este sol y la hierba apuntando fresca y verde. Así se olvidan las penas de una España que se tiñó de rojo líquido por el odio y la ignorancia de políticos manipuladores y envenenadores de pueblos. Ya pasó... Ojalá que nadie remueva estas cosas, ojalá.... Piensa Ramón mientras cambia las tijeras por la azada.

- Ramón, este año ha llovido bastante y el jardín va estar precioso, ya lo verá.
- Pues eso pienso yo don Leonardo, que con el agua que ha caído, la primavera va a ser mu buena y los animales se van a criar solos.
- ¡Tenga buen día y cuídese esa tos, hombre!
- Esto es un resfriaillo de ná. ¡Con Dios, don Leonardo!

Ramón se dirige a un arriate donde han nacido los jacintos y dentro de nada comenzarán a florecer. Allí hunde sus manos en la tierra húmeda y aparta las malas hierbas, piensa en como los hombres a veces se tuercen en su camino y acaban transformándose en "cizaña", como se le llama aquí a las hierbas dañinas. Su filosofía sencilla es a veces un libro de vida: "caminar sin hacer daño a los demás". Arranca otra hierba y silva una melodía.

- Cachis la mar..., cómo está esto de yerbajos y eso que los arranco casi a diario. Si es que no pue ser, las malas hierbas crecen hasta en las mejores familias.

Ramón sigue rumiando su letanía de quejas sobre la "cizaña" mientras acaba con ellas a buen ritmo. La mañana se va consumiendo y el estómago del jardinero reclama su sustento, en una talega de listas de lo más primorosa, aguarda el trozo de pan con morcilla que saciará el hambre creciente de nuestro amigo. Había adquirido su manjar el día de antes en La Parrilla, aprovechando que era domingo fue a tomarse unos vinos "an ca Hilario el del comercio" y compró unas morcillas que venían avaladas por muy buena fama.
Qué buen rato había echado allí en el salón del bar-comercio, siempre había alguien dispuesto a contar un chascarrillo divertido. Los hijos de Hilario eran más malos que un rajón, especialmente el chico, del que contaban ponía guindillas en la estufa... Demonio de nene.
Ramón acabó su tentempié y se incorporó a la tarea, echó un vistazo al camino plagado de transeúntes que iban y venían al comercio y al bar de al lado: "los Melgarejos"

-¡Ramooooon, que te se van a caer y te van a partí un pié hombreeeee! ¡Er tío que bien viveee!

Ramón se ríe con las ocurrencias de su amigo "er pirata", que siempre anda metiéndose con él porque dice que vive como un marqués. El pirata es minero del pozo Langreo, en La Parrilla, un accidente lo dejó tuerto de un ojo y el mote le cayó por derecho propio. Le gusta el aguardiente y el cante y de vez en cuando, Ramón le corta unas rosas para "la Agustina" porque el pirata se emociona con la bebida y le llega borracho más de una vez, cuando la mujer se harta lo echa de casa, aunque siempre acaba perdonándolo porque a pesar "del vicio" no es mal hombre.
El día transcurre en paz, la gente va y viene con carros, mulas y algún coche. Los trenes no paran en su incesante ir y venir, humo de máquinas que se mezcla con el sonido característico de las ruedas sobre las vías. Mujeres que cargan cántaros de agua a la cabeza y pesados fardos, son las "cosarias", que llevan mercancías diversas a quien no quiere desplazarse a por ellas. A Ramón le dan pena, algunas son mayores y sus piernas ya no están para esos trotes, pero así es la vida, hay que trabajar para llevar el pan a casa. Los guardias andan atentos para que nadie cruce las vías pero siempre se les escapa alguien, el mes pasado multaron a las mulas de Manolito, el hermano de Hilario. Puf, con el genio que tiene...
El jardinero vuelve a mirar las rosas, han quedado perfectas, el ingeniero asturiano le ha pedido que vaya a su casa porque no hay nadie como él para podarlas. Tiene unas manos mágicas para estas flores, pareciese que con sus caricias cobren vida los rosales. A Ramón no le importa, total le pilla cerca y es mejor no contrariar a los jefes. A veces sueña que le toca la lotería y se compra una casa como la del ingeniero, una bien grande con un jardín hermoso lleno de flores bien cuidadas. Después se iría a ver el mar que aún no conocía porque la mili le había tocado en Sevilla, allí había oído a los compañeros contar que el mar crece y se encoge dependiendo de si era mañana o noche, y que eso se llamaba mareas.
Ramón apartó sus sueños, a fin de cuentas no eran más que eso. Fue al cobertizo a dejar los aperos, allí se encontró con uno de los oficinistas que le dijo que lo requerían en la segunda planta para arreglar un desconchón que se había hecho por la caída de una estantería.

-¡Qué vida ésta, no le dejan parar a uno! Menos mal que lo mismo valgo pa un roto que pa un descosío. Lo malo es que tenía que pasarme por la casa el ingeniero..., bueno, si eso voy esta tarde.

Y Ramón se pierde por las escaleras de la Casa Encantada con sus pantalones raídos, sus manos surcadas de trabajo y una espuerta llena de herramientas destinadas a solucionar el desperfecto de la pared. Sube cargando sus sueños sobre unos hombros cansados, su nuca cubierta de canas se balancea a cada peldaño mientras los oficinistas lo animan a echarse una copla. El jardinero sonríe porque a pesar de todo, sabe que le escuchan a escondidas, es su pequeño momento de lujo en un mundo que se olvidó de él el día que rifaron la fortuna.

- Bah, qué más da. Yo soy feliz con mis rosas y mis cantes, que no es más rico el que más tiene sino el que menos necesita.

Y su pensamiento queda flotando en el aire, rebotando en las paredes de una casa que hoy ya no ofrece nada de lo que tuvo. Ramón vive entre las hierbas, ahí sigue cuidando las plantas, cantando por Pepe Pinto, filosofando con su sabiduría de hombre bueno. Sí, tenemos jardinero en Casa Encantada, para él este vídeo cargado de belleza y música. 

lunes, 23 de febrero de 2015

PIRÚ Y LOS REMENTEADORES


Sábado lluvioso, sábado de brumas y sueños, las niñas están inquietas y el gato ronronea abandonado a las caricias de Esther. De repente, la pregunta mágica.
- Tita Pitusa ¿Nos vamos de aventuras? Esther se frota la nariz y me sonríe.
- Pues....
- ¡Sí tita, sí por favor, venga que voy a por el transportin y metemos a Narizotas! -Apuntó Marta levantándose como un saltamontes-
- De acuerdo, preparadlo todo y poned al minino en su sitio, hoy saldremos a carretera así que no podréis sacarlo. ¿Me habéis oido? Les digo apuntándoles con el dedo.
Las niñas corren a por el transportin y se colocan sus chubasqueros y sus botas de agua mientras yo preparo una merienda a base de chocolate con almendras, galletas y zumos.
- ¿Listas? - Les pregunto cargando al hombro la mochila con lo que ellas llaman "pan del camino"-
- ¡Listas, tita! - Sonrisas XXL
Esther ha metido a Narizotas en el transportin que sigue ronroneando a sabiendas de que le espera una tarde divertidísima bajo la lluvia y en compañía de sus mejores amigas, Marta sonríe a la espera de que le de el móvil, ella siempre es la guardiana del mágico aparato.
Antes de irnos pasamos a recoger a un nuevo amiguito, es Iván, tiene once años y es un niño alegre y cariñoso que vive su infancia igual que mis sobrinas, disfrutando del maravilloso tesoro que otros a su edad, ya han perdido.

- ¡Papá, mamá que me voy de aventuraaaas! - Iván sale corriendo como un loco en busca de su chubasquero cuando le proponemos el plan para la tarde. Su cara refleja una felicidad sólo comparable a la noche de Reyes-
- Pero... ¿Vais de aventura lloviendo? No, no, no, mejor otro día Iván, hace frío y esta lluvia os calará hasta los huesos.- Dice la mamá del niño un tanto preocupada-
- Venga mujer, deja que se vaya, ¿qué iba a hacer solo aquí toda la tarde con nosotros? Seguro que con María José y sus sobrinas se lo pasa de miedo -Replicó el padre intercediendo a favor del sábado aventurero-
-¡ Sí, sí por favor mamiiiii! -Suplica el niño con cara de penita profunda-
Al final la mamá de Iván despliega una sonrisa y todos respiramos, eso significa que tenemos nuevo compañero desde hoy.

- Entonces ¡Eeeeeen marcha! -Les digo a los tres aventureros que corren a entrarse en el coche. La primera sorpresa para Iván se llama Narizotas-
- Iván, tienes que conocer nuestros secretos si quieres ser un aventurero pituso en toda regla- Dice Marta mientras pone al gato en brazos del niño-
- De acuerdo, contadme.
-Verás, -prosigue Esther- Cuando lleguemos al bosque lo primero que tienes que hacer es saludar a los Elfos ¿Hablas élfico?
- Pues..., no, no tengo ni idea.
- No te preocupes, nosotras te enseñaremos todo lo que necesitas saber. Mira, cuando lleguemos tú sólo di ¡Aiya mellon Eldas! Que significa: ¡Hola amigos Elfos! No olvides pronunciar la elle como dos eles.

Les miro por el retrovisor mientras les pido que vuelvan a meter a Narizotas en el transportín, salimos a carretera. Todos sentaditos y con sus cinturones siguen riendo y charlando, pronunciando palabras élficas que sólo ellos conocen y haciendo gala de una camaredería como no esperaba menos de los tres tesoros que llevo en el asiento de atrás.

- ¡Tita pitusa, música de aventuras please! -Habla Marta mientras de fondo se oye la risa de Iván y de Esther-


En unos segundos se hace un silencio esperado, los niños se dejan llevar por la melodía y observo a retazos sus ojos alucinados. Sus mentes viajan lejos del habitáculo del coche, están en bosques llenos de hadas, animales que van y vienen, un joven caballero, una reina, un castillo...Sueños infantiles en una tarde fría de invierno.

- Tita, ¿cómo se llama esta canción? - Pregunta Esther.
- La música de los dioses.



Y el silencio se reinicia tras un suspiro de Esther, la paz inunda mi reino, un reino donde las hadas tienen un nombre conocido y familiar.
La tarde se vuelve oscura, el cielo plúmbeo amenaza con desplomarse sobre nosotros, se cierra a derecha e izquierda extendiéndose entre los árboles y las pocas casas diseminadas en el monte. Tomamos el camino que nos lleva hasta la finca de Las Picazas y la lluvia da paso a un viento enfurecido que hace a los árboles inclinarse ante su majestad airada. El cielo sigue oscureciéndose y difuminándose en distintas tonalidades de gris, el personal del asiento trasero observa por las ventanas el espectáculo invernal. Comienzo a preocuparme, subo la calefacción porque el frío se hace pertinaz pero a la pregunta de si volvemos a casa, el no, fue rotundo y contundente.
De repente, algo blanco se posa en el parabrisas, sale despedido y se queda suspendido en el aire, inicia una danza al son del viento antes de caer al suelo y después desaparece. Otro más, otro... Está nevando.

- ¡Está nevando titaaaa!

Los niños pegan sus caras a los cristales embobados con la magia de la nieve, los copos son cada vez más grandes y numerosos pero ellos no quieren volver, desean bajarse para disfrutar del maravilloso espectáculo.

Llegamos y a penas paro el motor el gato ya está fuera, en unos segundos todos estamos de pie, colocándonos los guantes y cerrando bien la capucha de los chubasqueros para evitar que se cuele el frío. Ajusto las bufandas una a una, sólo veo naricillas rojas y ojos alucinados, afilados a causa de una sonrisa que permanece escondida bajos las ropas de abrigo. Miro que las botas de agua queden fuera de los pantalones y doy comienzo a la marcha. El gato va delante, saltando y retorciéndose en complicadas piruetas aéreas en busca del copo esponjoso que se le escapa entre sus manitas. Tiene el pelo salpicado de bolitas de nieve pero no quiere que Esther lo coja, prefiere ir andando. Bueno..., andando es un decir.
Bajamos una vereda inclinada y llegamos a un arroyo flanqueado por espeso monte bajo que nos dificulta el paso, Iván no duda en apartar el frondoso ramaje y abrir camino, ahora sólo queda pasar al otro lado.

- Está bien, yo iré delante - Digo examinando concienzudamente nuestras posibilidades. Entre la broza y el arroyo queda un angosto espacio resbaladizo que nos permite avanzar unos tres metros hasta el lugar donde se estrecha el cauce. Unas pizarras a uno y otro lado hacen de improvisado pasadizo, sin embargo, el espacio entre ellas es de casi un metro y hay que saltar.
Me quito el cinturón de los pantalones y lo ato por encima del chubasquero algo más arriba de la cintura, después, cojo a Narizotas y lo deposito dentro. El gato apoya sus patitas en el improvisado escalón que forma el cinturón y saca su cara sinvergonzona por el hueco que le deja la cremallera. Es hora de saltar. Primero arrojo la mochila que cae sin problemas al otro lado y luego sujetando con una mano al animal, cojo algo de carrera y me impulso. Caigo al otro lado sin dificultad, dejo a Narizotas en el suelo y ayudo a pasar a la chiquillería que loca de contenta ríe y grita ante la hazaña.
Un empinado camino se vislumbra entre el espeso monte. Caminamos observando como la nieve va depositando en la cúpula de los árboles una cabellera blanca que chorrea hasta las ramas más pequeñas. De repente, algo cruza como una exhalación, me detengo pero el gato corre veloz detrás de la extraña aparición.

- ¡Narizotas ven aquí! ¡Narizotas vuelve! -Los gritos de los niños no sirven de nada y el gatito se pierde entre la maleza. Preocupada pido que se esperen y me adentro en el monte; le llamo insistentemente pero no acude, así que decido volver junto a los niños para esperar un poco, guarecidos bajo el saliente de una roca. Al cabo de unos minutos interminables vemos un rabito blanco y negro que asoma entre las hierbas, en la boca trae una criatura que se agita y no deja ver exactamente su naturaleza, cuando la deposita en el suelo, un grito ahogado se apodera de nuestras gargantas.

-¡Un, un, un duendee! -Gritó Iván agachándose para recogerlo.


Un pequeño ser vestido con una túnica de hojas y musgo se debatía por soltarse de las manos de Iván, finalmente y ante la imposibilidad de escapar, se rindió. Tenía la carita muy negra y los ojos verdes. Estaba asustado.

- ¿Cómo te llamas? -Le preguntó Marta- No queremos hacerte daño, sólo hablar contigo.

El duende se frotó los ojos y con voz aflautada dijo:

- Soy un Trenti, un duende y vivo aquí, en el bosque. Iba a gastaros una broma cuando apareció el, el.... Bueno, tengo que irme que tengo prisa.
- ¡Espera! Le dijo Iván, ¿Qué es lo que has visto para que corrieses de esa forma? ¿El gato?
- No, el gato no, el gato tonto ese apareció después - Los niños se miraron ¡Había llamado tonto a Narizotas! - Es que....- prosiguió la criatura- por aquí hay Rementeadores, son peligrosos y corría a la cueva del viejo Pirú para refugiarme.
- ¿El viejo Pirú?- Pero..., no conozco a nadie por aquí que viva en una cueva, los ermitaños desaparecieron con la Edad Media y....- El duende me interrumpió-
- ¿Y esta listilla quien es? - Preguntó el Trenti señalándome-
- Ohmms es la tita pitusa, no te preocupes ya te acostumbrarás a ella- Dijo Esther mientras yo la miraba sin salir de mi asombro-

La nieve comenzó a caer en abundancia, el camino había desaparecido bajo un manto blanco que recordaba las estampas navideñas de la infancia. Me asusté porque esta vez habíamos llegado demasiado lejos.

- Ummmm, va a ser complicado que salgáis ahora de aquí. ¿Por qué no me acompañáis hasta la cueva? Pirú estará encantado de recibiros y estaremos calentitos y a salvo.- Propuso el Trenti-

Nos miramos, y tras la insistencia de la gente menuda, tuve que ceder. Dimos un largo rodeo, bordeamos roquedos que no recordaba haber visto antes, Esther llevaba a Narizotas en el chubasquero e Iván portaba al duende que calentito entre las manos enguantadas del niño, iba feliz silbando una hermosa melodía.

- Deteneos, es aquí. - Dijo el Trenti estirando los brazos.

Una cueva de piedra casi dorada apareció al apartar algunas espesas ramas cubiertas de nieve, la puerta era de madera y el tirador un trozo de raíz. Llamé y apareció un anciano de barba larguísima y grisácea, vestía una túnica blanca salpicada de hojitas verdes muy pequeñas, en su mano, un largo báculo que utilizaba a modo de bastón.

- ¡Pasad queridos amigos, pasad, os estaba esperando!- Dijo el anciano desplegando una enorme sonrisa-
- Chicos, dad las buenas tardes- Les susurré a los niños-
- Buenas tardes, señor- Dijeron al unísono-
- ¿Cómo sabía que vendríamos? No entiendo yo... - Le pregunté a Pirú-
- Querida amiga, yo lo sé todo de los que entráis en mi bosque. Acompañadme. - Dijo ceremoniosamente-

Esther dejó a Narizotas en el suelo que se lo estaba pasando bomba con el Trenti y un pequeño Trastolillo que se había unido al juego. Nosotros pasamos a una estancia preciosa, ocupada por sillas talladas con figuras florales y lo que parecía una mesa central con forma de rosa donde en el medio, ardía una fogata caldeando extraordinariamente el lugar. Iván se quedó atónito ante aquella fantástica mesa-chimenea.
Pirú se dirigió hacia la mesa e hizo que todos nos colocásemos alrededor. Abrió uno de los pétalos y sacó unos brillantes polvos azulados con los que espolvoreó el fuego, al instante, pudimos ver la carretera por donde habíamos venido, un señor en su coche saliendo de un cortijo cercano y de repente... Un extraño animal cuya visión nos aterrorizó, era un híbrido de mantis religiosa y araña. La parte delantera del animal estaba formada por la cabeza de la mantis, tenía unos largos brazos erizados de pinchos y unas manos terminadas en pinza. El cuerpo era redondo, negro y peludo, pero todos nos fijamos en el vientre blanquecino del que colgaban una veintena de crías amarillentas.

- ¡Dios mío! ¿Qué es eso? - Grité asustada retirándome de la mesa-
- Es un Rementeador- Dijo Pirú- Un ser maléfico, una de las criaturas más temibles del Bosque de la Sombra. Borra de recuerdos bellos vuestra mente y se los entrega al malvado Mago Negro, después, él permite que los humanos sin memoria sean devorados por el monstruo. Por estos parajes aún transitan algunos Faunos, seres guardianes de los bosques, semidioses de campos y selvas, conocedores de los secretos de la agricultura y los animales. Los Rementeadores temen su presencia porque tienen el poder de vaciar sus ojos y dejarlos sin su malvado don. Son de los pocos que se atreven a enfrentarse a un ser de estas características.
- Un momento señor Pirú - Dijo Marta- ¿Cómo ha llamado a este bosque?
- El Bosque de la Sombra no es éste, sino el que está al otro lado de los sueños, queridos amigos, en él habitan los seres sin esperanzas y está gobernado por el Mago Óminor, el Mago Negro de las sombras. Emplea todo su poder en intentar pasar a este lado pero sólo podrá hacerlo robando los pensamientos bellos de las criaturas, para ello, se sirve de los Rementeadores que tienen la facultad de saltar a esta realidad gracias a las pesadillas de los niños. Si os encontráis con uno no miréis a sus ojos o estaréis perdidos. El hecho de que esté aquí hoy no es casualidad, os ha intuido, sabía que vendríais a vuestras aventuras y os busca, os está buscando...

Iván me miró asustado y me cogió del brazo pidiéndome que volviésemos a casa. Las niñas no podían apartar sus ojos del horrible animal que se visualizaba en las llamas.

- Aquí estaréis a salvo hasta que los Faunos puedan devolverlo al otro lado. Sentaos, os serviré chocolate caliente, tortitas y dulces para pasar la tarde, después, cuando el peligro haya pasado, yo mismo os llevaré hasta el coche.
A un movimiento del báculo una nube rosada nos cubrió, el gato una vez más quiso atraparla entre sus manitas pero al despejarse, una mesa llena de magdalenas, tortitas, frutas caramelizadas y dulces de diversa especie rodeaban una fuente que manaba chocolate calentito. Todos nos miramos asombrados ante la magia de aquella tarde y acto seguido... Comimos mientras Pirú nos contaba historias de Hadas, caballeros encantados y Magos que un día fueron los señores del lugar.
Había entrado la noche y me preocupaba no haber vuelto a casa, Pirú consultó las llamas de nuevo para ver si el Rementeador había desaparecido, pero no, seguía merodeando los caminos que habíamos tomado. Me removí inquieta en mi asiento.

- ¿Ocurre algo, tita pitusa? - Preguntó Pirú.
- Sí Pirú, tengo que llevarme a los niños, ha caído la noche y sus padres estarán muy preocupados.
- No puedes hacer eso, no eres consciente del peligro que corréis- Me contestó con la cara visiblemente alarmada- Si sales ahí afuera, os atrapará, no sabéis nada sobre como defenderos de ese animal y lo que es peor, si os lleva al lado de Óminor, nadie podrá rescataros.

Los niños seguían jugando con los duendes y el gato ajenos a mi preocupación, mi reloj marcaba las siete y media de la tarde y había oscurecido por completo tras una cortina blanca de nieve incesante. El Rementeador seguía afuera y sólo se me ocurría una manera de salir de allí. A la entrada había reparado en una excelente colección de arcos, las niñas y yo somos buenas tiradoras y el blanco a batir es grande, podríamos intentarlo. Pirú al oír mi propuesta se puso las manos en la cabeza.

- ¿Pretendes salir ahí fuera con tres niños y unos arcos para enfrentarte a un Rementeador tú sola? Créeme muchacha, eres una insensata, no imaginas el peligro que entraña salir a la nieve con un cazador como ese animal. Vuestras huellas le guiarán hasta vosotros. Deja que los Faunos se ocupen de él.
-¡Pero los Faunos no aparecen y yo tengo que llevar a los niños a sus casas! Pirú ¿No lo comprendes?

El anciano suspiró - Está bien, os proveeré de mis mejores arcos y flechas y además quiero que os llevéis esto- Depositó en mi mano una campana de cristal con una bellísima flor rosada en su interior-
- Es la flor de Sandáe, si estáis en peligro la liberas y las criaturas del bosque acudirán en vuestro auxilio. Cuando la liberes, cuidado de no pincharte con alguna de sus espinas o tu alma volará con ella.

Nos despedimos de Pirú y de los duendes prometiendo volver cuando el tiempo mejorara, acto seguido, nos adentramos en la oscuridad del bosque. Al andar, las botas se hundían en la nieve hasta los tobillos, la imagen del entorno no parecía la misma de hacía unos minutos, es como si algo o alguien le hubiera robado la belleza. Los niños no habían advertido que a medida que avanzábamos, nuestros pasos iban cerrando el camino y tanto éste como las huellas, desaparecían sin dejar indicio alguno de que antes allí hubiese habido una senda. Frente a nosotros, sólo penumbra, extraños sonidos y árboles cubiertos de nieve.
Seguimos caminando, pero el paisaje se hacía tortuoso y cambiante, de repente, el silbido de una flecha nos obligó a mirar hacia el sitio desde donde provenía el sonido. Vimos a Iván sobre una roca húmeda, arco en mano y disparando a un extraño y enorme ser que avanzaba hacia él. Veloces, montamos las flechas y comenzamos a disparar, al fin, aquel monstruo se dejó ver por entero. Allí estaba el temido Rementeador frente a nosotros, con ocho patas rapidísimas que dotaban al animal  de una extraordinaria rapidez. Sus ojos rojos y brillantes se posaron en Esther que presta le lanzó una flecha privándole de uno de ellos, enfurecido, aquel ser se abalanzó sobre ella pero Iván se interpuso en su trayectoria y se enganchó a una de sus pinzas.

- ¡No Iván!- Gritó Esther que seguía lanzando flechas sin que hicieran merma en aquel enorme monstruo-

El niño trepó por el brazo con la idea de llegar hasta el ojo que le quedaba intacto y cegar al animal, pero éste fue más rápido y lo atrapó con la otra pinza. Narizotas arañaba y mordía una de las patas del Rementeador pero a él no parecía importarle. Impotentes, presenciábamos como el monstruo acercaba a Iván hasta las crías ¡Iba a servírselo de merienda! De repente, el brazo que atrapaba al niño comenzó a elevarse y fue dirigiéndose hacia el ojo que el animal aún conservaba. Marta tuvo una idea y nos colocamos justo bajo el vientre del monstruo comenzando a disparar a las crías, mucho más vulnerables que la madre. Cayeron dos, tres, cinco….El Rementeador emitió un gruñido que nos hizo enloquecer, parecía que los oídos nos fueran a estallar de un momento a otro. Como esperábamos, soltó a Iván que cayó desde una altura superior a dos metros, sin embargo no contamos con un enorme haz de luz enceguecedora que salió del abismal ojo de aquel ser; la luminiscencia nos envolvió y nos dejó sin sentido. Un sueño tibio y dulzón se apoderó de todos, incluido Narizotas; no luchamos, por el contrario nos dejamos invadir por el letargo. Las fuerzas al fin nos habían abandonado no sólo a causa de la azarosa batalla librada contra un espécimen que escapaba a todas luces a nuestro entendimiento, también por el duro discurrir entre un sinuoso paisaje de árboles retorcidos y terreno abrupto surcado por aguas bravías y cubierto de una nieve que posibilitaba el avance a duras penas.

De repente, tomamos conciencia y abrimos los ojos, junto a nosotros había un hombre alto y silencioso, con la tez pálida y los ojos pequeños y hundidos, la barba cerrada era negra y larga dándole aspecto de desaliño. Al hombro llevaba una zamarra de musgo seco y los pies protegidos con sandalias recubiertas de piel de lobo. En la mano derecha portaba una flauta, era el sonido que sumidos en aquel estado gaseoso habíamos estado escuchando.


- Amigos – Dijo – He de irme, os dejo en buenas manos. – Sin más, dio media vuelta y se marchó –

Estábamos confusos, nos incorporamos y pudimos ver que no estábamos en el bosque y que el monstruo había desaparecido. Nos hallábamos junto al coche cuando de repente aparecieron unos extraños seres de apariencia mitad humana y mitad animal, pues sus cuartos traseros se correspondían con los de una cabra.

-¡Son Faunos! Gritó Esther.

Se acercaron y nos hablaron.

- Habéis tenido mucha suerte, os habéis enfrentado a una de la criaturas más peligrosas y temibles del bosque pero si estáis con vida, debéis agradecérselo a Narizotas, fue él quien pudo liberar la flor de Sandáe y de este modo la voz de auxilio llegar hasta nosotros.

Nos miramos sorprendidos y agradecimos a aquellos seres su intervención. Preguntamos quién era el señor que aguardaba a nuestro lado hasta que despertamos, era "el Musgoso" otro ser mitológico del bosque. Antes de marchar, el que parecía de mayor edad se dirigió a mí.

- Esperamos volver a veros pronto por estos bosques, Pirú me ha dado esto para ti. -Depositó en mi mano una réplica pequeña de la mesa que vimos en su cueva, dentro ardían unas llamas y pude ver la cara del anciano sonriendo.
- Necesitarás esto también- Dijo el Fauno dejando en mi mano una bolsita de tela- Cuando vengáis, consultad antes las llamas y así no correréis peligro.-Añadió-

Nos despedimos de ellos, el coche avanzaba y los niños agitaban las manos en un adiós que era más un hasta pronto. Los Faunos se difuminaron en la oscuridad y nosotros llegamos por fin a nuestro hogar.
Antes de separarnos, Marta toma la palabra.

- Tita, Iván se incorpora a las aventuras ¿Verdad?
- ¡Por supuesto que sí! - Contesto - ¡Queda usted fichado!

Todos en casa, a salvo y felices. Aventura superada.


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Esta obra está protegida por las leyes de copyright y tratados internacionales. Número de Registro Propiedad Intelectual: 1803146136508

sábado, 21 de febrero de 2015

OTOÑO Y LA LLUVIA

Desde esta ventana oigo el incesante sonido de la lluvia y el viento. Veo a nuestra casa sola y desnuda bajo la lluvia que la horada y erosiona cada vez más; el tejado es ya casi inexistente por la parte trasera y la chimenea aparece desprotegida, erigida hacia el cielo, susurrando a las nubes un lugar en el infinito.
Las gentes pasan guarecidas en sus abrigos espesos, bajo paraguas multicolores que disimulan la monocromía del sábado lluvioso y gris. Los cristales se empañan, el frío ha comenzado en un lugar donde debería estar prohibido tiritar. Es el sur, ese sur colorido de calle y compañía risueña bajo el toldo de una terraza y a la luz del dorado vino cordobés.
Hace frío, la carretera que va a la casa está desolada, sombría, inhóspita...los mastines que habitualmente vienen a buscar sus caricias hoy no están. Aún es pronto para nosotros, no es el momento del frío, aún no. Sin embargo, los días pasarán envueltos en tules grises y vientos helados y las gentes nos acostumbraremos a la nueva estación que invita a los recuerdos al calor de la leña en un cortijo en mitad de la dehesa. Es entonces cuando el calor del alma sale y entibia el entorno, es entonces cuando nuestro cuerpo se prepara para recibir las heladas y los ojos del corazón transforman los cristales de hielo en catedrales góticas.
No me gusta el invierno pero al final mi alma acaba aceptándolo, envolviéndolo en su seno y soñando nuevas aventuras con las niñas, los amigos, con vosotros...
La casa me mira con ojos de soledad pero me susurra palabras de esperanza.
-"Yo fui la que fui, ahora vosotros me otorgáis una vida que no esperaba"
Y su ruina parece sonreírme desde el manto de lluvia enfurecida.




Safe Creative #1012298157150 Artículo inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual con el Código: 1012298157150. Prohibida su copia o reproducción.

viernes, 20 de febrero de 2015

UNAS ALAS PARA EL ALMA.


Hoy el sol navega indolente sobre las sierras y los hombres. El cielo azul cartulina protege su atrevimiento y anima a soñar a los corazones encogidos por el invierno, un invierno duro con las sierras y con los hombres.
Mi alma se estira a la espera de unas alas que aún no ha conseguido, las necesita para volar y perderse en la neblina de los deseos, de lo contrario busca aromas en vientos pasados. Introspección poco recomendable, aunque sea un modo de conocer y de existir.
Un día como éste puede socavar los sueños, el sol como techo y el frío en abrazo mortal no es el mejor de los ambientes para pensar, ni siquiera para ahondar en sentimientos y hacer el esfuerzo de mantenerse alegre. Sentimientos y felicidad no es siempre el binomio perfecto, de hecho los primeros se vuelven grises en cuanto el tiempo los agita, la presencia inesperada, el recuerdo materializado en el presente..., ahoga la fragilidad de la alegría. Débil alma es la que se permite la mirada al pozo negro del ayer reciente y lo rescata. Pero lo hago.Se hace pensando, excavando los túneles del tiempo y extrayendo sensaciones que hoy no tienen valor en el mercado del sentimiento, la balanza se inclinó del lado contrario y el peso se llevó mi corazón. Tampoco él tiene alas ¿Qué puedo hacer entonces? "Andar a ras de tierra" me diría quien sabe y conoce mis aturdimientos.
Tal vez el contacto con la tierra caliente la carne dormida, es la tierra quien finalmente me acogerá cuando duerma eternamente, pero ahora... Quizá ahora sea mi modo de volver al presente, al futuro, más allá..., y cortar los hilos que envenenan mi alegría. Sí, sobre ella nace la hierba verde y fresca de la Primavera, el renacer de los mundos y la vida que finalmente nos arrastra a la transmutación. Tal vez al otro lado del invierno esté yo, de nuevo, con la mirada en el horizonte, bajo los estrellas y sobre los recuerdos. También hay paz en éstos, a veces...
El pasado es como el humo, cuando se aleja no escuece a los ojos pero si el viento cambia... Te envuelve y doblega, obligándote a cerrar las ventanas a la vida, sumiendo todo en una oscuridad fugaz pero hiriente, impidiendo ver otras manos que intentan abrir tus cerrojos.
No hay valor en andar hacia atrás, por eso mi alma necesita sus alas para flotar entre las caricias de un viento fresco y favorable que me devuelva la fe. Si eres tú quien la otorga, ¿por qué me devuelves los años?

jueves, 19 de febrero de 2015

EL INVIERNO EN CASA ENCANTADA

Me asomo a la ventana y el gris se cuelga de mi retina castigada por la luz del ordenador. Las escorias de minas casi azulean bajo el plomizo cielo en compentencia; color inexistente, neutro alterado por las emociones. Dicen, que las emociones se echan fuera cerrando una ventana, cierro la mía. Regreso al fondo de la habitación nívea, abro el armario y me coloco ropa de abrigo en color bruma, a juego con el día. Camino por el campo escuchando cómo bajo mis pies la hierba cruje, sobre los pastos el hielo ha tejido encajes de formas caprichosas que al contacto con mi aliento se desdibuja y licua. Vaya..., prefería el traje de filigrana a las lágrimas cálidas. 
Ateridos, los pájaros han callado en su canto, sólo el viento se atreve a levantar la voz en el paisaje vaporoso de Casa Encantada. Las imágenes son grises, como el cuello de los palomos, como las panzas de ciertas  nubes, como el ánimo de los legionarios de Roma a las puertas de Numancia, como el alma de algunas personas que una vez atravesadas por el odio, sólo vomitan maldad en cualquiera de sus variedades. Prefiero el alma limpia de mis preciosas sobrinas porque su color es el de los pétalos de flor en Primavera, como sus mejillas en verano, como su sonrisa limpia todos los días del año. Las quiero tanto...
El sol tiene miedo esta tarde, no se atreve a abandonar el regazo gaseoso que lo contiene. Me detengo, millones de perlitas milimétricas se posan en mis cabellos, es como si del cielo bajasen cristales diminutos que enredados en las gentes y las cosas ponen brillo a la monocromía reinante. Me pregunto si la princesa aguantará en pie muchos más inviernos.
En esta casa puede verse el discurrir del agua por los arroyos, baja borboteando camino a ninguna parte. Antes, cuando este lugar estaba rodeado de vida, las aguas tenían un trayecto y el pueblo perdido en las dobleces del tiempo y la memoria, recogía su fluir para darle vida. Ya nada queda del pueblo de los abuelos, sólo anécdotas que pasan de boca en boca destino al corazón de quien quiera oírlas. Se regalan sonrisas.
Debería volver, a lo lejos las luces se ven difuminadas, son como globos amarillos que temblorosos se suspenden en la neblina. Fantasmas de luz ambarina en medio de las calles.
Adiós Casa Encantada, hasta mañana. Tal vez esta noche o mañana por la noche, Dios te corone de nieve y cubra así tu cabello ralo y destartalado. Bonito tocado para una princesa de siglos.
Brumas celtas en el sur de España, cambian los tiempos pero no la esencia.

miércoles, 18 de febrero de 2015

MOMENTOS DE REFLEXIÓN




Siempre aconsejo que en la medida que vamos leyendo los pequeños relatitos, pinchemos en los vídeos que vamos encontrando y sigamos leyendo, eso hace que nos introduzcamos de lleno en la aventura. Hoy os sugiero un momento de relax, es un día tranquilo de un jueves sin demasiados problemas.

Veo la niebla desde la puerta acristalada, es de esos días que el alma se recoge a esperar caricias. 
La niebla está envolviendo los coches que tengo frente a mi puerta, desearía escaparme de aquí y volar a la sierra, ese lugar al que me siento tan fuertemente conectada. Llevarme un lápiz y un cuadernillo para plasmar allí mis emociones frente a la visión del monte a mis pies, adivinando el oscuro verde tras los tules de la niebla, sintiendo las perlitas de agua en mi cabello y subiendo los cuellos de mi anorak para resguardarme de un frio que lejos de molestarme, me reconforta y me hace sentir en contacto con la naturaleza que me rodea. Quien sabe, igual hay un Trastolillo escondido a la espera de que mi ensoñación lo despierte y poder jugar. Sonidos de hojas secas movidas por el viento llegan hasta mis oídos. El campo se humedece y el sol mortecino regala destellos de cristales a los ojos del transeunte.
La niebla tiene para mí un toque de ensoñación, velos de Avalon que se expanden en la salita donde a veces leo para mis sobrinas las leyendas del Rey Arturo. Nos quedamos con ella, repletas de magos y bellas reinas pero prometo traeros la auténtica historia de este rey. Ahora, cerremos los ojos en mitad de la niebla, Merlín se acerca, el castillo de Camelot abre sus puertas para nosotros en esta mañana nebulosa de magia y fantasía. Una princesa se asoma al lago, chssst, puede vernos...


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sábado, 10 de enero de 2015

SOL DE INVIERNO

Casa Encantada permanece bajo el velo del invierno, imitando a la vida cuando el sol tímido acaricia su carne húmeda. Éste sol no tiene tiempo, ni sustituye a oscuras hogueras que ya nadie recuerda. Es un sol débil, un sol que se sonroja cuando ve a la dama. Es posible que el astro dore sus sienes descarnadas, les dará color hojas de otoño para que parezca diferente, como si quisiera así devolverle vida. El cielo tiene barras rojas, es un mar de pétalos llevados por pájaros, apoyados en en el viento. Bajo él, la casa enseña a los Hombres, cómo no morir.

Foto cedida por mi amigo Julián Moyano.


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