martes, 20 de noviembre de 2018

BELLEZA

Dicen que la belleza es perezosa, pero quien no la ve en la palabra no puede valorar el prodigio. Y el susurro que vive en la mañana, exacto al canto secreto de los dioses, es maravilla que resucita la existencia. Es belleza, mas no perezosa. 

El abrazo que salva del abandono pone calma a la vida y entre los huesos del silencio recompone figura nueva. El viento que resiste a los gritos, el cielo al que se aferran los vivos, el fruto que se arranca a la tierra. No es tan solo hermosura, es perfección. 

El corazón que sale de los escombros busca bondad, caminos lo llevan a ningún sitio y cuando al fin aterriza en el suelo, solo le queda tiempo y tierra. Hay quien dirá que no es bello, como si el tiempo no fuera éxito contra el desaliento, como si todos los fracasos no quedaran muertos. Qué sabrán ellos de lo que salva la lindeza. 

Yo comprendo estas cosas aunque a veces las olvide por minutos y los días distintos a este se llenen de fatiga densa y derrota. Es como besar llorando, la boca escucha palabra por palabra y luego calla. Y cuando el estrépito de la carcajada pinta un aro iris sobre el vacío, entonces, belleza gana. 

Definitivamente, el mal que arde a tiempo da lugar al sueño, a la exquisitez, al amor sin gusanos, al fin de todo lo que duele…. Pero es sabido que si descubres todo esto, ya no podrás vivir como si nada. A mí, desde luego me basta.



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domingo, 18 de noviembre de 2018

EXIT 17

Casi no queda espacio entre sus piernas y la puerta, a eso hay que añadir maletas, bolso, libro y un abrigo que dificulta extraordinariamente sus movimientos. Marina no odia, a Marina le fastidian los cuartos de baño de las estaciones de tren porque todos son estrechos, todos están llenos de señoras anónimas malhumoradas y todos funcionan a medias.
Cuando al fin consigue recomponer sus ropas, mira a la parte superior de la puerta y  hacia el centro lee: "EXIT 17" . Se queda pensativa, con la mano apoyada en el picaporte y la mente en escapada. EXIT 17, ¿qué querrá decir? Alguien protesta en el exterior y sale de su ensoñación, camina distraída buscando algún asiento cerca de los paneles informativos de salida y llegada de trenes mientras gentes desconocidas la sobrepasan.
EXIT 17, todavía retumba en su cabeza y no puede dejar de darle vueltas al grabado de la puerta. Marina regresa de su hogar, un hogar hecho de brazos alrededor de su cuerpo, de noches bajo la protección cálida de una sonrisa. Ahora, de pie frente al panel de luces amarillas se pregunta si va o viene de casa.
El megáfono anuncia la salida del tren para Madrid, Marina no odia, a Marina no le gusta Madrid. Odiar es para siempre, pero lo que no te gusta hoy lo puedes amar mañana. Es como el fastidio, siempre es pasajero, el odio sin embargo..., es eterno.  No, Marina nunca dice: "odio esto o aquello", no, Marina no odia. Allí está, de pie, con sus pantalones de Charlot y su abrigo ligero que dificulta las cosas simples, pensando en la salida 17, como si la vida solo tuviera un número exacto de salidas.
Se lleva una mano al cuello, aún quedan besos colgando de la piel e instintivamente se roza los labios. Besos de su hogar particular que la hacen sentir menos sola. 
La salida del tren destino a su ciudad es inminente, no es la vía 17, pero Marina suma sus números y el resultado es 8, la vía en la que aguarda su tren. ¿Cómo se puede salir cuando se viene de llegar?
El día avanza,  el tren avanza, la vida avanza y solo sus pensamientos emprenden viaje al pasado.  ¿Qué ocurre con los amores que pasan? Ocurre que no fueron, y ahora, ese espectáculo de piruetas imposibles que laceraban el alma, ya no existe. Nunca existió.
Marina fija la vista en un paisaje que cambia con el parpadeo, es vertiginoso, como los ágiles labios  que explotan en la piel y despiertan la sangre.  Cierra los ojos y el corazón reclama los abrazos que libran del desamparo, los que saturan de caricias los resquicios del alma, los que le hacen recinto sagrado donde nada malo pasa. Marina duerme, duerme sin miedo, sin ira, con el hallazgo aún caliente del sentimiento que salva la vida.
EXIT 17, con destino a la ilusión.

martes, 25 de septiembre de 2018

FRENTE A MÍ

Hay sonidos, palabras, música que dispara a los goznes del corazón impidiendo que te des la espalda a ti misma, que rompe en pedazos los pocos retazos de cielo oscuro que te quedan. 

Mi corazón era flor atrapada en un libro, ahora tiene la cara amarilla de las margaritas asomadas a un tiempo acumulado, a sentimientos fermentados que cierran heridas y abren miedos. El miedo…, el miedo es la falta de belleza que petrifica el alma, es algo remoto que palpita en lo profundo del ser transformándose en silencio. Aún cuando la sangre grita henchida de gloria, las palabras se coagulan y parapetan tras el miedo. 

Imposible escapar del bullicio del amor, lo recuerdo perfectamente y también la sombra y la fiebre que roba la vida cuando pierdes la memoria. Pero qué hacer cuando el amor arde en la boca, cuando el alma es más alma y la luz orbita en la cresta de tus días. Qué hacer… ¿Volver a ser piedra? 

Solo estoy viva, puede que todo sea irreal y me esté viendo reflejada en un sueño que no es mío, o puede que me queme de locura y rompa las bridas del corazón. 

Suena la música como un huracán y cuando termina, siento ganas de llorar.

Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento ya sea electrónico o mecánico, el tratamiento informático, el alquiler o cualquier otra forma de cesión de la obra sin la autorización previa y por escrito del titular del copyright. Código de registro: 1908281789692

lunes, 17 de septiembre de 2018

OTOÑO EN EL GUADIATO.

Cosas maravillosas, cosas de eternidad que rompen el pacto con el verano para renacer en otoño. Rosados los días salpicados de gente contenta que gasta los ojos mirando a las nubes. No se cansan de mirar el raudal de luz viva que apagará la sed de la tierra y las pardas encinas. La brisa madrugadora pone la piel de pie y bendice las praderas y las magnas besanas preparadas para la fecundación. Hay hombres en el campo, fatigados rostros sobre la tierra consagrada que espera un año más el milagro del pan y los animales. 

Y sonarán los arroyos que pondrán el verde loco y el rojo reventón mientras el sol abre la cola de pavo real. Otoño en el Guadiato, delirio de colores en los cielos de santa Bárbara donde el minero olvidó su lámpara y ahora es fantasma desamparado que se mece entre las ruinas. Este cielo se vacía sobre tejas agrietadas y chimeneas ásperas que sueñan con volver a ser niñas, pero alrededor, todo es pasto envejecido. 

Este valle sigue siendo nuestro y también el agua que cae de los sollozos del cielo, aquí la sierra no se llena de polvo, sus frutos bendicen gargantas que duermen hijitos y llenan de dulzura la esperanza a golpe de verdades piadosas. 

Estos cielos, ladrones de miradas, tienen pupilas color del universo y cada noche, rondan castillos en vigilia desde siglos. Cada aurora pura y santa lleva prodigio sobre estas tierras de amor inmenso y plenitud. Otoño en tierras cordobesas llenas de deseos invencibles y corazones echados a los caminos, esos que el rocío trémulo despierta del divino sueño de la tarde. 

Mirad arriba y poneos los collares de nubes, son de terciopelo y vuelven arco iris los relámpagos. Sentaos aquí, en este lugar que podría ser otro y lo es para quien abandona, sentaos bajo la fiesta del crepúsculo que derrama el otoño entre los árboles y los nonatos del Guadiato.

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viernes, 14 de septiembre de 2018

Un encuentro con los Ojáncanos.

En Casa Encantada todo era un ir y venir de habitantes que tras las vacaciones retomban su rutina. El mago Pirú ensayaba nuevos hechizos, don Leonardo Peinacanas ordenaba la biblioteca y la seño Yolanda había comenzado sus clases. Todo estaría bien si no fuera porque dos de sus alumnos aún no habían aparecido. Al principio y tratándose de la lagartija Matilda, la seño pensó que sería una más de sus trastadas, pero le sorprendió que tampoco hubiera aparecido Plumillas,  el chico encargado de las noticias de Casa Encantada, un ratón espabiladísimo que que quería ser periodista y se pasaba la vida entre periódicos, reportajes y salidas al campo para sacar las mejores fotografías.
Al ver que habían pasado tres días y los chicos no aparecían, Yolanda pensó que lo mejor era hablar con Pirú, así que se dirigió al sótano dónde el mago tenía su laboratorio de genialidades.
- ¡Buenos días, Pirú!
- ¡Buenos días, pequeña! ¿Qué te trae por aquí?
- Verás, como bien sabes, las clases comenzaron el lunes y todo iba bien hasta que me di cuenta de que me faltaban dos alumnos.
- ¿Y bien?- Dijo el mago dejando sobre la encimera un tubo lleno de nubes azules-
Plumillas y Matilda vinieron a principios de semana, pero no han vuelto. Hoy, es viernes y estoy preocupada.

Pirú se mesó la barba, todo lo que tuviera que ver con la lagartija era un problema porque era extremadamente aventurera y desobediente.

- ¿Has hablado con don Leonardo Peinacanas? Plumillas le deja los periódicos a diario en la biblioteca. -Preguntó Pirú-
- Sí, pero no sabe de él desde el lunes a mediodía que estuvieron comiendo juntos. Al parecer tenía en mente un reportaje especial para publicar en Navidad, pero no sabe nada más.
- No te preocupes, Yolanda, saldremos y encontraremos a ese par de golfillos.

La seño sonrió, sabía que al mago no se le escapaba nada y que daría con los alumnos. Yolanda pasó toda la mañana enredada con las clases y preparando cartas para los padres donde informaba de las actividades previstas para el curso.
Lejos de allí, Matilda y Plumillas, ajenos a la preocupación de sus amigos, estaban inmersos en su propia aventura.

- Tengo que comprar el periódico, Matilda, un segundo por favor. - Dijo el ratón a su amiga-
- ¡Venga ya! ¿Ahora te vas a parar  a eso?
- Tenemos que estar informados de lo que pasa en nuestro mundo ¿O quieres ser una lagartija ignorante?
- Vale, pero no tardes, si quieres fotografiar Ojáncanos no podemos quedarnos mucho tiempo aquí.

Plumillas se dirigió a una caseta de madera que había en el bosque y al poco regresó con varios periódicos.

- Les echaré un vistazo rápido, quiero saber cómo va la bolsa. -Dijo-
- ¡La bolsa!Mejor preocúpate de la de cacahuetes que le robamos a Benito y Blasito de la despensa, si nos quedamos sin provisiones tendremos que volver y enfrentarnos a su genio. - Exclamó la lagartija fastidiada-

Imagen extraída de https://needlefeltedart.blogspot.com/2012/02/frankie-newspaper-boy.html, si deseas adquirir este ratón, puedes hacerlo accediendo al enlace. 

- ¿Pero qué te pasa? Llevamos varios días andando y ni rastro de los Ojáncanos, ¡menuda guía! ¿Y ahora te enfadas porque quiera leer un poco? - Contestó el ratón-
- Está anocheciendo, no podemos quedarnos cerca del camino, listillo.
- ¡Pues vigila! Y si viene uno me avisas... - Le espetó el ratón molesto-
- Vale, pero te advierto que aquí hay muchos peligros y tenemos que estar en la cabaña de don Martín Roedor antes de las nueve o nos meteremos en un lío.

Enzarzados en la discusión no escucharon el crujir de ramas a su espalda.

- ¡Que sí, pesada! 
- Ni te muevas - Susurró la lagartija- No te muevas si no quieres acabar en el estómago de un Roblón.

Un peligroso árbol Roblón desplegaba sus ramas amenazadoras, dispuesto a dar caza a los despistados visitantes. Suerte que la lagartija lo vio a tiempo de salir huyendo. 

- Pero..., ¿qué es eso? -Preguntaba el ratón mientras corría como alma que lleva el diablo-
- ¿No querías ver Ojáncanos? ¡Pues este es su primo!, y esos ojos terribles que ves son los de una doncella que se tragó hace mucho tiempo y que está atrapada en su interior. ¡Corre si no quieres ser el próximo!

Lejos de allí, la seño Yolanda decidió visitar a Benito Mondanueces y Blasito Comebellotas, eran amigos de Plumillas y tenían un grupo musical llamado Ratons Stone con el que deleitaban a los habitantes de Casa Encantada y sus alrededores. Tal vez ellos podrían darle información valiosa sobre el paradero del ratón y la lagartija.

                      Imagen extraída de https://www.livemaster.ru/topolino. Los ratoncitos son propiedad de Оksana Caccioppoli.  https://www.livemaster.ru/topolino

- ¡Hola chicos! Quería haceros una pregunta, ¿podéis atenderme?

Benito estaba enamoradísimo de la seño Yolanda así que nada más verla se puso coloradito.

- ¡Oh!, pasa, pasa, estábamos organizando unas cosas.... -Habló Benito mientras se quitaba velozmente un delantal-
- Somos todo orejas - Añadió Blasito ofreciendo asiento a la seño-
- Veréis..., hace días que no vemos a Matilda por aquí, tampoco a vuestro amigo. ¿Sabéis algo que yo no sepa?

Los ratones se miraron y eso puso en guardia a Yolanda.

- Chicos, no sabemos nada de ellos desde el lunes, por favor, estamos muy preocupados. 
- Verás... -Farfulló uno de los ratones- Plumillas quería hacer un reportaje sobre Ojáncanos y convenció a Matilda para que fuera con él.

Al oír aquello, Yolanda se puso en pie alarmada.

- Blas, ¿estás seguro? Eso es muy peligroso y Pirú no tiene constancia de ese viaje.
- Completamente, nos hizo prometer que no diríamos nada, pero también estamos preocupados después de tantos días. Teníamos pensado hablar con Pirú.
- ¿Tenías pensado hablar con el mago? ¿Cuándo? Hoy, mañana... ¡Tendríais que haber hablado el mismo día que os comunicó tamaña locura! - Gritó la seño muy enfadada.
- Lo sentimos mucho...-Susurró Blasito-
- ¡No tenéis ni idea del peligro que conlleva visitar esas tierras!

En ese instante, algo rojo y redondo cayó de una mesa que estaba detrás de los ratones y rodó hasta los pies de Yolanda que sorprendida lo recogió.

- Esto..., ¿esto es un tomate? - Preguntó confusa-
- Sí..., son los que nos tiraron en nuestra última actuación, en la Cuesta los Gatos. -Habló Blasito totalmente avergonzado-

A Yolanda le hizo tanta gracia el comentario que comenzó a reír sin parar, olvidando el enfado que hacía unos minutos la había consumido.

- ¡Pues tienen una pinta estupenda! Creo que me llevaré varios para la ensalada de esta noche.

Esa propuesta hizo que todos rieran y olvidaran la tensa conversación de hacía unos minutos. 
La ratoncita salió y fue rápidamente a hablar con Pirú para contarle lo sucedido, pero a medio camino se encontró con el mago.

- ¡Yolanda, tengo algo importante que contarte! - Dijo nervioso mientras enarbolaba una bola de cristal en la mano derecha-
- ¡Y yo!
- Bien querida, tú primero.
- He hablado con Blasito y Benito y me han dicho que Plumillas y Matilda han ido a ver Ojáncanos para hacer un reportaje.
- Eso quería comentarte, he consultado mi bola de cristal y he podido ver a ese par de insensatos en las tierras bajas. Mis sospechas sobre cómo habían llegado hasta allí se confirmaron cuando doña Pepita, la ardilla de la caseta de la vía, me dijo que los vio el lunes por la noche tomar un tren. 
- Pues nos llevan mucha ventaja... -Comentó la seño apesadumbrada-
- No te preocupes, no hay nada que un mago no pueda solucionar. Nos vemos mañana a  las siete y media en la puerta de Casa Encantada, llevaré todo lo necesario así que no cargues con nada que después pueda ser un estorbo.

A muchos kilómetros de Casa Encantada, Plumillas y Matilda entraban en casa de don Martín Roedor, un amigo de la lagartija y de Pirú.

- Así que vais a ver Ojáncanos. ¿Y se puede saber para qué? - Preguntó don Martín ajustándose las lentes-
- Quiero hacer un reportaje sobre esos monstruos, no creo que sean tan fieros. ¿Sabe? - Contestó el ratón por lo bajo- Pienso que todo eso que cuentan es un poco exagerado y quiero desmentirlo.

Matilda, que había luchado contra ellos, se puso las manos en la cabeza.

- ¡Por todos los dinosaurios! ¿Que no son fieros? ¿Está usted escuchando don Martín?
- Si, sí, amiga... Mira chico, esos seres son más que fieros, si te atrapan no te dejarán hueso sano. Eso si no te comen...., así que no te conviene acercarte demasiado a ellos.

Al oír aquello, el ratón se estremeció. 

- Bueno, bueno, me bastará con un par de buenas fotos. - Aclaró - y los testimonios de quienes se han enfrentado a ellos.
- Una cosa más -Habló don Martín señalando con un dedo a sus invitados- ¿Esto lo sabe Pirú y os deja venir solos?

Matilda iba a contestar, pero Plumillas se adelantó.

- ¡Oh, sí! ¡Ya lo creo! Como Matilda está acostumbrada a tratar con esos monstruos, no puso ninguna pega.
- Ya... -Contestó el viejo ratón sin demasiado convencimiento-

Antes de ir a la cama, lagartija y ratón reponían viandas en la cocina y ultimaban detalles de su plan.

- Le has mentido a don Martín - Susurró Matilda- Cuando Pirú se entere de todo esto nos va caer la bronca del siglo. ¿Sabes? ¡Serías un político estupendo!
- Tú tampoco le has dicho la verdad, así que estamos en paz.
- ¡Ah, no! ¡No me líes! ¿Sabes que los políticos están los segundos en los escalones del infierno?
- Pues no, graciosita  ¿Y quienes son los primeros?
- ¡Los periodistas! - Exclamó Matilda fastidiada.
- ¡Y las lagartijas son sus guías! 
- ¡Serás ...zurupeto!
- ¡Uy lo que me ha dicho! ¡No pienso volver a llevarte al cine!
- ¡No me importa! ¡Me cuelo por las ventanas!- Matilda terminó la frase sacándole la lengua--

En ese momento la luz de la cocina se encendió.

- ¿Pero se puede saber qué son esos gritos? - Preguntó don Martín- 
- Mil perdones, don Martín, Matilda y yo discutíamos sobre el plan de mañana - Se adelantó Plumillas-
- ¡Pues discutidlo en voz baja porque son las doce de la noche!
- Descuide, no haremos más ruido - Le aseguró el ratón-

Y por fin, en la cabaña se hizo la paz y el silencio...., de momento.

A la mañana siguiente, en Casa Encantada, Yolanda y Pirú se encontraban en la escalinata de acceso. El mago entregó a la seño un arco y un carcaj cargado de flechas.

- Pero..., Pirú, ¡solo he tirado dos veces!
- Bien, pues tendrás oportunidad de tirar una tercera. ¡Y hasta una cuarta! Tu arco tiene 36 libras, será suficiente. ¡En marcha!

Salieron de la casa y cuando estaban en mitad del bosque, el mago giró el báculo y una nube espesa y brillante los envolvió haciéndolos girar a una velocidad vertiginosa. Cuando todo paró, se hallaban a las puertas de una cabaña.
- Esta es la cabaña de Martín Roedor, pude ver en mi bola de cristal cómo entraban aquí.
La puerta se abrió y un sorprendido ratón les dio la bienvenida.

- ¡Pirú! ¡No te esperaba! - Exclamó mientras abrazaba a su amigo-
-  Martín, venimos buscando a Matilda y un joven ratón que la acompaña, se llama...
- Sí, sí - Interrumpió Roedor- Acaban de marcharse, pero..., me dijeron que tú sabías que estaban aquí.

Pirú y la seño Yolanda se miraron asombrados.

- Ese par de pillastres te han engañado, Martín, ninguno sabíamos las intenciones que tenían - Contestó Pirú-

Tras hacer las presentaciones e intercambiar algunas palabras, Pirú y Yolanda siguieron el camino que su amigo les había señalado. Iban derechos a la cueva de Tierrascura, donde vivía uno de los Ojáncanos más temidos de las tierras bajas.

- Están locos si piensan que pueden ver a ese ser y salir de allí por las buenas. ¡Matilda me va a oír! - Dijo el mago enfadado-

A tan solo tres kilómetros de esta conversación, Plumillas y Matilda llegaban a un claro, al fondo, una cueva poco iluminada de la que salía un olor nauseabundo. El ratón se adelantó cámara en mano dispuesto a sacar la mejor instantánea cuando la lagartija le detuvo.

- ¡Para! No entres, puede estar dentro la Ojáncana y es casi más peligrosa que su compañero. Daremos un grito y nos esconderemos detrás de aquellos arbustos para que puedas sacar tus fotos.

Cuando se disponían a poner en marcha el plan, un enorme ser rojizo tan alto como un árbol, con colmillos temibles y afilados y un solo ojo en la frente apareció ante la vista de los amigos. Sujetaba una enorme piedra  y estaba encaramado sobre el montículo de la cueva. Tenía diez dedos en cada pie y su barba era poblada, sucia y muy descuidada. En medio se entreveía un pelo más grueso en color blanco.
El Ojáncanao es una criatura malvada que vive en cuevas junto a la Ojáncana. Son maléficos y su presa favorita son los niños que se pierden en el monte, solo pueden ser neutralizados si se les arranca el pelo cano de la barba, pero antes, hay que cegarlos.
Imagen extraída de Internet, si eres su autor, por favor deja un comentario y un modo de contactar conntigo.


- ¡Ay por todos los dinosaurios, Plumillas no te muevas! - Susurró por lo bajo Matilda-
- ¡Qué ser más espectacular, Matilda! ¡Voy a hacerle una foto!

Cuando saltó el flash, el Ojáncano se puso como loco y arrojó la piedra sobre los intrusos, solo la rapidez de reflejos evitó que alguno saliera herido.

- ¡Estás loco! ¡Has enfadado a este bicho y ahora no parará hasta darnos caza! - Exclamó Matilda histérica-

La lagartija montó su arco y comenzó a disparar sus pequeñas agujas contra el monstruo sin que ninguna hiciera mella en su espesa piel. Aquello enfureció mucho más al Ojáncano que de un salto se colocó delante de los asustados aventureros. En un movimiento rápido y certero, atrapó al ratón por la cola.

- ¡Matilda, ayúdame! ¡Ayudaaaa! - Gritaba mientras observaba en primer plano las temibles fauces de la criatura-
- ¡Ay madre que se lo come!

La lagartija, desesperada, sacó de su mochila la flor azul con la que se podía comunicar con Pirú, su salvación dependía de la rapidez con la que pudiera llegar el mensaje, aunque el panorama no pintaba nada bien.
Yolanda y el mago caminaban rápido cuando escucharon gritos.

- ¡Es Plumillas! - Dijo la seño llevándose las manos a la boca-
- ¡Por aquí! - Señaló Pirú-

Al llegar al claro se encontraron con la dantesca imagen.

- ¡Pirú! Gracias a Dios que has venido - Dijo la lagartija aliviada al ver a su amigo-
- Ya hablaremos tú y yo tranquilamente, jovencita. Ahora hay que salvar a Plumillas de ese monstruo.

El Ojáncano había abierto la boca y el ratón estaba desapareciendo dentro, la situación se había torcido bien.

- ¡Yolanda, disparemos a las manos! ¡Rápido! - Ordenó Pirú-

Una lluvia de flechas cayó sobre el animal, una de ellas se clavó en la mano que sujetaba al ratón y en una sacudida fortísima lo soltó y fue a parar al suelo desde una altura considerable. El monstruo, enfadadísimo, se quitó las flechas y se giró dispuesto a destrozar a sus atacantes, pero el mago alzó el báculo y lo inmovilizó.

- ¡Corred! ¡El hechizo solo durará unos minutos, este animal es demasiado fuerte! -Gritó Pirú-
Pero Plumillas seguía en el suelo.

- ¡Vamos, levanta tenemos que irnos! - Le gritó Matilda-
- ¡Me duele mucho el brazo! - Contestó con un gesto de dolor-

El mago se agachó, recogió a ambos y los entró en uno de sus bolsillos mientras salían corriendo para alejarse todo lo posible. Cuando pensaron que ya estaban a salvo,  se detuvo y depositó en el suelo a los aventureros.

- Os reñiré luego, ahora veamos ese brazo, pequeño.

Inspeccionó al ratón detenidamente para finalmente comprobar que en la caída se lo había roto.

- No te muevas, te lo arreglaré.
- ¿Me va a doler? ¡Ay, ay, ay!
- ¡Pero si no te he tocado todavía, diantres! - Exclamó el mago sorprendido-

Cogió el báculo y lo acercó hasta el brazo del ratón, una luz rosada brilló en su extremo y con ella envolvió la extremidad. El mago había cerrado los ojos y murmuraba unas palabras inaudibles.
Yolanda y Matilda observaban en silencio y a cierta distancia el trabajo de magia. En unos minutos, Plumillas pudo volver a moverse con normalidad.

- ¡Es fantástico! ¡Gracias Pirú! - Exclamó feliz-
- Bien..., ahora sigamos camino, ya tendremos tiempo de hablar. - Contestó muy serio el mago-

La vuelta a Casa Encantada no fue muy divertida, Pirú no quiso emplear su magia e hizo que todos caminaran hasta el tren, y había un buen trecho. El tenso silencio solo se rompió cuando al fin llegaron a su hogar.

- Bien, os quiero a todos en mi despacho en media hora - Ordenó el mago-
- Pero Pirú, tenemos hambre y no hemos descansado apenas, por favor.... - Suplicó Matilda-
- En media hora, he dicho.

Era la primera vez que veían a su amigo tan enfadado, la gamberrada había ido más allá de lo que estaba permitido en Casa Encantada. Ya en el despacho:

- Habéis puesto en peligro vuestra vida, la de mi amigo Martín y la de la seño Yolanda, como comprenderéis no podemos dejar pasar por alto una gamberrada de este calibre.

La seño Yolanda permanecía de pie en la mano del mago, asintiendo a cada palabra.

- Los Ojáncanos, Roblones, Culebres, etc.., son seres muy peligrosos y solo un experto puede provocarlos y salir con vida de ese encuentro. Habéis tenido suerte de que vuestra profesora se preocupe tanto de vosotros porque de lo contrario, ahora mismo no estarías aquí para contarlo.

El ratón y la lagartija escuchaban avergonzados.

- Y dadle las gracias también a vuestros amigos Blas y Benito, si no nos hubieran contado vuestras intenciones, no habríamos dado con vosotros. - Añadió Yolanda-
- ¿No vais a decir nada? - Preguntó Pirú.

Matilda dio un codazo al ratón que la miró sorprendido.

- ¿Se te ha comido la lengua el gato? Para querer ser periodista te quedaste sin palabras, listillo. - Susurró maliciosamente la lagartija-
- Pues tú dejas mucho que desear como arquera, ¡so petarda!
- ¡Me ha dicho, petarda! ¡Pirú!

Tanto el mago como la seño asistieron atónitos a la discusión de los traviesos amigos. No querían reírse, pero la situación era cada vez más cómica.

- De no haber sido por mí, no habrías visto los Ojáncanos y no habrías hecho las fotos. - Dijo Matilda-
- ¡Y tú no te habrías apuntado otra aventura! Además, el monstruo me cogió a mí y no a ti.
- Ohhh, ¡qué pena que no te haya comido! ¡Orejotas!
- ¡Vale ya! - Gritó el mago haciendo que callaran al instante- Como castigo, Plumillas tendrá que escribir el mejor artículo de su vida sobre Ojáncanos y otros seres peligrosos del bosque y tú, Matilda, tendrás que ayudarle a maquetar y sacar un buen periódico para esta semana. Quiero las mejores noticias. Después, contaréis a vuestros compañeros lo que no debéis hacer jamás con esos monstruos. ¿Entendido?

- ¡No quiero trabajar con él! - Gritó Matilda.

La seño, cansada de tanta protesta, bajó de la mano de su amigo  y se dirigió a los desobedientes alumnos, cogió de la oreja a Plumillas y de la cola a la lagartija.

- ¡Y ahora os vais a dar un abrazo de verdad o los dos estaréis fuera de esta casa en menos que se dice miau!

Aquella amenaza fue lo peor de todo, ¿qué harían ellos sin sus amigos? Así que finalmente se miraron, se abrazaron y rieron recordando todas las trastadas que habían hecho desde que salieron un lunes de su hogar y hasta que regresaron para... ¿no volver a hacer ninguna más? Eso... Ya lo veremos.

A la semana siguiente, Plumillas repartió los periódicos y como habían prometido a Pirú, él y Matilda explicaron a sus compañeros los peligros que había en el bosque. La seño hizo muchas preguntas que casi todas fueron contestadas por la simpática lagartija mientras el ratón presumía de lo lindo de sus fotos y sus "heridas de guerra". Al fin..., la normalidad volvía a Casa Encantada.

La ratoncita de fieltro es propiedad de Johana Molina, puedes visitar y adquirir sus diseños aquí: 
https://www.etsy.com/people/feltingdreams

Obra registrada, queda prohibida su copia parcial o total y su reproducción sin permiso expreso y por escrito de la autora. Código de Registro número: 1905240986376


miércoles, 29 de agosto de 2018

MIEDOS

“Aquí paz y después gloria”, dice la razón a los miedos, pero los miedos nacen en la sombra, cuando el alma aletargada deja pasar el milagro de la luz. El miedo vela lo que no pasa, es inútil en su esencia, pero venenoso para los sentidos porque vive en un futuro que no llega, oprimiendo la esperanza y la vida. Sensaciones indefinibles y rumores del corazón son envueltos por un miedo sofocado que se cuela por los resquicios del alma en ebullición. Es un saqueo de felicidad, torpe y doloroso para el que no hay alivio posible. 

Permíteme, miedo, que no haga costumbre de ti, que el silencio seguro sea arrancado de mi boca, resucitando la palabra y la vida. No hagas daño, no eres figura de cuerpo y beso aferrándote a otro cuerpo que no te pertenece, solo eres un naufrago enganchado al aliento de los muertos. Eres el fruto del fracaso que se defiende con adioses. 

Áspero miedo de memoria sucia, lo que perdí ya no volverá a mi mano, pero tranquilo…, solo es pasado y el pasado es olvido. Ahora, hay que poner la vida al fuego y avanzar con tu aliento en la nuca, como si a Dios le bastara el esfuerzo para deshacerse de ti. 

Desnudos e inocentes, corazones caen en las garras del miedo, lívidos guardan besos tras los labios a la espera de ser devorados por la esperanza, esa revolución que llena de olas las calles, frágil pero caliente, capaz de provocar las repentinas ganas de llorar. 

Vete, miedo, busca tu inmortalidad en las palabras ya muertas, aquellas que no harán mensaje ni huella en la carne. Vete y no vuelvas.

Esta obra está protegida por las leyes de copyright y tratados internacionales. Código de registro:  1808208084537

lunes, 20 de agosto de 2018

TIEMPO

Como una flor de sal, el tiempo se va deshaciendo entre las manos y lo que importa: la compañía, lo humano, la ternura, la certeza…, se valora cuando el cansancio llega a nuestras noches dulces, amarillas de cosecha recogida, fruto de un mundo sembrado en primavera.
El amor puro es lo único que resiste al tiempo, era tras era inmortal e invulnerable. A veces, diminuto en los labios e infinito en la sangre, se vende a las caricias de Eros allá donde el dios se eterniza. La nueva cosecha trae besos en rama bajo el cielo rutilante, risas de cuerpos temblorosos idealizados por la inocencia, vida sobre mortaja.
No hay freno al tiempo excepto el amor que hierve entre corazones, adorados de “te quieros” y alejados de los mármoles que ponen fin a los años. Dejad que vivan y rían cuando el amor cubre las bocas y la vida ruborosa quema en la punta de los dedos. ¿Es un sueño la vida? ¿O es un sueño el tiempo? 
El tiempo…, está temblando de alegría cuando se ama sin duelos y se fecunda el Universo. Parirá más tiempo, más amor perdurable frente al temor y lo mundano, que no es más que guerra perdida en pañuelos llenos de lágrimas. 
Querer, pero no de amor corriente, sino de amor eterno como mar interminable que se cuela en las venas incontenido, inexplicable y gritón. Y entonces, el tiempo vaporoso quedará suspendido en el instante, indeciso y sometido a todo lo que es y será perdurable.

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