viernes, 11 de diciembre de 2020

PREPARANDO LA NAVIDAD con intrusos en el jardín.

Como cada año por estas fechas, los habitantes de Casa Encantada se reunían para decidir los adornos navideños. No había días más esperados en el calendario porque significaba, no solo participar en la decoración, sino ratos divertidísimos y meriendas aún mejores tras finalizar las tareas.
Blasito y don Leonardo decidieron ir a avisar al mago Pirú que estaba enfrascado en un hechizo que no acababa de salirle, al llegar a la puerta de su lugar de trabajo, una luz brillante emanaba de ella. Solía ocurrir siempre que el mago trabajaba en sus cosas. 
Últimamente le había dado por crear luces muy brillantes que se sostuvieran en el aire, quería darles una sorpresa a sus amigos por Navidad, pero algo fallaba. Tras tender la red mágica y brillante, aguantaba unos segundos y se desvanecía. Algo fallaba, pero no sabía qué. En eso estaba cuando tocaron a la puerta.

- ¡Pirú! Vamos, deja lo que sea que traigas entre manos. ¡Ha llegado la hora de adornar Casa Encantada! - Dijo Blasito, el ratón cocinero que había preparado junto a Benito, la mejor merienda que se recordara en años- 
- ¡Un segundo, por favor! -Pirú hizo desaparecer las luces que había creado y salió para encontrarse con sus amigos- Bueno, pues vamos  junto a los demás y veremos qué se les ocurre para esta Navidad.

Se dirigieron al salón donde se reunían los habitantes de la casa. Habían empezado una discusión de si era conveniente o no poner luces en el exterior. Smaugui era partidario de adornar tanto exterior como interior, de ese modo podría ver Casa Encantada iluminada desde su cueva. En cambio, Teresa Recetillas pensaba que era mejor limitarse a los adornos interiores. Envueltos en su particular discusión, no vieron entrar al mago.

- Bueno, bueno, veo que habéis empezado sin mí.
- ¡Pirú! -Exclamó Bizcocho que lejos de opinar, estaba dando buena cuenta de un bocadillo de chocolate- Yo opino que hay que traer más chocolate.

El comentario del ratón goloso hizo reír a todos. ¡Solo pensaba en dulces! Pero había un trabajo que hacer y rápido se reunieron en torno al agradable fuego que desprendía la chimenea.

De repente, una música entrañable recorrió el salón de esquina a esquina. La Navidad había llegado a Casa Encantada, no sin la habitual discusión entre Plumillas y Matilda, que no se ponían de acuerdo en los villancicos. 

- ¡Bien! -Exclamó la seño Yolanda- Ahora sí podemos ponernos manos a la obra. ¿Quién me acompaña a la buhardilla a por las cajas?
- ¡Oh, permíteme! ¿Para qué queréis un mago en esta casa? - Dijo Pirú divertido-

El mago giró su báculo, dijo unas palabras mágicas y las cajas comenzaron a llegar una a una. Los habitantes de Casa Encantada aplaudieron mientras ordenadamente se iban colocando unas junto a otras en la alfombra.

- Bien, veamos qué tenemos - Dijo el mago-
- ¡Un momentoooo! - Matilda acababa de llegar a toda prisa seguida de Plumillas- Ahora ya estamos todos.

Las cajas se fueron abriendo una a una y la revoltosa lagartija, cada vez que se descubría alguna con espumillón, se metía dentro porque las cintas le hacían cosquillas y además le dejaban una pátina de brillo muy divertida sobre su bonita piel verde. Hasta que...

- ¡Socorro! ¡Plumillas! ¡Pirú! 

Se había liado en un espumillón y no podía salir, todos sus esfuerzos solo servían para enredarse más y hundirse en el fondo de la caja.

- ¡Matilda! ¿Dónde estás? - Preguntó Plumillas elevando la voz-

Había muchas cajas, una a una fueron vaciando su contenido hasta que en una apareció la lagartija totalmente cubierta de brillantina roja, blanca, azul.... Y enredada en un espumillón gordísimo que hacía que apenas se le viera.

- ¡Pero!... ¿Se puede saber porqué te metes ahí? - Preguntó Pirú - ¡Todos los años la misma historia! ¡Pero qué animal más tonto!

La lagartija fue liberada por sus amigos y continuaron con su misión que no era otra que descubrir todos los adornos y decidir qué poner.

- Chicos ¿Qué os parece si pongo esto en la chimenea? - Propuso Teresa- 
- ¡Oh! Precioso - Apuntó Yolanda-


- Qué maravilla, Teresa, te ha quedado muy bonito - Le dijo don Leonardo-

La tarde transcurría tranquila, fuera hacía frío pero Smaugui se encargaba de mantener la casa calentita con sus llamaradas. Él se encargaba también de colgar los adornos del exterior de la casa y de los árboles. La verdad es que le estaba quedando de maravilla.

Bizcocho estaba colgando unos adornos en el árbol cuando advirtió algo o alguien correteando por el jardín. Se frotó los ojos, pensaba que veía alucinaciones, pero no... ¿Cómo era posible que el culebre no lo hubiera visto? ¿Y la campana de protección de la casa? ¿Había fallado? Estaba absorto en sus pensamientos cuando una mano se posó sobre su hombro y dio un respingo.

- Lo siento, no quería asustarte - Le dijo Plumillas-
- ¿Has visto eso? - Le espetó el ratón señalando con su dedo a la ventana-
- No... ¿Qué has visto?
. No lo sé, algo se estaba moviendo en el jardín y no era Smaugui.
- ¿Estás seguro? Nadie puede traspasar la campana de seguridad de Pirú. Si has visto algo es que la campana ha fallado. No digas nada y vamos al exterior. ¡Pero suelta la galleta por el amor de Dios!

Los ratones se dirigieron afuera con la excusa de recoger algunas hierbas y ramas de eucalipto, de paso echaron un vistazo para ver qué ocurría.

- ¿Dónde lo has visto exactamente? - Preguntó Plumillas-
- En el camino.

Estaba oscureciendo, las sombras de los árboles se proyectaban sobre la hierba y formaban figuras fantasmagóricas. A eso se unía el silencio que sumía al bosque en las noches próximas al invierno.

- Se ve un resplandor al fondo y si no me equivoco viene de la cueva de Smaugui, es raro que no esté aquí, ha dejado la decoración de los árboles a medias. - Advirtió Plumillas- Vamos a ver qué pasa.

En ese momento, alguien se unía a los exploradores.

- ¡De aquí no se va nadie sin mí!

Matilda aparecía con su arco dispuesta a lo que fuera para descubrir lo que sea que estuvieran buscando.

- ¿Me contáis qué pasa? - Preguntó la lagartija-
- No lo sabemos -Contestó Bizcocho- He visto algo o alguien corriendo por el jardín y queremos saber. A eso hay que añadir que Smaugui está lanzando llamaradas como un loco en lugar de estar adornando la casa por fuera.

Matilda palideció al escuchar aquello, si un intruso había podido entrar en la Casa desconociendo las palabras mágicas, es que la seguridad creada por el mago estaba fallando. ¿Estarían en peligro?  Los tres amigos se encaminaron hasta la cueva del culebre que se empleaba a fondo lanzando fuego en todas direcciones.


- ¡Smaugui! ¡Para, para! ¡Somos nosotros! - Gritó Plumillas-

El culebre paró de escupir fuego y se irguió sobre sus patas traseras. De su nariz salía un humo denso que olía a azufre.

- ¡Hermano! Tienes que lavarte bien los dientes. ¡Puf qué peste! - Exclamó Matilda sacudiendo su mano de derecha a izquierda-
- ¡Hola chicos! ¡Hay un intruso en la casa! Lo he visto y he empezado a lanzarle fuego, pero no sé dónde se ha metido. Corrió en esta dirección - Dijo señalando al este de la cueva que le servía de casa-
- Yo he visto algo también, por eso hemos venido -Contestó Bizcocho-
- Es un hombre - Se apresuró a hablar de nuevo Smaugui- Viste con ropas de colores llamativas y con ese atuendo de verdad que no puede haber ido muy lejos.
- Un momento... - Levantó las manos Plumillas para tomar la palabra - ¿Le has lanzado fuego sin preguntar si quiera quien es o qué hacía aquí? Smaugui.... ¿Y si es un mago amigo de Pirú?

El culebre enmudeció, de repente cayó en la cuenta de que se había dejado llevar por su celo de proteger a sus amigos y ni siquiera se había tomado la molestia de averiguar qué hacía allí ese hombre.

- Oh...,vaya. -Balbuceó retrocediendo unos pasos- Tienes razón, no he preguntado.
- Volvamos a casa, es tarde ya. Mañana seguiremos con la búsqueda. Esperemos que no le haya pasado nada. - Propuso Plumillas-

Preocupados, volvieron a la Casa, no sin antes recoger unas ramas de eucalipto para adornar las mesas y así disimular su ausencia.
Al día siguiente, nada más desayunar se pusieron a adornar puertas y pasillos. Pirú se dio cuenta de que Bizcocho, Pirú y Matilda traían algo entre manos porque hablaban bajito y gesticulaban constantemente, pero por una vez quería estar tranquilo. Si había problemas, tarde o temprano se enteraría. Es lo que tenía aquella casa que las alegrías y los problemas eran cosa de todos.

- Creo que deberíamos echar un vistazo fuera mientras los demás están entretenidos con los adornos - Propuso Bizcocho-
- Yo traigo mi arco, no se sabe qué podemos encontrar - Dijo Matilda-
- Muy bien, he avisado a Smaugui para que nos espere en su casa. En marcha. Dijo Plumillas- ¡Pero deja las galletas, Bizcocho!


Smaugui los recibió nervioso, había visto de nuevo al hombre merodeando por los alrededores. Esta vez intentó acercarse amistosamente pero este nada más verlo salió como alma que lleva el Diablo. Lógico después del recibimiento del día anterior.

- ¿Crees que puede ser peligroso? - Preguntó Matilda-
- No lo sé. Yo lo vi asomándose por una de las ventanas del salón ayer por la tarde. Salió corriendo y todo lo demás ya lo sabéis - Dijo Smaugui-

Los cuatro amigos recorrieron los alrededores, pero ni rastro del extraño que los había  llevado hasta allí. Regresaron a la casa donde Pirú los esperaba. 

- ¿Me vais a contar qué está pasando? 

Pirú sabía que tenia que ser grave si los tres amigos iban con arco y además Smaugui olía a azufre. Implicaba que había utilizado su fuego recientemente y quería saber porqué. Le explicaron lo que vieron el día anterior y el mago puso el grito en el cielo.

- ¿Me estáis diciendo que un intruso se ha saltado la seguridad de Casa Encantada y anda merodeando por los alrededores? -¡Insensatos! ¡Debíais haberme avisado! 
- Tranquilo Pirú, estamos vigilando por si aparece de nuevo - Habló Matilda-

El mago los llamó aparte y les exigió que le contaran todo desde el principio. Luego revisó la campana de seguridad. Nada, todo estaba en orden. Se tomaban junto a la chimenea un menta poleo para relajarse cuando de repente algo se vio por la ventana.



Se miraron asombrados. ¡Elfos! ¡Eran elfos! En ese momento vieron a Smaugui cruzar como una exhalación. ¡Se mascaba la tragedia! 

- ¡Smauguiiiii, noooo! - Gritó Pirú saliendo al jardín apresuradamente-

El culebre al oír la voz del mago se paró en seco. Estaba confundido así que esperó a que sus amigos se acercasen.

- ¡Son elfos, Smaugui! ¡No puedes chamuscar elfos! - Gritó Plumillas!-
- No sé qué son esos enanos extravagantes - Dijo el culebre con cara de enfado y señalando por donde los personajes se habían perdido corriendo-

Matilda abrió los ojos tanto que se le saldrían si no parpadeaba en dos segundos.

- Hermano.... Tienes un lío morrocotudo con la historia de la Navidad. A ver: ¿Sabes quién es Santa Claus? Papá Noel para los coleguitas. El tío de la Coca-Cola, vamos.

El culebre asintió con la cabeza.

- ¡Pues son sus ayudantes! ¡Gaznápiro! - Exclamó Matilda enfadadísima-


- Bueno, vamos a calmarnos - El mago levantó las manos en señal de paz- Ahora tenemos que saber dónde están y pedirles disculpas. Luego saber qué necesitan, no es casual que estén aquí.
- ¡Estos no son los que vi el otro día! ¡Hay otro! ¡Un hombre! Ya os lo dije. Pero hoy..., pues hoy han aparecido esos.... - Dijo Smaugui enfadado y confundido-
- Tiene razón el culebre. No es lo que vimos ayer. - Salió Bizcocho en su ayuda-
- Pues entonces estamos como al principio - Se lamentó el mago- Plumillas, tú y Matilda id a buscar a los elfos e invitadlos a casa. Deben estar asustados. Bizcocho y Smaugui, seguidme, voy a consultar la bola de cristal para saber qué está pasando.

Se quedaron mudos. Pirú no solía consultar la bola, era peligroso, pero esta vez lo consideraba necesario. No sabían quién podía estar ahí fuera ni qué intenciones tenía. El extraño artefacto estaba en su laboratorio, pero el mago no lo quiso utilizar en la casa así que lo envolvió en un paño y lo llevó lejos. 
Smaugui y Bizcocho estaban atentos a todos los movimientos de su amigo. Se sentaron en la hierba y el mago dejó la bola en el medio, acto seguido pidió a sus acompañantes que se dieran la mano para cerrar un círculo en torno a ella. Enseguida una llamarada blanca y brillante salió de aquel artefacto, Bizcocho se sobresaltó y estuvo a punto de soltar la mano de Pirú, pero este lo sostuvo. El mago, cerró los ojos y dijo unas palabras que ninguno pudo entender, al instante, la nube entró de nuevo en la bola y comenzó a dar vueltas en su interior hasta que se fue difuminando y apareció una imagen nítida dentro. Era un paje real, un paje de SSMM los Reyes de Oriente.

- Ahora sí que la he liado buena...- Susurró Smaugui- No me van a traer nada de regalos, Pirú...
- ¡Tranquilo! Hablaremos con él y le diremos lo que ha pasado. - Intentó tranquilizar Bizcocho a su amigo-

En ese momento, Plumillas y Matilda volvían con los elfos y, ¡sorpresa! Con un paje real vestido con ropas verdes y ocres muy brillantes. Smaugui salió corriendo y se escondió en su cueva, no hizo caso de las llamadas reiteradas de Pirú y sus amigos, prefirió esconderse muerto de la vergüenza.

- Queridos amigos, primero quiero disculparme por lo que ha pasado. Y disculpar a Smaugui, que en su celo de protegernos no supo ver que sois seres mágicos. - Dijo Pirú dirigiéndose a los elfos- Ni tampoco supo distinguir  a un paje de SSMM de Oriente. Lo lamento profundamente.

El paje tomó la palabra.

- Acepto las disculpas, pero he tenido que cambiarme de traje dos veces porque ese culebre tiene una puntería...

Todos se rieron. Matilda fue corriendo a ver a su amigo que estaba desconsolado pensando que no le traerían nada de nada. Se había portado fatal. La lagartija trataba de animarlo, pero no había manera. Tampoco lo pudo convencer para que se acercara a la casa y colocara las últimas guirnaldas en los balcones exteriores.
Esa tarde, hubo una fiesta en honor de tan ilustres invitados, pero antes Pirú quiso saber qué les había traído hasta Casa Encantada.

- Pues verás - Dijo uno de los elfos- Simplemente, descansar. Venimos de muy lejos y vamos a Madrid, a solicitar a Su Majestad el Rey el permiso especial para que Santa pueda atravesar el cielo español sin problemas. Y para que SSMM los Reyes de Oriente, puedan entrar en España sin ser detenidos. Con esto del COVID, los humanos tienen restricciones, ya sabéis. 
- No hay muchas casas mágicas de aquí a Madrid que digamos -interrumpió el paje- Así que decidimos pedir que nos dierais habitación aquí.  Lo demás..., lo conocéis. Salio Smaugui y me chamuscó, así que pensamos en volver hoy a ver si teníamos más suerte.
- Pero... ¿Habéis dormido al raso? - Preguntó Bizcocho-
- No, tenemos nuestras propias tiendas, pero no son tan cómodas como una habitación. - Dijo un elfo-
- ¡Ni tan calentitas! - Aclaró el otro-

Tenéis que hablar con Smaugui, está muy triste porque cree que no tendrá regalos - Les informó Matilda- No quiere venir a la fiesta, ni quiere comer, ni salir de su cueva.

Los mágicos visitantes no dudaron en visitar al culebre, al que encontraron llorando como una magdalena. El paje de los Reyes Magos le contó que no pensaban castigarle, solo pedirle que la próxima vez, antes de lanzar llamaradas se asegurara de que no había peligro para nadie. A Smaugui le encantó oír aquello y como buen zalamero que era, se brindó para llevarlos hasta Madrid, de ese modo, haría méritos para tener buenos regalos.
Con tanto mago por allí, la decoración de la casa acabó rápido y quedó muy bonita, por no hablar de la red luminosa de Pirú, que con ayuda de sus nuevos amigos, pudo conseguir que se mantuviera en el aire.

- ¡Bravo! - Gritaron los amigos de Casa Encantada que estaban muy contentos con la visita de los elfos y el paje-

Entonces, el paje de S.M Melchor, se dirigió al centro del salón y pidió un poco de atención a todos.

- Queridos amigos, los elfos de Santa y yo estamos muy agradecidos por vuestro recibimiento.

- ¡Recibimiento caluroso! -Gritó Smaugui provocando la risa de todos-

- Sí, ¡muy caluroso! - Rio el paje - Y por eso queremos que llevéis un mensaje a todos los niños del mundo: Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente y su amigo Santa Claus podrán llegar a todos los hogares sin ningún problema. Que no tengan miedo, que no pierdan la ilusión y que duerman tranquilos porque este año ellos han sido, con diferencia, los que mejor se han portado. 
Los niños han respetado las normas mientras los mayores hacen caso omiso, lo que significa que el carbón va a llegar por toneladas a los hogares españoles. ¡Pero no para los niños! Sino para aquellos jóvenes y adultos que se han portado fatal. Esperamos que tengan estufa, porque van a tener carbón para un año entero. ¡No pongáis esas caras! Si de aquí al 24 o al 6 de enero reconducen su conducta, tendrán algún regalito. Solo los niños con su corazón limpio pueden obrar el milagro, así que estaremos muy atentos a ver qué nos cuentan en sus cartas. Y ahora... ¡Todos a cantar! ¡Feliz Navidad! 

- Plumiiiiiiiis, ¡baila conmigo que esta me gusssta mucho!. Matilda se puso a girar como una loca en torno a Plumillas y a mover la colita hasta que el ratón se animó a bailar. Lo que no consiguiera esa lagartija...



- ¡Chicooooos, algo en español, que estamos en la tierra de Cervantes! - Gritó el mago que bailaba con la seño Yolanda y Bizcocho-


Y mientras sonaba el Burrito Sabanero, la esperanza se extendió por la casa más mágica del Guadiato. Y salió a borbotones por las puertas recorriendo los pueblos y ciudades de España, diciendo a todos los que tuvieron el corazón abierto, que este año los Reyes y Santa traerían el tesoro más preciado: LA SALUD. 
Feliz Navidad a todos, no perdáis la esperanza jamás y si alguna vez no la encontráis, solo tenéis que mirar la cara de un niño. Allí vive.



lunes, 16 de noviembre de 2020

La desaparición de Plumillas y la visita a la señora Tintas.

La lluvia en Casa Encantada siempre era bienvenida, a don Leonardo Peinacanas le gustaba que todos se sentaran alrededor de la chimenea y contaran cuentos. A veces..., contaban historias de miedo, pero solo cuando los peques no estaban.
La tarde del sábado se intuía gris y pasada por agua así que lo mejor era improvisar algo en el salón y acompañarlo de dulces y rico chocolate. Benito y Blasito, nuestros ratones cocineros, ya se habían puesto manos a la obra y de la cocina salía un delicioso olor a pasteles que tenía a todos con hambre de lobo. 
Smaugui había caldeado toda la casa en dos llamaradas y ahora estaba asomado a su ventana, desde donde podía estar con sus amigos. ¡Aaah, qué alegría tener un dragón español!

En la emisora, Plumillas y Matilda ponían música ambiental mientras buscaban los villancicos para ir preparando la Navidad.

- Mira este: "Villancicos salseros" -Dijo Matilda-

- Si se te ocurre poner eso en Navidad me marcho de la casa y no vuelvo jamás.

- ¡Qué simpático es mi Plumillas! -Exclamó Matilda molesta- Si te parece voy a poner un villancico de los ACDC, no te fastidia.

- Pues no estaría mal.

-Piis ni istiría mil... Ñeñeñe. ¡No! -Matilda sacó la lengua a su amigo-

- Hablando de marcharme. Me voy a Alicante unos días.

Matilda dejó un cd que tenía en la mano y miró asombrada a su amigo. 

- ¿Cómo que te vas? ¿Qué se te ha perdido a ti en Alicante? ¡Ni hablar, de aquí tú no te mueves! 

- Voy a ver a mis primos y me volveré después de Navidad.

La lagartija se mostró horrorizada con la respuesta de su amigo. ¡Pasar la Navidad fuera de Casa Encantada! ¡Es de locos!

- ¿Pero tú sabes lo que dices? No puedes pasar la Navidad lejos de tus amigos...

- Matilda, voy a ver a la familia, además tú te fuiste el verano pasado al norte a ver a los tuyos y nadie montó dramas.

- `¡Pero yo no me fui en Navidad! -Dijo la lagartija haciendo pucheros y volviéndose hacia la estantería de los discos-

- Vaaamos, Matilda -Dijo Plumillas acercándose a su amiga- Te enviaré mensajes todos los días y te traeré unos regalos muy bonitos.
De repente, Matilda se tiró al suelo y se hizo la muerta.

- ¿Pero se puede saber qué haces?
- Estoy haciendo "la morisión" - Dijo la lagartija abriendo un ojo-
- ¿La morisión? De verdad..., ¡tienes que dejar de escuchar reguetón, Matilda!

Y el ratón salió de la emisora un poco enfadado. Matilda cuando quería podía ser muy persuasiva, pero también muy pesada. Llegó al salón y se unió a los amigos que estaban allí contando leyendas del Guadiato, momento que aprovechó para informar a todos de que a mediados de la semana se marcharía a Alicante. Se quedaron un poco tristes al saber que la Navidad la pasaría fuera, pero no podían hacer nada, a fin de cuentas se marchaba con su familia. Smaugui se brindó a llevarlo, así no tendría que tomar trenes. 
Poco a poco llegó el miércoles, el día escogido por Plumillas para marcharse, justo salía de su habitación se encontró con Matilda que llevaba esquivándolo desde que le dio la noticia de su viaje.

- ¡Matilda! Oye, me marcho pero no me quiero ir enfadado contigo. Venga, ¿te vienes a desayunar con Bizcocho?
- Es que voy a buscar un destornillador, se me ha roto la puerta del armario y no puedo cerrarlo. - Dijo sin mirar a su amigo-
- Bueno, si quieres puedo ayudarte...
- ¡Vale! ¡Venga vamos! 

La lagartija tomó de la mano a su amigo y se perdieron en el pasillo. 
La mañana avanzaba y Smaugui aguardaba sobrevolando la casa a que su amigo bajara. Era raro, porque Plumillas solía ser muy puntual. 
Habían quedado a las diez y eran las once y media y ni rastro del ratón. El culebre habló con Pirú y este con la seño Yolanda y con Blasito, pero nadie sabía nada de Plumillas. Decidieron hablar con Matilda, ella tenía que saber algo así que se dirigieron a la emisora.

- Hola Matilda -Saludó Pirú- No sé si has visto a Plumillas, había quedado con Smaugui hace casi dos horas y no sabemos dónde está.
- ¿No? Es raro... Yo lo vi a las nueve, me ayudó a arreglar el armario que se había descolgado la puerta, pero nos despedimos y no sé más.
- Muchas gracias, Matilda, si lo ves dile que Smaugui está esperándolo -Dijo la seño Yolanda-

Cerraron la puerta y cada uno se dirigió a sus quehaceres. A las dos de la tarde, aunque nadie decía nada, todos estaban preocupados. Benito y Blasito fueron a hablar con el mago y a mostrarle su inquietud, habían consultado con algunos amigos y nadie había visto salir o entrar a Plumillas desde la noche anterior. 


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- Hemos hablado con los Ratons Stone, pero ninguno de sus compañeros sabe nada. Esto es muy raro -Dijo Blasito-
- Pues sí..., sí que lo es - Murmuró el mago mesándose la barba- 
- Tú eres un mago, ¡algo podrás hacer! -Exclamó Benito-
- He consultado la rosa azul con la que nos comunicamos los habitantes de esta casa, pero debe estar dentro de su mochila porque solo veo objetos personales en el fondo de una tela.
- ¿Y la bola de cristal? -Preguntó de nuevo Benito-
- Es un poco peligrosa, lo sabéis, pero si mañana no ha aparecido, la usaré.

En ese momento aparecía Matilda que venia de la cocina cargada de fiambreras. 

- ¡Matilda! ¿Pero qué haces con tanta comida, criatura? - Preguntó Blasito-
- Es que tengo mucho trabajo y no quiero pararme demasiado.
- Pero... ¿No vas a comer con nosotros? - Volvió a preguntar Blasito-
- No, no, llevo aquí para almorzar y cenar y así no tener que bajar. Estaré en la emisora preparando los programas de Navidad y sin Plumillas, pues tengo poco tiempo.
- Si quieres puedo decir a Bizcocho que te eche una mano. - Propuso Pirú-
- ¡Oh, no! No es necesario, gracias Pirú.
- Esta noche cocina don Leonardo esas alcachofas que tanto te gustan . ¿Te las vas a perder? - Preguntó Benito-
- Pues.., chicos es que que no tengo tiempo, con esto ya me las arreglo - Dijo la lagartija elevando las fiambreras.
- Muy bien, como quieras, querida. - Le contestó el mago-

Y la lagartija se perdió en el pasillo bajo la mirada atenta de Pirú.

- No parece muy afectada - Opinó Benito-
- Pues no. Pero como Plumillas y ella siempre andan a la gresca.... - Contestó Blasito-

Al llegar la tarde, los amigos de Casa Encantada se habían organizado en grupos para salir a buscar a su amigo. Habían peinado toda la casa y ahora iban a mirar en los alrededores. La seño Yolanda y sus alumnos habían hecho un  cartel con su fotografía y lo estaban colocando en los pueblos de la zona.


- Gracias, doña Lucinda - Dijo la seño Yolanda a la oveja del cruce después de dejar la foto en un poste que había en la puerta de su casa-
- No te preocupes, si lo veo ya os aviso.

Don Leonardo había llamado a la Guardia Ratil y se disponían a hablar con todos los habitantes con el fin de saber la hora exacta de sus desaparición. Todos estaban muy nerviosos.
Con la llegada de la noche, hubo que dejar la búsqueda. Todos, menos Smaugui que seguía sobrevolando los cielos guadiateños y decidió ir más allá. 

En el salón, Pirú y don Leonardo intercambiaban opiniones.

- Es raro, muy raro, Pirú. -Decía don Leonardo- Plumillas es un chico de lo más responsable y desaparecer así..., pues no me parece lógico en él. 
- Ni a mí. Los chicos han terminado por hoy su búsqueda, pero mire, por ahí viene Matilda que seguro no puede dormir de lo preocupada que debe estar.

Pero Matilda pasó de largo, abrió la puerta principal y se perdió en la negrura de la noche.

- Si mis ojos no me fallan - Dijo don Leonardo ajustándose las lentes- creo que Matilda llevaba una mochila. Mi instinto me dice que aquí hay gato encerrado.
- ¿Gato? Yo diría más bien, ratón. Vayamos tras ella.
Con mucho sigilo la siguieron, la noche era cerrada y empezaba a hacer frío. La vieron encaminarse hacia las escorias de minas, donde Smaugui se había fabricado su cueva, pero antes de llegar se desvió a la derecha y cogió un camino que se perdía entre los eucaliptos.

- Va a la vieja caseta del jardinero -Dijo Pirú-
- ¿Estás seguro? No se utiliza desde hace muchos años.
- Precisamente por eso. 

La lagartija entró en la vieja caseta y cerró la puerta tras de sí, sin embargo, en ese momento entraron también el mago y don Leonardo.

- ¡Plumillas! ¿Pero se puede saber qué es esto? - Preguntó Pirú enfadadísimo-

Matilda se volvió sorprendida.

- ¡Puedo explicarlo! - Dijo la lagartija con las manos levantadas-
- ¡Pirú! ¡Me ha encerrado! - Exclamó Plumillas muy enfadado- Me convenció para que viniera aquí a buscar algunas herramientas que necesitaba para arreglarle el armario y cuando entré...¡Zas! ¡Me encerró! Y claro, a este sitio tan alejado no viene nadie. ¡Un día entero llevo en este lugar!

Don Leonardo y el mago no daban crédito. Esta vez las trastadas de Matilda habían ido demasiado lejos y eso..., merecía un escarmiento.

- ¿Te das cuenta de lo que has hecho? -Preguntó don Leonardo muy serio- Has retenido contra su voluntad a tu amigo y eso... ¡Es gravísimo!
- Quería pasar la Navidad fuera de Casa Encantada - Dijo haciendo pucheros-  Yo solo quería dejarlo hoy aquí para que se lo pensara mejor, en realidad... Venía a decirle que podía marcharse si quería - 
- ¡No tienes excusa! - Habló Pirú- ¿Qué llevas en esa mochila?
- Bueno, he preparado unas fiambreras para su viaje, por si le da hambre. También hay algo para Smaugui, que he hablado con él para que lo lleve si finalmente decide marcharse.

Don Leonardo, Pirú y el ratón se miraron sorprendidos. Matilda era incorregible e impredecible, nunca sabías por donde podía salirte. Plumillas se acercó a su amiga.

- ¿Me ibas a dejar ir? - Le preguntó cogiéndola de la mano-
- Si es lo que quieres.... - Las lágrimas de la lagartija corrían por su verde carita- No quiero que te vayas y mucho menos que pases la Navidad fuera de casa, pero si te empeñas, a ver qué puedo hacer yo.
- Bueno, haremos una cosa. Me marcho esta noche y prometo volver justo a tiempo para Navidad. ¿Qué te parece?

La lagartija se secó las lágrimas y se abrazó a su amigo.

- Bueno, bueno, dejaros de abrazos - Dijo Pirú- De todos modos, Matilda, esto no va a quedar así. Estás castigada. La emisora permanecerá cerrada hasta que vuelva Plumillas y tú irás a ayudar a Blasito y Benito en la cocina.
-¡Noooo! - Protestó la lagartija- No podemos cerrar la emisora...
- ¡Ya lo creo que podemos! -Exclamó Pirú- Y desde esta noche.

Y dicho esto, todos salieron al exterior. Matilda se había subido a la espalda de Plumillas y este protestaba porque no se la podía quitar de encima. Smaugui estaba ya en la puerta de Casa Encantada, esperando a  que el ratón se despidiera de todos y explicara lo que había sucedido.

- Por favor, Matilda. ¡Bájate de una vez! - Se quejaba Plumillas-
- ¡Ni hablar!, hasta que no te subas a Smaugui no me bajo.
- Estoy esperando a que lo sueltes para poder irnos - Dijo el culebre un tanto fastidiado-

La seño Yolanda le dio una manta para el viaje, era largo y estaba refrescando.

- Matilda, ¡ya basta por favor!. -Plumillas empezaba a perder la paciencia-
- No quiero.

Al final, Pirú tuvo que tirar de la lagartija para que su amigo pudiera partir. La entró en el bolsillo de su túnica y desde ahí, vio como Smaugui se elevaba y se perdía en la noche de noviembre. No pudo evitar que las lágrimas se le escaparan de nuevo.

- ¡Mira que eres dramática! - Le espetó Pirú-
- Es que se va... 
- ¡Pero va a volver! Venga, entremos en casa y durmamos un poco, ha sido un día muy complicado. ¡Y tú estás castigada! Mañana nos vemos en la cocina. 

El trayecto fue largo, el ratón acabó dormido entre las escamas del culebre, que además resultaron ser calentitas y acogedoras. De madrugada, llegaba a casa de su tía Tintas, en Alicante. 

- Muchas gracias por traerme, Smaugui amigo. - Dijo Plumillas acariciando el hocico del culebre-
- Es un placer, además, me ha encantado volver a ver el mar. - Vendré a por ti en dos semanas-

En casa de la tía Tintas ya había empezado la mañana, pero todo se paró para dar la bienvenida al pariente de Casa Encantada. Tras ponerse al día, el olor a tortitas y chocolate despertó el hambre en  Plumillas así que encantado dio cuenta del espléndido desayuno.
El resto del día se fue en descansar y contar historias de Cuarto Ratenio, pero al día siguiente, los adornos navideños aguardaban para decorar la casa.
Plumillas y su prima  Vanessa no dejaron ni un rincón sin decorar.

- Vane, ¿me haces una foto para enviarla a Casa Encantada?
- Claro, ahí va.


Imagen extraída de la web, desconozco al autor. Si eres tú, contacta conmigo, por favor.

Matilda se puso muy contenta cuando recibió la foto, pero Pirú seguía sin dejarla entrar en la emisora. ¡Menudo era!. Cuando terminaron de adornar el salón, Vanessa le propuso algo a Plumillas.

- ¿Quieres ver la flota de autobuses? ¡Tenemos uno rojo que te va a encantar!
-  ¿Y podré conducirlo? - Preguntó Plumillas entusiasmado-
- Bueno... tanto como eso. Ya veremos. Pero vamos a ir a muchos sitios así que he preparado unos bocadillos y frutas para pasar el día.

Salieron al exterior, hacía frío pero nada les pararía en una mañana aventurera y ...autobusera.
Creación de Mariyana Ninova, (MollyDollyNatural) que es de Bulgaria y tiene su tienda en Etsy. 
Puedes contactar con ella en su tienda.

Plumillas no conocía nada de Alicante, así que estuvo con los ojos bien abiertos a todo cuanto veía. Vane de la Ratilla era una chica muy divertida, la mediana de sus primos y como hacía tanto que no se veían pues cualquier rato juntos era más que bienvenido. Si además era de visita turística, mucho mejor.

- Mira, Plumillas ese es el castillo de Santa Bárbara - Dijo Vanessa que conducía de maravilla-
- Anda, pues visto desde aquí parece un cara, ¿no?
- Claro, por eso le llaman "la cara del moro". Es una fortaleza del siglo IX y la construyeron los árabes, pero ha sufrido muchos desperfectos a lo largo de la historia. ¿Y a que no sabes una cosa?
- Cuéntame.
- Que aquí también tenemos un barrio de Santa Cruz, como vosotros en Sevilla. 
- Pues eso sí que no lo sabía. ¡Eres una guía turística estupenda, primi!
- Y ahora vamos a la Explanada de España.

El día pasó de sorpresa en sorpresa y casi sin pensarlo, llegó la noche, momento que aprovechó Vanessa para enseñar la bonita decoración navideña.

- Mira, Plumillas, esa es la Plaza de los Luceros. Bonita, ¿verdad? 
- ¡Ooooh, me gustan esas palmeras! En Casa Encantada también tenemos, pero no tantas. En realidad solo tenemos dos.

Su prima rió el comentario. Sin pensarlo, las horas pasaron como un suspiro y cansados finalizaron la visita turística.  Guardaron el bonito autocar con la promesa de que al día siguiente, Plumillas aprendería a llevarlo. 

De regreso a casa de tía Tintas, Vanessa guardó una última sorpresa.

- Toma, una gorra de autobusero. ¡Ahora sí eres uno de los nuestros!

Feliz con un día cargado de emociones, nuestro ratón se durmió en unos segundos. Soñó con Casa Encantada, con darles una sorpresa en el autobús rojo y llevarlos a pasear- Eso sería..., maravilloso.
Casi sin pensarlo, llegó el gran día. Su debut como conductor de autobuses.

- ¡Vamos dormilón, arriba! -La tía Tintas despertó al ratón, pero lo que realmente lo despertó del todo fue el olorcito a dulces que venía de la cocina. Eso hizo que se acordara de sus amigos Blasito y Benito-

Salieron muy temprano rumbo a las cocheras donde aguardaba su autobús favorito, pero al llegar, había revuelo. Algo había pasado. Un conductor se acercó a Vanessa.

- ...y no sabemos qué ha podido pasar, pero ese autobús hoy no puede salir - Dijo el conductor preocupado-

Plumillas se mantuvo a una distancia prudencial mientras los corrillos murmuraban. Su prima se acercó a darle la noticia.

- Uno de los autobuses ha aparecido con todo un brazo comido por algo o alguien-
- ¿En serio? ¿Es el nuestro? 
- No, no es el rojo, es otro. No sé qué vamos a hacer...
- ¿Puedo ayudar?

Plumillas se acercó al autobús, efectivamente el brazo de uno de los asientos estaba destrozado. Mal asunto.

- ¿Sabéis quien ha podido hacer esto? - Preguntó sorprendido-
- Bueno, tenemos una ligera idea - Dijo uno de los conductores- Hay un ratón de la competencia que siempre está chinchando porque no quisimos que viniera de chófer. No es que sea mal roedor, pero conduciendo....Desde entonces nos la tiene jurada. Ahora no podemos recoger a los niños para llevarlos al colegio porque el bus no está disponible.

Plumillas se quedó pensativo, mientras los demás discutían sobre qué hacer y si llamar a "Autobuses Ratatour" para preguntar por el conductor del que sospechaban, decidió apartarse a un lado y abrir la rosa azul para contactar con Pirú. Enseguida apareció la cara del mago entre las llamas azules.

- ¡Plumillas, qué sorpresa! ¿Ocurre algo?

- ¡Hola Pirú! Necesito tu ayuda-

El ratón contó lo que había pasado y que muchos niños no podrían llegar a sus clases. El arreglo del autobús llevaría al menos un día y mientras tanto no sabían qué hacer.

- ¿Podrías hacer algo desde ahí? - Preguntó Plumillas-
- Claro, puedo hacer que mi magia arregle los desperfectos, pero debes decir a todos que se retiren, voy a generar una nube blanca muy poderosa.

Plumillas así lo hizo, informó a sus amigos de que iba a arreglar todo, pero que tenían que alejarse del autobús estropeado unos metros. Algunos no creyeron al ratón y eso lo fastidió, pero Vanessa que conocía a Pirú por las cosas que su primo le había contado, convenció a todos para que le dieran una oportunidad. 
El ratón se acercó con la rosa azul en la que se veía la cara del mago, todos soltaron un sonoro "ooooooh", cuando vieron a Pirú que tras murmurar un hechizo, giró su báculo y de la rosa salió una nube blanca y espesa que envolvió el autobús. No podían dar crédito a lo que veían sus ojos. ¡Es magia! Repetían una y otra vez. 
Finalmente, la nube se deshizo y apareció el autobús sin un rasguño. No solo había reparado el brazo, no, todo aparecía impecable desde las tapicerías a la última chapa. Las gorras de los conductores salieron volando de la alegría.

- ¡Es maravilloso! ¡Un milagro! -Exclamó un chófer barrigudo que achuchó a Plumillas tan fuerte que casi lo asfixia-

Con los niños rumbo al colegio y todo en orden, Vanessa cumplió la promesa de enseñar a Plumillas a llevar un autobús, pero... No iba a llevar un bus cualquiera, iba a llevar... ¡El gran bus!


- Pero... ¡Es demasiado grande! -Exclamó Plumillas asombrado al verlo- ¡Si yo lo máximo que he llevado ha sido el dos caballos del señor Raimundo!
- Pues ahora vas a llevar un montón de pura sangres. ¿Quién dijo miedo? ¡Arriba, Plumillas!

Sin pensarlo se vio allí arriba, haciendo todo lo que su prima le indicaba y casi sin darse cuenta, aquello empezó a circular mientras disfrutaba de su maravillosa experiencia.
Y el día terminó lleno de emociones, como todos los que pasó nuestro ratón en Alicante hasta que se acercó el momento de regresar a Casa Encantada.

- Tengo que volver, en una semana será Navidad y le prometí a Matilda que estaría de vuelta para ayudarla con el árbol. - Dijo Plumillas apenado-  Tendré que llamar a Smaugui.
- Pero.. no puedes marcharte ahora. - La tía Tintas estaba triste por la partida de su sobrino-

El ratón no quería contrariar a su tía, pero tampoco a Matilda y a sus amigos. Durante un rato permaneció cabizbajo, pensando en qué hacer para que nadie se disgustara. Hasta que de repente....

- ¿Y por qué no os venís? - Propuso Plumillas con la cara iluminada- ¡Podéis pasar la Navidad en Casa Encantada! ¡Sería fantástico!

Vanessa miró a su madre, le parecía una maravillosa idea y no tardaron en aceptar, pero había una condición, nada de viajar en culebre ¡Irían en el autobús rojo!

- ¿Nos llevaremos el pequeño? - Preguntó Plumillas-
- De eso nada - Contestó Vanessa- Iremos en el pura sangre rojo y haremos una excursión navideña por Casa Encantada. ¿Qué te parece?

Cuando llegaron a Casa Encantada fue una enorme sorpresa, pues todos esperaban que fuera Smaugui quien trajera de vuelta a Plumillas, pero... ¡Ahí estaba! ¡Conduciendo un precioso autobús! 
Al día siguiente todos se subieron a él y visitaron el Guadiato conducidos a ratos por Vanessa y a ratos por Plumillas y Matilda, que como podéis imaginar, no podía perderse ese evento. Vanessa le había regalado una gorrita de choferesa y la lagartija estaba feliz.

- ¡Piiii, piiiii! ¡Quítate que te pillo! - Le gritó Matilda a un coche que adelantaba en ese momento-
- ¿Es siempre así? - Preguntó Vanessa a su primo-
- ¡Oh, no! ¡Es mucho peor!

Y así fue como empezaron los tours navideños por Casa Encantada, si estáis interesados en el de este año, no dejéis de contactar con nuestros conductores favoritos o con Selecta bus y su representante: Vane de la Ratilla.

NOTA: Muchas gracias a mi amiga Vanessa de la Rasilla, gracias por sus preciosas fotos de Alicante iluminado en Navidad y que no he podido subir por completo. Gracias por ser como eres de buena, simpática y graciosa. Gracias a la empresa Selecta Bus por dejarme sus "pura sangres", que me parecen preciosos y a los que deseo muchos años de carretera y viajeros.
Este cuento va para ti, Vane, y para todos los que hacen posible SELECTA BUS.

sábado, 14 de noviembre de 2020

LO ETERNO.

Nadie sabe quién es quién en este lugar ajeno al color donde no cabe más que abismo e invierno. Los árboles advierten la presencia de las nubes cenizosas, traerán la lluvia que cae siempre sobre las mismas piedras y sobre los troncos arrugados que aguardan al frío.
Aquí el tiempo es siempre el mismo, salvo para el Hombre, que como reloj de arena, deja escapar sus años imperfectos ante Dios. Y tal vez un día despierte de su abandono y se tienda al sol, a doblarse frente a la Naturaleza con un aleluya.
Mientras tanto, el avance del invierno es imparable y la armonía quieta de las sombras rezumará silencio. Paz. Los caminos se llenarán de lluvia y el sol será solo una alucinación en las grietas de la memoria. 
El tiempo aquí tiene raíces, son los días del suelo que conocen los pastores, los que bendicen las mañanas al compás de su rebaño. Ellos saben que las horas giran en sus manos y que todo llega cuando tiene que llegar.
Los bordes de las nubes se visten de luto, el agua cae y las ramas que andan desnudas buscan refugio en el aire, se coronan de relente para que el tiempo llene de cicatrices su carne. Invierno, tiempo, bóvedas grises sobre estas tierras abandonadas por el sol una estación más, un año más, una eternidad más inmóvil bajo el cielo.

Fotografía gentileza de mi amigo Manolo Rubio.

jueves, 5 de noviembre de 2020

Un nuevo amigo en la Charca de los Patos. Tejo y el Gambigrupo.

El invierno ha llegado a la Charca de los Patos, la lluvia regaba la tierra que más tarde daría cosecha y eso era algo que a Pepa Jones le encantaba. El olor a tierra mojada, el laboreo del campo desde bien entrada la mañana, el abuelo entrando y saliendo... Cerca de la chimenea todo se percibía de forma apacible, El Tejar despertaba y los sonidos típicos inundaban todo.
.- Abuelito, ¿puedo salir a la charca?
- ¿Lloviendo? No, que te constipas.
- Abue, eres un aburrido...

En ese momento sonó un mensaje en el móvil de la niña. Era Julián, le había tocado llevar a Gambita al veterinario. El gato era de todos, así que  tenían que responsabilizarse de él: revisiones, comida, mimos... Era todo compartido.

Grupo de WhatsApp <<Gambigrupo>>
JULIÁN: ¡Hola chicas! 🙋🙋 Aquí estoy en el vete con Gambita. No parece muy contento porque dos veces me ha hecho "pfffffffff"
PATRICIA: Ja,ja,ja,ja. Pobre, es que no hace gracia ir tan temprano a que te pinchen.
ESTRELLA: ¡Hola a todos! A ti también, Gambita.😻 ¿Pero le van  a pinchar?
PEPA: ¡Hola! Que va, según su cartilla solo le toca desparasitarse, lo que pasa es que -como sabéis- escupe las pastillas, así que mejor que lo haga el veterinario. Una cosita, estoy en nuestro centro de operaciones, ¿por qué nos os venís? Podemos organizar una excursión por los alrededores.
JULIÁN: En cuanto salgamos nos vamos para allá. Preparando  en 3, 2, 1...😉
PATRICIA. ¡Como las balas!
ESTRELLA: Vaaaamos para allá! 💓😘😘😘
PEPA: Os espero, voy a convencer al abuelo de que nos deje salir con lluvia. ¡Es lo más!😘😘😘😘😻

Mientras, Julián intentaba convencer a Gambi de que no le pasaría nada, pero el gato sabía que habiendo batas blancas, mínimo se llevaba un termómetro por el culete. No estaba dispuesto.

- Julián y Gambita, podéis pasar - Dice Manuel, el vete-
- Vamos allá, amiguito.

Sacó al gato y este nada más verse fuera del trasportín intentó escapar, después les hizo "pfffffff" a los dos. No tenía ni pizca de ganas de estar allí. 

- ¡Gambita! ¡Pórtate bien!

Pero el gato no estaba por la labor. Mientras Manuel preparaba la pasta para desparasitar, el michi dedicaba sus bufidos a todo el que pasaba por allí.

- Veamos, abre la boca, Gambita. - El vete se acercaba con la pasta y el gato apretaba la dentadura de tal modo que no había manera-
- Déjame a mí, a ver si yo puedo - Dice Julián-

Pero Gambita, nada más sentirse la pasta en la boca la escupió. Lanzamiento de guarrada desparasitatoria a un metro de distancia. Ambos se quedaron asombrados.

- Con que esas tenemos. Bien, pues no te vas a escapar. Pipeta al canto.

Manuel le puso en la parte trasera del cuello una pipeta con un líquido transparente. Cuando sintió el frío, Gambi se quiso escapar, pero no pudo, Julián lo tenía bien sujeto. Después le tocó una buena revisión, así estarían seguros de que estaba sanito y encararía el invierno en buena forma. Se enfadó mucho cuando le tomaron la temperatura, pero Julián se puso serio y no le quedó más remedio que aguantar. 
Terminada la visita, gato y niño salieron pitando con la bici para El Tejar, allí esperaban sus amigas que nada más verlos corrieron hacia ellos.

- ¡Holaaaa! Madre mía la que ha liado Gambi, ¡no quiere ni ver a Manuel!
- ¡Buen gato! Así se hace - Dice Patricia cogiendo en brazos al michi que se pone mimoso- Pobre Gambi, es que nadie te quiere nada más que yo.

El animal fue pasando de mano en mano, mimado en extremo hasta que al final se durmió.


- Bien chicos ¿Qué habéis pensado? Pregunta Estrella-
- Pues quería que fuésemos a un lugar cerca del arroyo, hay un zorrito y es precioso, pero el abuelo dice que verdes las han segado, que es peligroso salir con este tiempo y que no. -Responde Pepa-
- Pues vaya faena... -Se lamenta Julián- ¿Y si hablamos con Dimas?

En ese momento, el bueno de Dimas entra en el salón y los niños se le quedan mirando.

- Uy, uy, uy... ¡Vosotros estáis tramando algo y me queréis liar!
- Dimas, por fi ... ¿Nos dejas ir al arroyo? -Pregunta Pepa-
- ¿Lloviendo? ¡Ni hablar!
- Jo, Dimas, eres un aguafiestas - Le dice Julián-
- Venga..., si tú mandas más que abuelito y no se va a enterar - Le insiste Pepa-
- ¡Claro, es que tu abuelo es tonto! Cuando vuelva y no os vea a ver qué le digo yo.
- ¿Y si nos llevas a dar agua al toro Caprichoso? ¡Ahí no puede decir nada, eh! -Propone Patricia-
- Bueno, bueno... Está bien. ¡Pero tenéis que hacer caso a lo que diga, eh!

Los niños cogieron sus chubasqueros y salieron pitando para los establos. Dar agua al toro Caprichoso era lo mejor. En el camino, Dimas les contaba cómo había llegado Caprichoso hasta allí. Lo habían comprado en una feria y siempre había sido muy noble, pero  estuba muy mimado y acumulaba manías, como la de mojarle el lomo antes de beber. 

- Oye, Dimas. ¿Y no bebe si no le mojáis la espalda? - Pregunta Estrella .
- No. Es así de...
- ¡Caprichoso! -Gritaron los niños a la vez mientras reían a carcajadas-

Cumplieron el ritual y a los chicos aquello les pareció más bonito que nunca. Bajo la lluvia, la piel del animal relucía brillante y el chapoteo en el agua se mezclaba con las risas en una mañana inolvidable en la Charca de los Patos.

- Dimas, ¿podemos ir un momento al arroyo? Tú nos esperas, ¿vale? -Propone Pepa-

Al final, como no, convencieron al hombre que esperó allí a que los pillastres volvieran.

- ¡Tened cuidado! 

Bajaron y siguieron arroyo arriba hasta que llegaron cerca de los olivos, de repente.... Un zorrito les salió al paso. 


- ¡Mirad, chicos! ¡Os lo dije! Estaba segura de que en el hueco que vi el otro día había zorros. ¡Es precioso! - Exclama Pepa-

El animal no parecía muy asustado, debía estar acostumbrado al paso diario de gentes y eso lo hacía confiado.

- Habrá que buscarle un nombre- Propone Julián.
- ¡Foxi! -Dice Patricia-
- Ay no... ¡Qué cursi! Tiene que ser algo más original -Opina Estrella-
- Benito -Vuelve a proponer Julián-
- ¡Noooo! Que así se llama un amigo del abuelo José. Ja,ja,ja,ja. - Pepa ríe la ocurrencia de su amigo-

Comenzó a llover con fuerza y escucharon la voz de Dimas llamándolos. El zorrito corrió a cobijarse en su zorrera y los chicos emprendieron camino de vuelta.

- ¡Dimas tenías que verlo! ¡Es precioso! Pero no tiene nombre... - Dijo Pepa-
- Bueno, pues ahora os sentáis alrededor de la chimenea y le buscáis uno mientras os preparo algo de comer hasta que llegue el mediodía. ¿Qué os parece?

A los niños les pareció una buenísima idea y así, entre risas y apuestas para ver quien tenía el nombre más adecuado para el zorrito, llegó el mediodía. El abuelo José entró en el salón, acarició a Gambita que seguía durmiendo y se sentó con ellos.

- ¿Ya tenéis nombre para el nuevo miembro del Gambigrupo?
- Julián quería ponerle Benito, abue. - Dice Pepa-
- ¡Hala que acusica! - Se enfada Julián-

Pero el abuelo José ríe a carcajadas la ocurrencia del chico. Estaba seguro de que sería muy divertido ver la cara de su amigo Benito cuando lo supiera. Finalmente le pusieron "Tejo", por El Tejar, y así quedó bautizado su nuevo amigo. Eso sí..., aún no sabían cómo se lo iba a tomar Gambita.
Decidieron que esa misma tarde intentarían acercarse para ponerle un bonito collar que le había hecho el abuelo José con un trocito de cuero. Con un punzón había grabado su nombre y había quedado muy coqueto. Casi no tuvieron paciencia, a eso de las tres y acompañados de Dimas bajaron de nuevo al arroyo.



- Dimas ¿Tú crees que Tejo está solo? No se ve a ninguno más por aquí - Pregunta Estrella-
- Bueno, es grandecito ya y sus hermanos y su madre se han debido marchar. Es raro que él permanezca aquí así que hay que ganarse su confianza por si necesita ayuda.

Esperaron pacientemente para que saliera el animal, pero no lo hizo. Se asomaron a la zorrera y no vieron nada. Aguardaron una, dos horas..., hasta que la lluvia volvió con fuerza y tuvieron que regresar al Tejar.

- Qué fastidio, no hemos podido verlo -Se quejaba Patricia-
- Mañana volveremos, no habrá ido muy lejos. -Propuso Dimas-

Al día siguiente, el Gambigrupo estaba en El Tejar a las diez de la mañana, el tiempo seguía revuelto pero eso no iba a parar a los niños en su búsqueda de Tejo. Bien equipados de botas de agua, chubasqueros y linternas se fueron a intentar ver a su nuevo amigo, sin embargo, el resultado fue el mismo que el del día anterior. Ni sombra del zorro. ¿Dónde estaría? 
Cansados de esperar decidieron dar una vuelta por los alrededores, por si estaba cerca o lo que era peor, en peligro. Caminaron arroyo arriba escudriñando todo hueco susceptible de albergar al animal, pero nada. Bien entrada la mañana y hambrientos, decidieron regresar y seguir con la búsqueda más tarde.
Salieron al camino y al pasar por una cerca escucharon algo parecido a lamentos.

- ¿Habéis oído eso? - Pregunta Julián-
- Es como un perro aullando o algo así - Contesta Estrella guiñando un ojo y alargando su cuello hacia el lugar del que venían los chillidos-

Gambita, que a hasta ese momento había permanecido quieto, salió corriendo, saltó la pared de piedra y empezó a maullar como un loco, estaba enfadado. 

- ¡Gambita! ¡Vuelve! - Gritaba Pepa-
- Vamos a ver qué pasa ahí detrás. -Dice Julián-

En un pis pas saltaron la cerca y vieron a Gambi con todos los pelos de punta y amenazando a algo que le chillaba desde una caja de madera. Cuando los niños se acercaron vieron que era una jaula minúscula donde tenían encerrado a Tejo.

- ¡No me lo puedo creer! -Gritó Patricia enfadada- ¡Han encerrado a nuestro zorro!
- Tranquilidad, tenemos que ver cómo lo sacamos de aquí - Dice Pepa-

Gambita seguía bufando a Tejo y este acobardado solo se lamentaba.

- ¡Estate quieto, Gambi! - Le riñó Julián- 

Los niños intentaron abrir la jaula sin éxito. Con el jaleo que se había montado, el dueño de la casa salió alertado y se encontró con los niños.

- ¿Qué hacéis vosotros aquí? ¡Pillastres! Ah., tú eres la nieta de José, ya te conozco yo a ti. ¡Menuda gamberra!
- ¡Oiga señor! ¡Que mi amiga no es ninguna gamberra! -Gritó enfadado Julián-
- ¡Y tú también! ¡Y esas! ¡Todos sois unos gamberros! ¿Qué hacéis en mi propiedad?
- Usted tiene a nuestro zorro, venimos a por él - Dice Estrella-
- ¿Ese bicho? Ese bicho me ha robado dos gallinas y ya no me roba más. ¡Largo de aquí ahora mismo si no queréis que llame a la Policía!

Aquel hombre enfadado llevaba una garrota que aireó varias veces en el aire. Gambita fue el primero en saltar la cerca y detrás sus amigos que llegaron muy asustados al Tejar. El abuelo José al verlos se alertó.

- ¿Qué ha pasado? ¿Por qué estáis tan asustados?
- Abuelito, el hombre ese nuevo que ha venido a La Viñilla tiene a Tejo encerrado y ha dicho que somos unos gamberros porque nos hemos saltado la cerca.
- ¿Eso ha dicho? No sé a qué ha venido ese señor a estas tierras. Le molesta todo: animales, niños, mayores... He intentado acercarme a él, pero es un erizo. 
- José, si te parece bien vamos a hacerle una visita - Propone Dimas- No voy a consentir que se quede con el zorro de los niños y mucho menos que los amedrente.
- Dice que le ha robado gallinas -Apunta Patricia-
- Pues claro ¡Es un zorro! Pero nosotros tenemos que ser más listos que ellos. Por aquí no es habitual verlos, de hecho nunca los hemos visto así que ese animal ha debido llegar a estas tierras por algo. -Dice Dimas-
- Sí, es muy raro, nunca ha habido zorros por aquí. Ese animal venía huyendo o está enfermo porque no es normal que sea tan confiado -Dice el abuelo José-
- Nos lo podemos quedar, ¿verdad? - Pregunta Estrella-
- Sí, claro - Responde el abuelo José - Pero en las mismas condiciones que Gambita, es decir, tenéis que haceros cargo de su alimentación, higiene, vacunas... Puede quedarse aquí, pero la responsabilidad es vuestra.
- ¡Bien! -Exclama Julián- Uno más en el Tejogambigrupo.

Todos rieron la ocurrencia de Julián, pero siendo conscientes de que un animal es una responsabilidad y que ahora tendrían doble trabajo. A eso se sumaba que había que educar a Tejo e intentar que él y Gambita se llevaran lo mejor posible. Eso... Si conseguían rescatarlo, claro.
Estaba anocheciendo y los niños convencieron a Dimas para ir a por Tejo, temían que aquel hombre pudiera hacerle algo. El abuelo José dejó en manos de su hombre de confianza a los niños y el asunto del zorro mientras él organizaba el ordeño de las vacas.
Cargados con linternas llegaron hasta donde habían visto al zorro, pero ni rastro del animal.

- ¡No está, no está! ¡Ay que lo ha matado! -Patricia rompió a llorar desconsoladamente contagiando al resto del Gambigrupo-
- ¡Tranquilos, tranquilos! Estoy seguro de que Tejo está bien, lo tendrá en algún sitio, hablaremos con él y nos lo llevaremos.

Pero no había consuelo para los niños, se temían lo peor. De repente escucharon un lamento conocido, lejano, pero perfectamente identificable.

- ¡Tejo! - Exclamó Julián sorbiéndose los mocos- ¡Vamos a por él!
- ¡Quieto ahí jovencito! - Dimas agarró a Julián por el gorro del chubasquero- Vamos a entrar por la puerta, como personas civilizadas.

Se dirigieron a la cancela de entrada y Dimas tocó una campana varias veces hasta que salió aquel hombre malhumorado.

- Ah, eres tú, Dimas. -Dijo mirando de reojo a los niños-
- Damián, buenas tardes. Tengo entendido que tienes un zorro aquí retenido y es de los niños, vengo a llevármelo.
- ¡De eso nada! Se ha comido dos gallinas y se va a quedar ahí hasta que se muera.

Al oír semejante disparate todos se quedaren horrorizados.

- Venga hombre, no digas eso. Déjame entrar, cojo al zorro y no volverás a verlo más.

Dimas hizo ademán de entrar, pero Damián le cortó el paso y además le empujó delante de los niños que se asustaron.

- ¿Qué haces? ¿Delante de los niños? Está bien, he intentado arreglar esto por las buenas, pero tú lo has querido. Chicos, llamad a vuestros amigos del Seprona  y a ver si se pone tan empujón con ellos.

A Julián le faltó tiempo para sacar su móvil. Damián pensaba que era un farol, les cerró la puerta y se metió en su casa.

- Luis, ¡soy Julián! -Puso el manos libres para que todos pudieran oír y hablar-
- ¡Hombre, pillastre! ¿En que lío os habéis metido ahora?
- Un vecino del Tejar tiene un zorro encerrado y pretende dejar que se muera de hambre. Hemos venido a por él para rescatarlo, pero ha empujado a Dimas.
- ¿Cómo? ¿Dónde estáis?
- Agente, estamos en la puerta de "El farol", en la Viñilla. - Dice Dimas-
- Dimas, ¿está usted bien? - Pregunta el agente-
- Si, estamos bien, los niños un poco asustados.
- Bien, yo no estoy de servicio, pero están Alberto y Mónica. Os los mando, esperadlos allí. Esto no va a quedar así.

Los niños sonrieron satisfechos. En menos que se dice miau, llegaron los agentes.

- ¡Hola chiquitos! - ¿Qué está pasando aquí? - Preguntó Mónica-

Los niños contaron con pelos y señales todo lo que había pasado, incluido el empujón a Dimas que tanto les había dolido. Los agentes abrieron la cancela y entraron seguidos de los niños y del bueno de Dimas.

- ¿Es usted Damián Florito? - Preguntó Alberto-

Los niños al oír el apellido se echaron a reír ¡Florito! Bonito nombre para un gato. 

- Yo soy ¿Qué es lo que quieren?
- Tiene usted retenido a un animal salvaje y es un delito, por lo tanto le ruego lo pongo en libertad ahora mismo o tendrá que atenerse a las consecuencias. Tenemos también constancia de que ha empujado al señor Prats delante de estos niños, por lo cuál exigimos una disculpa ahora mismo

Damián se asustó. No pensaba que fuera a llegar a tanto la cosa y balbuceó una disculpa que a los niños hizo gracia.

- Cagao está, miradle - Dijo Patricia por lo bajo al resto del Gambigrupo -

Los niños rescataron al zorro que asustado como estaba agradeció los brazos que lo llevaban hasta el Tejar. Ni el Seprona pudo convencerlos de que el animal debía volver al campo.

- ¡Que no, Mónica! - Dijo Julián enfadado- Nosotros lo vamos a cuidar porque está enfermo, mírale. Y le pondremos vacunas y estará a salvo. Por fa...
- Alberto ¿Qué hacemos? -Preguntó la agente a su compañero-
- Con ellos tienes la guerra perdida, ya te lo digo.
- Pero es que no se debe hacer esto... ¡Es un animal salvaje!

Los niños comenzaron a hacer pucheros y la agente se puso nerviosa.

- ¡Está bien, está bien! Cuidadle, pero que no sirva de precedente porque estos animales tienen que estar en el bosque y no como si fueran perros y si os dejamos a vosotros pues...
- Mónica, ¿nos das una vuelta en la moto? Luis siempre lo hace. - Pregunta Julián sin dejar que la agente acabe su exposición-
- Te dije que con ellos, no se puede- Sonrió Alberto que conocía bien al Gambigrupo-

En El Tejar, los agentes hablaron con el abuelo José, no les hacía gracia que los niños se quedaran con el zorro, pero estaba claro que el animal necesitaba cuidados y que después sería peligroso dejarlo en libertad. También estaba claro como el agua, que los niños no permitirían que se lo llevaran a un centro de recuperación.
Después de montar a los chicos en las motos, los agentes volvieron a su ruta y los niños corrieron a acomodar a su nuevo amigo y a buscarle algo de comida y agua. Al día siguiente le tocaba visita al veterinario.

- Aquí estarás bien, amiguito. -Dijo Dimas que traía un pequeño colchón relleno de paja que había fabricado en cinco minutos-
- ¡Qué chulo, Dimas! -Exclamó Pepa-

Nada más poner el colchón en el suelo, Gambita se adueñó de él y el pobre Tejo miró a todos con ojos tristes. En cuanto lo vio, el gato le había dedicado un hermoso bufido, no estaba dispuesto a compartir a sus amigos con un zorro. Faltaría más. 
Los niños se rieron, lo retiraron y lo pusieron en su cama para poder poner a Tejo en el colchón. Y la noche transcurrió tranquila, el zorrito durmió feliz y con la tripa bien llena. Al día siguiente acabó en el veterinario con todas las vacunas y una medicación especial porque estaba muy débil, pero día a día, nuestro amigo Tejo ganó peso y ahora corretea feliz por la Charca de los Patos. ¿Con Gambita? No, Gambita no lo quiere ni ver, pero tiempo al tiempo.
El abuelo José visitó a Damián y le llevó unas gallinas para compensar la pérdida de las suyas. El hombre se sintió avergonzado y prometió no volver a hacer nada malo contra los animales salvajes.
¿Quieres saber qué aventuras le esperan a Tejo? Pues no dejes de seguir al Gambigrupo.

NOTA: Muchas gracias a Julián por las fotos. ¡Y por llevar a Gambi al vete! Ja,ja,ja,ja.