lunes, 8 de febrero de 2021

FESTÍN DE INVIERNO

 

Un cielo gris metal se extiende sobre la existencia, doblando árboles raquíticos encogidos de frío. Es un color que invita a arrellanarse en los recuerdos, a arrojar el corazón por encima de los días. Lejos, tan lejos como alcance el vuelo de una golondrina.

Colores así emergen de la poderosa Naturaleza para recordarnos que no somos inmunes al temblor de las emociones, que somos arcilla en manos de la risa o del llanto. ¿Quién quiere llorar en esta tierra? Nadie, sabiendo que la arena ardiente espera al otro lado del calendario, cuando el sol devora las horas con la misma avidez que el amor consume a los enamorados. No, nadie llora aquí.

Cierro la ventana, las nubes están a punto de estallar, acarician con su panza la cresta de las sierras y penetran en la maleza descargando su tinta que dibuja ocres, topacios y verdes. Aún resiste la inocencia en este paisaje tupido de años, vibrante de sensibilidad que juega a colorear esta tarde de luces vendadas, de humedad... De este insólito festín de invierno iluminado tan solo por mis letras. Mis pobres letras.

Muchas gracias a Josefa Ortega Peña por la bonita fotografía.  Gracias por despertar mi creatividad 😘

domingo, 17 de enero de 2021

EVOCACIONES

Volverán los días largos y la sed a la boca, los pasos bajo la sombra y los cabellos revueltos en anarquía perfecta. El sempiterno abanico que baila en la mano a las horas del fuego y las pecas bajo los ojos arrugados de sol. 

Volverá el verano, paraíso del insomne que estrella los suspiros contra las horas y saca de la noche letras para sus lectores.  Y el día,  bajo los árboles, deja descansar la piel que el sol cubrió de claveles rojos. 

Vale la pena esperar las estaciones si al final están los sueños bajo un sombrero, en los campos tranquilos de julio, con el alma en las hojas encendidas de vida. En este lugar, al nervioso viento que se cuela entre las flores y estira su olor en mi particular paraíso. 

Volverá el verano, feroz, resplandeciente, con mañanas de cielos aguamarina que se derraman sobre el muro de calor de una Andalucía dormida al son de los insectos. 

Volverá,  lo sé y lo espero.

Pepa Gómez.

viernes, 1 de enero de 2021

GRACIAS. 9550 visitas en diciembre.

 

Cerrar el mes de diciembre con 9550 visitas ha sido todo un logro,  es cerrar un año intenso en la casa mágica. Muchas gracias a todos los que lo hacéis posible desde tantos puntos del mundo, gracias a todos los amigos que día a día pasáis un ratito en Casa Encantada,  vuestra casa. 
Gracias México,  Guatemala, Estados Unidos, Ecuador,  Emiratos Árabes,  Suecia, Hong Kong, Canadá, República Dominicana... Y gracias España. Seguro que me olvido de alguien, ruego disculpéis. Os espero durante el 2021 para seguir pasando muchos ratos divertidos con Plumillas, Pirú,  el Gambigrupo y tantos personajes que dan vida a este lugar. Nos quedan muchas aventuras y empiezan... ¡YA! 


jueves, 31 de diciembre de 2020

FELIZ AÑO 2021

Queridos amigos de Casa Encantada, dejamos un año que no ha sido como esperábamos, pero que nos ha enseñado a valorar más que nunca la vida. Que el 2021 venga cargado de esperanza, de cariño, de cercanía y que por fin, sea el año de los abrazos. Feliz año nuevo a todos los que habitais la casa mágica, os espero para seguir compartiendo aventuras con nuestros personajes favoritos. 

De parte de don Leonardo, el mago Pirú, Plumillas, Matilda, Bizcocho, la seño Yolanda, la boti Teresa, Smaugui, Blasito, Benito, doña Sinforosa y sus amigos, los chicos del Gambigrupo y por supuesto Gambita y Pepa, muy FELIZ 2021.



miércoles, 23 de diciembre de 2020

Una Navidad en la Charca. Ayudando a la magia

Había llegado Navidad, no había fecha en el calendario que gustara más a Pepa Jones y a su gato Gambita y si además, podía pasar esos días en la Charca de los patos, mucho mejor.
Se había levantado muy temprano porque quería acompañar al abuelo José a poner unos adornos navideños en el indicador que llevaba hasta El Tejar. La niebla era tan espesa que no dejaba ver a más de un metro, las perlitas de agua que flotaban en el ambiente, se quedaban trabadas en el pelo y en la ropa y Gambita parecía una guirnalda, brillante por la cantidad de bolitas transparentes que descansaban en su brillante pelaje. 
Hacía mucho frío así que se dieron prisa en colocar todo y volver, pero en ese momento, se oyeron unos graznidos que llegaban desde la charca.

- Abuelito, ¿oyes? ¡Son los patos! - Dijo Pepa Jones cogiendo del brazo a su abuelo-
- Sí, el tío Clemente debe haber abierto para que vayan al agua. Con esta niebla no vemos nada.
- ¡Qué rollo, me encanta verlos cuando salen! 

Caminaban hasta El Tejar cuando Pepa se agachó para coger a Gambita en brazos.

- Abuelito, por favor: ¿Te puedes llevar a Gambi a casa? Es que le prometí al tío Diego y a la tía Angelines que iría a ver su nuevo gatito, uno de angora que parece una bola de nieve. Me han invitado a desayunar.
- Bueno pues si es así, yo me llevo a este pillastre y te veo en un rato. ¿Y tus amigos? ¿Van a venir?
- Sí, sí. Sobre las diez me dijeron. Se quedan aquí, como ya hablamos.
- Estupendo, hay que bañar a Tejo y ni Dimas ni yo nos damos maña.

Se despidieron y a eso de las diez y media, El tejar se llenaba de risas infantiles: Patricia, Julián y Estrella aterrizaban puntuales para decorar la casa y pasar el día enredando con el gato y con el zorro.
Tejo se había adaptado bien a su nueva casa, pero claro..., un zorro donde había gallinas siempre era complicado. Dimas se negaba a bañarlo así que decidieron que los niños tendrían que turnarse y ser ellos quienes acicalaran y cuidaran de que el animal no se metiera en líos.
El abuelo José les había traído un árbol gigante para decorar y había bajado del altillo todos los adornos y el Belén. A eso de media mañana, los niños tenían ya todo terminado y decidieron bañar a Tejo. Julián le había comprado un suavizante especial para el pelo, así que prepararon una tina con agua calentita y fueron a despertar al zorro que dormía en su cama junto a Gambita.

Tejo estuvo encantado de despertar, pero no tanto de que lo bañaran, así que aprovechando un descuido, de un salto se salió del agua y fue directo al árbol que acabó rodando por el suelo. A la fiesta se unió Gambita que viendo las bolas de colores rodar se puso como loco, tirando por los aires los adornos y corriendo tras ellos. Al principio los niños se asustaron, pero viendo la que habían armado les dio por reír y decidieron unirse al despiporre. Cogieron los espumillones y se los pusieron por el cuello mientras cantaban "ya llegó la Navidad con olor a mazapán".
De repente, la puerta se abrió y apareció el abuelo con Dimas que viendo el desaguisado se llevaron las manos a la cabeza.

- ¡Pero bueno! ¿Se puede saber qué ha pasado aquí? - Preguntó el abuelo José sorprendido-
- Ya te lo digo yo, José. ¡Ha estallado la guerra! ¿Os parece bonito? ¡Mirad cómo habéis puesto el salón! José, los Reyes Magos tienen que saber esto.

Los niños se quedaron paralizados. ¡No podían enterarse! Ahora sí que la habían liado buena, nunca habían visto tan enfadados a Dimas y al abuelo José.

- ¡Perdón! Ha sido culpa mía - Dijo Pepa quitándose el espumillón que tenía en la cabeza-
- ¡No, no, ha sido mía! - Protestó Julián-
- ¡No les haga caso, José! - Fui yo que intenté meter a Gambita en el agua y.... - Patricia no pudo terminar la frase porque fue interrumpida por Estrella-
- ¡Ni caso! ¡He sido yo! ¡Yo la he liado parda, parda!

Los hombres se miraron divertidos, no querían reírse delante de ellos porque se habían portado fatal, pero esa manera de protegerse unos a otros les hizo mucha gracia.

- Ahí los tienes José, como los de Fuente Obejuna. Todos a una.
- Pues entonces habrá que buscar algo para que arreglen este desaguisado..., todos juntos también. ¿Qué piensas tú, Dimas?
- Que Julián se viene ahora mismo conmigo a dar de comer a las vacas y luego a ordeñar. Hoy no hay charca. Patricia y Estrella a ayudar con las cuentas del tejar y de tu nieta ya te encargas tú, que esa es la peor de todos.
- Pepa, tú conmigo a por leña. Eso sí, ahora mismo estáis recogiendo todo esto y bañando al zorro en condiciones, que huela a limpio y no a los de su especie. Cuando vuelva no quiero ver nada fuera de su lugar. ¿Entendido? 

Los niños asintieron. Esta vez se la habían ganado por goleada y lo peor de todo era la amenaza de chivarse a los Reyes Magos. ¡Serán acusicas!
En una hora todo volvía a la normalidad y Tejo y Gambita dormían de nuevo al lado de la chimenea. El zorro había quedado con el pelo tan esponjoso que parecía una pelusa, estaba realmente bonito.
Tal y como había planteado Dimas, los niños fueron cada uno a las tareas encomendadas como castigo por el revuelo que habían armado. 
Julián le daba heno a Mariposa, su vaca favorita a la que siempre subían a los niños, pero esta vez no se atrevió a decirle nada al bueno de Dimas porque andaba enfadado. El niño tiró de zalamería.

- Dimas... Perdón. -Dijo el niño tirando de la camisa de su amigo- Por fa.., perdóname solo queríamos jugar y se nos fue de las manos.
- Anda, anda..., no seas enredador. ¿Has dado de comer a Blanquita? Es la más delicada de todas, ya sabes que no le gusta nada que caigan pajotes muy grandes.

El niño estaba triste pensando que su amigo seguía enfadado. Así que decidió cepillar a los animales mientras Dimas se encargaba de otros asuntos. Las dejó muy brillantes y tranquilas, pues a las vacas les encantaba ser mimadas. Cuando el hombre volvió y se dio cuenta del esfuerzo que había hecho, lo llamó y:con una amplia sonrisa de satisfacción le dijo:

- ¿Sabes que has hecho un buen trabajo? 
- Bueno, yo solo quiero que no os chivéis a los Reyes Magos, les he pedido un collar para Tejo y una cazadora vaquera para mí,  y quiero que me traigan todo - Dijo el niño agachando la cabeza-
- No hay nada que perdonar, además, esto que has hecho anula cualquier trastada y los Reyes lo tienen en cuenta. ¡Por cierto, a ver qué te parece esto que te traigo!. - Dimas le alargó una bolsita con algo dentro-
- ¡Bombones! ¡Muchas gracias, Dimas! - Exclamó Julián abrazándose a su amigo-

Llegó la hora de comer y los niños intercambiaron opiniones sobre su experiencia. Estrella y Patricia habían aprendido a hacer albaranes y facturas y a anotar en un libro todo lo que se vendía . También las habían dejado ir a los hornos donde se cocían los ladrillos y tejas, la verdad es que había sido muy divertido. Pepa había acompañado al abuelo a recoger leña y luego se pusieron a hacer pan y dulces; eso fue desde luego lo mejor del castigo porque se comió unos cuantos nada más salir. Eso sí, los niños se enredaron en protestas porque ahora todos querían ir con las vacas y hacer pan y la contabilidad... Dimas les prometió que en la semana podrían, si querían, pasar por los distintos trabajos. Así no habría favoritismos.

- Bueno chicos, ¿qué haréis esta tarde? -Preguntó el abuelo José mientras almorzaban- Ya habéis cumplido con vuestra tarea así que podéis jugar todo lo que queráis.
- Hemos pensado montar unas tiendas de campaña en la charca. ¿Nos dejas, abuelito? - Preguntó Pepa-
- Bueno, hoy habíamos dicho que no habría charca, pero como habéis hecho todo tan bien, por supuesto que os dejo. Dimas os dará todo lo que necesitéis.
- ¡Ay José, no me líes! Que a estos pillos les das la mano....

Todos se rieron, pero sabían que el bueno de Dimas no se negaría a nada. A eso de las tres y media estaban en su centro de operaciones, la Charca de los Patos,  montando unas tiendas de lo más festivas. Eran dos, de listas y bastante brillantes, así que se veían a legua. En una decidieron montar un Belén que ellos mismos habían fabricado con cartón y la otra era para ellos, para tomar allí la merienda. Los dulces que habían hecho antes iban a ser zampados antes de que Gambi dijera miau.

- Chicos, ¡esto nos ha quedado de lujo! - Exclamó Estrella feliz al ver el resultado de la decoración charcopatera-navideña-
- Vaya que sí, pero hemos trabajado lo suyo. ¡Ahora, a por los dulces! - Dijo Julián-

Niños y animales corrieron a refugiarse del frío en su tienda y allí dieron buena cuenta de los pasteles. Pasado un rato, Gambita y Tejo decidieron salir a corretear por ahí mientras sus dueños cantaban villancicos felices de disfrutar juntos la Navidad. En nada, la tarde comenzó a caer y sin darse cuenta se quedaron dormidos.. Al despertar, la oscuridad amenazaba con cerrarse en torno a ellos.

- ¡Chicos, chicos!¡Despertad! ¡Nos hemos quedado dormidos y mi abuelo estará preocupado!- Dijo Pepa levantándose a toda prisa-

De repente se escuchó un ruido, como de pisadas sobre la hierba. Los niños se asustaron, de ser Dimas ya les habría dicho algo y no, no era una sola persona, sino varias las que parecían merodear en el exterior. 

- ¿Habéis oído? - Preguntó Patricia a la vez que hacía señas con las manos para que no hablaran- 

Pepa abrió un poco la puerta de la tienda y vio a varias personas dejando paquetes de regalos en la otra tienda. Antes de que pudieran verla entró de nuevo.

- Qué raro, chicos. He visto a cuatro o cinco hombres vestidos con ropas llamativas guardando paquetes. Son pajes, os lo digo. Pajes de los Reyes Magos.

- ¡Hombre claro y yo Napoleón! - Contestó Julián-

- A ver, no es la primera vez que nos encontramos con ellos. ¿O es que ya no os acordáis? - Preguntó Estrella- ¡Parecéis bobos, de verdad!

La niña se refería a aquella Navidad en la que gracias a Gambita y Ferrari, el perrete de Julián, llegaron hasta donde SSMM los Reyes Magos de Oriente tenían su campamento mágico. Gracias a los animales, pudieron verlo y vivir una aventura alucinante. Algo les decía que volvían a vivir un momento único.

- Esperad, esperad..., ¡Es Metkén!¡El paje de Gaspar! - Gritó Patricia- Chicos, vamos a ver qué pasa.

Los niños salieron al exterior y se llevaron una sorpresa aún mayor. La noche estaba cayendo y el trajín de los pajes era incesante. El abuelo José y Dimas estaban con ellos.

- ¡Ya era hora, dormilones! - Les espetó Dimas al verlos- Vamos, hay que echar una mano a esta gente o no llegan.

Los chicos se quedaron paralizados hasta que Metkén y el abuelo José se acercaron a ellos.

- ¡Abuelo!  ¿Qué está pasando?

- ¡Ey! ¡Mirad! ¡En la charca! - Advirtió Estrella-

- Pero.., pero...¡Si son renos! - Exclamó Julián sorprendido! -



- Efectivamente -Dijo Metkén sonriente- ¡Cuánto tiempo, chicos! Habéis crecido muchísimo, espero que os alegre verme tanto como yo me alegro de veros a vosotros.
Los niños se abrazaron al paje, al que sin duda se alegraban muchísimo de ver. Se atropellaron queriendo preguntar hasta que Metkén pidió calma.

- Metkén, ¿Ese reno no es Rudolph? El reno guía de Papa Noel - Preguntó Pepa-
- Así es. Los demás están descansando ya, los ha llevado Dimas al establo. Y os preguntaréis qué hacen aquí y qué hacemos nosotros. ¿No es así?

Los niños asintieron con la cabeza, mirando a Metken y al abuelo José.

- Pues veréis, resulta que San Nicolás se ha dormido en los laureles y va tarde. Fijaos la hora que es y aún no ha emprendido camino hacia su lado de la Tierra, así que tenemos que echarle una mano o los niños que lo esperan no tendrán regalos.

- Metkén se puso en contacto conmigo y me contó lo que pasaba, necesitaban un sitio donde almacenar regalos y que le viniera bien a Santa. Aquí es perfecto. -Aclaró el abuelo José-
- Pero... ¿Y las personas que vienen diariamente? -Preguntó Julián- ¡Van a ver las carpas, los regalos, los renos!
- Tranquilo, somos magos - El paje le guiñó un ojo y el niño entendió- El caso es que le vamos a ceder los regalos que teníamos nosotros preparados, como tenemos tiempo, podemos llegar sin problemas al día 6. Eso sí, necesitamos ayuda.

Los niños se pusieron a trabajar rápidamente. Un paje de Melchor les dio un montón de cartas para leer y adjudicar los regalos. Tejo y Gambita ayudaban a desatar los paquetes así que estaban muy bien organizados.  Llevaban ya un rato en ello cuando vieron que a Estrella le corría una lágrima por la mejilla.

- ¿Qué te ocurre? - Preguntó Pepa-
- Esta niña estadounidense tiene a su padre en el hospital y no quiere juguetes, solo quiere que se recupere y poder abrazarle en Navidad. Le cuenta a San Nicolás que sufrió un accidente y desde hace meses no despierta. No sé cómo podemos hacer. Tal vez nuestros Reyes, como son tres puedan ayudarla. ¿No creéis?
- Bueno, igual ni los conoce, pero por intentarlo -Sugirió Julián-

Todos se quedaron muy tristes, ningún niño merecía pasar la Navidad sin sus padres viviera donde viviera.  Metkén se había dado cuenta de que algo pasaba así que se acercó hasta los niños. Estos, le contaron.

- Todo el mundo tiene derecho a un milagro en Navidad ¿Lo sabéis? Esta niña tendrá el suyo. - Les sonrió el paje mientras les hablaba-
- ¿Se lo pedirás a Sus Majestades? - Preguntó Pepa-
- No es necesario. Sentaos conmigo un momento y cerrad los ojos.

Los niños obedecieron, después Metken les pidió que pensaran en la niña abrazando a su padre y que se imaginaran una casa con un árbol enorme y una familia sentada a la mesa. Así lo hicieron, notaron como si se elevaran y no pudieron evitar emocionarse pensando que el milagro se haría realidad. Cuando abrieron los ojos, todo brillaba alrededor, pequeñas gotas doradas flotaban e iluminaban el rostro de los niños.

- ¿Qué ha pasado? - Preguntó Pepa-
- Habéis hecho realidad el deseo de esa niña. San Nicolás le llevará a su padre el día de Navidad.
- Pero... ¿Cómo? - Patricia no podía salir de su asombro-
- Con vuestro amor. Solo el que sale de un corazón limpio obra milagros. Y ahora, a seguir eligiendo regalos, Santa debe estar al llegar.
- ¡Pero si tiene aquí los renos! ¿Cómo va a venir?- Exclamó Julián-
- Ya, pero es que de eso se han encargado SSMM, los Reyes Magos de Oriente. Viendo que no le daba tiempo, se quedaron de los animales para que no tuviera que estar pendiente de ellos y de ese modo,  centrarse en  los pedidos. Por eso están aquí.

Terminaron de todo y Dimas fue a buscar el trineo mágico que guardaban en El Tejar. Los niños alucinaron cuando vieron a los renos enganchados y a Rudolph con su nariz roja.

- ¡Ey Dimas! ¡Eres el Santa más chulo del globo terráqueo! - Gritó Julián muerto dela risa-
- ¡Ay pillastre! Verás como te quedas sin subirte.

De no se sabe donde, los pajes sacaron chocolate con churros para hacer la espera más amena. Santa tenía que llegar a las doce y media. Mientras esperaban, Dimas y los niños subían al trineo.

- No me digáis que no es raro que estemos aquí sentados. Lo normal es que nos hubieran dado un paseo en camello los pajes. - Dijo Patricia-
- Bueno, ¡no está mal este trineo, eh! -Contestó Julián-
- Ya, pero a fin de cuentas, los nuestros son los Reyes y aquí estamos echando una mano a Papá Noel. -Reflexionó Estrella-
- Visto así, tienes razón Patri. -Dijo Pepa-

La una de la madrugada y Santa no aparecía. El abuelo José fue a por mantas para los niños, estaba empezando a helar.

- ¿Dónde se habrá metido este hombre? - Preguntó Metkén a otro paje-
- No lo sé, pero como no espabile, nos vemos nosotros disfrazándonos y tirando millas para América. Mira, no me apetece nada, pero todo sea por los niños.
- ¿Habéis hablado con Sus Majestades?  - Preguntó el abuelo José-
- Hace un rato, pero vamos a volver a preguntar - Contestó Metkén-
- Bueno, tranquilos, allí son por lo menos siete horas menos. Eso dice mi profe de inglés - Dijo Estrella intentando tranquilizar a todos-

El paje se alejó hasta que todos lo perdieron de vista, a la vuelta venía con cara de sorpresa.

- Me ha dicho S.M. el rey Baltasar que lo dejaron cerca de aquí hace más de dos horas.
- Ahora sí que la hemos liado buena -Dijo Dimas apesadumbrado-
- ¿¡Pero dónde se habrá metido!? -Exclamó uno de los pajes- ¡Es que no llega, Metkén, no llega!
- ¡Está bien, está bien! No hay tiempo que perder. Necesito alejarme porque voy a utilizar una magia muy poderosa y no podéis estar cerca.
- ¿Vas a convertirte en Santa? - Preguntó Julián-
- Así es. Los niños que dependen de él no pueden quedarse sin regalos.

Se estaba alejando Metken justo cuando vieron venir una figura baja y redondita. A medida que se acercaba, no dejaba lugar a dudas de quien era.



- ¡Por el amor de Dios! ¡Nicolás, que vas tardísimo! - Le espetó Metkén nada más verlo- ¿Y esto? ¿Qué llevas en los bolsillos?

El paje vio que asomaba una cuerda de uno de ellos y otras más del otro. Al tirar...¡Sorpresa! Un salchichón y varios lomos en caña. Los niños, el abuelo José y Dimas rompieron a reír a carcajadas, no podían parar. A Santa Claus le gustaba la buena mesa, sin dudas.

- Veréis, me he retrasado un poquito porque resulta que he descubierto que en España se come de maravilla y como la noche va a ser larga... - Dijo Santa ajustándose las gafas- ¡Hola chicos! ¡Qué guapos sois, me han dicho mis amigos los Reyes que os van a traer muchas cosas y a ti, Dimas...
- ¡Nicolás! -Gritó Metken- ¡No puedes contarle lo que les van a traer!
- ¡Jou, jou jou! Es una broma, Metkén, tienes que relajarte, querido. Bueno, cuando acabe todo esto quiero una reunión al más alto nivel. Quiero proponer a vuestros jefes que intercambiemos territorio, yo llevo mucho en aquel lado y vosotros aquí. Justo es que cambiemos, ya es hora.
- Claro... Y porque aquí se come de maravilla - Dijo el abuelo José por lo bajito para que solo lo escucharan los niños que no pudieron aguantar la risa de nuevo-
- Bueno, bueno, ya hablaremos, pero te digo que no van a querer - Le contestó el paje-
- Claro, no me extraña. Donde voy no hay jamón de pata negra ni cocido madrileño ... Todo lo que hay engorda y no está tan bueno, es que...
- ¡Que no llegas! - Le cortó de nuevo Metkén-

San Nicolás subió al trineo y los niños aguantaron la respiración, sabían lo que venía ahora y estaban expectantes:

- ¡Donner, Blitzen, Vixen, Cupid, Comet, Dasher, Dancer, Prancer y Rudolph.. ¡Arriba!

Y el trineo mágico se elevó sobre la Charca de los Patos ante la mirada alucinada de los niños, Dimas  y el abuelo José. Antes de marchar, Santa dio una vuelta en el cielo y volvió colocándose sobre ellos.

- Sé lo que habéis hecho por la niña americana que ni siquiera conocéis. Su padre estará mañana con ella. Antes de dormir, mirad al suroeste, en la estrella de Belén os dejaré un regalo. ¡Adiós amigos!

Y se marchó dejando a todos con el corazón acelerado. ¡Habían ayudado a Santa! Nerviosos se despidieron de los pajes a los que seguirían viendo hasta la noche de Reyes y se fueron raudos a dormir.
Nada más llegar a sus habitaciones miraron al punto exacto que les había dicho San Nicolás y vieron la estrella de Belén que brillaba con fuerza.

- Mira que si nos ha dejado una caja de Coca-Cola... - Dijo Julián haciendo reír a las niñas-
- Después de lo del salchichón y el lomo en caña... ¡Me espero cualquier cosa! - Contestó Patricia-
- De repente, la estrella empezó a brillar todavía más y comenzaron a salir letras hasta formar una frase.


Los niños se quedaron boquiabiertos.

- No puede ser. ¡Mirad! - Exclamó Pepa señalando al cielo-

Salieron raudos al pasillo y allí estaban, 4 brillantes bicicletas con cesta y carrito para poder llevar a Gambi y a Tejo. ¡Regalo de San Nicolás!

- ¡Cómo molan! - Exclamo Julián! - ¡También hay regalos para Gambi y Tejo! ¡Y para Dimas y el abuelo Jose! ¡Este Santa es la caña!
- Chicos, mirad esto - Dijo Estrella-
- Ja, ja, ja, ja ¡Coca-Cola! - Exclamaron los niños a la vez-

Y así llegó la Navidad a la Charca de los Patos, de la mano de los pajes de los Reyes Magos y de un despistado y glotón Santa Claus que quiere que le cambien su lugar de trabajo. ¿Creéis que lo conseguirá? Estad atentos al año que viene.

Feliz Navidad para todos los seguidores de Casa Encantada, que el 2021 nos traiga salud, paz y muchos encuentros en nuestra casa mágica. Felicidades, queridos amigos.



domingo, 20 de diciembre de 2020

FENÓMENOS EXTRAÑOS EN CASA ENCANTADA. Bienvenidos a Cuarto Ratenio.

Cayó la noche en Casa Encantada, el día había transcurrido entre ir y venir de amigos acarreando leña, viandas, mantas nuevas... Todo para enfilar un invierno que este año parecía adelantarse.

Mientras algunos subían a sus habitaciones a descansar, otros preferían pasar un rato en la emisora de radio. Era el caso de Plumillas y Matilda que no podían esperar para contar a sus oyentes en qué iba a consistir su nuevo programa.  Ya habían adelantado en verano que se llamaría: << Cuarto Ratenio>>
De repente, una música se escuchó en toda la casa y en todas las radios de los habitantes del Guadiato que en ese momento escuchaban la emisora de Casa Encantada.

- Buenas noches queridos amigos de Casa Encantada Radio, soy Plumillas, vuestro reportero favorito que vuelve con muchas y nuevas aventuras. En mi equipo, y como no podía ser de otra manera, Matilda, la lagartija más intrépida del Guadiato. Queremos presentaros nuestro nuevo programa: Cuarto Ratenio, que comenzará tan pronto nos hagáis llegar vuestras historias sobre sucesos inexplicables. Podéis contactar con nosotros a través de nuestra pagina web: www.casaencantada.info, correo electrónico: plumitilda@casaencantada.info o bien a través de nuestras redes sociales en Facebook, Twitter e Instagram. 
Nos trasladaremos hasta el lugar para en vivo, comprobar todo aquello que nos contéis. Arrancamos el sábado noche, no os lo perdáis.

A una señal del ratón, Matilda subió la música y en pocos minutos, comenzaron a llegar historias de todas partes contado sucesos dignos de su atención.

- Mira Plumillas, he recibido un correo electrónico de don Avelino Churrete.
- ¿Algo interesante?
- Sí, al parecer en su casa desaparecen cosas y hay ruidos que no puede explicar. Nos pide que vayamos a investigar a ver si podemos ayudarle.
- Estupendo, dile que mañana sin falta estaremos allí a inspeccionar la casa.

El día siguiente amaneció con lluvia, como podéis imaginar a Matilda no le gustaba nada el tiempo porque su verde brillante empezaba a desvanecerse por momentos. No, no era el clima adecuado para una lagartija, pero eso no la detendría en su trabajo así que a las nueve de la mañana estaba en el comedor esperando a Plumillas para desayunar. Mientras el ratón llegaba, Matilda conversaba con la seño Yolanda que le explicaba la vuelta al cole de los más pequeños.

- Así que este año tenemos a la hija de Lucinda, la oveja del cruce Los Molinos y a Rosita Montesinos, la abubilla que ya conoces. - Explicó llevándose la taza de té a los labios-
- ¡Sí! Rosita es muy lista, ya veras que buena alumna.

En ese momento, a Matilda y Yolanda se unieron Pirú, don Leonardo y Teresa, la boti, que antes de abrir la farmacia pasaba siempre a desayunar con sus amigos. No tardó en llegar Plumillas cargando con una aparatosa mochila.

- Pero... ¿Qué llevas ahí? - Preguntó Pirú-
- Todo lo necesario para nuestra investigación en casa de don Avelino Churrete. Fenómenos extraños, querido Pirú.
- Ya... - Murmuró Pirú mesándose la barba-
- También llevamos un tentempié para el camino.
- ¿Y en qué consiste? Si puede saberse... -Preguntó Teresa-
- Té con pastas, mira.

Teresa cogió el paquete de pastas y puso cara de asombro.

- ¿Pero tú sabes lo que lleva esto? ¡Insensato! Aceite de palma, potenciadores del sabor, conservantes a tutiplén, azúcar... ¡Bueno, bueno, no quiero seguir leyendo! 
- Pero..., si las he comprado en el Ratadona.
- ¡Como si las compras en el Ratefour! Lo tiro ahora mismo y traigo unas galletas que hice ayer para mis niños.  ¡Os vais a chupar a los dedos!

Sin dar opción a Plumillas, Teresa se deshizo del paquete de pastas y volvió con una cajita que ya olía bien sin abrirla.

- Toma, anda. Os he puesto también dos piezas de fruta, unos frutos secos y leche Con eso aguantaréis bien hasta el mediodía. ¡Ah! Y como vais sin Pirú, y por lo tanto sin magia, os he preparado este botiquín de primeros auxilios.
- Vaaaaaaaaaaale. - Contestó Matilda que estaba fastidiada por perder las pastas-

Se despidieron y salieron a buscar su aventura.

- ¡Adiós, Iker Plumillas y Matilda Porter! - Gritó Pirú desde dentro provocando la risa de los amigos que desayunaban en ese momento.

- Muy graciositos están todos hoy, ¿no? - Protestó Matilda-

Atravesaron el bosque y al fin llegaron a casa de don Avelino. Se trataba de una construcción a base de cántaros que a nuestros amigos llamó muchísimo la atención.
Enseguida vino don Avelino.

- ¡No me habías dicho que es un conejo! - Comentó Matilda por lo bajo-
- ¿Racista a estas alturas?
- ¡No, idiota!, pero me gusta saber con quien voy a verme. Por cierto, que tiene chocolate en la nariz.
- ¿Por qué crees que se apellida Churrete?
- ¿Algún problema? - Preguntó don Avelino.-
- No, no, ninguno. - Se apresuró Plumillas-
- Pasad por favor, os contaré lo que ocurre.



Se adentraron por un verdadero laberinto de túneles y cántaros. Don Avelino les enseñaba su casa mientras les contaba el estrés al que estaba sometido desde hacía semanas. Cada noche, sin explicación alguna se encendían las luces, desaparecía comida y escuchaba ruidos. Grifos que se abrían solos y otras cosas que tenían al conejo muy nervioso.

- Discúlpeme  ¿No pudiera ser un ladrón el que viene a su casa cada noche? - Preguntó Matilda-
- No creas, lo he pensado. Pero ya he cambiado la cerradura un par de veces, además, lo de los grifos.... No le encuentro explicación. ¡Y el frío!

- Bien tranquilícese, echaremos un vistazo y veremos si hay algo raro. - Dijo Plumillas-
- ¿Cómo un vistazo? ¡Tendréis que quedaros a dormir! Todo sucede de noche.

Matilda y Plumillas se miraron, no estaba en sus planes dormir fuera de Casa Encantada, pero desde luego que aceptarían. El resto del día lo pasaron escuchando a don Avelino que resultó un hablador imparable. Matilda a veces bostezaba y se llevaba un codazo de Plumillas, pero es que ese conejo era más bien un loro.
A media tarde tomaron un té en el jardín y el anfitrión aprovechó para presentarles a los vecinos. Don Avelino era especialmente querido por los niños, tenía tantas historias que contar que nunca se aburrían con él. Cuando llegó la noche habían comido tanto que no sabían si podrían mantenerse en pie para cazar al supuesto fantasma.
Plumillas observaba desde su ventana el agua caer. Había comenzado a llover y desde el acogedor cuarto calentado con una chimenea, podía ver el exterior y las casas colindantes. Se caía de sueño, pero de repente... 

Una sombra cruzó el pasillo, no parecía tener pies y llevaba algo parecido a una túnica negra. Fue un instante, aunque lo suficientemente largo como para que el miedo se apoderara de nuestro amigo. En ese momento, Matilda entró rápidamente y sin llamar.

- ¿Has visto eso? ¡Qué miedooo! ¡Un ensotanao! 
- ¡Que ensotanado ni qué porras! Tiene que haber una explicación. Vayamos a echar un vistazo.

Lo dijo sin mucho convencimiento porque la lagartija se percató de que a cada paso que daba su amigo, la cola le temblaba como si estuviera conectada a la corriente.

-  Estás un poco....Acongojado, ¿no?
- ¿Yo? Pues no.

Un portazo inoportuno hizo saltar al ratón de tal manera que Matilda no pudo contener la risa. Ella también se había asustado, pero lo de Plumillas...¡Ay, el Plumis! 

- ¿Qué ha sido eso?- Preguntó Plumillas asustado-
- ¡El fantasma! Ja,ja,ja,ja,ja,ja.
- ¿Estás tonta o es que estás tonta? 
- La puerta de la calle estaba abierta, don Avelino la ha cerrado y se ha generado corriente. ¡Tenías que ver tu cara! Ja.ja,ja. Bueno, pues cuando el señor se recupere del susto, seguimos investigando.


- ¡Eres muy graciosa!- Exclamó Plumillas enfadado.

Siguieron avanzando, la luz de la cocina estaba encendida así que decidieron entrar sin hacer mucho ruido. 

- ¿Esta luz? - Preguntó Matilda señalando con su dedo la lámpara del techo-
- La apagué yo personalmente hará media hora. Vine a beber agua.

Matilda se estremeció.

- Igual fue don Avelino - Dijo Matilda-
- No, señorita - Se escuchó la voz del conejo que alertado por los golpes se había dirigido a la cocina- Yo estaba en mi habitación y me levanté a cerrar la puerta de la calle. La dejamos entreabierta y la lluvia y el viento se colaban.
- Entonces.... - Plumillas dejó la palabra flotando en el aire-
- Para eso os llamé. Y ahora si me disculpáis me vuelvo a mi cuarto. Mañana nos vemos en el desayuno.

Don Avelino dio media vuelta y se marchó por donde había venido.

La noche fue larga y aunque nuestros amigos pusieron todo su empeño, no lograron descifrar qué estaba pasando en aquella casa. A las cuatro de la mañana se fueron a dormir y al día siguiente, las luces volvieron a aparecer encendidas. La despensa había sido prácticamente saqueada.

- ¡Pero bueno! - Don Avelino estaba enfadado- ¡Os he traído para impedir esto! ¿Y qué hacéis? Dormir...
- Pero señor Churrete, verá.... - Habló Plumillas-
- ¡Ni señor Churrete ni señor Churreta! ¡Se han llevado mis provisiones! Ahora tendré que salir al comercio de Rafalito Cortés para que podáis desayunar. ¡Negligentes!

Matilda estaba detrás de don Avelino haciendo burla al conejo y Plumillas no podía aguantar la risa.

- ¿Te hace gracia? - Preguntó el conejo cada vez más enfadado- 
- No, no, disculpe es que me he acordado del susto de ayer y...
- ¡Ahora vuelvo!

Y le vieron perderse en el bosque en busca de nuevas viandas. Matilda no podía aguantar la risa.

- ¡Eres malísima! Qué mal rato me has hecho pasar...
- Ja,ja,ja,ja. ¿Has visto que tenía todo el hocico manchado de chocolate? Para mí que tiene otra despensa en su cuarto y se pone fino. A ver si va a ser sonámbulo y se come sus propia comida sin saberlo.
- Pues no hay que descartarlo. Lo investigaremos esta noche. 

A don Avelino se le pasó el enfado en cuanto Matilda le contó sus aventuras con los ojáncanos. Si era capaz de enfrentarse a esos seres, estaba claro que podría con un fantasmilla de tres al cuarto. El día lo pasaron preparando "trampas" para el fantasma y volviendo a llenar la despensa de dulces, frutos secos, leche... Y al fin llegó la noche, esta vez no pensaban acostarse así que darían de una vez con el fenómeno que alteraba la tranquilidad de aquella casa. Plumillas sacó su cámara de fotos infrarroja, no se le escaparía nada de nada.


En el cuarto de Matilda aguardaban alguna señal que indicara que el fantasma había hecho acto de presencia, pero la noche trascurría tranquila.

- Tú verás como no aparezca - Se impacientó Matilda-
- Salgamos al pasillo, pero sin encender la luz.

Los intrépidos investigadores recorrieron el pasillo a oscuras, habían memorizado las trampas y las evitaron sin problemas. De repente..., frío.

- ¿Lo notas? 
- Sí, Matilda. Es la bajada de temperatura que se advierte antes de que ocurran determinados fenómenos.

Un ruido tremendo vino de la cocina, los amigos encendieron luces y corrieron hacia el lugar donde los ruidos se hacían cada vez más intensos. Antes de abrir la puerta, el silencio de nuevo.

- ¿Abres tú o abro yo? - Preguntó Matilda- ¿Quieres soltar el picaporte? ¡Plumis!

Nuestro amigo se había quedado paralizado por el miedo. Solo al encenderse la luz de la cocina reaccionó y en ese instante, una sorpresa les saltó ante sus narices.


- ¡Bizcocho! ¿Tú? ¿Tú eres el fantasma?
- ¡Sssshhhhh! ¡No hagáis ruido que el conejo se despierta!
- Pero...¡Tendrás poca vergüenza! - Exclamó Plumillas- ¿Es que no tienes bastante con la despensa de Cada Encantada?
- ¡Es que Blasito le ha echado la llave! dice la boti que como muchos dulces y los otros... ¡Pues con tal de fastidiarme no me dejan entrar!
- A ver, Bizcocho - Habló Matilda- No puedes ir por ahí comiéndote las viandas ajenas, además, ¿tú sabes el susto que le das cada noche a don Avelino? ¡Cree que tiene un fantasma en la casa porque te dejas las luces encendidas y abres grifos!
- Claro, es que me tengo que lavar las manos antes y después de comer. ¡Mira estos marranos! ¿Es que vosotros no lo hacéis? Luego si se me olvida apagar alguna lucecilla.....
- ¿Y el ensotanado? ¿Y el frío repentino? - Preguntó Plumillas-
- Es que entro por una de las claraboyas del techo y como se queda abierta hace corriente. Pero del ensotanado ese del que habláis yo no sé nada.

Matilda vio algo parecido a un chaquetón azul marino con capucha sobre una silla. Levantándolo preguntó.

- ¿Esto es tuyo?
- Sí..., es que hace mucho frío. Es una capa que me regaló Pirú igual a la suya, pero en azul.
- Está bien, Bizcocho. Hablaré con Blasito y Benito para que te dejen comer algunos dulces, pero tendrás que pedir perdón a don Avelino por todos los trastornos que le has acarreado. -Propuso Plumillas-
- Se va a enfadar.... - Dijo Bizcocho llevándose una galleta a la boca-

Al ratón goloso no le quedó otra que disculparse, al principio don Avelino se enfadó muchísimo pero luego, escuchando al gracioso Bizcocho, decidió perdonarlo. Eso sí..., todos los días tendría que acompañar al conejo a la compra y luego colocar todo en la estantería. Así durante un mes, que era el tiempo que Pirú había decidido sería necesario para resarcir de todos los trastornos a don Avelino.
Y fue así, con esta historia, como se inauguró uno de los programas más famosos de la radio de Casa Encantada, <<Cuarto Ratenio>> Si habéis tenido alguna experiencia fuera de lo normal, contádselo a Plumillas y Matilda y os solucionarán todo en un pis pas.

NOTA: Los ratoncitos y lagartija han sido extraídos de Pinterest, si tú eres su propietario, por favor, contacta conmigo para poder publicitarte y facilitar que vendas tus creaciones. Si deseas que los retire, respetaré tu decisión. GRACIAS.

viernes, 11 de diciembre de 2020

PREPARANDO LA NAVIDAD con intrusos en el jardín.

Como cada año por estas fechas, los habitantes de Casa Encantada se reunían para decidir los adornos navideños. No había días más esperados en el calendario porque significaba, no solo participar en la decoración, sino ratos divertidísimos y meriendas aún mejores tras finalizar las tareas.
Blasito y don Leonardo decidieron ir a avisar al mago Pirú que estaba enfrascado en un hechizo que no acababa de salirle, al llegar a la puerta de su lugar de trabajo, una luz brillante emanaba de ella. Solía ocurrir siempre que el mago trabajaba en sus cosas. 
Últimamente le había dado por crear luces muy brillantes que se sostuvieran en el aire, quería darles una sorpresa a sus amigos por Navidad, pero algo fallaba. Tras tender la red mágica y brillante, aguantaba unos segundos y se desvanecía. Algo fallaba, pero no sabía qué. En eso estaba cuando tocaron a la puerta.

- ¡Pirú! Vamos, deja lo que sea que traigas entre manos. ¡Ha llegado la hora de adornar Casa Encantada! - Dijo Blasito, el ratón cocinero que había preparado junto a Benito, la mejor merienda que se recordara en años- 
- ¡Un segundo, por favor! -Pirú hizo desaparecer las luces que había creado y salió para encontrarse con sus amigos- Bueno, pues vamos  junto a los demás y veremos qué se les ocurre para esta Navidad.

Se dirigieron al salón donde se reunían los habitantes de la casa. Habían empezado una discusión de si era conveniente o no poner luces en el exterior. Smaugui era partidario de adornar tanto exterior como interior, de ese modo podría ver Casa Encantada iluminada desde su cueva. En cambio, Teresa Recetillas pensaba que era mejor limitarse a los adornos interiores. Envueltos en su particular discusión, no vieron entrar al mago.

- Bueno, bueno, veo que habéis empezado sin mí.
- ¡Pirú! -Exclamó Bizcocho que lejos de opinar, estaba dando buena cuenta de un bocadillo de chocolate- Yo opino que hay que traer más chocolate.

El comentario del ratón goloso hizo reír a todos. ¡Solo pensaba en dulces! Pero había un trabajo que hacer y rápido se reunieron en torno al agradable fuego que desprendía la chimenea.

De repente, una música entrañable recorrió el salón de esquina a esquina. La Navidad había llegado a Casa Encantada, no sin la habitual discusión entre Plumillas y Matilda, que no se ponían de acuerdo en los villancicos. 

- ¡Bien! -Exclamó la seño Yolanda- Ahora sí podemos ponernos manos a la obra. ¿Quién me acompaña a la buhardilla a por las cajas?
- ¡Oh, permíteme! ¿Para qué queréis un mago en esta casa? - Dijo Pirú divertido-

El mago giró su báculo, dijo unas palabras mágicas y las cajas comenzaron a llegar una a una. Los habitantes de Casa Encantada aplaudieron mientras ordenadamente se iban colocando unas junto a otras en la alfombra.

- Bien, veamos qué tenemos - Dijo el mago-
- ¡Un momentoooo! - Matilda acababa de llegar a toda prisa seguida de Plumillas- Ahora ya estamos todos.

Las cajas se fueron abriendo una a una y la revoltosa lagartija, cada vez que se descubría alguna con espumillón, se metía dentro porque las cintas le hacían cosquillas y además le dejaban una pátina de brillo muy divertida sobre su bonita piel verde. Hasta que...

- ¡Socorro! ¡Plumillas! ¡Pirú! 

Se había liado en un espumillón y no podía salir, todos sus esfuerzos solo servían para enredarse más y hundirse en el fondo de la caja.

- ¡Matilda! ¿Dónde estás? - Preguntó Plumillas elevando la voz-

Había muchas cajas, una a una fueron vaciando su contenido hasta que en una apareció la lagartija totalmente cubierta de brillantina roja, blanca, azul.... Y enredada en un espumillón gordísimo que hacía que apenas se le viera.

- ¡Pero!... ¿Se puede saber porqué te metes ahí? - Preguntó Pirú - ¡Todos los años la misma historia! ¡Pero qué animal más tonto!

La lagartija fue liberada por sus amigos y continuaron con su misión que no era otra que descubrir todos los adornos y decidir qué poner.

- Chicos ¿Qué os parece si pongo esto en la chimenea? - Propuso Teresa- 
- ¡Oh! Precioso - Apuntó Yolanda-


- Qué maravilla, Teresa, te ha quedado muy bonito - Le dijo don Leonardo-

La tarde transcurría tranquila, fuera hacía frío pero Smaugui se encargaba de mantener la casa calentita con sus llamaradas. Él se encargaba también de colgar los adornos del exterior de la casa y de los árboles. La verdad es que le estaba quedando de maravilla.

Bizcocho estaba colgando unos adornos en el árbol cuando advirtió algo o alguien correteando por el jardín. Se frotó los ojos, pensaba que veía alucinaciones, pero no... ¿Cómo era posible que el culebre no lo hubiera visto? ¿Y la campana de protección de la casa? ¿Había fallado? Estaba absorto en sus pensamientos cuando una mano se posó sobre su hombro y dio un respingo.

- Lo siento, no quería asustarte - Le dijo Plumillas-
- ¿Has visto eso? - Le espetó el ratón señalando con su dedo a la ventana-
- No... ¿Qué has visto?
. No lo sé, algo se estaba moviendo en el jardín y no era Smaugui.
- ¿Estás seguro? Nadie puede traspasar la campana de seguridad de Pirú. Si has visto algo es que la campana ha fallado. No digas nada y vamos al exterior. ¡Pero suelta la galleta por el amor de Dios!

Los ratones se dirigieron afuera con la excusa de recoger algunas hierbas y ramas de eucalipto, de paso echaron un vistazo para ver qué ocurría.

- ¿Dónde lo has visto exactamente? - Preguntó Plumillas-
- En el camino.

Estaba oscureciendo, las sombras de los árboles se proyectaban sobre la hierba y formaban figuras fantasmagóricas. A eso se unía el silencio que sumía al bosque en las noches próximas al invierno.

- Se ve un resplandor al fondo y si no me equivoco viene de la cueva de Smaugui, es raro que no esté aquí, ha dejado la decoración de los árboles a medias. - Advirtió Plumillas- Vamos a ver qué pasa.

En ese momento, alguien se unía a los exploradores.

- ¡De aquí no se va nadie sin mí!

Matilda aparecía con su arco dispuesta a lo que fuera para descubrir lo que sea que estuvieran buscando.

- ¿Me contáis qué pasa? - Preguntó la lagartija-
- No lo sabemos -Contestó Bizcocho- He visto algo o alguien corriendo por el jardín y queremos saber. A eso hay que añadir que Smaugui está lanzando llamaradas como un loco en lugar de estar adornando la casa por fuera.

Matilda palideció al escuchar aquello, si un intruso había podido entrar en la Casa desconociendo las palabras mágicas, es que la seguridad creada por el mago estaba fallando. ¿Estarían en peligro?  Los tres amigos se encaminaron hasta la cueva del culebre que se empleaba a fondo lanzando fuego en todas direcciones.


- ¡Smaugui! ¡Para, para! ¡Somos nosotros! - Gritó Plumillas-

El culebre paró de escupir fuego y se irguió sobre sus patas traseras. De su nariz salía un humo denso que olía a azufre.

- ¡Hermano! Tienes que lavarte bien los dientes. ¡Puf qué peste! - Exclamó Matilda sacudiendo su mano de derecha a izquierda-
- ¡Hola chicos! ¡Hay un intruso en la casa! Lo he visto y he empezado a lanzarle fuego, pero no sé dónde se ha metido. Corrió en esta dirección - Dijo señalando al este de la cueva que le servía de casa-
- Yo he visto algo también, por eso hemos venido -Contestó Bizcocho-
- Es un hombre - Se apresuró a hablar de nuevo Smaugui- Viste con ropas de colores llamativas y con ese atuendo de verdad que no puede haber ido muy lejos.
- Un momento... - Levantó las manos Plumillas para tomar la palabra - ¿Le has lanzado fuego sin preguntar si quiera quien es o qué hacía aquí? Smaugui.... ¿Y si es un mago amigo de Pirú?

El culebre enmudeció, de repente cayó en la cuenta de que se había dejado llevar por su celo de proteger a sus amigos y ni siquiera se había tomado la molestia de averiguar qué hacía allí ese hombre.

- Oh...,vaya. -Balbuceó retrocediendo unos pasos- Tienes razón, no he preguntado.
- Volvamos a casa, es tarde ya. Mañana seguiremos con la búsqueda. Esperemos que no le haya pasado nada. - Propuso Plumillas-

Preocupados, volvieron a la Casa, no sin antes recoger unas ramas de eucalipto para adornar las mesas y así disimular su ausencia.
Al día siguiente, nada más desayunar se pusieron a adornar puertas y pasillos. Pirú se dio cuenta de que Bizcocho, Pirú y Matilda traían algo entre manos porque hablaban bajito y gesticulaban constantemente, pero por una vez quería estar tranquilo. Si había problemas, tarde o temprano se enteraría. Es lo que tenía aquella casa que las alegrías y los problemas eran cosa de todos.

- Creo que deberíamos echar un vistazo fuera mientras los demás están entretenidos con los adornos - Propuso Bizcocho-
- Yo traigo mi arco, no se sabe qué podemos encontrar - Dijo Matilda-
- Muy bien, he avisado a Smaugui para que nos espere en su casa. En marcha. Dijo Plumillas- ¡Pero deja las galletas, Bizcocho!


Smaugui los recibió nervioso, había visto de nuevo al hombre merodeando por los alrededores. Esta vez intentó acercarse amistosamente pero este nada más verlo salió como alma que lleva el Diablo. Lógico después del recibimiento del día anterior.

- ¿Crees que puede ser peligroso? - Preguntó Matilda-
- No lo sé. Yo lo vi asomándose por una de las ventanas del salón ayer por la tarde. Salió corriendo y todo lo demás ya lo sabéis - Dijo Smaugui-

Los cuatro amigos recorrieron los alrededores, pero ni rastro del extraño que los había  llevado hasta allí. Regresaron a la casa donde Pirú los esperaba. 

- ¿Me vais a contar qué está pasando? 

Pirú sabía que tenia que ser grave si los tres amigos iban con arco y además Smaugui olía a azufre. Implicaba que había utilizado su fuego recientemente y quería saber porqué. Le explicaron lo que vieron el día anterior y el mago puso el grito en el cielo.

- ¿Me estáis diciendo que un intruso se ha saltado la seguridad de Casa Encantada y anda merodeando por los alrededores? -¡Insensatos! ¡Debíais haberme avisado! 
- Tranquilo Pirú, estamos vigilando por si aparece de nuevo - Habló Matilda-

El mago los llamó aparte y les exigió que le contaran todo desde el principio. Luego revisó la campana de seguridad. Nada, todo estaba en orden. Se tomaban junto a la chimenea un menta poleo para relajarse cuando de repente algo se vio por la ventana.



Se miraron asombrados. ¡Elfos! ¡Eran elfos! En ese momento vieron a Smaugui cruzar como una exhalación. ¡Se mascaba la tragedia! 

- ¡Smauguiiiii, noooo! - Gritó Pirú saliendo al jardín apresuradamente-

El culebre al oír la voz del mago se paró en seco. Estaba confundido así que esperó a que sus amigos se acercasen.

- ¡Son elfos, Smaugui! ¡No puedes chamuscar elfos! - Gritó Plumillas!-
- No sé qué son esos enanos extravagantes - Dijo el culebre con cara de enfado y señalando por donde los personajes se habían perdido corriendo-

Matilda abrió los ojos tanto que se le saldrían si no parpadeaba en dos segundos.

- Hermano.... Tienes un lío morrocotudo con la historia de la Navidad. A ver: ¿Sabes quién es Santa Claus? Papá Noel para los coleguitas. El tío de la Coca-Cola, vamos.

El culebre asintió con la cabeza.

- ¡Pues son sus ayudantes! ¡Gaznápiro! - Exclamó Matilda enfadadísima-


- Bueno, vamos a calmarnos - El mago levantó las manos en señal de paz- Ahora tenemos que saber dónde están y pedirles disculpas. Luego saber qué necesitan, no es casual que estén aquí.
- ¡Estos no son los que vi el otro día! ¡Hay otro! ¡Un hombre! Ya os lo dije. Pero hoy..., pues hoy han aparecido esos.... - Dijo Smaugui enfadado y confundido-
- Tiene razón el culebre. No es lo que vimos ayer. - Salió Bizcocho en su ayuda-
- Pues entonces estamos como al principio - Se lamentó el mago- Plumillas, tú y Matilda id a buscar a los elfos e invitadlos a casa. Deben estar asustados. Bizcocho y Smaugui, seguidme, voy a consultar la bola de cristal para saber qué está pasando.

Se quedaron mudos. Pirú no solía consultar la bola, era peligroso, pero esta vez lo consideraba necesario. No sabían quién podía estar ahí fuera ni qué intenciones tenía. El extraño artefacto estaba en su laboratorio, pero el mago no lo quiso utilizar en la casa así que lo envolvió en un paño y lo llevó lejos. 
Smaugui y Bizcocho estaban atentos a todos los movimientos de su amigo. Se sentaron en la hierba y el mago dejó la bola en el medio, acto seguido pidió a sus acompañantes que se dieran la mano para cerrar un círculo en torno a ella. Enseguida una llamarada blanca y brillante salió de aquel artefacto, Bizcocho se sobresaltó y estuvo a punto de soltar la mano de Pirú, pero este lo sostuvo. El mago, cerró los ojos y dijo unas palabras que ninguno pudo entender, al instante, la nube entró de nuevo en la bola y comenzó a dar vueltas en su interior hasta que se fue difuminando y apareció una imagen nítida dentro. Era un paje real, un paje de SSMM los Reyes de Oriente.

- Ahora sí que la he liado buena...- Susurró Smaugui- No me van a traer nada de regalos, Pirú...
- ¡Tranquilo! Hablaremos con él y le diremos lo que ha pasado. - Intentó tranquilizar Bizcocho a su amigo-

En ese momento, Plumillas y Matilda volvían con los elfos y, ¡sorpresa! Con un paje real vestido con ropas verdes y ocres muy brillantes. Smaugui salió corriendo y se escondió en su cueva, no hizo caso de las llamadas reiteradas de Pirú y sus amigos, prefirió esconderse muerto de la vergüenza.

- Queridos amigos, primero quiero disculparme por lo que ha pasado. Y disculpar a Smaugui, que en su celo de protegernos no supo ver que sois seres mágicos. - Dijo Pirú dirigiéndose a los elfos- Ni tampoco supo distinguir  a un paje de SSMM de Oriente. Lo lamento profundamente.

El paje tomó la palabra.

- Acepto las disculpas, pero he tenido que cambiarme de traje dos veces porque ese culebre tiene una puntería...

Todos se rieron. Matilda fue corriendo a ver a su amigo que estaba desconsolado pensando que no le traerían nada de nada. Se había portado fatal. La lagartija trataba de animarlo, pero no había manera. Tampoco lo pudo convencer para que se acercara a la casa y colocara las últimas guirnaldas en los balcones exteriores.
Esa tarde, hubo una fiesta en honor de tan ilustres invitados, pero antes Pirú quiso saber qué les había traído hasta Casa Encantada.

- Pues verás - Dijo uno de los elfos- Simplemente, descansar. Venimos de muy lejos y vamos a Madrid, a solicitar a Su Majestad el Rey el permiso especial para que Santa pueda atravesar el cielo español sin problemas. Y para que SSMM los Reyes de Oriente, puedan entrar en España sin ser detenidos. Con esto del COVID, los humanos tienen restricciones, ya sabéis. 
- No hay muchas casas mágicas de aquí a Madrid que digamos -interrumpió el paje- Así que decidimos pedir que nos dierais habitación aquí.  Lo demás..., lo conocéis. Salio Smaugui y me chamuscó, así que pensamos en volver hoy a ver si teníamos más suerte.
- Pero... ¿Habéis dormido al raso? - Preguntó Bizcocho-
- No, tenemos nuestras propias tiendas, pero no son tan cómodas como una habitación. - Dijo un elfo-
- ¡Ni tan calentitas! - Aclaró el otro-

Tenéis que hablar con Smaugui, está muy triste porque cree que no tendrá regalos - Les informó Matilda- No quiere venir a la fiesta, ni quiere comer, ni salir de su cueva.

Los mágicos visitantes no dudaron en visitar al culebre, al que encontraron llorando como una magdalena. El paje de los Reyes Magos le contó que no pensaban castigarle, solo pedirle que la próxima vez, antes de lanzar llamaradas se asegurara de que no había peligro para nadie. A Smaugui le encantó oír aquello y como buen zalamero que era, se brindó para llevarlos hasta Madrid, de ese modo, haría méritos para tener buenos regalos.
Con tanto mago por allí, la decoración de la casa acabó rápido y quedó muy bonita, por no hablar de la red luminosa de Pirú, que con ayuda de sus nuevos amigos, pudo conseguir que se mantuviera en el aire.

- ¡Bravo! - Gritaron los amigos de Casa Encantada que estaban muy contentos con la visita de los elfos y el paje-

Entonces, el paje de S.M Melchor, se dirigió al centro del salón y pidió un poco de atención a todos.

- Queridos amigos, los elfos de Santa y yo estamos muy agradecidos por vuestro recibimiento.

- ¡Recibimiento caluroso! -Gritó Smaugui provocando la risa de todos-

- Sí, ¡muy caluroso! - Rio el paje - Y por eso queremos que llevéis un mensaje a todos los niños del mundo: Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente y su amigo Santa Claus podrán llegar a todos los hogares sin ningún problema. Que no tengan miedo, que no pierdan la ilusión y que duerman tranquilos porque este año ellos han sido, con diferencia, los que mejor se han portado. 
Los niños han respetado las normas mientras los mayores hacen caso omiso, lo que significa que el carbón va a llegar por toneladas a los hogares españoles. ¡Pero no para los niños! Sino para aquellos jóvenes y adultos que se han portado fatal. Esperamos que tengan estufa, porque van a tener carbón para un año entero. ¡No pongáis esas caras! Si de aquí al 24 o al 6 de enero reconducen su conducta, tendrán algún regalito. Solo los niños con su corazón limpio pueden obrar el milagro, así que estaremos muy atentos a ver qué nos cuentan en sus cartas. Y ahora... ¡Todos a cantar! ¡Feliz Navidad! 

- Plumiiiiiiiis, ¡baila conmigo que esta me gusssta mucho!. Matilda se puso a girar como una loca en torno a Plumillas y a mover la colita hasta que el ratón se animó a bailar. Lo que no consiguiera esa lagartija...



- ¡Chicooooos, algo en español, que estamos en la tierra de Cervantes! - Gritó el mago que bailaba con la seño Yolanda y Bizcocho-


Y mientras sonaba el Burrito Sabanero, la esperanza se extendió por la casa más mágica del Guadiato. Y salió a borbotones por las puertas recorriendo los pueblos y ciudades de España, diciendo a todos los que tuvieron el corazón abierto, que este año los Reyes y Santa traerían el tesoro más preciado: LA SALUD. 
Feliz Navidad a todos, no perdáis la esperanza jamás y si alguna vez no la encontráis, solo tenéis que mirar la cara de un niño. Allí vive.