jueves, 19 de marzo de 2020

Cuentos para un aislamiento encantado. Vuelven los ojáncanos.

En Casa Encantada se ha decretado el estado de alarma por ese dichoso virus que tiene a los no encantados de cabeza. Tras una reunión de los altos responsables de la casa mágica, se ha decidido que los personajes de cuento también deben someterse a aislamiento. 
Y ahí están todos, dentro de la vieja mansión intentando pasar estos días de la mejor manera posible. Como es de esperar, Matilda y Plumillas se encargan de la emisora de radio y de amenizar en lo posible las horas. Las discusiones no faltan.
En el exterior, nuestro culebre favorito, Smaugui, ha encendido la chimenea de un solo soplido, y  es que no hay nada más auténtico que un dragón español. 

Plumillas ha decidido salir al jardín a hacer unas fotografías de la lluvia sobre las palmeras, Matilda mientras tanto aprovecha para poner música de la que no le gusta a su amigo.

- Ya está la lagartija poniendo música cateta... Si es que no la puedo dejar sola. ¡Qué cruz! -Murmura el ratón mientras se agacha para sacar fotos de una bonita azucena-

Don Leonardo mientras tanto cambia impresiones con el mago Pirú. No va a ser fácil tener entretenidos a los más pequeños sin poder salir de casa. En esto, la ayuda de Blasito y Benito, nuestros ratones cocineros, va a ser fundamental. Ya tienen preparado un taller de galletas y magdalenas para esta tarde, así que andan a tope disponiendo todo en la cocina.

- ¿Cree que esto durará mucho, don Leonardo? - Pregunta Pirú-
- Pues... ,dependerá de la gente no encantada, nosotros no podemos hacer mucho.
- No entiendo muy bien la decisión que hemos tomado, a fin de cuentas somos mágicos, poco nos puede pasar. - Dice Pirú mientras pasea por el salón-
- Me preocupan las pesadillas de los más pequeños, ya sabes que lo malo entra por ellas así que es mejor mantenerlos divertidos y en casa, sin contacto con la gente no encantada. Ellos deberían hacer lo mismo con sus niños.
. Tiene usted toda la razón- ¿Otro té?


Mientras tanto, Plumillas sigue haciendo fotos de aquí y de allá. Ve  la casa de doña Pepita, la ardilla, que no quiere salir, pero le saluda desde la ventana. 

- Doña Pepita, buenos días, hago una foto de su casa y se la mando luego. ¿Le parece bien?
- Claro, hijo. Anda, vete pronto que no están las cosas como para estar en la calle.

De vuelta ya en Casa Encantada, Plumillas se dirige a la emisora para enseñarle las fotos a Matilda. Ha decidido que va a sacar una edición especial del periódico de Casa Encantada con fotos de los alrededores e historias de don Leonardo. 

- Mira Matilda, a ver si te gusta lo que traigo. ¿Quieres quitar al Bisbal? De verdad, eres una lagartija muy pesada.
- Si te crees que voy a poner música con ruido vas listo. ¿Sabías que la batería armando jaleo es un instrumento que atrae a los seres malos malísimos que viven en unos sitios que no podemos ver? - Le dice Matilda apuntándole con un lápiz-

Plumillas toma aire profundamente y se sienta. No quiere discutir con ella, no tiene remedio. 
Imagen extraída de Pinterest, si es de tu autoría déjame un comentario y un modo de contacto, o pídeme que la retire y lo haré. 

De repente, siente mucho picor en la nariz y comienza a estornudar.

- ¡Atchis! ¡Atchis!
- ¿Te has constipado? -Le pregunta la lagartija-
- Esta mañana estaba bien. ¡Atchis! Qué raro...
- ¡Madre mía que te veo venir, eh!

Plumillas se asusta y se levanta de la silla como si algo le hubiera picado. Comienza a andar de un lado para otro con las manos en la cabeza. Una de las veces, se gira tan rápido que se lía los pies en su propia cola y casi se cae.

- ¿Y si tengo coronavirus? ¡Que he salido de la casa! ¡Ayyyy que me he contagiado! ¡Socorro! ¡Ayuda! ¡Pirúúúúúú!

Matilda apoya su barbilla en la mano izquierda mientras que con la derecha, tamborilea los dedos sobre la mesa. No puede aguantar la risa.

- ¡No puedes contagiarte! Eres un ratón, ¡so insustancial!
- ¡Pues entonces tengo corona-ratón!

En ese momento, la lagartija saca de debajo de la mesa un matamoscas y le atiza en toda la cabeza al pobre Plumillas. Este, asombrado deja de gritar. En ese momento, la puerta de la emisora se abre y aparecen Pirú y don Leonardo, que alertados por los gritos se dirigen raudos a averiguar qué está pasando. 

- ¿Qué ocurre aquí? -Pregunta don Leonardo enfadado-
-  Plumillas dice que tiene corona-ratón. -Matilda comienza a reír-
- Sabíamos que iba a pasar esto. Bien, os quiero ver en cinco minutos en el salón. Vamos a hablar con todos los habitantes de Casa Encantada para que nadie se vuelva loco.- Propone el mago-

Todos reunidos en torno a la chimenea, grandes y pequeños, aguardan expectantes lo que tienen que decirle sus amigos mayores. Don Leonardo toma la palabra.

- Como todos sabéis, la gente no encantada está poniéndose malita por un virus que se llama COVID-19, pensaban que era como un constipado, pero al final ha resultado ser peligroso y altamente contagioso y por ese motivo, han decidido quedarse todos en sus casas durante 15 días y probablemente, muchos días más. Así evitan también que abuelos y personas delicadas se enfermen.
- ¿Y a nosotros también nos afecta? -Pregunta Smaugui-
- Veréis -Habla ahora Pirú- Nosotros somos personajes mágicos, en principio no podemos contagiarnos, pero..., tenemos interferencias con el mundo no mágico a través de los sueños de los niños. Si uno de ellos tiene pesadillas, lo malo de su mundo, puede pasar al nuestro y por eso es importante que nosotros también permanezcamos en casa mientras ellos solucionan sus problemas.
- No sabía que los sueños fueran tan importantes.... - Murmura Bizcocho- ¿Y podemos ayudarles?
- Sí, amigo- Contesta nuevamente el mago- Hay que soñar y pensar cosas bonitas para que podamos vivir todo eso. Es muy importante que el mundo no mágico y especialmente los niños, tengan buenos pensamientos, el mundo entero depende de ello. También el nuestro. Ahora, debemos permanecer todos juntos teniendo sueños hermosos con ellos, enviando pensamientos de felicidad para que pronto puedan salir de su problema.
- Pues entonces, vamos a enviarles pensamientos llenos de salud y a imaginarlos felices. ¿Qué os parece, chicos? - Dice la seño Yolanda-
- ¿Y comidas ricas? ¿Podemos enviarles algo? - Dice Benito que sale del salón y vuelve rápidamente con un plato delicioso-


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Todos ríen la ocurrencia y se preparan para la rica comida del mediodía. Cuando llega la tarde todos están tranquilos, cada cuál con un pensamiento alegre para los no encantados. Todos menos Plumillas, que desoyendo las recomendaciones ha vuelto a salir a hacer fotos.
Los alrededores de Casa Encantada en esta época están preciosos. La hierba crece fresca y alta y las flores brotan sin aparente orden rompiendo el verde. Una alfombra multicolor se extiende ante la cámara del ratón que sin darse cuenta se va alejando.
De repente, se escuchan pasos, unos pasos poderosos que hacen temblar el suelo. Plumillas recuerda perfectamente la última vez que oyó algo así. No podía ser...
Corre a esconderse tras una roca y asustado ve algo que pensaba no volvería a ver jamás. ¡Ojáncanos!

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- ¡Y no me he traído la rosa azul para avisar a los demás! - Plumillas registra sus bolsillos, su mochila...Nada, no tiene el mágico utensilio que los habitantes utilizan para comunicarse- 

Decide permanecer quieto y en silencio hasta que los ojáncanos se alejan lo suficiente como para no poder verlo. Pasado el peligro, corre como alma que lleva al diablo y consigue alcanzar Casa Encantada en tiempo récord.

- ¡Pirú! ¡Pirú! 

Sube las escaleras corriendo y a quien primero encuentra es a la lagartija con una mascarilla y guantes.

- ¿Pero qué haces? - Dice Plumillas parándose frente a ella-
- Estoy ensayando, por si de verdad tienes algo y me lo pegas. ¡Tuuuuuuuuuuuuuuuuso! ¡No te acerques! ¡¡Plumillas culo de bombilla!
- Qué graciosita eres, Matilda. ¿Y si eres tú la que tienes el coronatija?

Matilda saca de no se sabe dónde el matamoscas y el ratón se pierde corriendo casa adentro. Al llegar al salón, Pirú y don Leonardo se sobresaltan.

- Pero..., alma de cántaro, ¿dónde vas con esas prisas? -Pregunta el mago-
- ¡Pirú, don Leonardo! ¡Hay ojáncanos en los alrededores! ¡Los he visto!
- ¿Y qué hacías en al calle si se puede saber? - Le pregunta don Leonardo un tanto enfadado-
- ¡Reportajes! La prensa no puede parar.

Estando en la conversación oyen un batir de alas y un ruido inmenso que solo puede ser Smaugui. Algo pasa afuera. Corren al exterior y se encuentran al culebre lanzando grandes llamaradas para alejar a dos ojáncanos que se acercaban peligrosamente a la casa. ¿Cómo era posible que la campana de protección de la  estuviera desactivada?

- ¡Pirú! ¿Por qué no funciona la protección de Casa Encantada? - Pregunta don Leonardo preocupado.
- El hechizo dura 22 horas, estoy trabajando para poder completar las dos horas que faltan, pero no he dado todavía con resultados. Siento que haya pasado esto, los detendremos.

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Smaugui se estaba enfrentando a los poderosos ojáncanos que asustados salen corriendo buscando alguna cueva en la que ocultarse, con tan mala fortuna, que se meten en la que el culebre se había fabricado como hogar, justo entre las grandes escorias de mina.

- ¡Se han metido en mi casa! -Grita enfadado Smaugui-
- Tranquilo, amigo, los sacaremos de ahí y volverán a su lugar de origen. No pintan nada en estas tierras y ya tenemos bastantes problemas como para encima enfrentarnos a estos seres. -Contesta el mago- Ahora, tenemos que intentar que en dos horas no salgan de ahí o lo pasaremos mal. Después idearemos un plan para que salgan de manera definitiva.
- Entendido, los mantendré a raya. -Contesta el culebre-

Los ojáncanos no se movieron del que parecía su nuevo hogar. Smaugui tenía guardadas muchas cosas brillantes y las olivinas que Matilda le había regalado. A estos seres realmente no les interesa nada de eso, pero son dañinos y malos y lo primero que hacen es deshacerse de todo tirando las cosas a un arroyo cercano.
Con la protección de la casa de nuevo operativa,  se reúnen todos en el salón. Matilda, toma la palabra.

- Familia, estoy preocupada porque los ojáncanos han venido precisamente a un lugar donde crece la encina, cuyo fruto es una de sus comidas favoritas. Me temo que vienen a quedarse y que si los echamos de aquí, se irán a cualquier dehesa e intentarán aislarla haciendo desfiladeros. También me preocupan las golondrinas, se comen todas las que pueden y no podemos permitir que aquí hagan eso.

La seño Yolanda se quedó muy preocupada, entre sus alumnos había golondrinas, como el caso de Victoria y Guillermo, los dos hermanos traviesos que solían comerse las semillas de los huertos. No sabía cómo, pero esos seres maléficos tenían que salir de los alrededores de Casa Encantada.

- Al menos, la cuarentena de la gente no encantada ayuda a que no anden por aquí. Imaginaos que se encuentran con ellos, morirían del susto - Dice don Leonardo-

El día llegó a su fin con una preocupación indisimulada. Y luego estaba Smaugui, que se había quedado sin casa, así que entre todos habían extendido unos enormes toldos desde la puerta principal de Casa Encantada hasta los eucaliptos para que pudiera resguardarse. El culebre cubrió los laterales también para evitar que entrara el aire, de ese modo se hizo una casa a modo de tienda de campaña. Sería suficiente hasta que pudiera recuperar su hogar.

El silencio se hizo hueco en la noche, tan solo se escuchaban algunas aves nocturnas, ni siquiera los murciélagos se atrevían a salir, sabían que eran un plato delicioso para los temibles ojáncanos.
Al día siguiente, se encontraron con algo que no esperaban. A primera hora de la mañana, doña Carmelita Despistillos estaba frente a la casa muy nerviosa, don Leonardo al verla la hizo pasar.
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- Pero, doña Carmelita...¿Qué hace usted aquí? ¿No sabe que no se puede salir?
- Calle, calle, don Leonardo... He tenido que salir esta mañana a unas comprillas y a la vuelta ...¡No he podido regresar a casa! ¡Ay qué desgracia!
- Tranquilícese, entre y cuénteme todo.

Entraron al salón, Bizcocho le trajo una  taza de café bien caliente para que se le pasara el susto y luego escucharon su relato. Doña Carmelita vivía en "Las Corridas", una finca llenita de encinas y cercana a Casa Encantada, esa mañana todo parecía normal hasta que de repente, de la nada salieron unos enormes desfiladeros que han aislado toda esa zona. Imposible salir o entrar, con lo cuál muchos personajes se han quedado atrapados en sus casas. Y lo que es peor...Han visto a unos seres descomunales, con un solo ojo merodeando por allí, algo que no se conoce por estos lares. Todos están muy asustados.

- No se preocupe -dice Pirú- Puede quedarse aquí hasta que todo pase, nosotros nos encargaremos de este problema.
- Pero... ¿Que son esos bichos?
- Son ojáncanos, doña Carmelita, unos seres que representan todo lo feo y malo. Tranquila, aquí estará segura.
- Gracias... Para agradeceros vuestra hospitalidad, os haré una tarta enoooorme. ¿Vale?
- ¡Nos parece perfecto! - Se apresura a contestar Bizcocho-

Matilda, que ha escuchado todo desde el pasillo, entra para preguntar a don Leonardo.

- ¿Por qué doña Carmelita lleva un zapato de cada color?
- ¡Oh!, ¿es que no lo sabes? Es la señora más despistada de todos los alrededores, es bastante probable que ni se haya dado cuenta de ese detalle.
- No es posible.
- ¡Si yo te contara! Hace cosas peores, créeme.

Y se alejó por el pasillo riendo a carcajadas. A Matilda le intrigó muchísimo esa señora, ya habría tiempo de saber más, ahora había que trazar un buen plan para sacar a los ojáncanos del Guadiato.
Avanzada ya la mañana, una comitiva compuesta por el mago Pirú, Matilda, Plumillas y Smaugui, se dirige hasta la finca ocupada por los ojáncanos. Al llegar al cruce con la carretera de Fuente Obejuna, se detienen. Una enorme grieta les cierra el paso, es imposible acceder en muchos kilómetros, los ojáncanos se han empleado a fondo haciendo desfiladeros.

- ¿Cómo es posible que hayan hecho esto en tan poco tiempo? - Pregunta Plumillas-
- Son muy poderosos -Contesta el culebre- toda su maldad es equivalente a esta fuerza que desatan. A veces, me parecen invencibles.
- Bueno, bueno, mantengamos la calma - Dice Pirú- Intentaremos cruzar al otro lado con un hechizo. No os separéis de mí. Matilda..., a mi bolsillo.

La lagartija, obediente, se introduce en el bolsillo del mago y espera lo que haya de suceder. Una nube plateada los envuelve y cuando abren los ojos, están en un precioso prado salpicado de tilos y encinas que termina en la cola del pantano. El agua está tranquila, solo se altera con el salto de las carpas que ajenas a sus nuevos vecinos, saltan y disfrutan del día soleado. Algunos patos hacen acto de presencia, Matilda cuenta hasta cuatro especies distintas. Sin duda, el Guadiato es un paraíso para los animales y no pueden consentir que esos seres monstruosos destruyan este maravilloso entorno.

De repente, escuchan pasos, otra vez esos temibles, ruidosos y escalofriantes pasos, corren a esconderse detrás de una encina, desde allí, pueden ver a un ojáncano sentado tranquilamente. Alrededor, multitud de cáscaras de bellota.

- ¿Veis eso? - Susurra Matilda desde el bolsillo de la túnica de Pirú- Hay que atraparlo.
- Escuchad, el plan es esperar a que estén los dos para poder paralizarlos, luego tú, Matilda y  tú, Plumillas los ataréis fuertemente por si durante el viaje despiertan. Smaugui, tendrás que volar hasta Cantabria para devolverlos a su lugar de origen. - Propone Pirú-

- De acuerdo, pero no creo que pueda llevar a los dos a la vez.
- En eso tiene razón, Pirú. - Dice Plumillas-
- No lo había pensado... - El mago se mesa la barba e intenta buscar una solución rápida-
- Bien, detrás de esos roquedos han excavado una cueva, podemos introducir a uno de ellos allí mientras Smaugui vuelve. Yo me quedaré para asegurarme de que no despierta del hechizo-
- Nosotros nos quedamos también. -Propone Matilda-

Tan metidos en la conversación estaban que no vieron venir a uno de los temibles seres, solo cuando el suelo tembló bajo sus pies, fueron conscientes de lo cerca que lo tenían.

- ¡Corred! - Gritó Plumillas-

 Pirú se interpone entre el ratón y el ojáncano y en un rápido giro de su báculo, el terrible ser queda paralizado como si fuera una roca.

Rápidamente, Plumillas y Matilda atan fuertemente al ojáncano y  casi sin esperar, Smaugui levanta el vuelo y se pierde en el cielo.

- Buen trabajo, chicos. - Dice el mago- Ahora nos queda la ojáncana y esa... es más temible si cabe que su compañero.
- ¿Es verdad que roba a los bebés de los humanos? - Pregunta Plumillas-
- Así es amigo, así es. También se come a los niños que se pierden en el bosque así que por una vez, suerte que están todos los humanos en sus casas y no zascandileando por ahí, eso les va a salvar la vida.

Pero nada más terminar la conversación, aparece la temible ojáncana. A diferencia de su compañero, ella tiene dos ojos y una enorme boca con dos colmillos tan grandes que parecen de jabalí. También llama poderosamente la atención los grandes pechos que se echa a la espalda para correr.

La ilustración creo que es de "Cotiva", si ves este cuento, por favor, déjame un mensaje para poder llegar a un acuerdo. Si no deseas que esté aquí tu dibujo, lo retiraré. 

- Chicos... ¿Qué lleva debajo del brazo? Es...Es... -Balbucea Matilda-
- ¡Es un niño! -Grita Plumillas- ¡Hay que salvarlo como sea!

Pirú les explica que no puede emplear el hechizo porque afectaría al chico así que tienen que pensar algo muy rápido. Por suerte, no han sido vistos y la horrible criatura se dirige a unos roquedos donde debe tener la cueva. Hay que actuar urgentemente o el niño morirá. 

- ¡Ideas! ¡Rápido! - Dice Matilda muy alterada! 
- Humo, hay que llenar la cueva de humo para que salga - Propone Plumillas-
- ¡Oh, gran idea! - Exclama la lagartija- Y de paso atufamos al niño. ¿No?

Lagartija y ratón se enzarzan en una de sus típicas discusiones mientras Pirú mira al agua perdido en sus pensamientos. Tiene que haber alguna solución.

- Matilda - Dice al fin - Necesito tus dotes teatrales y tu valentía.
- Lo que mandes, Pirú.
- Quiero que te pongas delante de la cueva y la llames, que grites, que cantes, que hagas toda clase de ruidos. Molesta todo lo que puedas hasta que consigas que salga. Tienen muy mal genio y si mi intuición no falla, no tardará en asomar su fea cara y entonces, podré lanzar mi hechizo.
- ¡Me niego a que vaya sola! - Exclama Plumillas-
. Tranqui, Plumis..., sé cuidarme solita.

Y sin dar tiempo a nada más, la lagartija corrió entre la hierba hasta ponerse frente a la cueva.

- ¡Ehhhhh! ¡Tú, tetona! ¡Sal de ahí! ¡Te voy a peinar con mis flechas, so marrana despeinada!

A una distancia prudencial, el mago y el ratón reían las ocurrencias.

- ¿Lo ves? ¿A ti se te habría ocurrido algo así? - Pregunta Pirú-
- Pues no, no soy tan desvergonzado. Por suerte. ¡Le ha dicho tetona! 

Mientras, Matilda se ha puesto a chillar, un chillido tan agudo que molesta a pájaros, hormigas y todo animal que se le ocurra pasar por allí.

- ¿Me tienes miedo? ¡Sal, gorrina, que tienes más pelos que un gato! ¡Ojáncanaaaaaa! ¡Tía fea!

De repente, pasa algo que nadie tenía previsto. Don Antonio, el búho, aterriza con una pasajera a sus espaldas.

- Pero... ¿Se puede saber qué hacéis aquí? ¡Insensatos! - Pirú levanta las manos muy enfadado.
- Uuuuuuuuuuh, qué genio tiene este hombre.... - Dice doña Carmelita Despistillos que baja del búho atusándose la ropa-
- Lo siento Pirú, es que no sabes cómo tiene a los cocineros de Casa Encantada. Ha agotado toda la harina, todos los huevos y toda la leche que había haciendo dulces. Además, se ha puesto a dar órdenes... Vamos, que si no la traigo, nos vuelve locos a todos. - Explica el pobre búho-

Mientras hablan, doña Carmelita se dirige hasta Matilda que se sobresalta al verla a su lado.

- ¡Doña Carmelita! ¿Pero usted qué hace aquí? ¿No le han dicho lo que pasa? - Matilda se pone delante de ella intentado protegerla, teme que salga la ojáncana de un momento a otro-
- ¡Pues qué voy a hacer! Para unos días que está aquí mi hijo, le hago churros para desayunar porque le encantan. Así que tenía que venir ¿Sabes que es aviador?

En ese momento aparece el temible ser, no trae al niño pero está enfurecida por los chillidos y los insultos de Matilda. La lagartija monta el arco y de repente ve cómo la ojáncana se desploma sin sentido. Al caer, el suelo retumba y doña Carmelita y Matilda salen disparadas.

- ¿Qué ha pasado? -Pregunta Matilda ayudando a doña Carmelita a levantarse-
- Pues.., había una lata de cocacola delante de la cueva, le he dado una patada y le ha impactado al bicho ese en toda la frente... Y por cierto, he perdido un zapato. ¡Anda! ¡Pero si llevo uno de cada color!

El mago no da crédito a lo que ve, pero lo da por bueno y se apresura a inmovilizar a la ojáncana con el hechizo. Cuando entra en la cueva, el niño está asustado y llorando en un rincón.

- Tranquilo pequeño, todo ha terminado.

El niño se abraza fuertemente al mago y cuando consigue calmarse, le dice donde vive y es devuelto sano y salvo a sus padres.

Esa noche fue larga, todos se quedaron a acompañar a Pirú hasta que Smaugui pudo volver de madrugada. Habían hecho falta dos hechizos más para mantener a aquella fiera dormida. 
Al día siguiente, decidieron celebrar que el culebre había recuperado su casa, aunque se puso muy triste cuando vio que sus olivinas y sus cachivaches brillantes no estaban. Todos prometieron ayudarle a buscarlos, no podían estar muy lejos porque los arroyos no llevaban mucha agua.
De momento, se quedaría en su improvisada tienda de campaña, su casa olía fatal después de la breve estancia de los ojáncanos.
Para celebrar que todo había salido bien se dio una fiesta. Por supuesto, no faltó doña Carmelita que hizo una tarta deliciosa.
Imagen extraída de Pinterest, todo lo que he encontrado sobre ella es este enlace. Nostalgie Fantasy Maus mit Sahnewaffeln, Filzmaus,Landhaus/Shabby Tilda-Art Ooak

Poco a poco se fueron apagando las luces y los personajes de Casa Encantada se marcharon a dormir, pero antes..., dedicaron un rato a tener pensamientos bonitos para los humanos.  Seguidamente, durmieron en la confianza de que al día siguiente todo habría sido un mal sueño y el mundo de los no mágicos, estaba a salvo de virus, de gente mala y de pesadillas.
Buenas noches amigos, soñad bonito, como Plumillas.

Imagen extraída de Pinterest, si es de tu autoría déjame un comentario y un modo de contacto, o pídeme que la retire y lo haré. 

Que este cuento sirva para que todos los que estáis en casa sin poder salir, multipliquéis vuestras esperanzas en un mundo mejor cuando todo esto pase. ¡Ánimo!.

Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento ya sea electrónico o mecánico, el tratamiento informático, el alquiler o cualquier otra forma de cesión de la obra sin la autorización previa y por escrito del titular del copyright. Código de registro: 1908281789692


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