domingo, 30 de octubre de 2016

AVENTURA EN CHATEAU DE MAURIAC.

Esa noche Reyes no había dormido bien, extraños sueños de brumas y monjes habían poblado su mente sin saber el motivo.
Tenían por delante varias horas de viaje hasta Senouillac en Francia, cerca de Toulousse, y la noche sin dormir no era precisamente un buen comienzo.
Hacía tiempo que barajaba la idea de hacer el camino de Santiago desde Roncesvalles, el problema es que siempre se interponía algún otro asunto que obligaba a posponerlo. Sin embargo, no sabía porqué se sentía tan conectada a todo eso, su corazón la llamaba a realizar aquel camino del mismo modo que el cerebro despierta la sed. En su sueño había visto nítidamente imágenes de la catedral con monjes que la llamaban, caminos transitados por peregrinos de otras épocas, cruces templarias y salmos en latín.

-¡Venga cariño, date prisa que ya vamos tarde! -Exclamó su marido tocando a la puerta del baño.
-¡Voooy!

Reyes echó un último vistazo al espejo, llevaba un abriguito ligero en cámel, un jerséis de mohair y unos tejanos. El cabello rubio y suelto acariciaba su rostro que quedaba perfectamente iluminado con unas perlas australianas, regalo de su abuela el día que cumplió los dieciocho años.
Tomó una pequeña maleta donde había puesto lo imprescindible para pasar el fin de semana y enfiló la salida. Destino: Castillo de Mauriac.

- ¿Qué te ocurre? Estás muy callada y eso no es muy habitual en ti - Preguntó Javier extrañado por el silencio de Reyes.

- He dormido mal, he tenido sueños extraños que sin llegar a ser pesadillas me han mantenido toda la noche en continuo sobresalto.
- Bien, puedes dormir un poco, tenemos muchas horas por delante hasta llegar al castillo. Descansa.

La carretera interminable terminó por vencer a la chica que se quedó dormida. Quería estar descansada pues se habían puesto en camino para asistir a una subasta de objetos antiguos. No sabían muy bien qué se subastaba pero siempre era interesante pasar un fin de semana en un castillo del siglo XIV.
De nuevo, los sueños...




Volvió a despertar sobresaltada, no entendía muy bien qué pasaba por su cerebro para recrear una y otra vez la misma secuencia mientras dormía.
- ¿De nuevo los frailes? Pregúntales si antes fueron cocineros porque  me está entrando un hambre.... -Dijo Javier bromeando con los sueños de Reyes-
- ¡No tiene gracia! - Y sin más, se hizo un ovillo con la mantita que llevaba para abrigarse.

Al fin, el maravilloso castillo se perfiló en la lejanía, el corazón de Reyes palpitó fuerte de emoción y la sonrisa iluminó su cara sonrosada por el pequeño sueño, esta vez tranquilo, que había podido conciliar en la última hora.
Setos perfectamente podados, amplia entrada flanqueada por un verdor brillante, piedras blancas que seguían siendo testigos del paso de los humanos por aquellas tierras impregnadas de historia y literatura... Por un momento, el alma de nuestra amiga voló a otras épocas y se preguntó cuántos secretos no guardaría aquella fortaleza en su bolsa repleta de tiempo.
Cuando abrieron la puerta del coche, un viento gélido les azotó inmisericorde.

- ¡Dios mío, no hemos venido preparados para este frío! - Exclamó Reyes cruzándose el abrigo todo lo que daba y encogiendo los hombros-
- Bueno, ya no tiene remedio así que cojamos la maleta y entremos.

Los alojaron en una enorme habitación pintada de tonos añil y beige, al fondo, una cama con dosel y unas delicadas mesitas que rápidamente despertaron la curiosidad de los huéspedes. La ventana daba a una pequeña piscina y al jardín. En ese momento se percataron de que la fortaleza no tenía calefacción.

- Disculpe señor - Se dirigió Javier al botones- ¿No tienen calefacción en el castillo?
- Monsieur, no teníamos reservas para este fin de semana, salvo el salón donde se celebrará la subasta que estaba contratado desde hace un mes y que sí está dotado de calefacción independiente, el resto carece de ella. Hemos aprovechado la ausencia de huéspedes para solucionar unos pequeños contratiempos que venimos sufriendo con la calefacción de las habitaciones, mucho me temo que hasta el lunes no estarán solucionados. Lo siento, si puedo hacer algo más por ustedes... En el armario encontrarán mantas de lana que les ayudarán a combatir el frío.
Dejó la última palabra en el aire y cerró la puerta tras de sí. Los pasos se oyeron en el largo pasillo, luego un silencio y de nuevo pasos.

- En fin, mirémoslo por el lado positivo, estamos en un lugar cargado de misterios. - Dijo Reyes mirando a su alrededor y sonriendo-
- Sí, estoy seguro de que será un inolvidable fin de semana.

Bajaron para almorzar y aprovechando que el sol acariciaba tímidamente la región, dieron un paseo por los alrededores. Antes habían mantenido una pequeña conversación con la relaciones públicas del castillo que les había comentado que el lugar era en realidad una antigua fortaleza militar templaria. Reyes hizo cálculos, si era del siglo XIV, significaba que su edificación coincidía con el trágico e injusto final de la Orden y eso la hizo estremecer. A su mente acudieron las imágenes de un Jacques de Molay, el último Gran Maestre, maldiciendo en la hoguera a sus verdugos mientras las llamas consumían su cuerpo. Las palabras resonaban ahora en su cabeza como si hubiese estado presente en el fatídico momento.

"Clemente, y tú también Felipe, traidores a la palabra dada, ¡os emplazo a los dos ante el Tribunal de Dios!... A ti, Clemente, antes de cuarenta días, y a ti, Felipe, dentro de este año... "

Curiosamente, la maldición o profecía de de Molay se cumplió. A los treinta y tres días de la ejecución de los templarios, moría el papa Clemente V en el castillo de Roquemaure, posiblemente envenenado.
El rey Felipe IV de Francia, nueve meses después de la pira de París, fallecía misteriosamente mientras cazaba.
Se apretó instintivamente contra Javier que la miró preocupado.
Entraban de nuevo en la fortaleza cuando se cruzaron con más huéspedes, todos dispuestos a pasar frío: Alemanes, suecos y otros europeos, anticuarios en su mayoría.
La tarde vino cargada de sombras, el sol se escondía tras nubes negras y el viento comenzó a azotar las paredes. En su loca acometida aullaba como un lobo enjaulado y acabó metiendo el temor en el cuerpo a todos los presentes. El miedo generalizado era quedarse sin suministro eléctrico.

- Damas y caballeros, a continuación, se subastará una pieza única, un fardo de documentos perfectamente ordenados y fechados en el siglo XIV, hallado en los subterráneos de este castillo. Su autor es el último Gran Maestre de la Orden religioso-militar del Temple y su contenido, la negación de los cargos que les llevaron a su disolución y muerte. Pueden contemplar el estado de conservación y la extraordinaria caligrafía, en él, su autor desmonta uno a uno los motivos que el rey de Francia esgrimió para liquidar la Orden. El precio de salida es de 100.000 euros.

- ¡Oh Dios mío! - Exclamó Reyes llevándose la mano derecha a la boca.
- Sí cariño, lo sé, es algo maravilloso pero el precio...Mucho me temo que alcanzará un valor muy superior. - Contestó Javier con cara de disgusto-
- ¡No es eso, no es eso! ¡Yo he visto esos papeles antes! - Le dijo asiendo su brazo con nerviosismo-
- Chsssst! - Una dama rozando los setenta se giró para regañar al joven matrimonio-
- ¡Vamos fuera! Le susurra Reyes a Javier.

Ambos salieron de la sala y se dirigieron a un pequeño bar que había al fondo del largo y amplio pasillo.

- ¿Pero qué estás diciendo sobre esos papeles? ¡Por el amor de Dios Reyes, eso es imposible!
- Que te digo que no, que los he visto.., ¡en sueños!
- ¿En sueños? Reyes.....
- ¿Recuerdas lo que te dije esta mañana sobre mis "pesadillas"? Bien, pues uno de los monjes llevaba esos papeles en la mano y pude ver la caligrafía. Son los mismos trazos, la misma letra. ¡Son esos, de verdad!
- De acuerdo, supongamos que ha sido una coincidencia. ¿Qué quieres hacer ahora?
- Quiero bajar a los sótanos del castillo.
- ¿Cómo? ¿Estás loca? ¡Estamos en Francia Reyes, no podemos infringir la ley!- Dijo Javier levantándose del taburete y llevándose las manos a la cabeza-
- Sí querido pero..., mañana hay huelga general en el país -Arqueó las cejas y acompañó el movimiento con una sonrisa picarona-
- De acuerdo, pero si nos metemos en un lío, tú inventas la manera de salir.
- ¡Acepto!.

La noche envolvió al chateau de Mauriac, en la lejanía se escuchaba el viento gemir, ningún animal nocturno merodeaba ni emitía señal alguna. El frío arreciaba y Reyes no podía dormir con apenas unas mantas y los pies helados así que decidió levantarse, a fin de cuentas eran casi las tres de la madrugada y por lo tanto la jornada de huelga había comenzado.
Cerró la puerta tras de sí con sumo cuidado para no despertar a Javier que a pesar del frío, dormía plácidamente.

- Mírale, como un cachorro. - Pensó antes de cerrar la puerta. Le mandó un beso silencioso y cerró-
Al salir al pasillo, se encontró a una pareja de alemanes con los que habían intimado durante el almuerzo.

- ¡Faiga, Gerard! ¿Qué hacéis levantados a estas horas?
- Oh, "Reyas", el frío aquí cala hasta los huesos, es un frío extraño que no nos permite dormir.
- Sí pues eso se lo cuentas a mi marido. -Susurró la frase de manera apenas audible-
- ¿Perdón? No entiendo yo...
- No, nada, nada, Gerard, que estoy de acuerdo contigo, este frío es insoportable.
- Hemos pensado hacer una pequeña excursión por el castillo. ¿Te apuntas? -Sugirió Faiga-
Faiga era hija de español y alemana y dominaba a la perfección el castellano, en cambio, Gerard seguía teniendo problemas para expresarse. Reyes dudó unos instantes, no estaba bien dejar a Javier en su habitación mientras ella correteaba alegremente por los corredores de la vieja fortaleza. ¿Y si encontraban algo digno de mención? Rápida como un rayo, se volvió a la habitación y zarandeó a su marido hasta hacerlo despertar. En diez minutos estaban junto a los alemanes.

- Bajemos a los sótanos- Propuso Reyes.
- De acuerdo - Asintieron

Descendieron las escaleras con sumo cuidado, al llegar a lo que parecía una bodega, una enorme puerta de madera les cerraba el paso.

- Vaya, con esto no habías contado, "Indianita" - Le dice Javier a Reyes revolviéndole el largo y espeso pelo.

Reyes se dirige hacia la puerta, toma el picaporte y ésta se abre sin ofrecer resistencia.

- Adelante, damas y caballeros. - Les dijo acompañando sus palabras con un gesto que les invitaba a pasar. En el interior, botellas de vinos de la casa, champagne, cognac y diversos caldos de procedencia variopinta.
El lugar era amplio y oscuro, limpio para ser una bodega pero demasiado húmedo. Con el frío, la humedad calaba los huesos. Recorrieron la estancia ayudados por la luz de las linternas que el matrimonio alemán había aportado a la inesperada excursión. Javier comenzaba a ponerse nervioso.
- Oye Reyes, no deberíamos estar aquí, es peligroso.
- ¿Peligroso? ¡Oh vamos, no seas gallina!
- ¡Mirad! Aquí hay una sombra como de haber habido una puerta - Habló Faiga-

Todos se dirigieron hacia la angosta esquina que formaba la pared con la enorme vasija donde Faiga se recostaba despreocupada. Reyes estudió con sus dedos la zona donde supuestamente había estado alojada la puerta. En efecto, una línea delgada de argamasa aparecía en color ligeramente más claro delatando la presencia del portón. Golpeó con los nudillos pero sonó macizo.

- Aquí no hay nada, si lo hubo han debido taparlo muy bien. - Habló Javier que empezaba a estar cansado de la aventura-

Faiga seguía echada sobre la enorme vasija que en su día debió albergar agua o cereal, se fijó en los bordes enormes de la boca y luego fue descendiendo hasta el fino asiento. Parecía estar pegada al suelo y el mínimo movimiento haría que la base se desprendiera.
Reyes acarició el recipiente y se sintió poderosamente conectada con él, recordó el sueño. Había una tinaja como esa en algún lugar que no podía determinar, pero desde luego era igual: grande, rojiza y de bordes redondeados.

- Ayudadme a recorrerla - Dijo excitadísima-
Todos se miraron, si la movían lo más probable es que la base se quedara pegada al suelo.
- ¡Vamos, no tenemos toda la noche!
Sin rechistar, todos empujaron. Sintieron un crujido y efectivamente, el fondo de la tinaja se separó del cuerpo como si el corte hubiese sido ejecutado con un cútex.
- Mira lo que ha pasado, ¡es que lo esperábamos, Reyes!. Venga, vámonos de aquí- Propuso Javier desesperado-
- ¡No! ¡Espera!

Reyes se puso en cuclillas y comenzó a retirar el barro del suelo, poco a poco apareció algo metálico. Todos colaboraron y al cabo de unos minutos, una trampilla hizo acto de presencia ante los alucinados ojos de los aventureros. Necesitaron grandes dosis de fuerza y paciencia para abrirla, cuando al fin cedió, un olor a moho, humedad y podredumbre se adueñó de las pituitarias de los presentes. El hueco era estrecho pero dejaba sitio para una persona; en la pared, unos anclajes hacían de escalones.

- Yo iré primero - Se ofreció Gerard, que tras echar un vistazo con la linterna, se aseguró de que al menos los primeros escalones parecían estar en buen estado-

El silencio se adueñó del lugar, al fin vieron un haz de luz enfocar hacia arriba y una voz en lo profundo que les invitaba a bajar. Reyes fue la segunda pese a la negativa de su marido a seguir con aquello. Cuando hubieron tocado tierra, las caras, manos y vestimenta de todos estaban llenas de telarañas, polvo y otras manchas difíciles de determinar.

- Bien, hay dos caminos, vosotros decidís cual exploramos primero- Comentó Reyes exultante de alegría por el descubrimiento-
Se miraron algo asustados pero ya que habían llegado hasta allí, era ilógico volver, así que decidieron tomar el camino de la derecha. Avanzaron de dos en dos hasta que el corredor se hizo tan estrecho que una persona rozaba con los hombros la pared. El suelo era terrizo y estaba mojado. Tenían la sensación de haber descendido al menos dos metros porque el aire era pesado y rancio. Comenzaba a hacer calor pero de repente, tras casi media hora de larga caminata a varios metros bajo tierra, la luz se abrió ante nuestros amigos.
Una espectacular sala revestida de mármoles se presentó ante sus incrédulos ojos. A escasos metros de donde se hallaban petrificados por la sorpresa, se erguían columnas que se perdían en el infinito entrelazándose en lo alto, como ramas de vid unas con otras en un abrazo vertiginoso de luz y belleza. Bancos de sobriedad recoleta aparecían adosados a la pared. Sepulcros antiguos que contenían los restos de caballeros muertos en las Cruzadas se presentaban incrustados en los arcosolios. Al fondo, distinguieron un altar sin retablo donde el mármol traslucía dando la sensación de estar bajo un sol radiante En lo alto un bellísimo Cristo daba la bienvenida a todo el que se acercaba por la nave central. El templo tenía tres naves separadas por columnas, con capillas laterales recubiertas de complicadas bóvedas de crucería y decorados pilares para darle sensación de amplitud. Reyes reconoció el bauceant de la Orden del Temple que pendía sobre su mástil en el centro del altar.
Todo estaba en silencio, los improvisados excursionistas pensaban que de un momento a otro aparecerían los monjes, pero nada de eso ocurrió. Se sentaron en un banco frente al altar, sin hablar. Transcurridos unos quince minutos, por un lateral apareció un anciano de unos ochenta años; cabeza rapada, ojos grises y afilados, barba blanca partida en dos y nariz aguileña, vestía una túnica con los filos labrados y ceñida con un amplio cinturón de cuero. Aquella persona encajaba con la descripción de cualquier Gran Maestre de la Orden del Temple.
Todos retrocedieron con miedo, todos menos Reyes que había visto antes ese rostro, no sabía donde, pero le era familiar.
El anciano ocupó su sitio en el sillón y con fuerte acento extranjero ordenó a Reyes que se acercara hasta él. Ésta obedeció al punto y nerviosa se arrodilló frente al singular personaje. El anciano sonrió y sus ojos grises se afilaron mucho más. Tomó las manos de la joven entre las suyas y le habló.

- Al fin te conocemos querida amiga, tenemos muchas cosas de las que hablar. Ofréceme tu brazo y sígueme.

La chica miró hacia atrás buscando a su marido, éste le hizo un gesto de desconcierto encogiéndose de hombros.
El anciano y Reyes se perdieron entre las columnas. Al principio, el silencio incomodaba a la joven pero a medida que abandonaban el templo y se adentraban entre los largos corredores y salas, la paz la inundaba. De vez en cuando, el Gran Maestre miraba a la joven y Reyes se azoraba sin saber qué decir, una sonrisa del anciano bastaba para devolverle el sosiego. Al cabo de un rato, el hombre rompió el silencio.

- Bueno, mi joven amiga, ¿es que no vas a preguntar nada?.
- Tengo tantas preguntas que no sé por donde empezar. -Contestó deteniendo la marcha-
- Pues empieza desde el principio. – Le animó -
- Verá yo.., es que he tenido unos sueños donde le veía a usted y a más...
- Templarios- Interrumpió el anciano-
- Eso es. Pero.., es que no sé... ¿Qué hacen aquí?
- Lo que hemos hecho siempre querida, lo que hemos hecho siempre.

El anciano reanudó el paseo deteniéndose en una sala de sencilla y secular belleza donde las paredes aparecían adornadas con pinturas murales que representaban escenas del Nuevo Testamento. Al fondo, una puerta de madera tallada permanecía entreabierta como si estuviera aguardando su llegada.

- Pero usted es... Es... Es....
- Jacques de Nemours. Gran Maestre de la Orden Soberana y Militar del Temple de Jerusalén.

El anciano pronunció las palabras con voz profunda y solemne. Reyes vaciló, las piernas le temblaron porque por un momento pensó que pronunciaría el nombre de Jacques de Molay. El Gran Maestre leyó en el pensamiento de la joven y sonrió.

- Pero ¿Por qué sueño con ustedes? Es que no entiendo nada, discúlpeme pero mi marido me espera y yo...
-Hizo ademán de marcharse pero una vez más, el hombre la detuvo de manera cariñosa, mirándola con aquellos ojos cristalinos que traspasaban el alma.
- Tenemos mil formas de conectarnos contigo, formas evolucionadas que aún no comprendes. Te elegimos a ti porque en un momento de tu vida, nos buscaste.
- ¡Claro! ¡El camino de Santiago! Tantas veces pospuesto y tantas veces soñado. Mi amor por los sabores del pasado, mi curiosidad por esta Orden.... - Pensó Reyes rebuscando en su alborotada memoria-
- Tu corazón aventurero y el reflejo de tu alma vieja que aflora volviendo a ser quien fue. - Apuntó el Gran Maestre -
Reyes no había entendido ni una palabra, pero decidió que era mejor dejarse llevar por aquella bendita locura. Muchas veces había querido vivir algo semejante y desde luego, no desperdiciaría esta ocasión.
- ¿Sabes que eres un poco demonio con faldas? - Le dijo de Nemours sonriendo - No me mires así- Prosiguió el Maestre desplegando una brillante sonrisa- Has oído bien, un demonio con faldas. Sabemos todo de ti a través de tu padre.
- ¡Papá! ¿Papá es templario? Espere, espere, ¡que esto sí que no me lo esperaba!
El Maestre rió con ganas.
- Es el Senescal de la orden en tu región.
- ¿Cóooooooooooomo? ¿Y no me había dicho nada? - Preguntó  con los ojos abiertos de par en par-
- La Orden jamás se disolvió, a través de los tiempos fuimos pasando nuestra sabiduría y nuestro secreto más preciado de unos hermanos a otros. Pocos son llamados a nuestras filas y los elegidos guardarán silencio por el resto de sus días sobre lo que vean o escuchen. Tú también serás instruida y el camino descubierto borrado, aunque he de confesarte que han pasado siglos hasta que te ha sido revelado.  En fin..., eso tendrás que hablarlo con papá, demonio con faldas.
Reyes sonrió asombrada, no pensaba que aquel hombre resultase tan cercano.
- Te veo sorprendida- Dijo el Maestre a medida que la invitaba a pasar por la puerta entreabierta-
- Sí, me sorprende su sentido del humor.
- ¿Pero tú no sabes que el sentido del humor lo inventó Dios?. – Preguntó  deteniéndose de nuevo-
- Pues no sé. Supongo. –Contestó apenas susurrando -
- A medida que la chispa que hay en ti – tocó el corazón de la joven con su mano derecha-, crece, crecerás tú también y te acercarás a Dios y mientras más cerca estés de Él, más motivos tendrás para reír y más gustarás del sentido del humor.
- Todo esto me tiene asombrada Gran Maestre. Nunca pensé que un sueño así pudiera hacerse realidad.
- ¡Mujer de poca fe! – Dijo el anciano colocando sus manos sobre los hombros de la joven- Confía en Él, Él sabe. –Dijo estas palabras acompañadas de una mirada llena de fuerza -

Reanudaron la marcha entrando en otra sala muy parecida a la que habían dejado, dos puertas laterales y otra frontal daban paso a nuevas estancias. Salieron por la puerta de la derecha y llegaron a una habitación amplia e iluminada; al fondo una mesa de despacho y varias estanterías repletas de libros. Algunas sillas se alineaban en la pared a izquierda y derecha, de frente una espesa cortina de terciopelo blanca con una cruz templaria al medio. La tranquilidad, el olor a rosas y la paz que se colaba alma adentro por las venas, le dijeron a Reyes que se encontraba en un lugar especial. Tomó asiento para descansar sus temblorosas piernas.
El Gran Maestre se dirigió  a las cortinas, Reyes se había quedado atrás pero a una señal se levantó y le siguió.

- ¿Quieres hablar con Él? –Le preguntó el Maestre modulando la voz-
- ¿Con Él? - Al instante Reyes se dio cuenta ¡El Arca de la Alianza! ¡Estaba frente a ella y no se había dado cuenta! ¡Claro, eso era lo que custodiaban aquí, lo que habían guardado por los siglos de los siglos!
Asaltada por la emoción, la joven notó como sus ojos se llenaban de lágrimas haciendo que todo brillase a su alrededor, en su hombro sintió la mano amiga del Gran Maestre. Transcurridos unos segundos, recuperó el aliento y se dirigió a de Nemours.

- Ahora que no nos escucha nadie, -Habló - ¿Usted cree que esto tiene remedio?
- ¿De verdad crees que nadie nos escucha?. – Contestó el anciano con la voz cargada de humor -

Reyes miró hacia todos lados sin comprender y su candidez hizo reír una vez más al Gran Maestre. Al rato, comprendió.

- Puedes estar tranquila, el mundo tiene remedio – Le habló de Nemours- Sufrirá durante mucho tiempo las iniquidades del Hombre, pero a la humanidad le espera un futuro radiante lleno de esperanza. Confía en Él, al final su verdad relucirá y el hombre encontrará la paz.
- Pero a veces la esperanza es dolorosa. –Comentó  entristecida -
- No, joven amiga. La esperanza es un fruto que debes aportar a tu vida, es un don de Dios, de hecho lo es todo. El Padre te dio libertad de elegir, de creer y de crear. Busca tu fe, no es preciso que le busques a Él  porque jamás dejó de estar contigo. Navega mar adentro sin miedo, experimenta, juega, ríe y sé feliz. 
- Eso es muy bonito pero..., ¿qué hay de esa gente que comete todo tipo de atrocidades?
- Eso es algo que sólo a Él concierne pero su plan es perfecto, créeme. Tú, no invites a tu experiencia nada que no desees experimentar y deja de preocuparte por lo que piensan de ti o lo que hacen los demás. 
- No hay que preguntar, esto es como la regla del Temple. –Dijo sonriendo -
- Eso es – Sonrió de Nemours satisfecho-. Tú simplemente confía y sé feliz.

Reyes se sintió invadida de ternura, traspasó las cortinas y fue testigo de algo que jamás pudo imaginar. De vuelta con los compañeros, estos estaban tan alucinados como ella, se atropellaban por hablar e igual reían que lloraban de emoción. Un grupo de monjes les condujo a la salida, pero antes, les hicieron entrega de unos hermosos incunables de incalculable valor. Todos, absolutamente todos estaban allí por algo y aunque habían empezado a estornudar y a tiritar de frío, aquella aventura bien merecía un buen constipado.
Ahora nuestra amiga tenía una misión encomendada por el mismísimo Gran Maestre. Ella y Javier, debían asistir a subastas localizando los objetos que hubieran pertenecido a la Orden. Reyes, como es natural, estaba encantada aunque... A la vuelta tendría unas palabritas con papá por haberle ocultado algo tan maravilloso.
Pronto realizarían el camino de iniciación e ingresarían en la Orden pero eso es una historia que contaremos otro día.
Actualmente, Reyes y Javier se andan reponiendo de lo que ellos llaman "resfriado templario".

Obra registrada en el Registro de la Propiedad Intelectual. Todos los derechos reservados. (c) Código: 1011087793500

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Rencores

No es así como imaginaba el perdón, encadenados los noes, sin momentos donde florezcan lágrimas.
Corazones vivos desnudos al sol, tiernos los remordimientos que gritan no, no, no... ¿Acaso estoy soñando? Miles de días vacíos llenos de espera con flores en la boca, sonrisas, síes... Ahora, es no.
Qué pena aquellos silencios venenosos que han llenado de cenizas mis recuerdos. Qué pena que los harapos tapen lo que fuera gloria y mañana. Hemos caído de manera anónima y se paga con días sin ti, con días sin mí. No, es no.
Se enciende la vertiginosa memoria y me pregunto en qué lugar del corazón se halla el perdón. No hay perdón, porque no tengo tiempo de salvarme.


Esta obra está protegida por las leyes de copyright y tratados internacionales. Número Registro Propiedad Intelectual:  1803146136805

jueves, 22 de septiembre de 2016

Otoño desde la ventana

El perecedero calendario arruga las hojas que asoman a mi ventana, fija el dorado al suelo como se fija la nostalgia al recuerdo, anuncia que las últimas alegrías del verano..., tocan a su fin.
Los deleites de las flores quedan en el pasado, aunque sus súplicas de espera se prendan al viento, pronto los arroyos quedarán entumecidos y el sol, enredado en noviembre, solo será una crisálida amarilla, dormida a la espera de romper en primavera.
Murmullos de otoño, cuchillos de lluvia removerán la tierra que alumbrará verde. 
Bienvenido, pasa.

Nota: Registrado bajo licencia SafeCreative.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Las aventuras de Pepa Jones y su gato Gambita. Capítulo III. Fuego

El verano es la mejor época del año para los niños, es lo que pensaba Pepa Jones mientras chapoteaba en la Charca de los Patos. El abuelo había tenido la estupenda idea de delimitar una zona para que pudiera bañarse sin peligro, así que no había día que se quedara sin su baño.
Esa  mañana había llegado muy temprano, como era ya costumbre, con su bici y su gato Gambita. Abuelito le había prometido desayunar con ella bajo los eucaliptos pero había demasiado trabajo en el Tejar. Un continuo ir y venir de personas a por tejas, ladrillos y otros materiales, hacía entender a la niña que el abuelo tardaría en aparecer.

- Oye Gambita, ¿a que no te sabes la lista de los emperadores Julio-Claudios?

El gato la miraba sin entender, permanecía en la orilla jugueteando con todo lo que veía alrededor, ya fueran insectos o palos.

- Ya verás, me los sé de carrerilla:  Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón, ellos sucedieron al emperador Augusto. ¿Sabes? Calígula era malííííííisimo y nombró Cónsul a su caballo. Yo creo que si un caballo ha tenido ese honor, yo te nombraré a ti "rey gatuno charcopetero". Hala.

Gambita miraba a su dueña entre extrañado y curioso hasta que otro espectáculo llamó más su atención. Dimas, el hombre de confianza de abuelito, venía a dar agua a un toro caprichoso que tenían en el cortijo.

- ¡Hola Dimas! - Saludó Pepa alzando la mano.
- ¡Hola princesa! No estés demasiado tiempo en el agua o te convertirás en rana.
- ¡Qué cosas tienes! - Rió la niña-
- Bueno, tengo que decirte que tu abuelo no podrá venir a desayunar pero te espera para el almuerzo. Y ahora la parte importante de la visita. ¿Quieres dar agua al toro?
- ¡Oh síiiii, sí, sí! - Exclamó saliendo del agua como un rayo.
- Ya sabes que sólo beberá si le echas agua en la espalda, por lo tanto, coge tu cubito y yo te auparé para que alcances.

La niña estaba entusiasmada, ese toro era lo más consentido, abuelito lo mimaba tanto que había acumulado un sin fin de manías. Dimas acercó el animal a la orilla y éste entró sus cuatro gruesas patas en el agua, después cogió a Pepa en brazos que derramó el líquido sobre él. Entonces y solo entonces, el toro bebió.

- ¡Ay Dimas, qué gracioso es este animal! Deja que juegue un poco con él, por fa...
- Muy bien, pero ten cuidado, si te pisa te puede hacer mucho daño. Espera, te subiré.

Y subida a lomos de aquel precioso bovino, Pepa paseó por la orilla de la Charca riendo cada vez que el animal lamía sus pies descalzos.
Así pasó la mañana, acompañada del bueno de Dimas y el toro que parecía estar encantado con su nueva amiga. En cambio Gambita, no quería cuentas con animales tan grandes así que se hizo una bola bajo los eucaliptos y durmió hasta el almuerzo.


El tiempo pasó rápido y cuando quiso darse cuenta el reloj marcaba la una del mediodía.

- ¡Gambita despierta! Vamos con abuelito.

Al llegar al Tejar una sorpresa esperaba, su amiga Patricia había llegado y pintaba un precioso caballero medieval para regalarlo al abuelo José, que estaba encantado con la compañía de las niñas.


- ¡Qué bonito Patricia! Exclamó Pepa cuando vio aquella joya.
- ¡Gracias!

Los grados comenzaron a caer sobre el Tejar, la temperatura se hacía pesada a medida que la siesta se adentraba. No se oía ni una mosca, animales y personas dormitaban. Todos menos Patricia y Pepa que hablaban de la aventura que habían vivido en el Peñón y de cómo la educación y sensibilización eran imprescindibles para preservar el patrimonio de todos.

- No sé cómo puede haber gente que destruya yacimientos arqueológicos o robe piezas que a fin de cuentas son de todos - Decía Patricia.
- Yo tampoco, pero haremos que todos los niños sepan que nos corresponde cuidar del legado histórico, y pasarlo a la siguiente generación igual o mejor que lo recibimos.
-  Qué bien hablas, querida - Dijo Patricia bromeando-

Las niñas rieron evitando hacer mucho ruido. De repente, un fuerte olor a quemado inundó la habitación.

- ¿Hueles? Preguntó Patricia.
- ¡Ya lo creo! Algo está ardiendo, vayamos a ver qué sucede.

La niñas salieron a la puerta seguidas del gato, cuando miraron al norte, un pequeño incendio rodeaba el cortijo de la Hoyuela, donde el abuelo José tenía sus vacas.

- ¡Oh, Dios mío! ¡Hay que despertar rápido a todo el mundo!

En menos de cinco minutos, todos estaban organizados y sofocando el fuego que peligrosamente cercaba la casa. Por fortuna, el hecho de que las niñas estuvieran despiertas, evitó una catástrofe.

- Gracias pequeñas, de no ser por vosotras no sé qué habría pasado. - Habló el abuelo José-

En ese momento, Dimas vino a informar de que se había visto a un hombre joven por los alrededores , pero no podían confirmar que hubiera sido él el responsable del fuego.

- Bien, habrá que tener cuidado. Id y avisad a los amigos de las fincas colindantes, deben saberlo y estar alerta. - Dijo el abuelo-

El día pasó sin más altercados, pero el jueves amaneció rojo. El papá de Pepa le contó que ese día no podría ir a la Charca de los Patos porque abuelito estaba en una reunión con amigos labradores. Al parecer había ardido el campo de uno de ellos y tenían que ayudar en lo posible para que él y si familia salieran adelante. Lo habían perdido todo.
Pepa se quedó triste, no tanto por no poder ir a jugar con el abuelo, sino por la mala noticia de que un bosque cercano había ardido y con él, el futuro de unas cuantas familias y la vida de muchos animales. Era injusto.
Decidió enviar un WhatsApp a su amigo Julián, era el que mejor se conocía los campos y caminos, seguro que habría visto algo.

- PEPA: "¡Buenos días, amiguichi! No sé si te has enterado de los incendios...
- JULIÁN: "Hola Pepa. Sí, de hecho estuve ayudando a sofocar el de esta mañana en una finca cercana. No sabes qué pena... Animales, árboles..., todo quemado" Me ha dicho tu abuelo que ayer también tuvieron fuego por allí"
- PEPA: "Sí..., menos mal que Patricia y yo no dormíamos ¿Sospechas de alguien?"
- JULIÁN: "Pues ahora que lo dices, sí. Llevo varios días viendo a un desconocido por los caminos; un tipo feo y larguirucho con una mochila. Le das los buenos días y ni contesta. Un tipo raro"
- PEPA:"¿Y si le seguimos y averiguamos algo más?"
- JULIÁN."Buena idea, ese hombre me da mala espina"
- PEPA."Aviso a Patricia y a Estrella"
- JULIÁN ."Perfe, nos vemos esta tarde en el Llano, a las ocho y media. ¡Este es un caso para los cinco!

A Pepa le hizo mucha gracia la referencia a los libros de Enid Blyton, la diferencia es que como bien dice Estrella, su quinto compañero es un gato.
Esa tarde cogieron sus bicis y los amigos mantuvieron su reunión en uno de los bancos del jardín del Llano. Ni por asomo se les ocurría pisar el césped, aunque contemplaban con pena, como muchos niños y mayores lo hacían. Una vez más, la concienciación era necesaria.


Mientras ellos charlaban, Gambita fue a molestar a un pequeño yorkshire que dormitaba junto a su dueño en el banco de al lado. Aprovechando que era mucho más grande que él, se acercó erizando el pelo y enseñándole su impresionante dentadura felina a la vez que emitía ruidos amenazantes. El pobre perrito al ver a aquél enorme gato salió despavorido. El jaleo despertó al señor que sintió un fuerte tirón de la correa a la que estaba atada su mascota y al ver a Gambichi con carita de bueno, reprendió a su perro.

- ¡Pero bueno, Sultán! ¡Si sólo es un gato de lo más mimoso!

El minino zalamero acarició las piernas del hombre mientras el perro tironeaba de la correa para alejarse lo más posible. Esta vez Gambita se había superado con sus trastadas.

- Pepa, no sé si has visto lo que ha hecho Gambi- Indicó Patricia-
- Últimamente está muy travieso, voy  a tener que reñirle.

Para que no hiciera más "gambadas", lo metió en la cesta de la bicicleta y como el minino es muy listo, se hizo un rosquito y se durmió.

- Bien, prosigamos - dijo Julián- Me han dicho que han visto al tipo ese en los alrededores de Las Picazas. Me parece un poco raro que tras verlo dos o tres días en un mismo lugar, luego ese lugar arda.
- Pues creo que lo tenemos fácil - Dijo Estrella- Deberíamos seguirlo e informar a las autoridades si vemos algo raro.
- Ya, pero dejarlo ir sin un escarmiento.... - Apuntó Patricia-
- ¿Has pensado algo? - Preguntó Estrella.
- Sí, pero os lo diré mañana. Pepa, ¿nos podemos quedar a dormir todos en El  Tejar? Así será más fácil organizarnos, además, estaríamos cerca de nuestro objetivo.
- No hay problema, abuelito es lo más niñero.

Esa noche, los cinco acudieron al Tejar; Julián dijo que se iba a al otro cortijo porque los hombres que trabajaban allí dormirían en la era. Bueno..., y medio pueblo también porque la gente lo pasaba en grande durmiendo al raso en mitad del campo.

- Claro, te quieres ir para aprender cosas picantes. - Dijo Pepa a su amigo-
- ¡Qué mal pensada eres! - Contestó molesto el niño-

Las niñas se rieron de lo lindo, hasta que al final el sueño colocó a cada cuál en su lugar.
A la mañana siguiente, todos se levantaron al amanecer. A las seis en punto ya había un incesante trasiego de animales y hombres en los alrededores;  los niños a esa hora enfilaban  el camino que lleva a La Picazas.

- Chicos, ¿sabéis? Aquí vive un mago, se llama Pirú y para conocerlo hay que seguir el arroyo - Apuntó Pepa-
- Pepita, tú y tus historias - Contestó Estrella sonriendo-
- Vale, no me creáis pero también sé que hay unos bichos feísimos que se cuelan en nuestro mundo a través de las pesadillas de los niños. Si nos los encontramos y nos miran, se quedarán con nuestros recuerdos bonitos y moriremos.
- Hija, qué cosas más agradables cuentas, de verdad.... - Le reprendió Julian-
- Claro, tú como no has dormido..., no has podido tener pesadillas. Hemos oído las risas desde el Tejar. Tooooooooooda la noche, así que imposible que hayas soñado nada malo - Le dijo Estrella divertida-
- ¡Mujeres! - Exclamó el niño que se adelantó a las chicas pedaleando-
- ¡Cuidado no despiertes a Gambichi! - Le gritó Patricia muerta de risa, ya que le tocaba a él llevar al gato.

Siguieron avanzando entre chanzas y nada más ascender por la rampa que lleva a la explanada de la romería, el tipo que Julián les había descrito apareció a lo lejos cargado con la mochila. Se agachaba para recoger pasto que guardaba y luego se ponía a buscar algo que los niños no acertaban a adivinar.

- Chicos, qué poco me gusta ese hombre. Creo que no busca nada, más bien elige una zona donde poder dejar sus mechas encendidas - Aclaró Estrella-
- Necesitaría adelantarme para hacerle unas fotos con el móvil - Propuso Patricia-
- ¿Unas fotos? Preguntó Julián. ¿Qué tramas?
- Ya lo veréis.

Acompañada del niño y del gato, Patricia logró su objetivo.

- Chicos, tengo que volver pero estaré aquí rapidito. - Dijo la cada vez más misteriosa Patricia-
- ¿Volver? ¿Y si mientras vuelves hace algo? - Preguntó Pepa extrañada-
- Confiad en mí y no os mováis. Vuelvo en un tris.

Patricia hizo una llamada, después, se perdió pedaleando a toda prisa entre los matorrales. No  tardó ni cuarenta minutos en volver. Traía una bolsa con diverso material que dejó en el suelo. Eran enormes llamas de cartón que tras desdoblar adquirían la apariencia del  fuego más real.

- Chicos, ayudadme a pegar la foto de este energúmeno en ellas.

Todos aplaudieron la ocurrencia y se dispusieron a adherir las imágenes a los cartones.

- Oye, ¿cómo es que has vuelto tan rápido? - Preguntó Pepa-
- Porque envié las fotos a un amigo para que las imprimiese y sin perder tiempo las trajera lo más rápido posible. Nos hemos encontrado a la salida del pueblo.
- ¡Buena idea, Patri! -Aplaudió Estrella-

Una vez terminado el trabajo, había que sorprender a aquél tipo, sin embargo él los sorprendió a ellos. A lo lejos, una figura negra prendía fuego a un montón de pasto colocado bajo una encina.

-¡Maldito sea! - Gritó Julián- ¡Está incendiando el bosque!
- ¡Vamos chicos! Sólo puede salir por este camino, pongamos las llamas de cartón y cortémosle el paso. - Dijo Patricia-

Así lo hicieron. Mientras, Estrella llamaba a las Fuerzas de Seguridad y a los bomberos que no tardaron nada en llegar. El tipo se vio sorprendido por aquellas enormes llamas de cartón que tenían prendida su cara en el centro. No supo qué hacer pero tampoco tuvo tiempo porque antes de que intentase escapar, dos Guardias le atraparon.
Julián no pudo contenerse y justo cuando pasaba a su lado le dijo muy enfadado.

- ¡Ojalá te pases muchos años a la sombra! ¡Gamberro! ¡Mala persona!

Todo había terminado bien, como siempre, fueron felicitados por los Guardias que ya conocían a los cinco más que de sobra. En cuanto al pirómano, esperaban que en muchos años no saliera de la cárcel.
De vuelta al Tejar, abuelito ya había sido informado de la aventura de su nieta y sus amigos y aunque le preocupaba que fueran unos temerarios, también se sentía muy orgulloso de ellos. Para celebrar que todo había salido bien les preparó una estupenda comida y de postre...¡Helados!
Dimas había traído al toro caprichoso y dejó que los niños lo llevaran hasta la Charca, al final, acabaron metidos en el agua y ni os cuento como dejaron al pobre hombre,  empapado por seguir las bromas de los pequeños. Por supuesto Gambita se quedó con el abuelo, ¡ni en broma se expondría a ser mojado por aquellos energúmenos!

- Bueno Pepita, ¿qué haremos mañana? - Preguntó Patricia-
- Pues..., desayuno en la Charca y si queréis preparamos algo especial para cuando se cumpla el aniversario del nacimiento del emperador Trajano. ¿Qué os parece?
- ¡Fantástica idea! - Dijeron los niños.
- Estrella, por favor, ¿nos tocas algo ? - Propuso Julián-

La niña cogió su flauta y una bellísima melodía se mezcló con el canto de los pájaros. La paz, se extendió por el lugar y hasta el toro caprichoso buscó una sombra para cerrar los ojos y soñar. Fue Dimas quien rompió el silencio para decir:

- "Chicos, hay que cuidar el bosque, nunca dejéis residuos de ningún tipo y mucho menos cristales que en verano hacen efecto lupa y provocan incendios. Convenced a vuestros amiguitos de que sin bosque, no hay vida".

Y tras este maravilloso consejo, volvieron al Tejar para disfrutar del resto de la jornada. A la vuelta, el abuelito les tenía una sorpresa, ¡había fabricado billardas para jugar! Veremos quien la lanza más lejos, pero eso..., será en otra de las aventuras de Pepa Jones y su gato Gambita.

Nota: Vaya este cuento como homenaje a la memoria del bueno de Dimas que estará en el cielo con papá, el abuelito y el toro caprichoso.



Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento ya sea electrónico o mecánico, el tratamiento informático, el alquiler o cualquier otra forma de cesión de la obra sin la autorización previa y por escrito del titutar del copyright.  Número de Registro:  1803146136393
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sábado, 17 de septiembre de 2016

EL FANTASMA SE HA ENSUCIADO LA SÁBANA

Hoy llueve y ayer llovía... Un gran mago me recomendó recoger lágrimas de hadas y pensé que en los alrededores de la casa encontraría algo. Decidí ir andando, escuchando la lluvia golpear mi cortavientos, cazando las frias gotas de agua que caían cerca de mis labios y dejando que se adentraran en mi paladar contrastando la temperatura exterior con la interior. Mi cabeza era un bullir incesante de pensamientos: "lágrimas de hadas"... Si de la primera sonrisa de un bebé nacían estos bellos seres, quería saber de dónde salían sus lágrimas y adónde iban cuado lloraban.
Llegué, no llevaba calzado apropiado para adentrarme en el embarrado camino así que me senté en un trozo de la antigua cerca de piedra que permanecía exangüe en el suelo, arañado por el aire y la lluvia. Una voz como un silbido metálico me distrajo de mis pensamientos.

"Las hadas no lloran como los humanos, pueden hacerlo de pena o de alegría, si son lágrimas de felicidad éstas se convierten en cuentas de colores brillantes con las que se fabrican joyas que siempre llevan puestas. Si son de pena su destino es distinto; cuentan que cuando los antiguos espíritus del bosque oyen llorar de pena a un hada, éstos hacen brotar del mismo corazón de la tierra un árbol frondoso, azul y luminoso como el cristal y cada lágrima de hada se transforma en una hoja nueva"

- ¿Quién anda ahí? - Pregunté levantándome y girando la cabeza de un lado a otro.
- Soy yo, el fantasma, pero no podrás verme

Me asusté, un fantasma es un fantasma y por muy amistoso que se muestre, no quería cuentas con espectros. Me levanté y despacio dirigí mis pasos a la carretera.

- ¡Espera mujer no te vayas! La voz entre susurrante y metálica volvía a encoger mis sentidos - No te vayas, no quiero asustarte sólo dejarte un presente para los habitantes de Casa Encantada. Ven, acércate a la casa, prometo no asustarte si no te asomas.
Me detuve, ¿por qué no? No todos los días charlaba una con un fantasma.
- Oye fantasma, si me das un susto por pequeño que sea me encargaré de que te echen de la casa. - Dije con mas miedo que vergüenza mientras avanzaba sorteando los charcos de agua, barro, hierba...-

Llegué a las puertas de la casa y me recosté en la palmera sin mirar hacia adentro.

-Ya estoy fantasma, no sé por qué no te dejas ver, la verdad.
- Pues..., verás- Se oyó una voz que provenía del interior- Es que... Mis sábanas son blancas y con éste tiempo no puedo hacer la colada...
No pude contener la risa...¡Un fantasma haciendo la colada! No, esto no podía ser.
- Y qué fantasma... ¿No tienes secadora? Jajajajaja.
- No tiene gracia Pepita- Dijo ahuecando la voz y haciendo que la lluvia arreciase tornando el paisaje aún más gris y espeso- Tengo mis sábanas llenas de barro ¡Y así no hay quien asuste a nadie!
De nuevo risas....
- ¡Tenemos un fantasma marrano! Jajajajaja. Venga fantasmi, no te pongas triste por tener manchurrones en tu sábana seguro que puedes asustar igual de bien. Además, con tanta lámpara pegada no necesitarás alumbrarte de noche con nada... Déjate ver.
-No, no lo haré- se oyó de nuevo- Te dejo unos vídeos sobre la chimenea, súbelos al blog y dile a todos que pronto tendrán noticias mías. ¡Ah!, por favor, dales las gracias por las películas y libros que me dejaron , me han servido de mucho en estas horas de lluvia.
-Vale fantasmi. - Dije divertida- ¿Te traigo lejía y una buena estufa?
- Pepita, si te sigues riendo de mí te convertiré en un duende Trastolillo.
- Uisssssssss, mira tú, un fantasma en el ámplio sentido de la palabra!!!!
- Te la estás buscando, Peeeeepa.
- Mejor conviérteme en Ojáncana y asustamos juntos. Jajajajaja. ¡Vaaaaaaaaaaale, no te mosquees!. Ya no me meto más contigo.
- Eres incorregible - Se oyó la voz divertida del fantasma por primera vez-
- Pues claro, hay que ser feliz porque sólo asi tendré lo que deseo.
- ¿Y qué deseas, Pepita?
- A ti te lo voy a contar yo, fantasmilla...

De repente, una luz iridiscente se proyectó en las escaleras y aparecieron unas cajas brillantes y hermosas, decoradas con rosas  y  lazos de tul.

- Son los vídeos Pepota, mejor te los dejo aquí que en la chimenea porque tu curiosidad te hará buscarme. Llévalos anda. - Dijo el fantasma-

La luz se abrió paso entre las planchas de plomo que atenazaban el cielo, pensé en lo afortunada que soy por tener una casa llena de amigos y habitada por un fantasma..., marrano. Tengo un cielo lleno de lluvia y un sol prendido con alfileres que acaricia mis sentidos cada primavera.  Tengo un cajón de sábanas de hilo de Holanda para el fantasma en verano y unas mantitas blancas de lana de Escocia para el invierno. Tengo un corazón con habitaciones al exterior para quien quiera ocuparlas ¿Venís?

martes, 19 de julio de 2016

Regreso al mar.



Cuando abría los ojos podía ver el mar, muchas veces dormí en su orilla besada por olas tranquilas y susurrantes, extinta ya la tempestad que minutos antes provocaran mis labios.
Ahora sus ojos regresan y no sé si quiero mirar su infinitud. ¿Se puede vivir de espaldas al mar cuando aún queda sal en la piel? Despojada como estuve de mí, con su caudal como única carne y vestidura, no sé si puedo evitar volver al principio.
Cierra los ojos, ciérralos por favor, al menos hasta que se seque mi alma.

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viernes, 8 de julio de 2016

Las aventuras de Pepa Jones y su gato Gambita. Aventura en el Peñón.

El verano es una de las mejores épocas para disfrutar, relajarse y salir de aventuras, eso es lo que pensaba Pepa Jones la mañana del lunes mientras desayunaba junto a su gato Gambita. 
Como era habitual, había quedado con su  amiga Patricia para ir a la Charca de los Patos a nadar un poco y hacer planes para todas las vacaciones. En realidad, el abuelo de Pepa ya no permitía que nadie se bañara allí, pero ante la insistencia de su nieta, pensó en delimitar una zona para que pudiera disfrutar sin peligro.
Con las bicis preparadas y las mochilas a tope, solo faltaba que Gambita tomara posesión de su cesta y ponerse a pedalear. A eso de las ocho y media de la mañana, cruzaban la puerta de "El Tejar".

- ¡Abuelitooooo, ya estamos aquí! - Gritó Pepa nada más dejar la bici en el suelo-

El abuelo José dejó sus tareas con el ganado para salir a abrazar a la niña. Le encantaba tener El Tejar lleno de críos así que el verano era su época favorita.

- ¡Buenos días,  José! - Dijo Patricia a la vez que daba a un abrazo al feliz anfitrión.
- Bueno chicas, vamos a la casa, os tengo una sorpresa por haber acabado el curso con tan buenas notas.

Las niñas se miraron felices y al entrar en el salón, sus ojos se toparon con unos hermosos carritos de madera repletos de flores. Cada cuál tenía el nombre de su propietaria pintado en blanco y eran del tamaño perfecto para ser enganchados a las bicis o arrastrados directamente con la mano.

- ¡Pero abue! ¿Los has hecho tú? -Preguntó Pepa casi llorando de emoción-
- Claro que sí, pequeña. Espero que los disfrutéis y, ¡que no os metáis en líos!

Felices, dieron las gracias y un buen puñado de besos al simpático abuelo, que tras sacar las flores y enganchar los carritos a las bicis de las niñas, prosiguió con las labores propias del campo. Patricia y Pepa dejaron las mochilas y metieron el desayuno y las toallas en su nuevo y flamante carro. Ni que decir tiene que Gambita se hizo un hueco en tan especial medio de transporte.


- Abuelito, volvemos para la hora de comer - Anunció Pepa-
- Muy  bien, cariño, pero recordad lo que os he dicho, no os metáis en líos y no salgáis del espacio que os he delimitado en la Charca para nadar. ¿De acuerdo?
- ¡De acuerdo! - Respondieron las dos-

Nada más entrar en la Charca de los Patos, se dieron cuenta de que su eucalipto favorito estaba ocupado.

- ¡Qué faena, Pepa! - Murmuró Patricia-
- No pasa nada, Patri, tenemos muchos árboles para poner nuestras cosas. ¿Y si vamos a presentarnos?
- ¡Buena idea! Puede que le guste la aventura y se una a nuestros juegos.

Bajo la sombra del generoso eucalipto, una niña rubia como el sol arrancaba preciosos acordes a una flauta. Tenía el pelo liso y los ojos tan azules que cuando Pepa los vio pensó que el mar podía verse a través de ellos.

- Hola, ¿qué tal? -Preguntó Pepa- Somos Patricia, Pepa y nuestro gato Gambita, ¿te gustaría nadar con nosotras?.
- ¡Hola! -Contestó la niña dejando la flauta y poniéndose en pie- Me llamo Estrella, me encantaría pero no he traído bañador.
- Por eso no te preocupes, - Dijo Patricia- Yo siempre traigo más de uno y creo que el de solecitos te sentará muy bien.
- ¡Estupendo! ¡Muchas gracias! - Exclamó Estrella- Acabo de llegar al pueblo y aún no conozco a nadie. Mis padres me trajeron ayer a este lugar y me pareció tan hermoso que he decidido volver. A los pájaros les gusta mi flauta así que por eso tocaba.
- Estás en la Charca de los Patos - Le aclaró Pepa- y eres muy bienvenida. Por cierto, tocas de maravilla pero ahora, ¿qué tal si nos damos un baño?

Transcurrió la mañana entre risas, chapuzones y confidencias. Estrella venía de Mérida y eso entusiasmó a las niñas porque ellas eran unas enamoradas de la cultura romana. Le contaron la aventura con los ladrones de antigüedades y su nueva amiga aplaudía entusiasmada las hazañas de las chicas. A su vez, la niña les informó de que vivía cerca del Museo de Arte Romano y que le gustaba mucho la historia y la música; así que no sólo encontraron a una nueva amiga, también una cómplice ideal para el verano guadiateño.
Estaban sentadas a la orilla viendo como Gambita correteaba tras una libélula cuando Estrella reparó en el Peñón.

- Chicas, ¿qué es esa enorme piedra que se ve al fondo?
- El Peñón - contestó Patricia - Es el emblema de nuestro pueblo, está en el escudo.
- Y en su interior hay pinturas rupestres del Calcolítico  - Añadió Pepa- 
- ¿En serio? ¡Oh me encantaría verlas! ¿Podemos ir?
- ¡Claro! ¿Qué os parece si mañana quedamos y subimos? - Propuso Pepa-
- ¡Perfe! - Contestaron las chicas.

El día se fue agotando en La Charca de los Patos, el sol se volvió anaranjado y el calor remitió para dar paso a unas horas en las que la gente asaltaba las calles y llenaba las terrazas de los bares. Las niñas permanecieron en El Tejar hasta que el abuelo José terminó algunas tareas y marcharon juntos al pueblo. 
Tras despedirse, las amigas caminaron felices sabiendo que al día siguiente volverían a las aventuras.
A las siete de la mañana en punto, las aventureras gatunas y sus bicis arrancaron camino del Peñón. La subida era dura así que descansaron en una de las piedras favoritas de Pepa.

Al llegar arriba, Estrella quedó maravillada por las vistas. Una extensa panorámica de la comarca se abría a sus pies y el olor a romero asaltaba los sentidos a cada bocanada de aire.

- Chicas..., esto es hermoso - Dijo entornando los ojos y mirando al cielo mientras Gambita se enroscaba en sus piernas-
- ¡Pues espera a ver todo lo que hay! - Exclamó Patricia-

Dejaron las bicis bajo una encina y siguieron ascendiendo hasta la cruz, una vez allí, decidieron corretear por los alrededores hasta que Gambita se detuvo de golpe y comenzó a aguzar el oído.

- ¿Qué ocurre, Gambichi? ¿Qué has visto? -Preguntó Pepa-

Al filo de la pregunta se escucharon unos golpes.

- Chicas, ¿habéis oído eso? -Preguntó Estrella- Suena como si estuvieran golpeando sobre una piedra.
- Con un martillo, para ser exactos - Aclaró Patricia-

Los golpes se oyeron de nuevo y Gambita salió disparado en dirección a las cuevas.

- ¡Sigámosle! -Gritó Pepa-

El gato se detuvo frente a la verja que cierra el Abrigo de La Virgen, donde se encuentran las pinturas rupestres. La puerta de acceso estaba abierta.

- Chicas, mirad eso. La reja está abierta y en teoría, aún faltan más de dos horas para que llegue la persona del Ayuntamiento que ha de acompañarnos en la visita. Qué raro... - Dijo Pepa-
- ¿ Y si echamos un vistazo? Propuso Estrella.
- ¡Así me gusta! ¡Eres una aventurera en toda regla! ¡Adelante! -Exclamó Patricia-

Los golpes habían cesado desde hacía un rato, pero en el suelo de la cueva alguien se había olvidado una pequeña manta y un cortafrío.

- Estrella, ¿has traído tu linterna? Hay muy poca luz- Habló Pepa-
-Sí, aquí está.

Pepa tomó la linterna y alumbró hacia las pinturas, para sorpresa de todas, alguien estaba intentando arrancarlas de la piedra.


- ¿Pero qué es esto? - Preguntó Patricia alarmada- ¿Otra vez ladrones de patrimonio en el Guadiato? ¿Es que no han escarmentado?

De repente, los objetos que había en el suelo tomaron sentido. No había duda de que una o varias personas habían salido de allí a toda prisa alertados por la presencia de las niñas.

- Bien amigas, ¿cuál es el plan? -Preguntó Estrella-
- Lo primero es salir de aquí y cerrar la verja. Patricia, ¿tienes bridas?
- Sí, ya sabes que siempre llevo. Las he dejado en el carrito que nos regaló tu abuelo, vuelvo en un tris.

Pero no tuvo tiempo de salir, de repente la puerta se cerró y quedaron atrapadas. Una figura alta y vestida de verde ponía una cadena y un candando a la puerta. No pudieron verle la cara porque llevaba un pasamontañas.

- ¡¡Así aprenderéis a no meteros donde no os llaman, pequeñas fisgonas!!- Exclamó el malhumorado personaje-

- ¡¡No nos encierre por favor!! ¡Sáquenos de aquí! -Suplicó Pepa en vano-
- No os preocupéis, he traído mi móvil. -Dijo Estrella- Pero..., ¿dónde está mi mochila? ¿Y las vuestras?

Las niñas no se habían dado cuenta de que mientras observaban las pinturas, el caco sustrajo sus mochilas que distraidamente habían dejado a la puerta de la cueva. En ellas, iban los teléfonos.

- ¡Oh, no! ¡Qué faena! - Exclamó Estrella con fastidio- ¡Estamos atrapadas y no podremos salir hasta dentro de unas horas!
- Y eso no es lo peor- Añadió Patricia- Para entonces, el caco estará bien lejos del alcance de la Guardia Civil.
- No todo está perdido, chicas. Llevo encima mi pequeño cuaderno y tenemos a Gambita. -Dijo Pepa sonriendo-
- Explícate, querida - Le pidió Estrella-

Pepa extrajo de uno de los bolsillos de su camisa, una pequeña libreta de la que colgaba una cuerdecita con un lápiz en el extremo. Era su cuaderno de notas y jamás salía sin él. Tenía la costumbre de llevarlo encima y eso en un momento como aquél, cobraba vital importancia.

- Chicas, mi amigo Julián sube cada mañana al Peñón andando, si no calculo mal debe andar cerca. Voy a trabar una nota al collar de Gambita y después lo sacaremos por la reja. Volverá a casa y en el trayecto se encontrará con mi amigo.
- ¿Y cómo sabrá que es tu gato? - Preguntó Estrella-
- Tranquila, conoce bien a Gamba y le extrañará verlo sin mí. Cuando se acerque, verá la nota.
- ¡Buena idea! ¡Plan "pepil" en marcha! - Dijo divertida Patricia-

Escribieron la nota, la hicieron un canutito y con la cuerda del lápiz la sujetaron al collar del gato. En la nota:

" Querido amigo, soy Pepa Jones.  Mis amigas y yo 
estamos encerradas en el Abrigo de la Virgen, en el Peñón. 
Hemos sorprendido a un ladrón que intentaba 
llevarse las pinturas y nos ha dejado atrapadas. 
Por favor, avisa a la Guardia Civil para que no escape.
Muchas gracias. Un abrazo grande de tu amiga.
Pepa"

- ¡Vamos Gambita, corre! - Le gritó Pepa al animal que salió despavorido camino abajo-

Esa mañana Julián se había tomado su tiempo sacando fotografías de los alrededores, pero como había madrugado mucho, pensaba que aún podría tomar algunas más antes de que el sol le sorprendiese. Estaba en La Poza cuando vio venir a un gatito corriendo como alma que lleva el diablo.

- Pero ese... ¿Ese no es Gambita? ¿Solo? Qué raro... - Pensó-

Le salió al camino y el animal al conocerlo fue a reclamar unas caricias.

- Pero bueno amiguito, ¿cómo es que estás solo? ¿Y Pepa? - Se inclinó para tomarlo en brazos cuando vio la nota. La leyó veloz pero no hizo caso de la orden, por el contrario, salió corriendo camino arriba para ayudar a las chicas-

- ¡Vamos Gambita!, ¡no hay minuto que perder!

En tiempo récord, Julián estaba al otro lado de la reja armado con una enorme piedra que utilizó para hacer saltar el candado.

- Pero bueno Pepa, ¿es que no vas a dejar de meterte en líos? - Preguntó Julián a su amiga-
- ¡Mira quien fue a hablar! Me ha dicho mi abuelo, que la semana pasada pusiste tomates pasados con petardos en las habitaciones de los mozos mientras dormían la siesta.

Al oír la trastada, Estrella y Patricia no pudieron contener la risa.

- ¡Uf, tu abuelo me ha prohibido ir a la Charca de los Patos durante un mes! - Aclaró el niño pesaroso-
- Bueno, bueno, dejaos de historietas y vamos al caso que nos ocupa - Interrumpió Estrella- Hay que avisar a la Policía, ese hombre debe andar ya bien lejos.

Pepa, tras disculparse, presentó su amigo a las chicas.

- Bien, llamaremos a la Guardia Civil, pero si queréis podemos dar con ese hombre, me conozco bien estos caminos. - Propuso Julián-
A las niñas les pareció bien y tras el aviso pertinente al cuartel, se introdujeron en la maleza con sumo sigilo, pero con máxima prisa.

- No hagáis ruido, chicas. Si no me equivoco, ha debido huir por este camino pero me sé de una vereda que es más corta y si nos damos prisa, le alcanzaremos. - Dijo Julián-
- Podemos sacarle fotos y enviarlas a los agentes. ¿Qué os parece? - Propuso Patricia-
- Perfecto - Contestaron-

A lo lejos, las jaras se movían como si el viento jugara con ellas. Dos cabezas aparecían y no llevaban pasamontañas.

- ¡Son dos! - Exclamó Patricia-
- Vaya..., si consiguen salir al camino estamos perdidos. Tenemos que hacerles fotos como sea o la Guardia Civil no dará nunca con ellos. - Dijo Pepa-
- Tengo una idea - Propuso Julián- Salgamos de la vereda, no tengáis miedo que no nos perderemos. Si conseguimos pasarlos y escondernos en una piedra que hay más adelante, podremos sacar las fotos.

Su estatura les daba ventaja de movimientos con respecto a los cacos y en poco los pasaron y se pusieron a salvo tras una enorme roca. Julián sacó como diez fotos, en dos de ellas se apreciaba perfectamente la cara de los hombres. Tras hablar de nuevo con la Guardia Civil, enviaron la información.
Tuvieron que permanecer allí sin moverse, esas fueron las órdenes de los agentes. Al cabo de una hora y media aproximadamente, escucharon unas motos. Eran miembros del Seprona.

- ¡Aquí. aquí! - Gritaron los niños.

Uno a uno fueron sacados de allí y puestos  a salvo en la Poza, la fuente más famosa del pueblo. El paseo en moto por el bosque fue lo que más gustó a los amigos, que arrancaron la promesa a los agentes de repetir la experiencia.

- Chicos, gracias por ser tan valientes, los cacos están ya camino de los calabozos. - Informó uno de los guardias-
- ¿Tenían algo que ver con los ladrones de la Charca de los Patos? - Preguntó Patricia-
- No, estos ni siquiera estaban fichados - Contestó el agente- Por desgracia, los ataques a los yacimientos arqueológicos son el pan de cada día. Es de vital importancia colaborar con las autoridades para evitar el expolio de nuestro patrimonio, como habéis hecho vosotros. Felicidades, pequeños.
- ¡Gracias, señor! - Contestaron felices los chicos-
- Un momento, no tan a prisa. -Les  detuvo el guardia antes de que marcharan- Nada de salir al monte sin la compañía de un adulto. Nunca más ¿Entendido? -Les dijo apuntando a todos con el dedo, cosa que a Gambita no gustó nada de nada-

Los niños se miraron entre ellos.

- Claro, claro... Nunca más. - Fueron contestando sabiendo que en el fondo no le harían ni caso-
- Eso suena a un sí para salir corriendo. Os estaré vigilando, ¡pillastres!. Ya conocemos bien las aventuras de Pepa Jones, su gato Gambita y sus insensatos amigos. ¡A casa inmediatamente!.

El agente quería parecer serio, pero esos chicos y su afán por proteger lo que es de todos, en verdad le agradaban y le divertían. Tras recibir un sincero abrazo, vio como se alejaban riendo y pedaleando a toda prisa hasta su próxima aventura.

- ¡Chicos, me lo he pasado bomba! - Exclamó Estrella- Jamás pensé que tendría un verano así de divertido.
- ¡Vamos al Tejar a contárselo al abuelo! - Propuso Pepa-
- Bueno..., yo si eso ya voy  otro día - Contestó Julián queriendo marcharse-
- ¡De eso nada!, seguro que abuelito te levanta el castigo en cuanto sepa lo que has hecho así que..., ¡en marcha! Te toca llevar a Gambichi en la cesta.

Y así, terminaba una jornada más en la Charca de los Patos, el lugar favorito de los niños más aventureros del Valle del Guadiato.
Recordad, el patrimonio es de todos, cuidarlo y protegerlo es nuestra responsabilidad. Nunca os llevéis a casa piezas arqueológicas y si veis a alguien que sí lo hace, ponedlo en conocimiento de las autoridades. Porque el pasado y sus tesoros, nos pertenecen.

¡Gracias Julián por las fotos! También gracias a la persona que subió a Facebook  la fotografía de la Charca que hay en el inicio del relato.

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