viernes, 28 de julio de 2017

CAPÍTULO I: Doña Sinforosa, Carmelo y Pepe.


Hace una tarde realmente desapacible, eso diría cualquier persona que sale a pasear en un día ventoso, pero no doña Sinforosa ¿No conocéis a la señora Sinforosa? Bueno, bueno..., sentaos porque es el momento perfecto para presentaros a tan especial dama.
Su casa se alza en mitad del bosque, es de madera, antigua y acogedora, atravesada de parte a parte por luz que entra a través de los enormes ventanales. En las tardes de primavera y amaneceres estivales, se sienta a coser sus muñecas de trapo bajo los árboles. Doña Sinforosa vende sus muñecas en el mercado del pueblo, tiene un puesto improvisado con una mesa de madera y un mantel bordado por sus propias manos.

También cultiva un huerto con hortalizas y flores que cuando es época,  lleva a su puestecito para obtener beneficios con la venta.
Doña Sinforosa tiene una edad incierta, para algunos no más de cincuenta, para otros ha pasado la sesentena, pero en realidad, nadie sabe con certeza los años de la dama.
Su cabello es dorado, lo lleva recogido en un moño y siempre huele a espliego, como si ese aroma formase parte de su ser. En el armario, unas impecables camisas adornadas con encajes y diversas faldas que cubren hasta los pies, como corresponde a una dama de su educación. En primavera gusta de usar telas con tonos empolvados, es una enamorada de los pequeños estampados florales y siempre que su economía se lo permite, pasa por la tienda de don Julián y compra unos retales para coserse blusas.

Por lo demás, nuestra amiga es una señora aparentemente normal que gusta de ocupar sus ratos libres en la pintura. Si pasáis por su casa en las tardes soleadas, la veréis en el jardín dibujando flores amarillas, sus favoritas. O como os he dicho antes, cosiendo muñecas de trapo bajo los árboles.
Tiene un gato que se llama Carmelo porque nació el día de la Virgen del Carmen, bueno..., en realidad doña Sinforosa no sabe cuando nació, pero hace tres años y en esa fecha se lo encontró entre las coles de su huerto, así que es en tan especial festividad cuando celebran su cumpleaños. Era un gatito muy pequeño, de tonos grises y blancos con los ojos grandes y asustados que le confesó haberse perdido. Ahora, vive feliz en Villa Rosita, ayuda a su amiga a cavar el huerto y hace de anfitrión cuando doña Sinforosa recibe en casa.

La semana pasada nuestra amiga no pudo bajar al mercado, una fuerte nevada le impidió salir, así que aprovechó para terminar unas muñequitas que traía entre manos y ponerles su nombre. Sí, habéis leído bien, todas las creaciones de la dama tienen nombre ¿Cómo iban a existir entonces?
Muñeca extraída del "Blog de trabajos de Maria José Veira Fernández"

Junto al fuego, doña Sinforosa terminaba de vestir a la "señorita Beatriz", una muñeca de trapo que recordaba a la maestra del pueblo.

- Bien querida, ya tienes tu capa y tu sombrero, ahora te dejaré aquí hasta que llegue el momento en el mercado - Decía la mujer que tras dejar la muñeca en una cesta de mimbre, se recostaba en la mecedora a mirar las llamas danzarinas. Carmelo, dormía plácidamente hecho un rosquito sobre su cojín de plumas de oca.

La noche conquistó al fin las horas y doña Sinforosa, medio adormilada, encendió los candiles y fue a la cocina a por una cena ligera para ella y para el minino. Se había puesto su toquilla azul cielo a juego con las pantuflas que su amiga Piedita le regaló el mes pasado por su cumpleaños, eran tan confortables que no se las quitaría ni para cavar el huerto.
Compota de higos, rebanadas de esponjoso pan, leche y unas manzanas componían la cena. A Carmelo le llenó su tacita con el blanco alimento y le puso un poco de compota; el dulce era su perdición. Ella, se sentó de nuevo en la mecedora y sobre una pequeña mesa depositó la vianda. Afuera, todo era blanco sobre negro, los copos se descolgaban del oscuro telón de la noche, el viento silbaba y salvo esos sonidos y el ronroneo del gato, nada más se escuchaba en la estancia. Al cabo de unos minutos, oyeron unos golpes en el cristal de la ventana que daba a la salita, lugar donde nuestros amigos cenaban; no eran muy fuertes, pero sí insistentes. Doña Sinforosa se levantó y cogió el espetón de atizar la candela, nunca se sabe quien puede ser a esas horas, ante todo, precaución. Descorrió la espesa cortina de cretona y tras el cristal, un pequeño jilguero aleteaba casi moribundo.

-¡Señor! ¡Pero criatura, te vas a helar!


La mujer dejó en el suelo el espetón y rápidamente introdujo al diminuto pájaro en la estancia. Estaba exhausto por el esfuerzo, mojado y aturdido. Doña Sinforosa lo acurrucó entre sus manos y lo llevó al cojín de Carmelo, junto al fuego. El gatito, de lo más generoso, se tumbó junto a él para darle calor y al cabo de unos minutos reaccionó al fin. Al abrir los ojos y encontrarse con el felino, se sobresaltó.

- ¡Oh cariño, no temas! Carmelo no te hará nada, es un buen amigo- El gato sonrió a la dama agradecido-
- ¿Pero cómo has llegado hasta aquí con este temporal y de noche? - Preguntó doña Sinforosa.

El ave se aclaró la voz.

- Verá señora, mi casa se la llevó el viento, la tenía en una casuarina camino de la estación de ferrocarril pero esta noche... - Se tapó la cara con las alas-
- Oh, no te preocupes, te quedarás aquí con nosotros- Le anunció doña Sinforosa- Iré a buscar algo para comer y después dispondremos tu cama.

Nadie conocía en el pueblo el don de nuestra amiga ¡Podía hablar con los animales! Ellos lo sabían y acudían sin temor cuando tenían algún problema.
Volvió de la cocina con un poco de trigo, leche caliente y unas migas de pan. En el cojín, el jilguero y el gato charlaban animadamente. Carmelo había lamido sus plumas así que el pájaro había entrado en calor antes de lo esperado.
El animal comió con avidez, se notaba que llevaba tiempo sin echarse nada al buche porque el pobre era todo huesos y plumas. Carmelo y doña Sinforosa se miraron satisfechos. Cuando hubo saciado su hambre, reanudaron la conversación al calor del hogar.

- Bien, cuéntanos tu historia, si vas a quedarte con nosotros aunque sea unos días, nos gustaría saber quien eres- Propuso doña Sinforosa volviendo a la mecedora con el pájaro en su regazo-
- Soy un jilguero de más allá del río Noria, mis padres y mis hermanos viven allí pero yo quería buscar un lugar donde poder ver la nieve, de este modo me aventuré a venir hasta estos parajes. Desde pequeño he querido correr aventuras, ver otros bosques, conocer otros animales..., pero creo que no estoy preparado para ello. Solo soy un adolescente inconformista – Dijo el ave bajando el pico con tristeza-
- Oh, no te preocupes querido, todos cometemos locuras a ciertas edades pero esa es la sal de la vida, perseguir nuestros sueños. - Le contestó doña Sinforosa- Mi lema es "si quieres ser feliz como dices, las cosas de este mundo no analices..., no analices..." - Y rió de buena gana-
- Entonces, ¿aprueba lo que hice?
- En cierto modo sí, pero escúchame jovencito, ¿tienes adónde ir? - Preguntó apuntándole con el dedo.
- Pues..., verá. No. Mi casa se la ha llevado el viento, no sé construir un hogar preparado para soportar las inclemencias de este tiempo. - Dijo cruzando las alas por delante-
- Y a juzgar por tu aspecto, tampoco te ha ido muy bien en lo que a alimentación se refiere -  Añadió Carmelo levantándole la escuálida alita derecha-
- Bueno,  no mucho, la verdad es que estaba acostumbrado a comer lo que mis padres traían a casa y...
- Bueno, bueno, no te preocupes - Cortó nuestra amiga- Puedes quedarte aquí todo el tiempo que necesites, pero antes dime, ¿cómo me encontraste, jovenzuelo?
- Pues... Me lo dijo María, la ardilla que vive en el árbol de la señora Pilarica. Me habló de alguien que podía ayudarme, que siempre ayudaba a los animales en apuros. Me dio su dirección y el resto..., ya lo conoce.

Departieron hasta bien entrada la noche, en el reloj junto a la chimenea dieron las doce en punto.

- ¡Oh, chicos! ¡Fijaos qué hora es! - Exclamó doña Sinforosa- Voy arriba a buscar algo para preparar la cama a este joven; vuelvo en unos minutos.

Los pasos de la mujer se oían deambular de un lado para otro; puertas de armarios que se cerraban y abrían y por fin, unos pies que descienden la escalera.

- Ya estoy aquí. Pequeño, para esta noche habrás de conformarte con esto hasta que te busque un lugar apropiado- Dijo mientras dejaba junto al cojín de Carmelo, un mullido nido improvisado con algodones del botiquín.

-¡Oh, es perfecto doña Sinforosa! Jamás hubiera soñado tanto confort. Por favor, no se moleste en nada más ¡Esta cama es la mejor! - Exclamó el pajarito acurrucándose feliz de un salto en su nuevo nido-

- Descansad -Les dijo la dama a la vez que acariciaba cariñosamente a los pequeños- Mañana será un día muy divertido, te buscaremos un nombre, ¿qué te parece? - Le preguntó al jilguero.

-¡Tendré un nombre! Señora mía, son demasiadas emociones para un simple pájaro, me siento tan halagado que no sé qué decir.
-Pues di buenas noches – Propuso Carmelo-
-Buenas noches, amiguitos –Contestó sonriente doña Sinforosa mientras cubría con unas pequeñas mantas a los animales. Después, subió a su cuarto satisfecha con el huésped y muerta de sueño a causa de tanta emoción. En unos minutos, el silencio reinaba en la casa de madera.

A la mañana siguiente amaneció de nuevo nevando, la señora Sinforosa pensó que tendría que posponer ese paseo que había prometido a los chicos para buscar arándanos pero, aprovecharía para coser algo que tenía en mente.

Como cada mañana, Carmelo fue a ver a doña Manolita, la gallina que mandaba en el corral, para recoger algunos huevos y comprobar que todo estaba bien por allí. Las gallinas eran bastante indisciplinadas y siempre andaban a la gresca. El gato intentaba poner orden, pero más de una vez se había llevado un picotazo. De no ser por doña Manolita, cierta mañana de verano lo hubieran dejado más agujerado que la casa de un carpintero.
De vuelta al hogar:

- ¡Buenos días! –Exclamó el felino entusiasmado- Doña Sinforosa, traigo unos huevos recién puestos. Doña Manolita le envía saludos.
- Gracias, hijo.  Deja la cesta sobre la mesa de la cocina, los quiero para hacer un bizcocho ¡Ah! No despiertes al jilguero, el pobre sigue dormido.
- De acuerdo- Contestó el gato- Voy a bajar al río a ver cuánto ha cuajado la nieve en el bosque.
- Ten cuidado Carmelo, no olvides la mantita que te hice el mes pasado, te vayas a constipar. Y por favor, si puedes, trae alguna fruta que encuentres fácilmente. Es para el bizcocho.

El gato cogió una manta de escocesa verde y roja y se la colocó. Tenía unas aberturas para sacar las patitas y la cola, se enrolló una bufanda y salió contento a dar su paseo matutino. De vuelta a Villa Rosita una hora más tarde, había conseguido unas moras silvestres estupendas. Doña Sinforosa se puso muy contenta.

- ¡Buenos días, jilguero! - Exclamó Carmelo al ver que su nuevo amigo había despertado y se hallaba desayunándose un buen tazón de miguitas de pan con leche caliente.
- ¡Buenos días! Siéntate Carmelo, cuéntame cómo está el río - Le animó el jilguero mientras volaba hasta la cabeza del minino-

Los dos amigos consumieron más de una hora en charlas matutinas, mientras, doña Sinforosa cocinaba el rico bizcocho con moras y cosía algo misterioso; ninguno de los dos pudo averiguar de qué se trataba.

- Bueno jilguero -Dijo la buena mujer entrando en el salón- Creo que ha llegado la hora de ponerte un nombre, ¿no crees?
- ¡ Oh síííííííííi! ¡Doñi, estoy tan contento! – Casi gritó de entusiasmo-
- ¿Doooooñiii? - Exclamó Carmelo espantado ante el atrevimiento.
- ¡Oh, doñi! Me gusta mucho, sí, creo que me gustará que me llaméis así - Dijo "la doñi" encantada y riendo de muy buena gana- Sigamos, he pensado que como estamos en marzo y se aproxima el día de San José, tal vez te gustaría llamarte Pepe ¿Qué te parece?
- ¡Pepe el jilguero! ¡Suena de maravilla, doñi! -Exclamó el pájaro lanzándose a volar y haciendo atrevidas piruetas sobre las cabezas de sus nuevos amigos-
- Bien, pues ahora que tienes nombre, habrá que celebrarlo. A las cuatro en punto daremos una pequeña fiesta así que tendrás que ponerte bien guapo - Dijo doña Sinforosa guiñando un ojo al pajarito-
- Pero..., no tengo nada que ponerme... -Contestó Pepe bajando triste la cabeza-

En ese momento, la dama desplegó una enorme sonrisa y le indicó a Carmelo que trajese unos paquetitos que había dejado sobre su cama. El gato estuvo de vuelta en menos que se dice miau.

- Tomad, esto es para vosotros - Dijo doña Sinforosa sin perder su linda sonrisa,  dejando que todo el salón se iluminara con el color sonrosado de sus mofletes-

Carmelo abrió su paquete y apareció una preciosa gorra, era igual a una que le había encantado el mes pasado cuando la descubrió en la portada de una revista de moda francesa, de esas que se vendían en el comercio de don Hilario. Era color verde, como su manta-abrigo, y en todo lo alto  tenía una borla de lana roja. El gato se puso a dar saltos de alegría mientras "la doñi" no cabía de felicidad viendo lo mucho que le había gustado aquel presente.
Pepe hizo lo propio con su regalo y apareció un lindo chaleco en escocesa roja a juego con una corbata. Fue tal la sorpresa, que quiso obsequiarles con un canto, pero no le salió la voz de puros nervios. Estaba agradecido y feliz.

- Bien, mis niños, pues quiero que os pongáis guapos esta tarde, la pequeña fiesta se hará para dar la bienvenida a Pepe ¡No todos los días se bautiza un jilguero!

A las cuatro en punto y pese a la nieve llegaron los invitados. Doña Manolita venía con dos de sus sobrinos, traían un regalo para Pepe que la gallina había elaborado en una mañana. Consistía en una gorrita de aviador tejida en lana natural, la misma que le había regalado su amiga doña Lola, la oveja de la granja de los Silva. Después llegaron don Fermín y doña Pepita, las ardillas de la caseta del tren. Las ocas de la granja de don Ramiro, los gatos de la Cuesta la Vieja... Así hasta quince invitados.
Fue una fiesta maravillosa que Pepe no se podía imaginar ni en el mejor de sus sueños. Cantó tanto para agradecer la bienvenida, que se quedó afónico.


-Bueno querido Pepe -Tomó la palabra doña Sinforosa- Quisiera ahora que estamos todos los amigos juntos, hacerte una propuesta- El pájaro movió la cabeza en modo afirmativo porque no tenía voz.
- Verás, Carmelo y yo nos preguntamos si te gustaría formar parte de nuestra familia y quedarte a vivir en Villa Rosita.

El jilguero se apresuró a decir que sí con la cabeza, acto seguido voló hasta la dama para abrazarla con sus alas. Después, hizo lo mismo con Carmelo y con sus nuevos amigos, que aplaudieron y vitorearon la estupenda decisión.
Y así fue como se formó la maravillosa familia de la casa de madera llamada Villa Rosita. Un millón de aventuras aguardan dentro de sus estancias y muchas más fuera de ella, en el bosque. Estad atentos.

Número de Registro Propiedad Intelectual: 201399901322175
Prohibida su copia total o parcial y/o reproducción por cualquier medio sin consentimiento expreso y por escrito de su autora.

martes, 30 de mayo de 2017

RESURRECCIÓN.


Vender el alma no purifica las heridas, pero igual nos convierte en recién nacidos desconocedores del amor que lleva tanta muerte.
No he venido aquí a regalar mis veintiún gramos, los perdí en una de tus sonrisas y ahora, habiendo partido de la estación de la vida, nuestras almas no volverán a cruzarse. No he venido a atesorar recuerdos, porque ya tengo aquellos besos abisales que serán memoria y testigo de existencia. Tú en cambio te llevaste el tiempo que mide las caricias, me pregunto para qué lo quieres si sólo sirve para una piel.
Tampoco he venido a desandar caminos para tropezar de nuevo en el mismo corazón. Yo vengo aquí a morir de te quieros y a resucitar en silencio.

Esta obra está protegida por las leyes de copyright y tratados internacionales. Número Registro Propiedad Intelectual:  1803146136805

Camino a las emociones.

Hay caminos en las nubes que llevan al verano. A veces, me siento en la hierba a recorrer esos senderos con la mente, a buscar el sol detrás de los algodones y a traer historias de niña con coletas  a las siete de la tarde.
Las nubes son los guarda-historias de los niños, cuando eres mayor puedes entrar la memoria y rescatar tus vestidos con bullones, la pelota brillante y los amigos de nombres olvidados. A veces, muchas veces, hay que hacer introspección para no perder de vista quiénes somos y saber cómo éramos antes de olvidarnos de nosotros.
Ese camino lleno de recreos con rodillas tintadas de mercromina nos devuelve la pureza de las emociones. Ahora las emociones se venden, se garantizan y para eso se bien pagan. Otras veces se mal venden al primer hacedor de pinzas de estómago, pero esas no son emociones, son desconsuelos. ¿Acaso el desconsuelo no es una emoción? Me preguntarán los que leen, pero no, el desconsuelo es en todo caso una emoción enquistada, por lo tanto, un sentimiento.

Y sigo caminando entre las nubes, encontrando bicicletas con patines y sueños de muñecos. Hay olores a celindas y rosas de té que traigo de vuelta para la niña nueva, así los guardo para vivir, - que no resucitar-, a la niña antigua que vive entre la carne del presente.


Esta obra está protegida por las leyes de copyright y tratados internacionales. Número Registro Propiedad Intelectual:  1803146136805

viernes, 28 de abril de 2017

Un piano para Casa Encantada.

Es primavera, nuestra casa ha cambiado la corona de nubes por zapatillas verdes de hierba, excepto los domingos, que se pone tacones rojos hechos de amapolas.
Todo cobra vida con el sol y desde luego Matilda no iba ser menos, no hay nada que guste más a una lagartija que un buen baño de sol en la balaustrada de entrada a Casa Encantada. Allí estaba cuando llegó José Manuel a contarle que había comprado un piano y le instaba a guardar el secreto para sorprender al resto de habitantes.
Matilda se levantó, estiró su cuerpecito verde y flexible y comenzó a interrogar a su amigo.


- ¿Y dices que traes un piano? - Le pregunta sonriente-
- Sí, pero no se lo digas a nadie, es una sorpresa para esta noche - Le contesta José Manuel-
- ¿A Josep tampoco? Es mi compi arquero y además es druida, mago, medio elfo... Vamos que se va a enterar.
- ¿Te han dicho alguna vez que eres muy cotilla?
- Sí, todos los días.-Dice saltando y colocándose al hombro de su amigo-
- Oye, ¿no te has pasado un poco con el maquillaje? -
- Que va, además he sacado estas cosas de la bolsa de aseo de Pepa. Si vieras lo que tiene allí.... ¡Ni una droguería, chico! Claro, que a su edad, no es fácil disimular lo del ojo de cristal y eso, pero mira, que se pintarrajea y parece hasta mona. Pero vamos, que yo no la quiero criticar.
- ¡Pues menos mal! - Contesta José Manuel riendo- ¡Un ojo de cristal! ¡Pero qué perversa!

Humano y lagartija entran en la casa para elegir un lugar bonito donde colocar el piano, en realidad no tienen preferencias, pero a Matilda se le ocurre que tal vez el desván sea un buen sitio.

-¡Aquí, lo pondremos aquí y daremos una fiestuqui que no se va a olvidar en años! - Dice la lagartija tomando medidas con sus manos.-
- Pues adjudicado, ahora sólo queda subirlo-
- ¿Y eso quien lo va a hacer?
- Nosotros, claro - Dice José Manuel mirando fijamente a la lagartija-
- No, yo no puedo, estoy de baja.
- ¿De baja? ¡No me lo creo! - Exclama el hombre asombrado-
- Sí, me hice un esguince en la muñeca en mi última aventura con Josep, espantamos a unos cuantos Ojáncanos y tiré tantas flechas que mira - Matilda hace ademán de girar la muñeca de la mano derecha y acompaña la demostración con un teatral gesto de dolor -
- En fin, supongo que eso me deja solo ante el piano.

Nada más terminar la frase, se escucha una voz en el exterior. ¡Es Josep!

- ¿Hay alguien en la casa? - Pregunta el arquero desde la puerta-

Matilda al oír a su amigo, corre escaleras abajo y antes que se dice "miau", ya está encaramada a su hombro.

- ¡Josep tenemos un piano! ¿Nos ayudas a subirlo? - Pregunta la lagartija-
- Precisamente a eso vengo, creo que tenéis dificultades...
- Sí, no sabemos muy bien cómo hacer para colocarlo en el desván sin que sufra daños - Aclara José Manuel-
- He pensado que podemos pasar una cuerda al piano, luego la atáis a una de mis flechas y os la mando para arriba. - Propone Matilda-
- ¿Tú no tenías un esguince de muñeca y estabas de baja? - Pregunta José Manuel-
- ¿Un esguince? - Repite Josep con cara de asombro-
- ¡Oh, es algo sin importancia! Algo que va y viene según la humedad y el viento entre del Hoyo o de La Parrilla, o de Madrid.... -La lagartija se lía cada vez más con las explicaciones-
- ¡Pero mira que eres lianta! -Exclama Josep divertido- ¡Lo que te pasa es que no quieres trabajar!¡Tú no tienes un esguince, tienes vagancia!
- Veeenga, otro a llamarme vaga, pues si sois tan listos y hacéis todo tan bien, ahí os dejo con vuestro piano.

Y dicho esto, dio media vuelta y se alejó con sus andares a lo Monroe. Josep y José Manuel reían mientras observaban alejarse al simpático reptil que como llevaba las uñas pintadas, conseguía mimetizar con la hierba todo su cuerpo excepto el rojo de los dedos, de modo que parecían puntos saltando sobre la vegetación.

- Bien, amigo, pues estamos solos - Apuntó José Manuel-
- ¡De eso nada! ¿De verdad creíais que ibais a subir un piano hasta ahí arriba sin la ayuda de un mago?
- ¡Pirú! - Exclamó Josep- ¡En mi vida me he alegrado tanto de verte!-

Y tras fundirse en un abrazo y hacer las oportunas presentaciones, el sabio se apartó a un lado, agitó el báculo y el piano comenzó  a ascender lentamente ante la atónita mirada de José Manuel-

- ¡Aaay amigo!, desde que existen los magos, yo no gasto un euro en empresas de mudanza - Comenta Josep divertido-

Subieron al desván para ver la disposición, probaron un par de sitios hasta que de una de las vigas salió una voz conocida.

- ¡Ahí está perfecto! ¡No lo mováis más!
- ¡Matilda! ¿Pero se puede saber qué haces ahí arriba? - Pregunta Josep-
- ¡Pues qué voy a hacer! ¡Ayudar! ¡Si es que no os puedo dejar solos!


Los tres rompieron a reír, no era fácil hacer callar a la lagartija y mucho menos apartarla de cualquier actividad que implicase diversión.

- No sé qué haríais sin mí, soy una lagartija experta en decoración. Y muuuy culta. - Dice Matilda bajando hasta sus amigos-
- Y sin abuela -Añade José Manuel-

Matilda le saca la lengua y luego corre a esconderse en el bolsillo de la camisa de Josep.

- ¡Muy bonito, eh! ¡Muuuy bonito! - Le dice su amigo intentando sacarla de su escondite-
- Meteos conmigo, meteos conmigo..., que me he apuntado a un sindigato y el presi es el Gamba. Le voy a decir que me hacéis trabajar sin contrato.
- Pues si el gato Gambita es el presidente, apañada vas...- Bromea José Manuel-
- ¡Cosas de lagartija! -Exclama el mago riendo a carcajadas y contagiando a los demás-

En ese momento, Matilda asoma su graciosa cara por el bolsillo de la camisa. 

- No sé qué os hace tanta gracia, la verdad. Bueno, ¿Y los dulces? ¿Quién trae los dulces?
- ¡Matildaaaaaa! - Gritan los amigos a la vez-

Al final, el piano queda colocado en una de las preciosas habitaciones, listo para que cualquiera que sepa pueda tocarlo.

Cae la noche en Casa Encantada y los habitantes se van dando cita en el lugar. Es un placer volver a encontrarse con todos, vivir la casa y disfrutar de su compañía en una ocasión así. Matilda viene a saludarme, creo que ha vuelto a enredar en mis maquillajes porque reconozco el lápiz de labios. 
Me saludan todos y alguien me dice que "llevo bien lo del ojo porque no se me nota nada" No sé a lo que se refiere, pero prefiero no saberlo.
Viendo que ya no falta nadie, les hablo del motivo de la fiesta y presento a la concertista de esta noche. Doña Lupita  ha venido de muy lejos para inaugurar la Primavera y nuestro piano, así que sin más os dejo con ella y su especial interpretación de "Oh, mío babbino caro", de la ópera Gianni Schicchi, de Puccini.
Lupita, cuando quieras.


jueves, 16 de febrero de 2017

Aventuras con Pirú. Pirú y el rey de Vindiolandia.

Febrero lluvioso, año 2017, las niñas han crecido pero sus ganas de aventura siguen intactas. Tenemos nuevo gatito, su nombre es Frodo, como el hobbit, pero mamá entendió "Floro" y nos pareció tan divertido que se llama Florito. Bueno..., tenemos otro felino, Gambita, que ya conocéis por otras aventuras pero en éstas, nos acompaña el peque.
Bien, prosigo con mi relato en este día de magia.
Hace rato que no para de llover, el cielo entoldado invita al silencio y lo único que se escucha en el salón es el ronroneo incesante de los mininos. Descorremos las cortinas y miramos las nubes cargadas para toda la tarde.

- Tita pitusa, hace tiempo que no salimos de aventuras en un día de lluvia - Me dice Esther-
- Tienes razón, nos estamos volviendo comodonas -Le contesto-
- ¿Crees que Florito estaría dispuesto a acompañarnos? - Pregunta Marta-
- Pues habrá que averiguarlo. ¡Marta, en marcha!
- ¡A la orden tita!

Conservamos la rosa que el mago Pirú nos regaló, así que consultamos las llamas para contactar con él y visitarlo. Está bien cuidar de los amigos y si encima es mago, pues mejor que mejor.
Nos insta a vernos en Casa Encantada, nos dice que ha descubierto un sendero que cree que nos gustará, aunque no está exento de peligros así que hay que llevar los arcos y el carcaj repleto de flechas. Por suerte, los tenemos preparados.
En unos minutos, estamos en el coche. Floro viaja en la parte de atrás con Marta y Esther que prefieren ir con él en vez de conmigo. En fin..., tener sobrinas para esto.

- ¡Tita, música de aventuras por faaaa! -Propone Esther- ¡De Elfos ehhh!


El tiempo se detiene, regreso a unos años donde eran tan pequeñas que sus pies no llegaban al suelo del coche. Rescatamos la infancia y la magia comienza.
Llueve, voy despacio porque la visión de Casa Encantada bajo la lluvia es hermosa. Sus ladrillos rojos aparecen brillantes y las palmeras agitan las ramas en señal de bienvenida. De nuevo aquí, al lugar donde los sueños tienen residencia fija.


Arrecia, el olor a tierra mojada nos rodea y Florito olfatea el delicioso aroma que desprende la tarde. Nos preguntamos dónde estará Pirú, con un mago nunca se sabe. Decidimos salir y entrar en la casa, antes de que podamos rodearla, una silueta picuda nos saluda. ¡Pirú!
El tiempo pasa pero las formas de saludar a un mago no cambian. Nos ve venir corriendo y su cara de susto crece por momentos.

- ¡Oh santo cielo, si me alcanzan me tiran al suelo! - Murmura para sí Pirú-

Pero es demasiado tarde, las tres le abrazamos y..., ¡al suelo! Mago desparramado.

- ¡Nooo, cosquillas noooo!- Grita entre risas ante el ataque de Marta-

Le ayudamos a ponerse en pie y tras devolverle el sombrero al sitio destinado para él y el báculo a la mano, es él quien nos abraza de nuevo.

- Mis niñas, mis queridas, queridas niñas. ¡Qué alegría veros de nuevo!
- Ay Pirú..., ¡cuánto te queremos!. - Dijo Esther- Aunque con lo que llueve mira cómo te hemos puesto la túnica.

Nos miramos y nos damos cuenta de que todos estamos llenos de manchas de barro, pero con un mago a mano no es problema. Pirú gira el báculo, una nube rosácea aparece y entramos, a los cinco minutos nuestras ropas están como una patena.

- ¡Abajo las lavadoras! - Exclamo entre risas- 

- Bueno chicas, ahora que hemos hecho la colada tenemos que ponernos en marcha o acabaremos como una sopa. Tengo una sorpresa para vosotras, al otro lado de la casa existe un sendero que cruza la vía del tren y lleva a un lugar que quiero que conozcáis. -Propone Pirú-

Cargadas con los arcos, flechas, carcaj, chubasqueros ...., el camino se hace un poco pesado, la lluvia no cesa pero el mago que lee en los corazones nos hace ver el lado positivo del momento.

- Chicas, la lluvia es el alimento de la tierra, en primavera se deshará de su manto pardo y entonces aparecerán las flores que ahora permanecen acurrucadas. ¡Alegraos porque los días de lluvia son también días de abundancia! Y..., de aventuras -Dice bajando la voz y sonriéndonos- 

Sus palabras nos animan y pensamos que es un privilegio estar al aire y a la lluvia escuchando lo que la Naturaleza nos dice, que siempre es más de lo que creemos. Haciendo caso a Pirú permanecemos en silencio y entonces algo como una música lejana se cuela en nuestros oídos. Es magia, es Casa Encantada.
Giramos a la derecha y dejamos a un lado un gigantesco árbol que no recordamos. El mago nos dice que sólo puede verse si se camina en paz con uno y con todos y que por eso el viejo roble es llamado el Árbol del Amor


- En nada llegaremos al Paso de Vindio - Dice Pirú-
- ¿El Paso de Vindio? - Preguntamos casi a la vez deteniendo la marcha-
- Sí, se llama así por el viejo rey que habitaba estas tierras, un rey enano cuyo sentido de la justicia era conocido en todo el lugar, incluso otras razas venían de lejos para someterse a sus sentencias sabiendo que serían siempre justas.
- ¿Hubo otras razas habitando el Guadiato? ¿Cuánto hace de eso, Pirú? - Pregunta Esther.
- Por supuesto, queridas, por supuesto. El día anterior a la historia conocida, esta tierra fue testigo de grandes gestas, tratados, alianzas, batallas y épocas de paz. Yo crucé los tiempos con casi todos y guardo buen recuerdo de mi amigo Vindio, así como de Nefër, el rey de los Hombres.
- ¿Nefër? - Pregunto asombrada
-¿Puedes contarnos más, Pirú? - Pregunta Marta con cara de intriga-
- Me temo que no, hemos llegado a la puerta. Dejad los arcos y las flechas en el suelo hasta que nos den permiso para portarlos. Sed respetuosas y no preguntéis demasiado - Nos aconseja el mago-

Hacemos caso a Pirú mientras observamos como se pierde por un enorme hueco abierto en un árbol casi tan grande o más que el Árbol de la Verdad. Florito, como era de esperar, se cuela con él. Estábamos ante el Paso de Vindio.


Esperamos durante diez minutos o menos, en seguida apareció Pirú con cara sonriente invitándonos a pasar con nuestros arcos. Nada más atravesar el gran hueco, apareció ante nuestra vista un maravilloso bosque cuyo suelo se cubría de hierba y plantas que no pudimos identificar. Florito hacía rato que se divertía con ellas, eso era evidente.


Nos recibió un enano joven, ataviado con vestimenta sencilla aunque rara para nosotras. Habría pasado desapercibido si no fuese por el collar que portaba: Era un triángulo de oro en mitad del cuál se suspendían una espada, una corona y un unicornio magníficamente trabajados. El enano percibió nuestra curiosidad y contestó justo a lo que pensábamos.

- Bienvenidas, mi nombre es Tágomas. El collar es el Vindílium, el símbolo de mi pueblo que sólo puede portar el rey. El rey es aquél que vence a la espada y amansa al unicornio, pero ya os lo contaré mientras comemos. ¿Qué os parece? -Propuso de manera afable-

Nos presentamos y le seguimos hasta un árbol tan grande que una secuoya a su lado parecería pequeña. Dentro, un salón amplio decorado con muebles de formas vegetales. Si mirabas hacia arriba encontrabas un complicado y bello enramado a través del cuál podía verse el cielo.

- Cuando llueve, se cierra - Le dijo Tágomas a Marta que ensimismada recorría con su vista cada rama-
- ¡Qué interesante, Majestad!

Tomamos asiento en cómodas sillas con forma de hojas y en seguida acudió el servicio que dispuso la mesa. Casi todo era verdura, cosa que disgustó a Esther, sin embargo, al probarlas se dio cuenta de que su sabor poco o nada tenía que ver con las verduras que había comido antes. Sus sabores eran idénticos a la carne, el pescado e incluso el jamón más rico.

- ¿Cómo lo hacéis? ¿Cómo es que esta berenjena sabe a jamón? - Preguntó Esther extrañada´-
- Porque no es una berenjena, es valuca de invierno, una verdura cuyo sabor se asemeja al mejor de vuestros jamones. Nuestro organismo no está preparado para comer carne, pero a cambio tenemos plantas que tienen su sabor.

- Qué interesante.... - Contestó Esther mientras devoraba su valuca-

- Y no habéis visto todo - Añadió Tágomas siempre en ese tono agradable que relajaba a quien escuchaba-

Al término de la espléndida comida, nosotras salimos a un jardín extraordinario que Malima, la mamá de Tágomas, nos enseñó. Al fondo, una mesa con dulces llamó especialmente nuestra atención.
Pirú se quedó hablando de temas del reino con el enano.


- Querido Tágomas, te conozco y sé que no me has hecho llamar para agasajarme con tu espléndida comida. ¿Qué sucede?
- Bien me conoces, Pirú, viejo mago -Dijo el rey paseando por la estancia con las manos cogidas a la espalda- La espada de mi antepasado Vindio ha desaparecido, sin ella, no puede haber sucesión al trono ni vida en Vindiolandia.
- ¿Cómo ha ocurrido?
- No lo sabemos, una mañana mi escudero me advirtió de su falta, rápidamente se dieron batidas por el reino pero sin resultados. Y eso no es lo más preocupante, los unicornios también nos abandonan, sin la espada piensan que no hay rey y si no hay rey, ellos corren peligro.
- Pero sin los unicornios, esta tierra se sumirá en la penumbra, ya lo dice El Libro de Agasú. Es el triángulo en el que se sustenta el reino: Rey, espada y unicornio- Contestó Pirú preocupado.
- Así es, querido amigo, por eso te he hecho llamar.

El Libro de Agasú era todo para el pueblo enano, a través de los siglos y las épocas, la vida se había regulado por él. No sólo contenía leyes, también tratados antiguos, soluciones para problemas en épocas de paz y otras para épocas de guerra. Lo había escrito el General Agasú, al servicio del rey Vindio en la primera era. En él se advertía de la necesidad de mantener al unicornio en las tierras del reino o la sombra sustituiría al sol y el frío a la tibieza, viniendo entonces el final de Vindiolandia tal y como los enanos lo habían conocido. 

- Esto es terrible... ¿No dice el Libro cómo recuperar los unicornios? Si me permites voy a consultarlo -Propone el mago-

Pirú subió los escalones hasta llegar a un atril de oro sobre el que descansaba el Agasú. De él emanaba una luz azulada que iluminaba el rostro del mago cada vez que pasaba una página.

- Aquí dice que si los unicornios desaparecen, las estrellas se apagarán y la edad de la sombra caerá sobre Vindiolandia. Que la espada volverá a la tierra y el enano al interior del Árbol Deshojado hasta que la noche se disipe o aparezca el último descendiente de Nefër. Este habrá de forjar la nueva espada de cuya luz brotará el camino para que los animales mágicos puedan volver.

Pirú se quitó el sombrero y lo dejó sobre un sillón que había cerca del atril. En su cara se reflejaba la preocupación. ¿Cómo harían para recuperar la espada y los animales?

- Las niñas - Dijo Tágomas- Son las herederas de Nefër-
- ¿Cómo? ¿Cómo dices? - Se extrañó el mago-
- Son las últimas descendientes del rey de los Hombres, ellas pueden hacer mucho más que ayudarnos a recuperar la espada y los unicornios - Le dijo tomando del brazo a su amigo-
- ¡Eso que piensas no es posible! - Exclamó Pirú-
- Pero..., ¿Por qué no? Nefër puede ser despertado, permanece en la Gruta del Ángel a la espera de que el último descendiente vierta un poco de su sangre sobre su corazón.
- ¡He dicho que no! Y ni una palabra a las chicas. Eso que dices es muy peligroso, la gruta está custodiada por duendes Huxedae, los ni vivos ni muertos, un hechizo que ha matado a muchas criaturas sobrevuela la zona y alucinaciones de todo tipo han vuelto locos a otros tantos. Es un lugar maldito. No permitiré que pongas en marcha un plan así sólo para eludir tu responsabilidad como rey

Pirú visiblemente enojado cogió su báculo y su sombrero descendiendo las escaleras y saliendo en dirección a la puerta

- ¡Un momento! Deja que te enseñe algo - Propuso el rey-

Tras unas cortinas de pesado terciopelo se escondía un gigantesco árbol genealógico que comenzaba con Nefër y llegaba hasta Esther y Marta, sus últimas herederas. Pirú asombrado cruzó las manos a la altura del pecho.

- Santo cielo....¿Cómo no he sido informado de algo así?
- Pensamos que vivirías mejor si no lo sabías - Contestó el rey- 
- Está bien. Mi propuesta es esta: Te ayudaremos a recuperar la espada, si hubiera vuelto a la tierra, las niñas forjarán una para que los unicornios regresen, pero no esperes que resuciten a Nefër.
- Te ruego consideres ....
- ¡He dicho que no, Tágomas! - El mago interrumpió la frase muy enfadado- Si despertamos al rey, reclamará su derecho a gobernar sobre el mundo, a ti y a otros como tú os parece bien porque os exime de la máxima responsabilidad sobre vuestros reinos y aunque es cierto que con él la paz devendrá sobre la Tierra, no podemos alterar el orden establecido en el mundo Humano. ¿No lo entiendes? Han pasado eras desde la caída de Nefër, entre los suyos nadie sabe quien es, nadie ha oído hablar de la Era de los Dioses, ni alberga un solo recuerdo de la Tierra Primigenia. Te aseguro que una guerra entre razas comenzaría, con el horror que supondría para la raza Humana conocer a otras que ni sospechan. Los Hombres no están preparados para la Era de la Luz.
- No conoces bien a los Humanos, estoy seguro de que aceptarían de buen grado un orden de paz - Argumentó el rey enano- Tú mismo has dicho que con él la paz llegaría al mundo.
- Así es, pero el camino a esa paz aún no está preparado y el precio por alcanzarla sería alto. No es el momento, Tágomas. Eres un ingenuo si piensas que ahora un medio hombre-medio ángel va a poder gobernar a los Humanos. ¡Ni siquiera saben que existe este lado y las otras razas! Ellos creen que sólo somos fantasía....¿No lo comprendes? Habría una guerra y algunas razas que conocemos despertarían demonios que ya no sabemos cómo combatir. No, no me arriesgaré a que vuelva Nefër. Asume tu responsabilidad y reina, te ha tocado una edad de bonanza, hace años que no hay guerra en tu tierra, mantenla así. En cuanto a la Era de la Luz, deja que los magos sigamos haciendo nuestro trabajo.

Dejó la última frase rebotando en las paredes del árbol-palacio mientras el rey, apesadumbrado, veía como el mago se alejaba hasta salir del lugar. Sus esperanzas de vivir en paz, se habían desvanecido.
Estábamos en el jardín con la encantadora mamá de Tágomas cuando vimos venir a Pirú un tanto nervioso.

- ¿Ocurre algo, amigo? - Pregunté-
- No, no, no ocurre nada es sólo que tenemos una misión que no sé cómo abordar.
- Pues desde el principio, que es lo que siempre nos dices tú - Propuso Esther-

Pirú nos contó que había una espada que había que encontrar para que regresaran los unicornios, de no hacerlo el mundo de los enanos podría desaparecer. También nos habló de la importancia de estar seguros de que la espada hubiera vuelto a la tierra antes de forjar otra.

- ¿Y dices que esa espada la podemos forjar nosotras? - Preguntó Marta-
- Sí, puede hacerlo cualquier humano que no haya pasado la barrera de los dieciocho años y que además pueda ver el Árbol del Amor. -Mintió el mago-
- Bien, nosotras podemos solucionar eso entonces. - Dijo Marta-
- De hecho, en lugar de buscarla, ¿por qué no forjamos una nueva y problema resuelto? -Propuso Esther-
- Porque no puede haber dos Espadas de la Verdad, sólo si una vuelve a la tierra, puede ser forjada la nueva.
- O... -  Esther dejó la pregunta en el aire-
- O la sinrazón y la locura se apoderarán de los habitantes del reino.
- Madre mía qué amigos más complicados tienes, Pirú - Dije un poco hastiada- 
- ¿Cómo sabremos que la espada no ha vuelto a la tierra? - Preguntó Marta-
- Porque sigue habiendo luz sobre Vindiolandia, mientras haya luz, la espada permanece en algún sitio. Tenemos que recuperarla antes de que fuera de su lugar, decida volver a la tierra y cubrir de sombras el reino.
- ¿Cuánto tiempo tenemos para forjar la espada nueva una vez suceda eso?- Preguntó Esther-
- Dos días como mucho - Contestó Pirú-
- Bueno, hay tiempo - Dije yo intentando aparentar tranquilidad-
- No lo creas. La oscuridad cuando no hay espada ni unicornios es total, hasta el punto de que cien antorchas no bastan para iluminar un camino. Es una sombra densa y asfixiante que no sólo te ciega, también merma las fuerzas. -Aclaró el mago-
- Qué bien me lo estás pintando - Contesté asustada-
- Es peor, pero esperemos no llegar a eso. Centrémonos en la espada y regresemos a casa.
- Pirú, ¿tú sabías que veníamos a esto? - Preguntó Marta- Por eso nos hiciste traer los arcos.
- No Marta, os traje para que conocierais Vindiolandia, antes sólo llamada Tierra de Enanos. Los arcos siempre son necesarios porque hay Rementeadores por aquí. - Contestó Pirú-
- Muy bien, basta de charla - Cortó Esther- ¿Cuál es el plan?
- Bajaremos a las Tierras Secas, allí habitan las trunacas, algo me dice que esas criaturas tienen la espada.
- ¿Tru..., qué? . Preguntó Marta con los ojos muy abiertos-
- Son unos seres mitad pájaro, mitad trolls, No son muy listos como podéis imaginar, pero sirven al rey de los basures, siempre estuvo interesado en estas tierras y en sus rirquezas. Son ladrones, gente nada recomendable.
- Si no son muy listas esas trunacas, ¿cómo se han hecho con la espada? - Pregunté-
- No creo que hayan sido ellas, ellas sólo la guardan. Algún basur ha debido robarla. - Dijo Pirú-

La tarde languidecía en los jardines del árbol-palacio de Tágomas, Pirú se traía algo entre manos con el rey, algo que no nos querían contar, pero nosotras prometimos no hacer más preguntas de las necesarias. Sólo cabía esperar al nuevo día para salir hacia las Tierras Secas. 

- Tita pitusa, es mono el rey. ¿no? - Me pregunta Marta-
- Sí, sí que lo es - Contesto-
- Pero tú eres una patilarga y él un paticorto, tita, no te hagas ilusiones - Dice Esther socarrona-
- ¡No seas tonta! ¡Ni lo había pensado! - Exclamo fingiendo enfadarme-
- ¡No, anda que no! Si tuviera tu altura.... - Dice Marta riéndose-
- ¡Bueno basta ya, so celestinas! Es el rey de los enanos, ni siquiera es Humano.
- ¡Racista! - Exclama Marta muerta de risa, risa que contagia a su hermana-
- Tita, te buscaremos un príncipe azul marino de tu estatura. - Propone Esther elevándose sobre los dedos de los pies y riendo sin parar-
- Encima azul marino.... Les digo- ¿Y por qué no azul a secas?
- ¡Pues porque a vuestras edades, el azul celeste ya se le habrá puesto marino al pobre! - Contesta Esther con un volumen de voz suficiente como para que se enteren los terrestres y los extraterrestres. Su comentario produjo la risa de todos los enanos que pululaban por allí-

Tras correr detrás de mis sobrinas y reírnos de lo lindo, Florito aparece con el rey.

- ¡Floripondio! ¿Donde te habías metido? ¡Nos tenías preocupadas! - Le digo al minino que me mira con cara de absoluta felicidad-
- ¿No irás a reñirle?, sólo estaba dando una vuelta por las cocinas y allí había verduritas que le han gustado, así que decidió quedarse con Belámiz, mi cocinero.-Dijo Tágomass-
- ¡Ahhh, pillo! - Exclama Marta cogiendo en brazos al gatito-
- Chicas, quería comentaros algo pero es importante que no habléis de esto con Pirú. Al menos de momento. - Nos dice el rey bajando la voz y despertando nuestra innata curiosidad-
- Claro, descuide. - Le digo-

Las niñas me miran con claro gesto de desaprobación, a fin de cuentas el rey es un extraño y Pirú nuestro amigo.

- ¿Y por qué no quiere que Pirú conozca lo que tiene que contarnos? - Pregunta Esther elevando el tono de nuevo-
- Por favor..., te ruego bajes la voz - Pide el rey en tono de súplica- Se trata de un antepasado vuestro, el mago no quiere que conozcáis la historia porque cree que os puede perjudicar, pero yo pienso todo lo contrario. Si supieseis .....
- Siento decirle que la conversación ha terminado - Interrumpió Marta con aspecto serio- Por ahí viene Pirú.

El rey apretó los labios y cerró los ojos en clara señal de fastidio.

- ¿Qué hay niñas?- Pirú nos abraza a las tres pero mira con desaprobación al rey- Tágomas, nos retiramos a descansar, mañana nos espera un día largo.
- Claro, claro, amigo. Faltaría más. Hasta mañana a todos - Se despidió el rey alejándose entre surtidores de agua y plantas aromáticas- 
- Pirú, ¿quien es ese antepasado del que quiere hablarnos Tágomas? - Marta abordó el asunto sin perder un minuto-

El mago se enfadó, jamás habíamos visto así a Pirú y por primera vez tuvimos miedo.

- Perdonad, perdonad..., no es mi intención asustaros. Escuchadme, no creáis nada de lo que el rey os cuente, sólo deseo protegeros así que no quiero que os quedéis a solas con él.
- Pero..., ¿es peligroso? - El miedo esta vez se hizo más intenso temiendo por mis sobrinas-
- No, no, tranquilas, no le temáis, es sólo que tiene ideas un tanto alocadas sobre el futuro de estas tierras y necesita a alguien para poder llevarlas a cabo. Es un plan peligroso, no lo voy a permitir. - Aclaró Pirú-
- Vale pero eso..., eso del antepasado es cierto, de lo contrario no te habrías enfadado - Señaló Esther-
- Olvidaos del asunto, por favor. No hay ningún antepasado -Sentenció el mago volviendo a colgar en su rostro un severo rictus de disgusto-
- De acuerdo. Pirú, no volveremos a importunarte con preguntas de este tipo. Seguiremos tu consejo. - Le dije-

Nos fuimos a dormir, estaba claro que pasaba algo y que Pirú nos lo ocultaba. Habíamos aprendido a confiar en él y esta no iba a ser una excepción, pero no podíamos olvidar las palabras del rey sobre ese misterioso antepasado. Finalmente, el sueño nos rindió.
A la mañana siguiente, Malima vino a despertarnos personalmente. Quería que viéramos la flor de Limis, un ejemplar que florece en el mes de febrero cada mañana al alba y se cierra cuando el sol alcanza su cenit. Era realmente hermosa, de diversos colores y una textura similar a la seda; sobre los pétalos en forma de llama aparecía un polvillo brillante que refulgía como si fuera algo precioso.


- Es polvo de diamante - Aclaró Malima- cuando la flor se seca lo recogemos y con él, entre otras cosas, fabricamos joyas que después vendemos a otros pueblos. Se diferencian del resto de joyas en su olor, pues permanece para siempre.
- Son maravillosas..., -Dijo Marta asombrada por la belleza de las flores-
- Lo son, a vuestro regreso tendré guardada una para cada una. Es mi modo de agradeceros vuestra ayuda- Nos dijo la reina madre-

Felices salimos del fantástico y escondido jardín para reunirnos con Pirú. El mago y el rey aguardaban nuestra llegada, pues nadie más debía saber de aquella misión. Ni siquiera Florito pudo acompañarnos y se quedó con su amigo Belámiz degustando verduras con sabor a salmón.

- ¿Preparadas? - Preguntó Pirú.

Y a una señal, nos pusimos en marcha andando por unos campos regados de flores y nubes.


Caminamos durante horas, al mediodía, a una señal del rey descansamos y pudimos comer algo, no fue hasta media tarde que alcanzamos las Tierras Secas. 
De repente, la visión dulce de las flores y la tierra verde había cambiado y nos encontramos en un paraje inhóspito. Unos cuantos alambres oxidados nos cerraban el paso, nada que no pudiéramos solventar. El calor comenzó a caer sobre nuestros cuerpos cansados y hubimos de deshacernos de la ropa de invierno guardando abrigos y guantes para dejar nuestros brazos al descubierto. Pirú se acercó y nos entregó unas túnicas que parecían de lino.


- Colocaos estas camisas sobres vuestras ropas, son resistentes a las flechas - Nos dijo-

Obedecimos sin preguntar, los recursos de un mago son inagotables.

- Están revestidas por el polvo de diamante de esas flores que tanto os han gustado - Dijo guiñando un ojo- Todos llevaremos una. 

Las túnicas cubrían brazos y torso, bajando justamente hasta una cuarta por encima de las rodillas. Esa prenda era codiciada por muchas razas, pero estaba terminante prohibido comerciar con ellas o sacarlas del reino de Vindiolandia. Nosotras, tras su uso, también debíamos entregar la nuestra para que fuera custodiada junto a las demás en las dependencias del palacio destinadas a los tesoros. Gracias a estas camisas especiales, los vilandeses habían ganado numerosas batallas, haciendo casi cien años que no había sido necesario volver a utilizarlas. Hasta hoy.

- Proteged las zonas que quedan al descubierto, el enemigo es hábil y ha perfeccionado sus artes durante años, dispararán al cuello y a las piernas - Aclaró el rey- Las camisas no os protegerán de las trunacas, ellas no necesitan flechas ni lanzas, su fuerza y estatura les basta para desmembraros en un minuto así que estad atentas.
- Qué encantador todo - Susurré-
- Sí tita, un amor de situación - Contestó Marta-

Montamos las flechas en los arcos y avanzamos despacio, no había rastro de los seres malévolos a los que el rey había aludido, sin embargo, apareció un fenómeno con el que no contábamos. El cielo comenzó a oscurecerse de manera inhabitual.


- ¡El sol! ¡Tágomas, el sol se está apagando! - Gritó Pirú-
- La espada está volviendo a la tierra..., no tenemos mucho tiempo, hay que avanzar hasta las cuevas antes de que se desintegre. - Propuso el rey-

Sin embargo, no contamos con que las trunacas nos estaban esperando. Tres seres de unos tres metros de altura aparecieron ante nuestros ojos. Tenían cabeza de pájaro, cuerpo de trolls y la espalda cubierta de plumas. Las manos terminaban en garras afiladas capaz de partir en dos a cualquiera que se pusiera por delante.

- Oh, oh, aparecieron las compañeras de baile - Dijo Marta-
- ¡Pues bailemos! -Gritó el rey desenvainando su espada y corriendo hacia los seres.

Conocíamos situaciones parecidas así que cada una tomó su sitio, Esther fue la primera en disparar pero vimos con estupor como la flecha rebotó en la espalda de una de las trunacas.

- ¡No disparéis a la espalda! ¡Son inmunes! - Gritó Pirú-

Intentamos derribarlas pero no era posible porque cuando veían venir las flechas se volvían hábilmente. Las teníamos encima y el rey acosaba a una de ellas que le cerraba el paso a las cuevas.

- Chicas, ¡vamos a cubrir a Tágomas! - Propuso Esther-

Pirú agitó el báculo y una luz cegadora confundió a los monstruosos seres que corrieron a cubrirse los ojos, momento que aprovechamos para disparar. Aturdidas, se retiraron pero cuando pensamos que nos habíamos librado del peligro aparecieron los basures rodeándonos por completo. Conté más de cincuenta hombres cubiertos por armaduras de cuero. Llevaban el pelo largo, eran muy morenos de piel y de ojos extraordinariamente claros. Se habían pintado la cara con listas rojas, su aspecto era salvaje y sus armas amenazadoras. 

- Ahora sí que la hemos liado - Un montón de bailarines y sólo tres damas - Ironizó Marta-

Uno de los hombres se acercó, llevaba trenzadas al pelo unas cadenas muy finas que le daban un aspecto fiero. Se dirigió al rey pero no entendimos ni una palabra.

- Dice que la oscuridad se ha desatado y nada tenemos que hacer aquí, las tierras de Vindiolandia serán reclamadas por el pueblo basur y una nueva era comenzará. El pueblo enano ha de retirarse al Árbol Deshojado - Nos tradujo Pirú-
- Ufff, qué malamente suena eso - Dijo Esther-
- Si no nos marchamos ahora, moriremos -Añadió el mago-
- Por qué será que eso lo he entiendo perfectamente - Dije-
- ¿A ellos no les afecta la oscuridad? - Preguntó Marta-
- No, tienen infravisión, de hecho, la luz del día les perjudica.
- Ea, el kit completo, estos no necesitan óptica -Bromeó Esther-

Tágomas no soltaba la espada, el basur que tenía frente a él le doblaba en altura y sin embargo el rey no se arredraba. Observé cómo entre él y el mago se hablaban sólo con la mirada y advertí a las niñas para que estuvieran atentas a Pirú. Un basur se sintió molesto cuando vio que susurraba algo a mis sobrinas y se acercó poniéndome una espada en el cuello.

- ¡Tú!, ¡deja de hablar con las jovencitas!

Las niñas hicieron ademán de sacar una flecha del carcaj y al momento ellas también tuvieron cerca las espadas.

- Vale,vale, tranquilidad - Dije- ¿Hablas mi idioma?
- Sí - Contestó secamente el basur-
- Bien, pues dile a tu jefe que no vamos a ser un problema, que venimos para proponer un trato - Se me ocurrió para darle tiempo a lo que sea que se trajeran entre manos Pirú y Tágomas-
- Dadnos las camisas ¡ Ahora! - Gritó el basur sin atender mis palabras-

Tágomas nos hizo una señal de asentimiento con la cabeza. Debíamos obedecer.

- Maaaarranos, ¡encima querrán que les hagamos un striptease! -Bromeó Esther-

Miré a mi sobrina con cara de desaprobación, aquél no era momento para bromas. Nos deshicimos de las camisas volviendo a quedarnos solo con mallas y camiseta y por lo tanto, desprovistas de nuestro seguro de vida.
Era la primera vez que el pueblo basur tenía entre sus manos la ansiada camisa vilandesa así que se produjo un momento de distracción entre el grupo que cometió un grave error: no quitarnos las armas. Tágomas levantó su espada y asestó un golpe mortal al basur que hasta hace unos segundos le apuntaba con la suya. La emoción de conseguir aquellas camisas le hizo girar la cabeza hacia el lugar donde se producía la entrega de las nuestras y el rey no dudó en atacarle.
Pirú por su parte, movió el báculo y brotó una luz tan fuerte que aquellos hombres tuvieron que taparse los ojos.

- ¡Corred, chicas, corred! - Nos gritó mientras nos alejábamos para resguardarnos tras unas rocas- 

El rey, que no había perdido su ligera armadura, dio muerte al menos a once basures, hasta que una flecha se clavó en su pie.

- ¡Han herido al rey! - Gritó Marta-

Pirú que también conservaba su camisa, salió al encuentro. La luz de su báculo disminuía pero le cubrimos con nuestras flechas y pudo rescatar a Tágomas.


- ¿Se encuentra bien, Majestad? - Preguntó Esther-
- ¡Por todos los dioses¡, ¡dejad de llamarme Majestad o se me olvidará mi nombre! ¡Me llamo Tágomas! 
- Vale, vale, tranqui. Te llamaremos Tagui. - Volvió a bromear mi sobrina -

El rey se rió con ganas a pesar del dolor que atenazaba su pie.

- La herida no parece importante, pero tenemos un problema -Susurró el mago- Las flechas de los basures <a menos que sean clavadas en zonas mortales>, no están impregnadas de veneno, pero sí de una sustancia que va inoculando en el cuerpo un dolor tan intenso que vuelve locos a los heridos. Su efecto tarda días en desaparecer-
- ¿Puedes hacer algo? - Pregunté preocupada -
- Sí, puedo intentar ralentizar el efecto de la sustancia, pero no garantizo que pueda ser por mucho tiempo. Tendría que buscar algunas hierbas y por aquí no las encontraremos a menos que volvamos.
- Creo que yo sí puedo hacer algo - Habló Marta- He traído mi Flor de Sändae, la liberaré para que el pueblo elfo venga a socorrernos.

Un suspiro de alivio salió de nuestros corazones. Aquella flor era la salvación, aunque había que tener mucho cuidado al liberarla ya que un pinchazo con sus agudas espinas, supondría que el alma de quien la libera volara con ella.
Entre tanto, los basures se habían reorganizado y comenzaron a acosarnos de nuevo, por si fuera poco, las trunacas salieron de las cuevas.

- ¡Esto se pone feo, chicas! - Exclamó Pirú-

Mientras disparábamos manteniendo alejados a los enemigos, Marta buscó en su pequeña bandolera y extrajo la campana de cristal con la flor. En ese momento miré al rey que apretaba la mandíbula y cerraba los ojos. Pirú me miró con gesto de preocupación.

- ¡Marta libera de una vez la flooooor! ¡Gritó Esther!


Una flecha voló rozando a Marta justo cuando la flor salía. Sus manos temblaron y la campana que la contenía se volcó, las espinas rozaron su piel propinándole varios arañazos. Solté mi arco horrorizada.

-¡Marta, Marta! ¡Noooo! - Grité-

Esther saltó literalmente por encima del mago para intentar socorrer a su hermana pero poco podíamos hacer.

-¡Volved a vuestros puestos! ¡Yo me encargo! -Gritó Pirú-

Tágomas se hizo cargo del arco y el carcaj de Marta, comenzando a derribar basures con cada certera flecha. Esther y yo hicimos lo mismo a pesar de la preocupación-

- ¡Salva a la niña, Pirú! ¡Yo puedo aguantar! - Dijo el rey-
- Está bien, voy a amarrar su alma a la mía, eso debería bastar hasta que lleguen los elfos.

Cuando pensábamos que todo se solucionaba, más basures llegaron acompañados de trunacas. El rey salió y abatió una con su espada, no lo pensó dos veces mientras Esther derribaba a un basur que intentaba atacarle por la espalda. Mientras, Pirú recitaba una y otra vez unas palabras que no entendíamos. Miré a Marta y vi con horror cómo a través de su cuerpo comenzaba a verse el suelo. Nos estaba dejando.
La situación era límite cuando la noche cayó definitivamente. Una noche espesa y asfixiante, una oscuridad cargada del silencio más aterrador. Todo se detuvo.

- ¡Rendíos! - Gritó el basur que hablaba nuestro idioma- La espada ha vuelto a la tierra, ya no tenéis nada que hacer aquí. 

Intenté levantarme pero la sensación era como si cargara un saco de cien kilos, mis piernas apenas me sostenían.

-¡Tita, no puedo moverme! - Gritó Esther-
- ¡Mantened la calma, chicas! -Sugirió Pirú- Los elfos no tardarán.

Temíamos por nuestra vida, no podíamos ver nada mientras los basures estaban dotados de visión nocturna. Escuchábamos el silbido de una hoja de acero cortando el viento, sin duda era Tágomas manteniendo lejos a sus enemigos, pero no tardaría en rendirse al dolor,  la espesa oscuridad y a la fatiga que la acompañaba.
De repente, en medio de la desesperación un canto llegó hasta el lugar, era melódico y dulce, las voces inundaron nuestras mentes y el corazón se liberó de miedos. Se divisó una potente luz brillante en forma de nube dentro de la cuál venían nuestros salvadores.

- ¡Titaaa son elfos! - Gritó Esther invadida por la alegría-


Avanzaban agrupados a lomos de hermosos corceles, prestos iniciaron un ataque contra aquellas criaturas infernales y sus aliados que uno a uno fueron rindiendo sus vidas. Pirú se ocupaba de Marta que a la luz de los elfos pudimos ver cómo se hacía cada vez más invisible.
Un ser altísimo y estilizado con tez muy blanca se acercó hasta nosotros. La presencia del elfo regaba todo de luz y sus vestimentas exquisitas despertaron nuestra admiración. Llevaba una malla en color musgo y una camisa ajustada al cuerpo primorosamente bordada con motivos vegetales, abierta y sujeta con un cíngulo de plata. La frente la adornaba con una hermosa presea realizada con flores de Sandäe, aquella a quienes los elfos llamaban Oilima, última. Calzaba unas botas muy ligeras y su estilizada figura recordaba a los bellos bosques del norte, cuajados de árboles de majestuoso porte, afilados como agujas que arañan el cielo con su filo. Finalizaba el conjunto con un manto blanco liviano.

- Pirú, largo tiempo ha pasado desde nuestro último encuentro- Habló con voz queda, las palabras quedaron flotando en el aire acompañadas de una leve sonrisa- 
- Querido amigo - Dijo Pirú fundiéndose en un largo abrazo con aquel maravilloso ser. Los demás permanecíamos expectantes a todo cuanto pasaba- 

Tras despojarse del abrazo del mago, abrazó a Tágomas y se dirigió a Marta, clavó en ella una mirada cálida, mágica y le sonrió. 

- No temas, voy a curarte. - Dijo sonriendo- Pirú ya ha hecho parte del trabajo.

Murmuró unas palabras en élfico. Fueron unos segundos y la magia de aquel ser hizo que Marta volviera a materializarse ante nuestros asombrados ojos. Esther no pudo amarrar su curiosidad y se dirigió hacia aquel elfo que tanto la fascinaba. Poniendo su mano en el largo antebrazo le habló. 

- ¿Quien eres? ¿Eres un elfo o un ángel?  - Preguntó intrigada mientras a su memoria acudían flashes que no podía entender,  imágenes de otro tiempo donde el ser que tenía delante era conocido y familiar-
- No Esther, sólo soy un elfo... Mi nombre es Isilme y soy por herencia de mi estirpe, el actual Señor de los Altos Elfos. 
- ¿Y cómo debo tratar a alguien con ese título? - Preguntó de nuevo- 
- Como haces con tus amigos, igual, querida niña - Respondió el elfo depositando ambas manos en los hombros de Esther que seguía como hipnotizada por aquel ser.

- Está recordando - Susurró Tágomas a Pirú- Esther está empezando a saber quien es y de dónde viene.

Pirú le miró en silencio.

- ¡El rey está herido de flecha basur! - Exclamó el mago- Isilme por favor, líbrale del dolor.

Con los elfos allí, el lugar había recobrado luz y se había desvanecido el silencio. Isilme no dio tiempo para el descanso.

- Montad en los caballos, tenéis que volver a Vindiolandia para que Marta y Esther forjen la nueva espada antes de que sea demasiado tarde -Ordenó el elfo-

De vuelta a tierras de los enanos, las gentes salieron de sus casas al ver cómo una luz se acercaba y a su paso era empujada  la oscuridad. Suspiraron aliviados cuando vieron que el rey estaba a salvo.
Sin tiempo que perder si dirigieron a la Gruta Sagrada, dentro había un yunque que a pesar de estar envuelto en telas de arañas y polvo, refulgía como la plata. Todo el lugar parecía llevar años sumido en un sueño del que no tenía pensado despertar.
Los elfos encendieron la fragua y los enanos depositaron polvo de Flor de Limis. Después, Marta y Esther fueron dando forma sobre el yunque a aquella extraña espada que brillaba como el diamante. Antes de terminar, Isilme volvió a calentar el arma y con un punzón grabó unas hermosas letras élficas. Finalmente, Esther colocó la empuñadura.
Salieron de la gruta, las dos niñas alzaron la espada y de ella salió una explosión de luz que subió hasta el cielo y luego descendió apartando la oscuridad de todo el reino de Vindiolandia. A lo lejos..., unicornios volvían a su hogar.


Cuando todo hubo terminado, al fin pudimos descansar. Permanecimos en Vindiolandia unos días hasta que recobramos fuerzas, aunque entre festejos y despedida de elfos, no fue mucho el tiempo que tuvimos de reposo. En cambio Florito, no sólo había reposado, sino que había engordado en compañía de su inseparable Belámiz. ¡Gatos!
Antes de marcharnos,  Malima nos regaló una Flor de Limis a cada una y Tágomas, como agradecimiento a nuestra ayuda,  nos hizo entrega de un hermoso libro, era una copia exacta del Agasú. Pirú, lo confiscó y no pudimos hacernos cargo de él hasta que el mago lo hubo revisado hoja a hoja . ¿Qué es lo que nos ocultaba?
El rey nos acompañó en el camino de vuelta hasta el puente sobre el Luna-Plata, allí se despidió esperando volver a vernos muy pronto.
Llegando ya al Paso de Vindio, volvimos a preguntar a Pirú sobre esos antepasados de los que hablaba el rey, pero el mago, se limitó a extraer una carta de la bandolera de Marta.

- Aún no, todo a su tiempo.

Continuará....


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domingo, 5 de febrero de 2017

PÉRDIDA.


Como si pudiéramos poner puertas al alma para evitar que se derrame. No es necesario saber cuánto, es suficiente saber cuándo. Y pasa. Pasa porque no frenamos la verborrea del corazón, esa atropellada palabrería que termina sangrando en la garganta y desbordándose en los ojos. 
Cuando queremos retroceder ya es tarde, ya no se puede fingir, es imposible confundir lo verdadero con lo prodigioso. No, ya no creo en redenciones salvo las que vienen de labios enlutados, esos que ya no dicen "te amo" .Todo lo demás son palabras que no bastan.
No hay almas domadas por el encierro, cuando se rompen en mil corazones salen perdiendo la cuenta…, y la vida. 
No sé lo que digo en esta noche de sentidos fugados a la luz de las candelas. Es invierno, alma imbécil, estás desnuda bajo las farolas así que vuelve, vuelve y suéñate a ti misma.



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