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Un culebre en Casa Encantada.

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Esa mañana la lluvia había dejado a los habitantes de Casa Encantada sin su desayuno primaveral en el jardín, pero no les importaba, porque si algo tienen los días lluviosos es tiempo para contar historias en torno a la chimenea. Pirú había encendido la lumbre y el crepitar de las llamas ponía música y paz a un día tranquilo, aparentemente, claro, en Casa Encantada nunca se sabe. Matilda y Plumillas estrenaban un nuevo programa de radio al que habían llamado: "Historias encantadas". En esos instantes entrevistaban a doña Sinforosa, que estaba contando cómo ella y su amiga doña Piedita salvaron el bosque, consiguiendo que ningún animal tuviera que emigrar a lugares lejanos. Todo parecía estar tranquilo y Pirú aprovechaba para ultimar algunos hechizos de protección, pero antes quería consultar con don Leonardo algunas cosillas. - Dígame, amigo mío ¿De verdad cree necesaria la pantalla lumínica para Casa Encantada? - Preguntó el mago- - Sí, últimamente están apare...

Las puertas de Gelidalán. Frío en el Guadiato.

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En Casa Encantada hacía un frío helador, nuestros amigos no se apartaban de la chimenea porque cualquier intento de salir a divertirse en los alrededores era temerario. En la emisora, Plumillas y Matilda ponían música para entibiar el día, pero ni la mejor canción calentaba los corazones de nuestros amigos. Bizcocho estaba en la cocina con Blasito y Benito,  preparando magdalenas con chocolate que se iban a servir en un momento, justo cuando don Leonardo Peinacanas volviese de la biblioteca. A las cuatro, leería una historia de suspense en torno a las llamas y nada mejor que dulces y chocolate para acompañar la lectura. El mago Pirú y la seño Yolanda estaban en el laboratorio, no les parecía normal que las temperaturas hubieran descendido de tal manera. - ¿Has hablado con don Leonardo del tema? - Preguntó la seño recolocándose la bufanda- - Sí, ambos estamos de acuerdo en una cosa: Las puertas del Peñón. - ¿Cómo? ¿Es que el Peñón tiene puertas? - Ya l...

EXIT 17

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Casi no queda espacio entre sus piernas y la puerta, a eso hay que añadir maletas, bolso, libro y un abrigo que dificulta extraordinariamente sus movimientos. Marina no odia, a Marina le fastidian los cuartos de baño de las estaciones de tren porque todos son estrechos, todos están llenos de señoras anónimas malhumoradas y todos funcionan a medias. Cuando al fin consigue recomponer sus ropas, mira a la parte superior de la puerta y  hacia el centro lee: "EXIT 17" . Se queda pensativa, con la mano apoyada en el picaporte y la mente en escapada. EXIT 17, ¿qué querrá decir? Alguien protesta en el exterior y sale de su ensoñación, camina distraída buscando algún asiento cerca de los paneles informativos de salida y llegada de trenes mientras gentes desconocidas la sobrepasan. EXIT 17, todavía retumba en su cabeza y no puede dejar de darle vueltas al grabado de la puerta. Marina regresa de su hogar, un hogar hecho de brazos alrededor de su cuerpo, de noches bajo la protecci...

Un encuentro con los Ojáncanos.

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En Casa Encantada todo era un ir y venir de habitantes que tras las vacaciones retomaban su rutina. El mago Pirú ensayaba nuevos hechizos, don Leonardo Peinacanas ordenaba la biblioteca y la seño Yolanda había comenzado sus clases. Todo estaría bien si no fuera porque dos de sus alumnos aún no habían aparecido. Al principio y tratándose de la lagartija Matilda, la seño pensó que sería una más de sus trastadas, pero le sorprendió que tampoco hubiera aparecido Plumillas,  el chico encargado de las noticias de Casa Encantada, un ratón espabiladísimo que que quería ser periodista y se pasaba la vida entre periódicos, reportajes y salidas al campo para sacar las mejores fotografías. Al ver que habían pasado tres días y los chicos no aparecían, Yolanda pensó que lo mejor era hablar con Pirú, así que se dirigió al sótano dónde el mago tenía su laboratorio de genialidades. - ¡Buenos días, Pirú! - ¡Buenos días, pequeña! ¿Qué te trae por aquí? - Verás, como bien sabes, las clase...