miércoles, 9 de mayo de 2018

Vuelta al cole.

El 26 de abril volví al colegio, al mío, al San José de Calasanz, gracias a las ocurrencias de mi amigo Alberto Díaz-Villaseñor, genial escritor y mejor persona, que con motivo del Día del Libro propuso leer mis cuentos en una de sus aulas. 
Ese día escribí:
He vuelto 33 años después a subir esas escaleras que tantas veces me llevaron a mi clase, a esa misma que la casualidad ha querido que hoy volviera a pisar. El olor inconfundible a infancia y gomas de borrar, el mismo paisaje desde la ventana,la pizarra con la fecha, el sonido, la luz... Podía cerrar los ojos y ver a mis compañeros y a don Antonio dando su clase de Ciencias Naturales. 
Y con esa emoción, les he contado a los peques que hay un lugar en nuestro pueblo en el que viven personajes tan fantásticos como Pirú, la lagartija Matilda o doña Sinforosa, se llama Casa Encantada y está llena de magia.

Ha sido maravilloso comprobar cómo las nuevas tecnologías no pueden borrar la inocencia. Un pequeño ratón que habla y corre aventuras, deja con la boca abierta a unos niños que aún guardan en su interior el tesoro más preciado: la infancia.
Gracias, Alberto, por leer el capítulo de "Los Cuentos de doña Sinforosa" de esa manera tan especial y divertida, arrancando carcajadas a los peques..., y a mí. Siempre aprendo algo contigo, siempre, es un privilegio tenerte como amigo. Gracias, gracias, gracias, por el regalo de hoy.
Y gracias a Gema, la seño de 3º, tan amable, generosa y divertida por permitir que haya pasado una mañana absolutamente feliz. 
Me han regalado un precioso marcapáginas que pienso guardar como si fuera oro, ese del que están hechos los corazones infantiles.
Feliz, no puedo decir más. Bueno sí: ¡CONTAD CONMIGO! y Bienvenidos a Casa Encantada.


lunes, 12 de marzo de 2018

Don Leonardo y las puertas giratorias

Es muy temprano y Casa Encantada permanece sumida en la tranquilidad de la noche, acurrucada bajo unas estrellas que vigilan el sueño de cada uno de sus habitantes. 
A eso de las seis y media, unos leves toques en la puerta de entrada me despiertan: "Toc, toc, toc", sonaban en repeticiones de dos, paraba unos segundos y volvía a sonar el: "Toc, toc, toc" "Toc, toc,  toc". A toda prisa me pongo una mantita por los hombros y bajo las escaleras saltándome escalones y jugándome el tipo.

- ¡Vaaa! ¡Vaaaaa!

De una habitación de la segunda planta sale el mago Pirú, está pasando unos días aquí porque su casa se ha inundado con las últimas lluvias.

- ¡Pepita! ¿Ocurre algo? He escuchado unos golpes en la puerta.
- ¡Sí!, no sé quien puede ser a estar horas, pero con todo lo que ha llovido, no nos extrañe que sean nuevos huéspedes.

Pirú lleva un camisón largo blanco con estrellas amarillas, no puedo evitar reírme porque el conjunto está acompañado de sombrero picudo y báculo.

- ¡Ay Pirú, me encanta tu camisón! Jajajajajaaja
- Tú sigue riéndote y te convierto en piedra como si fueras un troll.
- ¿Un troll con moco o sin moco?
- ¡Con moco enorme! ¡Marrana!

Y riendo bajamos los últimos escalones. Abrimos la puerta, pero no vemos a nadie.

- ¡Buenas noches! ¡Aquí! ¡Aquí abajo! - Dice una vocecita-
- ¡Oh por Dios, disculpe! ¡No le habíamos visto! - Exclamo emocionada al ver al personaje-

En el umbral aguarda un ratón, es muy mayor y lleva un paraguas y varios libros. Pirú y yo nos miramos, nos parece perfecto un habitante así para Casa Encantada.

- Me llamo don Leonardo Peinacanas, he sido maestro muchos años y ahora me dedico a contar cuentos y organizar bibliotecas.
- Encantado de saludarle - Dice el mago agachándose y ofreciendo su mano para que el ratón suba-  Ella es Pepa, la anfitriona, y yo soy Pirú.

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- ¡Encantada! - Le digo- Y dígame, ¿cómo nos ha encontrado?

Entramos en casa mientras Pirú enciende la chimenea del salón con el báculo. Don Leonardo se sienta en el sofá y nosotros en sendos sillones, a la espera de escuchar su historia. Antes de que diga nada, el mago ya ha hecho traer de la cocina "por arte de magia", unos vasos de leche caliente y galletas.

- ¡Oh, eso ha estado muy bien! - Exclama el ratón sorprendido-
- ¡Ya se acostumbrará! Aquí todo es mágico - Le digo-
- Bien, amigos - habló el ratón con los carrillos llenos de galletas- La verdad es que he llegado hasta aquí a través de una puerta giratoria. Me dirigía a la biblioteca de mi localidad cuando a un lado del camino vi una puerta que llamó mi atención; me acerqué, la toqué.... ¡Y aquí estoy!
- ¿Una puerta giratoria? -Pregunté extrañada- No sabía que se pudiera acceder a Casa Encantada de esa manera.
- Sí, querida, es algo que he tratado de explicarte varias veces, pero tú y la lagartija Matilda nunca tenéis tiempo para mis explicaciones científicas - Dice Pirú algo molesto-
- Bueno.., si eres tan amable de contármelo ahora.

Pirú carraspea la garganta y toma un largo sorbo de leche, se recuesta en el respaldo del sofá y comienza su explicación.

- Es una apertura en el tiempo, te puede llevar a cualquier lugar y época siempre y cuando atravieses la puerta sin ánimo de perjudicar a nadie. 
- ¿Y ya está? - Pregunto-
- No, para que la puerta gire tienes que pensar en alguien, enviarle mucho amor y desear que su vida y la de quienes le rodean sea  todo lo feliz y próspera que deseen.
- Y entonces la puerta se mueve... ¡Me encanta! -Exclamo- Dígame don Leonardo, ¿en quien pensó usted?
- Pensé en mis antiguos alumnos, los imaginé felices con sus familias y sus ratoncitos, les envié un pensamiento de amor y la puerta me trajo hasta aquí, que es un lugar que quería visitar desde hace años.
- Así que no vio la puerta por casualidad..., ¿verdad? - Preguntó el mago-
- No.., pero ya sabe que no todo el mundo debe conocer estas puertas, es peligroso. No estaba seguro de que aquí se supiera de su existencia, aunque siendo un lugar mágico, no sé cómo he podido dudar.

El ratón miró su vaso vacío e hizo un gesto de tristeza que Pirú interpretó al instante. En unos segundos, la leche hizo acto de presencia en el recipiente.

- ¿Y que le gustaría hacer aquí? -Le pregunto-
- ¡Oh! Eso es fácil de contestar: ¡He venido a contar cuentos!, hay muchos niños y animalitos en Casa Encantada que estarán felices de escucharme.
- Pues me parece una idea magnífica. ¿Qué piensas tú, Pirú?
- Que vamos a poder hacer muchas cosas mientras los más pequeños están entretenidos con don Leonardo. Ya sabes lo trasto que son.
- ¡Bienvenido don Leonardo! Mañana le haremos una fiesta que esté a la altura, así podrá conocer a todos. ¿Qué le parece? - Pregunto-
- ¡Fantástico! - Exclama el ratón- Pero antes deberíamos cerrar la puerta giratoria de entrada a Casa Encantada.
- Pero cómo..., ¿es que no la ha cerrado al llegar? - Pregunta  Pirú preocupado-
- ¿Qué ocurre? ¿Por qué es tan importante cerrar esa puerta? Si decís que se accede con pensamientos amables y de amor a los demás, no creo que nadie malo pueda atravesarla, ¿no?. 

A medida que hablo me asusto porque Pirú y don Leonardo no paran de mirarse con cara de creciente preocupación. Parecen no escucharme.

- ¿Me estáis escuchando? - Pregunto alzando la voz.
- Pepa, hay que cerrar esa puerta ahora mismo - Explica Pirú levantándose- si don Leonardo la ha dejado abierta, puede colarse cualquier animal, persona o entidad maléfica. ¡Si está abierta no se necesita nada más para entrar! Y muchos acechan para poder colarse. ¿Lo entiendes?
- Lo siento de veras - Dice el ratón apesadumbrado- No pude recordar las palabras para cerrarla, a pesar de lo mucho que lo intenté. Lo siento, me he dirigido rápidamente aquí precisamente por esto.
- No se preocupe - Le digo- ¿Pero por qué no escribió las palabras en un papel?
- Porque no funciona -Me responde- Las palabras mágicas para cerrar la puerta no pueden ser escritas, tienen que quedar en el aire y sin soporte. Cada persona tiene una clave de cierre que se le da justo cuando la puerta realiza el primer giro. Yo..., no recordé la mía y tuve que salir.

Enseguida comprendo la gravedad del asunto, así que me levanto y voy rápidamente a vestirme. Cuando bajo, los dos han salido ya.

- ¡Esperadmeeeee! 

Pirú no se había cambiado, caminaba a paso ligero y supose que don Leonardo iba en su mano.

- ¡Vamos Pepa! ¡No te retrases! - Me dice el mago-
- ¿No te has quitado el camisón de Agatha Ruiz de la Prada? - Le pregunto divertida-
- Considérate troll a la vuelta, querida.

Llegamos a un bosque espeso, de algunas setas comenzaba a salir humo; señal de que sus habitantes inauguraban un nuevo día en los alrededores de Casa Encantada.
- ¡Es ahí!- Dice don Leonardo señalando hacia la derecha de la seta.
- Bien, ahora, vamos a intentar que recuerde esas palabras , ¿de acuerdo? - Le dice el mago dejándolo a los pies de la puerta-
- Estoy listo - Asiente mientras introduce una de sus patitas en la puerta-

Pirú gira el báculo y envuelve a don Leonardo en una nube blanca que al instante comienza a llenarse de puntos muy brillantes. 

- ¿Qué son esos puntos luminosos? -Pregunto en voz baja-
- La memoria perdida de don Leonardo. En realidad no desaparece, todo lo que pensamos y vivimos queda flotando en el Universo; yo sólo la estoy trayendo de vuelta.

Don Leonardo tiene los ojos cerrados, a veces sonríe o hace gestos divertidos con  la cara.

- Está viviendo emociones de otros tiempos, recordando cosas que le hicieron feliz - Me dice Pirú- Don Leonardo, concéntrese en el momento en el que la puerta gira, por favor, es muy importante. No saque el pie, tranquilo, le agarraré en el momento preciso.

Me empiezo a poner nerviosa, sé que si esto falla pasará algo malo; con la magia nunca se sabe cómo saldrán las cosas y no quiero ni preguntar por qué el ratón tiene su pie en la puerta.

- ¡Casa encantada, puerta cerrada! - Grita el ratón-

En ese instante, Pirú agarra a don Leonardo y la puerta desaparece. 
- ¡Vaya, pues no era tan difícil!- Exclama el roedor riéndose a carcajadas-

Acabamos riéndonos todos, Pirú nos explica que la velocidad de aceleración de la puerta, a veces nos impide escuchar bien la clave para cerrarla. Eso, hace peligroso el viaje a través de ella. 

- Dime Pirú - Pregunto- La puerta ha desaparecido, pero ¿sigue estando visible en el lugar donde entró don Leonardo? ¿Cómo podemos saber si se ha colado alguna criatura por ella?
- A la primera pregunta: La puerta no es visible para todo el mundo, sólo alguien que conozca esta magia sabe la ubicación de cada una. Conozco algunas que se hacen visibles a todo el mundo una vez al año, pero si no sabes cómo hacerlas girar, no te llevarán a ningún lado. A la segunda pregunta..., habrá que esperar, no sabemos si alguien más la ha atravesado pero de ser así..., pronto lo sabremos.

En el camino de vuelta, paramos a comer en un prado donde don Leonardo nos contó cómo había sabido de esta magia. 

- ¿Y qué habría pasado si Pirú no le saca a tiempo de la puerta? - Pregunto al ratón-
- Me habría perdido en el tiempo, habría ido a parar a cualquier lugar y año.
- Bueno, pero luego podría haber dicho de nuevo las palabras de cierre y volver a este punto. -Aclaro-
- No, -Contesta Pirú- Si la puerta te atrapa cuando intentas cerrarla, el tiempo se descontrola para ti, ella no sabe adónde quieres ir. Estarías condenada a vagar por las edades y si tienes suerte, igual vuelves a tu época en uno de los saltos. O no. Estarías a merced de la aleatoriedad.
- Mmmm, no me gusta nada, prefiero ser un troll de piedra.
- ¡Con moco! - Añade Pirú-

Y volvemos a reírnos. Mientras camino de nuevo, no dejo de pensar en la posibilidad de explorar otros lugares o épocas a través de las puertas giratorias, pero eso es algo que no creo que pueda hacer sin la ayuda de un buen mago, uno que se llame Pirú.
Ya en Casa Encantada, don Leonardo sube a descansar, más tarde se encargará de la biblioteca y de todo lo necesario para que los niños puedan escuchar al menos un cuento al día. 
¡Ah! ¿Os apuntáis a la fiesta de bienvenida? Dejad vuestra confirmación aquí:
casaencantada@fiestadedonleonardo.com ¡Gracias!

Cuento registrado, prohibida su copia total  o parcial y/o reproducción por cualquier medio sin consentimiento expreso y por escrito de su autora. Código de Registro:1905240986376

lunes, 5 de marzo de 2018

LA NANA DE LOS SUEÑOS

Los sueños son como la niebla, suspendida en torno a la sierra nada más nacer la mañana. Gas, magia, vapor, perlitas de agua que si tocas se desvanece. Gris, pero transparente.
Hay sueños que vienen de caminos muertos, acabados al fin de transitar se buscan otras sendas que tengan hierbas más verdes. Son sueños nacidos de un final porque se suicidaron las tristezas.
Otros son alegría, risa, pureza... No me digas que no se puede soñar alegre igual que yo hacía cuando tus manos aún eran un puerto al que llegar. Hoy sigo de pie mirando el azul inmenso. ¿O era gris? Quiero decir que no fue un sueño.
Y hay sueños de mañanas donde el hoy se queda huérfano de esperanzas, no vive porque piensa en lo que va a ser. Sueños sin presente.
Y entre todos hay un espacio que alberga palabras de poetas, pero no los de verso excelso y métrica perfecta, sino el zafio, enclenque y miserable verso de quien no sabe decir sin palabras.

Esta obra está protegida por las leyes de copyright y tratados internacionales. Número Registro Propiedad Intelectual:  1803146136805

miércoles, 28 de febrero de 2018

LA CIUDAD DEL VIENTO

El viento arropa una ciudad que no se detiene, a través del enorme ventanal observo a las gentes luchando contra la furia de Eolo. la fuente que se muere de risa salpicando a los incautos que pasan demasiado cerca y las carcajadas de los jóvenes que son como pompas de jabón explotando y llenando todo de esperanza. Mi té está caliente, me sumerjo en su sabor especiado y en las letras que me acompañan.

“Por favor, por amor, por caridad;

que alguien me diga 

quien soy, si soy, qué hago yo aquí, mendigo.

Las ardillas-esfinges de Central Park

me proponen enigmas para que los descifre:

“vive y deja vivir”.

Y siento miedo. Soy el niño

que en el pasillo oscuro oye el jadeo del jaguar,

y canta, y canta y canta para ahuyentarlo,

para que la sombra no sea”

Dos chicas alemanas ríen y hablan a mi lado, la gente es la misma allá donde vayas; ama, ríe y sufre de igual manera que esta que pasa y vive en Córdoba. Sea esta gente u otra, el mundo cambia y las personas permanecen en vida y en memoria.
Se acerca la camarera para saber si deseo algo más y le pido alguna forma de gratitud: "que sea dulce, por favor". Diligente, me prepara un paquete lleno de ”gracias” rematado con un enorme lazo verde. ¿Cabe el agradecimiento en algo tan pequeño?
Ahora soy yo quien sale a enfrentar al dios del viento, el pelo se me enreda en la cara castigada ya de otros vientos y otros días. De repente caigo en la cuenta de que no es mi pelo de siempre y que echo de menos el rubio, rizado y despreocupado del verano, ese que me acompaña en días largos llenos de pecas y agua clorada bajo el sol potente de Andalucía.
Hay un chico en el semáforo con el pelo azul, le sonrío y le digo que me encanta, su cara se ilumina y se lee el asombro y la sorpresa. Me da las gracias, pero apesadumbrado me confiesa que a su madre no le gusta. Cuando el semáforo se pone verde, se despide con una sonrisa. Es muy fácil hacer felices a las personas, pero no estamos acostumbrados a regalar amabilidad. ¿Por qué no sonreímos más? ¿Tanto nos cuesta dedicar un pensamiento benevolente, sonreír a un bebé, dar los buenos días, ser amable con el dependiente?
Camino mientras el viento decide darme una tregua. Dos señoras mayores y elegantes como sólo Córdoba sabe serlo se cruzan conmigo y me dedican una fugaz pero efectiva mirada de examen. Me pregunto si he aprobado.
Al llegar a mi destino, una puerta giratoria me enciende la imaginación. La necesito para mis cuentos ¿Cómo sería que mis personajes entraran en una de esas puertas y apareciesen en un mundo mágico distinto? Me dirijo al sofá del lateral donde saco mi pequeña agenda salpicada de flores y anoto la necesidad de escribir un cuento con puertas giratorias; de fondo suena “True” en forma instrumental. Me paro a pensar un segundo y escribo. Una hermosa niña rubia me mira, le sonrío y me ofrece su piruleta, mi corazón se llena de burbujas y le devuelvo una sonrisa con un silencioso: “eres preciosa”. 
Pasan unas horas dulces repletas de palabras a dos y sabores para repetir, solo un tiempo después, la puerta me devuelve a casa. Durante el camino me pregunto si realmente soy feliz o es sólo un convencimiento, un parapeto tras el que esconderme de tantas realidades. Miro al cielo gris lleno de nubes apretadas que se empujan para ser las primeras en descargar su preciado tesoro, cierro los ojos y en mi interior nace una respuesta que atribuyo al alma: “Eres feliz porque lo elegiste cuando no había nada más que eso o la desesperanza" Sonrío para mis adentros, es cierto. No se puede ser feliz cada día, todo el día, los 365 días del año, pero se puede elegir cambiar el pensamiento cuando el que viene te está amordazando el corazón. Ser feliz es una elección, especialmente si el mundo exterior se hunde.
Alma, corazón, pensamiento, agradecimiento…., VIDA. Llenar los días de vida es todo cuanto se necesita, salir a buscar palabras, secar al sol lo que duele, no dejarse erosionar y continuar.
Me duermo, pero antes de eso las palabras de José Hierro vuelven a mi memoria:

He aprendido a no recordar.
Vine con nada apenas: un fósil
(tiene forma de corazón),
unas hojas rojizas de haya (Bucenwald,
disecadas entre las páginas de un libro).
Y paro de contar.
Fragmento de “Cantando en Yiddish”, del libro: “Cuaderno de Nueva York”



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