viernes, 31 de enero de 2020

PASEANDO POR CORNALVO.


Una cabellera verde cubre la piel rugosa de las besanas. Indiferentes al frío, pero conscientes de su dureza, arropan al alcornoque desnudo ante la furia del invierno. Cara inocente la de los árboles, que escupiendo la escarcha de las noches, aguardan con timidez la mordida de la primavera; la que hace despertar al extremo. 
Se mueve el viento, abate el poco sol que fracasa ante los charcos cubiertos de espejos. En lo alto, gritan las nubes deseosas de volcar su carga sobre el suelo. ¿También era antes así? Cuando el manto de Roma acariciaba el mundo, estas tierras hablaban latín ante el César. Ahora, raído el tiempo ya no quedan eméritos de caligas ni cantos a Ceres, pero la diosa…, vive aquí. Anclada al paisaje se ha dormido a la espera de su cosecha, cuando mayo se levante al fin prendido a las alas de los gorriones. 
Non omnis moriar, piensa mientras el viento arrastra la memoria a lo ancho y largo de este lugar llamado Cornalvo. Invierno en Extremadura, nostalgia de siglos. 

Non omnis moriar (No moriré del todo) Quinto Horacio. Odas. Poeta de la época de Augusto, primer emperador de Roma que ordenó edificar la ciudad de Emérita Augusta para los soldados licenciados (eméritos), de las Guerras Cántabras. 
Este bellísimo paisaje pertenece a la vieja Emérita que hoy nombramos como Mérida.




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