domingo, 2 de febrero de 2020

CONFESIONES DE UNA MARGARITA.

En presencia del sol y con el viento como testigo, yo confieso que tengo corazón de ámbar, amarillo antiguo. Que mis brazos son el refugio del adolescente enamorado que sí, no, sí, no… sabe si lo quieren. 

Aquí, plantada a la tierra yo renuncio a los barrotes porque al alba, el viento mueve mis cabellos de nieve sin que nadie lo sepa. A esas horas, la luz fetal me conmueve como lo hace un poema, uno de esos que hablan de la vida. Entonces, el tumulto de los insectos me invita a abrirle la puerta al sol que tiene color de calabaza; mientras su cuerpo dorado esté presente, yo…, permaneceré desnuda. Estas son las cosas que la civilización no entiende. 

Se enciende el día, exhibo mi pequeño pezón al mundo, rodeado de filamentos de seda que son la ropa que me quitan. Mi sí, es la sonrisa de la niña que juega a las preguntas tímidas del amor. La yema de sus dedos pasa entre mis brazos, temblorosa, secreta…Sí, no, sí, no, sí. Y con los labios entreabiertos va contando los síes y los noes, el amor y el desamor. Entre sus manos, soy oráculo y alivio de quien aún no ha olvidado soñar. 

Sí, no, sí no… Y la margarita apostó por el amor.

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